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domingo, 6 de diciembre de 2020

“El dominio mental”, de Pedro Baños (2020)

 Resumen del libro “El dominio mental”, de Pedro Baños (2020)

Ver el resumen original y actualizado en:

https://evpitasociologia.blogspot.com/2020/12/el-dominio-mental-de-pedro-banos-2020.html

Resumen elaborado por E.V.Pita, doctor en Comunicación, licenciado en Sociología y Derecho


Sociología, política internacional, sociedad digital, geopolítica, psicología social

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Ficha técnica


Título: “El dominio mental”


Subtítulo: La geopolítica de la mente


Autor: Pedro Baños


Publicación: 2020, Ariel, Editorial Planeta, Barcelona, 2020


Número de páginas: 542


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Biografía oficial de Pedro Baños (hasta 2020)


Pedro Baños es coronel del Ejército de Tierra y diplomado del Estado Mayor, actualmente en situación de reserva. Ha sido jefe de Contrainteligencia y Seguridad del Cuerpo de Ejército Europeo en Estrasburgo. Ha participado en misiones en Bosnia y Herzegovina (Unprofor, Sfor y Eufor), y es hoy uno de los mayores especialistas en geopolítica, estrategia, defensa, seguridad, terrorismo, inteligencia y relaciones internacionales. Es autor de Así se domina el mundo y El dominio mundial, ambos publicados por Ariel.


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Texto de la contraportada


“Qué es el dominio mental, para qué sirve y cómo se controlan las poblaciones. Tras los exitosos Así se domina el mundo y El dominio mundial, Pedro Baños dirige su atención a este nuevo libro a las técnicas que el poder utiliza para controlar todas nuestras emociones, porque quien consigue controlar nuestra mente controla el poder.


Con su reconocida amenidad y lucidez, Pedro Baños aborda en El dominio mental un perturbador porvenir – que en muchos sentidos, ya es plenamente actual – desde múltiples perspectivas: la manipulación cultural y psicológica, la (de)formación de las voluntades personales, el control de la información y también las posibilidades que se abren con la evolución de las neurotecnologías o la inteligencia artificial en todos los campos, incluido el militar. Además de combinar una rica divulgación con un abundante caudal de información puesta al día, esta obra se presenta como un claro aviso a navegantes, porque se trata, en palabras del propio autor, “de abrir los ojos para estar alerta. Solo si conocemos en qué consiste y cómo se consigue esta forma perfecta de dominación mental, tendremos la posibilidad de ofrecer cierta resistencia a ella y preservar nuestras libertades”. Aferrémonos, pues, a esa posibilidad porque todos – niños, adolescentes y adultos- estamos aún a tiempo de desintoxicarnos, de desengañarnos del dominio mental, utilizando el arma más potente de la que disponemos: pensar por nosotros mismos.


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ÍNDICE


Introducción

Manipular, un instinto básico

Vigilancia, el complemento necesario

Siguiente paso: manejar el cerebro

El potencial dominador de la neurotecnología

¡Abre los ojos!


  1. La mente social


Existes, te entretienen

Sientes, te condicionan

Piensas, te manipulan

Te rebelas, te someten


  1. La vigilancia mental


V de vigilancia: conocer para manipular

Por el dato los conoceréis

Vigilancia física

Cibervigilancia

Vigilancia social

No hagas el avestruz digital


  1. La política mental


Tecnopopulismo posideológico

Totalitarismo democrático

Poca ilusión, mucho ilusionismo

Psicogobierno

En conclusión: renovarse o morir


  1. A la caza del cerebro


Hoy, un cerebros menos nuestro

Mañana: adiós, cerebro, adiós

¡Peligro, no manipular!


  1. La guerra mental


El nuevo campo de batalla mental

Por la (superioridad) de la mente

Contra la mente

En la mente

Con la mente


  1. Las lecciones de la covid-19

    El control social

    El efecto nocebo


  1. La nueva sociedad mental


¿Hacia dónde vamos?

¿Queda menos para el mundo feliz?


Apéndice


Técnicas de control de pensamiento

Meterse en cerebro ajeno

Neurotecnologías, control mental y derechos humanos

Control mental


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RESUMEN


El libro parece un poco más flojo que los dos anteriores porque apenas aporta pruebas ni datos que corroboren sus ideas aunque el autor aclara que intenta evitar terminología científica compleja para que lo entiendan mejor. Dice que estamos viviendo una moderna versión del libro Fahrenheit 451 (ya no se destruyen libros, los dejamos de leer). Entre las novedades, cuenta los experimentos que los distintos laboratorios militares están haciendo para "leer" los pensamientos y controlar o inducir la conducta mediante las ondas cerebrales y sistemas de microondas. También relata la existencia de novedosas armas sónicas (de ultrasonidos e infrasonidos).


