domingo, 27 de enero de 2019

"La era del capitalismo de vigilancia", de Shoshana Zuboff (2019)

Reseña / resumen de "La era del capitalismo de vigilancia", de Shoshana Zuboff (2019)

Link al resumen original y actualizado:

Resumen elaborado por E.V.Pita, doctor en Comunicación y licenciado en Derecho y Sociología

Sociología, capitalismo, redes sociales, big data, Internet, sociedad de la información

Nota: resumen elaborado a partir del extracto publicado por Le Monde Diplomatique (enero 2019, portada y páginas 22 y 23)

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Ficha técnica

Título original en inglés: "The Age of Surveillance Capitalism: The Fight for a Human Future at the New Frontier of Power"

Autora: Shoshana Zuboff

Publicado por Public Affairs, Nueva York, 2019

Traducción al español: Traducción del primer cápitulo en Le Monde Diplomatique (enero 2019, portada y páginas 22 y 23)

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Biografía de la autora Shoshana Zuboff (hasta el 2019)

Shoshana Zuboff es profesora emérita en la Harvard Business School. Autora de "The Age of Surveillance Capitalism"

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Resumen del extracto publicado en Le Monde Diplomatique (español) en enero del 2019

Comentarios iniciales: La autora se suma a la corriente de expertos (Lanier, Morozov y otros) que cuestionan la arquitectura de las redes sociales con sus métodos para extraer datos de los usuarios de forma masiva. Ya no es solo que las grandes tecnológicas de Silicon Valley invadan la esfera privada e intimidad del usuario, o que no les paguen por sus datos ni por los contenidos que crean, sino que además ahora pretenden modificar el comportamiento y la conducta de esos usuarios, en base a esa vigilancia y extracción masiva de datos. La manipulación de los usuarios, ya sea con fines comerciales o políticos, es cuando menos "preocupante" en un sistema democrático de libre competencia de mercado. Recuerda que la historia del capitalismo consiste en captar cosas ajenas a la esfera comercial para convertirlas en mercancía.

[Nota del lector: A mayores, la autora se adentra en un viejo debate entre economistas teóricos: la existencia de un socialismo altamente tecnificado, una economía planificada que extrae y computa datos masivos de los ciudadanos para predecir con exactitud los comportamientos y demanda  de los consumidores de forma que genera la misma información que habrían transmitido los precios en el libre mercado (Hayek)]. 

La tesis de la autora es que la telemática ha inaugurado una nueva era, la del control del comportamiento. Esta nueva economía de la acción y el empuje "reinventa" al usuario a través del poder de los grandes conglomerados (aseguradoras, tecnológicas...) y mediante sus medios de modificar comportamientos. El negocio está en generar certezas lucrativas.

La autora explica que Google mutó en el año 2000 para transformar su publicidad, Internet y la propia naturaleza del capitalismo de la información "en un proyecto de vigilancia formidablemente lucrativo". Dirigía la publicidad digital a personas concretas.  Señala que el capitalismo de la vigilancia (extraer una plusvalía de nuestro comportamiento con fines concebidos por otros) se impuso como "el modelo por defecto" del capitalismo de la información en la Red. 
Añade que la "economía de la vigilancia" se basa en un principio de subordinación y de jerarquía (ya no hay reprocidad entre empresas y usuarios). La autora dice que ya ni siquiera somos el "producto" que vende Google (como se decía antes) sino "los objetos cuya materia se extrae y se inyecta en fábricas de inteligencia artificial de Google que fabrican los productos predictivos vendidos a los verdaderos clientes: las empresas que pagan por competir en los nuevos mercados ligados al comportamiento".
Parafraseando a Polanyi y sus tres clases de mercancía, la autora ve una cuarta clase de mercancía: el fruto de la expropiación de las experiencias humanas reales que renace como "comportamiento" para realizar predicciones (el pronóstico es lo que se compra y vende). Las cadenas de montaje producen "certeza".
Surge así lo que ella denomina "imperativo de extracción" (La primera dimensión sería recopilar todos los datos posibles de cada usuario; hasta cómo duerme o de qué habla por la mañana. La segunda dimensión sería la profundización (explorar nuestras particularidades más íntimas). El resultado es que nuestras casas se encuentran en el "punto de mira" del capitalismo de vigilancia (según la autora).
Shoshana Zuboff señala que la lógica de ganancia es que el método más seguro para predecir el comportamiento sigue siendo la intervención en el origen: "moldear" la conducta. Es lo que bautiza como "economías de acción" (software diseñado para intervenir en situaciones reales sobre personas y cosas reales dándoles un "empujoncito" (leáse al Nobel experto en "empujes"). Son acciones que modifican el comportamiento del usuario en direcciones concretas (el famoso caso de que si no pagas el seguro del coche, se apaga el motor, apagarse la nevera si eres obeso o apagarse la tele si tienes que madrugar). Ellos componen la música y esta los hace bailar.
Dice que el juego virtual Pokemon Go se convirtió en "el laboratorio vivo de modificación de comportamientos que conjugaba fácilmente escala, alcance y acción".
Ve una siniestra paradoja: los nuevos instrumentos internacionales de modificación del comportamiento suponen una nueva "era reaccionaria": el capital es autónomo y los individuos heterónomos (justo lo contrario de una plenitud democrática).

El libro arranca con la historia de un vecino de Nueva Jersey en el verano del 2016 que estaba en su casa cuando timbraron a su puerta unos adolescentes con sendos móviles. Le pedían permiso para capturar un nuevo tipo de "Pokemon Go" que habían visto en su jardín. La autora señala que este juego de "cazar" mascotas virtuales (realidad aumentada) fue uno de los más populares y que ayudó a lograr ciertos intereses comerciales y que los usuarios estaban siendo utilizados por el que denomina "capitalismo de vigilancia", que califica como "una lógica audaz y sin precedentes". 
[nota del lector: aunque la autora no lo cita expresamente, Google estaba cartografiando todo el mundo pero había lugares por los que no pasaban sus coches por ser zonas peatonales, o boscosas: ¿qué tal si los usuarios-peatones se dedicaban a mapear gratis esos lugares intransitables a la caza de Pokemons].

Señala que Pokemon Go (creada por Niantic Labs) fue un gran experimento de "economía de acción" porque recopilaba muchos datos, además de hacer más "frecuentes" unos sitios que otros (allí donde había que poner la publicidad, pagada a coste de visita). O sea, estaban llevando a la gente a unos "sitios precisos" en los que gastar el dinero en el mundo real.

La autora retrocede al año 1999, cuando Google aún carecía de una estrategia para dar dinero a sus inversores. Tras el estallido de la burbuja de las punto.com en el 2000, Google prestó más atención a su departamento de publicidad (AdWorks), que solo tenía siete personas. Empezaron a generar información mediante publicidad selectiva según el perfil del usuario (información que se deducían de sus hábitos de búsqueda, documentos descargados...). Se trataba de determinar los perfiles de los usuarios y utilizarla para difundir anuncios publicitarios y mejorar las predicciones de comportamiento del público o, como dice la autora, de "leer los pensamientos" del cliente.

Los datos de comportamiento pasaron a ser la materia prima esencial para construir un mercado de la publicidad dinámica digital. Esta "plusvalía del comportamiento" (medida en ratio de clics) y beneficio exponencial se basaba en deducir los pensamientos, sentimientos, intenciones e intereses de los individuos sin necesidad de su consentimiento (era una extracción de datos automatizada). Lo denomina "espejo sin azogue" que generó una asimetría de saber y poder.

La técnica de Google para extraer cualquier información útil consistía en evaluar el contenido de una página y ver cómo interactuaban los usuarios. Al servicio se le llamó AdSense en el 2004 y generó decenas de miles de millones de dólares en un lustro.

Según la autora, en los últimos años proliferan los productos destinados a interpretar, seguir, almacenar y comunicar datos de comportamiento (hay termómetros, cepillos de dientes inteligentes y camas inteligentes que recopilan datos biométricos).

Entre las más interesadas en la economía del "empujón" o de inducir al comportamiento gregario, la autora apunta a las aseguradoras para "minimizar los riesgos". El plan es seguir y sancionar el comportamiento del asegurado en tiempo real (lo que se llama "behavioral underwriting" (seguro basado en el comportamiento), e incluso subir las tarifas en tiempo real o bloquear el coche a distancia.

[nota del lector: La tesis del "pequeño empujón" fue defendida en el libro "Un pequeño empujón (Nudge)", de Richard H.  Thaler y Cass R. Sunstein (2008). Se basa en pequeñas acciones para que alguien cambie de conducta "por su bien" (estudie más, adelgace...), razón por la cual, se le critica por paternalista. 
Richard H. Thaler fue premio Nobel de Economía en 2017 y el resumen del libro puede verse en: 
https://evpitasociologia.blogspot.com/2017/12/un-pequeno-empujon-nudge-de-richard-h.html ]


Referencias a Polanyi
La autora  Shoshana Zuboff hace una referencia a "La gran transformación", de Karl Polanyi (1944), el cual describe en su ensayo el advenimiento de una economía de mercado autorreguladora mediante el advenimiento la invención de tres "mercancías ficticias": 1) La vida humana subordinad a las dinámicas de mercado (trabajo que se compra y se vende) 2) la naturaleza que pasa a ser propiedad territorial 3) el intercambio convertido en comercial y resucitado en dinero.


lunes, 21 de enero de 2019

"Crash. Cómo una década de crisis financieras ha cambiado el mundo", de Adam Tooze (2018)

"Crash. Cómo una década de crisis financieras ha cambiado el mundo", de Adam Tooze (2018)

Resumen del libro:
https://evpitasociologia.blogspot.com/2019/01/crash-como-una-decada-de-crisis.html

Resumen elaborado por E.V.Pita, doctor en Comunicación y licenciado en Derecho y Sociología

Sociología, crisis del 2008, crisis financiera, capitalismo, economía internacional

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Ficha técnica

Título: "Crash. Cómo una década de crisis financieras ha cambiado el mundo"

Título original en inglés: Crashed. How a decade of financial crises changed the world.

