lunes, 24 de julio de 2023

"Industria e Imperio", de Eric Hobsbawm (1968)

 Resumen del libro "Industria e Imperio", de Eric Hobsbawm (1968)

 Resumen original y actualizado del libro en:

https://evpitasociologia.blogspot.com/2023/07/industria-e-imperio-de-eric-hobsbawm.html

Resumen elaborado por E.V.Pita, doctor en Comunicación, licenciado en Derecho y Sociología.

Sociología, industrialización, capitalismo, Reino Unido, Imperio Británico, Historia de Gran Bretaña,  economía, Revolución Industrial

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Ficha técnica

Título: "Industria e Imperio"

Subtítulo: Historia de Gran Bretaña desde 1750 hasta nuestros días.

Título original en inglés: Industry and Empire. From 1750 to the Present Day

Autor: Eric Hobsbawm

Capítulo 16: C.J. Wrigley, escrito en 1999

Primera edición en inglés: 1968

Edición en español: 2001, 2016, 2023, 

Edición de 2023: Editorial Crítica, E. Planeta, Barcelona 

Número de páginas: 368

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Biografía del autor Eric Hobsbawm (1917-2012)

Eric Hobsbawm está considerado uno de los grandes historiadores de siglo XX. Nació en Alejandría en 1917, creció en Viena y Berlín durante los años 30 y después de mudarse a Londres, estudió Historia en Cambridge. A partir de 1947 impartió clases durante muchos años en el Birkbeck College, en la Universidad de Londres, donde se convirtió en profesor emérito de Historia Social y Económica, además de ser profesor visitante en varias universidades de todo el mundo. Obtuvo 17 doctorados honoris causa y otros muchos premios y distinciones. Entre sus numerosos libros, publicados por Crítica, destaca la serie sobre el "largo" siglo XIX, formada por La era de la revolución (1789-1848) (1997), La era del capital (1848-1875) (1998), la Era del Imperio (1875-1914) (1998) e Historia del siglo XX (1998), que ha sido traducida a muchos idiomas y aclamada por Nial Ferguson como "el mejor punto de partida para cualquiera que desee comenzar a estudiar historia contemporánea". Hobsbawm también escribió sobre otros muchos temas, incluyendo la memoria en Años interesantes. Una vida en el siglo XX (2003). Poco antes de su muerte, en octubre de 2012, terminó una colección de ensayos sobre cultura, Un tiempo de ruptura (2013), y también dejó instrucciones para la publicación de futuras colecciones: ¡Viva la revolución! (2018), editado por Leslie Bethell donde reúne sus escritos sobre América del Sur y América Latina, y Sobre el nacionalismo (2021) con la edición e introducción de Donald Sassoon.

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Texto de la contraportada

"Este libro analiza 250 años de historia económica y social de Gran Bretaña: el origen de la Revolución Industrial, su papel pionero en la economía mundial, los industriales y los productores de materias primas, las metrópolis y las zonas coloniales o semicoloniales del mundo entero, y su posterior decadencia durante el siglo XX, debida a su temprana eclosión como potencia industrial mundial. Sin embargo, no es posible comprender la historia de Gran Bretaña si no se tiene en cuenta su papel como eje de aquel vasto imperio sobre el que se asentaron sus fortunas durante tanto tiempo, su posterior decadencia ante el empuje de nuevas potencias económicas (Estados Unidos y Japón), o sus actuales relaciones con la UE). Al analizar este complejo entramado de relaciones comerciales y de producción, el profesor Hobsbawm no solo nos ofrece la mejor historia económica y social de Gran Bretaña desde 1750 hasta hoy, sino que nos está explicando toda la historia económica occidental moderna".

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ÍNDICE

Introducción

1. Gran Bretaña en 1750

2. El origen de la Revolución Industrial

3. La revolución industrial, 1780-1840

4. Los resultados humanos de la Revolución Industrial, 1750-1850

5. Agricultura, 1750-1850

6. La segunda fase de la industrialización, 1840-1895

7. Gran Bretaña en la economía mundial

8. Niveles de vida, 1850-1914

9. Los inicios del declive

10. La tierra, 1850-1960

11. Entre las guerras

12. El gobierno y la economía

13. La larga prosperidad

14. La sociedad británica desde 1914

15. La otra Gran Bretaña

16. Un clima económico más riguroso

Conclusión

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RESUMEN

[Nota del lector: a medida que leía la nueva edición del 2023, por los detalles que aún recordaba, me he dado cuenta de que ya había leído el mismo libro hace 20 años o más. Es la prueba de que Hobsbawm escribió un tratado de historia económica que queda grabado en la memoria. La nueva edición incluye un capítulo extra, el 16, sobre la época neoliberal de Thatcher y sus sucesores, pero sin alcanzar ni de lejos el nivel de un auténtico Hobsbawm porque su sustituto relata una sucesión de hechos sin entrar en el análisis profundo que tanto impresiona de Hobsbawm. Algunas de sus ideas resuenan hoy en día en otros libros de economía o del decrecimiento, por ejemplo, los cercamientos, el abaratamiento de productos para mejorar la calidad de vida obrera, etc...]

[nota del lector. la edición del 2023 aún contiene, al menos, media docena de pequeñas erratas en el texto pero podría haber más. Son molestas a la lectura y no se subsanaron]

Industria e Imperio, de Eric Hobsbawm, es un libro mítico que describe la brutalidad con la que arrancó la revolución industrial en Gran Bretaña y narra cómo destruyó al mundo tradicional campesino a partir de 1750 y transformó a los trabajadores rurales en obreros sometidos a un ritmo intensivo de trabajo nunca visto. Hobsbawm aclara que Gran Bretaña ganó mucha ventaja en esa época arcaica de la industrialización respecto a sus grandes rivales que podían hacerle sombra, naciones avanzadas como Francia, Holanda, Bélgica, la Confederación Germánica (liderada por Prusia) o los recién nacidos Estados Unidos. Gran Bretaña era el único país del mundo cuya población ya no era eminentemente agrícola ni este sector el predominante porque Inglaterra, a partir del siglo XVII, tras el declive de España y Portugal, se había convertido en la mayor potencia comercial y naval del mundo, lo que le permitió adueñarse de los mares y forjar un extenso imperio que abarcaba todos los continentes.