Como se ha puesto de moda ahora, Baños intercala citas y frases de autores famosos con el desarrollo de un tema muy corto (parece un nuevo esquema que sale en varios libros como el de Niño-Becerra sobre “Capitalismo (1676-2065)” o “Down Lock” de Michael Morris).


Podría haberlo escrito uno de los muchos teóricos de la conspiración que buscan redes oscuras de control global. Pero lo novedoso del libro es que entra de lleno en la nueva sociedad de la minería de datos y de la manipulación de los consumidores. El autor dice que aunque no se vea algo (como el espectro electromagnético) puede estar ahí y ser muy real. Una vez que estamos informados de las diversas técnicas, procedimientos y estrategias de dominio mental “que sufrimos a diario, favorecido por las imparables innovaciones tecnológicas”, dice el autor, es más fácil identificarlas y detectar las artimañas psicológicas y abrir los ojos a tiempo para ser libres.


El autor dice que la geopolítica actual es un geopoder con ambiciones universales. La mejor forma de controlar a la población es actuar sobre la mente de las personas. “Lo creamos o no, existe todo un mundo de tácticas y estrategias, de trucos y engaños, perfectamente planificados, diseñados e implementados para conseguir el poder definitivo: el poder mental”.


Según dice, la conquista es virtual y remota, se realiza en la mente a través de Estados y por compañías como Google o Facebook. Como casi nadie se entera, no hay oposición y algunos hasta se subordinan con complacencia.


El autor expone distintas técnicas de manipulación como las “reality shows” o las series de televisión o la “obsolescencia percibida” (necesidad de renovar), el pago electrónico (alguien decidirá en lo que cada uno se gastará el dinero) o el miedo (para implantar medidas de seguridad). La vigilancia sería el complemento necesario (a través de los propios dispositivos móviles no hay escapatoria a la hipervigilancia) y, según el autor, en el futuro se manejará el cerebro (mediante la implantación de chips) a través de la “neurotecnología” y las tecnologías híbridas postdigitales (e incluso tecnologías posthumanas como la integración de la IA con la biología humana o los ciborgs). Habrá tres códigos: neurobiológico, informático (o tecnológico) y social (leyes) que estarán diseñados directamente desde las estructuras de poder con el objetivo de dirigir el comportamiento social. El problema es que los datos personales neuroinformáticos estarán pululando en el ambiente y alguien los podrá “hackear”.


Equipara el dominio mental al pensamiento único porque, según dice, la libertad de expresión no pasa por buenos momentos y se arriesga a una destrucción social. Según el autor, el próximo paso será “exterminar la libertad de pensamiento”. La tecnología puede emplearse para las curas de graves enfermedades pero también para el mal, avisa el autor. De una manipulación mental pasamos a otra cerebral.


Todo irá implantándose de forma sibilina, sin ruido, y el autor lo compara con la metáfora de la tranquila rana hervida (a fuego lento, que la adormece). Dice que la lenta deriva de la sociedad, los recortes de libertad y los atropellos a nuestra privacidad y valores se llevaron de forma subliminal y discreta”. Dice que todos estamos manipulados y el que diga que no, se equivoca. Estas campañas pretenden que nadie se dé cuenta del engaño: “Estamos antes una imparable guerra psicológica universal y constante de la que nadie se libra, se busca el aplanamiento de la sociedad, la norrnalización del silencio”.


Dice que la clave para conseguir el control mental de la población es entretener y distraer. Menciona muchas técnicas como los cotilleos, el fútbol, pan y circo, nada mejor que la televisión para distraer pues el 70 % de la población ve la tele cuatro horas al día, incluso con una supuesta “sincronización de ondas cerebrales”, el cine y las plataformas que eligen por nosotros lo que queremos ver y ejercen el “efecto Falcon Crest” para derribar muros de Berlín promoviendo el lujoso estilo de vida, deporte.


Por otro lado, el consumo de drogas que están aumentado según la ONU, los fármacos narcotizadores como antidepresivos causan efectos en la personalidad, las músicas que actúan sobre nuestras emociones y alterar nuestro estado mental, e incluso olores que condicionan*, sin olvidar el poder de las imágenes. También menciona la dieta sin proteína animal o vegana hace más influenciable a la gente y desaparece “agua virtual” (lo que consume el ganado o un cultivo) ).