Autor: Adam Tooze

Fecha de publicación: 2018

Editorial en español: Editorial Planeta, Editorial Crítica, Barcelona, 2018

Número de páginas:  782

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Biografía oficial del autor Adam Tooze (hasta 2018)

Adam Tooze (Londres, 1967) es profesor Barton M. Biggs de Historia y, tras años de docencia en Cambridge, fue nombrado director de los Estudios de Seguridad Internacional de la Universidad de Yale. En 2015 se unió al departamento de Historia de la Universidad de Columbia y le fue otorgado el LA Times Book Award for History por su obra El diluvio. La gran guerra y la reconstrucción del orden mundial (1916-1931) (Crítica, 2016)
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Texto de la contraportada

"La crisis que se inició en Estados Unidos en el 2008 no fue un accidente puntual, sino el inicio de un gran cambio global que se iba a extender a los mercados financieros de Europa, a las fábricas y astilleros de Asia, al Oriente próximo y a América Latina. Sus consecuencias se manifestaron también en el campo de la política, desde el colapso de Grecia al Brexit o la victoria de Donald Trump. Adam Tooze, profesor de la Universidad de  Columbia y autor de El diluvio, nos ofrece en Crash una historia global que no se limita al colapso del 2008, sino que analiza la evolución de una década en que una secuencia de crisis financiera ha transformado nuestro mundo. Este no es tanto un libro sobre el pasado como sobre nuestro presente".

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INDICE

Introducción... La primera crisis de una era global

Parte I. Tormenta inminente

Capítulo 1. La "crisis equivocada"
Capítulo 2.  Las hipotecas subprime
Capítulo 3. Las finanzas en el escenario atlántico
Capítulo 4. La zona euro
Capítulo 5. Un mundo multipolar

Parte II. La crisis mundial

Capítulo 6. "La peor crisis financiera de la historia"
Capítulo 7. Los rescates
Capítulo 8. "Lo más importante": garantizar la liquidez mundial
Capítulo 9. La crisis olvidada de Europa: Europa del Este.
Capítulo 10. El viento del Este: China
Capítulo 11. El G20
Capítulo 12. Estímulos
Capítulo 13. Arreglar Wall Street.

Parte III. La zona euro

Capítulo 14. Grecia 2010: "extend & pretend"
Capítulo 15.  El problema de la deuda
Capítulo 16. El mundo de gravedad cero
Capítulo 17. La espiral destructiva
Capítulo 18. "Whatever it takes"

Parte IV. Las réplicas del terremoto

Capítulo 19. "Estancamiento secular"
Capítulo 20. Temor al "tapering"
Capítulo 21. La crisis de Ucrania
Capítulo 22. #thisisacoup
Capítulo 23. La amenaza populista
Capítulo 24. Trump
Capítulo 25. El mundo que viene

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RESUMEN

Comentarios iniciales: Una de las sorpresas del libro es que dice que Estados Unidos inundó de dólares (hablamos de 2 o 3 billones de dólares) a Europa para que rescatase a sus bancos y se salvase de la crisis del 2008. Es quizás la gran novedad sobre la crisis.

Algunos conceptos:

Proyecto Hamilton: Iniciativa lanzada por Robert Rubin (demócrata con Obama) y puesta en marcha en el 2006 que propugnaba el aumento de la educación frente a la globalización y la caída de los salarios desde los años 70 y por otra parte, reducir la deuda (agravado con los recortes fiscales y el aumento del gasto de guerra en tiempos de Bush). Se basa en un documento de Orszag y Rubin en el que da la voz de alarma: los déficits de Bush elevarían los tipos de interés y reducirían la inversión privada. Más adelante se avecinaba una situación más grave (al afectar los déficits graves a las expectativas y la confianza, lo que genere un ciclo negativo que se retroalimente entre el déficit fiscal subyacente, los mercados financieros y la economía real. La tesis es que el enorme déficit le hacía vulnerable a las presiones del mercado de bonos y si los inversores extranjeros (la China comunista) daban la espalda súbitamente a los títulos del Tesoro generaría una paralización de la financiación externa de los desequilibrios de EEUU. Les preocupaba un escenario en el que EE.UU, como la gran economía deficitaria del mundo, sufriría una devaluación de su moneda y un incremento de los tipos de interés cuando los inversores abandonasen los activos estadounidenses (Blackstone alertó del doble déficit estadounidense y Roubini y Setser dijeron que si los inversores llegaban a perder la confianza, se podría depreciar el dólar y subirían los tipos de interés y dar lugar a una gran recesión). Para mitigar estos desequilibrios, el Proyecto Hamilton reclamaba la "austeridad fiscal" (reducir el déficit federal, contraer la demanda interna y reducir las importaciones de productos y fondos chinos).

El autor explica los años previos a la crisis. Era la era de la globalización, con China integrada en el comercio internacional (decidiendo el país quién invertía allí). Por otro lado, el sistema financiero estaba anclado al dólar, en la cúspide. Los países que  vinculaban su moneda al dólar podían acabar en la bancarrota (México en 1994, Malasia y los dragones asiáticos en 1997, Rusia en 1998, Brasil en 1999 y Argentina en el 2001). Lo que hizo China, para no ser la próxima víctima, fue fijar su tipo de cambio que era demasiado bajo (una receta para crecer con exportaciones pero que encarecía las importaciones). Al tener un superávit comercial con EEUU (pasó de 83.000 millones en 2000 a 227.000 en 2009) y comprar bonos del EEUU, "la pobre China estaba exportando capital al rico EE.UU, financiando a los consumidores estadounidenses para que compraran los productos de sus nuevas y enormes fábricas". China lo contrarrestó retirando el yuan de la circulación. A la compra de dólares se sumaron los SWF (fondos soberanos)

Una de las causas de la crisis era el excesivo endeudamiento (apalancamiento) de la banca. En el 2008, los precios del petróleo estaban disparados pero, solo unos meses después de empezar la crisis, se desplomaron, con lo que dejaron hundida a Rusia, entre otros exportadores de materias primas. En el 2008, el autor señala que ya había tensiones porque Rusia, que tenía muchas reservas en dólares, estaba en desacuerdo con la ampliación de la OTAN a Georgia y Ucrania y amenazó con actuar si seguían avanzando en ese sentido como había ocurrido con los países del Báltico. Finalmente, Rusia intervino militarmente en su zona de influencia cuando comenzaba la crisis.

En el libro estudia varios puntos clave del 2008 que fueron secretos y tardaron años en conocerse. En concreto, la FED otorgó una liquidez en secreto por valor de 6 billones de dólares (6 billones de euros) unas semanas después de la quiebra de Lehman Brothers para evitar el colapso financiero. Fue la última acción del presidente Bush, pese a la oposición de los conservadores, para evitar que el sistema se hundiese. El chorro de millones benefició a los principales bancos americanos (que fueron reunidos por el Gobierno para que aceptasen una ventajosa oferta de capital y todos se avinieron porque no solo no reconocían dificultades financieras sino que les estaban ofreciendo montañas de dinero muy por debajo del mercado)  e, indirectamente, el rescate se propagó a Europa a través de la City londinense, ya que muchas firmas multinacionales tenían allí sede.

En Estados Unidos, en apenas unos meses, con el grifo de la liquidez abierto a borbotones, se restauró la confianza de los mercados financieros y los bancos fueron rescatados sigilosamente. Nadie supo las cifras reales de inyección de dinero hasta dos años después porque la FED mantuvo los datos en secreto hasta el verano del 2010.

El autor también indica que la actitud de Europa, desunida, fue distinta a la de la FED, la cual no dudó en inyectar liquidez para atajar la crisis. En Europa, Alemania optó por la austeridad mientras que Francia decía que la crisis era americana. En Londres criticaban a los europeos por no entender cómo funcionaba la crisis y que todo el mercado transnacional y globalizado estaba interconectado. Una clave importante este que la crisis del 2008 no era similar a la crisis de 1929 sino a la de 1998 (cuando se hundieron las economías asiáticas). Era una crisis global porque todo estaba interconectado (y los fondos huían de un país en cuestión de minutos). El autor señala que en Asia comprendieron de inmediato cómo actuar e inyectaron millones de dólares (en China, se creó un programa de inversión pública de varios billones de dólares, se pidió a cada ciudad que propusiese proyectos para financiar, de modo que el país logró superar la crisis con una política de inversión masiva gubernamental). Por otra parte, China (que tenía importantes activos en EE.UU.) estaba muy interesada en que la economía mundial fuese bien y desatendió una supuesta petición de Rusia para vender sus fondos en dólares pues China sabía que eso le perjudicaba pues estaba demasiado ligada a EE.UU. económicamente.

Por su parte, el G20 también fue creado por Estados Unidos para reunir en un foro a las economías más importantes para el sistema (España quedó excluida), entre los que entraron los Bric, Rusia, China, Argentina o Italia, Alemania, Francia y el Reino Unido, o Arabia Saudí. Este foro pretendía coordinarse para resolver las tareas urgentes de la crisis globalizada. El resto de los países tuvieron que financiarse con las estrictas condiciones del FMI.

Respecto a Europa, el autor cree que cometió un grave error al no inyectar ingentes cantidades de dinero al sector público y limitarse solo a coger el dinero que llegó de Estados Unidos. El Reino Unido pudo sanear su sector bancario porque sabía que le respaldaba la FED americana, como último prestamista, y, de hecho, llovieron dólares a raudales para salvar a Londres.

En cuanto a la crisis de Grecia, en primer lugar, el autor distingue en cómo se resolvió rápidamente la crisis en Estados Unidos y cómo se prolongó la agonía en Europa al adoptar medidas de austeridad antes de tiempo y el Banco Central Europeo (con Trichker) subió los tipos de interés cuando la economía aún no se había recuperado, por lo que la volvió a hundir (aunque la crisis del 2010 estuvo ligada al euro). A ello se unió la falta de acuerdo entre el Reino Unido, Francia y Alemania para crear un fondo de rescate, de forma que cada país actuó por separado. Hay un especial papel para la canciller alemana Merkel y sus ministros de Economía, que se empecinaron en imponer la austeridad, lo mismo que los británicos. La principal víctima fue Grecia, que fue tomada como "chivo expiatorio" y lo que pasó es que sus bonos se dispararon (la famosa "prima") y la deuda creció (más del 100% del PIB) mientras el Gobierno hacía recortes para devolver la deuda. No había manera de rescatar al país porque Europa construyó el euro sin habilitar políticas que facilitasen los rescates. Luego cayeron Portugal, Irlanda y España, con enormes deudas privadas a lo que se sumó la dificultad de encontrar préstamos, lo que elevó los intereses de la deuda pública.
El autor concluye que las políticas de austeridad causaron un sufrimiento gratuito en Europa y alargaron la crisis en la creencia de que una economía saneada y sin deudas era la base del futuro crecimiento (una visión doctrinaria que resultó que no se correspondía con la realidad y que en realidad era un multiplicador negativo: a más recortes, más recesión, menos recaudación y más crisis) cree que la imposición vino desde Alemania, aunque también es cierto que el Reino Unido optó por la misma vía de recortes. Hubo otra discusión sobre si se debían comprar bonos del país al borde la ruina o no. Recuerda que la economía de Grecia era insignificante en la UE pero que los problemas del rescate hicieron bastante ruido y sometieron al pueblo griego a un cruel sufrimiento.

