Populismo y proteccionismo en la era Trump. Resúmenes de libros

 POPULISMO Y PROTECCIONISMO EN LA ERA TRUMP. 

RESÚMENES DE LIBROS

1. "Manifiesto Redneck", de Jim Goad (1997)

Link del resumen original y actualizado del libro


2"Fascismo. Una advertencia", de Madeleine Albright (2018)

Resumen original y actualizado en el siguiente link:

https://evpitasociologia.blogspot.com/2018/11/fascismo-una-advertencia-de-madeleine.html

3. "Fuego y furia", de Michael  Woolf (2018)

Resumen original y actualizado en:
https://evpitasociologia.blogspot.com/2018/08/fuego-y-furia-de-michael-woolf-2018.html


4. "Fake news. La verdad de las noticias falsas"de Marc Amorós Garcia (2018)

Resumen original y actualizado en:


5. "Dinero oscuro", de Jane Mayer (2016)


6. "Miedo. Trump en la Casa Blanca", de Bob Woodward (2018)

Resumen original y actualizado del libro en:

7. "No society", de Christophe Guillouy (2018)

Resumen original y actualizado en el siguiente link:

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Resumen del libro "Manifiesto Redneck", de Jim Goad (1997)

Link del resumen original y actualizado del libro

Resumen elaborado por E.V.Pita, doctor en Comunicación, licenciado en Derecho y Sociología

Sociología, tribus urbanas, población del sur de Estados Unidos, cultura popular

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Ficha técnica

Título: Manifiesto Redneck
Subtítulo: De cómo los hillbillies, los hicks y la basura blanca se convirtieron en los chivos expiatorios de Estados Unidos.

Título original: The Redneck Manifesto: How Hillbillies, Hicks and White Trash Became America's Scapegoats

Autor: Jim Goad

Fecha de publicación: 1997

Publicación en español: 2017, Dirty Works, Salamanca

Páginas: 387

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Biografía del autor Jim Goad

Jim Goad (1961) sobrevivió a una adolescencia solitaria, misántropa y de bicho raro, con padre violento y monjas abusivas, en Clifton Heigts, Pennsylvania, un barrio redneck del que si no te largas a los 20 años estás acabado, según suele decirse. Huyó a Nueva York, estudió interpretación con Stella Adler. Se marcha con su novia a Los Ángeles y fundan la revista Answer me!, muy polémica. Tuvo una segunda relación con una chica llamada la dulce chica Drácula. Acabó  dos años en prisión por agresión. Se declaró miembro de la Nación de la Basura Blanca.

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Texto de la contraportada

"Mi odio tiene la dureza del diamante, es el aire que respiro, impregna cada célula de mi cuerpo y es mil veces más poderoso que todas vuestras buenas intenciones. Jim Goad está cabreado. Y no es para menos. Está harto de oír gilipolleces en los medios. Y ya iba siendo hora de que alguien saliese al ruedo cultural en plan kamikaze para poner las cosas en su sitio, sin pelos en la lengua y sin preocuparse del decoro y las buenas costumbres. Había dos alternativas: dejar un paquete hasta los topes de dinamita y estiércol en un edificio gubernamental o escribir este libro. Optó por la segunda. Como él mismo dice en el libro; "las preguntas bien dirigidas destruirán este gobierno sin que haya que malgastar una sola bala"

El Manifiesto Redneck es una devastadora defensa, razonada y oscuramente divertida, del grupo social más vilipendado de Estados Unidos: el clan cultural al que la gente se refiere indistintamente como rednecks, hillbillies o basura blanca de trailer. Con audacia y brillantez, demuestra que el secretito más sucio de Estados Unidos no es el racismo sino el clasismo, y con una inigualable habilidad para echar sal en las heridas, desmantela todas las ideas preconcebidas acerca de la raza y la cultura, arremetiendo a mazazo limpio contra las delicadas concepciones populares de gobierno, religión, medios de comunicación e historia.

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ÍNDICE

1. Los negratas blancos también tienen sentimientos

2. Existencia feudal. Las raíces de la eurobasura

3. Una historia rápida de la clase baja blanca estadounidense (y una historia aún más rápida de los Goad)

4. La vista desde fuera. De cómo los rednecks se convirtieron en extraños

5. Trabajar duro

6. Ocio duro

7. Rezar duro.

8. ¿Qué tienen de malo los incitadores de odio, los locos por las armas y los extremistas paranoicos que se niegan a pagar impuestos?

9. Yo y los negros

10. Varios argumentos de peso para la esclavización de todos los progresistas blancos

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RESUMEN

Comentarios iniciales: El libro tiene interés porque analiza a los habitantes de los pueblos del sur que votaron a Trump. Son los llamados "rednecks" (nuca roja, por el trabajo en el campo de sol a sol y a los que llaman "basura blanca"). Al igual que los "chavs" británicos, son objeto de burla en su país por dar el perfil de paleto embrutecido y perdedor, lo que delata, como dice Goad, un tufo clasista. 

El autor dice que él cuando fue a la ciudad se dio cuenta de que también era un "redneck" y tuvo que soportar todo tipo de burlas y chistes malos. Eso le llevó a denunciar esta situación que consideraba discriminatoria para la clase baja estadounidense. Mientras había respeto para los "negratas" (palabra tabú), los ataques a los "rednecks" eran permitidos y no había ninguna cortapisa. El autor detectó este racismo silencioso (parecía admitido reírse o insultar a los americanos blancos de clase baja por ser unos perdedores). Motivo por el cual escribió el libro.

Su obra tiene tintes humorísticos pero describe perfectamente cómo son humillados los habitantes del sur de Estados Unidos que viven en el rural y en una situación de pobreza extrema. El tópico los describe como individuos torvos, desdentados, con la ropa de granja, que pasan el día en la taberna y al volver le dan una paliza a la mujer, que no han salido del rural y que incluso tienen trato con animales, y que además de ignorantes son racistas y machistas. Muchos de ellos son latinos, italianos, o irlandeses que acabaron varados en un pueblo perdido del sur. Al ser considerados la manzana podrida de Estados Unidos, son objeto de todo tipo de insultos, burlas y acusaciones por parte de todos los demás habitantes del país. Todos los estereotipos que rechazan los progresistas tienen su reflejo en los "rednecks". 

El libro se escribió en 1997 pero cobró actualidad cuando Trump supo captar el voto de estos blancos pobres del sur precisamente apelando a los clichés que los identifican: racismo, machismo, antiimigración... Por eso la obra recupera todo el interés al describir un fenómeno sociológico.

El lenguaje del libro es políticamente incorrecto, habla sin tapujos,  pero el autor usa el humor para destapar un fenómeno sociológico de una realidad oculta que estaba ahí y que supone una fuerza de votantes capaz de dar un giro a unas elecciones presidenciales.

El autor comenta, por ejemplo, por qué se piensa que solo hubo esclavos negros cuando los propios "rednecks" y "hillbills" llegaron a las 13 colonias británicas de América (luego, Estados Unidos) como expresidiarios ingleses (sospecha que su propia familia, los Goad, eran delincuentes juveniles en la Inglaterra del siglo XVII porque los más jóvenes aparecen en islas como Barbados, llenas de plantaciones de trabajo forzado). Inglaterra vio en las colonias la oportunidad de deshacerse de su exceso de población en las islas y despoblar de Irlanda al máximo número de católicos y, en vez de ahorcarlos, les dan una utilidad como mano de obra gratuita. De ahí que muchos "hillbillies" sean irlandeses, italianos (una emigración posterior) o descendientes de ingleses pobres. Estos convictos eran condenados a trabajar en condiciones penosas en plantaciones de Barbados o eran reclutados para trabajar diez años en infracondiciones hasta que quedaban libres pero luego no encontraban trabajo. El viaje en barco era inmundo y muchos morían durante la travesía (los capitanes cobraban comisión por cada colono embarcado, no por cada uno que desembarcase en destino sano y salvo; su lógica era meter al máximo número de gente hacinada para ganar más). Los actuales "hillbillies" que se asentaron en el sur de Estados Unidos son aquellos esclavos blancos y trabajadores forzados que sobrevivieron en aquella época tan dura en la que la esclavitud era la norma. Así que, dice el autor, ellos, la clase más baja de Estados Unidos, también fueron "negratas" para los suyos y los propios negros los despreciaban por ser pobres y basura blanca. El propio nombre de "rednecks" procede de tener la nuca al sol trabajando en el campo, los llamados paletos.

Recuerda que los "siervos" medievales son la eurobasura del mundo feudal. Era la nueva denominación de los esclavos liberados en el imperio Romano pero que les obligaba a quedar anclados como el ganado a un territorio feudal y no podían marcharse y comprar bienes. El esquema se reprodujo en las plantaciones de las colonias penales de Inglaterra. Estos convictos liberados (algunos condenados por robar una gallina) tras cumplir su pena eran difíciles de adaptar porque nadie les daba trabajo, por lo que siguieron viviendo en la marginalidad y la extrema pobreza. Muchos, en paro, cayeron en el alcohol.

El autor también se refiere a que los "hillbillies" quedaron confinados en los montes Apalaches, cuando muchos fueron expulsados de las ciudades (por desempleo) y vivieron en los bosques (lo mismo hicieron en el sur; se asentaron en la frontera, donde no eran perseguidos). De ahí que al ser gente de frontera fuesen marginales e incluso endogámicos (donde toda la familia y de todas las edades se mezcla entre sí en una completa degradación; pone como ejemplo una escena de Pulp Fiction de una madre hillbill y su hijo que van a protestar a un banco), poco amigos de las leyes y la moral. En los montes Apalaches fueron diezmados cuando protestaron contra el general Washington tras la guerra de la Independencia en protesta por el aumento de los impuestos para el whisky y luego cuando las compañías mineras vinieron a explotar los montes y colinas de los Apalaches con una brutalidad desenfrenada y arruinaron todo el entorno. Finalmente, con sus campos degradados, los "hillbillies" tuvieron que emigrar a la ciudad y aceptan duros trabajos en las fábricas.

El autor recuerda que su padre, ,otro "redneck" era un buen hombre pero lo despidieron de la fábrica y se dio a la bebida y les daba palizas o insultaba a su familia, y convirtió su hogar en un infierno.

Respecto a sus creencias y cultura, el autor recuerda que a los "hillbillies" les gusta Elvis Presley, los ovnis y los deportes extremos. Por una parte, dice que Elvis Presley representa el mito del "hillbilly" que prosperó como cantante de rock, se hizo millonario y que luego, en su ocaso, se redimió (volvió a ser un "hillbilly" con su barriga y su traje hortera de luces). Es por este motivo, que hay miles de imitadores del último Elvis, el "hillbilly" que se redimió. Su mito de resurrección lo convierte prácticamente a Elvis en una religión con miles de seguidores.
Respecto a los ovnis y otros fenómenos culturales, el argumento de esas "abduciones" es tan rocambolesco (seres de otro planeta que examinan los órganos sexuales de los terrícolas y luego los liberan) que solo se lo puede creer un "hillbilly". Lo mismo pasa con esos periódicos llenos de fake news que, sin embargo, fascinan a estos habitantes de los parques de autocaravanas. Respecto al ocio, señala que tras trabajar duro en las fábricas, los "hillbillies" necesitan desahogarse con un poco de diversión, y los fines de semana lo dan todo con borracheras extremas, caídas espectaculares o deportes de riesgo, como las peleas, en las que muchos quedan inválidos de por vida.

Respecto al pago de impuestos y los locos por las armas, el autor dice que la propia rebelión de los colonos americanos contra Inglaterra fue porque les cobraba muchos impuestos. Los "hillbillies" lucharon en la Guerra de Independencia por reducir los impuestos pero luego Washington les subió el alcohol y protestaron violentamente, por lo que muchos murieron masacrados y otros tuvieron que huir a los pantanos o a los Apalaches.

El autor concluye criticando la hipocresía de los progresistas blancos que se mofan de los "hillbillies", a los que acusa de racistas pues ellos mismos han estado marginando a los "rednecks" al racanearles educación, empleo y sanidad. El propio autor que él, como un "hillbilly", le faltan siete dientes en su dentadura porque en su juventud su familia no tenía dinero para gastarla en un dentista. Aquellos que se burlan de los "hillbillies" desdentados, se están burlando de su extrema pobreza.

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Resumen del libro "Fascismo. Una advertencia", de Madeleine Albright (2018)

Resumen original y actualizado en el siguiente link:

Resumen elaborado por E.V.Pita (2018)

Sociología, teoría política, movimientos políticos, populismo

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Ficha técnica

Título: "Fascismo. Una advertencia"

Título en inglés: "Fascism: A Warning"

Autora: Madeleine Albright (en colaboración con Bill Woodward)

Publicación en inglés: 2018

Publicación en español: Espasa Libros SLU, Paidós, Planeta Libros, Barcelona, 2018

Número de páginas: 350

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Biografía de la autora Madeleine Albright (hasta 2018)

Madeleine Albright fue la secretaria de Estado número 64 de Estados Unidos entre 1997 y 2001. Su distinguida carrera también incluye cargos en la Casa Blanca y el Capitolio, y como embajadora de Estados Unidos ante las Naciones Unidas. Reside en Washington DC y Virginia.

Bill Woodward

Solo dice que vive en Capitol Hill con su esposa, Robin Blackwood, y su hija, Mary
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Texto de la contraportada

"Un análisis personal y urgente sobre el fascismo en el siglo XX y cómo su amenaza configura el mundo de hoy"

"El siglo XX se define por el choque entre la democracia y el fascismo, una lucha en la que estaba en juego la supervivencia de la libertad humana y que dejó millones de muertos. Vistos los horrores de esa experiencia, cabría esperar que el mundo rechazara a los sucesores espirituales de Hitler y Mussolini si surgieran en nuestra época. Madeleine Albright recurre a sus experiencias de infancia en una Europa devastada por la guerra y a su distinguida carrera como diplomática para cuestionar esa suposición.

El fascismo, tal como constata Albright, no solo sobrevivió durante el siglo XX, sino que ahora supone una amenaza más virulenta que en cualquier otro momento desde el final de la Segunda Guerra Mundial, pues determinados factores están debilitando el poder político en muchos países y propiciando el resurgimiento de regímenes extremistas.

Escrito por alguien que no solo estudió historia sino que ayudó a darle forma, Fascismo es una llamada a la acción que nos enseña las lecciones que debemos comprender y las preguntas que debemos responder si queremos evitar la repetición de los trágicos errores del pasado".

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ÍNDICE

1. Una doctrina de la ira y el miedo

2. El mayor espectáculo del mundo

3. "Queremos ser bárbaros"

4. "Cerrad vuestros corazones a la conmiseración"

5. La victoria de los césares

6. La caída

7. La dictadura de la democracia

8. "Hay muchísimos cadáveres ahí arriba"

9. El difícil arte de gobernar

10. Un presidente vitalicio

11. Erdogan el Magnífico

12. El hombre del KGB

13. "Somos nuestro pasado"

14. "El líder siempre estará con nosotros"

15. El presidente de Estados Unidos

16. Tres pesadillas

17. Las preguntas pertinentes

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RESUMEN

Comentarios iniciales: La autora Madeleine Albright, vinculada a la Administración Clinton, reacciona con este libro ante la elección de Donald Trump, al que ve como populista y crítico con las instituciones democráticas, incluida la Justicia y la prensa. El problema, dice la autora, es que el actual presidente de Estados Unidos es un mal ejemplo para otros gobernantes del mundo que pueden pensar que si Trump dice que la prensa de su propio país es falsa y mentirosa será porque es cierto. Es una especie de aval para los tiranos y autócratas del mundo, que no respetan la libertad de expresión y los derechos humanos y que alegan la conducta de Trump para justificarse a sí mismos. Y si desprecia a los inmigrantes y a las minorías y a la mujer, ¿por qué van a criticar a otros países que marginan a sus propias minorías?

La autora cree que, a pesar de lo que todos creen, el fascismo no desapareció en 1945 sino que siguió oculto pero latente, en parte porque forma parte de la propia democracia, por lo que es posible que, a lo largo de la historia, resurja. En el pasado, triunfó la democracia liberal pero pudo no haber sido así. Por dicho motivo, cree que la gente debe conocer la historia y no olvidar el desastre que supusieron esas ideologías, para que entiendan cuáles son los procesos por los que surgen, qué métodos usan para alcanzar el poder y lo que hacen una vez allí.