    *Menciona el libro de Marta Peirano “El enemigo conoce el sistema”.


También cita la infantilización de la sociedad. A ello se suma la manipulación que va desde la compra de pantalones vaqueros rotos o desgastados hasta acudir a la llamada de una guerra.


Entre los principios para manipular están el de repetición, la autoridad, el prestigio y la credibilidad lo son todo para condicionar. A ello se suman los medios de comunicación (y su “tendenciosidad”, dice). Menciona la “teoría del cultivo” (Gebner), en la que el telespectador es más proclive a percibir el mundo real como sale en las televisiones y el “establecimiento de agenda” (hablar de unas cosas e ignorar otras).


También añade la facilidad de manipular estadísticas, meter noticias de agencias sin cambiar una coma, hacer que los medios sean tutores sociales, autocensurarse o informarse en medios “on line” gratuitos que no dan calidad , la “sobreinformación” (crear confusión), la “verificación” de las noticias “falsas”, la desinformación en red (fake news y deep fakes creadas por “bots” programados o los algoritmos que generan filtros burbuja o cámaras de resonancia), la crisis del ahora (que anula el pensamiento crítico) y las narrativas indiscutibles (como la guerra y el estado policial que siguió al 11-S). También menciona la “artimaña del framing” (enmarcar una noticia para hacer entender hechos a la audiencia de forma determinada).


También habla del público como masa social manejada por el “neuromarkéting” (o cómo vender emociones) y aborda las trampas de la información digital (en concreto, la estafa de las “snack news” o pequeñas píldoras) o la “farsa” de los trending topic.


Posteriormente, habla de arquitectura e ingeniería social, que extrae datos que luego serán empleados en el proceso de remodelación de individuos y sociedades. Su obsesión es obtener datos masivos para tener el poder total. Dice que ya hay estados que usan datos extraídos ilegalmente de la digitalización de la información para llevar a cabo sus proyectos de transformación social.


La ingeniería y la arquitectura sociales funciona así, según el autor: escoger el objetivo humano, engañarlo, extraerle información, manipularlo y condicionar su actuación y comportamiento. “Millones de personas caen cada día en la trampa creada por un algún ingeniero social”, dice. La gente cree que su información no tiene importancia. Explotan vulnerabilidades como la ignorancia, la credulidad, el deseo de ser aceptado o sentirse útil, o cualquier sentimiento o debilidad, la dejadez y el descuido.


Luego pasa a desarrollar el “hackeo cognitivo” (procedimientos para alterar el comportamiento de las víctimas tras ganarse su confianza; cita los ataques semánticos). Entre los trucos psicológicos está el “sonsacamiento”, la programación neurolingüística (PNL) que usa el tono de voz o las pausas para saber lo que piensa el interlocutor. Menciona la “mnemónica” que consiste en manipular la memoria colectiva (se refiere a Singapur para crear unidad entre distintas etnias)


En posteriores capítulos aborda la vigilancia a través del big data y la cibervigilancia. Cree que es de inocentes pensar que no vas a estar localizado. Incluso el WhatsApp es sospechoso.


En posteriores capítulos examina el tecnopolismo posideológico (persuadir a la población para que apoye propuestas y acciones mediante mensajes personalizados en función de su mentalidad gracias a datos, algoritmos y narraciones. Las redes sociales estrechan las opciones. El autor proclama: “No podemos consentir que se haga política para los políticos en lugar de para el pueblo”.


Totalitarismo democrático: las dictaduras empleaban estos métodos: desinformación, intoxicación, propaganda, adoctrinamiento sociopolítico (lavado de cerebro e inculcación del programa político), legislación, censura previa, represión política y uso del espionaje masivo. En las democracias hay hipercontrol tecnológico, intolerancia de los (autodenominados) tolerantes, la normalización del silencio digital (cualquier cosa que se diga pueda ser delito), política paternalista, creación artificial de problemas, el Estado terapéutico (transformación psicosocial de la sociedad y crear ciudadanos emocionalmente débiles y creación de “espacios seguros” y victimización).


Psicogobierno: la idea es restar poder a las poblaciones más allá de la fachada de la democracia. Por un lado está el concepto de “panóptico” (de Bentham y Foucault) de dar la sensación de que todos estamos vigilados. Entre las técnicas están el “empujoncito” (nudge), que consiste en hacer un pequeño cambio para que la persona decida otra cosa [nota: Thaler se llevó el Premio Nobel de Economía por descubrirlo]. Otras técnicas son la treta psicológica (para que la población acepte el tutelaje del Estado), los actores psicosociales (medios, gabinetes).