El autor describe cómo a partir del 2010 se impuso una especie de obsesión ultraconservadora por el gasto público y el déficit, que obligó a Obama a recortar su "manguerazo" de dinero público a solo 800.000 euros a pesar de que su asesora recomendaba una segunda intervención pero nadie se la tomó en serio. El "efecto contagio" de los vigilantes del déficit llegó después a Europa, al Reino Unido. De repente, todo el mundo estaba obsesionado con el déficit, incluida Alemania, que se convirtió en una vigilante de los criterios de gasto en toda Europa.

Uno de los debates que había era si el FMI debía rescatar a algunos países de la UE, lo cual supondría una humillación a parte de que, cualquier imposición de las que acostumbra a hacer el FMI, sería una intromisión en la soberanía de la UE (en la cumbre del G20, los países integrantes (el G8 más los emergentes) acordó rescatarse a sí mismo y dejar al resto en manos del FMI) .
En el caso del rescate de los PIGS (Portugal, Irlanda, Grecia y España (Spain)), se acordó una fórmula intermedia: el BCE daría liquidez comprando bonos, el FMI pondría su parte del dinero y el resto, la UE. Es lo que se llamó la "troika" de Bruselas, que supervisó cómo los países cumplían sus criterios de déficit.
Finalmente, el BCE encontró una fórmula para rescatar a la banca de los países, dar fluidez a las tuberías del sistema financiero europeo para salir del bache. 

En el tema de los recortes a Grecia, el autor estudia qué habría pasado si se hubiese permitido una quita como ocurrió en Islandia. Cree que influyeron sobre todo cuestiones políticas para no reducir la deuda a los griegos por temor a un efecto cadena en toda la UE o una devaluación del euro. Eso conduce al tema de si el euro estaba bien articulado, si Grecia tendría que haberse salido del euro para poner maniobrar con su propia moneda y si la UE disponía de los mecanismos institucionales necesarios para operar con esta moneda y reaccionar ante estas crisis.

El autor recuerda el capítulo del jefe del banco central europeo diciendo "Haremos todo lo necesario", lo que tranquilizó a los inversores.

Por tanto, el autor establece como dos fases de la crisis:

- La crisis americana-británica (2007-2008), que se extendió a Europa porque toda la economía estaba interrelacionada. El autor cree que solo los ingleses entendieron el alcance de la caída de Lehman Brothers y de cómo afectaba a todo el sistema internacional. Esta crisis se resolvió rápidamente (en un año) mediante una inyección de dinero público en las cañerías del sistema financiero, tanto en EE.UU. como en Europa. El autor recalca que si bien se salvaron a tiempo los bancos sistémicos demasiado grandes para caer, nadie se preocupó por los propietarios de viviendas desahuciados por impago de la hipoteca. Critica a los europeos que estos desdeñasen la crisis de Lehman como un problema americano sin comprender que toda la economía estaba ahora interconexionada a nivel internacional.

- La crisis del euro (2010): El autor sospecha que el "austericidio" autoinflingido por la UE desencadenó la crisis del euro y alargó la agonía de una crisis que en Estados Unidos ya estaba resuelta, lo mismo que dejar abandonada a su suerte a Grecia, a la que solo rescataron en el último minuto.




lunes, 14 de enero de 2019

"El banquero de los pobres", de Muhammad Yunus (1997)

Resumen del libro "El banquero de los pobres", de Muhammad Yunus (1997)

Link original y actualizado del resumen:
https://evpitasociologia.blogspot.com/2019/01/el-banquero-de-los-pobres-de-muhammad.html

Resumen elaborado por E.V.Pita (2019), doctor en Comunicación y licenciado en Derecho y Sociología

Sociología, pobreza, desigualdad, finanzas, microcréditos, emprendimiento, solidaridad, ayuda internacional

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Ficha técnica

Título: "El banquero de los pobres"

Subtítulo: "Los microcréditos y la batalla contra la pobreza en el mundo"

Título original en francés: "Vers un monde sans pauvreté"

Fecha de publicación en francés: París, 1997

Título en inglés: "Banker to the Poor"

Fecha de publicación en inglés: Nueva York, 1999, 2005

Fecha de publicación en español: Barcelona, 2006 (edición revisada)

Editorial en español: Ediciones Paidós Ibérica

Páginas:

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Biografía oficial de Muhammad Yunus (hasta 2006)

Fue el fundador del Grameen Bank.

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RESUMEN

Comentarios iniciales: Un libro ejemplar porque cumple el sueño de todo economista de echar una mano para erradicar la pobreza y la extrema miseria. La receta es el microcrédito concedido a personas con escasos recursos pero que suponen un "empujón" para escapar de la trampa de la pobreza.

El Grameen Bank es un banco para ayudar a los pobres de Bangladesh concediéndoles microcréditos, lo justo para montar un pequeño negocio ambulante o artesanal con el que los más necesitados puedan ganar dinero para comer toda la familia y arreglar el tejado de la chabola. Hay que tener en cuenta que es un dinero ínfimo, 20 o 30 dólares, pero que en Bangladesh es una fortuna para la gente que vive en la miseria y que estaba pagando altísimos intereses a los prestamistas, prácticamente para quienes trabajaban y vendían toda su producción al precio que él fijaba.

El fundador es un profesor musulmán de Economía, hijo de un joyero, que nació en la antigua Pakistán Oriental y que estudió becado en Estados Unidos en los años 70 del siglo XX. Al regresar, se encontró con un nuevo país, Bangladesh, tras sufrir una dura guerra de independencia. Mientras daba clases de Economía en la facultad se daba cuenta de que toda su teoría no servía para ayudar a los vecinos de las aldeas cercanas que vivían en la extrema pobreza. Él y sus estudiantes empezaron a visitar las aldeas y se dieron cuenta de que la pobreza era femenina, de mujeres que trabajan recluidas en sus casas de sol a sol para entregarle su producción a un usurero que se la compraba al precio que él quería en vez de al precio de libre mercado.

El profesor comprendió que la diferencia de esas mujeres en seguir endeudados o no era apenas un dólar al día. Con 27 podían comprar sus propias materias primas y confeccionar productos y venderlos al mejor precio posible. Cuando intentó convencer al banco de la zona para que concediese pequeños créditos de 30 dólares a varias mujeres (unidas en grupos de apoyo para pagar las deudas entre todos), los bancos se negaron porque no había nadie que las avalase y ese era un requisito burocrático inexcusable. El profesor aceptó ser el avalista (con la condición de no tener que devolver nada si había incumplimientos) y logró su primer préstamo de 300 dólares que concedió a las primeras mujeres candidatas (estas tenían que unirse en grupos de cinco mujeres para apoyarse mutuamente y responder por las deudas en conjunto; además, para ser miembro tenían que estudiar unas lecciones y superar un curso sobre gestión del ahorro). Al no haber impagos, prosiguieron concediendo créditos.

El banco se hizo más grande y el dictador del país accedió a hacer un programa gubernamental de microcréditos aunque el profesor tuvo que luchar para que el control siguiese en sus manos y no en el del gobierno. Él y sus colaboradores montaron una enorme red de oficinas y reclutadores que trabajaban de sol a sol recorriendo solos aldeas para fichar a nuevos aspirantes a los créditos. Hay que tener en cuenta que en Bangladesh las mujeres no podían salir de casa sin compañía y mucho menos hablar con hombres extraños, por lo que el profesor iba acompañado de mujeres estudiantes que intermediaban. Pasados unos años, movían millones de dólares.

El libro emociona porque describe como una iniciativa humilde y con solo un puñado de dólares pudo sacar de la pobreza a miles de mujeres en uno de los países más pobres del mundo.

Otro de los proyectos exitosos fue el de la concesión de microcréditos para montar una casa con tejado al precio más barato posible (unos 300-400 dólares). De esta forma, se llegó a muchas familias sin recursos que pudieron reformar su vivienda, al menos poner un tejado, para cobijarse. También hubo microcréditos especiales para reconstruir las casas durante los temporales e inundaciones de Bangladesh.

En la parte final del libro, el autor explica cómo, a finales de los años 90, desarrolló una compañía de teléfono móvil (Grameen Phone) basada en la figura de la "mujer del teléfono" en cada pueblo. Era la encargada de prestar el teléfono a unos céntimos el minuto para tener comunicadas las aldeas. La iniciativa afectó a 65.000 aldeas. La idea era hacer una especie de kiosco multimedia con teléfono y Internet, aprovechando el auge, para crear miniempleos basados en las telecomunicaciones para gente pobre.

El resultado de la iniciativa fue que este banco solidario prestó miles de millones de dólares a los más pobres del país a lo largo de 30 años, sacando a mucha gente de la pobreza, y recuperó el 98 % de los micropréstamos que concedió. El sistema de recuperación de letras era flexible porque, por ejemplo, ciertos oficios artesanos (el textil) se quedaban sin dinero en determinadas épocas del año e incurrían en impagos. El banco considera que los pobres son mucho más fiables y cumplidores a la hora de saldar sus deudas pues, tarde o temprano, las abonan.

Incluso se hicieron rondas especiales para ayudar al porcentaje de población más pobre del país. Se marcaron objetivos para sacar de la pobreza a un gran número de gente en 10 o quince años, en colaboración con otros fondos de ayuda mundiales. A su vez, el porcentaje del Gobierno se redujo al 7 % mientras que el resto era capital privado.

