miércoles, 12 de junio de 2019

"Los límites del crecimiento", de Dennis L. Meadows / Club de Roma (1972)

Resumen del libro "Los límites del crecimiento", de Dennis L. Meadows / Club de Roma (1972)


Resumen original y actualizado del libro en el siguiente link:
https://evpitasociologia.blogspot.com/2019/06/los-limites-del-crecimiento-de-dennis-l.html

Resumen elaborado por E.V.Pita, doctor en Comunicación y licenciado en Sociología y Derecho

Sociología, ecología, crecimiento económico, medio ambiente, desarrollo sostenible,

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Ficha técnica

Título: "Los límites del crecimiento"

Autor (dirección): Dennis L. Meadows y colaboradores del MIT (Club de Roma)

Lista de participantes: Dennis L. Meadows (director), Alison A, Anderson (contaminación), Jay M. Anderson (contaminación), Ilyas Bayar (agricultura), William W, Behrens III (recursos), Farhad Hakimzadeh (población), Steffen Harbordt (tendencias sociopolíticas), Judith A. Machen (administración), Donella H. Meadows (población), Peter Milling (capital), Nirmala S. Murthy (población), Roger F. Naill (recursos), Jorgen Randers (contaminación), Stephen Shantzis (agricultura), John A. Seeger (administración), Marilyn Williams (documentación) y Erich K. O. Zahn (agricultura).

Título en inglés: "The Limits to Growth"

Publicado en 1972

Edición en español: Fondo de Cultura Económica, México (1972-1982)

Páginas: 253

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Texto de la contraportada

Un grupo de intelectuales y hombres de empresa y de ciencia de Europa y Norteamérica, a los que se han agregado estudiosos de Asia, África y América Latina, resolvió en 1968 emprender con los métodos que la cibernética y las ciencias sociales son capaces de usar hoy en día, un examen a fondo de las interrelaciones entre crecimiento de la población, desarrollo industrial y agrícola, utilización de los recursos naturales y contaminación del medio ambiente en una perspectiva de largo plazo hasta por lo menos mediados del siglo XXI. Tras una labor de más de tres años, con base en la mejor información disponible, el grupo técnico elaboró los modelos que son objeto del presente estudio, cuya versión original ha suscitado ya, en el mundo entero, apasionadas polémicas.

Los modelos muestran diversas alternativas de las que se desprende que de seguir las tendencias actuales, se excederá la capacidad del planeta para sostener una población siempre creciente. Lejos de tener ninguna intención alarmista, los análisis efectuados pretenden llamar la atención sobre las consecuencias de distintas posibles situaciones reales, con objeto de que los responsables de la conducción de la Humanidad puedan prever las medidas y las políticas que serían oportunas para que no se llegue a una situación catastrófica.

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ÍNDICE

Prólogo a la edición en español: "Allende el año 2000"

Presentación

La condición humana

La problemática mundial: síntomas y enfermedad

El proyecto del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT)

Introducción

Perspectivas humanas

Problemas y modelos

1. Naturaleza del crecimiento exponencial

La matemáticas del crecimiento exponencial

Modelos y crecimiento exponencial

Crecimiento de la población mundial

Crecimiento económico mundial

2. Los límites del crecimiento exponencial

Alimentos

Recursos no renovables

La contaminación

El crecimiento exponencial de la contaminación

Límites superiores desconocidos

Rezagos naturales en los procesos ecológicos

Distribución global de los contaminantes

Los límites de la contaminación

Un mundo finito

3. El crecimiento en el sistema mundial

Objetivos del modelo mundial

La estructura del circuito de retroalimentación

Hipótesis cuantitativas

Uso de recursos "per cápita"

La utilidad del modelo mundial

4. La técnica y los límites del crecimiento

La tecnología en el modelo mundial

La tecnología en el mundo real

5. El estado de equilibrio global

Frenos deliberados en el crecimiento

El estado de equilibrio

El crecimiento en el estado de equilibrio

La igualdad en el estado de equilibrio

Comentario

Apéndice: "Estudios relacionados con el actual"

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RESUMEN

Comentarios iniciales:  "Los límites del crecimiento" es una obra clásica que se publicó como informe en 1972 por el Club de Roma. Fue uno de los primeros en alertar de que era una mala idea pensar en un crecimiento exponencial en un planeta con recursos limitados. Una de las pruebas era que el petróleo se iba a agotar y, casualmente, en 1973 estalló una crisis energética sin precedentes. Casi 50 años después, las advertencias del Club de Roma siguen vigentes, en un planeta sobrecalentado. En 1972, la población mundial era de 3.500 millones de personas; ahora son el doble y en el 2050 se espera llegar a los 10.000 millones.

Los autores advierten de que uno de los mitos más generalizados en la sociedad actual es la promesa de que el mantenimiento de los patrones prevalecientes de crecimiento llevará a la igualdad entre los hombres. En realidad, el crecimiento de población y capital ensanchan la "brecha" que existe entre ricos y pobres en el mundo y dicho patrón lleva a un "colapso desastroso". Añaden que el mayor impedimento para una distribución más igualitaria de los recursos mundiales es el crecimiento demográfico (según aumenta la población, la distribución es más inequitativa). La solución que proponen es dirigir el mundo a un crecimiento estacional (estable, con población y capital estables). Calculan una población estabilizada en 8.200 millones si se pusieran en marcha ya el control de natalidad en 1972 y el reemplazo familiar fuese efectivo en el 2000.

"No emprender ninguna acción para resolver estos problemas equivale a emprender una acción poderosa. Cada día que transcurre de crecimiento exponencial sostenido va acercándose el sistema mundial a sus límites últimos de crecimiento. La decisión de no hacer nada aumenta el riesgo de colapso. No podemos decir con certeza cuánto tiempo puede la Humanidad aplazar el inicio de controles deliberados de su crecimiento, antes de que pierda la oportunidad de controlarlo. No puede continuar cien años más. Debido a los regazos, si la sociedad global espera a que estos obstáculos se manifiesten claramente, habrá esperado demasiado", indican los autores. Advierten que "la Humanidad podría ahora iniciar una transición controlada y ordenada del crecimiento hacia el equilibrio global".

El libro se plantea esta pregunta: "¿Existen recursos suficientes para que pueda llevarse a cabo el desarrollo económico de los 7.000 millones de habitantes que se prevé que tendrá el mundo en el año 2000, a un nivel de vida razonablemente elevado?". La respuesta es: depende de la manera como las principales sociedades consumidoras de recursos traten algunas decisiones importantes que afrontar. Podían seguir aumentando el consumo de recursos conforme a la tendencia actual. Podrían aprender a recuperar y reciclar materiales desechados. Podrían desarrollar nuevos diseños para aumentar la durabilidad de productos derivados de recursos escasos. Podrían fomentar patrones económicos y sociales que satisficieran las necesidades de una persona, a la vez que minimizaran, en lugar de maximizar, las sustancias irremplazables que esa persona posea y desgaste. "Todas esas posibilidades implican sacrificios que son partícularmente difíciles en este caso porque conllevan la elección entre beneficios presentes y futuros", dice. Una de las soluciones es subir el precio de los recursos para hacerlos "antieconómicos" pero el aumento poblacional obligará a que el sistema se vea empujado a sus límites y al agotamiento de los recursos mundiales no renovables.

Según indican, el hombre se enfrenta a toda una gama de problemas que parecen intratables e inasibles: deterioro del medio ambiente, incontrolable expansión urbana, inseguridad de empleo, enajenación de la juventud, rechazo del sistema de valores de nuestra sociedad por parte de una proporción siempre en aumento de la población, inflación. Se trata de problemas que surgen en países en desarrollo, son complejos y actúan vigorosamente entre sí de una manera que aún nos resulta incomprensible. 

Dicen que el predicamento de la Humanidad es que somos capaces de percibir los síntomas individuales del profundo malestar de la sociedad; sin embargo, no podemos entender el significado y la interrelación de sus innumerables componentes y diagnosticar sus causas básicas, y por lo mismo, somos incapaces de planear respuestas adecuadas al caso. Dicen que hay que, ante la perspectiva cortoplacista, hay que introducir cambios profundos para rectificar la situación mundial antes de que sea demasiado tarde.

Advierten que 

1) Si se mantienen las tendecias de 1972 de crecimiento de la población mundial, industrialización, contaminación ambiental, producción de alimentos y agotamiento de los recursos, este planeta alcanzará los límites de su crecimiento en el curso de los próximos cien años. El resultado más probable sería un súbito e incontrolable descenso de la población y de la capacidad industrial.

2) Es posible alterar estas tendencias de crecimiento y establecer una condición de estabilidad ecológica y económica que pueda mantenerse durante largo tiempo. El estado de equilibrio global puede diseñarse de manera que cada ser humano pueda satisfacer sus necesidades materiales básicas y gozar de igualdad de oportunidades para desarrollar su potencial particular.

3) Si los seres humanos deciden empeñar sus esfuerzos en el logro del segundo resultado en vez del primero, cuanto más pronto empiecen a trabajar en ese sentido, mayores serán las probabilidades de éxito.


En primer lugar, el grupo aborda el concepto de "perspectivas humanas". Señalan que estas varían en tiempo y en espacio y todo interés humano se localiza en algún punto de la gráfica tiempo-espacio. Afirman que la mayoría de población del mundo se preocupa por cuestiones que afectan únicamente a su familia o a sus amigos en un período corto de tiempo. Otros ven más allá y en un área más amplia (una ciudad o un país). Muy pocos tienen una perspectiva global que se proyecte a un futuro muy lejano. Por ejemplo, la preocupación la próxima semana por la familia es enorme, lo mismo que los amigos, pero menos intensa para el país o mundo. El próximo año, esta preocupación continúa para la familia y amigos, pero se va diluyendo para un período de vida del sujeto o la vida de sus hijos.

Otro dato del que alertan es que el consumo de fertilizantes crece exponencialmente con un tiempo de duplicación de casi diez años. Su uso en 1972 era cinco veces mayor que en 1945.

Respecto a la población, el informe calculaba que la población urbana total aumente exponencialmente en las regiones menos desarrolladas del mundo y casi linealmente en las desarrolladas. En las menos desarrolladas, la población se duplica cada 15 años. Se esperaba pasar de 400 millones a 2.000 millones de habitantes urbanos en el Tercer Mundo y de 500 a 1.200 millones en las ciudades de las regiones más desarrolladas.

Respecto al ahorro, explican la diferencia entre crecimiento exponencial y lineal con el ejemplo de 10.000 dólares guardados bajo el colchón. En la versión mexicana, si una persona guarda diez pesos bajo su colchón, sus ahorros crecerán linealmente. Si después de diez años, invierte sus 100 pesos a una tasa de interés del 7 %, esos 100 pesos crecerán exponencialmente, con un tiempo de duplicación de diez años. Mediante estas explicaciones. pretendían concienciar a la gente de que un problema es mucho más problemático si crece de forma exponencial que lineal, en referencia al agotamiento de recursos y al crecimiento de la población.

Exponen que desde 1650 la población mundial ha crecido exponencialmente a una tasa de crecimiento que va en aumento. La población de 1970 ya superaba las previsiones de 1958 (a una tasa de incremento del 2,1 %, se duplicaría en 33 años). Y dieron en la diana porque su proyección estimaba 6.000 millones de habitantes en el 2000 (y, efectivamente, se alcanzaron ese año los 6.228 millones). Lo explican diciendo que mientras aumenta el promedio de fecundidad (proporción de la población que da a luz anualmente), disminuye el promedio de mortalidad (la proporción de la población que muere anualmente).