Esto da lugar a una sociedad “psicorresignada”, en el que el autor dice que hay que “despedir” a los políticos mentirosos que no cumplen sus promesas como se haría con un director general inepto [nota del lector: ojo con este argumento tramposo, porque los gobernantes, a diferencia de los CEO, ocupan su cargo por la soberana voluntad del pueblo].


El autor dice que la sociedad debe reaccionar, renovar la democracia y no adormecerse.


lunes, 25 de febrero de 2019

"Así se domina el mundo", de Pedro Baños (2017)

Resumen del libro "Así se domina el mundo", de Pedro Baños (2017)

Resumen original y actualizado del libro:
https://evpitasociologia.blogspot.com/2019/02/asi-se-domina-el-mundo-de-pedro-banos.html

Resumen elaborado por E.V.Pita, doctor en Comunicación y licenciado en Derecho y Sociología

Sociología, geopolítica, relaciones internacionales, poder mundial, política internacional, globalización

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Ficha técnica

Título: "Así se domina el mundo"

Subtítulo: Desvelando las claves del poder mundial

Autor: Pedro Baños

Fecha de publicación: 2017

Editorial: Ariel, Editorial Planeta. Barcelona

Páginas: 468

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Biografía del autor Pedro Baños (hasta 2017)

El autor Pedro Baños es coronel del Ejército de Tierra y diplomado del Estado Mayor, actualmente en situación de reserva. Ha sido jefe de Contrainteligencia y Seguridad del Cuerpo de Ejército Europeo en Estrasburgo. Ha participado en misiones en Bosnia-Herzegovina (Unprofor, Sfor y Eufor) y hoy es uno de los mayores especialistas en geopolítica, estrategia, defensa, seguridad, terrorismo, inteligencia y relaciones internacionales.

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Texto de la contraportada

"Alianzas, manipulación, rivalidad, guerra psicológica... todas las claves de la geoestrategia mundial.

"Desde hace algunos años, debido a la compleja situación actual, la ciencia de la geopolítica - y su aplicación práctica, la geoestrategia. que tiene como objetivo la influencia de los países a escala mundial - está adquiriendo una importancia que en cierto modo había perdido tras la Segunda Guerra Mundial. Pero ¿cómo se relacionan los países? ¿Qué estrategias de poder utilizan?

A través de numerosos ejemplos, veremos que existen diversas estrategias clásicas, todas con un trasfondo de hipocresía y de aprovechamiento de las debilidades ajenas, que ha prevalecido a lo largo del tiempo. También descubriremos que durante toda la historia se han cometido una serie de errores geopolíticos que se siguen repitiendo. Aunque hoy en día las reglas han cambiado por una serie de condicionamientos - como los avances tecnológicos- que obligan a modificar las acciones geopolíticas, existen unos fundamentos inamovibles en este campo.

El coronel Pedro Baños, un experto estratega, nos adentra en las incógnitas de estos juegos de dominio entre países y nos desvela numerosas claves y trucos del poder mundial que se pueden condensar en unas eficaces reglas universales para conseguir nuestros objetivos, con títulos tan sugestivos como "El mundo visto como patio de colegio", "El portero de discoteca", "Empobrece y debilita a tu vecino", o "Miente, que algo queda".

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ÍNDICE

1. Geopolítica y geoestrategia

2. Cómo es el mundo

3. Principios geopolíticos inmutables
    El estado es un ser vivo
    La economía manda
    El determinante peso de la Historia
    No hay aliados eternos, sino intereses permanentes

4. Las geoestrategias inmortales
    La intimidación
    Cerco y contracerco
    Patada a la escalera
    Empobrece y debilita a tu vecino
    Simula y disimula
    El "breaking point"
    Fomenta la división
    La dominación indirecta
    Retuerce la ley para retorcer a tu enemigo
    Quítate tú para ponerme yo
    El que parte y reparte se queda con la mejor parte
    No hagas lo que los demás pueden hacer por ti
    La creación del enemigo
    El contrapeso
    Miente, que algo queda
    Las armas de comunicación masiva
    El pensamiento único
    El abuso de los pobres
    Siembra cizaña
    El fervor religioso
    La vía de escape
    El "buenismo"
    La creación de la necesidad
    El loco
    La sinergia
    Las copas de champán
    El burro y las alforjas
    
5. Errores frecuentes en geopolítica
    Ignorar la idiosincrasia de los pueblos
    Mostrar el poder exponiendo las debilidades
    No estar preparado para lo inesperado
    Confiar en vencer con rapidez y sin pérdidas propias
    Despreciar las religiones y ofender a sus fieles

6. Los pecados capitales de la geopolítica

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RESUMEN

Comentarios iniciales: El libro es muy ameno y se lee de un tirón. Sus capítulos se estructuran en una especie de lección magistral o análisis seguido de sus correspondientes ejemplos históricos o anécdotas diplomáticas o militares para ilustrar su estudio. Cada pieza de análisis es encabezada por una frase de un destacado historiador, militar, diplomático o político (Tucídides, Napoleón, Maquiavelo, Clausewitz, etc...).