La empresa también se metió en el negocio de las piscifactorías (había miles por todo Bangladesh creadas durante la Edad Media) para sanearlas, eliminar la corrupción política, y convertir en accionistas y socios a los habitantes que se encargaban de cuidarla y vigilarla (robos, especies depredadoras). Fue a petición de un ministro que quería aprovechar esta riqueza milenaria y cedió la gestión a Grameen. Primero hubo protestas en las aldeas contra el banco (incluso incendiaron sus oficinas y echaron a sus empleados del pueblo) pero los colaboradores fueron aldea por aldea explicando a los habitantes cómo funcionaba su modelo de reflotación de las piscifactorías y fueron aceptados.


martes, 8 de enero de 2019

"Armas de destrucción matemática", de Cathy O'Neil (2016)

Resumen del libro "Armas de destrucción matemática", de Cathy O'Neil (2016)

Resumen original y actualizado del libro en el siguiente link:
https://evpitasociologia.blogspot.com/2018/12/armas-de-destruccion-matematica-de.html

Resumen elaborado por E.V.Pita, doctor en Comunicación, licenciado en Sociología y Derecho

Sociología, informática, estadística, Big Data,

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Ficha técnica

Título: "Armas de destrucción matemática"

Subtítulo: Cómo el Big Data aumenta la desigualdad y amenaza la democracia

Título original en inglés: "Weapons of Math Destruction: How Big Data Increases Inequality and Threatens Democracy"

Fecha de publicación: 2016, 2017

Edición en español: Capitán Swing Libros, Madrid, 2018

Número de páginas: 269

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Biografía de la autora Cathy O'Neil (hasta 2018)

Cathy O'Neil (Estados Unidos, 1972) obtuvo un Ph. D. en Matemáticas de Harvard, fue postdoctorada en el departamento de Matemáticas del MIT y profesora en el Barnard College, donde publicó una serie de trabajos de investigación en geometría algebraica aritmética. Luego se cambió al sector privado, trabajando como experta en análisis y gestión de información cuantitativa para el fondo de cobertura D. E. Shaw en medio de las crisis crediticia, y luego para Risks Metrics, una compañía de software de riesgo que evalúa el riesgo para las tenencias de fondos de cobertura y bancos. Tras desencantarse del mundo de las finanzas, O'Neil se involucró en el movimiento Occupy Wall Street, participando en su Grupo de Banca Alternativa. Dejó las finanzas definitivamente en el 2011 y comenzó a trabajar como científica de datos en el sector de "start ups" de Nueva York, creando modelos que predecían las compras y los clics de las personas. Es una invitada semanal en el podcast Slate Money. Es coautora (con Rachel Schutt) de Doing Data Science; Straight Talk from the Frontline. También escribió el libro electrónico Being a Data Skeptic.

Su libro "Armas de destrucción matemática" fue publicado en Estados Unidos en 2016 y fue nominado para el National Book Award 2016 en la categoría de no ficción. Cathy mantiene el blog mathbabe.org, donde opina sobre todo lo cuantativo. En él espera encontrar una respuesta mejor a la pregunta: "¿Qué puede hacer un matemático no académico para que el mundo sea un lugar mejor?".

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Texto de la contraportada

Vivimos en la edad del algoritmo. Las decisiones que afectan a nuestras vidas no están hechas por humanos, sino por modelos matemáticos. En teoría, esto debería conducir a una mayor equidad: todos son juzgados de acuerdo con las mismas reglas, sin sesgo. Pero en realidad, ocurre exactamente lo contrario. Los modelos que utilizan en la actualidad son opacos, no regulados e incontestables, incluso cuando están equivocados. Esto deriva de un refuerzo de la discriminación: si un estudiante pobre no puede obtener un préstamo porque un modelo de préstamo lo considera dará excluido del tipo de educación que podría sacarlo de la pobreza, produciéndose una espiral viciosa. Los modelos apuntalan a los afortunados y castigan a los oprimidos: bienvenido al lado oscuro del big data.

O'Neil expone los modelos que dan forma a nuestro futuro, como individuos y como sociedad. Estas "armas de destrucción matemática" califican a maestros y estudiantes, ordenan currículos, conceden (o niegan) préstamos, evalúan a los trabajadores, se dirigen a los votantes, fijan la libertad condicional y monitorean  nuestra salud.

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ÍNDICE

1. Partes de una bomba: ¿qué es un modelo?

2. Conmocionada: mi viaje hacia el desencanto

3. Carrera armamentística: ir a la universida

4. Máquina propagandística: publicidad en línea

5. Víctimas civiles: la justicia en la era del big data

6. No aptos para servir: conseguir un empleo

7. Sudar balas: en el trabajo

8. Daños colaterales: conseguir crédito

9. No hay zonas seguras: contratar un seguro

10. Ciudadano segmentado: derechos civiles y políticos

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RESUMEN

Comentarios previos: La autora cuenta cómo ella elaboraba modelos matemáticos para Shaw en los años previos a la crisis del 2008. Señala que el primer indicio de que había una crisis fue el aumento del interés de los préstamos interbancarios (los bancos habían descubierto sus agujeros y no se fiaban del resto de la banca porque estaban igual de mal que ellos o peor). La autora da lección de ética para científicos de datos.

En primer lugar, la autora habla de los ADM (modelo de valor añadido), un sistema  automático de programación que selecciona candidatos. Están muy extendidos, se cuelan en la vida de millones de personas, les infligen perjuicios económicos, son opacos y no se basan en algoritmos matemáticos.
El problema es que este sistema de evaluación y puntuación es bastante arbitrario o, una vez que se estudia con atención el resultado, sale a relucir una brecha de la desigualdad social que subyace tras sus puntuaciones, lo mismo que sesgos. Indica que los modelos matemáticos pueden examinar cuidadosamente los datos para identificar a personas que probablemente tendrán que enfrentarse a grandes dificultades, ya sea en la delincuencia, la pobreza o la educación. "La sociedad debe decidir si quiere usar esa información para rechazarlos o castigarlos, o si prefiere acudir a ellos con los recursos que necesitan. Podemos utilizar la escala y la eficiencia que hacen que las ADM sean tan perniciosas para ayudar a la gente", dice.

Estas calificaciones y evaluaciones electrónicas son cada vez más importantes: "Para bien o para mal, nos han guiado a la Universidad (o hasta la cárcel) y hacia un empleo, y luego nos han optimizado en nuestro puesto de trabajo. Ahora que ha llegado el momento de comprar una vivienda o un coche, es lógico que los modelos financieros exploten la misma montaña de datos para volver a evaluarnos", dice la autora (página 178).

O'Neill añade que "cuando se construyen nuevos negocios basados en ADM es seguro que habrá problemas, incluso cuando los actores tienen la mejor de las intenciones".

Añade que los empleadores usan nuestros datos para clasificarnos como empleados y trabajadores, hacen un esquema de nuestros pensamientos y amistades, intentan predecir nuestra productividad, y han ampliado la vigilancia a nuestra salud.

La autora arranca su libro contando una experiencia para evaluar matemáticamente a los maestros públicos de Pennsilvania para echar a los peores. Resultó que despidieron a profesores realmente válidos y estos se interesaron por saber cómo los habían evaluado. Los métodos eran poco transparentes y se basaban en las calificaciones que obtenían los alumnos del curso. Pronto se descubrió que algunos profesores tramposos tachaban las respuestas de sus estudiantes y las mejoraban para inflar sus calificaciones y engañar así al algoritmo. Como las notas de sus alumnos eran más altas, pasaban la criba. Cuando esos "excelentes" estudiantes pasaban al siguiente curso, su nivel era tan malo que los profesores honestos parecían como unos incompetentes porque las notas de sus alumnos se desplomaban bajo su cargo. La ADM también asignó valores del 6 % en un curso y un 96 % al año siguiente al mismo profesor, Tim Clifford, lo que destapó que la estadística era una farsa y que las evaluaciones no medían nada.

En otro capítulo estudia cómo se clasifican las universidades según la estadística y ránking de US News sobre miles de universidades de Estados Unidos. La autora ve ciertos sesgos por prestigio, ya que casualmente los campus más prestigiosos repiten siempre en los puestos altos de la clasificación. Otro problema es la "carrera" que conllevaron estos "rankings" de forma que universidades de Texas gastaron millones en reformar sus instalaciones para avanzar puestos en el ránking. La autora lamenta que todas esas inversiones no se destinasen a mejorar la calidad de la educación sino que se haya priorizado el ladrillo (piscinas cubiertas, gimnasios, campos de deporte, etc...). La misma investigadora se pregunta porqué no se indagó en la calidad-precio, si los alumnos salían efectivamente bien preparados. El "ranking" solo atendió a unas variables y las universidades se pelearon por escalar puestos mejorando esas habilidades. Cuando se pidió que también se informase de los licenciados que encontraron trabajo a los seis meses de graduarse, muchos campus hicieron trampas o inflaban sus encuestas, según cuenta la autora.

Pero a mayores surgió un sesgo mucho más discriminatorio: el de las universidades con afán de lucro, y la autora cita expresamente a la Universidad de Phoenix, que atrae a alumnos marginales y les concede cuantiosos préstamos que los dejan hipotecados de por vida. Esta Universidad, según la autora, tiene una mala calidad de enseñanza pero invierte cientos de millones en publicidad personalizada a través de Facebook y Google para localizar a personas vulnerables (solteras embarazadas, exreclusos, veteranos de guerra) y las machaca con publicidad en las que les promete el sueño americano de ascender en la escala social aunque eso es una falsa promesa ya que, siempre según la autora, los cursos universitarios son tan malos que en muchos ránking los equiparan con un diploma de bachillerato. El problema es que la matrícula es carísima (muy por encima de lo que costaría ir a una pública) y sus víctimas son gente poco informada, de estratos marginales que sueña salir de la miseria, pero si logran terminar la carrera se van con un diploma sin valor para encontrar trabajo. Otra característica de estas universidades con afán de lucro es que perciben financiación pública, en función de lo que le cueste al alumno, de forma que inflan los precios de la matrícula para mejorar sus subvenciones, que es lo que viven.

Otro uso que se hizo a los análisis estadísticos fue el de las zonas con mayor criminalidad para enviar patrullas a esos barrios. La autora dice que no se incluía solo homicidios o robos en la búsqueda de zonas inseguras, sino también desórdenes públicos (más probable en zonas pobres). El resultado fue un importante sesgo hacia los barrios pobres, que se llenaron de coches patrulla a todas horas para prevenir el delito. La autora se pregunta por qué no se hizo otro programa de prevención de la delincuencia para pillar y meter en la cárcel inmediatamente a los financieros que hacían movimientos para estafas, abusos bancarios, apropiación indebida, evasión fiscal...