Por otro lado, la autora considera que la democracia se está desgastando y que el proceso democratizador se ha estancado e incluso entra en regresión y retroceso, un proceso iniciado con los diversos recortes de democracia acaecidos a partir de los ataques a las Torres Gemelas del 11-S del 2001. [nota del lector: Recordemos que Francis Fukuyama en El fin de la historia había descubierto que desde los años 80 había una ola democratizadora en todo el mundo tras caer las dictaduras de España y Portugal, América Latina y de la URSS]

A ello se suma el auge del nacionalismo, que ya causó dos guerras mundiales y luego la guerra de los Balcanes. Precisamente, el populismo y el fascismo captan adeptos mediante el fuerte sentimiento idenditario de la nación o grupo frente a los "otros". Cree que el nacionalismo extremo es un cáncer del siglo XIX y XX que fue avivado con las declaraciones bienintencionadas del presidente Wilson al terminar la Primera Guerra Mundial en las que propuso que cada nación tenía derecho a la autodeterminación, luego recogido en un artículo de la ONU en 1945.
Tras el fin de la Primera Guerra Mundial, los imperios alemán, astro-húngaro, otomano y ruso se disolvieron como azucarillos y en su lugar nacieron un mosaico de pequeños países (desde Finlandia a Siria y Arabia Saudí). La Gran Depresión no hizo más que avivar el principio de priorizar los derechos de cada país. La disolución de la URSS creó otra miríada de estados salpicados por toda Europa y el Cáucaso.

Además, la autora ve el fanatismo religioso o ideológico como otro avivador que favorece las políticas antidemocráticas o que promueve las autocráticas (la mayoría se impone a la minoría, que es discriminada o silenciada).

La autora arranca su libro contando que ella nació en la República Checa en una familia judía y que tuvo que huir dos veces de Checoslovaquia (un nuevo país surgido de la disolución del Imperio Astro-Húngaro). La primera vez se debió al ascenso de Hitler, en 1938, que se apropió de los sudetes checos de mayoría alemana y 6 meses después del país entero. Su familia se exilió en Londres aunque perdió a muchos familiares en los campos de exterminio nazis durante la Segunda Guerra Mundial. Con la paz, regresó a Praga pero, en 1948, los comunistas desbarataron la frágil república liberal y cayeron bajo la órbita de Stalin. Así que la autora habla con conocimiento de causa.

Mussolini
Albright sitúa el inicio del fascismo en la Italia de Mussolini. El país acababa de salir de una guerra ruinosa del lado de los vencedores, que lo ignoraron en las negociaciones. Mussolini había sido un agitador socialista que publicó un periódico, financiado por Francia, para animar a Italia a entrar en la guerra del lado de los aliados contra los imperios centrales. Tras la guerra, entendió el descontento popular de los soldados que volvían a casa y no tenían empleo y de otros sectores que temían el ascenso de los partidos socialistas y comunistas (que se inspiraban en el triunfo de los soviets en 1917 en la Revolución rusa). Había malestar contra el régimen liberal empantanado y el periodista lo supo canalizar hacia un movimiento que prometía acción y lucha para sacar a Italia del estancamiento.

 Mussolini y unos simpatizantes decidieron luchar contra la izquierda adoptando el símbolo de los "fascios" de las legiones romanas, de ahí el nombre. Luego, lucieron la vestimenta negra (las camisas negras) para desfilar. Durante meses, se dedicaron a montar broncas y dar palizas o asesinar a los adversarios de extrema izquierda y luego a intimidar a los socialistas, a cerrar o destrozar locales sindicales y periódicos de izquierda. Había gente que veía con buenos ojos la mano dura con los revolucionarios comunistas, que acabaron aplastados en Italia. Se había acabado con el peligro de una revolución de la izquierda radical no solo en Italia sino también en los nuevos países creados en Europa tras 1918. En Alemania, la policía de la República de Weimar de había encargado de eliminar a Rosa Luxemburgo para frustrar una revolución espartaquista. Pero ahora, había surgido otra fuerza, los extremistas de derechas, que resultaron ser unos matones dispuestos a "drenar el pantano" (en referencia a la vieja clase política liberal) que también aspiraban al poder y que habían movilizado el apoyo popular con sus promesas de mejora y orgullo para el país.

La autora señala que las democracias liberales tienen sus propias corruptelas y el capitalismo genera muchas desigualdades, pero es mucho más libre que los regímenes que vinieron después, caso del comunismo y el fascismo, que crecieron porque captaron el descontento y malestar de las masas para instaurar una dictadura corporativista.
La autora dice que el movimiento triunfó por el enorme apoyo social que encontró, ya que la gente corría a saludar a los fascistas y unirse a ellos. Una de las cosas, tanto del fascismo italiano como del nazismo alemán, es que prometían a la clase baja y obrera que estaría a su alcance llevar un nivel  y un estilo de vida de burgués, incluidos los viajes y las vacaciones pagadas, la gimnasia y el cuidado del cuerpo, y las excursiones al campo para contemplar la naturaleza.

En ese ambiente de tensión, Mussolini montó una gran marcha hacia Roma y el rey, tras rechazar un posible pacto con los socialistas, acabó claudicando y le nombró jefe del gobierno pensando que el nuevo y exitoso político sería fácil de manipular.  Una vez en el poder, Mussolini se tomó en serio su papel de gobernar e inició reformas para agilizar la burocracia, educación y sanidad y temas pendientes que tenía el país. Pero no sabía nada de economía y se empeñó en dirigir él mismo la economía porque pensaba que él era infalible y que tenía un instinto especial para todo. Pronto se inició el culto al líder, pues Mussolini gustaba de sacarse fotos con campesiones, trabajadores o él mismo posando con aire marcial o musculoso.

 Además de estancar la economía del país, Mussolini embarcó al país en una aventura colonial en Abisinia (Etiopía, el último país independiente de África) con la idea de recuperar la grandeza de Italia. La autora dice que masacraron a los nativos con bombas y ametralladoras. También se anexionó Albania y, en 1938, bombardeó Barcelona, durante la Guerra Civil Española, hasta que el propio Papa, Franco y Hitler le rogaron que cesase de castigar a la población. A nivel interno, acabó con la oposición política y silenció a los socialistas, que, según la autora, bajaron la cabeza y se esfumaron. 

El problema que tuvo Mussolini, dice Albright, era que aunque madrugaba mucho para trabajar en favor del pueblo, una vez instalado en el poder, era un estratega muy chapucero y no se preparó para mejorar su armada y aviación para que  buques especializados le diesen cobertura a sus futuras operaciones militares estratégicas de cara a la Segunda Guerra Mundial. Carecía del equipamiento naval necesario para operaciones de gran calibre cuando, en otro error, se le ocurrió invadir Grecia sin consultarle a Hitler, el cual se retrasó con la invasión de Rusia (lo que acabó por hundirlo y acelerar su derrota). Es más, Mussolini decía que ya había sobornado a los militares griegos para que permitiesen la invasión pero al llegar, lo pasaron muy mal y Hitler tuvo que acudir en su ayuda.

Hitler
La autora continúa con el ascenso de Hitler. Tras servir en la Primera Guerra Mundial como cabo, se hizo político y canalizó las protestas de la gente que veía como los aliados vencedores culpaban de la masacre a Alemania, a la que consideraban invicta pese al armisticio, y le obligaban a pagar cuantiosas indemnizaciones. En el caso de Hitler, además del nacionalismo y el culto al ideal ario, añadió en su fórmula el racismo hacia los judíos (antisemitismo) y otras razas que consideraba inferiores. Mientras Mussolini se hizo con el poder con una demostración de fuerza, Hitler, que disponía de fuerzas de choque paramilitares, se presentó dos veces a las elecciones porque creía que era el camino adecuado para llegar al poder. Casi las gana y entró en el Parlamento con suficientes votos para gobernar en coalición. Convenció al envejecido presidente de la república de Weimar, el anciano mariscal Hindenburg, que le nombrase canciller en 1933. 

La autora recuerda que el político nazi prometió a los partidos rivales que, si lo apoyaban para ser canciller, respetaría las instituciones democráticas. La autora cree que Hindenburg, ya anciano, pensó que Hitler era un tonto útil fácil de manipular y que habría que eliminarlo tarde o temprano pero el propio Hitler explica que él sabía perfectamente lo que pensaban de él las fuerzas tradicionalistas y que, por eso, actuó "rápido" y se anticipó a los movimientos. Una vez alcanzado el poder, buscó excusas para cerrar el Parlamento (Reichstag), perseguir a sus opositores, prohibir los partidos e instaurar el III Reich, una dictadura totalitaria con un partido único. No solo eliminó o los metió en campos de concentración a los rivales políticos sino a su rama paramilitar más exaltada. Creó policía de vigilancia interna como la Gestapo, se aseguró de que los periódicos fuesen afines.

Hitler admiraba a Mussolini pero este último empezó a desconfiar del alemán por su frialdad, por el hecho de que en una sola noche eliminase a cuchilladas a cien camaradas paramilitares (exaltados que no querían moderarse ni seguir el programa no revolucionario que les imponía Hitler). Después de todo, pensaba Mussolini, el alemán no había asesinado a rivales políticos sino a sus propios camaradas de fatigas. En Italia, país católico, eso estaba muy mal visto. A todo ello se sumaba que Hitler hablaba siempre de estadísticas a fin de organizar la industria de la guerra en Europa y a Mussolini se le escapaban los datos. Además, los militares y políticos italianos advirtieron a Mussolini que Hitler era un peligroso racista que iba a tratarlo como una figura secundaria y subalterna, como así ocurrió. Y mayores, aunque Hitler tampoco sabía de economía, delegó en expertos y mientras Alemania creía económicamente, la Italia de Mussolini entraba en una debacle económica. Tuvo que meterse en la guerra pese a no estar preparado militarmente. Según Albright, lo estaría en 1949. El actor Charlie Chaplin captó en la película "El gran dictador" la esencia de los dos dictadores: los dos subían la silla de barbero para parecer más alto que el otro.

Tanto Hitler como Mussolini usaron el espectáculo de masas para crear una gran épica que le gustaba a la gente. Campesinos, artesanos y obreros se sentían integrados en la gran ópera del destino de la nación. Pero, además, la autora subraya otro importante dato: Hitler era un hombre bajo, de pelo negro, pobre y humilde, de clase media-baja, uno como otros tantos alemanes, muy alejado del ideal ario guerrero y aristocrático. Hitler, en definitiva, era "uno de los suyos". Y eso era lo que le gustaba a sus seguidores: que uno de los suyos estaba ahora en el poder y entendía su deseo de mejorar su calidad de vida al igual que ya lo había hecho la burguesía.

Franco
Hitler viajó a España para convencer al general Franco, que acababa de ganar la Guerra Civil, para que se uniese al Eje con Alemania e Italia. Albright dice que Franco no se puede decir que fuese exactamente un fascista sino un nacional-católico, un autócrata que representaba a "los de siempre", y que lo que hizo fue absorber a la Falange en las filas de su propio movimiento hasta diluirlos sin darles ningún poder. Solo conservaba de ellos la simbología. La autora indica que otros dictadores, como Salazar en Portugal, se cuidaron mucho de caer en la trampa del fascismo y ese espacio quedó ocupado por las fuerzas tradicionales, los que habían gobernado siempre el país. Lo mismo ocurrió en Inglaterra, donde se anuló a la fuerza fascista que había creado un aristócrata. La autora cree que tras ver lo que hicieron Mussolini y Hitler, las fuerzas vivas que pensaban utilizar como tontos útiles a los fascistas se dieron cuenta de que eran imprevisibles y peligrosos, y se los quitaron de en medio, por lo que apenas triunfaron en algunos pequeños países. Cita el caso de España. Portugal y otros donde los fascistas quedaron anulados o relegados.

Sobre Franco, la autora dice que era un militar cauto y meticuloso y fue el único fascista de aquella -época que murió en la cama tras gobernar 40 años. Recalca que durante la Guerra Civil, Franco se tomó con calma la guerra mientras los republicanos estaban divididos en comunistas, socialistas, anarquistas, que luchaban internamente entre ellos. Incluso los brigadistas internacionalistas que acudieron a España a apoyar a la República acabaron regresando ante la anarquía reinante. Mientras, Franco no preparaba una ofensiva sino contaba con todos los recursos necesarios en hombres, apoyo aéreo, artillería. Eliminó o silenció a todos los opositores que pudo.

Cree que Franco, durante la guerra y durante su dictadura, se ciñó a objetivos concretos y un programa realista, que contrasta con las obras faraónicas y fantasiosas de Hitler y Mussolini.

La autora también añade que Franco también supo "torear" a Hitler con exigencias disparatadas (como pedir territorio francés en Marruecos bajo el control del gobierno de Vichi) como condición para entrar en la guerra. Hitler se fue con las manos vacías y España continuó neutral. Hitler quiso convencer Franco de que si Londres caía, la guerra habría acabado pero Franco le respondió: "Si Londres cae, los ingleses seguirán la guerra desde Canadá".

Cuando la Segunda Guerra Mundial parecía perdida para Italia, con Sicilia invadida por los aliados, Mussolini fue defenestrado por sus propios partidarios y el rey lo destituyó del cargo. Murió fusilado cuando ella y su amante escapaban disfrazados de soldados alemanes y lo reconocieron unos partisanos comunistas y los fusilaron. Sus cuerpos fueron colgados en una plaza pública. Hitler, por su parte, se suicidó en su búnker de Berlín en 1945, cuando llegaban los rusos.


La guerra fría
La autora señala que los fascismos desaparecieron en 1945 pero no del todo. Por una parte, Stalin impuso un régimen comunista en Europa del Este, que seguía el modelo totalitario de los fascistas con un partido único, devoción al líder, nacionalismo exaltado, supresión de la libertad de expresión y de la prensa libre, y de la libertad de movimientos. La propia Checoslovaquia, ya liberada, vio como el único demócrata que puso reparos a entregar el control parlamentario a los comunistas, acabó volando por la ventana en Praga. Para la autora, el comunismo era, en esencia, el reverso del fascismo, por mucha causa justa con la que se intentase justificar ya que los opositores no tenían voz o se les acallaba.

El senador McCarthy
Había una especie de control ideológico de la población durante la Guerra Fría que también afectó a Estados Unidos. Se refiere al senador McCarthy que aterrorizó al país con una caza de brujas de comunistas, simpatizantes socialistas, afiliados y cualquiera que fuese sospechoso de izquierdas. Hubo juicios y procesos contra actores de Hollywood por sus ideologías. Se llegó demasiado lejos y la autora recuerda que McCarthy disparaba todo tipo de mentiras y maledicencias sin comprobarlas [nota del lector: lo que hoy llamaríamos fake news]. Esta atmósfera de delación e injurias generó un gran malestar porque se estaba atacando a inocentes o a gente que no tenía nada ver con las acusaciones, o que el senador no se molestaba en probar. Al final, las comisiones encargadas de investigar a los posibles comunistas en EE.UU. puso en su sitio a McCarthy , pero el daño ya estaba hecho.

Las tácticas de hostigamiento y linchamiento de McCarthy recordaban a la propaganda de los partidos únicos de entreguerras, donde se repetia machaconamente una idea o mensaje interesados y se ahogaba a los que intentaban sacar a la luz la verdad o poner algo de cordura. Sin embargo, más allá de estos personajes exaltados, la democracia norteamericana funcionó porque sus estructuras estaban ancladas en las instituciones. A la gente les exaspera las comisiones y su lento funcionamiento pero son la garantía democrática de que salga a la luz la verdad y se desenmascaren a todos los McCarthy que usan la mentira para lograr más poder.

Los populismos latinoamericanos: Perón y Chávez
La autora revisa después otros populismos como el de Perón o el de Hugo Chávez, que en general cayeron en el caudillismo prometiendo a los pobres "cosas imposibles de cumplir" y ganándose el apoyo y fervor popular.

A Chávez le fue bien inicialmente porque aprovechó el tirón de los altos precios del petróleo y creó un importante programa de viviendas, sanidad y educación para mejorar el nivel de vida de los venezolanos. Es cierto, dice la autora, que ganó tres elecciones, y sorteó un golpe de estado. Una muchedumbre salió a la calle a reclamar su regreso: "Devolvednos a nuestro loco", ponía el cartel de una anciana manifestante. Chávez también promocionaba el culto al líder con programas televisivos donde contestaba a la audiencia pero, a su vez, intentaba clausurar los medios de comunicación críticos con su gestión o encarcelar a opositores. La revolución bolivariana fue un sueño durante los años de bonanza económica gracias al petróleo pero, cuando ese "combustible" se acabó, empezaron los problemas debido a una mala gestión pública del dinero extraído del petróleo.