Se observan algunos errores de traducción de textos procedentes del inglés como "deception" que es un falso amigo (no significa "decepción" sino "engaño").

Entre sus fuentes cita a los clásicos ( Robert D. Kaplan) y también a los generales chinos Peng Guangqian y Yao Youzhi, así como los estrategas Qiao Liang y Wang Xiangsui.

No obstante, el libro no muestra una potente teoría para interpretar el mundo y la política internacional (salvo la de que el más fuerte es el que manda) en el sentido en el que lo haría Kaplan con su análisis del factor geográfico ("La venganza de la geografía") y los movimientos poblacionales en las planicies. Más bien, la tesis de Baños es que los países son como personas armadas con garrotes y los más fuertes atizan a los débiles para robarles todo a la menor oportunidad. Es bastante crítico con las causas ocultas de la guerra pues, en su opinión, los movilizadores son hipócritas y engañan a la sociedad con causas humanitarias o en búsqueda de la paz mientras priman intereses económicos (defender a una compañía nacional) o geoestratégicos (necesidad de controlar un estrecho para cortar la salida al mar a un país rival).

Recuerda que, según el tratado bélico Wu Zi las motivaciones de la guerra son cinco: lucha por la fama, lucha por el beneficio, acumulación de animosidad, desorden interno y hambre. Recuerda también lo que dijo el conde Alexandre de Marenches en 1986: el conflicto internacional actual consiste en la lucha por el dominio de las materias primas y en el control psicológico de las poblaciones por los medios de comunicación, las Iglesias, la educación y la desinformación. También cita al militar Michael Howard que denunció los excesos de usar a los militares al servicio de intereses económicos. El autor advierte: "En un escenario de hipocresía y cinismo, confía solo en tus propias fuerzas".

En este sentido, considera efectivamente a cada país con su propia personalidad y características físicas: el matón de la clase (robusto y pendenciero), los amigotes del matón y sus desdichadas víctimas, los que hacen frente al matón y son independientes (pero excluidos del juego y condenados al ostracismo), el que finge ser amigo de todos (Suiza), y los que no pintan nada y son indiferentes para el resto (lo mejor es pasar desapercibido). Las naciones serían como "niños" en un patio.

Y luego están los desarrapados (6.600 millones), que ansían que cambien las tornas para ocupar el sitio de los ricos y los privilegiados (900 millones). El autor cree que hay una enorme desigualdad en el mundo. Otro problema, según dice, es que las nuevas generaciones de gran parte del mundo no han conocido las guerras ni sus horrores y podrían caer en el error de buscar honor y gloria, y botín rápido, y montar otro calamitoso desastre. Ve improbable otra guerra mundial (pero no imposible) ya que las grandes potencias apuestan por enfrentarse a través de países secundarios (Vietnam, Corea) y además ahora se actúa mediante "guerras híbridas" (en países interpuestos, manipulación de la opinión pública, guerra comercial y financiera, ciberguerra...).

El mundo actual sería una especie de estado natural sin Estado hobbesiano que imponga el orden (Kaplan). Y recuerda lo que dijo Friedrich Ratzel (en "Sobre las leyes de la expansión espacial de los Estados") sobre la expansión de los países más poderosos (cultura, economía) hacia una frontera viva y cuya lógica de absorber territorios más ricos en la periferia para ampliar su "espacio vital" (el Lebensraum). Por otra parte, el padre de la geopolítica fue el sueco Rudolf Kjellén, que consideraba que el Estado tiene vida (nace, lucha, se desarrolla, ejerce su influencia, entra en declive y muere y da lugar a otro sistema social). Otro geopolítico fue Karl Haushofer (que justificaba la expansión de la Alemania industrial en el siglo XX debido a su limitación de recursos y materias primas). 

En general, varios geopolíticos coinciden en ver una constante histórica en el hecho de que los grupos son expansionistas. El autor dice que tales necesidades de un Estado "vivo" siguen vigentes: el Estado debe cubrir las necesidades básicas de su población (alimentación) y la industria (materias primas y recursos energéticos).