La autora acusa a las ADM "envenenan" el proceso de admisión a la universidad, tanto a los ricos como a la clase media. Y en el sistema de justicia penal, las ADM "encierran a millones de personas, la mayoría de ellas pobres sin oportunidad de ir a la universidad".

Otro problema que surge en el análisis de datos es en el ámbito de encontrar trabajo pues si el candidato a un empleo de salario mínimo tiene alguna disfunción salta la "luz roja" en el test de personalidad (de una empresa de selección de personal que se llama Kronos) que puntúan en extraversión, amabilidad, responsabilidad, inestabilidad emocional y apertura a nuevas ideas. Un candidato, con licenciatura universitaria, se sintió como un "inútil" al ser rechazado por múltiples empresas a causa de su test de salud mental. Se lo contó a su padre abogado y este amenazó con demandar a siete empresas porque la prueba de selección de personal era ilegal. La autora recalca que la culpa es de los sistemas automáticos nos juzgan cuando estamos buscando empleo.

Antiguamente, el desempleado accedía a una empresa si tenía amigos dentro y hablaban bien de él. Kronos intentó hacer el proceso más justo y optimizó los horarios de los trabajadores. En sus test usan valores "proxis" para calcular el rendimiento y productividad futura del trabajador (la mejor predicción está en las pruebas cognitivas seguida de las comprobaciones de referencia, y finalmente, los test de personalidad). Pero el test de personalidad de usó como filtro para eliminar al mayor número de candidatos a un empleo de la forma más barata. Los candidatos son eliminados no por contestar una pregunta mal sino por un "patrón de respuestas" que nadie sabe cuál es pues el proceso es opaco. Además, las empresas no corrigen sus errores en los test como haría un equipo de baloncesto si descartan a un candidato para ficharlo y al año pasado gana el premio al mejor jugador en un equipo rival. Inmediatamente, mirarán qué fue lo que falló en el programa de análisis de datos pero esto no lo hacen las multinacionales que "gestionan rebaños" por sueldos mínimos y no modifican su modelo de filtrado. Pero la retroalimentación es muy dura para los candidatos, sobre todo si tienen problemas mentales, que nunca superan los test y se ven arrinconados.

Otro experimento en el 2000, en el que se enviaron 5.000 currículos falsos para pedir trabajo, reveló que había un fuerte sesgo y prejuicio que favorecía al candidato que era blanco y con estudios. La autora recomienda "audiciones a ciegas" como con los músicos (ahora hay más mujeres en las orquestas). La autora recomienda salpicar el currículum con cargos, méritos y lenguas para captar la atención de los programas automáticos y mejorar la puntuación.



Muchas ADM han sido diseñadas para recortar los costes administrativos y reducir el riesgo de contratar a personas inadecuadas. El objetivo de los filtros es ahorrar dinero. Además advierte que estos modelos de contratación y de "incorporación" de personal están continuamente evolucionando y que si nosotros producimos flujos de datos (en Facebook, Linkedln), esos datos serán utilizados por nuestros supuestos empleadores para crearse una idea de nosotros. Advierte que el Big Data puede caer en la trampa de la frenología.

En el mundo de Internet ha surgido la palabra "clopening" (el mismo empleado cierra al atardecer y abre al amanecer), lo que genera horarios absurdos y molesta al sueño. Algunas ADM están centradas en analizar la eficiencia de los trabajadores. Se trata de mejorar la eficiencia de los negocios y contratar al menor número de empleados posible. Los programas procesan nuevos flujos de datos en constante cambio (incluido el tiempo atmosférico o el flujo de peatones en una calle) para recortar o aumentar el personal, de forma que cada minuto del empleado debe estar ocupado (el problema es que muchos empleados, al cambiar constantemente sus horarios anunciándolo solo dos días después, no pueden estudiar ni tener a la hija en la guardería). Los programas de software están pensados para incrementar el beneficio por hora del empleado pero son ADM arbitrarios y crean un bucle de retroalimentación nocivo, perjudican a los más pobres y no piensan en favorecer la justicia o el bienestar del equipo. La autora cree que hay que denunciar estos abusos que se cometen en nombre de la eficiencia y que ponga en evidencia a las empresas que no hagan lo correcto.

También se examinó a Cataphora, una ADM dedicada al rastreo del comportamiento de los empleados (correos electrónicos, collarines) quiénes eran los trabajadores que generaban más ideas y sus conectores, así como quienes estaban en un "círculo oscuro" (desconectados). También se examinó a los grupos más eficientes mediante collarines y resultó ser que eran los grupos más sociables, por lo que se animó a los trabajadores a ser más amigables. El problema surgió cuando los jefes se preguntaron si los empleados dentro del "círculo oscuro" eran prescindibles por ser un "conector débil" (identificado como aparente perdedor), por lo que muchos se quedaron en la calle durante la crisis del 2008. La autora insiste en que en esos programas no hay retroalimentación para comprobar si se equivocaron (los falsos negativos), por lo que recomienda la retroalimentación de errores (datos malinterpretados, datos ignorados), de forma que la máquina sea más inteligente. Algunas empresas del sector tecnológico están tratando de optimizar a su personal cualificado a través de análisis de sus patrones de comunicación.

También menciona la paradoja de Simpson: un conjunto de datos muestra una tendencia pero, al descomponer dicho conjunto de subgrupos, aparece la tendencia opuesta en cada uno de ellos individualmente. (se refiere al estudio Nation at Risk, que alertaba de la bajada de notas de la SAT).

Las ADM también se usan para solicitar créditos (lo que antes el director del banco evaluaba por el status del solicitante, lo que excluía rutinariamente a minorías y mujeres). Inicialmente, surgió el algoritmo de calificación crediticia FICO que era bueno `porque usaba datos relevantes del individuo (y no se fijaba en el grupo racial) y evaluaba el riesgo de que una persona (sin tener en cuenta su color) pueda incumplir el pago de un crédito (la fórmula analizaba la carga de la deuda y su historial de pago de facturas). 

Pero luego se crearon otros programas de Big Data (que miraban hasta cómo navegar por la red, los clics, las etiquetas de geolocalización) que asignaban calificaciones electrónicas. De ahí, que empresas de telefonía empiecen a usar la nueva tecnología para identificar a los clientes más rentables de una cola de llamadas. Otras webs hacen cálculos de la persona que accede a su web con patrones de compra, comparar información de datos inmobiliarios, su código postal (si vive en una urbanización) y saber si es rico. Lo mismo vale para identificar a clientes de préstamos abusivos o para ver la probabilidad de que robemos un coche. El resultado es que la gente que vive en los suburbios y tienen dificultades económicas tendrán menos crédito disponible en sus tarjetas y pagarán tipos de interés más altos, dice la autora. Recalca que la publicidad depredadora (anuncios de créditos rápidas y universidades privadas con ánimo de lucro) usa también estas calificaciones electrónicas (que son sustitutos de las calificaciones crediticias, prohibidas a efectos de marketing) para crear un mercado de datos paralelo. El individuo analizado es incluido dentro de un grupo similar (holgazanes, delincuentes...) sin tener en cuenta su pasado como individuo. Cada uno es clasificado en la categoría "correcta" sin que se corrijan los errores al no haber retroalimentación de datos (los perdedores son los daños colaterales del Big Data).

La solvencia crediticia se ha convertido en un sustitutivo de "responsabilidad" para las empresas que quieren contratar (porque es un atributo que define a una persona responsable) pero también sirven para emparejar a candidatos en páginas de citas y, en definitiva, un sustitutivo del dato de riqueza. El problema es cuando un retraso en un pago genera efectos negativos a la hora de ser contratados o en los ascensos. La deuda se convierte en una cuestión moral (sobre todo si una persona es trabajadora y la empresa quiebra en una crisis). Así, la solvencia crediticia se convierte en una "trampa de la pobreza". El problema con los sistemas automáticos es que genera muchos errores  graves (mismo nombre, etc...) pero solo los más ricos, dice la autora, pueden defenderse de las meteduras de pata de las ADM.

Otro problema es que esa información es comprada por Acxiom Corp. y otras firmas a supermercados, anunciantes, desarrolladores de software de apps y móviles, organizadores de rifas o gestores de redes sociales para reunir datos sobre cada consumidor del país (saben si tiene diabetes, si fuma,) También sacan datos disponibles del Gobierno como los registros de elecciones, número de arrestos o venta de viviendas, con el que elaboran un perfil del consumidor y lo venden después. El resultado es que cuando un exconvicto con los antecedentes cancelados quiere alquiler un piso en la web RealPage, el sistema se lo deniega. Aunque alguien se queje de un error (por tener el mismo nombre que un delincuente) y exija ver su expediente o perfil, las empresas no le dan las "conclusiones" de su clasificación, solo los datos. Tiene que haber alguien humano (alguien caro) para corregir el error.

La autora insiste en que hay que ajustar mejor los algoritmos y que mientras avanza la automatización, se siguen generando malinterpretaciones. Los errores se acumulan en el perfil de consumidor y eso contaminan los modelos predictivos y nutren las ADM. Recuerda que las máquinas aún no son capaces de introducir modificaciones para ser más "justas". La predicción del comportamiento futuro se basa en el pasado (el pobre será pobre, el delincuente, volverá a delinquir). "Las máquinas necesitan urgentemente la comprensión del contexto, el sentido común y el sentido de la justicia que solo los seres humanos pueden aportar", dice la autora. Pero dado que el mercado premia la eficacia, el crecimiento y el flujo de efectivo (y tolera un grado de error), "se ordenará a los entrometidos humanos que no se acerquen a la máquina".

Algunas tarjetas de crédito incluso establecen correlación entre el comercio en el que compra un cliente y su riesgo de impago (por lo que le ofrecen menos dinero). Tras las protestas, la banca offline quedó regulada. Otros, como ZestFinance, usaron el Big Data (todo tipo de datos, 10.000 por solicitante) para localizar clientes de crédito rápido y ofrecerles tipos de interés más bajo. Pero nuevamente, incluso el escribir la solicitud sin faltas de ortografía, delata un sesgo hacia la clase social más pobres y poco educada.