Pero, antes de morir de cáncer, Chávez ya tenía el país a la deriva por una mala gestión pública, despilfarro, corrupción y falta de libertad de expresión, según dice la autora. No perdió el apoyo popular pero se granjeó muchos enemigos en el exterior, caso de Estados Unidos. Su sucesor, Nicolás Maduro, al que define como un conductor de autobuses sin estudios, dio un paso más al anular el Parlamento para crear otro afín y poner a jueces afines en la judicatura. A diferencia de Chávez, Maduro no gozó de un "boom" de los precios del petróleo, por lo que se hizo impopular.

La autora, en razón de su cargo, habló con ambos presidentes y cree que Chávez era simpático mientras que a Maduro, un bolivariano convencido, le faltaba rodaje y las ideas de su maestro.

Milosévic
La autora también repasa las atrocidades de la exYugoslavia, con Misolévic como encendedor de la mecha nacionalista que prendió el odio entre serbios, croatas y musulmanes. No se pudo impedir la masacre en Bosnia pero en Kosovo, cuando los serbios quisieron empezar otra limpieza étnica, la OTAN los expulsó con bombardeos. Albright, por razones de su cargo, se reunió con Milosévic y dice que él no paraba de darle lecciones de historia serbia sobre todos los sufrimientos que había padecido su pueblo desde la Edad Media. Dice que ahora la realidad es distinta y que el 90 % de la población de Kosovo es musulmana, por lo que, para solucionar el conflicto, hay que admitir los hechos y no remontarse a 500 años atrás sino vivir en el presente.

Albright también cuenta cómo tuvo que inspeccionar fosas comunes durante la Guerra de los Balcanes. Cree que era imposible que Milosévic, el cual murió antes de ser juzgados, no estuviese al tanto de la limpieza étnica.

Putin
Respecto a Putin, lo considera como un hombre del KGB que hacía de guía turístico en Berlín, Luego, se convirtió en la mano derecha y sucesor de Yelsin. Era un hombre trabajador y disciplinado que impuso un puño de hierro en el país para establecer el orden, aplastar implacablemente el terrorismo en Chechenia y relanzar la economía. Dice que con Putin el país se estabilizó pero algo le chirría porque ve imposible imaginar a Yelsin o Gorbachov posando con el torso desnudo pescando y otras poses publicitarias que hace el actual estadista para mostrar su fuerza y que le recuerda la propaganda de los estadistas autoritarios de los años 20 y 30.

La autora cree que la oposición a Putin es mínima o insignificante, por lo que no supone una amenaza real para él. Cualquier opositor que destaque, no le va muy bien. De esta manera, la democracia rusa se ha convertido, según la autora, en una democracia fallida o una autocracia a la que se da tintes de democracia.

A ello se suma que también usa un nacionalismo ruso para defender el orgullo del país, lo que está muy bien si eso no conlleva meterse con los vecinos de su entorno. La autora cita el caso de Crimea o Ucrania. Recuerda que los blindados que entraron en Hungría en 1956 para impedir que se alejase de la órbita soviética o los que la URSS envió a los republicanos, no llevaban insignias, lo mismo que ahora en Crimea. A ello, se suma la sospecha de que Rusia no desista de espiar a sus vecinos occidentales, ya sea mediante el ciberactivismo o la supuesta interferencia en elecciones.

Corea del Norte
También hace repaso a la dictadura norcoreana, a cuyos líderes define como los únicos fascistas de verdad que funcionan en la actualidad porque dirigen un régimen totalitario, de partido único, con baño de masas populares, discurso incendiario contra "los otros" (Estados Unidos, y otros) y exhibiciones de baile donde las jóvenes danzarinas y los coros lanzaban mensajes que profesaban amor al líder supremo. La autora viajó a Pyonyang y conoció al hijo del fundador para detener su programa nuclear. Le pareció un gobernante serio y responsable (dentro del contexto internacional) y estaba dispuesto a negociar la conversión de reactores nucleares en misiles con cabezas nucleares por alimentos (no querían ser otra China de Mao con millones de muertos por el hambre). Se hizo el canje en la administración Clinton pero luego su sucesor, el presidente Bush incluyó a Corea del Norte en el Eje del Mal (Afganistán, Irán, Irak y Corea del Norte) y los consideró terroristas mundiales, lo que sentó mal al régimen asiático, por lo que, viendo las invasiones que sufrieron los países aludidos, renunció a la vía civil y siguió con su programa de desarrollo de armas nucleares.

Erdogan
En este caso, se trata de un hombre humilde que llegó a lo más alto del gobierno turco y que, en el auge de su popularidad, tras superar un golpe de Estado, impuso un régimen laico-religioso que se desvía de los principios del fundador de la Turquía moderna tras el desplome del Imperio Otomano en 1918. A Erdogan lo apoyaron los religiosos, descontentos porque el Gobierno era laico y separaba Estado e Iglesia (Ataturk copió el código civil suizo, y otras leyes francesas, italianas o alemanas, así como el alfabeto latino para converger con Occidente; su legado duró casi cien años y los militares velaron para no salirse de esta línea). Lo cierto es que, cuando Turquía estaba a punto de cumplir todos los requisitos para ingresar en la UE (tras abolir la pena de muerte), la UE se echó para atrás por lo que en Turquía (con 80 millones de musulmanes) hubo un gran desencanto. En el mandato de Erdogan (que fue encarcelado cuando empezaba a despuntar), volvieron a construirse mezquitas a un ritmo trepidante, lo mismo que grandes proyectos de obras públicas, y a imponerse leyes pro-religión. 

Duarte
Vierte críticas a Duarte, en Filipinas, por su violencia letal con los delincuentes en un estado policial donde ordena a la policía disparar a matar a los criminales, traficantes de drogas, etc.... Se cree que ya han muerto 10.000 y no está claro si han caído inocentes por el medio. La autora critica que Trump alabe en sus "tuits" al mandatario filipino por su mano dura aunque cree que el presidente, como gobernante, intenta tener buenas relaciones con todos los mandatarios del mundo a base de elogios e intenta ser diplomático.

Trump
Respecto al presidente Trump, le critica su ignorancia y desprecio a las instituciones democráticas (prensa, tribunales, sociedad civil), su gobierno a golpe de "tweet", su discurso simplista para solucionar problemas en otros países y el mensaje contra los "otros" (en este caso, los inmigrantes, las mujeres). Por contra, considera a Bush (el de las guerras de Afganistán e Irak) un presidente cauto y sensato, que siguió las normas democráticas y respetó las instituciones.

A la autora le llama la atención que Trump sea tan condescendiente  con mandatarios autocráticos y luego vapulee a los propios aliados de EE.UU., caso de Merkel o presidentes australianos.

En todo caso, la autora recuerda que, al igual que le pasó a McCarthy, Trump caerá cuando se desenmascaren sus mentiras por la fortaleza de las instituciones democráticas (Senado, Congreso) dedicados a controlarse los unos a los otros, así como las distintas elecciones que impiden que Trump se desmarque mucho de sus votantes.


Finalmente, la autora Albright ve tres posibles escenarios que denomina "pesadillas":

1) En la primera pesadilla, se imagina un escenario donde un grupo de millonarios financian y controlan los medios de comunicación conservadores (menciona a la Fox) y mantienen a la gente en una burbuja que no admite otras alternativas ni les da voz.

2) En la segunda pesadilla, ve a un grupo de magnates de Hollywood que financian a grupos progresistas y una vez que alcanzan el poder instauran "lo políticamente correcto", lo que excluye a cualquiera que no esté en esa corriente. Los de derechas tampoco pueden hablar porque herirían la sensibilidad de los "antifascistas".

3) En la tercera pesadilla, un grupo terrorista interno siembra la alerta en EE.UU. y un gobernante aprovecha el miedo de la población para perseguir a determinados grupos.

La autora deja un último mensaje. Dice que ahora todos saben cómo funciona el fascismo y que este prospera en tiempos de crisis en los que la gente está decepcionada con el funcionamiento de la democracia. Pero cree que el público debe hacerse varias preguntas sobre cualquier candidato que aspire al poder, entre ellas: "¿Enciende a las masas en contra de otra etnia?" y otras cuestiones que ayudan a distinguir a un demócrata de un demagogo que busca el apoyo de las masas para quedarse él solo todo el poder.


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Resumen del libro "Fuego y furia", de Michael Woolf (2018)

Resumen original y actualizado:
https://evpitasociologia.blogspot.com/2018/08/fuego-y-furia-de-michael-woolf-2018.html

Resumen elaborado por E.V.Pita, doctor en Comunicación, licenciado en Derecho y Sociología

Sociología, política internacional, Donald Trump, política exterior de EE.UU., globalización

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Título:  "Fuego y furia"

Subtítulo: "En las entrañas de la Casa Blanca de Trump"

Título original en inglés: "Fire and Fury"

Autor: Michael Wolff

Fecha de publicación en inglés: 2018

Fecha de publicación en español: Grup Editorial 62, Barcelona, 2018 / Ediciones Península / Planeta

Número de páginas: 414

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Biografía oficial del autor Michael Woolf

(Paterson, Estados Unidos, 1953) es periodista y escritor, y ha recibido numerosos premios por su trabajo, incluidos dos National Magazine Awards. Ha publicado artículos en Vanity Fair, New York, The Hollywood Reporter, GQ, USA Today y The Guardian. Es autor de otros seis libros, entre ellos Burn Rate y The Man Who Owns the News. Vive en Manhattan y tiene cuatro hijos.
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Texto de la contraportada

"El libro que Trump no quiere que leas.
Pocos libros pueden presumir de haber puesto en peligro una carrera presidencial. Y solo uno puede decir que ha conseguido que un presidente de Estados Unidos tratara de parar su publicación, reaccionara de forma furibunda en Twitter y provocara, con todo ello, unas ventas de más de un millón de ejemplares en tres días, y que se publique en una treintena de países en todo el mundo. Este es ese libro".

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ÍNDICE

Prólogo: Ailes y Bannon

1. Día de elecciones

2. Torre Trump

3. Día uno

4. Bannon

5. El dúo Jarvanka

6. En casa

7. Rusia

8. Organigrama

9. CPAC

10. Goldman

11. Teléfonos pinchados

12. Derogar y reemplazar

13. Tribulaciones de Bannon

14. Sala de crisis

15. Medios

16. Comey

17. En casa y en el extranjero

18. Bannon ha vuelto

19. Mika... ¿quién?

20. McMaster y Scaramucci

21. Bannon y Scaramucci

22. El general Kelly

Epílogo: Bannon y Trump

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RESUMEN

El libro, basado en testimonios y cotilleos de pasillo, revela el caos reinante en la Casa Blanca de Trump, donde se crean dos bandos: los bannonistas (afines a Bannon, el ideólogo del trumpismo) y los seguidores del dúa Javarka (los familiares de Trump, Ivanka y su marido Jared, así como la fiel secretaria Hope). El autor usa un lenguaje sarcástico e irónico que hace sonreír por el disparatado ambiente que hay en la Casa Blanca de Trump, donde unos intentan disuadirle de sus locuras y otros le siguen la corriente y meten más la pata. El libro se centra en la figura de Bannon, el intrigante fundador del trumpismo, un populismo de extrema derecha, tras este olfatear un gran nicho electoral entre la clase trabajadora blanca arruinada por la globalización, lo que le dio el triunfo a Trump. Bannon, al llegar a la Casa Blanca, se convirtió en la sombra de Trump, dormía allí por si el jefe le llamaba a medianoche, y echó un pulso son la hija y el yerno de Trump por nombrar cargos. El periodista que escribió el libro relata todas las tensiones de forma tan vívida como si él mismo estuviese allí dentro. Para escribir el libro tuvo que contratar a uno de los mejores abogados de EE.UU. en litigios de difamaciones para evitar querellas. Las líneas centrales del libro son cómo lograron una inesperada victoria electoral, el caos creado al aplicar las primeras medidas contra el Obamacare y los inmigrantes, y luego el escándalo de la trama rusa y el fulminante despido del jefe del FBI que iba a investigar a Trump.

Para seguir el hilo al libro hay que analizar primero los personajes de la Casablanca y el círculo del presidente Donald Trump. Ninguno tenía experiencia política ni contactos gubernamentales a los que recurrir y como dice: "nadie del Gobierno de Trump sabía hacer nada, nadie sabía qué hacía cada uno". Este es un resumen de los perfiles que elaboró el autor del libro, Michael Woolf, a lo largo de las páginas de su libro. Hay que tener en cuenta que el autor usa mucho sarcasmo e ironía.

- Donald Trump: empresario inmobiliario y presidente de Estados Unidos. Casado con Melania Trump, de la que está orgulloso como "mujer trofeo". Le gusta tomar helado Häagen-Dazs de vainilla al tiempo que opina alegre y despreocupadamente sobre una serie de temas. Algunos colaboradores lo definen como impredecible, jugador poco serio. Entre sus neurosis, dice el libro, está el horror a la pérdida de memoria y la senilidad. Trump es Trump pero lo entiende. Gente que lo conoce lo califica de rebelde, perturbador, vivía fuera de las reglas y las despreciaba, un tipo sin escrúpulos que solo trataba de ganar sin importar cómo se hiciese. Incluso metía en líos a amigos para que sus mujeres creyesen que les eran infieles. Sus colabodores aseguran que en una hora de conversación con él en una reunión en su despacho, cuenta 50 minutos de historias repetidas una y otra vez, por lo que tienen que plantearle un asunto y repetirlo varias veces. Bannon lo definió como una máquina simple: el interruptor de encendido estaba lleno de halagos, el de apagado, de calumnias. El autor añade que Trump tiene la táctica del vendedor que te llena de halagos y adulaciones. Wolf añade que Trump era como un oráculo de Delfos o un dios Sol que era el centro absoluto de atención y dispensaba favores y delegaba favores que podía invalidar cuando quisiese. No calculaba a largo plazo y vivía el momento. El autor, por conversaciones con otros colaboradores, decía que la persona que lograba influir en Trump era "el último que llegaba". Además, no sopesaba sus respuestas (y repetía todo). Lo califica de "actor mimado, instintivo y con mucho éxito". Según el autor, la premisa de Trump: "Ser famoso es ser querido, o, por lo menos, sirve para que te adulen".

Melania Trump: Modelo eslovaca y tercera esposa de Trump, mujeriego notorio (según el autor). El autor dice que apoyó a su marido en la campaña electoral pero que deseaba que perdiese para seguir viviendo tranquila en la torre Trump. Pasaba días sin verse, ella no sabía dónde estaba él ni de sus negocios. Tienen un hijo en común: Barron. El lema de Trump con sus esposas era: "Vive y deja vivir. Dedícate a tus cosas". A veces habla de sí mismo en tercera persona.

Jared Kushner: De 36 años, consejero político de su suegro y auténtico jefe de campaña o designado por la familia. Pero Trump lo considera un miembro más de su séquito. Obtuvo la cartera internacional de Oriente Próximo. Heredero de una dinastía inmobiliaria judía y yerno de Trump, fue educado en Harvard. Esposo de Ivanka Trump, una hija de la primera mujer de Trump, Ivana. Jared Kushner intenta escorar el programa de Trump hacia una visión más centrista e incluso demócrata, partido al que un año antes era afín, como su hermano Óscar. El autor cuenta que el padre de Jared, Charlie, pasó algún tiempo en una prisión federal por evasión de impuestos, manipulación de testigos y donativos a campañas ilegales. Como prudente yerno, solo habla con su suegro cuando este le habla, ofreciendo siempre una visión tranquila y halagadora, cuenta el autor del libro. Para evitar un conflicto de intereses, Trump tuvo que renunciar a nombrarlo jefe de su gabinete. A nivel privado, los amigos y consejeros le aconsejaron que Trump se "suavizase" para no irritar al Partido Republicano ni a los congresistas, ni a la comunidad de inteligencia. Es cura de los unionistas de Internet.