Según esta teoría, el país más fuerte ahora es Estados Unidos, el cual es desproporcionadamente poderoso y prácticamente domina los mares y ejerce un poder real en todo el globo. Según el autor, tal poder americano está en declive y ahora tiene a dos rivales ganando protagonismo: Rusia, que intenta recuperar su esplendor e influencia, y China, una poderosa potencia comercial en expansión. Los frentes son diversos: hay choques con Rusia en el Ártico, en Europa del Este (donde se ha expandido la OTAN) y en Siria (zona de influencia rusa en el Mediterráneo) con China en el mar de China y el Pacífico. A ello se suma la carrera o pugna mundial por captar materias primas mineras y energéticas en África (en las que están involucrados Francia, EE.UU., y China, entre los más activos). Son los llamados "minerales estratégicos": primero fueron el hierro y el cobre, luego el petróleo, y ahora el uranio, cobre, cobalto, manganeso, cromita, tierras raras (de las que Corea del Norte tiene grandes reservas sin explotar), germanio, berilio, bauxita, litio, grupo del platino. El coltán ni siquiera es comercializado abiertamente.

La economía fue razón para las guerras púnicas (Cartago se convirtió en un rival comercial de Roma en el Mediterráneo), napoleónicas (Inglaterra, potencia manufacturera, hundió en Trafalgar la flota de España y Francia y se convirtió en dueña de los mares), la Guerra de Cuba (EE.UU. necesitaba controlar los pasos de Cuba para ir seguro al Canal de Panamá y las islas Filipinas era su puente en tierra para controlar el Pacífico) o la Primera y Segunda Guerra Mundial (guerras proteccionistas, el Imperio Británico contra la Alemania industrial necesitada de petróleo, independiente de los préstamos internacionales mediante el trueque sin interés y que estaba aumentando su flota, Japón y EE.UU. pugnando por el control del Pacífico) y las guerras de Oriente Medio (control del petróleo en Irán y equilibrio con Irak en una guerra de desgaste entre ambos, el interés de Francia en los hidrocarburos de Libia) y finalmente China-Corea (la guerra por el dólar de China, las minas de tierras raras (magnesita) de Corea del Norte). 

 Las necesidades estratégicas y críticas actuales están en Guinea (bauxita), cobalto (Congo), cromita (Sudáfrica, Kazajistán, India), manganeso (Gabón, Brasil, Ucrania), germanio, grafito y tierras raras (China), estaño (Indonesia), hierro (Brasil), uranio, niquel y paladio (Rusia) y el caso especial de Afganistán (lleno de oro, cobre, hierro, cobalto, tierras raras, litio, cromo, plomo, zinc, berilio, fluorita, niobio y uranio). Sin olvidar que el petróleo y el gas mueven el mundo y, en un futuro, el mundo estará en manos de quien controle la producción y distribución de electricidad (el país que sea dependiente, se convertirá en un esclavo tecnológico de los más desarrollados).

El autor también habla de las "guerras postmodernas", que se caracterizan por usar abrumadoramente instrumentos económicos y financieros para debilitar y derrotar al enemigo: concesión de préstamos, imposición de sanciones, informes de agencias de calificación, inversiones de fondos soberanos y capital riesgo, dominio de los mercados, control de las bolsas, manejo de la deuda y otras herramientas bancarias en evolución. Los estrategas chinos Liang y Xiangsui creen que en las guerras futuras aumentarán las hostilidades financieras.

La "neoglobalización" es la nueva globalización en la que el actor dominante sería China aprovechando las infraestructuras ya creadas por los occidentales (inundaría los mercados a precios baratos y los beneficios los derivaría al campo militar o ciberespacio). La Ruta de la Seda a Europa y su paralela por el mar (a África y Sudamérica) enlazaría el 60 % del mercado global. El autor vaticina que EE.UU. no se quedará de brazos cruzados y baraja Corea del Norte como campo de batalla entre las potencias (sin hacerse daño entre sí, claro).

Respecto a quien domina la economía mundial cita a la discreta e invisible familia Rothschild (tiene 2 billones de dólares; se ignora su capacidad real para influir en decisiones clave de alcance mundial), la casa Saúd (1,4 billones), los Walton (Wallmart, solo 152.000 millones), Koch (petróleo, 89.000 millones) y los Mars (dulces, 80.000 millones).