Concluye que con el imparable crecimiento de las calificaciones electrónicas, nos asignan a lotes y categorías aplicando fórmulas secretas, algunas de ellas alimentadas por expedientes cargados de errores. No nos ven como individuos sino como miembros de tribus y una vez clasificados no hay manera de deshacerse de la etiqueta. A medida que contaminan la esfera de las finanzas, desaparecen las oportunidades para los más necesitados. Estos modelos confunden causalidad con correlación.

Habla de informes del siglo XVII (Graunt, hacía tasas de mortalidad de Londres), XIX (Hoffman) o Nation at Risk (1983) que hacían sesgos porque consideraban un grupo (el afroamericano) como un todo y no desglosado en cohortes (la profesora, el peón...),  a los que Hoffman calificó de "inasegurables" por su alta mortalidad sin tener en cuenta su pobreza. Estas estadísticas influyeron en el sector de los seguros para hacer sus predicciones de esperanza de vida, pero al estar sesgadas siguieron castigando a los pobres y a las minorías étnicas. El resultado es que las aseguradoras usan el Big Data para dividir a sus clientes en tribus pequeñas y cobrarles distintos precios.

Por ejemplo, los concesionarios tienen más interés en cómo gestiona su dinero el cliente que en cómo conduce (si la calificación crediticia de un conductor baja, le suben la tarifa del seguro, lo que vuelve a perjudicar a los pobres pero que genera beneficios a la aseguradora al cobrar de más a un conductor impecable). O cobran más a los conductores con pocas posibilidades de irse a la competencia, todo esto calculado con algoritmos.

En otras empresas se persuade (se exige, no se ofrece) a los trabajadores para que modelen su IMC (índice de masa corporal) o los penalizan (por grasa corporal, glucosa, colesterol, triglicéridos, tamaño de la cintura) pero también puede servir para filtrar a los candidatos a un puesto de trabajo. En otras palabras, dice la autora, te humillan por estar gordo o pagas una multa. No obstante, la autora considera que los programas de salud y bienestar no son ADM.

Finalmente, estudia los efectos políticos de las ADM, por ejemplo a la hora de filtrar peticiones en el hilo de contenidos de Facebook pues la empresa, en función de sus algoritmos, decide lo que vemos en la Red para maximizar sus beneficios por usuario. La autora se pregunta: "Si Facebook alterara el algoritmo y modificara las noticias que vemos, ¿podría llegar a manipular el sistema político?". La Red hizo pruebas y descubrió el impacto que ejercían sus palabras en millones de usuarios en cuestión de horas, los enlaces e incluso podía influir en las acciones de las personas para votar. La autora recalca que los beneficios de Facebook, Google, Apple, Microsoft, Amazon, Verizon y AT&T están ligados a políticas gubernamentales. Añade que están consiguiendo los medios necesarios para moldear nuestro comportamiento político y para hacerlo no tienen más que ajustar sus algoritmos. El hecho de animar a votar el día de las elecciones puede cambiar una contienda. Si un usuario veía que sus amigos escribían "he votado", otros le imitaban. La compañía incluso probó a alterar el muro de dos millones de personas comprometidas y luego les preguntó si fueron a votar. También alteró el estado de ánimo (con publicaciones alegres o deprimentes) para ver si ese contagio se podía propagar en línea y resultó ser que sí podían influir en los sentimientos de millones de personas sin que estas se den cuenta.

En cuanto a Google, en otro país, se descubrió que los motores de búsqueda tenían un 20 % de sesgo a un partido, el que ganó, lo que cambiaba la preferencia del voto aunque la gente cree que las búsquedas son imparciales.

La autora dice que el moderno marketing orientado al consumidor ofrece a los políticos nuevas vías para decir a grupos concretos de votantes lo que saben que esos electores quieren oír. Y, así, aceptan la información tal y como la presentan porque confirma sus creencias (sesgo de confirmación). Luego, los políticos pidieron una microsegmentación (para enviar propaganda por correo y venderles una versión personalizada de sí mismo).

En la campaña de Obama, un analista de datos, Ghani, comprendió a un pequeño grupo de votantes (deseos, miedos, lo que hacía falta para cambiar su comportamientos) y buscó a otros millones que se pareciesen a ellos para dirigir una campaña específica para ellos. Los votantes así, tienen puntuación alta, por ejemplo, en medioambiente pero baja en seguridad nacional o comercio internacional. Este perfil resultó ser muy útil. Es el mismo perfil que usa Netfix o Amazon con su clientela.

Finalmente, saltó el escándalo de Cambridge Analytica por reunir perfiles de millones de votantes de EE.UU. (incluidos los registros de "me gusta" de cada usuario) y los clasificaron en categorías de factores de personalidad: apertura a nuevas ideas, responsabilidad, extraversión, amabilidad e inestabilidad emocional. Luego, los grupos del candidato Ted Cruz  hicieron anuncios televisivos dedicados a cada sector y los colocaron en el programa que verían con mayor probabilidad.

La autora dice que estas estrategias de microsegmentación trabajan en las sombras y "contaminan el ejercicio de nuestros derechos civiles y políticos con lobbies y grupos de interés que utilizan métodos de segmentación para hacer el trabajo sucio". Por eso, han surgido campañas fraudulentas basadas en "fake news" (localizan a votantes vulnerables y les envían mentiras y campañas para alimentar su miedo). Advierte de que incluso la televisión quiere hacer publicidad personalizada. También será más difícil acceder a los mensajes de los políticos en su propia web, porque estarán individualizados en función del perfil del usuario de forma que nadie sabrá lo que lee el vecino. Es difícil colar perfiles falsos.

O'Neil concluye que estas campañas de microsegmentación encajan en la ADM (descomunal, opaca, no da explicaciones de su funcionamiento). Afecta a los votantes de cualquier clase política, ya que solo una minoría importa (la de los votantes de estados clave seleccionados por segmentación) y al resto se le ignora (sobre todo si se prevé que no votarán).

La conclusión de la autora es que un ADM debería medir los costes ocultos e incorporar valores no numéricos. Propone deshacerse de este modelo durante 20 años hasta que con más información los informáticos detecten patrones justos. Otra idea es la regulación gubernamental para hacer un modelo para el "bien común". Pone por ejemplo, un modelo informático que detecta si un producto ha sido fabricado por trabajadores esclavizados y otro predice si en un hogar es más probable que los niños sufran malos tratos.

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RESEÑAS DE OTROS AUTORES

Paloma Llaneza en "Datanomics" (2019)

Sobre los sesgos Cathy O'Neil señala que "los modelos son opiniones embebidas en matemáticas". O'Neil habla de "matemáticas de destrucción masiva" (WMD) que son:

-Los que definen su propia realidad para justificar sus resultados. Estos modelos, se autoperpetúan, son muy destructivos y demasiado comunes.
- los que se camuflan entre su código asunciones peligrosas no comprobadas.
- Los que tienden a penalizar al pobre y a perpetuar la desigualdad.
- Los que funcionan como una caja negra, en la que nadie está dispuesto a explicar el razonamiento detrás del resultado.

La autora matiza que los algoritmos que desvela O'Neil son opacos pero predecibles: hacen lo que han sido programados para hacer.
Llaneza Menciona el algoritmo tóxico "Compas" (Correctional Offender Management Profiling for Alternative Sanctions) que sirve para elaborar perfiles de los internos. Propublica lo evaluó y el algoritmo predijo acertadamente la reincidencia en el 59 % de los casos en delitos leves para blancos y 63 % para negros pero luego el programa tenía un marcado sesgo para señalar a los negros como reincidentes.  Incluso el MIT y UCardiff encontraron que las máquinas cuando se autoprograman pueden desarrollar prejuicios por sí mismas.


domingo, 6 de enero de 2019

Reportaje en cómic: "La economía del siglo XXI resumida en diez libros" (E.V.Pita, 2019)



Reportaje en cómic: "La economía del siglo XXI resumida en diez libros" (E.V.Pita, 2019)
Reportaje en cómic
"La economía del siglo XXI resumida en diez libros"
(E.V.Pita, 2019)

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(42 páginas en formato DIN A4 horizontal):

https://evpitawriting.files.wordpress.com/2019/01/webcomic-apaisadohhok.pdf
Crónica periodística en cómic
"La economía del siglo XXI resumida en diez libros"
Autor: E.V.Pita (2019)
Picar en el siguiente link:
Descarga en PDF: Reportaje en cómic: "La economía del siglo XXI resumida en diez libros" (E.V.Pita, 2019)

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La Economía del siglo XXI (libre mercado, globalización y la Gran Crisis del 2008), resumida ahora en diez libros.

Reportaje en cómic: "La economía del siglo XXI resumida en diez libros" (E.V.Pita, 2019)
"La riqueza de las naciones"
Incluye comentarios sobre los grandes temas del siglo XXI, los autores que más influyeron que y describieron los fenómenos económicos más importantes como las teorías de libre mercado, la globalización o la Gran Crisis del 2008.

La obra se divide en tres apartados. El primero está dedicado a Adam Smith y David Ricardo, los dos autores que sentaron las bases del libre mercado y la globalización, respectivamente, y que conforman el mundo actual.

https://evpitawriting.files.wordpress.com/2019/01/webcomic-apaisadohhok.pdf
"La riqueza de las naciones"
En un segundo apartado, se analiza el fenómeno de la globalización desde 1989 hasta el 2019. Este año marca un retroceso, ya que se espera que se haga efectivo el Brexit (que separa al Reino Unido de la UE), o confirma el ascenso de los populismos que promueven el proteccionismo y la guerra comercial, y se prevé una ralentización del crecimiento económico mundial.

En un tercer capítulo, se examina la Gran Crisis del 2008, las políticas de austeridad y la creciente desigualdad, en las que destacan obras de los premios Nobel Stiglitz y Krugman.