Jared ganó influencia porque hablaba mucho con Murdoch y compró el semanario New York Observer, un capricho de ricos que no daba beneficios y que narraba la vida de la alta sociedad. El New York Observer se encargó de la cobertura mediática de Trump y creó el mito del millonario desvergonzado, teatral e instructivo. Pero cuando Trump se convirtió en un empresario fracasado, los clichés sobre él ya no hacían tanta gracia y se dejó de informar de él porque resultaba vergonzoso. Kushner, con 25 años, compró el diario en el 2006 y accedió al círculo social de Trump y a su hija Ivanka, con la que se casó en el 2009.

Ivanka Trump: De 35 años, con tres hijos. Hija de Trump y esposa de Jared Kushner tras convertirse al judaísmo ortodoxo. Es, de facto, la primera dama de EE.UU. y le gustaría ser la primera presidenta. Con su marido Jared hacen la moneda o dúo Jarvanka. Habitual del restaurante Four Seasons, donde comen otras celebridades.

Stephen K. Bannonel "loco" Steve: De 63 años. Estratega jefe de Trump, cenaba con él a diario, algo que los demás colaboradores eludían por su pesadez. De clase obrera, hecho a sí mismo, el autor sugiere que se arrimaba a los ricos. Fue teniente en un barco, trabajó como banquero para Goldman Sachs, fundó una asesoría financiera orientada al espectáculo. El autor dice que estaba siempre tramando y decepcionando. Participó en proyectos fallidas como Biosfera 2, y el proyecto virtual de Videojuego de Rol Multijugador Masivo en Línea (MMORPG o MMO) que se llamaba Internet Gaming Entertaiment (IGE). En el 2000, se convirtió en proveedor de libros a los conservadores. Finalmente, los nerds Bob Mercer y su hija (de los fondos Renaissance Technologies) lo ficharon para crear un Tea Party privado, un movimiento político ultraliberal, antiestatista, pro educación privada, antiprogresista, pro patrón oro, pro pena de muerte, antimusulmán, procristiano, monetarista y contrario a los derechos civiles en Estados Unidos. Algunos los tildan de "fanáticos" ideológicos. Bannon tomó el control de Breitbart News (de los Mercer) y usó Gamergate (dedicado a dañar la imagen de las mujeres en Hollywood) para conseguir enorme tráfico a través de memes políticos virales. Bannon se convirtió en el consigliere del movimiento Tea Party. Breitbart trató a Trump como su tótem. Bannon fue el hombre que hizo coherente el discurso de Trump y lo encaminó hacia una idea política concreta: el camino de la victoria radicaba en el mensaje cultural y económico que se dirigiera a los trabajadores blancos de Florida, Ohio, Michigan y Pensilvania. A favor de Bannon, dice el autor, es que, era el único del equipo que se había leído uno o dos libros. La fórmula de Breitbart era noticias inmediatas que horrorizaban tanto a los progresistas como a los conservadores, un conflicto que generaba una cascada de clics de disgusto y aprobación. Su idea que la nueva política no era el arte del compromiso sino el arte del conflicto.

La ambición de Bannon era convertirse en el líder del movimiento Tea Party. Es un empresario metido a organizar campañas y actos para los republicanos y el Tea Party. Sin experiencia política ni en gobierno, verdadero ideólogo detrás del programa de Trump, del que dice que su única virtud política es ser un macho alfa, sacado de Mad Men.  Fue desde el principio, la mano derecha de Trump, al que le sorprendía su discurso lleno de palabrería histórica, insultos, perspectivas de los medios, comentarios derechistas y tópicos motivacionales. Fue el único capaz de ofrecer una visión coherente del populismo trumpista. En su día, fundó Breitbart News. En el glosario de Breitbart se barajaban nociones como el Estado "profundo", la idea de la derecha y de la izquierda de una red de inteligencia permanente y conspiración del Gobierno. Su mensaje caló en el momento adecuado: el mundo necesitaba fronteras o debía regresar a una época en las que la tenía. Cuando Ámerica era grande. Trump entendía la causa populista de los trabajadores. Dentro del programa también estaba trasladar la embajada de Estados Unidos a Jerusalén. Uno de sus fallos era que era desorganizado, centraba su atención en cualquier cosa que atrajera su mente obtusa, parecía incapaz de devolver una llamada telefónica, respondía a los correos con una sola palabra y era controladoramente críptico, según el autor. Nadie lo contrataría para un trabajo que requiriese que los trenes saliesen con puntualidad. Bannon se casó tres veces y llevaba una vida de soltero en Capitol Hill y oficina de Breitbart. Consideraba que Trump jamás cambiaría e intentar hacerlo dañaría su estilo, a los partidarios de Trump no les importaba, a la prensa no les iba a gustar y era mejor jugar contra los medios que para los medios, y era un engaño que los medios fuesen los protectores de la honradez factual y que la revolución de Trump era un ataque a las asunciones convencionales y a los expertos, por lo que Trump era incontrolable porque nunca se iba a ajustar al guión. Aseguraba que Trump no entendía los hechos correctamente ni tampoco iba a admitir que los hubiera entendido mal. Tras ocupar el Ala Oeste de la Casa Blanca, Bannon se distanció de sus compañeros, incluido Jared. Alentó al equipo a leer The Best and the Brightest, de David Halberstam, para comprender a todos los hombres del presidente durante la guerra de Vietnam y que malinterpretaron las claves del conficto y guía o lista de recomendaciones para llegar al poder.

Una vez en la Casa Blanca, Bannon no usaba ordenador. Katie Walsh llegó a decir que "el caos era la estrategia de Steve".

La campaña electoral se apoyó en tres personas: Corey Lewandowski (director de campaña despedido), la portavoz-asistente-interna Hope Hicks, y el propio Trump. La organización de su equipo presidencial fue complicada porque, según el autor, a Trump le costaba entender la importancia de los cargos, por lo que quería que los ocupasen familiares y amigos, y la estructura del gabinete de Washington para soportar la feroz oposición. Si el presidente ya era un "outsider", lo más probable es que se rodee de gente peculiar.

Hope Hicks: eficiente secretaria de 26 años y ayudante de Trump. Este siempre preguntaba por ella: "¿Dónde está Hope?". Fue la auxiliar de relaciones públicas que Ivanka Trump agregó a la campaña electoral, fue la primera en entrar en  el equipo electoral de Trump. Trump despidió a su amante y le dijo a Hope en una reunión: "Tú eras el mejor trasero que él va a tener nunca". Ella se marchó escandalizada.

Corey Lewandowski: ayudante. Fue el primer director de campaña de Trump pero en el 2016 Trump lo despidió por "perdedor". Lo mismo pasó con su segundo director, Paul Manafort.


John Kelly: jefe de gabinete. General retirado.

Reince Priebus: De 45 años, de clase trabajadora. Era un recaudador de fondos. Jefe del Comité Nacional Republicano (CNR), herramienta de la clase dirigente republicana y que no apoyó a Trump. Le ayuda su compañera Katie Walsh y su publicista Sean Spicer. Su fama la logró al aplacar al Tea Party en el 2011 en Wisconsin. Apostó por el candidato Trump cuando casi estaba desahuciado y no lo abandonó por completo. Su cargo como jefe de gabinete fue nominal porque los demás (Bannon, Krushner, Barrack) lo puenteaban para hablar directamente con Trump, quien así seguía siendo el jefe mientras los otros se disputaban su atención. Según el autor, Priebus tenía que organizar reuniones y horarios, contratar a los miembros de la plantilla y supervisar las funciones individuales de los departamentos pero Bannon, Kushner, Conway e Ivanka carecían de responsabilidades específicas, hacían lo que se les ocurría sobre la marcha.

-Kellyanne Conway:  jefa de campaña de Donald Trump. Personalidad central y destacada en el mundo de Trump. Aspiraba a ser una estrella de las noticias por cable. Antes había estado a cargo de una agencia de encuestas de poca importancia. Durante la campaña, también lidió contra la prensa, a la que acusó de verter noticias falsas en montañas de arena, y su derecho a decir "hechos alternativos" o, más concretamente, "información alternativa".

- Sean Spicer: secretario de prensa, profesional serio que se vio obligado a defender a Trump ante los medios, sobre todo cuando Trump dijo que había un millón de personas en su investidura, algo claramente exagerado cuando se vieron las imágenes de televisión. Spicer dijo que a Trump no podías contradecirlo porque él sabía lo que sabía y no creía nada de lo demás. El autor dice que su trabajo consistía en explicar qué hacía la gente y porqué fracasaba a menudo en su labor porque nadie tenía una ocupación de verdad.

Stephen Miller: antiguo ayudante de Jeff Sessions, conservador entregado a la causa, redactaba órdenes ejecutivas y hacía discursos, pero según el autor,  solo hacía enumeraciones esquemáticas y "era incapaz de construir oraciones".

Mika Brzezinski y Joe Scarborough: pareja y presentadores del programa Morning Joe de la MSNBC. Confidentes de Jared y amigos de Trump, se sorprendieron al saber que nadie le había dicho que su primera semana de gobierno fue un desastre.

Roger Ailes: viejo amigo de Trump. Anterior director de Fox News y la figura más importante en los medios de derecha. De 76 años y recién jubilado tras ser acusado de acoso sexual y destituido de la Fox.

Bob Mercer, un patrocinador de Ted Cruz, y su hija Rebekah, recaudaron fondos para Trump. Introdujeron en la campaña electoral a sus tenientes Steve Bannon y Kellyanne Conway.

 -Alexandra Preate: ayudante y lugarteniente de Bannon. Recaudadora de fondos y encargada de las relaciones públicas. Tan desorganizada como Bannon.

Rudy Giuliani: exalcalde de Nueva York, que obtuvo un importante cargo gubernamental.

Chris Christie: gobernador de Nueva Jersey, y exfiscal del mismo estado que mandó a la cárcel al padre del yerno de Trump. Por eso mismo, posiblemente fue descartado como jefe de gabinete.


Anna Coulter: diva de la derecha y partidaria de Trump, le aconsejó que no contratase a sus hijos ni familiares en la Casablanca porque eso no se podía hacer.

Sam Nunberg: explicó la Constitución a Trump cuando era candidato.

Roger Stone: asesor político de Trump durante tiempo.

Mike Flynn: telonero de la campaña y consejero de Seguridad Nacional de Trump. Al parecer, captó 45.000 dólares de los rusos por dar un discurso.

Paul Manafort: cabildero internacional y agente político que participó en la campaña de Trump. Representó durante 30 años, según el autor, a dictadores y déspotas corruptos y cuyo rastro de dinero atrajo la atención. Un oligarca ruso le reclamó 17 millones de una supuesta estafa inmobiliaria.

Rupert Murdoch: multimillonario amigo de Trump, al que considera un charlatán, y accionista que controla Fox News. Presiona a Trump a moderarse y controlarse. Se opuso a que Bannon fuese jefe de gabinete por ser una elección "peligrosa". También se quejó de que Trump aceptase de buena fe buscar una solución para las visas H-1B que le pidieron los empresarios de Silicon Valley porque eso iba contra el enfoque liberal sobre inmigración. Murdoch se quejaba de que Trump lo tenía todo el rato al teléfono.

Tom Barrack: amigo millonario libanés, dueño del rancho Neverland de Michael Jackson, rechazó sumarse al gabinete de Trump para no separar sus empresas de sus intereses. Hombre en la sombra de la Casa Blanca, recaudó dinero para organizar la investidura como presidente de Trump. Murió un año después, tras sufrir una caída en el baño.

Henry Kissinger: de los tiempos de Nixon, aconsejó a Jared Kushner.

James Comey: director del FBI. Once días antes de las elecciones, dijo que iba a reabrir la investigación sobre los correos electrónicos de Hillary Clinton. Luego, cuando también propuso investigar la trama rusa, Trump lo despidió fulminantemente.

Brennan: Director de la CIA

Fusión GPS: empresa de investigación de la oposición demócrata que destapó la supuesta trama rusa.

Christopher Stele: antiguo espía británico que ayudó a Fusión a investigar las relaciones de Trump con Putin y el Kremlin. En un informe de septiembre del 2016, un mes antes de las elecciones,, sugirió que Trump fue chantajeado por el Gobierno de Putin y avisó a la prensa pero nadie publicó nada aunque la CNN dejó escapar algunos detalles del dosier pero BuzzFeed lo publicó completo. La teoría decía que los rusos sobornaron a Trump en un tosco montaje de chantaje en el que lo grabaron, supuestamente, con prostitutas haciendo la lluvia dorada. La conclusión era que Trump aceptaba sumarse a la conspiración rusa para robar las elecciones e instalarse en la Casa Blanca como marioneta de Putin, siempre según relata Michael Woolf en su libro. Trump lo negó todo y replicó que los medios estaban tan cegados con expulsarlo de la presidencia que se inventaban cualquier calumnia.

Jeff Bezos: dueño de Amazon y del Washington Post.

Stephen Schwarzman: director del grupo Blackstone y amigo de Kushner.



El libro arranca un año antes de las elecciones. Nadie creía que Trump ganaría las elecciones, ni él mismo. Trump fue torpedeado por los medios, los demócratas y el "pantano" de Washington.

Entre su propio partido republicano y en los que apoyaban su candidatura, opinaban que Donald Trump no sería presidente ni debería serlo. Un colaborador dijo que la configuración psíquica de Trump hacía imposible que se evaluase él mismo en profundidad, no era capaz de soportar que alguien pudiese saber tanto sobre él y que tampoco hacía falta examinar el pasado de sus colaboradores ni el conflicto de intereses de sus negocios y sus participaciones inmobiliarias porque tenía nulas posibilidades de ganar. El autor señala que Trump pasó de ser candidato de chiste a encantador de una base demográfica desafecta, a nominado risible y a presidente electo que inmediatamente se creyó inevitable y que ahora quería que los medios de comunicación le mostrasen una deferencia desmesurada.

Durante las elecciones, su propio partido le abandonó a su suerte pero Trump sobrevivió a todo: a la publicación de la grabación con el presentador de la NBC Billy Bush donde hacía comentarios sexistas, el CNR le presionó para que abandonase la carrera. La gente se preguntaba si Trump realmente quería ser presidente o solo obtener ser el hombre más famoso del mundo, ganar en renombre y fama, reforzar su marca y montar una cadena de TV propia. Ya se daba por ganador aunque no ganase las elecciones. Trump decía que su campaña electoral era un desastre y sus colaboradores unos "perdedores" y que todos los que le rodeaban eran idiotas. El propio Bannon calificó de "patética" la campaña e incluso Trump rechazaba invertir dinero en su propia elección aunque luego prestó diez millones con la condición de recupèrar todo. El autor señala que la campaña de Trump no estaba diseñada para ganar nada. Y el propio Trump convenció a su esposa Melania de que no ganaría las elecciones. Pero tras ganar (por tres millones de votos menos que la demócrata Hillary Clinton), Trump parecía haber visto un fantasma y su mujer lloraba desconsolada. Pero en una hora, el Trump estupefacto se convirtió en un hombre que creía que merecía ser presidente y que estaba capacitado para ello. Tras ganar, muchos de los que lo habían desdeñado intentaron comprender su éxito pese a que creían que su cerebro era incapaz de realizar las tareas esenciales de su nuevo trabajo de presidente pues era incapaz de relacionar causa y efecto. Tras ganar las elecciones, Trump quiso pasárselo a todo el mundo por la cara.

La Torre Trump se convirtió, tras las elecciones, en el cuartel general de la Revolución Populista,  una cara sede donde se preparó la transición de la presidencia y no en Washington y la "ciénaga". Uno de las primeras medidas de Trump fue organizar el "paseo de los perpetradores", donde todos los que le iban a visitar aceptaban el gobierno de un advenedizo, según el autor.

El autor señala que Trump y su clan de alguna forma sustentaron sus negocios en el flujo de efectivo internacional y el "dinero gris" y que al ser un foco tan visible en la presidencia, se dieron cuenta del lío en el que se habían metido.

Se centra sobre todo en la figura de Bannon, al que el autor define como un ejecutivo a la busca de millonarios que sufraguen sus proyectos. Tras meterse en política, apostó por una versión ultra del Tea Party, que incluía expulsión de inmigrantes, poner la embajada de EE.UU. en Jerusalem y otras cuestiones que el propio Trump asumió más tarde. Además, Bannon había tenido éxito con el marketing digital. Trump entró en campaña pensando que no iba a ganar pero que le iba a hacer famoso en todo el mundo y, por tanto, generaría un incremento de valor de la marca Trump. Era una buena idea para promocionarse y todo el mundo pensó que estaba acabado tras las declaraciones machistas en una televisión pero no fue así. Ni siquiera las sospechas de que Rusia financió su campaña acabaron con él, entre otras cosas porque no lo creían con capacidad intelectual para montar una conspiración, ni esa ni ninguna, por su completa falta de organización. El autor está convencido de que ni el propio Trump esperaba ganar y que solo cuando ganó asumió que eso era lo "lógico". Cuenta que la esposa del candidato, Melania, era la única que confiaba en que iba a ser presidente pero cuando salió elegido se quedó de piedra al darse cuenta de que su mundo perfecto en la Torre Trump se desmoronaba.