También tienen en cuenta la producción industrial mundial desde 1963. Ve un claro aumento exponencial a pesar de pequeñas fluctuaciones. Si la tasa media de producción total está creciendo al 7 %, la tasa por habitante es del 5 % anual. El resultado es que en 1970 ya había subido a 150 %.
Además, ven que está aumentando la inversión (nuevo capital añadido anualmente) mientras que disminuye la depreciación (capital desechado anualmente).

Aplicando esta tasa de crecimiento económico (PNB) a diversos países (Estados Unidos, Suecia, Reino Unido, Japón, Argentina, Ghana e India), observan que las tasas de crecimiento exponencial están ampliando la brecha económica que existe entre los países ricos y los pobres. USA pasó de 250 dólares per cápita en 1750 a 3.500 en 1970 mientras que India pasó de 30 dólares en 1850 a 100 en 1970. 
Lo que descubren es que el aumento de la población no se corresponde con el de la producción: Mientras la población de China crecía en 1970 un 1,5 % su PNB crecía solo un 0,3. Caso igual de dramático era el de India. donde el crecimiento poblacional era del 2,5 % y el PNB solo del 1%. Por contra, Estados Unidos crecía un 1,4 % y la tasa del PNB se disparaba un 3,4 % (con lo cual, había más riqueza a repartir), un caso muy parecido al de Alemania. Especialmente afortunado era Japón: aumentaba un 1% su población pero un 9,9 % su PNB (tocaba más a repartir).

Uno de los fallos predictivos del Club de Roma fue la extrapolación del PNB al 2000 (lo situaban al valor del dólar en 1968 pero no contaban con la gran inflación de 1973-1982). A China le calculaban 100 dólares per cápita y en el 2000 resultó tener entre 930 y 2.340.

Respecto a la alimentación, indicaron que América del Norte y Europa Occidental excedían el máximo de proteínas (sobre todo las animales) y calorías necesarias para satisfacer la vida diaria mientras que África Central, Pakistán, India y África, no llegaban a lo necesario. "Existe desigualdad en la distribución no solo entre regiones sino dentro de las mismas regiones", indicaba.

Otro dato que detectaron es que la tasa de crecimiento de la producción total de alimentos en las regiones no industrializadas del mundo es casi la misma que la de la población, de lo que se deduce que el bajo nivel de la producción de alimentos "per cápita" ha permanecido casi constante. En las gráficas se ve cómo aumenta la producción en África, Medio Oriente, Lejano Oriente y América Latina pero a cada habitante le sigue correspondiendo la misma cantidad de alimento a causa del aumento poblacional.

Los expertos también abordan la tierra cultivable. Señalan que el total de tierra cultivable que existe en el mundo es de unas 3.200 millones de hectáreas. La productividad de 1970 exigía 0,4 hectáreas de tierra cultivable por persona. Suponiendo que la población sostuviese su tasa de crecimiento, la tierra disponible se agotaría en el 2000 (si no se mejorase la productividad), se acabaría en el 2045 si se duplicase la productividad y en el 2070 si de cuadriplicase. Pero en todo caso, alertan, la tierra cultivable disponible disminuye porque a medida que la población crece se utiliza con fines urbano-industriales. Con este factor correctivo, la tierra para alimentos se agotaría en el 2000 (de no haber mejoras productivas), 2025 (si se duplicase la productividad) y 2050 (si se cuadriplicase). Los expertos ven demasiado suerte ir superando estos sucesivos "puntos críticos", pues cada vez será más costoso hacerlo.

Luego, pasan a examinar (mediante una simulación informática) las reservas de recursos naturales no renovables. Por ejemplo, el cromo se agotarían en una situación normal en 420 pero si su uso aumenta en un 2,6 %, se terminarán en 95 años. Aunque las reservas se quintuplicasen, solo quedaría para 154 años. Y aunque se pudiese reciclar, no quedará más que para 235 años. A medida que crecen los costos, se frena su uso y el material se reemplaza por otro. Incluso si un hallazgo duplicase las reservas, estas se agotarían muy rápido y el período de duración del recurso solo se prolongaría 20 pírricos años.

De ahí concluyen que "dadas las actuales tasas de consumo de los recursos y el aumento proyectado de las tasas, la gran mayoría de los recursos no renovables hoy importantes tendrán costos extremadamente elevados dentro de cien años".

Al carbón le dan 2.300 años (posible cifra errónea) de duración estática, al petróleo 31 años, al aluminio 100, al cobre 36, al hierro 240, el gas natural 38 y al oro 11. Si se quintuplicasen las reservas, el petróleo duraría 50 años y el gas natural 49.

Por otra parte, estudian la contaminación, de la que culpan directamente al ser humano de su aumento exponencial. En primer lugar, analizan el consumo de energía y PNB per cápita. Ven una importante correlación (al trazar la recta de regresión) entre el consumo de energía y lo que produce cada persona en cada país. Aunque EE.UU. consume el equivalente a 10.000 kilos de carbón por persona y un país pobre, menos de 1.000, se ve una clara línea de correlación. Las diferencias y dispersiones que pueda haber se explican por el clima, precios locales de los combustibles o la incidencia de la industria pesada.

Otra de las alerta que lanza (y que se reveló acertada) es la concentración de dióxido de carbono en la atmósfera que sigue una línea exponencial desde 1860 y crece 1,5 partes por millón (ppm) al año. Calcularon 380 ppm para el año 2000 (actualmente es de 387; la tasa en el 2000 fue de 2 ppm, invariable desde 1998).

También alertaron de que el desecho térmico liberado sobre la cuenca de Los Ángeles (EE.UU.) estaba afectando ya al clima local.

Del mismo modo, alertaban del aumento de los residuos nucleares a la vez que subía la capacidad de generación nuclear (calcularon que se multiplicaría por 90 en 30 años).

La contaminación por desechos industriales y agrícolas también afectó a la concentración de sal en los lagos (como el de Ontario), lo que generó cambios químicos y un sospechoso descenso agudo y en picado de la pesca de trucas, gobios, sollos, arenques y otras especies. 

Además, analizan la acumulación de desechos orgánicos en el Mar Báltico, donde la circulación del agua es mínima, y se detectó la caída constante de concentración de oxígeno en el agua. En algunas zonas es cero, y no puede albergar vida.

Otro factor es el consumo de mercurio, que se usa para producir sosa cáustica y cloro, elementos que luego son liberados a la atmósfera crecientemente.

Y en Groenlandia, aumentan los depósitos de plomo en las capas profundas de la nieve. Delata la contaminación que emana de los tubos de escape de los coches.

Además, le siguen la huella del DDT (insecticida actualmente prohibido) en el medio ambiente. Aunque fue prohibido, los peces lo mantuvieron 11 años más (al ser parte de la cadena trófica, el DDT de los peces también llega al hombre y los pájaros) y hasta 1995 no desapareció.


SEGUNDA PARTE 

MODELOS Y SIMULACIONES INFORMÁTICAS

En la segunda parte del libro, analizan los posibles escenarios entre recursos del planeta y población.

Por ejemplo, sitúan varios escenarios posibles. En uno, la población aumenta hasta alcanzar la capacidad de sostenimiento y luego se mantiene estable a lo largo del tiempo. En otro modelo, la población sobrepasa la capacidad de sostenimiento y desciende levemente. En otro, la población sube y baja en función de si sobrepasa o no la capacidad de sostenimiento. Y en otro, los recursos se desploman rápidamente por el aumento descontrolado de la población y el número de habitantes se hunde en picado hasta alcanzar un nuevo equilibrio.

Relacionan el nivel de nutrición (en calorías vegetales) con la esperanza de vida para los hombres (comiendo miserablemente de 2.000 a 4.000 se rondan entre 30 y 50 años; a partir de 10.000, se rondan los 65 o 70 años; un aumento de consumo de alimentos es insignificante).

También  ven una relación entre las tasas de natalidad y el PNB per cápita. A medida que se aumenta el PNB y la riqueza personal, los nacimientos disminuyen. Lo mismo ocurre (es una tendencia comparable) con las familias que desean tener cuatro o más hijos (casi todas quieren tener familias grandes en países muy pobres, casi nadie en los países de renta media y un ascenso en aquellos que viven cómodamente).

Una de las gráficas más espectaculares aborda la evolución de cinco factores (recursos, alimentos, producción industrial, contaminación y población) combinados  dentro de una secuencia de tipo mundial entre 1900 y 2100. Dicen que todo crece exponencialmente hasta que la base de recursos, que disminuye con gran rapidez, lleva forzosamente a una pérdida de velocidad del crecimiento industrial. Hay "rezagos" y la población y la contaminación siguen aumentado algún tiempo después después de alcanzar el punto máximo de industralización. Finalmente, se detiene el crecimiento de la población porque aumenta la mortalidad por falta de alimentos y servicios médicos.

Según dicha simulación, el crecimiento se detiene mucho antes del 2100 (sin contar guerras o epidemias). "Con base a la hipótesis de que el sistema actual no sufrirá ningún cambio de importancia, el crecimiento industrial y el demográfico seguramente se detendrán a más tardar en el transcurso del próximo siglo XXI", dice el libro.

En otra simulación informática, los autores prueban a duplicar las reservas de recursos naturales. El resultado es alarmante porque la contaminación se dispara de modo exponencial. Según dicho modelo informático, la industrialización puede alcanzar un nivel superior que antes puesto que los recursos no se agotan con tanta rapidez. El problema es que la liberación de contaminación satura los mecanismos medioambientales de absorción, la cual se eleva con rapidez y genera un aumento de la tasa de mortalidad y la disminución de la producción de alimentos. Al final, los recursos se agotan a pesar de que había el doble que antes.

Por eso dicen que los recursos ilimitados no son la clave del crecimiento sostenido en el sistema mundial sino que para evitar el colapso hay que frenar la contaminación. 

En una tercera simulación, prueban a poner recursos ilimitados (mediante centrales nucleares) pero ni siquiera reciclando los materiales y duplicando los recursos se puede frenar la contaminación, que al crecer exponencialmente corta abruptamente los alimentos, población y producción.

Otro problema es que reducir la contaminación es muy costoso (hay un coste adicional a medida que se incrementa el volumen de desechos orgánicos a reducir). Esto también vale para la reducción de la contaminación atmósferica en una ciudad (a partir de cierto límite, mejorar un 15 % cuesta cuatro veces más).

Otra simulación aborda un modelo mundial con recursos limitados y el control de la contaminación. La idea es que las nuevas tecnologías reducen la contaminación industrial y agrícola, por lo que la población sigue creciendo hasta el límite máximo de tierra cultivable, momento en (sobre el 2070) que cae la disponibilidad de alimentos y el dinero invierte en la agricultura y lo retira de la industria.

Una nueva simulación prueba a usar recursos ilimitados pero con un control de la contaminación y un incremento de la productividad agrícola (con el doble de rendimiento medio de la tierra). En este caso, la población y la industria aumentan pero acaba generando una crisis de contaminación, que hunde la producción de alimentos y, al poco, la población.

En otro modelo, los recursos son ilimitados, hay un control de la contaminación y la natalidad está regulada perfectamente (control de natalidad voluntario) para evitar el problema de los alimentos. La población sigue creciendo lentamente pero la crisis de alimentos se aplaza solo uno o dos decenios. En cuanto la contaminación alcanza niveles intolerables, se hunde todo, esta vez cerca del 2100.