 El hecho de ser el primer país que mecanizó el campo, la minería y el textil gracias a las máquinas de vapor y levantó los primeros ferrocarriles convirtió a Gran Bretaña en un caso inédito en la historia mundial y aunque sus rivales quisieron imitarla no fue tan fácil porque sus instituciones de gobierno todavía eran feudales (la Francia revolucionaria de 1789 se convirtió mediante la violencia en un régimen burgués) mientras que Inglaterra ya funcionaba pacíficamente desde la Revolución Gloriosa del siglo XVII como una nación burguesa (lo mismo que sus colonias americanas, luego independizadas en 1776). Básicamente, toda la nación se puso a trabajar de sol a sol seis días a la semana en las industrias. El autor recuerda que muchos países en desarrollo que quisieron industrializarse tuvieron parte del camino recorrido gracias a la evolución progresiva de la industrialización en Gran Bretaña y corrigieron los efectos negativos. El autor añade que la revolución industrial supuso un éxito político para las élites porque no cambió el panorama social (no hubo ninguna revolución como en el Continente en el siglo XIX) y además estas salieron muy enriquecidas. Dice que en 1845, se daba por descartado o conjurado el riesgo de una revolución social en Inglaterra. Todo el mundo en Inglaterra y Escocia estaba muy ocupado en trabajar para no morirse de hambre. Pero ni aún así se evitó la hambruna de la Irlanda rural, que se saldó con un millón de muertes (la séptima parte de la población), y que el autor considera como la mayor catástrofe humanitaria del siglo XIX a nivel mundial. 

La nueva edición en 2023 del libro de Hobsbawm, cuya primera edición data de 1968, cobra interés actual porque muchas narrativas que defienden el decrecionismo culpan a los cerramientos de los montes de bien común en Gran Bretaña que dar el pistoletazo de salida a la expansión sin control del capitalismo tras apropiarse gratis de tierras comunales y poner cercas alrededor para proteger la nueva propiedad privada, arruinando a los campesinos que vivían de esos terrenos y destrozando el medio ambiente. A este respecto, Hobsbawm señala que los cerramientos afectaron sobre todo a tierras de baldío, bosques sin uso y campos infrautilizados para "monetizarlos" [anotación del lector] y los convirtieron en inmensos cultivos superproductivos de cereal y que, al estar concentrados, mejoraron la productividad agrícola. El autor añade que la legalización de esta situación consistió en dar por bueno años después un dominio "de facto" de esas tierras. Otro de sus argumentos es que los cercamientos tuvieron el mismo efecto que si unos terratenientes hubiesen alquilado las tierras para concentrarlas y producir más grano. Añade que los campesinos afectados eran lugareños y asalariados que iban a recoger leña o algunos productos de la tierra gratis para complementar su salario agrícola, que cada vez era más bajo a causa de la mecanización del campo. Recalca que a finales del siglo XVIII, al contrario que el resto de las naciones, los campesinos y el sector agrícola ya no era la principal rama de Gran Bretaña, una nación eminentemente comercial y sus élites, los terratenientes, habían dejado de ser hace tiempo señores feudales para dedicarse al comercio y a las inversiones.

El libro tiene un segundo interés actual que sobrecoge. Hobsbawm narra cómo los pequeños artesanos y jornaleros temporeros, que llevaban una vida relativamente tranquila, tuvieron que competir con las máquinas de hilar o las sembradoras bajando sus salarios, lo que primero les empobreció y luego ampliando su jornada de sol a sol, lo que hizo su vida muy miserable, pues el sustento solo les daba para sobrevivir. Finalmente, perdieron su especialidad y se convirtieron en unos asalariados más en las fábricas en unas condiciones penosas hasta 1845, en las que incluso corrían el riesgo de ser despedidos para ser reemplazados por mujeres y niños, más baratos.

Una de las conclusiones más espectaculares del libro es cómo Gran Bretaña perdió su ventaja de partida al ser pionera en la Revolución Industrial en 1750. Siglo y medio después, el país seguía manteniendo una economía basada en el carbón mientras que sus rivales, Estados Unidos y Alemania, apostaron  a finales del siglo XIX por la electrificación de su industria de forma masiva y adelantaron a Gran Bretaña a principios del siglo XX, que entró en un lento declive hasta 1980.

Los orígenes de la revolución industrial se remontan a 1750 y supuso un "shock" para los agricultores. Desplazados de sus tierras se hacinaron en las ciudades y, por salarios de hambre, trabajaron de sol a sol. Hasta 1840, las condiciones fueron muy malas y la ley del vagabundeo y la ley de pobres obligaron a los jornaleros a trabajar por un plato de comida. El autor dice que los campesinos eran felices con su suerte porque el campo les daba para vivir sin mayor ambición y los propios terratenientes veían justo que el hombre nacido en la tierra de sus padres se ganase dignamente la vida en el campo. Todo esto cambió con la obligación de trabajar y el único lugar que ofrecía trabajo era la industria. Al inicio, los artesanos (textil, herrería...) intentaron competir con las máquinas pero acabaron reducidos a la miseria y engrosaron las filas anónimas del proletariado. 

Otro cambio social que resalta Hobsbawm de la revolución industrial, de ideología burguesa, fue la imposición de horarios en el siglo XVIII y XIX a unos campesinos habituados a trabajar por estaciones, o por la salida y puesta del sol, y que de repente se veían sometidos a los intensos ritmos de la fábrica durante 9 o 10 horas al día seis días a la semana, con horarios ampliados gracias al uso de las lámparas de gas.

La segunda revolución industrial comenzó en 1840 y se extendió a 1890. Su economía se basó en el carbón, acero y el ferrocarril, y los inversores de Gran Bretaña vivieron su edad dorada al ganar más del 7,8 % en sus inversiones en todo el mundo, pues los países que querían instalar una red ferroviaria recurrían a compañías y técnicos británicos. Muchos de esos beneficios (600 millones de libras anuales) se desperdiciaron en construir grandes edificios públicos en pueblos pequeños como Bradford y sus vecinos, copiarles, o en tender nuevas vías ferroviarias que eran inviables o poco rentables. Mientras que conectar Liverpool con Londres o el interior con los puertos era rentable porque permitían llevar mercancías, las demás llevaron a la quiebra a muchas compañías pero, como resalta Hobsbawm, los accionistas ya no perdían todos sus bienes porque se promulgó la ley de las sociedades anónimas.

Hobsbawm resalta que Gran Bretaña vivió de las rentas de su primera revolución industrial, en la que un inventor que jamás hubiese leído a Newton era capaz de inventar una máquina hiladora. Pero ya a partir de 1870, era imposible sumarse a otras tecnologías como el caucho o el petróleo sin tener conocimientos o estudios de ciencias como la química o el electromagnetismo y, en eso, Estados Unidos y Alemania empezaron a ganar ventaja y relegaron a Gran Bretaña a ser una más en la producción de acero, y perder su liderazgo. 

A nivel social, los verdaderos sindicatos, como el cartismo, quedaron aparcados y, según el autor, los obreros se acomodaron y perdieron interés por la política. Y los obreros más pobres estaban desorganizados para resultar peligrosos para la élite, que dio por descartada la revolución social. A ello se suma que los antiguos patrones, que exigían trabajar lo máximo para pagar el salario mínimo, se sintieron más seguros con su torrente de beneficios y una industria ya consolidada. Hubo concesiones y mejores salarios y los obreros mejoraron su condición de vida. Los años 40, 50 y 60 fueron años dorados para Gran Bretaña pero tras la Gran Depresión de 1873 salieron debilitados. Muchas naciones avanzadas optaron por ampliar mercados a través del imperialismo y Gran Bretaña, que ya tenía su propio imperio, lo que hizo fue remarcar sus fronteras frente a otros rivales.