El autor cuenta que otros presidentes, que habían hecho carrera política, se quedaban impresionados al entrar en la Casa Blanca y ser recibidos por un séquito de mayordomos y sirvientes, una corte de asesores y un avión privado. Donald Trump no solo no se quedó impresionado, pues ya tenía su propio séquito de sirvientes, sino que además la Casa Blanca era un caserón con 200 años de antigüedad, un edificio viejo y con cucarachas que palidecía ante el lujo de la Torre Trump. Para el presidente, dejar sus negocios por el despacho oval le salía caro, salvo por la promoción que iba a obtener. 

Michael Woolf se basa en sus fuentes para describir a la Casa Blanca como un lugar gobernado por el "jefe" de un clan familiar y amiguetes de confianza, donde todo lo guisan Trump, su yerno (el marido de Ivanka y, al parecer, el único del clan que lee libros) y Bannon. Describe el palacio presidencial como un completo caos sin un programa meditado y donde todo está improvisado. Añade que Trump está completamente desorientado y un día dice una cosa y al rato otra distinta, y así, sucesivamente. Tuvieron que nombrar asesores oficiales pero estos se vieron "puenteados" por la familia de Trump, por ser ellos los que tenían el monopolio del acceso a Trump. Woolf cuenta que una vez que entrabas a trabajar a la Casa Blanca, la gente hacía apuestas de cuántos meses iba a aguantar, pero pasados unos días, lo reducía a cuántas semanas duraría allí, tal era el caos.

El autor cuenta que el presidente se enfadó porque la prensa ponía imágenes vacías del público que acudió a la toma de posesión. Los cálculas más realistas sitúan la asistencia en 200.000 personas pero Trump se empeñó en que allí había un millón. Otra de las cosas que preocupó fue el discurso de Trump, de tono belicista y totalmente caótico, y que se cree que fue escrito por Bannon y luego Trump añadió cosas de su propia cosecha o las inventó directamente improvisando.

Del tema de las supuestas charlas con los rusos, Trump y los suyos se quedaron estupefactos. El autor está convencido de que no tenían ni idea de lo que estaban hablando en televisión. Pero, según el escritor del libro, luego Trump cayó en la cuenta de que si la prensa tiraba del hilo pòdría llegar a los negocios ocultos del millonario, esos que tendría a nombre de testaferros de compañías del Este. Pero eso, de momento, se ha quedado en el terreno de la especulación. Mientras el tema de los espías rusos le parecía increíble, lo que le inquietó era que llegasen a detectar su telaraña de empresas fantasma y otros entramados, si es que existían.

Sobre el carácter de Trump, se vierten todo tipo de descripciones. La principal es que vive en una realidad paralela, en su propio mundo. Por ejemplo, no sabía que tenía que dejar sus negocios si era presidente, una alto cargo de los republicanos se lo tuvo que comentar en privado en un cóctel. Otra idea es que se mete en la cama con una hamburguesa de McDonalds y mira tres canales de televisión: si algo no le gusta, tuitea un mensaje de queja.

También le señalan que dentro de Nueva York, las grandes fortunas lo consideran un empresario de medio pelo, un nuevo rico, pero él se ve como un gran amigo de Murdoch, el dueño de la prensa. Sin embargo, hasta que fue presidente nadie del círculo más vip lo tomó en serio.

Aseguran que cuando le explicaron la constitución, no entendió más allá de la cuarta página.Y que en los conflictos internacionales, no se entera de nada, según cuenta el autor.

En el libro, se detallan las luchas internas en la Casablanca entre judíos y gentiles, como las definió jocosamente Kissinger (creo). En el grupo judío figuran Kushner, el yerno de Trump, y su esposa (e hija de Trump)  Ivanka, convertida por matrimonio, y que serían el ala "demócrata". En el grupo de los gentiles estarían Bannon y otros, que vendrían a representar los intereses extremistas y el programa del Tea Party. Dichas luchas por el control de la Casablanca salieron a relucir cuando comenzaron los primeros nombramientos, ya que cada grupo se esforzaba por colocar a su candidato y desprestigiar al del grupo rival. Entre los fichajes estaba Priebus, un general independiente que pronto se vio arrinconado por dichas fuerzas.

A los pocos meses, Trump estuvo ocupado con dos temas importantes: el escándalo ruso, que el no veía por ninguna parte, y la supresión del programa sanitario Obamacare. En el tema sanitario, la propuesta de Ryan fue "derogar y reemplazar": derogar el programa, lo que gustaría a los republicanos, y poner otro para satisfacer las promesas que Trump había hecho por su cuenta. Según cuenta el autor en este libro, cuando a Trump le explicaban las tesis republicanas sobre sanidad se despistaba y se ponía a hablar de golf.

Sobre el tema ruso, Bannon intentó convencer a Ailes de que "¿Tan mala es Rusia? Son malos, pero el mundo está lleno de tipos malos". Ailes le replicó: "Pero es bueno saber que los malos son los malos. Donald quizás no lo sepa". Para Bannon, el verdadero enemigo era China, nueva fuente de una guerra fría. Cree que Obama lo malinterpretó todo. Cree que el Estado hipernacionalista chino va a perder los estribos y no se va a poder meter al genio otra vez en la botella. Según le contó Bannon a Ailes, dice el autor del libro, Donald fue a Rusia y creyó que iba a reunirse con Putin pero este no parece interesado. El autor señala que Trump era tan incapaz de atar cabos que aunque no hubiese conspirado personalmente con los rusos para amañar el resultado, sus esfuerzos para conseguir el favor de Putin habían dejado un rastro de palabras y actos preocupantes que tendrían un coste político enorme. Tras conocer el informe Christopher Stele sobre la lluvia dorada, Trump lo negó todo, dijo que mientras China hackeaba 22 millones de cuentas americanas, Rusia era más respetuoso.

En cuanto al tema de la inmigración, el autor señala que Bannon comprendió que el "nativismo" y el etnocentrismo tenía adeptos y además sacaba de quicio a los progresistas, a los que tildaba de hipócritas. Para los "privilegiados" progresistas, opinaba Bannon, la diversidad era un bien absoluto pero él pensaba que cualquier persona que no estuviese cegada podía ver las olas de inmigrantes llegaban con un montón de problemas y que recaían en los ciudadanos más expuestos del otro extremo de la escala económica, como se podía ver en Europa. Esa es la visión que recoge el autor. Y los progresistas se negaban a ver los problemas y dificultades que generaba la inmigración descontrolada. La tesis de Bannon es que los globalizadores progresistas habían extendido el mito de una inmigración libre (a pesar de que Obama había sido muy agresivo en materia de deportación de inmigrantes, dice el autor). Las ideas de Bannon de prohibir la entrada a los musulmanes fue "recortada" por Priebus.

Una de las primeras medidas para gobernar fueron las OE (órdenes ejecutivas) o decretos, lo que iba a generar conflicto. El nuevo Gobierno, cuenta el autor, se complicó la vida al replantear procedimientos ya existentes en términos incendiarios, agresivos y con  argumentos ad hominem. El problema, dice el autor, es que presentaron OE para limitar los viajes (lo que desató una ola de terror en los aeropuertos) sin pasar el visto de abogados y reguladores, ni las agencias responsables de aplicarlas y "Trump firmó lo que le pusieron delante". Los amigos de Trump le llamaron por teléfono para abroncarlo. De esta forma, Bannon trazó una línea entre los EE.UU. progresistas y los EE.UU. de Trump. Sin embargo, esta medida draconiana y esa forma de hacer las cosas preocupó a los nuevos moradores de la Casa Blanca.

En cuanto a su disputa con los medios, Trump sufría desde los años 90 burlas de los medios de Nueva York, por lo que decidió triunfar en Hollywood con su propio reality show: "The Aprrentice".

La  parte final del libro se centra en Bannon en su lucha contra el dúa Jaranka y los errores cometidos en la gestión del escándalo de los espías rusos. Por un lado, saltó a la luz que durante la campaña electoral uno de los hijos del presidente, Don Jr, invitó al despacho principal de la Torre Trump a toda una delegación de supuestos agentes rusos porque estos le dijeron que tenían secretos que implicaban a Hillary Clinton. En la reunión estarían Jared e Ivanka, así como Don Jr, y Trump se libró porque nadie lo mencionó entre los presentes. Al poco tiempo, salieron en Wikileaks publicados los correos comprometedores de Hillary Clinton y que supusieron que el fiscal se pusiese a investigar y que, a la postre, hiciese peligrar su carrera presidencial.
Tras saltar el escándalo, en el era tan cantoso como que la reunión se organizó en la torre Trump, las culpas cayeron sobre Don Jr. El autor del libro señala que tanto él como el otro hermano eran gente sensata que llevaban bien los negocios inmobiliarios del padre pero que cayeron en la novatada. El autor comenta que estaba empezando la carrera electoral y nadie daba nada porque Trump saliese presidente, ni él mismo. Jared y Don pensaron echarse unas risas jugando sucio sin pensar que eso les iba a costar un buen escándalo tiempo después.

El segundo error de esta crisis fue que Trump decidió despedir al director del FBI porque quería investigar la trama rusa y, al parecer, los fiscales también empezaron a interesarse en los negocios familiares de Trump con los rusos, lo que el presidente les prohibió investigar sin mucho éxito. El autor cuenta que Bannon consideró que Jared e Ivanka estaban detrás de la destitución del director del FBI, lo que era ir contra toda la institución, algo de lo que luego el propio presidente se avergonzó. Bannon consideró que Jared e Ivanka habían ido demasiado lejos. Dado que la trama rusa y el despido del jefe del FBI no fue bien llevado por los jefes de prensa, empezaron a despedir a cargos como el del jefe del gabinete, sustituido por el general Kelly. Jared e Ivanka incluso metieron a un jefe de prensa, un yuppie llamado  Scaramucci y apodado El Gorrón, que estuvo mendigando un puesto en la Casa Blanca (para obtener desgravaciones fiscales, sugiere el autor) y que solo duró diez días en el cargo tras sus meteduras de pata, conducta inapropiada para el cargo y su palabrería. Tuvieron que nombrar a un nuevo jefe de gabinete para que echase al Gorrón, ya que el anterior había dimitido en protesta por dicho nombramiento. Bannon creyó que era hora de echar a Jared e Ivanka, algo que también se planteó el general Kelly, pero Trump dio largas.

Una de las quejas de Trump es que tras dimitir un fiscal (del que se habían aprovechado de uno de sus informes para echar al jefe del FBI), el presidente nombró a otro y este continuó con la investigación de la trama rusa. Trump se enfadó porque consideraba que el fiscal había sido un empleado desleal pero le explicaron que el problema no eran las personas, sino las instituciones. Cambiaban las personas pero la maquinaria seguía funcionando.

Otra crisis fue la de Afganistán. Un general pidió refuerzos de 50.000 hombres en ese país pero Trump se negó a mandar a nadie más, tras 16 años en un atolladero. Consideró que bastaba con enviar 5.000, los justos para no perder la guerra.

También hubo otra crisis con Corea del Norte, cuando Trump dijo que si ese país no se atenía a las normas, caería sobre él una tormenta de fuego. También hubo un escándalo cuando un grupo neonazi se manifestó contra el traslado de una estatua del general confederado Lee de Charlotteville y hubo una pelea con contramanifestantes de izquierdas. Un extremista de derechas lanzó su coche contra la multitud y causó un muerto y 20 heridos. Trump dijo que “todos” debían ser pacíficos sin condenar expresamente el racismo y el segregacionismo, razón por la que tuvo que rectificar en un conmovedor discurso en favor de la igualdad racial aunque todos sabían que no se creía nada de lo que decía. La prueba es que poco después volvió a ser el Trump de siempre y echó la culpa también a los manifestantes de izquierdas que habían ido allí a montarla. El autor sugiere que ancestros de Trump pertenecieron a un grupo racista contra los afroamericanos.

Tras estas meteduras de pata, Bannon veía siempre la mano de Jared, Ivanka y la eficiente secretaria Hope, que obedecía todas las órdenes de Trump a rajatabla sin pararle los pies. El autor dice que llegó un momento en que parte del equipo de la Casa Blanca se dio cuenta de que el presidente no estaba bien y algunos hicieron las maletas. Otros cayeron. Finalmente, también cayó Bannon, que tampoco había asistido a las vacaciones de Trump en un club de golf, después de comentar que China era el único problema y que vendrían guerras comerciales, un legado que soportaría la próxima generación. Estas declaraciones le obligaron a marcharse de la Casa Blanca y él volvió a la sede de Bravetbart junto a su secretaria. Su idea era convertirse en líder del populismo trumpista, pero sin Trump, y ser presidente de EE.UU. en el 2020, ya que aún contaba con el apoyo de sus mentores millonarios. El libro concluye con que Bannon cree que la revolución del trumpismo rompió las instituciones y que al extremismo de derecha surgirá otro extremismo de izquierda, lo que romperá aún más las instituciones, lo que creará un gran conflicto. Se trata de una destrucción de las instituciones. Dice que aún no sabemos la que se nos va a venir encima.

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Resumen del libro "Fake news. La verdad de las noticias falsas", de Marc Amorós Garcia (2018)


Resumen original y actualizado en:
https://evpitasociologia.blogspot.com/2018/08/fake-news-la-verdad-de-las-noticias.html

Resumido por E.V.Pita, doctor en Comunicación, licenciado en Sociología y Derecho.

Sociología, comunicación social, posverdad, comunicación de masas, Internet, fake news

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Título: "Fake news"

Subtítulo: "La verdad de las noticias falsas"

Autor: Marc Amorós Garcia

Prólogo: Jordi Évole

Fecha de publicación: 2018

Editorial: Barcelona, Plataforma Editorial

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Biografía del autor (2018)

El libro no aclara si es un autor real (un periodista televisivo) o un pseudónimo elegido por profesores de periodismo de la Universidad Pontificia de Álava.

Para averiguar la verdadera identidad hay que ir a www.marcamoros.com

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Texto de la contraportada

¿No saben qué son las fake news? ¿Lo sabes y crees que no van contigo? ¿Te crees capaz de diferenciar una noticia falsa de una noticia verdadera? ¿Compartes noticias en Internet sin importante si son o no verdad? 

¿Crees que las fake news son broma? ¿Piensas que las fake news no son peligrosas? ¿Crees que las fake news son un fenómeno pasajero? ¿Te llamas Donald Trump? ¿No te llamas Donald Trump pero quieres saber por qué ha puesto de moda las fake news?

¿Todos los amigos de tus redes sociales piensan como tú? ¿Piensas que tu opinión es la mejor y es indiscutible? ¿Te gustan las noticias que te dan la razón aunque sea mentira?

Lee este libro 

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ÍNDICE

Parte 1...What the fuck, fake news !

1. ¡Extra, extra! Fake news !

2. Las fake news no son ningún juego

3. Las fake news no son broma.

4. ¿Qué son las fake news?

5. ¿Quién fabrica las fake news?

6. Las fakes news siempre tienen prisa, ¿y tú?

7. Lo veo, lo creo. Aunque sea fake

8. Las fake news son interesadas, no interesantes

9. Las fake news son un negocio

10. ¿Quién difunde las fake news?

11. Cocinando fake news: ingredientes, platos estrella y una fórmula mágica

12. Las fake news son caramelos envenenados


Parte 2 ... ¡Peligro! Fake news

13. ¿Pican? Contigo un millón, gilipoll.,,

14. ¡Qué miedo! ¡Qué fuerte! ¿Qué fake?

15. Fake news, sin escrúpulos, mejor

16. Las fake news molan tanto... que perdemos la razón

17. Las fake news son contagiosas

18. ¿Qué tienen las fake news para que las compartamos?