Otro modelo explora un escenario con recursos ilimitados, control de la contaminación, incremento de la productividad agrícola y regulación perfecta de la natalidad. Hay un reciclaje del 75 % y la contaminación se reduce al 25 %, los rendimientos de la tierra se duplican y se regula la natalidad. Aunque logra temporalmente una población constante con un ingreso mundial medio como EE.UU., todo se viene abajo porque el crecimiento industrial se frena al agotarse los recursos, la contaminación se acumula y bajan los alimentos (se desploman). Esto ocurría sobre 2070. Nuevamente, el resultado es que el fin del crecimiento se prevé para antes del 2100.

Los autores explican que no es difícil entender la manera como se presenta el colapso. En toda la red de circuitos de retroalimentación entrelazados que constituye el sistema mundial, tuvieron que introducir "rezagos" (efectos que salen a posteriori por un retardo: por ejemplo, desde que nace un niño se tardan 15 años en que sea fertil) y que solo son graves cuando hay cambios acelerados (como cuando pisas el freno a gran velocidad en una curva). Debido que actualmente experimentamos grandes cambios a mucha velocidad, los cambios podrían operar a través de los rezagos para retroalimentar cualquier parte del sistema antes de que se introdujese cualquier acción o política. La situación es peor cuando el crecimiento es exponencial (la población y el capital exceden los límites más allá de que el resto del sistema frene el crecimiento y la contaminación puede rebasar el punto crítico de peligro pero solo es detectado unos años después).

Parte 4. Sobre la tecnología

El libro señala que "las esperanzas de los optimistas tecnológicos se centran en la capacidad de la tecnología para desplazar o extender los límites del crecimiento de la población y del capital".

Los autores añaden que "hemos demostrado que en el modelo mundial la aplicación de la tecnología a resolver problemas aparentes de agotamiento de los recursos, contaminación o escasez de alimentos no tiene efecto alguno sobre el problema esencial constituido por el crecimiento exponencial en un sistema finito y complejo". Incluso los modelos más optimistas no impidieron la caída ulterior de la población y la industria y ninguno aplazó el colapso más allá del 2100.

Comentan el éxito de la Revolución Verde genera efectos sociales inesperados para los que no se puede hacer frente en 20 años. Recuerdan que hay problemas sin solución técnica como la carrera armamentística, las tensiones raciales o el desempleo. Un problema sin solución técnica podría poner fin al crecimiento de la población y del capital.

Los autores mencionan la caza de ballenas: si se agotan, también se acaban los balleneros, es preferible aceptar unas tasas de pesca (a medida que se matan las manadas, es más difícil encontrar supervivientes por muy potentes que sean los barcos). Se debaten entre aceptar el límite natural de crecimiento o superarlo con la esperanza de que haya otro salto tecnológico para seguir creciendo.

Recalcan que "nadie puede afirmar que el crecimiento material del planeta pueda continuar indefinidamente. El hombre todavía puede elegir sus límites y detenerse cuando desee, con tal de debilitar algunas de las presiones más fuertes que provocan el crecimiento del capital y la población, o de instituir contrapresiones (no del todo agradables y que implicarán cambios profundos en las estructuras sociales y económicas), o las dos cosas". Una vez superados los límites, las presiones ajenas a la voluntad del hombre frenarán el crecimiento y, según los modelos, estas pueden ser peores que las que la sociedad elija para sí misma.

Recalcan que la tecnología no lo resuelve todo (aunque la gente crea que sí) y que no puede ser la solución última a todos los problemas porque distrae la atención del problema de base (el problema del crecimiento en un sistema finito) e impide que hagamos una acción efectiva para resolverlo.

Parte 5. El estado de equilibrio general

Los autores recalcan que los circuitos positivos de retroalimentación que operan sin freno alguno (la población y el capital industrial) generan el crecimiento exponencial. Estos se contrarrestan con circuitos negativos de retroalimentación (por ejemplo, la natalidad se contrarresta con la mortalidad). Lo que proponen es igualar los nacimientos con las defunciones para hacer un mundo sostenible.

Por eso presentan uno modelo mundial con población estabilizada, en la que se igualan la tasa de natalidad y mortalidad mientras que el capital industrial sigue sin control generando el crecimiento exponencial de productos, alimentos y servicios. El agotamiento de los recursos acaba por originar un colapso súbito del sistema industrial. Eso ocurriría entono al 2030 o 2050, tras alcanzar un "pico" máximo de producción seguido de una caída en picado. Lo único bueno es que la población sigue estable.

En el siguiente modelo, la población y el capital están estabilizados. Se restringe el crecimiento del capital (se iguala la inversión a la depreciación). Ahora el crecimiento de la población se detiene y se estabiliza temporalmente. Sin embargo, la población y el capital son tan elevados que agotan aceleradamente los recursos puesto que no se han adoptado tecnologías para conservarlos. La producción industrial decae ante la falta de recursos y la eficiencia de capital, también al tener que usar más para generar producción utilizable. Este modelo establece un colapso entorno al 2100 pero los efectos ya se notan en el 2060 y es el que más se parece a la situación actual.

Finalmente, proponen un modelo mundial estabilizado (I) en el que los recursos se estiran más allá del 2100. Se aplican unas políticas de regulación del crecimiento (estabilización de la población, reducción del consumo, mayor educación en salud, reducir la contaminación un 75 %, alimentos suficientes para "toda" la población, enriquicimiento del suelo, distribución del capital hacia alimentos, reciclaje y control de la contaminación) y se añaden políticas tecnológicas para producir un estado de equilibrio sostenible en un futuro lejano. En este modelo estacionario, aún se produce el triple que en 1970.

En un segundo modelo estabilidado (II), con un control de la población, y sin tantas restricciones, hay un ligero aumento de todos los factores a medida que lentamente se agotan los recursos.

En otro modelo, si se introducen las políticas de estabilización en el año 2000, la población y el capital industrial alcanzarán niveles tan elevados que generan escasez de alimentos y de recursos aún antes del 2100 (sobre el 2060).

Estos serían los niveles del estado de equilibrio global:

1) Que el tamaño de la planta de capital y de la población sean constantes.

2) Que todas las tasas de insumos y productos (natalidad, mortalidad, inversión y depreciación) se mantengan a un nivel mínimo.

3) Que los niveles de capital y de población y la relación entre ambos se fijen de acuerdo con los valores de la sociedad.

Dicen que ese tipo de equilibrio no significa estancamiento. 

Creen que podría seguir el crecimiento indefinidamente sin degenerar el planeta. La gente podría dedicarse al arte o la música, o los deportes y la religión o la vida social, una vez que se ha generado un excedente de producción y se cubrieron las necesidades de alimento. Pero generalmente cuando hay un aumento de ocio (en el mundo real, eso no se traduce en la reducción de la jornada a la mitad para todos, sino el despido para la mitad, como dijo Russell. Las horas, efectivamente, son las mismas)

Entre los descubrimientos clave para mantener una sociedad de estado estable:

- Nuevos métodos de recolección de desechos (reciclaje) para reducir las tasas de agotamiento de recursos y minimizar la tasa de depreciación del capital

-  control de la energía solar (libre de contaminación)

- control natural de las plagas (por interrelación ecológica)

- avances médicos que reduzcan la mortalidad

- anticonceptivos (para igualar la natalidad a la mortalidad)










lunes, 10 de junio de 2019

"No Society", de Christophe Guillouy (2018)

Resumen del libro "No society", de Christophe Guillouy (2018)

Resumen original y actualizado en el siguiente link:
https://evpitasociologia.blogspot.com/2019/06/no-society-de-christophe-guillouy-2018.html

Resumen elaborado por E.V.Pita, doctor en Comunicación y licenciado en Sociología y Derecho

Sociología, clases sociales, estratificación social, desigualdad

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Ficha técnica:

Título: "No Society"

Subtítulo: El fin de la clase media occidental

Título original en francés: "No Society"

Publicado en 2018 (Francia)

Edición en español: Barcelona, 2019, Penguin Random House Grupo Editorial SAU

Número de páginas: 218

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Biografía oficial del autor Christophe Guillouy (hasta el 2019)

Christophe Guillouy (Montreuil, 1964) es un geógrafo que se alejó del mundo universitario para dedicarse a un trabajo de investigación aplicada. Es autor, entre otros, de L'Atlas des nouvelles fractures sociales en France (2004) y La France périphérique (2015), considerados libros de referencia. No Society es su primer libro dedicado a estudiar tendencias mundiales

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Texto de la contraportada

"El polémico ensayo que ha irrumpido con fuerza en el debate internacional.

"There is no society", dijo Margaret Thatcher en 1987. El mensaje caló en las clases dominantes occidentales y se ha producido una secesión entre la gente de arriba -que, abandonando el bien común, sumerge los países occidentales en el caos - y la más desfavorecida. Como resultado, se descompone la sociedad.

Crisis de la representación política, atomización de los movimientos sociales y gentrificación de las ciudades son algunos de los signos del agotamiento de un modelo que ya no construye sociedades. La ola populista que atraviesa el mundo occidental no es más que la parte visible de un "soft power" ejercido por las clases populares que obligará al mundo de los arriba o bien a unirse al movimiento real de la sociedad o bien a desaparecer.

Hace algunos años Christophe Guilluy acuñó el concepto de "Francia periférica", empleado hoy de manera muy generalizada, e hizo hincapié en el peligro del desprecio por parte del mundo mediático a las clases populares, y en la importancia del descontento de estas. Con este libro amplía su reflexión a un ámbito internacional: el Brexit, la elección de Trump o Bolsonaro y el auge de Vox en España dan cuenta del caracter internacional del fenómeno".

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ÍNDICE

Primera parte

Sobre las ruinas de la clase media, ha emergido el mundo de las periferias

1. Ha emergido el mundo de las periferias

2. El tiempo de la salida de la clase media

3. ¿Quién quiere ser deplorable?

Segunda parte

No Society

1. El repliegue de una burguesía asocial

2. El abandono del bien común

3. El caos tranquilo o la sociedad relativa

Tercera parte

El "soft power" de las clases populares

1. Un heartland popular o la inversión de los conceptos de potencia y poder

2. Ni guerra ni paz: la resistencia a la negación de las culturas

Conclusión: ¡Ayudémoslos a volver a la comunidad nacional!

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RESUMEN

La socióloga Saskia Sassen (Premio Príncipe de Asturias) lanzó en los 90 el concepto de ciudad global. París, Tokio, Londres, Nueva York o Barcelona son nodos cosmopolitas que atraen a las élites. Estos espacios urbanos de éxito están conectados con otras metrópolis que funcionan al margen de su periferia, más pobre y donde quedan atrapados los perdedores de la globalización. En la misma línea, Sergio del Molino destapó la crisis de la España vacía y el hundimiento del rural. Ahora, el geógrafo francés Christophe Guilluy, que acuñó la “Francia periférica”, acaba de publicar “No society”, un ensayo que denuncia cómo París se ha convertido en una ciudad global que agrupa a las élites, las cuales gentrifican el centro urbano y desplazan a los más humildes a la periferia.

 Mientras París y las grandes ciudades concentran el empleo y los negocios con otros nodos internacionales y disfrutan de las ventajas de la "globalización feliz", las provincias se hunden en el paro y pierden población. Guilluy concluye que estas ciudades globales aspiran a la autosuficiencia (una especie de ciudades-estado) y se desligan de la periferia marginada. Si los perdedores de la globalización reaccionan con un voto populista, la élite urbana les tilda de brutos, ignorantes, racistas o fascistas, como ocurrió con los votantes del cinturón de óxido de Trump, del Brexit, la ultraderecha europea o los chalecos amarillos, dice el autor.