El declive de Gran Bretaña empezó en 1890 porque, según el autor, no quiso seguir el ritmo de innovaciones que hacían a Estados Unidos y a Alemania países superavanzados para la época. El Reino Unido cayó en una autocomplacencia al saberse en la cima mientras que sus rivales soñaban con alcanzar su posición, lo que les estimulaba a innovar más. Según Hobsbawm, Gran Bretaña cometió, al menos, cuatro errores en la segunda fase de la industrialización (a partir de 1870) y se quedó rezagada en la producción de acero. 

En primer lugar, uno de sus errores fue que Gran Bretaña permitió que su población educada en ingeniería fuese ridículamente pequeña (menos de 400 ingenieros nuevos al año) frente a los miles de graduados que salían de las aulas alemanas o americanas (hablamos de 6.000 a 30.000) [nota del lector: fue lo mismo que hizo Corea, aumentar su número de ingenieros]. Gran Bretaña no se tomó en serio la educación técnica de sus élites ni las clases medias y carecía de mandos para aplicar y sacarle provecho a las innovaciones que este mismo país inventaba, como el convertidor Besser de acero. Solo siguió liderando en la industria naval y el armamento. Pero había otras industrias, como el automóvil, que se les estaban escapando.

A ello se suma otro error que fue no ahondar en la dirección empresarial y directiva, en no profesionalizar los cuadros de mando y organización de las empresas para sacarle mayor rendimiento a sus estrategias y producción. Se trataba, en muchos casos, de rentistas de tercera generación que habían heredado las empresas de los pioneros de la era arcaica de la industrialización y estaban satisfechos de cómo funcionaban las cosas y de sus beneficios. Un ejemplo es Engels, el patrocinador de Karl Marx, heredero de una empresa textil inglesa que no solía ir mucho por la fábrica y que se retiró de trabajar a los 49 años con una suculenta renta. Esta clase rentista no tenía el estrés de innovar y, de hecho, en la industria textil hubo pocas innovaciones más. [nota del lector: la decadencia de Gran Bretaña recuerda al ocaso del Imperio Español en el siglo XVII, cuando se quedó atrasado respecto a naciones más dinámicas y competitivas].

 El resultado de apostar por una dirección profesional y de organización de los procesos fraguó en Estados Unidos, donde en 1900, el empresario Ford creó industrias del automóvil que funcionaban a base de ritmos marcados y con una cadena de montaje, lo que dio lugar al fordismo y también al taylorismo (métodos científicos de trabajo ideados por Taylor para elevar la productividad). Esta es la imagen de la fábrica actual y que surgió en Estados Unidos, no en Gran Bretaña.

Otro error fue la dimensión de las empresas británicas, demasiado pequeñas frente a los conglomerados y clusters que estaban surgiendo en Alemania y Estados Unidos. Se trataba de auténticas corporaciones gigantes que fabricaban en masa para vender su producción a la clase obrera y la clase media. Esta producción masiva era inimaginable en Gran Bretaña porque solo fabricaban en serie alimentos, vestido y complementos del hogar para las clases más pobres pero nunca se les habría pasado por la cabeza vender en masa automóviles porque daban por supuesto que solo estaban al alcance de la clase alta y clase media adinerada. Todo lo contrario de la estrategia de Ford, que fue vender coches a sus propios obreros, a los que subió el salario para que tuviesen más poder de compra. Gran Bretaña quedó al margen de esta industria masiva. También dificultó el aumento de la productividad y la eliminación de ineficiencias de la producción el hecho de que fracasasen los acuerdos, por ejemplo, entre carboneras y compañías de ferrocarriles para doblar el tamaño de las vagonetas de mercancías del tren y rebajar los costes. También era difícil montar un cártel de la minería porque había miles de pequeñas empresas que no querían unirse entre sí, lo que sí era más viable en Alemania.  Es en Estados Unidos donde surgen inventos de fabricación masiva y en serie como el revolver Colt o la máquina de coser Singer.

Llegado el año 1900, Gran Bretaña seguía teniendo una formidable flota naval pero se había quedado rezagada en producción de acero y lo más preocupante es que sus empresas no se habían adaptado a las exigencias de una nueva economía basada en la electricidad y el petróleo, como sustitutos del carbón, ni su organización empresarial era eficiente (sus empresas se quedaron obsoletas frente al fordismo) y su población tampoco tenía el nivel educativo lo bastante elevado (ingenieros, químicos) para adaptar sus industrias a los inventos de la industria de masas. En definitiva, la clase obrera mejoró su poder adquisitivo y nivel de vida, nada que ver con la época arcaica, pero el país se convirtió en una nación acomodada de pymes y rentistas, que recogían los frutos de la prosperidad del siglo XIX y las élites no lograron ponerse a la altura del reto que suponía implementar una nueva economía basada en la electricidad, los productos sintéticos y el petróleo, lo que les desbancaría del liderato en el siglo XX, a parte de que no podían competir en población con mercados internos como el de EE.UU.

El libro también recoge otro de los temas que los ensayistas posteriores han analizado: el librecambio solo llegó una vez que los productores internos estuvieron protegidos y tenían su industria consolidada. Hobsbawm cree que cuando Gran Bretaña apostó por el librecambio del comercio internacional (a mediados del siglo XIX) se quedó desprotegida frente a competidores más agresivos como Estados Unidos o Alemania, que sí protegían los mercados de sus industrias clave para ayudarles a crecer.

[nota del lector: en mi opinión, el capítulo más impresionante es el del declive; 20 años después de leer el libro aún me acordaba perfectamente de la clave que dio Hobsbawm para explicar por qué Gran Bretaña perdió el tren de la industrialización al no electrificar sus fábricas]

En la parte final del libro se aborda cómo los países avanzados iniciaron una carrera por tomar materias primas y mercados en el mundo en desarrollo en el siglo XIX, pero los costes de mantener esos imperios eran excesivos, tanto en infraestructuras de explotación como en mantener el orden, a lo que se sumó que dichos países controlados ganaron numerosa población a partir del siglo XX y se volvieron inmanejables. En el caso de Inglaterra, ya había acumulado una colección de "protectorados" (como Egipto) o naciones intervenidas (como Turquía) por el impago de deudas. 

En la parte final, la de enteguerras, Gran Bretaña va perdiendo potencial frente a colosos como Estados Unidos. La población mejora su calidad de vida en los años 50 a 70 pero el estado de bienestar entra en declive en los años 80. Coincide con el ingreso masivo de la mujer en el trabajo.