19. Doce razones por las que nos creemos las fake news,

20. Las fake news dividen: eres de los míos ¿verdad?

21. Cinco trampas de cerebro ante las fake news

22. Las fake news son peligrosas


Parte 3. Las fake news perjudican seriamente al periodismo

23. ¿Dónde ha estado el periodismo estos años?

24. Rumores y fake news, ¿son lo mismo?

25. Rumores y fake news: el ejemplo del atentado de Barcelona

26. Muertes, fake y Lou Reed

27. Y esto ¿quién co*o lo dice?

28. Trump y las fake news: Make Journalism Great Again ?

29. ¿Alguien ha visto la verdad del periodismo?

30. Make Journalism Powerful Again.

31. ¿Cómo nos informamos hoy en día?

32. Todos somos ya un medio de comunicación

33. Bienvenido a tu realidad deseada


Parte 4. Contra las fake news: plan de ataque

34. ¿Cómo detectar fake news?

35. Cinco ideas contra las fake news.


Parte 5. Bienvenidos al fake world

36. Fake news, la nueva droga

37. Fake news y posverdad

38. Fake news y gente fake

39. Fake news, fake world ?

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RESUMEN

El libro se hace eco de cómo funcionan los bulos y las fake news que "rulan" por Internet y las redes sociales. Por un lado, el autor señala que la proliferación de estas noticias falsas serán la mitad de las noticias en el 2020. El autor o autores alertan de que una sociedad con una mala salud informativa vive condenada a la ceguera y como no podemos confiar en las noticias, solo nos creemos las que reafirmen nuestro pensamiento y nos volvemos ciegos y sordos a las informaciones que nos quiten la razón. Las fake news refuerzan nuestros prejuicios y opiniones preconcebidas y contribuyen a polarizar la actualidad de forma más radical. Nos adentramos en una sociedad de la desinformación.

Por otra parte, señalan que detrás de una fake news que circulan gratis siempre hay un interés oculto, generalmente económico o ideológico, porque el difusor obtiene muchas visitas y gana mucho dinero en publicidad, o bien difunde un mensaje con contenido político para difamar al contrario.

Los autores analizan por qué la gente "compra", cree y comparte las noticias falsas en Internet. Por un lado, explican que no es tan fácil distinguir una noticia falsa de una verdadera. Como prueba, dan diez titulares rocambolescos para ver que no es tan sencillo descubrir una fake news. Recalcan que estas noticias no se crean por diversión sino para obtener un beneficio.

Hay algunos autores de fake news que son bromistas o quieren echar un cable a su candidato difamando al rival. Creen que hacen lo correcto al calumniar al otro. Otros se las creen y se meten en líos.

Ponen ejemplos de fake news como el Pizzagate (se acusaba falsamente a Hillary Clinton), o la Guerra de Cuba y el millonario Hearst que difundió en su cadena de periódicos la noticia sospechosa de que un comando de las fuerzas especiales de España había hundido el acorazado Maine de los USA en 1898, lo que precipitó la guerra, que terminó con la pérdida de las colonias.

El libro resalta que "las fake news son informaciones falsas diseñadas para hacerse pasar por noticias con el objetivo de difundir un engaño o una desinformación deliberada para obtener un fin político o financiero".

Respecto a quién fabrica las "fake news", explican que el autor bromista busca una imagen falsa, un título falso e impactante, un poco de texto para darle apariencia informativa y una descripción para llamar la atención a los curiosos. Uno de los autores más famosos de "fake news" es un joven de 19 años de Veles en Macedonia, que sembró la campaña electoral de Trump y Hillary de noticias falsas porque conseguía muchos clics, lo que le generó mucho dinero en publicidad. Muchos de su pueblo lo imitaron y pasaron a ganar 30.000 euros al mes.


A esto se suma que la inteligencia artificial está siendo muy eficaz en crear noticias falsas.

Otro de los temas que examinan es la rapidez con que se difunden las fake news, donde importa más ser el primero que los más certeros. Ante una información dudosa o no contrastada suficientemente, recomiendan no correr. Esto se debe a que vivimos en tiempos inmediatos y hay que ser el primero.

Otro factor que influye en las fake news es que van acompañadas de imágenes, que se memorizan mejor que los textos. Los fabricantes de noticias falsas usan desde retoques por Photosop, hasta fotos descontextualizadas o que se hicieron en otras fechas.

Respecto a los intereses económicos, es más barato producir noticias falsas que verdaderas. Pone como ejemplo The National Report o Victory Lab. Sirven para crear "trending topic" gratis sin invertir nada.

A ello se suman los intereses ideológicos y partidistas.

Quienes difunden las "fakes" son bots o programas informáticos que imitan el comportamiento humano y comparten el contenido en las redes sociales. Detrás hay empresas, partidos, lobbies o grupos ideológicos que buscan manipular a la opinión pública. Es lo que se llama "sembrar" fake news.

Algunos tipos de fake news son las: noticias parodia (humorísticos), noticias engañosas, noticias impostoras, noticias fabricadas, noticias falsamente conectadas, noticias con contexto falso y noticias manipuladas.

Las humorísticas o satíricas (como "El Mundo Today") son fácilmente reconocibles porque ya se ve que son una broma.

En cuanto a las ideológicas, manipulan la verdad para adecuarlas a un marco afín a nuestras creencias.

El autor o autores establece una fórmula para hacer una fake news:

IP (impacto) x A (ambigüedad) + IT (interés) x DF (difusión) + RA (rapidez) = FKN (Fake news)

Hace falta tener un buen impacto, un relato informativo que parezca creíble, un interés económico o ideológico, y si la difusión es muy rápido es más difícil que alguien descubra la verdad.

Las fake news parecen muy jugosas y apetecibles pero son caramelos rellenos de veneno.

Además de tener un titular impactante, una fake news debe tener un titular impactante, una revelación que nos reafirma o nos indigna y una apariencia legítima y confiable.

Los autores señalan que la indignación y el miedo son grandes motores para visualizar fake news porque los lectores las comparten y viralizan. Quieren que gane la emoción, que prime sobre la reflexión.
El libro analiza varios casos de famosas fake news.

A todo ello, las fake news buscan dar una noticia de tal magnitud, de tal impacto, de tal relevancia que nuestra primera reacción no sea otra que compartirla rápidamente con todos nuestros contactos. Buscan que creamos tener una exclusiva mundial entre manos. Por eso, son tan contagiosas, porque tenemos una necesidad irreflenable de compartirla rápidamente.

Los autores también dan la clave por la que compartimos fake news: Una buena noticia falsa es la que refuerza nuestros prejuicios y opiniones. Para ponderar las noticias que nos llegan, están los hechos, no nuestras emociones. El libro sostiene que queremos que los demás también nos digan que están de acuerdo con nosotros.

Nos creemos las fake news porque tenemos fe, porque nos dan la razón, porque nos suben la autoestima, porque nos gustan las mentiras, porque nos autoengañamos sin parar, porque molan mucho, porque vienen a buscarnos a por nosotros, porque no nos importan de dónde salen, porque son tramposas, porque son emocionantes, porque nos impulsan a compartirlas o porque se aprovechan de nuestra desconfianza en el periodismo.

Estas son las trampas del cerebro: el cerebro siempre quiere darnos la razón, el cerebro etiqueta fatal las noticias virales, el cerebro siempre busca aliados, el cerebro se autoengaña y el cerebro lleva fatal recordar con exactitud.

Los autores aseguran que las fake news son peligrosas porque destrozan la mente de la gente y pueden llegar a reescribir nuestra memoria de la historia. La mente termina por etiquetar como cierta toda la información que no recordamos con exactitud pero que nos suena de algo (según la psicóloga Danielle C. Polage). Se resumiría así: "Nuestra memoria es magnífica para olvidar que una noticia falsa sea falsa".

Los autores creen que, en parte, el auge del fake news viene asociado con el descrédito de la prensa, que no filtró bastante las noticias publicadas.

Un rumor se convierte en fake news por la falta de temas noticiosos importantes e interés para el público, la negligencia al recolectar información que lleva a publicar datos erróneos o escasos, la ambigüedad en una noticia, la inmediatez y la necesidad de primicias, la no confirmación de datos, la falta de fidelidad en relación con las fuentes, la intencionalidad al ocultar información que no se quiere dar a conocer, el deseo de transmitir una idea propia disfrazada de creencia popular y el desconocimiento de la causa o hecho sucedido.

Sostienen que, desde hace mucho tiempo, la verdad para el periodismo ha dejado de ser incuestionable para ser interpretable. Se está personalizando la verdad, lo que se llama la posverdad, para crear "mi" verdad o "nuestra" verdad. Se trataría de dar una información "al gusto del consumidor".

Señalan que la verdad ya no es intocable, "ahora es personalizable". Varios diarios on line falsean la noticia.

Otra cuestión que apunta el autor/es es que la información ya no vale nada, ahora es gratis, debido a la digitalización del periodismo que lo ha abocado a una crisis económica, afectando a su deontología de forma grave. Los ingresos de los diarios on line deben generarse a base de clics y la web debe refrescarse constantemente. Señalan que la calidad de la información ha bajado, baja y seguirá bajando. Y la de los periodistas. Es el precio que hay que pagar por tener noticias gratis, dicen los autores.s,
A esto se añade que las noticias, ya no se hacen para informar, sino para que el lector pique (y genere tráfico en sus portales). De ahí que surgen titulares engañosos, rumores que se disfrazan de noticias o las fotografías impactantes como "ganchos".

Los autores proponen recuperar el periodismo mediante cinco prácticas: No crear ni publicar más fake news, no usar el poder del periodismo por interés propio ni de nadie, ser independientes, primar los hechos y alejarlos de toda opinión y abandonar el periodismo de declaraciones y apostar por el periodismo de investigación.

Por este motivo, el mismo libro apuesta por el periodismo de investigación: no olvidarse nunca más del "fact checking" (verificación de datos, algo que debía formar parte de la rutina periodística). De todos modos, la noticia falsa circula mucho antes de descubrir que es falsa.
Otra de las exigencias es que haya un periodismo de hechos, no de dimes y diretes.
La tercera idea es pagar por informarnos, pagar por un periodismo e independiente.

El libro recuerda que el periódico de papel y las redes sociales crean periodismos distintos. En Internet, las noticias vienen ya sin garantías (frente al papel como garante de fiabilidad y veracidad de las informaciones). Además, en las redes, una "fake news" tiene la misma capacidad de viralizarse que un hecho auténtico e informativo.

A todo ello se suma que las noticias viven y se reproducen dentro de burbujas de opinión (que se comparten en chats y grupos reducidos, como WhatsApp, lo que tiende a reafirmarnos dentro de una comunidad). El libro insiste en que: "Esta manera de informarnos y de compartir noticias a través de nuestras burbujas de opinión que voluntariamente nos hemos creado en las redes es, como estamos viendo, el escenario ideal para el éxito de las fake news".

Añade que ahora toda la gente es un medio de comunicación, no solo somos consumidores sino que también lo compartimos. Eso sí, somo un medio que solo refleja nuestra verdad, "mi" verdad. Dicen que "este es el verdadero cambio de paradigma": tener un periódico o una televisión era muy caro pero ahora la información se ha democratizado y cualquiera puede escribir un blog, colgar noticias en Facebook, o hacer noticias interesadas o fake news. Eso nos convierte a cada uno en un medio de comunicación en las redes sociales.

Finalmente, el libro aborda la información-burbuja de opinión que generan WhatsApp, Twitter o Facebook y de las que "somos rehenes": "¿Tenemos la sensación de vivir encerrados dentro de una burbuja de gente afín a nosotros en la que está prohibido llevar la contraria?". Todo esto se debe a los algoritmos de búsqueda de Internet que se programan con un objetivo: hacernos felices, por lo que filtran las búsquedas con nuestra forma de ser, gustos y clics anteriores. "Las fake news son un virus que pretende invadir nuestra burbuja de opinión y tomar su control", señalan. Recalcan que un 52-53% de la gente no escucha a los que están en desacuerdo con nosotros y tampoco cambiamos de opinión en temas sociales importantes, y somos 4 veces más propensos a ignorar una información si es contraria a nuestras creencias. "Vivimos, en realidad, encerrados dentro de nuestro propio informativo irreal: Así que bienvenido a tu realidad deseada".

Para detectar una fake news proponen fijarse en estas características: el contenido de la noticia es irreal o poco verosímil, el medio en el que aparece publicada no es confiable o tenemos dudas sobre ello, el titular de la noticia es demasiado alarmista, ridículo o improbable, no se sabe quién firma la noticia, tras contrastarla es fácil concluir que es falsa, y el sentido común, la lógica y nuestro bagaje cultural así lo dice.

Además, hay que hacerse las siguientes cuestiones: ¿De dónde sale esta noticia? ¿Cómo está redactada y diseñada la noticia? ¿Quién firma la noticia? ¿Qué emociones provoca la noticia? ¿Miedo, indignación, darnos la razón? ¿De dónde salen las fotografías? ¿Es coherente en el tiempo lo que cuenta la noticia? ¿Serán ciertos los datos de la noticia? ¿Intuyo algún interés partidista o ideológico en la noticia? ¿Se ve claramente que es una broma? ¿Qué gano compartiendo la información?

Por este motivo proponen que haya un mejor periodismo, con más hechos y menos opinión. Además, hay que hacer todo lo posible para reducir su difusión (Google y Facebook ya están haciendo cambios en sus algoritmos para detectar fake news), convertirnos todos en unos cazadores de fake news (Dan Gillmor ha lanzado Wikitribune, un periódico on line dedicado a desmentir fake news). El libro añade que hay que acabar con la impunidad de las fake news y recuerdan que "sin pasta" no hay paraíso para las fake news.

Recalcan que las fake news son una nueva droga por el placer de tener razón, de ser aceptados por los demás, el placer de estar de acuerdo y de sentirnos conectados. "Nos dan placer y adicción porque las fake news satisfacen constantemente una necesidad más o menos inconsciente que tenemos como consumidores de información, la necesidad de encontrar noticias que nos reafirmen en nuestra verdad". Lo comparan con la sociedad distópica que describe la novela Un mundo feliz, de Aldous Huxley.

Todo esto desemboca en la posverdad (reinado de emociones y creencias personales por encima de los hechos contrastados): "¿Qué papel juegan las fake news en la posverdad?", se preguntan los autores. "Las fake news son el tren de alta velocidad que nos lleva directos a la posverdad". Advierten que todas estas ideas erróneas pueden establecer una opinión pública fácilmente reproducida pues para mucha gente solo ven lo que leen en Internet, las webs y las redes sociales son su única fuente de información y además se apresuran a compartirla sin analizarla. "Se está perdiendo la batalla", dice el libro.

Finalmente, analizan dos casos de "gente fake": una señora que dijo ser superviviente del 11-S y era todo falso, lo mismo que un supuesto superviviente de los campos de concentración. Este último lo justificó así: mintió para resaltar la verdad, enriqueció el relato, lo hizo por bondad, contó lo que otros le contaron, captó más la atención y evangelizó.

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Resumen del libro "Dinero oscuro", de Jane Mayer (2016)

Link original y actualizado del resumen:
https://evpitasociologia.blogspot.com/2018/09/dinero-oscuro-de-jane-mayer-2016.html

Resumen elaborado por E.V.Pita, doctor en Comunicación, licenciado en Derecho y Sociología

Sociología, financiación de partidos políticos, política, Estados Unidos,

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Título: "Dinero oscuro"

Subtítulo: "La historia oculta de los multimillonarios escondidos detrás del auge de la extrema derecha norteamericana"

Título original en inglés: "Dark money"

Autora: Jane Mayer, 2016

Edición en español: Debate (Penguin Random House Group International), Barcelona, 2018.

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Biografía de la autora Jane Mayer (hasta el 2018)

Jane Mayer es colaboradora de The New Yorker y autora de tres aclamadas obras de no ficción: Landslide, escrita junto con Doyle McManus; Strange Justice, en coautoría con Jill Abramson, y The Dark Side. Galardonada con numerosos premios periodísticos, Mayer ha sido finalista en varias ocasiones del National Book Award y del National Book Critics Circle Award. Actualmente vive en Washington DC.

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Texto de la contraportada

"En los años ochenta, liderados por los hermanos Koch y sin que nadie se percatara del impacto que tendrían sus actos en el futuro de la política nacional estadounidense, algunos multimillonarios empezaron a invertir cantidades exorbitantes en las campañas electorales del ala más radical del Partido Republicano. Actualmente, su triunfo no solo es evidente en el ámbito electoral: a través de la implantación y la financiación de toda una red afín compuesta por "think tanks", programas universitarios y medios de comunicación, este selecto grupo de ideólogos ha conseguido moldear las reglas del juego de la democracia estadounidense.