Dado que la ciudad global atrae a los ganadores y a la clase dominante (los llamados "bobos", de bohemios y burgueses, en francés), estos la conforman a su gusto, lo que hace de efecto llamada a nuevos ricos. La subida del precio del alquiler en los centros urbanos expulsa a los habitantes humildes (la llamada gentrificación), que se deben acomodar en la periferia, así como a los "ghetos" y los "banlieues" y otros territorios disfuncionales. Los pobres se mudan a los barrios más alejados del centro, que se convierte en un distrito "chic" y bohemio solo asequible para personas de alto poder económico, y que suele coincidir con los mismos afortunados que se han enriquecido con la globalización. El nuevo modelo ya no integra a las clases populares, a los que un presidente francés llamó "desdentados".

Así, el autor sostiene que los de arriba se están separando de los de abajo y advierte que eso es peligroso en el sentido de que la alta burguesía siempre ha necesitado tener a un aliado de otra clase (normalmente, la clase media) como pegamento de cohesión social. Pero ahora, a causa de la precarización y el desempleo ocasionados por la globalización, la clase social se disgrega y diluye o, directamente, se hunde en las clases más bajas. Y esto no afecta a países en desarrollo sino al propio corazón de Occidente, como Francia o Estados Unidos, dice, cuya clase media ve cómo se pierden los valores del American Way of Life (el sueño americano) y su versión europea. Entre los perdedores no están solo los marginales de los suburbios, sino también los obreros, empleados, pequeños asalariados y jubilados modestos. Estas categorías,. antes opuestas, se reúnen poco a poco en una misma oposición, "unidas por el mismo sentimiento de relegación cultural y geográfica".

 Según señala Guillouy, poco a poco se van distinguiendo dos extremos: por un lado, los ultrarricos y triunfadores de la globalización, que se han "bunkerizado" en ciudades gentrificadas, y, por otro, los pobres y perdedores de la mundialización, que se quedan atrapados en la periferia. Este pegamento social constituía antes la sociedad por lo que ahora hay una "no society", el desentendimiento y abandono de los de arriba hacia los de abajo. No solo se sacrificó a la clase obrera, como pretendía Margareth Thatcher en 1978 al decir: "This is no society", sino a la propia sociedad. "Esta ruptura de la relación, aunque fuese conflictiva, entre arriba y abajo y el abandono del bien común, nos hunde en la asociedad", dice el autor.

Entre los factores que contribuye a la "no more society" incluye la crisis de la representación política, la atomización de los movimientos sociales, las burguesías que se encierran en sus fortalezas, las clases populares que se asilvestran y el comunitarismo ("segregacionismo étnico"). Estos son los síntomas del agotamiento de la sociedad. De ahí surge la secesión de los ricos, el hundimiento del Estado del Bienestar, las paranoias y tensiones identitarias. El autor añade que las clases populares reaccionan preservando su capital social y cultural.

El autor explica que los políticos mantienen el mito de la clase media como clase social mayoritaria e integrada que se beneficia de las ventajas del progreso y de un capitalismo en permanente mutación (a pesar de que los investigadores alertan desde hace décadas de la pulverización de la clase media). Según el autor, los políticos, los medios y los académicos transmiten este mensaje tranquilizador. Aquellas minorías excluidas y marginadas se benefician de unas políticas benignas. Pero bajo este mito subyace otra realidad secreta disimulada desde hace décadas: el progresivo alejamiento y desvinculación política y cultural masiva de la mayoría de las clases populares. Aunque las clases dominantes elogian la multiculturalidad, no la sufren porque van a colegios privados y viven en elegantes barrios, dan sermones desde sus cómodas burbujas alejadas de los conflictivos suburbios. Y este huir de las minorías es algo general, de forma que solo quedan barrios con "mayorías", ya que el resto se ha marchado por miedo a la inseguridad (todo esto genera inestabilidad demográfica). Se ha optado por la convivencia, pero separada.

La periferia estaría conformada por las zonas suburbanas castigadas, las rurales, las residenciales pero poco dinámicas, las ciudades medias, las ciudades grandes desindustrializadas (y que acogen a la antigua clase media y modesta y que desde hace 20 años es la base del voto populista) mientras que la zona dominante incluye las metrópolis y las zonas turísticas privilegiadas gracias a la burguesía metropolitana.

Frente al populismo, las clases dominantes califican a sus votantes de irracionales, marginales, minoría de deplorables (los hillbillis), obreros o analfabetos funcionales. El autor cree que el terremoto populista de quienes votaron al Brexit, a Le Pen o Trump son algo más que "resentidos" de la vieja clase obrera desindustrializada. No son marginales, sino la sociedad entera del American Way of Life que reacciona ante otro modelo que está finiquitando la clase media occidental. El autor menciona a Marcek Gauchet como el primero que, en los años 80, acuñó el concepto de "fractura social" justo cuando comienza a despegar Le Pen. Guillouy dice que la clave populista consiste en combinar una doble inseguridad: la social (los efectos del modelo económico) y la cultural (la aparición de la sociedad multicultural). Recuerda que las clases populares siempre estarán ahí (el obrero que hace la carretera) y que estas siempre defienden la comunidad y el bien común porque es la garantía de protección que tienen frente a la adversidad.

En este sentido, ya no hay derechas e izquierdas, sino ganadores o protegidos de la globalización contra los perdedores o debilitados, los nómadas contra los sedentarios, las nuevas clases altas contra las nuevas clases populares, los de un sitio contra los de ninguno.

El modo de reaccionar de las clases altas contra el populismo es el miedo y la llamada al "guerracivilismo", una pose de estar al borde de la conflagración nacional aunque solo pretende ahuyentar a los posibles votantes moderados de la tentación populista o antisistema. Y lo cierto es que las clases populares rehuyen el conflicto y prefieren la paz porque saben que los perdedores de cualquier guerra son siempre los humildes, por lo que su estrategia es reducir los territorios de contacto entre otras etnias. El autor añade que la inmigración nunca fue un tema tabú, ni para la izquierda, cuando, hace unas décadas, estudiaba sin complejos el desafío demográfico y el número de inmigrantes que había que acoger. Dice que mientras la población reclama una regulación de la inmigración, las élites hacen oídos sordos (pues apuesta por la desaparición de las identidades y el multiculturalismo). El autor añade que el destino de los nuevos inmigrantes no es integrarse sino amontonarse en barrios donde ya ya hay más inmigrantes y altas cifras de desempleo pero es igual porque los hijos de la alta burguesía (que apuesta por la eliminación cultural) no irán a esos colegios de los suburbios.

Las zonas afectadas por el populismo son el Rust Belt (cinturón de óxido) americano, el Yorkshire británico (zona de York), las cuencas industriales de Alemania del Este y el rural francés, entre otros. Cada vez se agranda la grieta entre las metrópolis y las ciudades de más de 500.000 habitantes se enriquecen cada vez más y atraen empleo (y suben los precios) y la periferia donde no para de reducirse el empleo (y bajan los precios). El problema no solo es la creciente desigualdad sino que los más modestos queden atrapados en la periferia para siempre. Y ocurre otro fenómeno: las grandes ciudades están empezando a dar señas de agotamiento y perder población (que huyen de los precios; las "deseconomías de escala") mientras se repuebla la periferia.

El autor concluye que el actual modelo ha fallado en lo esencial: en crear sociedad. Ante esta "regresión social", el mundo de arriba está sin referentes sociales ni culturales, atrapado en un callejón (es una clase egoísta y asocial) y tendrá que aprender a convivir con los de abajo.



viernes, 24 de mayo de 2019

"Las consecuencias económicas de la paz", de John M. Keynes (1920)

Resumen del libro "Las consecuencias económicas de la paz", de John M. Keynes (1920)


Resumen original y actualizado en el siguiente link:
https://evpitasociologia.blogspot.com/2019/05/las-consecuencias-economicas-de-la-paz.html

Resumen elaborado por E. V. Pita, doctor en Comunicación, licenciado en Sociología y Derecho

Sociología, economía internacional, historia económica, geopolítica

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Ficha técnica

Título: "As consecuencias económicas da paz"

Título original en inglés: "The Economic Consequences of the Peace"

Fecha de publicación: Nueva York, 1920

Autor: John Maynard Keynes

Publicación en gallego: Universidad de Santiago y Fundación BBVA, 2015,

Número de páginas: 248

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Texto de la contraportada

Traducción

"Al final de la Primera Guerra Mundial, los países vencedores, desigualmente afectados por la devastación bélica, dirigieron reclamaciones indemnizatorias contra Alemania, lo cual no era raro pues la avidez expansionista y belicismo del Reich fue determinante en la provocación del conflicto.

Pero, además de las indemnizaciones, en cantidades valoradas con absoluto exceso, el Tratado de Versalles de 1919 imponía duras limitaciones a la reconstrucción de la economía alemana, arrebatándole yacimientos, recursos, instalaciones productivas, medios de transporte e instrumentos jurídicos y políticos, que elevaban de raíz la reconstrucción del país.

John Maynard Keynes, que formaba parte del grupo de asesores del gobierno británico en las negociaciones de la Conferencia de Paz de París, advirtió a sus representantes gubernamentales de que tan excesivo comportamiento, además de romper el futuro económico de Alemania, tendría graves consecuencias para el futuro de Europa en su conjunto. Las consecuencias económicas de la paz, publicado en el mismo  año de la firma del Tratado de Versalles y que constituyó un clamoroso éxito editorial y pronto publicado a once idiomas, contenía la exposición de sus argumentos al respecto.

No se trata de un ensayo académico de lecciones de economía sino, más bien, de un alegato al sentido común, en el que se mezcla la pasión, la erudición, la crítica, la política y, sobre todo, la economía real. Keynes refleja, con elegancia, dominio de la lengua y dotes para la descripción, su malestar y preocupación sobre las duras y, en algún caso también, ambiguas disposiciones económicas del Tratado, que acabarían, según él, desmantelando la economía de Alemania y, en última instancia, socavando las perspectivas de la paz y la reconciliación.

Cuando el III Reich invade Polonia el 1 de septiembre de 1939, el valor profético de la obra de Keynes adquiere toda su trágica dimensión".

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ÍNDICE

Prólogo por Jaime  García-Lombardero y Viñas.

Las consecuencias económicas de la paz

1. Introducción

2. Europa antes de la guerra

Población

Organización

La psicología de la sociedad

La relación del Viejo Mundo con el Nuevo

3. La conferencia

4. El Tratado

5. Reparaciones

Compromisos adquiridos antes de las negociaciones de la paz

La Conferencia y las condiciones del Tratado

Capacidad de Alemania para pagar

La comisión de reparaciones

Las contrapropuestas alemanas

6. Europa después del Tratado

7. Los remedios

La revisión del Tratado

El arreglo de las deudas entre los aliados

Un préstamo internacional

Las relaciones de Europa Central con Rusia

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RESUMEN

Se cumple este año un siglo de la firma del acuerdo de paz del Tratado de Versalles, que selló mal las tensiones de la Primera Guerra Mundial entre los aliados (Francia, Inglaterra, Bélgica, Estados Unidos e Italia) y Alemania y que sentó las bases para un nuevo enfrentamiento una generación después. El Tratado de Versalles exigía fabulosas indemnizaciones a Alemania por los daños causados en sus ataques a los aliados. Fue una paz a la "cartaginesa", como señala Keynes, en referencia al tratado de paz que impusieron los romanos a los cartagineses para hundirlo comercialmente, lo que desembocó en una nueva guerra púnica.