El capítulo 16, escrito por un colaborador de Hobsbawm, concluye que la promesa de Thatcher y los neoliberales de relanzar la economía y la productividad con sus recetas resulta ser un fiasco y, tras una cadena de privatizaciones, a mediados de los 90 los electores les dan la espalda y retornan los laboristas al gobierno. Pero Gran Bretaña nunca pudo recuperar sus años de gloria porque esa etapa ya había pasado en un mundo dominado por gigantes de la economía como EE.UU. o, ahora, China.

miércoles, 19 de julio de 2023

"Menos es más", de Jason Hickel (2021)

 Resumen del libro "Menos es más", de Jason Hickel (2021)

Resumen original y actualizado en:

https://evpitasociologia.blogspot.com/2023/07/menos-es-mas-de-jason-hickel-2021.html

Resumen elaborado por E.V.Pita, doctor en Comunicación y licenciado en Derecho y Sociología

Sociología, economía, decrecimiento, postcapitalismo, cambio climático

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Ficha técnica

Título: "Menos es más"

Subtítulo: Cómo el decrecimiento salvará el mundo

Título en inglés: Less is More: How Degrowth Will Save the World 

Autor: Jason Hickel

Publicación en inglés: 2021

Publicación en español: Capitán Swing Libros SL, Madrid, 2023

Número de páginas: 310

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Texto de la contraportada

"Nuestro planeta está en problemas, pero ¿cómo podemos revertir la crisis actual y crear un futuro sostenible? El mundo ha despertado por fin a la realidad del colapso climático y ecológico, ahora debemos enfrentarnos a su causa principal. El capitalismo exige una expansión perpetua, que está devastando el mundo, y sólo hay una solución que conducirá a un cambio significativo e inmediato: el decrecimiento. Si queremos tener una oportunidad de detener la crisis, tenemos que frenar y restablecer el equilibrio. Cambiar nuestra forma de ver la naturaleza y nuestro lugar en ella, pasando de una filosofía de dominación y extracción a otra basada en la reciprocidad y la regeneración. Tenemos que evolucionar más allá de los dogmas del capitalismo hacia un nuevo sistema adecuado para el siglo XXI. ¿Pero qué pasa con el empleo? ¿Y la salud? ¿Y el progreso? Jason Hickel aborda estas cuestiones y ofrece una visión inspiradora de cómo podría ser una economía poscapitalista: una economía más justa, más solidaria y que no solo nos sacará de la crisis actual, sino que nos devolverá el sentido de conexión con un mundo rebosante de vida. Tomando menos, podemos llegar a ser más. Hickel nos muestra cómo podemos devolver a nuestra economía el equilibrio con el mundo vivo y construir un futuro mejor".

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ÍNDICE

Prólogo de Kofi Mawuli Klu y Rupert Read

Introducción. Bienvenidos al Antropoceno

Parte I. Más es menos

01. Capitalismo: los orígenes

02. El avance de la bestia

03. ¿Nos va a salvar la tecnología?

Parte II. Menos es más

04. Secretos del buen vivir.

05. Vías hacia un mundo poscapitalista

06. Todo está conectado

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RESUMEN

La idea de este libro surgió tras la crisis financiera del 2008 cuando el autor Jason Hickel y su esposa Guddi, una médico de la sanidad pública del Reino Unido, fueron a una conferencia de Paul Krugman en el 2012 en Londres y, al salir, hablaron sobre posibles soluciones para salir del atolladero. Hickel propuso como Krugman la receta del crecimiento económico y de que EE.UU. debía hacer un enorme estímulo gubernamental para volver a impulsar el crecimiento. Mientras paseaban Guddi se preguntó en voz alta si Estados Unidos necesitaba crecer más cuando había países que hacían más con menos (en el libro, el autor menciona como ejemplos a Costa Rica y Portugal, entre otros, con menos PIB que EE.UU. pero mayor nivel de esperanza de vida, que a fin de cuentas es lo que importa). El autor se dio cuenta de que estaba repitiendo el "mantra de siempre" del eterno crecimiento y se quedó intranquilo y se calló.

El antropólogo Jason Hickel defiende el decrecimiento como fórmula para reducir el impacto del cambio climático. Aclara que algunos críticos equiparan el decrecimiento con una nueva versión de la austeridad pero es "justamente lo contrario". Dice que la austeridad aboga por la escasez para generar más crecimiento mientras que el decrecimiento aboga por la abundancia para volver innecesario el crecimiento. "Si queremos evitar el colapso climático, el ecologismo del siglo XXI tiene que articular una nueva reivindicación: la reivindicación de una abundancia radical", dice el autor. La economía produciría menos pero porque se necesitaría menos y, en términos generales, habría una abundancia mucho mayor. Aunque el PIB disminuyese (y restase beneficios a una élite), la riqueza pública aumentaría, mejorando la vida del resto de la sociedad. Ve una paradoja: la abundancia se revela como el antídoto contra el crecimiento. "Neutraliza el propio imperativo del crecimiento, al permitirnos frenar la bestia [del consumismo capitalista] y liberar de su yugo al mundo viviente", dice Hickel. Recuerda unas palabras de Giorgos Kallis, en su libro Límites: "El capitalismo no puede funcionar en condiciones de abundancia". 

Entre las soluciones que Hickel propone para frenar el crecimiento económico antiecológico y converger hacia una economía postcapitalista figuran: 1) Poner fin a la obsolescencia programada 2) Limitar la publicidad 3) Pasar de la propiedad al usufructo 4) Acabar con el desperdicio de alimentos 5) Reducir el tamaño de las industrias ecológicamente destructivas. Otras soluciones consisten en reducir la jornada laboral (para ajustar el menor empleo al decrecimiento), reducir la desigualdad, desmercantilizar los bienes públicos y ampliar el procomún, aplicar una ley del jubileo para cancelar las deudas, crear dinero nuevo para una economía nueva y avanzar en la democracia (entendida como igualdad y bienestar de todos).

Para Hickel, el decrecimiento representa la descolonización, tanto de las tierras como de las personas y las mentes. Representa el descercamiento del procomún, la desmercantilización de los bienes públicos y la desintificación del trabajo y de la vida. Representa la descosificación de los seres humanos y de la naturaleza y la desescalada de la crisis ecológica. Es tomar menos de nuestro entorno y abrir un mundo de posibilidades: El decrecimiento "nos traslada de la escasez a la abundancia, de la extracción a la regeneración, de la dominación a la reprocidad y de la soledad y la separación a la conexión con un mundo efervescente de vida". Aboga por una relación con el mundo de reprocidad y cuidado frente a otra de dominación y extracción. 