ÍNDICE


PARTE I. LA ECONOMÍA CLÁSICA Y EL LIBERALISMO


Caricatura de David Ricardo por E.V.Pita (2019)
"David Ricardo"

1. “LA RIQUEZA DE LAS NACIONES”
ADAM SMITH (1776)

2. ”PRINCIPIOS DE ECONOMÍA POLÍTICA Y TRIBUTACIÓN”
 DAVID RICARDO (1817)






PARTE II. LA GLOBALIZACIÓN


by E.V.Pita (2019)
"¿Por qué fracasan los países?"
3. ”LA MCDONALIZACIÓN DE LA SOCIEDAD”
GEORGE RITZER (1993)

4. “LA TIERRA ES PLANA”
THOMAS L. FRIEDMAN (2005)

5.“ARMAS, GÉRMENES Y ACERO"
JARED DIAMOND (1998)


6.  “¿POR QUÉ FRACASAN LOS PAÍSES?”
ACEMOGLU Y ROBINSON


PARTE III. LA GRAN CRISIS, LA AUSTERIDAD Y EL POPULISMO


Reportaje en cómic: "La economía del siglo XXI resumida en diez libros" (E.V.Pita, 2019)
"El precio de la desigualdad"
7. “ALGO VA MAL” 
TONY JUDT (2010)

8. “CAÍDA LIBRE”
JOSEPH E. STIGLITZ (2010)

9. “ACABAD YA CON ESTA CRISIS”
PAUL KRUGMAN (2012)

10. ”EL  PRECIO DE LA DESIGUALDAD”
JOSEPH E. STIGLITZ (2012)

sábado, 5 de enero de 2019

"Diez razones para borrar tus redes sociales de inmediato", de Jaron Lanier (2018)

Resumen del libro "Diez razones para borrar tus redes sociales de inmediato", de Jaron Lanier (2018)


Ver el resumen original y actualizado en:
https://evpitasociologia.blogspot.com/2019/01/diez-razones-para-borrar-tus-redes.html

Resumen elaborado por E.V.Pita (2019), doctor en Comunicación y licenciado en Derecho y Sociología

Sociología, Internet, redes sociales, estructura social, monopolios, conductismo

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Ficha técnica

Título: "Diez razones para borrar tus redes sociales de inmediato"

Título original en inglés: "Ten Arguments for Deleting Your Social Media Accounts Right Now"

Autor: Jaron Lanier

Fecha de publicación: 2018

Publicación en español: Penguin Random House Grupo Editorial, Barcelona, 2018

Número de páginas: 185

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Biografía del autor Jaron Lanier (hasta 2019)

Jaron Lanier es científico, músico y escritor, conocido mundialmente por acuñar el concepto "realidad virtual" y defender la importancia del humanismo y de una economía sostenible en el nuevo paradigma digital que domina nuestra sociedad. Su primera "startup", VPL Researchs, creada en los años 80, inventó los primeros productos comerciales de realidad virtual e introdujo avatares, experiencias virtuales multipersona y prototipos de dispositivos que permitían simular operaciones quirúrgicas. Sus libros "¿Quién controla el futuro? (Debate, 2014) y "Contra el rebaño digital" (Debate, 2011) son éxitos internacionales, y ha sido nombrado una de las cien personalidades más influyentes del mundo según la revista Time.

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Texto de la contraportada

Razón 1... Estás perdiendo el libre albedrío

Razón 2... Renunciar a las redes sociales es la mejor manera de resistir la locura de nuestro tiempo.

Razón 3.... Las redes sociales te están convirtiendo en un idiota

Razón 4.... Las redes sociales están socavando la verdad

Razón 5.... Las redes sociales están vaciando de contenido todo lo que dices

Razón 6.... Las redes sociales están destruyendo tu capacidad de empatizar

Razón 7.... Las redes sociales te hacen infeliz

Razón 8... Las redes sociales no quieren que tengas dignidad económica

Razón 9.... Las redes sociales hacen imposible la política

Razón 10.... Las redes sociales aborrecen el alma


"¿Te cuesta imaginar una vida sin redes sociales? ¿Y si te dieran diez razones que te convencieran de la toxicidad de sus efectos? 

En este libro, Jaron Lanier, el hombre que acuñó el concepto "realidad virtual" y uno de los padres fundadores de la web 2.0, nos explica con una contundencia abrumadora cómo las redes sociales están convirtiéndonos en personas rencorosas, tristes, asustadizas, poco empáticas, aisladas y triviales. Todo ello es debido a la tendencia de las redes a sacar lo peor de nosotros, a convertir la política en algo terrorífico, a engañarnos con ilusiones de popularidad y éxito, a cambiar nuestra relación con la verdad, a desconectarnos de la gente, aunque estemos más conectados que nunca, y a coartar nuestra libertad con implacables anuncios especialmente dirigidos.

Si quieres una vida feliz, un mundo más justo y pacífico, o simplemente la oportunidad de pensar por ti mismo sin ser monitoreado e influenciado por las corporaciones más ricas de la historia, lo mejor que puedes hacer es cancelar tus cuentas. Ahora."

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ÍNDICE

Introducción con gatos

Razón 1... Estás perdiendo el libre albedrío

Bienvenido a la jaula que te acompaña dondequiera que vayas

El científico loco se preocupa por el perro enjaulado

La zanahoria y la argucia

El atractivo del misterio

El cielo y el infierno son los otros

El bit como cebo

Adicción, te presento el efecto red

La adicción y el libre albedrío son antónimos


Razón 2... Renunciar a las redes sociales es la mejor manera de resistir la locura de nuestro tiempo.

La máquina de Incordio

Las partes que forman la máquina Incordio

El problema es limitado, por lo que podemos contenerlo


Razón 3.... Las redes sociales te están convirtiendo en un idiota

Nieve tiznada

Conociendo a mi trol interior

La misteriosa naturaleza de la tecnología de amplificación de los idiotas

El más principal de los interruptores principales

Ve allí donde eres más amable


Razón 4.... Las redes sociales están socavando la verdad

Todo el mundo lo sabe

Cuando las personas son falsas, todo es falso

Incordio mata


Razón 5.... Las redes sociales están vaciando de contenido todo lo que dices

Significado entreabierto

El mundo de los pódcats


Razón 6.... Las redes sociales están destruyendo tu capacidad de empatizar


Insensibilidad social impuesta digitalmente

La teoría perdida en nuestro cerebro


Razón 7.... Las redes sociales te hacen infeliz


¿Por qué tantos tuits famosos acaban con la palabra "triste"?

El lado malo de Incordio

El castillo elevado


Razón 8... Las redes sociales no quieren que tengas dignidad económica

Doble Incordio

Incordio de bebé

Incordio contradictorio

Anteojeras de Incordio

Mejor que Incordio

La perspectiva corporativa

La perspectiva del usuario


Razón 9.... Las redes sociales hacen imposible la política

Quemaduras de arco

La Primavera Árabe

Gamegate

LGBTQ

Ni de izquierdas ni de derechas, sino de abajo

"Black Lives Matter"

Ojalá este juego hubiese acabado ya


Razón 10.... Las redes sociales aborrecen el alma

 Conocí una metáfora metafísica

Los cuatro principios de la espiritualidad, según Incordio

La fe en Incordio

El cielo en Incordio

La existencia sin Incordio

La antimagia de Incordio

Conclusión: Los gatos tienen siete vidad

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RESUMEN

Comentarios iniciales: Lanier, uno de los gurús de Silicon Valley, lleva varios años desenmascarando el lado oscuro de las redes sociales. En este libro aborda el lado más tóxico: la adicción a las redes y la supuesta manipulación conductista de la conducta de los usuarios a través de filtros y burbujas y el usuario adicto sin libre albedrío se convierte en un zombi con su cerebro cansado con el piloto automático puesto y a merced de los manipuladores ocultos y de algoritmos indiferentes y aleatorios (ransomware). Dice que todos proporcionamos datos e información porque estamos enganchados y atrapados por el efecto red y nos estamos convirtiendo en "idiotas".

Lanier advierte que las plataformas no tiene otra manera mejor de ganar dinero que consiguiendo que les paguen por modificar el comportamiento del usuario (son hinoptizadores que trabajan para unos clientes que están ocultos y cuya identidad es desconocida, lo que genera desconfianza). El autor recomienda borrar las cuentas de las redes sociales en base a diez argumentos, al menos hasta que las plataformas cambien su sistema de servicio gratuito (donde tú eres el producto) por uno de pago. Dice que se ha convertido en algo normal la vigilancia generalizada y la manipulación sutil y constante, lo que considera "inmoral, cruel, peligroso e inhumano". Se pregunta quién podía usar ese poder y para qué (por ejemplo, plantea la hipótesis de que los datos de los usuarios caigan en poder de una dictadura digital que controla a sus súbditos). El autor también aclara que las empresas de las redes sociales se han dado cuenta de la situación, tienen remordimientos, entonaron el "mea culpa" (Parker y Palihapitiya) e intentan solucionarlo.

El autor arranca el libro explicando por qué los vídeos y "memes" en la Red de gatos (semidomesticados e imprevisibles) tienen más éxito que los perros (domesticados y previsibles). La gente se queda a la expectativa de lo que va a hacer el gato, totalmente imprevisible (siguen siendo ellos mismos). Los usuarios tienen miedo de ser "perros" en Facebook, de hacer algo desagradable cuando suena el "silbato" que los controla. A Facebook y Google los define como "imperios de modificación de la conducta".

En el primer argumento, el autor señala que desde hace cinco o diez años todo el mundo lleva un teléfono inteligente apto para la modificación algorítmica de la conducta. También hay altavoces inteligentes que nos siguen el rastro, miden lo que hacemos y nos devuelven reacciones prediseñadas. "Unos ingenieros a los que no vemos nos van hipnotizando con intenciones que desconocemos. Somos animales de laboratorio", dice Lanier. Recaban datos sobre el usuario a escala colosal, lo monitorizan y evalúan, y las estadísticas revelan patrones de conducta ocultos para los que no tenemos explicación. Una vez que la máquina "sabe" si el usuario está triste puede influir con otros mensajes que han funcionado en otras personas. 

El autor relaciona esta modificación publicitaria de la conducta con el "conductismo" (hace referencia a la caja de Skinner, una jaula donde recompensaba a animales que hacía algo en particular). Añade que hoy se puede adiestrar a alguien usando técnicas conductistas y que la persona ni siquiera es consciente de ello.