"En esta impactante y poderosa investigación periodística, Jane Mayer examina los orígenes, el auge y la dominación de una casta que, no conforme con disfrutar de uno de los tratos más privilegiados del planeta y acumular el porcentaje más elevado de la riqueza mundial generada, ha secuestrado la democracia estadounidense para sus propios fines con una sofisticación inaudita y altamente efectiva".

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ÍNDICE

Primera parte.  Militarizar la filantropía
La Guerra de las Ideas (1970-2008)

1. Radicales; una historia de la familia Koch

2. La mano escondida: Richard Mellon Scaife

3. Cabezas de playa: John M. Olin y los hermanos Bradley

4. El método Koch: la vorágine del libre mercado

5. Kochtopus: una máquina de libre mercado


Segunda parte. Operaciones encubiertas (2009-2010)

6. Fuerzas terrestres

7. La hora del té.

8. Los fósiles

9. El dinero habla: el largo camino a Citizens United

10. La golpiza: el debut del dinero oscuro en las intermedias, 2010


Tercera parte. Privatizando la política
Combate total, 2011-2014

11. El botín: saquear el Congreso

12. La madre de todas las guerras: el fracaso del 2012

13. Los estados: ganar terreno

14. Vendiendo a los nuevos Koch: un mejor plan de batalla

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RESUMEN

La autora sostiene que los industriales Koch promovieron políticas afines a sus intereses industriales (energías y combustibles fósiles) y que financiaron a aquellos políticos favorables a la desregulación de las leyes y promovieron el negacionismo del cambio climático pagando investigaciones en esa dirección. Los hermanos, anarcoliberales favorables a un Gobierno débil y total libertad empresarial, inicialmente participaron en las elecciones pero obtuvieron en los años 80 unos resultados ridículos. Por eso, cambiaron de estrategia y realizaron inmensas inversiones en sufragar institutos de opinión, investigaciones y a políticos que defendiesen esas políticas. La autora sostiene que sus inversiones multimillonarias en política fueron un éxito porque inocularon en el programa republicano ideas que defendían sus intereses energéticos e industriales (sobre todo la oposición a la leyes medioambientales).



Aunque no apostaron por Trump, que se convirtió en un guijarro en sus zapatos, lo felicitaron tras ganar las elecciones y varios de los protegidos de Koch pasaron a formar parte de su gobierno, de forma que Trump asumió algunas de las políticas de los Koch.

La autora relata cómo paso a paso los Koch montaron una gigantesca red política regada con miles de millones tras la victoria de Obama para expandir el ideario conservador. Lograron reunir miles de millones para cambiar la situación gracias a una nueva ley llamada Citizens United que permite donar cantidades ilimitadas de dinero a las asociaciones siempre que se dé a conocer el nombre del donante. Pero, según la autora, en el caso de los Koch, urdieron una red de asociaciones y institutos de investigación supuestamente independientes para regarlas de millones y propagar su ideario ultraconservador, pero siempre disimulando de dónde procedía el dinero, lo que equivaldría a incumplir la ley de transparencia. Solo una vez, la Administración llegó a dar con un donante muy ligado a los Koch, del que tuvieron que desembarazarse políticamente para no verse comprometidos.

Según la autora, los Koch y otros millonarios donantes pretenden hacer creer que en todo EE.UU. hay una revolución conservadora espontáneamente originada y promovida de las bases de la pirámide, de los institutos de investigación y de las asociaciones civiles o el Tea Party, pero, en realidad, dicho movimiento civil es un movimiento que parte desde arriba (un grupo de millonarios conservadores) hacia abajo y no de abajo hacia arriba. Lo escandaloso, dice la autora, es que un pequeño grupo de votantes usen su dinero para imponer sus políticas al resto. Dichas políticas se limitan a defender sus intereses, en concreto un recorte de impuestos para los más pudientes (a costa de recortar los gastos del Estado, preferentemente los gastos sociales y educativos), así como desregularizar las políticas medioambientales que afectan a las industrias. Es una defensa casi fanática del libre mercado que exige reducir el Estado a su mínima expresión (anarquismo de derechas). A partir de este concepto se crean numerosos institutos de investigación que promueven esta ideología.

Por tanto, la autora considera que la supuesta revolución conservadora que siguió a la victoria de Obama fue artificiosamente financiada por un grupo de magnates, amparados en la nueva legislación y en desgravaciones fiscales a las asociaciones sin afán de lucro y que tampoco son partidos políticos. Para ello, fue primordial un fallo del Supremo sobre el caso de Citizens United que autorizaba a donar cantidades ilimitadas de dinero a partidos políticos en aras de la libertad de expresión y para dar mayor transparencia. Pero la autora cree que es una lucha desigual porque un puñado de supermillonarios imponían su ideario al resto a través de canales de televisión como la Fox, que eran parte de su maquinaria.

La primera estrategia que siguieron obtuvo un éxito increíble: hicieron un mapa de EE.UU. y descubrieron que había estados en los que solo necesitaban cambiar un representante demócrata por otro republicano para cambiar la composición del Senado en dos años, y darle la mayoría a los republicanos. El éxito fue total. Estado a estado, la red oculta de los Koch financió con un reguero de millones a los candidatos conservadores, mediante la compra de anuncios y espacios publicitarios, y ataques agresivos o plagados de medias verdades o calumnias que desprestigiaban a sus oponentes demócratas, algunos de los cuales llevaban mucho tiempo en el poder y fueron desalojados tras perder las elecciones. Los propios conservadores sustituyeron a sus miembros más moderadores para poner a otros más agresivos. Cuando el equipo de Obama se dio cuenta de lo que estaba pasando, ya era muy tarde y no les dio tiempo a reaccionar.

Pasados dos años, la red de Koch logró revertir la composición de la cámara del Senado, que con mayoría conservadora se convirtió en un entorno hostil para Obama. Daba igual lo que intentase negociar el presidente, todo estaba mal: Obamacare, seguros a los pobres, presupuestos... porque se trataba de un ataque ideológico donde no cabían concesiones. Los nuevos senadores intentaron derrocar el Obamacare con feroces ataques y casi colapsan la Administración al negarle al presidente un acuerdo presupuestario. Finalmente, Obama tuvo que entrar en el juego e incluir en su discurso parte del programa regresivo republicano tras negociar con el sector más moderado. Los ultraconservadores celebraron como un triunfo que Obama tuviese que ponerse a la defensiva pero en el 2012 no consiguieron ganar las elecciones y fueron derrotados, por lo que Obama repitió mandato, aunque atado de pies y manos. En cuanto a las donaciones, los demócratas tampoco pudieron protestar porque supermillonarios como el financiero George Soros también estaba donando sumas fabulosas a los demócratas y creando sus propios institutos de investigación.

La autora hace referencia a los encuentros que hasta 400 millonarios ultraconservadores hicieron en un resort de California para recaudar fondos para echar a Obama y apoyar el renacer americano. Unos picaban a otros sobre los millones que iban a donar para la red de Koch y devolver el esplendor a la civilización occidental blanca.

Lo que la autora plantea en su libro es cómo dos millonarios sin haber sido nunca elegidos están imponiendo su ideario (lleno de intereses económicos) a 300 millones de norteamericanos que no los han votado simplemente porque tienen enormes fajos de billetes para gastar. La influencia ha sido tan enorme que han cambiado el mapa político en pocos años e introducido ideas reaccionarias como el negacionismo del cambio climático, el recorte de impuestos para los más ricos o la tacañería en la concesión de ayudas públicas a los más pobres. También se impusieron nuevos debates como el gasto público o el déficit público que ahora forman parte de la agenda de muchos países pero que, hace años, nadie le concedía tanta importancia. Hubo un obstruccionismo deliberado e ideológico contra las políticas progresistas (más ayuda social a los desfavorecidos) iniciada por Obama, quien ante el virulento ataque se vio obligado a negociar y entrar en el juego.

Por otra parte, la autora dice que el partido republicano se ha visto obligado a asumir las ideas y debate extremista del Tea Party y los captadores de donaciones, lo que molesta a gran parte de los republicanos moderados que anteponen el bien del país a su ideología. El resultado ha sido el obstruccionismo contra la Administración Obama, a la que no le dejaron ni respirar, sin darle la menor capacidad de negociar un buen trato para el país ni siquiera cuando este coincidía, en general, con los intereses de los republicanos. El presidente se encontró con una hostil resistencia.

A todo ello se sumó el cambio de discurso después de que la derecha perdiese las elecciones del 2012 y Obama renovase mandato. La derrota de su candidato obligó a la derecha a hacer durante meses una metódica reflexión sobre lo ocurrido pensando ya en las elecciones del 2016 para intentar recuperar el poder.

 Los sabios del partido republicano se dieron cuenta de que el discurso de la extrema derecha era impopular porque la gente los identificó con "los del dinero", esos desalmados sin corazón que deniegan ayudas a los pobres. En una de las charlas secretas, en la que alguien filtró unas grabaciones, se oía decir a  uno de los sabios a los donantes millonarios que él nació pobre pero ha trabajado mucho para llegar a dónde está y que cuando se encuentra a un pobre le deniega ayuda porque piensa que debe espabilar y buscarse un trabajo y esforzarse como hizo él. Un tercio de los votantes, los republicanos, piensan como él y no dudarían en culpar al pobre de su situación. Otro tercio, por contra, es demócrata y cree que se deben conceder todo tipo de ayudas y beneficios a los pobres. Ninguna de esas partes va a cambiar de opinión. Sin embargo, añadió, mucha gente de buena voluntad, ese tercio que está en el centro, duda si se deben conceder o no ayudas. Es ese caladero de votos a donde los republicanos dirigieron sus esfuerzos entre el 2012 y el 2016 para convencer a los electores. La palabra clave era "bienestar", convencer al país de que las políticas republicanas son buenas porque traen "bienestar". A los Koch les gustó el concepto y comenzaron a difundir esa consigna por su red de contactos.

El nuevo plan que los expertos en Marketing vendieron a los Koch consistió en defender la idea de que el programa de los extremistas de la derecha y los defensores fanáticos del libre mercado traen "bienestar", un estado de felicidad que todo el mundo quiere, para dar la sensación de que los políticos ultras republicanos también tienen empatía con los más desfavorecidos. Por ese motivo, los donantes millonarios aportaron sumas cuantiosas para crear numerosos institutos privados, generalmente adscritos a las universidades, para investigar el "bienestar", estudios a los que luego siempre se le daba un barniz ultramercantilista. Este fue el ideario que empezó a impregnar las aulas en los años 2012 a 2016, lo que motivó muchas protestas de los estudiantes porque estaban estudiando una Economía demasiado politizada y que supuraba republicanismo descaradamente. Así, los profesores defendían ideas como que denegar la ayuda social a los pobres contribuía al bienestar general porque la falta de ayudas les estimulaba a competir y trabajar, lo que reducía el paro, y si no lo lograban, la culpa era solo suya. Cualquier punto del programa, inmigración, proteccionismo, etc... era filtrado con la palabra-consigna del "bienestar". Se culpaba al Gobierno de la crisis del 2008, se consideraba que el libre mercado era lo único que traía bienestar.

La autora también reflexiona sobre la hipocresía de estas teorías sobre la superación de uno mismo ya que los fanáticos que más las defendían eran precisamente ricos herederos que habían nacido con una enorme fortuna bajo el brazo. Nadie duda que se pudiesen haber esforzado para escalar puestos en la empresa paterna pero era obvio que nacían con una ventaja inicial. Por tanto, su discurso era poco creíble. Culpar a los pobres de su pobreza era obviar que dichas personas no habían nacido con las mismas oportunidades de educación o sanidad que los ultrarricos y los superricos.

Paradójicamente, Trump, que se negaba a ir a las convenciones de los Koch para no tener que mendigar dinero como otros políticos republicanos, dio con la fórmula mágica para convencer a los votantes. Los Koch se gastaron 13 millones de dólares y su red de donantes otros 1.000 millones de dólares en implantar una ideología ultraconservadora en EE.UU. pero Trump, más intuitivo, comprendió que la clave para ganar las elecciones estaba en el malestar de los obreros del medio Oeste, golpeados por la deslocalización de las fábricas, la supuesta competencia de los inmigrantes con salarios más bajos y la globalización. Aunque heredó la línea de pensamiento de los Koch, interpretó mucho mejor las claves del país, con sus discursos tocó la fibra de los obreros y las clases medias-bajas e hizo creer a los obreros que él era como ellos y que podía sacarlos del bache.

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Resumen del libro "Miedo. Trump en la Casa Blanca", de Bob Woodward (2018)

Resumen original y actualizado del libro en:

Resumen elaborado por E.V.Pita, doctor en comunicación, licenciado en Derecho y Sociología

Sociología, política, Estados Unidos, populismo

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Ficha técnica

Título: Miedo

Subtítulo:  en la Casa Blanca

Título en inglés: Fear. Trump in the White House

Autor: Bob Woodward

Año de publicación: 2018

Edición en español: Roca Editorial, Barcelona, 2018

Páginas: 454

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Biografía oficial del autor Bob Woodward (hasta 2019)

Bob Woodward es editor adjunto de The Washingtong Post, donde ha estado trabajando durante 47 años. Ha conseguido dos Premios Pulitzer, uno por la cobertura del escándalo Watergate para el Post junto a Carl Berstein, y otro, en 2003, como principal reportero que cubrió los ataques terroristas del 11 de septiembre. Es autor y coautor de 18 libros y todos ellos han llegado a ser best-sellers de no ficción. Doce de ellos han llegado al primer puesto de los más vendidos en Estados Unidos.

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Texto de la solapa

"La historia del presidente Trump desde dentro, como solo Bob Woodward podría contarla. Con ese forma de comunicar tan autoritaria, perfeccionada durante ocho presidencias desde Nixon a Obama, el autor Bob Woodward revela con una minuciosidad sin precedentes la tormentosa vida del presidente Donald Trump dentro de la Casa Blanca, así como los detalles intrínsecos sobre la toma de decisiones en política nacional e internacional.

Miedo es el retrato más íntimo que se haya publicado sobre un presidente en el poder durante su primer año de mandato.

Woodward extrae su información de cientos de horas de entrevistas con fuentes de primera mano, anotaciones de reuniones, diarios personales, archivos y documentos. Lleno de detalles del día a día, diálogos y documentación, Miedo hace un recorrido por las decisiones trascendentales en asuntos de ámbito internacional y nacional, y nos ofrece vívidos detalles de las negociaciones entre los abogados de Trump y Robert Mueller, el fiscal especial en las investigaciones sobre Rusia, exponiendo públicamente por primera vez las discusiones y estrategias que se fueron planteando reunión tras reunión. Revela cómo los altos cargos de la Casa Blanca de Trump tuvieron que organizarse para robar proyectos de decreto del Despacho Oval del presidente para que no creara normativas que pusieran en jaque operaciones de inteligencia cruciales.

"Era, prácticamente, un golpe de Estado administrativo - escribe Woodward-, una crisis nerviosa del poder ejecutivo en el país más poderoso del mundo"

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ÍNDICE

El libro tiene 42 capítulos pero no constan sus títulos

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RESUMEN

El libro arranca cuando el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, en la Casa Blanca, exige a sus subordinados que redacten un borrador para abandonar el acuerdo de protección y comercio de Corea del Sur porque Estados Unidos tiene que pagarlo todo y los asiáticos son protegidos gratis. En un despiste, un ayudante retira el borrador de la mesa y lo destruye. Trump no se da cuenta y se olvida del tema.

El autor se pregunta si los colaboradores de Trump han dado un golpe palaciego con el objetivo de salvar el país de la ruina económica, al retirarse de tratados clave como los acuerdos Nafta (tratado comercial de EE.UU,, Canadá y México), el Tratado de París sobre el Cambio Climático o bien de otros como el de Corea del Sur, la retirada de Afganistán.