En el capítulo 1,  Hickel describe cómo el ascenso del capitalismo requirió de la creación de escasez artificial (cercaron los montes comunales para obligar a los campesinos, que antes se autoabastecían en una economía de subsistencia, a trabajar en la industria y aceptasen trabajar con salarios bajos a riesgo de morir de hambre y mejorar la productividad a base de una fuerte competencia y a su vez unirse a la masa de consumidores). Esa lógica de la escasez artificial pervive hoy: los trabajadores se sienten amenazados por el desempleo, deben ser cada vez más disciplinados y productivos para eludir el despido o que lo reemplacen por alguien más desesperado. Pero si la productividad aumenta, se producen despidos y los Gobiernos se ven obligados a hacer políticas de crecimiento y los trabajadores les votan. El autor replica que esa productividad podría revertir en los trabajadores mediante salarios más altos y jornadas más cortas. Además, los beneficios del crecimiento van despacísimo hacia abajo, hacia los trabajadores (la promesa del goteo o de que todos los barcos suben con la marea alta). A ello se suma que la desigualdad genera una escasez artificial de bienestar (al envidiar al vecino). Y también hay escasez de tiempo libre que nos obliga a pagar empresas para hacer la comida, limpiar la casa, jugar con nuestros hijos, cuidar de los padres mayores. El exceso de trabajo genera estrés y eso alimenta la industria de los antidepresivos, pastillas para dormir, dietas, terapia de pareja, vacaciones caras, y cosas que no necesitamos, lo que obliga a trabajar más para pagar esos productos. La escasez también afecta a los bienes públicos después de la ola privatizadora de los años 80 de la educación, la sanidad, el agua, la vivienda, la seguridad social, etc... Ante esta escasez, la gente se ve obligada a adquirir servicios privados. Finalmente, la austeridad de 2008 socavó lo que que quedaba de bienes públicos y protección social (ayudas a jubilados, prestaciones de desempleo, salarios de funcionarios) para que los "vagos" se sientan amenazados por el hambre y vuelvan a trabajar.

El autor Jason Hickel explica que el capitalismo se basa en producir escasez artificial, lo que sirvió de motor para acumular capital, y, a pesar del mito, no genera muchísimas cosas ni abundancia. El crecimiento no se basa en satisfacer las necesidades humanas sino en evitar satisfacerlas. "Es irracional y ecológicamente violento", dice Hickel. Surgió con los cercamientos (la privatización de los montes de mano común o comunales) en el siglo XVIII y XIX, lo que generó numerosa mano de obra para la incipiente industria, con salarios bajos y jornadas extenuantes. Añade que el capitalismo no es similar al comercio (comprar barato y vender caro para generar un beneficio con el que ganarse la vida) sino que el dinero se emplea para generar una producción que genera más dinero y el cual ser reinvierte en la producción, y volver a reinvertir, o lo que es lo mismo el capitalismo necesita el crecimiento para acumular capital, porque el dinero no se usa para comer (valor de uso) sino para acrecentar el capital (valor de cambio). Y eso obliga a un continuo crecimiento.

Por otro lado, el capitalismo lleva adherido el llamado dualismo: la separación del cuerpo de la mente (al estilo cartesiano) y la separación del hombre de la Naturaleza. El cuerpo y la Naturaleza se convierten en "cosas" a las que subyugar y explotar. Dado que los recursos de la Naturaleza son gratis, se puede explotar y destrozar a coste cero, porque tampoco se paga por las externalidades (la contaminación de los ríos, mares y aire, el deterioro medioambiental, el cambio climático). Y esa explotación de la naturaleza se traduce en ir allí donde están los recursos naturales para cogerlos gratis, lo que en el siglo XIX derivó en una carrera colonialista por colonizar el Salvaje Oeste, África o Asia, esclavizando o explotando a los nativos, puesto que el hombre también es un "recurso humano". La tesis del libro es que el capitalismo impulsa un crecimiento continuo (del que son rehenes los países, ya que nadie quiere reducir su PIB sino aumentarlo cada año) que está devorando los recursos del planeta y llevando al colapso al medio ambiente. La solución pasaría por un decrecimiento, que no significa que un país deba reducir el PIB sino que solo produzca aquello que es necesario y no despilfarre.

El autor pone como ejemplo a Portugal, Costa Rica o Finlandia, que con un PIB muy inferior a Estados Unidos han logrado una mayor esperanza de vida gracias a que el Estado ha invertido en sanidad y educación para toda la población, la cual no tiene que estresarse para ganar más dinero ni trabajar más para pagar cosas básicas como el médico privado o la universidad privada. Según el autor, esos países, entre otros, demuestran que se puede hacer más con menos dinero y vendrían a avalar que no es necesario que el PIB siga creciendo indefinidamente sino que hay que distribuirlo entre todos. Añade que la felicidad tiene una barrera a partir de la cual nadie es más feliz por mucha riqueza que tenga y que todos son más felices si tienen la misma riqueza que sus vecinos y no hay competencia por exhibir su poderío económico. Por tanto, el autor propone evolucionar hacia otro tipo de economía más distributiva, en la que se invierta en sanidad y educación para todos, y donde el crecimiento enfermizo del PIB no es una preocupación porque lo que realmente interesa es que la economía sea sostenible y genere un bienestar general a toda la población y no a unos pocos. El crecimiento del PIB dejará de tener sentido y ya no preocupará lo más mínimo porque habrá otras mediciones distintas basadas en el medio ambiente o la salud y educación de los residentes.

Una de las soluciones que plantea Jason Hickel es cobrar en impuestos la mitad de sus ganancias al 0,1 % más rico del mundo (se recaudarían 19 billones de euros; la mitad bastaría para acabar con el hambre en el mundo). El autor aclara que los impuestos gravarían las rentas (lo que ingresan cada año) pero no la riqueza que ya poseen (165 billones). Poniendo impuestos a los ultrarricos, dice el autor, disminuiría el PIB por sí solo (habría decrecimiento) sin perjudicar a nadie y, además, mejoraría el medioambiente porque ya no viajarían tanto en su jet privado ni harían vacaciones a lugares lejanos.

Otras soluciones que aportó en su libro Divide fueron crear un salario mínimo interprofesional de alcance global (o al menos, que a nivel local sea el necesario para vivir). Otra idea es poner fin a la evasión fiscal con leyes que regulen el comercio transfronterizo y la contabilidad corporativa. También sugiere democratizar instituciones como el Banco Mundial o el FMI (ahora en manos de los países ricos que controlan el voto) para que el Sur global pueda participar en las decisiones que le afectan y ganar más dinero con sus exportaciones (1,5 billones de dólares más). Propone condonar las deudas odiosas para que los países pobres inviertan en educación y sanidad, poner fin a las expropiaciones de tierras por grandes empresas y repartir las tierras entre pequeños agricultores, reformar los regímenes de subvenciones (que dan ventaja a la rica industria agrícola). 

El autor añade que el relato del crecimiento del PIB es ideológico, una vez que se comprende la magnitud de las desigualdades a nivel nacional y mundial. Lo define como un conjunto de ideas promovido por la clase dominante que favorece sus intereses materiales y que el resto del mundo ha interiorizado como propios (hegemonía cultural). Con el crecimiento y el progreso humano, lo que las élites reivindican, dice el autor, es acelerar los mecanismos de acumulación. Algo de ese crecimiento mejora la vida de los pobres pero esto ya no es sostenible en una época de crisis ecológica, dice Hickel.