Comentarios iniciales: La Primera Guerra Mundial supuso una enorme masacre que acabó casi en tablas y desgastó a toda Europa. Alemania, la principal potencia industrial de Europa, tuvo que pedir la paz a los aliados (Inglaterra, Francia, Italia, Benelux y Estados Unidos) a finales de 1918 al verse atrapada en una maniobra ofensiva mal calculada y para replegar a su Ejército al interior para evitar una revolución social (espartaquista) como en Rusia en 1917. El kayser Guillermo II aceptó los catorce puntos del presidente de Estados Unidos para parar la guerra mediante un armisticio e iniciar la ronda de negociaciones.

Keynes recuerda que en la sociedad prebélica de 1913, Europa ya vivía en decadencia mientras que el espíritu capitalista seguía como motor en Estados Unidos. Recuerda que alguien dijo que en Europa sobraban cien millones de bocas a las que alimentar porque la agricultura no daba para todos. Criticaba el sistema social donde el pastel se reparte desigualmente entre las élites, que se llevaban el mayor trozo, y el populacho, cuya población se había multiplicado por encima de los límites de subsistencia ya que mayoritariamente seguía siendo agrícola. A ello se unía la corruptela de los políticos que, tras la guerra y el regreso de la paz seguían con sus prácticas de saqueo, y se afanaban en mantener el status-quo en todos los países. Por tanto, cualquier conferencia de paz o tratado solo iba a seguir manteniendo el status-quo existente.

Francia era las más interesada en hundir económicamente a Alemania porque lo tenía al otro lado de la frontera. Lo ideal para París era convertir a su poderoso vecino industrial en un pintoresco país pastoril lleno de praderas donde pastasen las ovejas. Por eso, el presidente Clemenceau presionó para imponer draconianas condiciones en los tratados que no les parecieron justas a los derrotados. Alemania sufría pérdidas territoriales en la Lorena y Alsacia, Alta Silesia, el estrecho de Danzing en Polonia, parte de Chequia y debía devolver las tierras ganadas a los bolcheviques tras la firma de la paz en Brest-Litotwsky en 1917. También perdía sus colonias en África y el Pacífico. A todo ello se suma, la imposición de cuantiosas indemnizaciones de guerra y la intervención de sus minas de carbón en el Rhur e hierro, que eran la base industrial de Alemania. También perdía su mercado tradicional en Centroeuropa porque su aliado, el Imperio Austrohúngaro, se troceó en diversos países (Austria, Hungría, Rumanía, Bulgaria, Checoslovaquia, Serbia...) y los hundió económicamente conformando un paupérrimo patio trasero. Además, Alemania perdía toda su flota y Ejército y solo quedaba con efectivos suficientes para mantener el control interno del país y evitar una revolución. Las enormes indemnizaciones de guerra, entre ellas al país neutral Bélgica y los pueblos franceses ocupados, hundieron a Alemania, disparó la hiperinflación y generaron protestas que fueron oportunistamente aprovechadas por Hitler y los nazis en la década de 1920.

Desde el punto de vista geopolítico, el mapa europeo posterior a 1918 era un puzzle salteado de estados pequeños e inestables y supuso la desaparición de cuatro imperios: el Reich alemán (que se transformó en la República de Weimar y perdió sus colonias en África, como Namibia, y el Pacífico), el imperio Austrohúngaro de los Habsburgo (dividido en una miríada de pequeños países), el Imperio Otomano (reducido a Anatolia y Constantinopla, y la liberación de Arabia, Egipto, Siria y Palestina, algunos de ellos protectorados británicos, franceses y rusos) y el Imperio Ruso (reconvertido en la URSS y sus repúblicas satélite).

Keynes, economista y diplomático, llegó con la delegación británica a París en 1919. Había grandes expectativas de cerrar un buen acuerdo de la mano del presidente Wilson. Pero Keynes prontó caló a los principales protagonistas:  Wilson parecía ser el alma mater de la paz pero estaba totalmente desorientado y parecía un aldeano retraído y perdido en medio de las intrigas europeas. A su lado, el primer ministro británico Lloyd George tenía puestos los cinco sentidos juzgando carácteres, penetrando en lo que pensaba cada uno o casi sondeando telepáticamente a cada interlocutor. Mientras Wilson paseaba como un ciego por las Conferencias, el presidente francés Clemenceau  y sus astutos consejeros movían hábilmente los hilos para infligir el mayor castigo posible a Alemania y anularla como potencia rival durante las próximas generaciones. Según Keynes, los franceses retorcían el lenguaje para que, a ojos de Wilson, pareciese un tratado justo, moral y correcto pero cada frase llevaba trampa, estaba finamente atado en los detalles y lleno de cláusulas ambiguas para hundir más a Alemania. A efectos prácticos, el tratado concluía con una frase ambigua que venía a decir que la comisión de paz podría exigir nuevas condiciones a mayores de las firmadas, lo que que creaba dudas sobre el propio tratado.

En el caso de Clemenceau, Keynes da de él da una descripción espeluznante. Lo describe de tal forma que a un lector de nuestros días le recordaría a un siniestro oficial de La Estrella de la Muerte (de la saga Star Wars). Keynes se para a describir sus guantes y frías manos, así como su personalidad engreída y soberbia. Clemenceau había vivido la guerra con Prusia de 1873 que derrotó a Napoléon III, le exigió el pago de una cuantiosa indemnización y tenía en la cabeza la revancha. Su obsesión era destruir económicamente a Alemania. Retrataba perfectamente a los militares franceses que enviaban fríamente oleadas de millones de franceses a morir en las trincheras para ganar un kilómetro de tierra. Keynes repara en que Clemenceau es un político profesional que cuenta con asesores que le están trayendo continuamente noticias de todo lo que se mueve en los salones de la Conferencia de Paz. Es un político curtido al que no se le escapa detalle pues tiene oídos en todas partes y un equipo de habilidosos consejeros que se dedican a conspirar y tramar cláusulas ventajosas para Francia, por no decir abusivas.

Otra de las grandes descripciones de Keynes es la del presidente Wilson, el artífice de la paz pero que en París aparece como un pobre predicador presbiteriano al que nadie le hace caso. A todo ello, se suma que Wilson no acudió con consejeros y fue sin preparar un plan de paz por lo que no tenía un guion. Lo dejó todo a la improvisación y la providencia. Por eso, solo se fijaba en las grandes frases del tratado pero no en las consecuencias ocultas que habían introducido los franceses. 

Keynes recoge por ejemplo que los colonos alemanes en África perdían todas sus tierras y tenían que sufragar gastos de mantenimiento. Además, analizó la produccion de carbón de Alemania antes de la guerra y después (120 millones de toneladas y 90 respectivamente). Francia y Bélgica se llevaban parte de la producción de carbón (además de explotar los yacimientos del Ruhr). Según los cálculos de Keynes, Alemania solo podrían producir para consumo interno 60 millones y no era suficiente. Sus aliados, sobre todo Austria, quedarían descolgados y arruinados. Keynes consideraba que Alemania no podría sostener su industria y que las condiciones de los aliados eran abusivas (precisamente, esa era la intención de Francia, de alejar el problema de Alemania durante varias generaciones). 

Para Keynes, las cláusulas del Tratado eran humillantes para una Alemania que tenía atadas las manos para relanzar su industria (justo lo que quería Francia). Acusó a Wilson de ser un pobre ingenuo al que le habían colado, bajo la apariencia de hermosas frases sobre la paz, unas abusivas cláusulas que volverían nuevamente inestable a Europa con una Alemania llena de tensiones. 

La clave de Keynes está en la población: Alemania era un gigante de 60 a 80 millones de habitantes (frente a los 40 o 50 de Francia), por lo que si se presionaba la caldera, podía estallar. Vio la importancia del potencial de crecimiento de la población en Alemania ligado a problemas económicos para generar un gran conflicto.

En la segunda parte del libro, Keynes calcula la indemnización que Alemania tenía que pagar realmente a cada país: aquí se incluyen los daños materiales por bombardeos (edificios, barcos, fábricas y fincas), pensiones a heridos y a viudas de caídos en combate, así como 1.000 millones de libras a entregar antes de 1921. Keynes critica a los políticos británicos porque, en período electoral, pasaron de un mensaje conciliador y solidario a otro donde se prometía a los electores exprimir hasta el último marco disponible a la potencia perdedora. Algunos candidatos exaltados incluso pedían colgar al kayser. Los políticos franceses y británicos aseguraban que Alemania tenía una enorme riqueza y que se la iba a transferir de inmediato a la población de los aliados. Pronto llovería dinero. Keynes dice que esto no era cierto: Alemania no podía hacer más esfuerzos económicos.

Por un lado, el kayser solo tenía 100 millones de libras en oro en su banco central y ya había entregado 50 a Estados Unidos e Inglaterra para comprar alimentos y provisiones. Keynes advirtió que era mala idea que Alemania entregase su oro del banco porque es con lo que respaldaba el marco y podría devaluarlo si no tenía oro con que garantizar su valor (lo que así ocurrió unos años después al desatarse una hiperinflación galopante del marco). Y señala Keynes: si Alemania pierde su comercio con el resto del mundo occidental (salvo con América del Sur), ¿con quién van a comerciar unos con otros? ¿de dónde va a salir el dinero para pagar las indemnizaciones?

Por otro, Alemania tenía sus principales mercados en el sur y este de Europa (los Balcanes, Rumanía, Bulgaria, Turquía) pero estos estarían condenados a la pobreza porque Alemania ni siquiera les podría exportar carbón, que iba destinado a los aliados. No había de dónde sacar más dinero.

En cuanto a los valores en Bolsa de Alemania y otros bonos, no ascendían a más de 100 millones de libras y el resto Alemania ya lo había vendido meses antes de que Estados Unidos se uniese a la guerra.

Keynes calcula que el coste máximo de la indemnización por daños sería de 5.000 millones de libras (500 para Bélgica, 800 para Francia, 500 para Inglaterra en cuanto a inmuebles dañados; a ello se suman otras cantidades por la guerra submarina) y otros 3.000 por pensiones y viudez. Cree que los 8.000 millones de libras es una cifra más que aceptable pero el propio tratado no la fija. Considera que hubiera sido más adecuado establecer una cifra y luego distribuirla justamente entre todos los países dañados y no esperar a que cada perjudicado enviase sus reclamaciones.

Por otra parta, había que descontar los 2.000 barcos que Alemania entregó inmediatamente a Inglaterra como indemnización de guerra.

Sobre la forma de pago de Alemania, tenía que poner 1.000 millones de libras en 1921 y luego ir pagando en función de sus posibilidades entorno a 100 o 160 millones al año. El problema es que los intereses iban generando una bola de nieve de forma que en 1936 ya tendría que estar pagando el doble de lo adeudado. Keynes calcula el pago de la deuda para 50 años. [Nota del lector: la canciller Ángela Merkel pagó la última deuda de la Primera Guerra Mundial en el siglo XXI]

La conclusión de Keynes es que el tratado era tan injusto que Alemania quedaría aplastada por la deuda y que no podría crecer económicamente (justamente lo que pretendían los francesas), por lo que también se dificultaría el abono de indemnizaciones a los aliados. Además, prevé que el hundimiento del valor del marco (al quedarse Alemania sin reservas de oro) arruinaría a todos y al comercio internacional.

En concreto, Keynes calcula que Alemania no podrá pagar más de 2.000 millones de libras de las 8.000 que tendría que abonar.

Keynes también advierte del proceso hiperinflacionario que se está gestando en Europa. Recuerda que el marco vale 8 veces menos que en 1913 en el mercado interior y, 16, en el extranjero. Lo mismo ocurre con otras monedas en Francia e Italia debido a que se pusieron en circulación muchos billetes.