El libro arranca con la campaña electoral en la que Trump, a punto de arrojar la toalla decide seguir adelante, después de meter la pata con unos comentarios machistas y vejatorios hacia las mujeres, lo que le costó una bronca de su esposa, la cual lo defendió en público diciendo que ese no era el marido que conocía. Es ahí cuando sus colaboradores ven que él no quiere retractarse jamás porque lo ve como signo de debilidad. Echó la bronca a un ayudante porque se disculpó por él en la televisión: "Te has mostrado débil". Y lo echó del equipo. El estratega Steve Bannon logró la victoria de Trump animándole a seguir y centrándose solo en tres cuestiones: hacer América más grande, el problema de la inmigración y el muro y el regreso de las manufacturas. Sorprendentemente, Trump ganó las elecciones contra Hilary Clinton, algo que él ni se esperaba.

Uno de los personajes clave y que aparece como el más sensato es Cohn, un antiguo directivo de Goldman Sachs. El colaborador le intenta convencer de que la economía de Estados Unidos ha cambiado: donde antes había una sastrería ahora hay un Starbucks, las manufacturas se han ido a países más baratos porque a cambio producen bienes más baratos a los estadounidenses. Al irse las manufacturas, ahora hay más empleos en el sector servicios. Cohn sería un globalista que está en contra del proteccionismo y que intenta convencer al presidente de que retirarse de los tratados internacionales les hará perder comercio.

Otro frente de los colaboradores es Corea del Sur, importante socio comercial y aliado de Estados Unidos. Trump quiere retirarse del tratado comercial porque pierden dinero pero sus generales le convencen de que es necesario que EE.UU. siga en Corea porque sus bases detectaría el envío de misiles continentales desde Corea del Norte a Estados Unidos y podrían destruirlos a tiempo. Estar en Corea del Sur saldría más barato que enviar tres portaaviones a hacer el mismo trabajo. Del mismo modo, Trump argumenta que su amigo el presidente de China le está ayudando a controlar al dictador de Corea del Norte.

Respecto a Afganistán, Trump quiere retirar las tropas porque el Ejército no está ganando dinero allí. Los militares le convencen de que no se puede ir porque parecería que los talibanes han ganado la guerra (un empate técnico, en realidad) y por otra que no pueden permitir que el país se vuelva a convertir en un nido de terrorismo internacional. Trump acepta el argumento de evitar que Afganistán se desestabilice, por lo que manda un aviso a los talibanes para decirles que ni ellos han ganado la guerra ni los americanos tampoco.

En cuanto a Siria, una de las primeras órdenes de Trump fue eliminar al ISIS en Siria. Acusa a Obama de ser demasiado blando, lo que generó 400.000 fallecidos por no haber intervenido antes. Trump bombardea una base siria cuando el presidente sirio ataca con gas letal a unos bebés, según unas fotos que le mostró indignada su hija Melania. Un congresista (Graham) le recomienda a Trump: "Diles que tampoco tolerarás que lancen bombas barril a los niños".

Sobre Oriente Medio, el yerno de Trump lo convenció para organizar una cumbre con el favorito de Arabia Saudí, conocido como MSB, el príncipe heredero del trono. La cumbre se organizó en un tiempo récord y reforzó el papel del delfín. El plan era aislar  más a Irán, potencia rival en la zona. De todos modos, Trump no tiene claro por qué EE.UU. debe estar metido en el avispero de Oriente Medio.

En el libro se refleja la personalidad de Trump, que no da su brazo a torcer y que nunca admite estar equivocado, ni siquiera cuando el ataque racista de Charlotville. El presidente decía que había violencia entre los dos bandos pero sus colaboradores le convencieron para retractarse apelando a la unión del país. Al leer el comunicado, parecía un rehén leyendo a punta de pistola el comunicado.

El autor también menciona la preocupación de Trump por la trama rusa y cómo intentó echar a los fiscales que le estaban investigando. Se obsesionó con el tema y llamó al mejor abogado de la ciudad, que le cobraba un precio de amigo de 100.000 dólares al mes.

Otro aspecto de Trump es su falta de empatía con sus colaboradores. Cuando no lograron aprobar la derogación del Obamacare, despidió sin tapujos al responsable. Pasado un tiempo, lo llamó a ver qué tal le iba como si hubiera pasado nada. El autor supone que Trump no tenía conciencia de haber herido a su ayudante debido a su egoísmo y falta de empatía.

En cuanto al círculo más cercano de Trump, los que han visitado la Casa Blanca definen a cuatro personas (Ivanka Trump, Steve Bannon y otros dos) como depredadores naturales. "Es como meter un tiburón y una foca en un zoo sin paredes, o una serpiente y un ratón", dice. Se trata de asesores que entran y salen del despacho del presidente o se quedan a oír las conversaciones sin que nadie les pueda decir nada. Tras el cambio de personal y la llegada de Kerry, no se cortó esta anomalía.

El autor también se refiere al gatillo fácil de Trump respecto al envío de "tuits", incluso informando de destituciones un minuto después de hablar con el interesado y nombrando a su sucesor sin avisarle. Sus comentarios han causado dolor de cabeza.


(en preparación)


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Resumen del libro "No society", de Christophe Guillouy (2018)

Resumen original y actualizado en el siguiente link:
https://evpitasociologia.blogspot.com/2019/06/no-society-de-christophe-guillouy-2018.html

Resumen elaborado por E.V.Pita, doctor en Comunicación y licenciado en Sociología y Derecho

Sociología, clases sociales, estratificación social, desigualdad

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Ficha técnica:

Título: "No Society"

Subtítulo: El fin de la clase media occidental

Título original en francés: "No Society"

Publicado en 2018 (Francia)

Edición en español: Barcelona, 2019, Penguin Random House Grupo Editorial SAU

Número de páginas: 218

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Biografía oficial del autor Christophe Guillouy (hasta el 2019)

Christophe Guillouy (Montreuil, 1964) es un geógrafo que se alejó del mundo universitario para dedicarse a un trabajo de investigación aplicada. Es autor, entre otros, de L'Atlas des nouvelles fractures sociales en France (2004) y La France périphérique (2015), considerados libros de referencia. No Society es su primer libro dedicado a estudiar tendencias mundiales

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Texto de la contraportada

"El polémico ensayo que ha irrumpido con fuerza en el debate internacional.

"There is no society", dijo Margaret Thatcher en 1987. El mensaje caló en las clases dominantes occidentales y se ha producido una secesión entre la gente de arriba -que, abandonando el bien común, sumerge los países occidentales en el caos - y la más desfavorecida. Como resultado, se descompone la sociedad.

Crisis de la representación política, atomización de los movimientos sociales y gentrificación de las ciudades son algunos de los signos del agotamiento de un modelo que ya no construye sociedades. La ola populista que atraviesa el mundo occidental no es más que la parte visible de un "soft power" ejercido por las clases populares que obligará al mundo de los arriba o bien a unirse al movimiento real de la sociedad o bien a desaparecer.

Hace algunos años Christophe Guilluy acuñó el concepto de "Francia periférica", empleado hoy de manera muy generalizada, e hizo hincapié en el peligro del desprecio por parte del mundo mediático a las clases populares, y en la importancia del descontento de estas. Con este libro amplía su reflexión a un ámbito internacional: el Brexit, la elección de Trump o Bolsonaro y el auge de Vox en España dan cuenta del caracter internacional del fenómeno".

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ÍNDICE

Primera parte

Sobre las ruinas de la clase media, ha emergido el mundo de las periferias

1. Ha emergido el mundo de las periferias

2. El tiempo de la salida de la clase media

3. ¿Quién quiere ser deplorable?

Segunda parte

No Society

1. El repliegue de una burguesía asocial

2. El abandono del bien común

3. El caos tranquilo o la sociedad relativa

Tercera parte

El "soft power" de las clases populares

1. Un heartland popular o la inversión de los conceptos de potencia y poder

2. Ni guerra ni paz: la resistencia a la negación de las culturas

Conclusión: ¡Ayudémoslos a volver a la comunidad nacional!

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RESUMEN

La socióloga Saskia Sassen (Premio Príncipe de Asturias) lanzó en los 90 el concepto de ciudad global. París, Tokio, Londres, Nueva York o Barcelona son nodos cosmopolitas que atraen a las élites. Estos espacios urbanos de éxito están conectados con otras metrópolis que funcionan al margen de su periferia, más pobre y donde quedan atrapados los perdedores de la globalización. En la misma línea, Sergio del Molino destapó la crisis de la España vacía y el hundimiento del rural. Ahora, el geógrafo francés Christophe Guilluy, que acuñó la “Francia periférica”, acaba de publicar “No society”, un ensayo que denuncia cómo París se ha convertido en una ciudad global que agrupa a las élites, las cuales gentrifican el centro urbano y desplazan a los más humildes a la periferia.

 Mientras París y las grandes ciudades concentran el empleo y los negocios con otros nodos internacionales y disfrutan de las ventajas de la "globalización feliz", las provincias se hunden en el paro y pierden población. Guilluy concluye que estas ciudades globales aspiran a la autosuficiencia (una especie de ciudades-estado) y se desligan de la periferia marginada. Si los perdedores de la globalización reaccionan con un voto populista, la élite urbana les tilda de brutos, ignorantes, racistas o fascistas, como ocurrió con los votantes del cinturón de óxido de Trump, del Brexit, la ultraderecha europea o los chalecos amarillos, dice el autor.

Dado que la ciudad global atrae a los ganadores y a la clase dominante (los llamados "bobos", de bohemios y burgueses, en francés), estos la conforman a su gusto, lo que hace de efecto llamada a nuevos ricos. La subida del precio del alquiler en los centros urbanos expulsa a los habitantes humildes (la llamada gentrificación), que se deben acomodar en la periferia, así como a los "ghetos" y los "banlieues" y otros territorios disfuncionales. Los pobres se mudan a los barrios más alejados del centro, que se convierte en un distrito "chic" y bohemio solo asequible para personas de alto poder económico, y que suele coincidir con los mismos afortunados que se han enriquecido con la globalización. El nuevo modelo ya no integra a las clases populares, a los que un presidente francés llamó "desdentados".

Así, el autor sostiene que los de arriba se están separando de los de abajo y advierte que eso es peligroso en el sentido de que la alta burguesía siempre ha necesitado tener a un aliado de otra clase (normalmente, la clase media) como pegamento de cohesión social. Pero ahora, a causa de la precarización y el desempleo ocasionados por la globalización, la clase social se disgrega y diluye o, directamente, se hunde en las clases más bajas. Y esto no afecta a países en desarrollo sino al propio corazón de Occidente, como Francia o Estados Unidos, dice, cuya clase media ve cómo se pierden los valores del American Way of Life (el sueño americano) y su versión europea. Entre los perdedores no están solo los marginales de los suburbios, sino también los obreros, empleados, pequeños asalariados y jubilados modestos. Estas categorías,. antes opuestas, se reúnen poco a poco en una misma oposición, "unidas por el mismo sentimiento de relegación cultural y geográfica".

 Según señala Guillouy, poco a poco se van distinguiendo dos extremos: por un lado, los ultrarricos y triunfadores de la globalización, que se han "bunkerizado" en ciudades gentrificadas, y, por otro, los pobres y perdedores de la mundialización, que se quedan atrapados en la periferia. Este pegamento social constituía antes la sociedad por lo que ahora hay una "no society", el desentendimiento y abandono de los de arriba hacia los de abajo. No solo se sacrificó a la clase obrera, como pretendía Margareth Thatcher en 1978 al decir: "This is no society", sino a la propia sociedad. "Esta ruptura de la relación, aunque fuese conflictiva, entre arriba y abajo y el abandono del bien común, nos hunde en la asociedad", dice el autor.

Entre los factores que contribuye a la "no more society" incluye la crisis de la representación política, la atomización de los movimientos sociales, las burguesías que se encierran en sus fortalezas, las clases populares que se asilvestran y el comunitarismo ("segregacionismo étnico"). Estos son los síntomas del agotamiento de la sociedad. De ahí surge la secesión de los ricos, el hundimiento del Estado del Bienestar, las paranoias y tensiones identitarias. El autor añade que las clases populares reaccionan preservando su capital social y cultural.

El autor explica que los políticos mantienen el mito de la clase media como clase social mayoritaria e integrada que se beneficia de las ventajas del progreso y de un capitalismo en permanente mutación (a pesar de que los investigadores alertan desde hace décadas de la pulverización de la clase media). Según el autor, los políticos, los medios y los académicos transmiten este mensaje tranquilizador. Aquellas minorías excluidas y marginadas se benefician de unas políticas benignas. Pero bajo este mito subyace otra realidad secreta disimulada desde hace décadas: el progresivo alejamiento y desvinculación política y cultural masiva de la mayoría de las clases populares. Aunque las clases dominantes elogian la multiculturalidad, no la sufren porque van a colegios privados y viven en elegantes barrios, dan sermones desde sus cómodas burbujas alejadas de los conflictivos suburbios. Y este huir de las minorías es algo general, de forma que solo quedan barrios con "mayorías", ya que el resto se ha marchado por miedo a la inseguridad (todo esto genera inestabilidad demográfica). Se ha optado por la convivencia, pero separada.

La periferia estaría conformada por las zonas suburbanas castigadas, las rurales, las residenciales pero poco dinámicas, las ciudades medias, las ciudades grandes desindustrializadas (y que acogen a la antigua clase media y modesta y que desde hace 20 años es la base del voto populista) mientras que la zona dominante incluye las metrópolis y las zonas turísticas privilegiadas gracias a la burguesía metropolitana.

Frente al populismo, las clases dominantes califican a sus votantes de irracionales, marginales, minoría de deplorables (los hillbillis), obreros o analfabetos funcionales. El autor cree que el terremoto populista de quienes votaron al Brexit, a Le Pen o Trump son algo más que "resentidos" de la vieja clase obrera desindustrializada. No son marginales, sino la sociedad entera del American Way of Life que reacciona ante otro modelo que está finiquitando la clase media occidental. El autor menciona a Marcek Gauchet como el primero que, en los años 80, acuñó el concepto de "fractura social" justo cuando comienza a despegar Le Pen. Guillouy dice que la clave populista consiste en combinar una doble inseguridad: la social (los efectos del modelo económico) y la cultural (la aparición de la sociedad multicultural). Recuerda que las clases populares siempre estarán ahí (el obrero que hace la carretera) y que estas siempre defienden la comunidad y el bien común porque es la garantía de protección que tienen frente a la adversidad.

En este sentido, ya no hay derechas e izquierdas, sino ganadores o protegidos de la globalización contra los perdedores o debilitados, los nómadas contra los sedentarios, las nuevas clases altas contra las nuevas clases populares, los de un sitio contra los de ninguno.

El modo de reaccionar de las clases altas contra el populismo es el miedo y la llamada al "guerracivilismo", una pose de estar al borde de la conflagración nacional aunque solo pretende ahuyentar a los posibles votantes moderados de la tentación populista o antisistema. Y lo cierto es que las clases populares rehuyen el conflicto y prefieren la paz porque saben que los perdedores de cualquier guerra son siempre los humildes, por lo que su estrategia es reducir los territorios de contacto entre otras etnias. El autor añade que la inmigración nunca fue un tema tabú, ni para la izquierda, cuando, hace unas décadas, estudiaba sin complejos el desafío demográfico y el número de inmigrantes que había que acoger. Dice que mientras la población reclama una regulación de la inmigración, las élites hacen oídos sordos (pues apuesta por la desaparición de las identidades y el multiculturalismo). El autor añade que el destino de los nuevos inmigrantes no es integrarse sino amontonarse en barrios donde ya ya hay más inmigrantes y altas cifras de desempleo pero es igual porque los hijos de la alta burguesía (que apuesta por la eliminación cultural) no irán a esos colegios de los suburbios.

Las zonas afectadas por el populismo son el Rust Belt (cinturón de óxido) americano, el Yorkshire británico (zona de York), las cuencas industriales de Alemania del Este y el rural francés, entre otros. Cada vez se agranda la grieta entre las metrópolis y las ciudades de más de 500.000 habitantes se enriquecen cada vez más y atraen empleo (y suben los precios) y la periferia donde no para de reducirse el empleo (y bajan los precios). El problema no solo es la creciente desigualdad sino que los más modestos queden atrapados en la periferia para siempre. Y ocurre otro fenómeno: las grandes ciudades están empezando a dar señas de agotamiento y perder población (que huyen de los precios; las "deseconomías de escala") mientras se repuebla la periferia.

El autor concluye que el actual modelo ha fallado en lo esencial: en crear sociedad. Ante esta "regresión social", el mundo de arriba está sin referentes sociales ni culturales, atrapado en un callejón (es una clase egoísta y asocial) y tendrá que aprender a convivir con los de abajo.













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