El autor insiste en que el crecimiento del PIB mide la salud del capitalismo pero no la situación real de la población, ya que mucha es pobre o tiene una esperanza de vida más baja que la media (caso de Estados Unidos). Por ello, no ve correlación entre un mayor crecimiento del PIB y una mayor esperanza de vida, sino que la correlación sí existe en un mayor acceso a la salud general (inversiones públicas en alcantarillado, agua potable, sanidad pública) de toda la población, lo que sí eleva la esperanza de vida. Aboga por invertir en sanidad pública y educación pública para rebajar la factura del sector privado en Estados Unidos, que es exageradamente elevada e inflada. Dice que las familias se desesperan por conseguir medio millón de dólares para pagar la universidad de sus hijos, un dinero que se ahorrarían si la enseñanza de calidad fuese pública. Invertir en lo público supondría reducir el PIB o decrecer sin causar perjuicios, sino todo lo contrario. Insiste en que el decrecimiento no es malo si lo que se elimina son los despilfarros (como la obsolescencia programada de los productos de consumo y anima a legislar en ese sentido para que los aparatos duren más tiempo o las compañías se vean obligadas a garantizar sus productos durante una década o tengan obligación de reparar las piezas dañadas).

[nota del lector: si se redujese el PIB, habría menos dinero en circulación y el efecto multiplicador del dinero al cambiar a menos manos también se vería reducido, siguiendo a Keynes]

El autor advierte que el crecimiento está sobrepasando los "límites planetarios" pero eso no impedirá que el PIB siga al alza aunque el planeta esté colapsando porque habrá nuevos sectores económicos emergentes como las defensas costeras, la militarización de las fronteras, la explotación minera del Ártico y las plantas desalinizadoras. Incluso las energías verdes obligan a extraer muchos minerales y siguen generando contaminación. Algunos Gobiernos ya están tomando posiciones para sacar partidos de posibles catástrofes ecológicas [nota: por ejemplo, la nuevas rutas marítimas y las plataformas petrolíferas por el deshielo del Ártico].

El libro finaliza con una visión de los indígenas y de Spinoza. Al contrario que Descartes, creen que no hay una dualidad (naturaleza-hombre, mente-cuerpo) sino que todos los seres vivos comparten un mismo origen y están interconectados para mantener el equilibrio de los ecosistemas, y el hombre está obligado, como un ser vivo más, o tomar solo lo justo de la naturaleza y devolverle el favor. Pero lejos de estas culturas animistas, cercanas a la idea de Gaia de Lovelock, lo que hace el mundo capitalista actual es arrasar con todo para crear cultivos extensivos de cereales, dice el autor, tomando gratis más de lo que necesita y sin dar nada a cambio, y además destruyendo el hábitat de otros seres sintientes como los animales o las plantas. 

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500 RESÚMENES DE LIBROS  DE ECONOMÍA Y SOCIOLOGÍA
"DE ADAM SMITH A LA INFLACIÓN EN POSTPANDEMIA (1776-2023)"

por E.V.Pita (2023)

Link al compendio de resúmenes:
https://evpitasociologia.blogspot.com/2023/01/500-resumenes-de-libro originals-de-economia-y.html
Descargar el PDF en este enlace:


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miércoles, 12 de julio de 2023

"Observar el arroz crecer", de Julio Ceballos (2023)

 Resumen del libro "Observar el arroz crecer", de Julio Ceballos (2023)

Ver el link original en:

https://evpitasociologia.blogspot.com/2023/07/observar-el-arroz-crecer-de-julio.html

Resumen elaborado por EV.Pita, doctor en comunicación y licenciado en Derecho y Sociología

Sociología, China, economía, comercio internacional, globalización, Asia

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Ficha técnica:

Título: "Observar el arroz crecer"

Subtítulo: Cómo habitar un mundo liderado por China

Autor: Julio Ceballos

Editorial: Ariel, Ed. Planeta, Barcelona, 2023

Número de páginas: 510

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Ficha del autor

Julio Ceballos es experto en internacionalización, estrategia de mercado y negociación. Su carrera se ha desarrollado en varios países y desde 2006 dirige en China el negocio de marcas líderes y asesora a empresas occidentales en su implantación en el mercado asiático. Ha escrito ensayos y poemarios que le han valido premios nacionales e internacionales y es columnista de opinión. Asimismo, ofrece conferencias sobre la actualidad geopolítica de China e imparte cursos y talleres sobre cómo hacer negocios en Asia, además de apoyar los planes estratégicos de organismos privados e institucionales y ser miembro de diversas ONG como Los18, Cantabria Overseas o Cátedra China.

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Texto de la contraportada

"China no surge de la nada, viene de muy lejos y no va a desaparecer. Pero ¿por qué importa China? ¿Cómo va a ser el mundo cuando lo lidere? ¿Son felices los chinos? ¿Cómo piensan? ¿Con qué tipo de futuro sueñan? ¿Y cómo vamos a competir con ellos?

China va camino de convertirse en la primera potencia mundial y este será el mayor desafío geopolítico de los próximos años. A partir de ahora, entender a los chinos resultará decisivo. Ni nuestros dirigentes ni nosotros estamos preparados, por eso es más importante que nunca comprender los principales aspectos que conciernen a este desconocido país.

Este libro es un retrato revelador de la actualidad de China y de nuestro propio futuro. Un relato apasionante escrito por alguien que, tras muchos años conviviendo y haciendo negocios con sus gentes, aporta una visión lúcida y humanista que sorprenderá al lector. Con una escritura cercana y entretenida, Julio Ceballos, profundo conocedor de sus costumbres, nos explica las claves para comprender a fondo la mentalidad china. Un libro que muestra un país caledoscópico y fascinante, que desmonta falsos mitos y da respuesta a las dudas que plantea el fenómeno chino, desentrañando su compleja realidad y aportando al lector las herramientas para adaptarse al futuro de un mundo "made in china"."