Alemania exporta productos por valor de 504 millones de libras e importa por 538. Con el Tratado, su producción no aumentaría. Sus principales proveedores son el Imperio Británico (98 millones) y Estados Unidos (85) y Rusia (71) mientras que sus mejores clientes son Imperio Británico (91 millones) y Austria-Hungría (55) y Rusia (44).

Por otra parte, Keynes advierte de que los países aliados están endeudados con Estados Unidos (prestó 1.890 millones de libras). Francia le debe 550 a EE.UU y otros 508 al Reino Unido, e Italia 325 y 467. Por su parte, el Reino Unido debe 842 a Estados Unidos (aunque eran préstamos que luego entregaba a los aliados). La idea de Keynes es que EE.UU. condone la deuda a sus aliados o que la cancelen entre ellos para que estos puedan empezar de cero económicamente. Veía injusto que Italia tenga que pagar una deuda de 827 millones mientras que los países perdedores, como Austria o Checoslovaquia, no paguen nada por estar en quiebra. [nota del lector: al final, EE.UU. exigió hasta el último centavo a sus aliados]. La propuesta de Keynes es que EE.UU. les vuelva a conceder créditos a la reconstrucción a estos países.

Otra de las propuestas de Keynes es convertir a Europa en un espacio libre de aduanas y eliminar las fronteras a las mercancías. La razón es que antes había cuatro imperios fronterizos y ahora hay 20 países, lo que estancará la economía, ya que cada nación mirará para su propio interés, por lo que no se fomentará el librecambio. Propone una zona de libre comercio entre Europa central y del Este, Siberia, Turquía, Reino Unido, Egito e India, que haría tanto bien a la prosperidad mundial como la propia Sociedad de Naciones.

 El autor también es partidario de que Alemania asuma la iniciativa comercial con el Este de Europa y Rusia para crear allí un mercado porque, de lo contrario, competirá con el Reino Unido en América. Ve importante que Alemania recupere pronto su producción para pagar su deuda, tener a sus trabajadores bien alimentados para que sean productivos y generar riqueza en los países vecinos, actualmente hundidos en la miseria. De lo contrario, advierte que podría haber guerras civiles y revoluciones.

En cuanto a las relaciones de Rusia con Alemania, Keynes examina la posibilidad de que ambos países creen un bloque militar común. Ve difícil que el gobierno burgués alemán se entienda con Lenin pero cabe otra posibilidad: que la reacción triunfe en Rusia y en Alemania. En concreto, advierte que un gobierno reaccionario en Brandemburgo crearía un poderoso núcleo militar en el corazón de Europa con nuevas aspiraciones imperiales y unas aspiraciones "napoleónicas" que resurgirían cual ave Fénix [nota del lector: dio en el clavo, Hitler encabezó años después ese gobierno reaccionario y militarizado, como previó Keynes]. Recuerda que Alemania aceptó las condiciones del armisticio porque quería conservar íntegro su territorio de 1870.

Respecto a Rusia (controlada por los bolcheviques) descarta el bloqueo económico porque es el gran exportador de cereales para Europa, que necesita alimentos urgentemente.

El libro finaliza con algunas propuestas: reformar el Tratado para hacerlo más benigno y proclive al librecambio para fomentar el comercio internacional entre las naciones, sustituir a la Comisión de Reparaciones por la Sociedad de Nacionales para verificar que los pagos de indemnizaciones se cumplen (aconseja 50 millones al año para dejar que Alemania se recupere).

También se muestra crítico con los actuales gobernantes de los aliados y el dinero que recibirán en préstamos e indemnizaciones: Polonia se lo gastará en ejercer el papel de policía que le encomendó Francia entre sus vecinos, las élites de Rumanía se repartirán el botín, Italia lo gastará en luchas con Yugoslavia... Cree que el único que hará algo productivo con los préstamos será Alemania, que invertirá en su industria y en recuperar su antigua prosperidad material. Por eso, proponía que los aliados le diesen abundantes créditos a Alemania durante cinco o diez años, así como barcos, materias primas y alimentos y le abriesen sus mercados para hacerla la mayor nación industrial del mundo y que así pudiese devolver todas las indemnizaciones de guerra. Otra idea era exigir el pago en oro aprovechando la devaluación de las monedas. Tampoco descarta grandes avances y progresos que eleven el nivel de vida en los siguientes años.

Lo que parece claro, dice Keynes, es que nadie tenía un conocimiento exacto de la capacidad de pago de Alemania durante muchos años pero los políticos "mentían" y decían a sus electores que podía llegar a pagar 10.000 millones de libras.

El párrafo más tétrico de Keynes es uno al final del libro que dice: "Si creemos que todos los aliados son ángeles puros y los enemigos hijos del demonio, si ansiamos año tras año ver a Alemania empobrecida y a sus hijos morir de hambre y enfermedad, rodeada de enemigos, si rechazamos las proposiciones que ayuden a Alemania a recuperar una parte de su antigua prosperidad material y de hallar medios de vida para la población industrial de sus ciudades, si esa es la manera adoptada por las democracias de Europa Occidental y respaldada financieramente por Estados Unidos, entonces ¡que el Cielo nos salve a todos! Si aspiramos deliberadamente al empobrecimiento de Europa central, no dudo en predecir que no ha de tardar la venganza. No habrá nada que pueda retrasar por mucho tiempo la guerra civil, la última, entre las fuerzas de la reacción y las convulsiones desesperadas de la revolución, ante cuyos horrores parecerán insignificantes los de la última guerra alemana y que destruirá, cualquiera que fuese el vencedor, la civilización y el progreso de nuestra generación".

El autor concluye con pesimismo que el Tratado de Versalles no incluye ninguna disposición para lograr la rehabilitación económica de Europa: nada para colocar a los imperios centrales, derrotados, entre los vecinos, nada para darles estabilidad a los nuevos Estados de Europa, nada para levantar a Rusia. Tampoco promovió ninguna forma de solidaridad económica entre los propios aliados. En París no se logró ningún arreglo para restaurar la desorganizada Hacienda de Francia e Italia ni para hacer concordar los sistemas del Viejo y el Nuevo Mundo.

Añade que el Consejo de los Cuatro no prestó atención a estos problemas por estar preocupado por otros: Clemenceau, con ahogar económicamente a su enemigo Alemania; Lloyd George, con hacer algo y llevar para casa algo que durase una semana; el presidente Wilson con no hacer nada que no fuese justo y correcto. A Keynes le parece un "hecho sorprendente" que nadie tratase de la cuestión clave ante sus ojos: una Europa hambrienta y deshecha. Las reparaciones de guerra era su única cuestión económica y la resolvieron como un problema de teología, de política, de táctica electoral, menos resolver el porvenir de los Estados que tenían en sus manos.

 Incluye también una premonición del conde Brockdorff-Rantzau, de la comisión alemana, quien advirtió que Alemania no podría alimentar a toda su población si se les privaba a 15 millones de la navegación (la flota había sido entregada a Inglaterra) y el comercio y auguraba una catástrofe y muertes en masa si retrocedían medio siglo. El Tratado sentenciaría a muerte a millones de alemanes, hombres, mujeres y niños.


lunes, 13 de mayo de 2019

"Miedo. Trump en la Casa Blanca", de Bob Woodward (2018)

Resumen del libro "Miedo. Trump en la Casa Blanca", de Bob Woodward (2018)

Resumen original y actualizado del libro en:

Resumen elaborado por E.V.Pita, doctor en comunicación, licenciado en Derecho y Sociología

Sociología, política, Estados Unidos, populismo

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Ficha técnica

Título: Miedo

Subtítulo:  en la Casa Blanca

Título en inglés: Fear. Trump in the White House

Autor: Bob Woodward

Año de publicación: 2018

Edición en español: Roca Editorial, Barcelona, 2018

Páginas: 454

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Biografía oficial del autor Bob Woodward (hasta 2019)

Bob Woodward es editor adjunto de The Washingtong Post, donde ha estado trabajando durante 47 años. Ha conseguido dos Premios Pulitzer, uno por la cobertura del escándalo Watergate para el Post junto a Carl Berstein, y otro, en 2003, como principal reportero que cubrió los ataques terroristas del 11 de septiembre. Es autor y coautor de 18 libros y todos ellos han llegado a ser best-sellers de no ficción. Doce de ellos han llegado al primer puesto de los más vendidos en Estados Unidos.

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Texto de la solapa

"La historia del presidente Trump desde dentro, como solo Bob Woodward podría contarla. Con ese forma de comunicar tan autoritaria, perfeccionada durante ocho presidencias desde Nixon a Obama, el autor Bob Woodward revela con una minuciosidad sin precedentes la tormentosa vida del presidente Donald Trump dentro de la Casa Blanca, así como los detalles intrínsecos sobre la toma de decisiones en política nacional e internacional.

Miedo es el retrato más íntimo que se haya publicado sobre un presidente en el poder durante su primer año de mandato.

Woodward extrae su información de cientos de horas de entrevistas con fuentes de primera mano, anotaciones de reuniones, diarios personales, archivos y documentos. Lleno de detalles del día a día, diálogos y documentación, Miedo hace un recorrido por las decisiones trascendentales en asuntos de ámbito internacional y nacional, y nos ofrece vívidos detalles de las negociaciones entre los abogados de Trump y Robert Mueller, el fiscal especial en las investigaciones sobre Rusia, exponiendo públicamente por primera vez las discusiones y estrategias que se fueron planteando reunión tras reunión. Revela cómo los altos cargos de la Casa Blanca de Trump tuvieron que organizarse para robar proyectos de decreto del Despacho Oval del presidente para que no creara normativas que pusieran en jaque operaciones de inteligencia cruciales.

"Era, prácticamente, un golpe de Estado administrativo - escribe Woodward-, una crisis nerviosa del poder ejecutivo en el país más poderoso del mundo"

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ÍNDICE

El libro tiene 42 capítulos pero no constan sus títulos

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RESUMEN

El libro arranca cuando el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, en la Casa Blanca, exige a sus subordinados que redacten un borrador para abandonar el acuerdo de protección y comercio de Corea del Sur porque Estados Unidos tiene que pagarlo todo y los asiáticos son protegidos gratis. En un despiste, un ayudante retira el borrador de la mesa y lo destruye. Trump no se da cuenta y se olvida del tema.

El autor se pregunta si los colaboradores de Trump han dado un golpe palaciego con el objetivo de salvar el país de la ruina económica, al retirarse de tratados clave como los acuerdos Nafta (tratado comercial de EE.UU,, Canadá y México), el Tratado de París sobre el Cambio Climático o bien de otros como el de Corea del Sur, la retirada de Afganistán.

El libro arranca con la campaña electoral en la que Trump, a punto de arrojar la toalla decide seguir adelante, después de meter la pata con unos comentarios machistas y vejatorios hacia las mujeres, lo que le costó una bronca de su esposa, la cual lo defendió en público diciendo que ese no era el marido que conocía. Es ahí cuando sus colaboradores ven que él no quiere retractarse jamás porque lo ve como signo de debilidad. Echó la bronca a un ayudante porque se disculpó por él en la televisión: "Te has mostrado débil". Y lo echó del equipo. El estratega Steve Bannon logró la victoria de Trump animándole a seguir y centrándose solo en tres cuestiones: hacer América más grande, el problema de la inmigración y el muro y el regreso de las manufacturas. Sorprendentemente, Trump ganó las elecciones contra Hilary Clinton, algo que él ni se esperaba.