Uno de los trucos para atraer al usuario es darle "chutes" de dopamina si alguien le da un "like" a una foto o publicación. Hay un bucle de retroalimentación de validación social. Entre las recompensas figuran caramelos brillantes en "Candy Crush" o tesoros en los videojuegos o respuestas halagadoras cuando publica algo, por lo que publica más. Además de premios, hay castigos (desprecio, ostracismo). Es como el palo y la zanahoria. Otra de las claves es que la "captación" funciona mejor cuando el algoritmo es deliberadamente aleatorio e impredicible porque nuestro cerebro es un buscador innato de patrones y es incapaz de resistirse al reto de encontrar "otro truco" ante un patrón sin sentido o incongruente (misterio que lo hace más fascinante). Además, los algoritmos son "adaptativos" y hace cálculos modificando pequeños cambios y ajustes temporales para ver si mejoran los resultados por ejemplo en la probabilidad de la compra (introduce rutinariamente altas dosis de aleatoriedad para ir ajustándose; son como saltos o mutaciones). Esto es lo que engancha a la mente porque busca un patrón donde no lo hay (este es el sistema de las tragaperras digitales o las apuestas en Internet). El problema del conductismo es que una herramienta de aprendizaje instrumental en vez de creativo. Califica a los anunciantes de "manipuladores" porque, habrá gente que solo quiera vender un jabón pero otros, más oscuros, buscan socavar la democracia, dice el autor.

El autor aclara que la modificación de la conducta es un efecto estadístico de forma que no se manifiesta en todos los individuos de una población (el acierto o predicción es difusa aplicada a un individuo pero exacta a escala poblacional).

Además de los patrones aleatorios, también influye la presión social (sensibilidad hacia el estatus, la opinión y la competición social). Por ello, dice el autor, en las redes sociales, la manipulación de las emociones sociales ha generado recompensas (solidaridad, camaradería, compasión, respeto) y castigos (ansiedad, acoso, miedo, ira; son fácilmente desbordables y generan respuestas reflejas que nos embargan más tiempo). Los castigos son más baratos, desde el punto de vista empresarial y, además, los algoritmos, amplifican las emociones negativas porque detecta que aumentan las visitas. Hay un sesgo hacia "abajo" (es más fácil montar un conflicto que resolver el hambre en el mundo).
Recalca que las emociones negativas son una fuerza superior que influye en la conducta personal, política, económica, social o cultural.

Otro factor es el "efecto de red", que influye en que la gente se quede atrapada en las redes (Uber, etc...) porque otros también la usan por sus beneficios, por lo que carecemos de capacidad real para usar otras diferentes. El idealismo libertario (una Internet libre y gratuita, accesible a todos) degeneró en "monopolios globales" (los usuarios son el producto y no el cliente de las redes sociales, lo que se llama "monopsonios").

En el capítulo 2, habla de la máquina estadística (difusa pero real) que llama INCORDIO (conductas de usuario modificadas y convertidas en un imperio de alquiler). Se basa en seis piezas:

A) Adquisición de la Atención que lleva al dominio de los Idiotas

    Genera agresividad entre los usuarios, que se comportan de forma desagradable.

B) Buitrear en la vida de todo el mundo

     Los algoritmos correlacionan todos los datos de una persona con las del resto y elaboran sus teorías. El nivel de vigilancia y espionaje roza lo distópico.

C) Colmar de contenido la mente de todo el mundo

     Los algoritmos generan para cada usuario un "hilo de contenido", un "motor de recomendación" o personalización. Cada persona ve cosas diferentes, nadie entiende porque otros actúan de otra forma y se reduce la empatía.


D) Dirigir el comportamiento de las personas de la manera más sibilina posible

Las plataformas usan efectos sutiles y acumulativos que pueden hacer que la gente se sienta "triste", alterar la participación electoral  o reforzar la fidelidad a una marca. Los algoritmos optimizan la felicidad, emociones, fidelidad...

E) Embolsarse dinero para dejar que los peores idiotas Engañen disimuladamente a todo el mundo

   La máquina de modificación de conductas se alquila por dinero o debe suministrar un combustible de datos para la plataforma (los periódicos crearon "ciberanzuelos" para entrar en el hilo de noticias de Facebook y sobrevivir al cambio).

F) Falsas muchedumbres y una sociedad Falsaria

  Los usuarios malintencionados que usan la máquina INCORDIO obtienen beneficios. Todo vale: desde poner falsos bots, IA, reseñas, perfiles falsos, todo automatizado... (hay un vandalismo social invisible). Se genera un altavoz a las personas falsas.


En el capítulo 3, el autor dice que en las redes sociales hay una especie de interruptor por el que la gente funciona en modo "lobo solitario" (reflexivo) o "manada" (irreflexivo). Recomienda no caer en este juego y no alimentar la agresividad y negatividad en las redes con vídeos con insultos ni tuitear como "represalia".

En el capítulo 4, aborda la falsedad de mucha información que circula por la red (a veces creada por bots falsos que generan millones de contenidos, "likes", ciberanzuelos, terroríficas historias falsas que aparecen en los hilos de contenido de Facebook...). Da igual si eres de izquierda o derechas, el algoritmo te cataloga dentro del grupo de "paranoicos". Lo preocupante, dice el autor, es que también divulgan falsedades médicas o sanitarias (como el desprecio a las vacunas) que pueden revivir enfermedades olvidadas y erradicadas.

En el capítulo 5, aborda la falta de contexto del contenido (texto, imagen y vídeo) publicado en las redes sociales, lo que genera conflictos por los malentendidos que surgen. Dice que Internet hay "nula o poca" capacidad para conocer el contexto (conversaciones de mujeres se remezclan, se manipulan groseramente, se incorporan a un marco violento o se sexualizan).
Por su parte, los periodistas se ven obligados a "optimizar" los resultados de audiencia de sus noticias para sacarle el mayor partido. De todos modas, muchas de estas cifras son falsas (la audiencia son "bots")
El autor recalca que los "podcats" han sobrevivido a la manipulación del contenido.

En el capítulo 6, Lanier alerta de la falta de empatía que generan las redes sociales. Indica que si lo que decimos deja de tener sentido, tampoco lo tiene para el resto del público. Señala que no podemos saber en qué medida la máquina Incordio sesga y moldea la manera de ver el mundo a través de búsquedas, hilos de contenido, anuncios personalizados o flujos, pues todos son distintos y privados, y personalizados (las señales que nos mandamos unos a otros dejan de tener sentido; nuestro mundo es invisible para quienes nos malinterpretan y viceversa debido a la opacidad). Además se reducen los espacios públicos y hay una mayor insensibilidad social impuesta digitalmente. No hay ya una teoría de la mente, el "no juzgues a la gente hasta ponerte en su lugar".

En el capítulo 7, indica que las redes sociales nos "entristecen" (al establecer unos estándares de belleza, estatus social inalcanzable o la vulnerabilidad ante los troles). Si las redes maximizan nuestra capacidad de atención, lo que amplifica las emociones negativas como si fuese un imán, "la máquina tenderá a encontrar la manera de hacernos sentir mal" sin necesitar saber cuál es el motivo que nos ha hundido. Según el autor, él está enfadado porque la máquina Incordio lo sitúa en una posición "subordinada" y "humillante" al sentirse juzgado (y desencadenar su "trol interior"). No le gusta que Facebook le diga que tiene pocos amigos o de si no gusta (lo que es "incordiante") porque lo clasifica y categoriza (como si fuesen signos del zodíaco o el horoscopo) pues esto puede determinar si nos conceden un préstamo, un empleo o un seguro. A mayores de estos niveles de valoración superficiales y visibles, hay otros opacos que nadie conoce (mediante correlaciones matemáticas que nadie sabe interpretar, la llamada interpretación de capa intermedia).

En el capítulo 8, aborda la inseguridad económica que genera el algoritmo Incordio (al fomentar los trabajos esporádicos mientras solo un puñado de emprendedores se hace rico). Dice que el movimiento que creó Internet cometió un error inocente:  se adoptó como dogma el software libre y abierto, con el código fuente bien visible pero esta teoría, al ser inviable económicamente, no llegó a funcionar. Sin embargo, las compañías con máquinas Incordio tienen software hipersecreto y oculto, inaccesible a los háckers por lo que "el código secreto con el que nos manipulan está protegido como las joyas de la corona". El segundo error, dice el autor, es permitir que los servicios fuesen gratuitos (el único modelo que funcionó fue el de la publicidad a costa de los músicos, traductores y periodistas). El problema es que ahora alguien paga para manipularnos y que genere trabajos precarios en Uber mientras espía a los pasajeros, dice Lanier. No hay sitio más que para unas pocas superestrellas.

La posibilidad que contempla Lanier es "monetizar directamente servicios como la búsqueda y las redes sociales". El usuario pagaría una cuota mensual por usarlos pero si contribuyese con contenidos, ganaría algo de dinero "en vez del simbólico cinco estrellas actual". Hay un precedente y son las televisiones por Internet como Netflix o HBO. Dice que cuando los usuarios paguen por las plataformas, estas servirán a sus usuarios y clientes (a su vez, dueños de sus datos, con los que puedan ganar dinero si son valiosos).

Añade que Google y Facebook están "muy enganchados" a la máquina Incordio.

En el capítulo 9, aborda la imposibilidad de generar política porque la red se ha llenado de insultos y vídeos violentos y la manipulación de los votantes para que disminuyan su participación electoral (por ejemplo, para provocar la derrota de Hillary Clinton, según sugiere el autor). Menciona que muchos votantes se sintieron desdeñosos y desesperanzados para no ir a votar, lo que explica con la expresión "redlining" (manera disimulada mediante la cual los bancos estadounidenses, supuestamente, han manipulado históricamente los algoritmos con los que evaluaban la solvencia crediticia para discriminar a los barrios negros). Se pregunta dónde está lo espontáneo y lo premeditado en algunas reacciones de los votantes de Clinton que se vieron impelidos a ridiculizarla.

En el capítulo 10, analiza las cuestiones "espirituales" de la red (libre albedrío, sentido de la vida frente al objetivo actual de "optimizar"). Google incluso trabaja para el "más allá", casi como una religión. Además, algunos ingenieros no sirven a la Humanidad sino que trabajan para futuras máquinas de Inteligencia Artificial que herederán la Tierra (la singularidad). El autor replica que la IA es un "cuento" inventado por los informáticos para conseguir financiación hace años, una fantasía que oculta una ingeniería de código chapucera. Añade que la religión de la máquina Incordio está conectada a un negocio que otorga empatía a programas de ordenador (la IA) para soslayar que eso degrada la dignidad, el estatus y los derechos humanos de seres reales (con los que no se tiene ninguna empatía y a los que se silencia). Recalca que todos somos una humilde célula en un superorganismo que es la plataforma.

La forma de resistirse es abandonar esas redes sociales tóxicas (incluye a WhatsApp, Instagram) que espían al usuario y crear las propias web. Dice que a medida que haya más gente consciente, abandonarán esas redes.