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ÍNDICE

Una introducción imposible

1. Hic sunt dracones

2. Los huesos del oráculo

3. Un cementerio de cosmonautas

4. La importancia de (sobre)vivir

5. Los calzoncillos del señor Wu.

6. Má mâ mà mã

7. La eternidad que no recuerdas

8. 1.500 millones de chinos saltando a la vez

9. El arte de la paz

10. Meterse en la mente de un chino

11. El chino de la esquina

12. Lo arduo

13. Vender hielo a los esquimales

14. El cinturón y la senda

15. El tercer polo de la Tierra

16. Un mundo sin Google

17. Tordesillas 2024

18. La historia de amor más triste del mundo

19. Viento y agua

20. Un gigantesco sindiós

21. El puerto de los piratas

22. Nunca algo chino había durado tanto

23. Cinco tazas de té

24. El imperio campesino

25. Cometas sobre Tian'Anmen

26. Familia infinita

27. Tenderos 4.0

28. El Gibraltar de Oriente

29. Xilófonos y chinófobos

30. Fútbol, toros y Barcelona

31. La sombra de Mao es alargada

32. El mundo de ayer

33. El club VIP más grande del planeta

34. La guerra en tu bolsillo

35. Al norte del río, al este de la montaña

36. La absurda idea de no dominar el mundo

37. Un laberinto sin mapa

38. CCTV

39. Momentum

40. La vida eterna

41. El pasado que recordó que era futuro

42. BAT y la sopa de murciélago

43. Colapso y caos

44. Los dragones existen

45. Los bárbaros

46. La estrategia del bambú

47. Tortugas de ultramar

48. El sabor del perro chino

49. La cara oculta de la Tierra

50. La Preferida

51. El lenguaje del humo

52. Hambre, eternidad y arrozal que se catapultó al futuro

53. Estudia mientras vivas

54. Tierras del monzón

55. El lado oscuro

56. El robot de Confuncio

57. Vaya (el miedo amarillo)

58. La lengua común

59. El nuevo desorden mundial

60. Lanzas y escudos

61. La ciudad no es para ti

62. El mapa del fin del mundo

63. Nadie voló sobre el nido del cuco

64. El otro lado de la mesa

65. Kenny G y el chino que otea el horizonte

66. 50 sombras de gris

67. El eterno retorno

68. Lejano Occidente

69. Mares del Sur

70. Hormigas versus cigarras

71. Venerables poderosos

72. La calma, el relámpago, el trueno y el eco

73. La Red de Bambú

74. Todos los chinos (no) son iguales

75. La gallina, la mariposa, los chips y lo que mueve el mundo

76. Asimov olvidó China

77. Un país de hijos únicos

78. La isla rebelde

79. El frito del refrito

80. Tiempos de tránsito

81. Preguntas al cielo

82. Por un puñado de e-yuanes

83.  El Sueño de China

84. Definitivamente quizá

85. Mi familia china

86. El día de mañana

87. Todos seremos chinos

88. El futuro que no seremos

Bonus track

Libros para viajar a China desde un sofá "made in China"

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RESUMEN 

El autor Julio Ceballos, que vivió el 35 % de su vida en China como comercial, cree posible la coexistencia entre China, potencia emergente, y Estados Unidos, potencia en declive, en su opinión. Asume que "todos seremos chinos" porque China ha recuperado el estatus que ocupa desde hace 5.000 años. Explica que mientras los políticos occidentales piensan en tramos de cuatro u ocho años, como mucho dos mandatos electores, los chinos piensan en generaciones. Cree que ni los occidentales se van a amoldar a las peculiaridades chinas, ya que los occidentales quieren la posibilidad de protestarle al poder, ni los chinos, basados en una cultura meritocrática, distributiva y de no contestación al poder, a la cultura occidental ni sus modelos democráticos pero que, a la vez, ven corruptos y desiguales. Probablemente, coexistirán dos sistemas que recogerán lo mejor de cada uno en un siglo cada vez más chino. Como decía un diplomático británico: "Ellos ya han ganado". Según Ceballos, a medida que pase el tiempo, los grandes países europeos tendrán que irse amoldando a los deseos de China si quieren seguir haciendo negocios con ella, porque es un importante mercado.

Como no se sabe muy bien cómo va a evolucionar China, si recuperará su poder ancestral, el autor admite que vienen tiempos de incertidumbre o "interesantes", lo cual para los chinos "vivir tiempos interesantes" supone cambios que nadie quiere. El país ha dado un acelerón en apenas 30 años que es irreconocible y pasear por las ciudades equivale a viajar al futuro pero ir al rural es viajar al pasado, con campesinos usando aún el viejo mono azul maoísta.

Ceballos dedica 88 capítulos porque en China los números tienen su magia y hay mucha superstición respecto a la buena o mala suerte. Se dice que para llegar al éxito, un 70 % es esfuerzo y un 30 % buena suerte. Pero incluso así el talento no basta porque hay que manejar una buena agenda de "contactos". Respecto a los números que traen mala suerte, el 4 es el peor y en China se evitan los portales con el número 4, 14, 24.... así como los asientos de aviones o trenes, ya que nadie compraría un billete con tan aterrador número. En cambio, los que dan buena suerte son el 2 y el 7, entre otros. A los chinos les gusta mucho hacer simbología de números y guiños, por lo que muchos números tienen segunda intención o mandan un mensaje. Hay todo un arte.

Los capítulos del libro no tienen conexión entre sí. Cada uno cuenta una pequeña historia sobre el carácter sabio y pacífico de los chinos, que busca el éxito y son competitivos pero que, al igual que el resto del mundo, lo que desean es vivir en paz.

En general, recalca que China es un país que siempre fue pacífico, que no se quiso expansionar hacia sus vecinos y que continuará de la misma manera. Pero avisa de que nadie puede ignorar que China es un gigante económico, la segunda potencia mundial y que pronto será la primera, y que debido a su enorme tamaño, ya nadie puede competir con China a nivel comercial, no así en el militar, que sigue ostentando Estados Unidos. No cree que sea necesario un enfrentamiento militar entre dos potencias, la emergente y la que está en declive y teme perder su poder (pone por ejemplo la guerra entre Esparta y la emergente Atenas, que arruinó a ambas) porque hay casos de coexistencia pacífica entre potencias mundiales como España y Portugal (con el Tratado de Tordesillas) o Estados Unidos y la extinta URSS. 

Añade que China piensa a largo plazo y que tiene un plan para el mundo pero que nadie sabe cuál es. Pero se puede intuir por la Nueva Ruta de la Seda (el Cinturón y la Senda) que involucra a decenas de países y atraviesa el continente hasta llegar a Portugal. Por ahí, llegarán productos chinos e inversiones y nadie quiere renunciar a ellas. Menciona una ciudad alemana de medio tamaño, situada en un cruce de grandes ríos europeos, donde termina la Nueva Ruta de la Seda y desde ese nodo, China planea repartir todas sus mercancías por toda Europa. El alcalde está contentísimo porque le llueven las inversiones. 

El autor resalta que China se ha convertido en una potencia desplegada por todo el mundo que usa su influencia comercial pero no militar, al contrario que Estados Unidos, el cual domina los mares y con el que tiene que contar. Pero China no se corta a la hora de desmarcarse de Estados Unidos, ni de aguantar sus sermones sobre derechos humanos, que no acepta porque tiene otra concepción de la ciudadanía. Desde el punto de vista chino, los derechos económicos y sociales deben ser prioritarios, por encima de los civiles o políticos. Se exige obediencia al ciudadano a cambio de prosperidad. Ceballos recuerda que Mao en los años 50 también proclamaba la independencia de su país respecto a las grandes potencias occidentales, por lo que su discurso no es ninguna novedad.

Respecto a la forma de ser de los chinos, el autor recalca que la paciencia y el esfuerzo son recompensados. Aunque un refrán dice que los negocios se cierran a la quinta taza de té (una para presentarse, otra para hablar de cosas intrascendentes, otra para entrar en materia, otra para negociar y la quinta para cerrar el trato), él tuvo que tomar innumerables más. Cuando fue a cerrar un trato, todos los empleados de una fábrica salieron a recibirle con aplausos y lo recibió el dueño en persona, que lo invitó a un té. Le dijo que habían observado su perseverancia, su insistencia y sin decir nada más, él ya sabía que el trato estaba cerrado. Un poco, el chino valora la perseverancia, el "observar el arroz crecer", como dice el proverbio.