Por otra parte, el mercado mundial del grano está dominado por cuatro grandes, las ABCD: AMD (USA), Bunge (Brasil), Cargill (USA) y Dreyfus (franco-holandesa).
En cuanto a pesticidas, fertilizantes y alimentos transgénicos están Monsanto, Dupont y Dow (USA), Bayer (Alemania), Syngenta (Suiza) y ChemChina.

A todo ello se suma, según el autor, la "inteligencia económica" llevada a cabo por Francia, ya que el Estado pone facilidades a las empresas privadas para informarles de concursos, ventas, obras públicas... para ganar ventaja sobre otros países.

Esto es en cuanto a la Economía.

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Otros conceptos que maneja, además de la "guerra híbrida" (que mezcla presión mediática, bloqueo económico, ciberguerra, desestabilización interna de un país financiando a facciones y azuzando cizaña entre ellas) es el de "lawfare" (guerra jurídica en la que se usa el derecho internacional para deslegitimar al enemigo, por ejemplo, por no respetar los derechos humanos, elecciones tramposas, con lo que se logra paralizarlo financieramente). Lo curioso es que este derecho internacional solo se aplica a los países del montón pero los importantes no se someten a él. El autor recuerda que Japón, sutilmente, suele dejar caer que si le procesan por crímenes de guerra durante la Segunda Guerra Mundial, él podría sentar a EE.UU. por arrojar dos bombas atómicas contra dos ciudades llenas de civiles desarmados.

Otro concepto que usa es el de "soft power", que sería el que usaba Obama para mantener el control en el mundo sin presionar demasiado a sus oponentes, usando la diplomacia, el uso de la desestabilización interna, o violencia de baja intensidad (mediante ataques selectivos de drones). En todo caso, todos saben quién manda.

El autor habla de otros factores históricos. Recuerda que Corea del Norte fue bombardeada hace medio siglo por EE.UU. y perdió al 20 % de la población. El autor concluye que los siguientes dictadores presumieron de misiles intercontinentales y bomba nuclear para disuadir a USA de futuros bombardeos, lo que aplaudió la población al garantizarles seguridad. También menciona otros casos de países "indomables", caso de Afganistán (partido en dos en el siglo XIX por las intrigas del Imperio Británico para cortarle el paso a Rusia hacia el Índico y crear un tapón de tierra, con lo que dejó al pueblo pastún dividido por la mitad; el autor recuerda que Afganistán fue una piedra en el zapato para Alejandro Magno, Inglaterra, la URSS y EE.UU. debido a la fiereza de sus moradores de las montañas que solo obedecen la ley de venganza de su clan).

Otro de los factores es el cultural y recuerda la dificultad de que las ideas occidentales convenzan a los países de Oriente Medio para "occidentalizarse". El autor advierte que no todos los países piensan con la lógica de Occidente ni ven la democracia ni los derechos humanos ni la libertad de expresión tan atractivos, por increíble que les pueda parecer a los occidentales (y recuerda esas misiones "humanitarias" que dejan bombardeos y caos a su paso). En el caso de China, el autor cuenta que esta potencia se "vende" a los países africanos y sudamericanos como un país bueno que no se mete en los asuntos internos ni les da la consejos ni "moralina" como los occidentales.

El autor también refiere lecciones de estrategia que dio la historia pero también la vida misma. Recuerda por ejemplo el hecho de la "patada a la escalera": una vez que una potencia ha subido a la cima tira la escalera para que no suban sus rivales. Sería el caso de EE.UU. rodeando a la exURSS por Europa del Este y el Báltico (al expandirse su flanco la OTAN), boicoteando la presencia de Rusia en Siria y ejerciendo influencia en el Mar Negro y Aral, donde ya tiene bases americanas, así como en Thule (Groenlandia, para controlar el Ártico). En Asia, EE.UU. intenta mostrar músculo a China, con un gran despliegue en Corea del Sur, y China, a su vez busca crear un "mar interior" sin extranjeros.

La idea general es que por muy poderoso que sea un país, debe saber primero a qué se enfrenta cuando invade un país. Recuerda que el día-D del desembarco en Normandía, los aliados vieron frenado su avance por muros vegetales de 3 metros que habían creado los celtas 2.000 años antes. En otros países, un "patinazo" cultural generó graves tensiones: la revuelta de los cipayos en la India contra los británicos (por untar con grasa animal los cartuchos), las rebeliones religiosas en Afganistán o Pakistán porque los americanos hicieron algún sacrilegio, o la tenacidad vietnamita (que ya había echado a los colonizadores franceses) y con los que para EE.UU. fue imposible negociar  nada que no fuese la inmediata retirada americana del país. También está el caso filandés, cuya pequeña población se dividió en guerrillas y paró a los carros de combate soviéticos en 1939 durante todo el invierno hasta que Stalin tuvo que desistir. O cómo los guerrilleros españoles convirtieron en un infierno la presencia de las tropas napoleónicas en la Guerra de la Independencia (donde Napoléon perdió medio millón de hombres en cinco años, "gota a gota").