Uno de los personajes clave y que aparece como el más sensato es Cohn, un antiguo directivo de Goldman Sachs. El colaborador le intenta convencer de que la economía de Estados Unidos ha cambiado: donde antes había una sastrería ahora hay un Starbucks, las manufacturas se han ido a países más baratos porque a cambio producen bienes más baratos a los estadounidenses. Al irse las manufacturas, ahora hay más empleos en el sector servicios. Cohn sería un globalista que está en contra del proteccionismo y que intenta convencer al presidente de que retirarse de los tratados internacionales les hará perder comercio.

Otro frente de los colaboradores es Corea del Sur, importante socio comercial y aliado de Estados Unidos. Trump quiere retirarse del tratado comercial porque pierden dinero pero sus generales le convencen de que es necesario que EE.UU. siga en Corea porque sus bases detectaría el envío de misiles continentales desde Corea del Norte a Estados Unidos y podrían destruirlos a tiempo. Estar en Corea del Sur saldría más barato que enviar tres portaaviones a hacer el mismo trabajo. Del mismo modo, Trump argumenta que su amigo el presidente de China le está ayudando a controlar al dictador de Corea del Norte.

Respecto a Afganistán, Trump quiere retirar las tropas porque el Ejército no está ganando dinero allí. Los militares le convencen de que no se puede ir porque parecería que los talibanes han ganado la guerra (un empate técnico, en realidad) y por otra que no pueden permitir que el país se vuelva a convertir en un nido de terrorismo internacional. Trump acepta el argumento de evitar que Afganistán se desestabilice, por lo que manda un aviso a los talibanes para decirles que ni ellos han ganado la guerra ni los americanos tampoco.

En cuanto a Siria, una de las primeras órdenes de Trump fue eliminar al ISIS en Siria. Acusa a Obama de ser demasiado blando, lo que generó 400.000 fallecidos por no haber intervenido antes. Trump bombardea una base siria cuando el presidente sirio ataca con gas letal a unos bebés, según unas fotos que le mostró indignada su hija Melania. Un congresista (Graham) le recomienda a Trump: "Diles que tampoco tolerarás que lancen bombas barril a los niños".

Sobre Oriente Medio, el yerno de Trump lo convenció para organizar una cumbre con el favorito de Arabia Saudí, conocido como MSB, el príncipe heredero del trono. La cumbre se organizó en un tiempo récord y reforzó el papel del delfín. El plan era aislar  más a Irán, potencia rival en la zona. De todos modos, Trump no tiene claro por qué EE.UU. debe estar metido en el avispero de Oriente Medio.

En el libro se refleja la personalidad de Trump, que no da su brazo a torcer y que nunca admite estar equivocado, ni siquiera cuando el ataque racista de Charlotville. El presidente decía que había violencia entre los dos bandos pero sus colaboradores le convencieron para retractarse apelando a la unión del país. Al leer el comunicado, parecía un rehén leyendo a punta de pistola el comunicado.

El autor también menciona la preocupación de Trump por la trama rusa y cómo intentó echar a los fiscales que le estaban investigando. Se obsesionó con el tema y llamó al mejor abogado de la ciudad, que le cobraba un precio de amigo de 100.000 dólares al mes.

Otro aspecto de Trump es su falta de empatía con sus colaboradores. Cuando no lograron aprobar la derogación del Obamacare, despidió sin tapujos al responsable. Pasado un tiempo, lo llamó a ver qué tal le iba como si hubiera pasado nada. El autor supone que Trump no tenía conciencia de haber herido a su ayudante debido a su egoísmo y falta de empatía.

En cuanto al círculo más cercano de Trump, los que han visitado la Casa Blanca definen a cuatro personas (Ivanka Trump, Steve Bannon y otros dos) como depredadores naturales. "Es como meter un tiburón y una foca en un zoo sin paredes, o una serpiente y un ratón", dice. Se trata de asesores que entran y salen del despacho del presidente o se quedan a oír las conversaciones sin que nadie les pueda decir nada. Tras el cambio de personal y la llegada de Kerry, no se cortó esta anomalía.

El autor también se refiere al gatillo fácil de Trump respecto al envío de "tuits", incluso informando de destituciones un minuto después de hablar con el interesado y nombrando a su sucesor sin avisarle. Sus comentarios han causado dolor de cabeza.


(en preparación)





lunes, 6 de mayo de 2019

"El fin de la banca", de Jonathan McMillan (2014)

Resumen del libro "El fin de la banca", de Jonathan McMillan (2014)

Resumen original y actualizado en:
https://evpitasociologia.blogspot.com/2019/04/el-fin-de-la-banca-de-jonathan-mcmillan.html

Resumen elaborado por E.V.Pita, doctor en Comunicación y licenciado en Derecho y Sociología

Sociología, finanzas, capitalismo, riesgo sistémico, sistema financiero, banca

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Ficha técnica

Título: "El fin de la banca"

Subtítulo: El dinero, el crédito y la revolución digital

Título en inglés: "The End of Banking"

Autor: Jonathan McMillan (nombre ficticio)

Fecha de publicación: 2014

Edición en español: Barcelona, 2018, editorial Penguin Random House Grupo Editorial

Páginas: 315

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Biografía del autor Jonathan McMillan (nombre ficticio)

Jonathan McMillan (nombre ficticio) es un seudónimo detrás del cual hay una extraña pareja. Uno trabaja para un gran banco global. Es un experto en finanzas a quien nada le gusta tanto como bucear entre balances, diagramas de flujo y datos de transacciones. En el desempeño de sus cargos ha obtenido información de primera mano sobre el funcionamiento de los centros financieros de Londres y Nueva York. El fin de la banca se publica bajo un seudónimo para proteger su identidad.

El otro autor es Jürg Müller, que optó por una trayectoria académica. Tiene un M.Phil. en Economía por la Universidad de Cambridge y es doctor en Económicas por la Escuela Politécnica Federal de Zúrich. Su investigación ha abarcado el impacto de la regulación bancaria sobre la estabilidad macroeconómica y el bienestar. Actualmente es redactor de Economía en el Neue Zürcher Zeitung.

Se conocieron en la universidad, pero perdieron contacto al tomar distintos caminos. En 2011, volvieron a encontrarse en un pub londinense. Decepcionados ante el modo en que sus pares, desde la banca y el mundo académico, habían lidiado con la crisis, se decidieron a emprender juntos este libro, en el que comparten sus puntos de vista, complementarios, sobre el funcionamiento de la banca.

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Texto de la contraportada

"Hay vida más allá de los bancos.
En este revelador libro, Jonathan McMillan sortea la complejidad de las finanzas modernas para explicar cómo la banca ha estado a punto de acabar con nuestro sistema financiero. La banca ya no funciona, y la revolución digital es el elemento que permitirá dejarla atrás. Basándose en una profunda investigación y con un enfoque riguroso pero accesible, proporciona una alternativa a la banca innovadora y realista.

Jonathan McMillan, seudónimo de dos autores que conocen de primera mano los vericuetos de la banca, protagonizó un impresionante fenómeno de autopublicación y tienen el don de volver abordable y divertida la complejidad de los mecanismos financieros. El fin de la banca identifica la raíz de los problemas actuales y presenta un plan de acción valiente, original y adaptado al futuro".

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ÍNDICE

Primera parte. La banca en la era industrial

1. La necesidad de la banca

2. La mecánica de la banca tradicional

3. Los problemas de la banca

Segunda parte. La banca en la era digital

4. La actividad bancaria no es solo asunto de los bancos

5. La mecánica de la banca en la sombra

6. La crisis financiera de 2007-2008

7. El sistema financiero después de 2008

Tercera parte. Un sistema financiero para la era digital

8. La banca ha dejado de ser necesaria

9. Una contabilidad para el futuro: acabemos con la banca

10. El papel del sector público

11. Un panorama general

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RESUMEN

Comentarios iniciales: El libro estudia las tres fases de la banca: la banca tradicional de la era industrial, la desrregulada que conllevó la "banca en la sombra" o "banca paralela" mediante la creación de dinero con el crédito interno y que desembocó en la crisis del 2008, y finalmente, la banca digital.

La banca tradicional consiste en prestar dinero y guardarlo a salvo. La banca facilitó la creación de préstamos para el desarrollo industrial (que necesitaba una intensidad de capital cada vez mayor). El defecto de esta banca tradicional es que en un momento de crisis surge el pánico bancario y generan grandes recesiones como la de 1907 y 1929. Finalmente, el Estado estableció un marco regulador y establecía garantías para evitar pánicos y se establecieron requisitos de capital.

En la era digital, la banca se descontroló. El crédito fue registrado electrónicamente a partir de la década de 1970 y los bancos encontraron maneras de eludir las normas reguladoras. Se crearon fondos mutuos de inversión del mercado monetario (money market mutual fund, MMMF) que hicieron operaciones bancarias mediante una compleja red de balances lejos de la vigilancia de los reguladores. Esta banca no regulada se denomina "banca en la sombra" o "banca parelela" y, según los autores, en cuestión de decenios la banca paralela superó en importancia a la banca tradicional. Esta incapacidad para regular desembocó en la crisis financiera del 2007 y 2008.

Tras la crisis, el Estado rescató a los bancos "demasiado grandes para caer". Sin embargo, las entidades financieras siguen buscando agujeros en la regulación para escapar del control estatal. El autor considera que "en la era digital, la banca se ha descontrolado" y mientras el Estado ofrece garantías la regulación bancaria ya no es eficaz. Cree que la banca es un proyecto público-privado "disfuncional". "Las instituciones bancarias obtienen inmensos beneficios a base de asumir riesgos excesivos cuando las cosas van bien y los Estados absorben las pérdidas cuando llegan los malos tiempos".

En una tercera parte, el autor dice que la banca digital también permite otras salidas de "destrucción creativa" [nota del lector: en referencia al impulso emprendedor e innovador, como lo denominó Schumpeter] respecto al crédito y el dinero. Cita por ejemplo, los préstamos entre particulares (peer-to-peer, P2P), los mercados virtuales y las monedas digitales (que satisfacen la demanda doméstica de liquidez y de préstamos seguros) y proporcionan crédito a largo plazo para proyectos arriesgados. "La banca ya no es necesaria", dice el autor. "La tecnología de la información permite que el sistema financiero sostenga una economía descentralizada y del capital intensivo sin necesidad de recurrir a los bancos. Prescindir de ellos no pone en peligro la comodidad que supone para los particulares y las empresas no financieras administrar sus propios asuntos. En la era digital, la banca no solo se ha descontrolado, sino que ha perdido su razón de existir". dice el autor. Considera que la banca está obsoleta.

A ello se suman otros problemas como la asimetría de la información (la banca está mejor informada que el cliente que le pide un préstamo). Y hay intereses contrapuestos: el prestatario quiere grandes préstamos que venzan a largo plazo mientras que el prestamista prefiere dejar pequeños importes que venzan a corto plazo para arriesgarse lo menos posible. El "milagro de la banca" consiste en crear dinero interno con los depósitos que custodian de sus clientes, a los que también pagan intereses.

El autor insiste en que un Estado que de garantías totales a la banca es demasiado rentable pero caro para la sociedad. Por ello, propone acabar con la banca y liberalizar el préstamo. Las herramientas clave para liberarse de la banca y sostener un sistema de precios funcional serían la cuota de liquidez y la renta incondicional (renta básica). Explica que las funciones del dinero y del crédito (proporcionar un medio de pago instantáneo y uno aplazado) están relacionadas en un sistema bancario y las esferas pública y privada tampoco están separadas; lo que distorsiona los precios y provoca asignaciones erróneas de recursos en la economía real.