Respecto a la meritocracia, Ceballos explica que con 1.500 millones de personas, la competencia es muy dura y solo los más válidos sobresalen. Cualquiera que haya sobresalido tendrá que afiliarse al PCCh para seguir en la brecha, caso de varios multimillonarios de las redes sociales que han triunfado y a los que, como a todos los miembros del partido, se les exige obediencia. Según el autor, los que están en la cúpula deben ser unos políticos superinteligentes, ya que todos saben lo que cuesta destacar en China y si ellos están ahí es porque lo valen. El núcleo duro del partido solo está integrado por seis personas como mucho. Todo está centralizado y se exige la máxima obediencia para tener la máxima eficacia. El propio Kissinger, que convenció a Nixon para occidentalizar a China en 1972, decía que los políticos chinos eran los más preparados del mundo. La meritocracia es una de las patas del sistema chino desde la fundación de este Estado-Civilización, la única civilización antigua que sobrevive.

Otras peculiaridades del carácter chino es el duro aprendizaje del idioma, que exige un gran esfuerzo desde niño para memorizar los pictogramas y detectar los cambios de acentuación. El hecho de que un extranjero haga esfuerzos por hablarlo y se note que ha avanzado en el estudio, es agradecido por los chinos porque ven un signo de que se ha esforzado en aprender. Por eso es un país donde se trabaja de 9 a 9, seis días a la semana. No hay mucho tiempo para el ocio.

Respecto a España, el país es ligeramente conocido por los toros, el flamenco y el Real Madrid y el Barcelona y porque fue una gran potencia en el pasado. El autor admite que cuando le piden a un chino y potencial turista que mencione países europeos siempre citan a Francia, Reino Unido, Alemania e Italia pero no a España. Eso cree que es un fallo de las campañas de imagen turística, ya que solo vienen un millón de chinos a visitar a España y les suena más Barcelona que Madrid. Un punto a favor es que los chinos son neutrales y no tienen nada en contra de España porque no figura entre los siete países occidentales que atacaron a Pekín (no sé si se refiere al incendio del jardín de verano del emperador) durante una rebelión en el siglo XIX. En todo caso, el autor dice que España llegó tarde a los grandes negocios de China, se quedó relegada respecto a Alemania, Francia o el Reino Unido, pero tampoco llegó demasiado tarde, por lo que aún puede generar riqueza en ese mercado.

Recuerda que China siempre fue la cuna de la innovación (pólvora, brújula, imprenta, ábaco, alcohol, etc...) pero que cometió el error de no industrializarse a la par que lo hizo Europa en el siglo XVIII. Por eso, esos 150 o 200 años de dominio europeo son una anomalía histórica en la historia de China. Y cuando se industrializó lo hizo de forma brutal de la mano de Mao (se dice que de 10 acciones, siete eran aciertos y tres errores), lo que generó hambrunas con millones de muertos (como el Salto Adelante, donde los campesinos fundieron todo el metal para ganar a Inglaterra en producción de hierro fundido) y luego el envío de intelectuales al campo y el rural para que no se aburguesasen (el actual presidente Xi tuvo que pasar varios años en el campo, donde meditó y reflexionó).

Otra curiosidad es que solo hay siete apellidos chinos que son tan frecuentes que los llevan millones de personas y que revelan su grupo étnico "han" (la mayoría de los chinos lo son). Los "han" son el mayor grupo étnico del mundo. Por ellos, se sienten como una familia, como hermanos. Y de ahí esa docilidad a obedecer al poder, porque respetan la jerarquía y porque consideran que sus jefes son más sabios.

A diferencia de los japoneses o coreanos, los chinos son más informales e improvisan más, no tiene nada que ver una ceremonia del té china, donde es todo más familiar y casero, con las rígidas normas de etiqueta nipona.

En cuanto a la emigración china, se habla de 50 millones de chinos pero podrían ser más. En España, quienes trabajan suelen montar bazares con las mercancías baratas que les llegan de una provincia de tamaño medio de China y suelen ser familiares porque se conceden préstamos entre ellos. Todos trabajan de sol a sol. Para hacer negocios, los chinos tienen el llamado "margen" que nunca pueden perder porque entonces no hay venta. Salvando ese margen de beneficio, ofrecen productos baratos o de menor calidad, en función de lo que el cliente esté dispuesto a pagar. [nota del lector: un cliente puede pedir una cámara fotográfica de 600 euros de determinada calidad y se la venden... sin el objetivo, pero al precio que pide el cliente. El objetivo se paga a parte]

Respecto a las redes sociales, los llamados BAT chinos con Baidu, Alibaba y Tenze. Entre los tres dominan aplicaciones muy poderosas (como WeChat) con las que se puede hacer de todo: llamadas, mensajería, temas bancarios, compras on line. Por el camino, han expulsado a Google de China por, supuestamente, robar los datos de los ciudadanos y transferirlos a servidores en el extranjero. Ahora, ese potencial de datos está usado por el Gobierno para desarrollar la inteligencia artificial china (que será la más completa porque dispone de 1.500 millones de perfiles). Pero incluso los amos de las redes sociales están sometidos a las directrices del partido político que gobierna China y que le impone sus límites. También es cierto que en China hay un control y vigilancia exhaustiva del ciudadano, por lo que nada se le escapa a los algoritmos del Gobierno para certificar que hay buena conducta.

El autor también habla de un descendiente de emigrantes chinos que fundó el estado de Singapur, ahora uno de los países más ricos del mundo. Ceballos dice que el acierto del fundador fue saber que China iba a convertirse en una gran potencia industrial, por lo que apostó todo al comercio con dicho país. Por Singapur pasa el 30 o 40 % del tráfico mundial de mercancías por barco y es como un escaparate y oasis de Occidente que atrae a los inversores por su limpieza y preparación de los ciudadanos. Las calles están tan limpias porque se imponen severas multas a quienes tiren chicles. Se ha llegado a definir a Singapur como una Disneylandia con pena de muerte. En todo caso, es junto con Hong Kong, los grandes puertos de Asia. 

Respecto a Hong Kong, el autor avisa de que China sí está respetando la autonomía de la ciudad devuelta por los británicos en 1999 porque llegaron a un acuerdo de prórroga de 50 años para que finalicen los contratos de suelo de los bancos internacionales en dicho país. Pero tarde o temprano, Hong Kong será asimilado a China. La presencia de Hong Kong (como un Gibraltar asiático) permitió alzar en la frontera una ciudad china superindustrializada (Shenzhen).

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500 RESÚMENES DE LIBROS  DE ECONOMÍA Y SOCIOLOGÍA
"DE ADAM SMITH A LA INFLACIÓN EN POSTPANDEMIA (1776-2023)"

por E.V.Pita (2023)

Link al compendio de resúmenes:
https://evpitasociologia.blogspot.com/2023/01/500-resumenes-de-libro originals-de-economia-y.html
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