El autor recuerda que la guerra es "incontrolable" e "impredecible" y que aunque todos van con la idea de ganar suele haber "sorpresas". Un enemigo débil puede atacar el punto más vulnerable de su prepotente atacante. O el conflicto, previsto para unos días, puede encenagarse durante décadas (pone como ejemplo Afganistán, Vietnam).

El fervor religioso también es un catalizador para que las poblaciones vayan a la guerra pero el autor recuerda que, generalmente, los poderosos tienen otros intereses inconfesables (generalmente económicos o geopolíticos), por lo que suelen disfrazar toda guerra como una "causa justa" (un concepto que se remonta  a los monjes-guerreros de las Cruzadas y ahora a los "muhaidines"). Eso ha dado pie a guerreros fanatizados por una total fidelidad a una religión, del signo que sea, y que le han venido muy bien a algunos gobernantes. El autor recuerda la película de Rambo III, quien lucha junto con los talibanes (los "buenos") contra los soviéticos (los "malos") en los años 80 y 20 años después, se invierten las tornas, y son estos guerreros de las montañas con un férreo control del honor los "malos" porque pelean contra EE.UU.

Del mismo modo, remover demasiado un avispero lleno de exaltados guerreros fanáticos no es una buena idea, según explica el autor. Recuerda que si un enemigo débil no tiene salida para la derrota puede actuar a la desesperada, caso de la población que se suicidó en Numancia (cercada por los romanos) y de otras ciudades que siguieron la misma suerte para no claudicar. Eso lleva a la figura del terrorista suicida que actúa a la desesperada para defender su país o echar a los invasores más fuertes: se han visto muchos casos a lo largo de la Historia, desde los judíos kamizaces (zelotes) contra los romanos a las mujeres cargadas de explosivos que atentaban contra los alemanes en Varsovia, los ataques japoneses contra los portaaviones, los vietnamitas o los terroristas globales "muhaidines" de las torres del 11-S y otros cientos de ataques.

El autor también comenta cómo se divide el mundo en los "buenos" y "malos". Si un país no rinde pleitesía al más dominante, o no hace lo que él quiere, pasa a entrar en la lista de los "malos" y se convierte en un paria internacional si es que no lo invaden directamente. También está la técnica del "portero de discoteca" (solo un puñado de países tienen derecho de veto en la ONU, solo unos pocos son admitidos en el distinguido club del G-8, o no tienen por qué someterse a los dictados del FMI sino que reciben préstamos amistosos por otras vías). China usa ese poder de veto para "vender" a sus socios comerciales que si tienen algún problema con Occidente, puede bloquear cualquier decisión de la ONU.

Otro factor es la influencia cultural y la presión en la opinión pública. El autor relata tantos ejemplos de cómo las grandes potencias interfirieron en la opinión pública de otros países y lo siguen haciendo (para amoldarlos a sus intereses crean institutos de opinión, financian partidos que defiendan estos intereses) que no le cabe más que concluir que "todos lo hacen". Un caso paradigmático es el del magnate de la prensa Hearst que lanzó en 1898 una campaña mediática contra España (que les tocaría hacer el papel de los "malos") para convencer con todo tipo de falsedades a los estadounidenses de que había que declarar la guerra para liberar a los cubanos de la opresión. En una guerra rápida, EE.UU. se hizo con el control de Cuba, Filipinas y Puerto Rico mientras que España, que desde 1808 era una potencia menor, perdió sus últimas colonias oceánicas. Ningún país europeo se atrevió a desafiar a USA, convertida ya en una gran potencia.

La conclusión del autor es que el mundo sigue siendo inestable y es probable que aumenten los "microestados" y las fragmentaciones de países por una sencilla razón: son más fáciles de controlar por los grandes (en concreto EE.UU., Rusia y China). En vez de haber grandes estados medianos o incluso continentales (como la UE), o un poder fuerte de la ONU, existe un mosaico de países débiles o instrumentales (caso de Panamá o Yemen) que tienen importancia geoestratégica y tienen que amoldarse a lo que digan los países más poderosos. A todo ello se une que entre los propios aliados se espían (como se ve en los papeles y cables diplomáticos de Wikileads, etc...) por lo que conviene ir con precaución en el mundo global.