El autor insiste en que en un sistema financiero sin banca, las funciones del dinero y del crédito están separadas y corresponden al ámbito público (dinero) y al privado (crédito). Así, el sistema financiero podrá alimentar un sistema de precios funcional y sostener una economía descentralizada y de capital intensivo.

La creación de dinero interno

Una de las piezas clave de la banca es la creación del dinero interno. Por un lado, los prestatarios presta dinero a la banca y obtienen un interés a cambio; por otro, tienen rápido acceso a él. La cuenta corriente parece equivalente al dinero. La esencia de la banca, que funciona con una contabilidad doble (activo y pasivo) es diversificar sus inversiones; reciben el dinero de los impositores y conceden créditos a los prestatarios que cubren con ese dinero depositado. Pero, recalca el autor, también pueden conceder préstamos sin haber recibido antes dinero de ningún impositor pues al conceder un crédito, crean dinero.

El Estado crea al dinero externo y la banca, el dinero interno (y se puede utilizar como instrumento de cambio o como reserva de valor y tiene la misma unidad de cuenta que el dinero externo). El dinero interno son los depósitos, las cuentas bancarias pero con la transformación de activos los bancos pueden ofrecer unos depósitos que tienen el mismo valor que el dinero.

El autor explica este mecanismo con este ejemplo: Un banco abre una cuenta de 80 dólares de dinero externo (el real) con sus propios fondos y lo anota en el activo y como capital en el pasivo. Una clienta pide prestados 60 dólares y el banco expande el balance (en activos, un depósito y una cuenta de 60 euros a nombre de ella). Según el autor, esta es la forma de crear crédito de la nada pues pone dos contratos de crédito en la misma dimensión (un depósito y un préstamo de 60 dólares en las dos columnas del balance). Al pagar una compra, la clienta lo hace con un cheque a otro cliente del mismo banco, de forma que solo se hacen anotaciones sin que realmente circule dinero real. Poco a poco, el banco está transformando un crédito que había creado de la nada en dinero.

 El autor señala que en el actual sistema bancario, el dinero no es externo (el metálico) sino interno (fiduciario), lo que genera graves efectos secundarios (cuando no hay liquidez a causa de un pánico o estampida bancaria /  una crisis crediticia al no poder financiar la misma cantidad de crédito / la deflación o la destrucción de dinero interno). La solución ha sido las garantías del Estado, que a su vez tienen inconvenientes como el "riesgo moral" (asumir grandes riesgos sabiendo que el Estado va a ser el prestamista de última instancia y que va a ir al rescate con dinero público) por lo que los gobiernos tuvieron que hacer una regulación bancaria para evitar que nadie se aprovechase. Entre las regulaciones están los acuerdos de capital de Basilea I (requisitos de capital con ponderación de riesgos y fondos propios que establecen una cuota de capital para evitar la falta de liquidez pero fracasaron porque regulaban a los bancos pero no la actividad bancaria). El problema es que al regulador le cuesta ponderar si un banco tiene más riesgos y debe aportar más capital.

El Estado también puede hacer operaciones de mercado abierto como "reportos" (acuerdos de recompra con los bancos; es similar a un préstamo avalado a corto plazo) y se beneficia con el "señoreaje" (un beneficio de la creación de dinero externo).

La banca en la sombra

La banca en la sombra surgió con la revolución digital, que permitió diseccionar, desmenuzar y redistribuir el crédito en una cadena de balances con un coste mínimo.
El autor define la banca en la sombra como una serie de instituciones y redes financieras distintas pero solo la emplea para hablar de la creación de dinero a partir del crédito fuera del sector bancario tradicional y cuya actividad se ejerce fuera de la vista de los reguladores bancarios. En 1970, la banca en la sombra era inexistente pero en el 2007-2008 ya superaba a la banca tradicional.

La banca en la sombra surgió con los MMMF (dichos entes no eran considerados bancos porque no ofrecían depósitos y se dedicaban a emitir contratos similares a los del depósito (en pasivos) y contratos de crédito de bajo riesgo y vencimiento a corto plazo (en activos). Creaban dinero a partir del crédito sin estar sujetas a regulación. El truco, para eludir al regulador, era que los bancos transferían sus activos a hojas de balance separadas y mantenían el riesgo económico y sin someterse a los requisitos de capital sin jugarse más fondos propios (arbitraje regulatorio del capital).

El autor explica que con la tecnología digital se ha creado un sistema financiero virtual en el que es posible pasar los contratos financieros de una entidad a otra con unos cuantos de golpes de ratón o de pantalla generando dinero líquido.

El autor menciona tres tipos de transformaciones: del importe nocional, del riesgo crediticio (mediante diversificación, estructuración, avales y coberturas de seguro) y del vencimiento (mediante la oferta de liquidez contractual). Usando seis técnicas financieras de la banca (la puesta en común, la diversificación, la estructuración, la presentación de avales, la protección del seguro y la liquidez contractual) cualquier empresa con una hoja de balance puede crear dinero a partir del crédito. La banca en la sombra consiste en ejercer la actividad bancaria en una serie de balances interconectados. Había una serie de pasos en los balances para crear dinero interno.

Uno de los trucos fue la titulación (que combina la puesta en común, la diversificación y la estructuración). Primero, los  bancos crean una sociedad de responsabilidad limitada (entidad de cometido especial ECE), la cual no produce nada, solo es un balance separado que compra una cartera variada de préstamos sin liquidez a la institución patrocinadora. La ECE emite deuda en forma de bonos de titulación de activos (BTA) respaldados por una cartera diversificada de préstamos. Luego, los BTA se dividen en tramos para evitar riesgos por mala calidad y es puntuada con éxito por una agencia de calificación. Luego, el ECE emite otro título de obligación de deuda garantizada (CDO). Los BTA están respaldados por préstamos y las CDO están respaldados por BTA. Las CDO luego pueden volver a titulizarse (CDO2, CDO3...). Poco a poco, se diluye el riesgo del banco real y debe tener una cuota menor de liquidez. Todo esto se usa como aval y los "reportos" (recompras) transforman el riesgo crediticio.
El autor resume todo este proceso así: Los préstamos sin liquidez se titulizan para convertirlos en BTA y en CDO, que pueden emplearse como avales en los reportos. Los préstamos de riesgo a largo plazo se financian con créditos prácticamente sin riesgo y con liquidez contractual. Es casi crear dinero a partir del crédito.

En general, la banca en la sombra funciona como un multiplicador de dinero que depende de la percepción del riesgo crediticio que tengan los participantes en el mercado financiero. Por un lado, hay un colchón de capital necesario para la titulación y en el recorte aplicado por los prestamistas del reporto. Hay una rápida expansión del crédito y del dinero interno. Por otro lado, el círculo virtuoso de creación de dinero puede volverse vicioso pues la banca en la sombra tiene los mismos puntos débiles que la banca tradicional (pánico bancario, lo que pasó con la crisis del 2007-2008).

Las propuestas de un sistema financiero sin banca en la era digital

El autor define un sistema financiero sin actividad bancaria como un sistema financiero sin dinero interno, lo que no implica que un sistema financiero sin instituciones financieras que presten servicios de pago, asesoramiento sobre inversiones y gestión de activos. También debe haber instituciones que procesen las solicitudes de préstamos y ofrezcan a las empresas el acceso a los mercados de capital.

El autor explica cómo evitar la reaparición de la banca, cómo cambiar la política monetaria en un mundo sin dinero interno y cómo afectarán esos cambios a la economía.

Sostiene que la banca ya no es necesaria para emparejar a los prestatarios y los prestamistas a través del préstamo sin intermediarios (desintermediado). Sostiene que en la era digital se pueden emitir créditos por valores muy pequeños (diversificando los riesgos) y además los clientes pueden tener una relación crediticia con muchos acreedores.

 El autor argumenta que las plataformas de préstamos entre particulares P2P (peer-to-peer) demuestran que el préstamo desintermediado permite la puesta en común y la diversificación de riesgos para las personas y las pequeñas empresas. Los particulares pueden repartir sus ahorros en pequeñas cantidades y prestarlos a miles de prestatarios y tanto las pequeñas empresas como las personas pueden reunir dinero de miles de prestamistas. No se puede controlar a todos los prestatarios (lo que excluye el riesgo moral de la asimetría de la información).

Para vigilar la calidad de los solicitantes del crédito, dado que estos son individuos sin capacidad para emitir informes corporativos de una agencia de calificación, se puede usar la puntuación crediticia (que se realiza con antecedentes de pago, datos sobre ingresos) y son más fiables que la sensación basada en relaciones personales (el director del banco).

Otra posibilidad es que Internet coloca a los prestamistas en una posición todavía mejor para evaluar y comparar a los controladores delegados. Algunas plataformas de Internet dan datos sobre el rendimiento expost de los préstamos, los modelos de puntuación de crédito utilizados y los datos empleados para esos modelos. Estas asimetrías de la información se resuelven al igual que las plataformas de viajes donde los clientes puntúan la calidad y el servicio de hoteles, restaurantes o destinos turísticos.
"En la era digital, la actividad bancaria ya no aporta valor añadido en la resolución de las asimetrías de información y de los conflictos de intereses", dice el autor.

Otra ventaja es la liquidez de mercado de bienes y servicios (por ejemplo, ahora es fácil vender rápidamente en Internet un regalo que no gusta porque la red social funciona como un mercado virtual), Lo mismo podría funcionar para los bonos. Y además Internet disminuye la información privilegiada.

Respecto al sistema de pagos, Internet es muy cómodo porque permite hacer anotaciones contables sin dinero físico o a través de las monedas digitales (dinero externo virtual).

Otra figura que sustituye al banco (depósito) es el custodio (por ejemplo, un asesor financiero) que centraliza los pagos e inversiones.

El hecho de que la banca siga dominando el panorama financiero se debe a varios factores. Por ejemplo, está subsidiada y para las instituciones no bancarias es difícil competir. Los gobiernos han planteado alternativas a la banca como la "banca estrecha" (narrow banking), que las reduciría a solo guardar dinero. Otra idea es la banca de uso limitado que revisa las instituciones financieras (funcionan como fondos mútuos). Habría otras restricciones a las prácticas anteriores de la banca y propone instaurar una norma de solvencia sistémica.

Por parte del sector público, este tendría que inyectar dinero de forma incondicional a todos los ciudadanos (en vez de rescatar a los bancos, que tienen acceso privilegiado a los fondos públicos y que luego usan para comprar activos financieros en vez de dedicarlos a la economía real). El concepto de renta incondicional (da igual edad, sexo, empleo o desempleo) se parece a la renta básica garantizada pero es mucho menor y no es fija, solo se emite de forma constante y generalizada para que la gente consuma. A mayores, la política monetaria debería ser independiente del Gobierno para evitar que el dinero se dirija hacia a algún sitio en concreto.

Cree que hay que separar la banca del sector público para que esta no tenga que cargar con sus riesgos y no puede dedicarse a garantizar dinero interno porque así no es creíble la estabilidad de precios. El autor concluye que el riesgo debe asumirlo quienes también disfrutan de los posibles beneficios.

En resumen, el autor propone unos mínimos cambios legales para acabar con la banca, como una norma de solvencia sistémica al derecho de sociedades y ajustar la política monetaria. Dice que esto es más fácil de hacer que desenmarañar el complejo viejo sistema bancario, el cual está descontrolado y lleno de interdependencias financieras. La actual regulación es un desperdicio de recursos, según el autor. "Sí hay una alternativa", dice.