jueves, 22 de diciembre de 2011

"La ética protestante y el "espíritu" del capitalismo", de Max Weber (1904-1905)

Resumen de "La ética protestante y el "espíritu" del capitalismo", de Max Weber (1904-1905)


El resumen original y actualizado está en el siguiente link:
http://evpitasociologia.blogspot.com/2011/12/la-etica-protestante-y-el-espiritu-del.HTML

Sociología, estructura económica, estructura social, sociología de las religiones

Resumen y anotaciones por E.V.Pita, licenciado en Derecho y Sociología.

Título: "La ética protestante y el "espíritu" del capitalismo"
Título original: "Die protestantische Ethik und der "Geist" des Kapitalismus"
Autor:Max Weber
Fecha de publicación: 1904-1905

Editorial: Alianza Editorial, 2001

ÍNDICE
La ética protestante y el "espíritu" del capitalismo
I. El problema
-Confesión y estructura social
-El espíritu del capitalismo
-El objeto de profesión de Lutero
-Objeto de la investigación
II. La idea de profesión en el protestantismo ascético
Apéndice
Adiciones y cambios en la segunda versión (1920)

Reseña de la contraportada: "Este libro se interroga por el origen de la mentalidad capitalista moderna, enemiga y vencedora del tradicionalismo, y llega a la conclusión de que tal mentalidad procede, no del propio desarrollo económico capitalista, sino del modo de vida generado por el protestantismo de raiz calvinista, que redundó en una racionalización equivalente a una "desmagificación" del mundo, en la reducción del mismo a objeto de cálculo, explotación y dominación [...]"

Resumen comentado
[Nota del lector: es un libro clave mencionado en los programas de Sociología]

Max Weber empieza su libro con una ojeada a las estadisticas sobre las profesiones en Alemania, que tiene varias confesiones. La conclusión es que los empresarios, capitalistas y mandos de niveles superiores de las empresas modernas y obreros cualificados, y técnicos, son protestantes.Tras examinar las estadísticas considera que este fenómeno se reproduce por todo el país y concluye que

"esto hay que atribuirlo, por supuesto, en parte a razones históricas que están situadas en un pasado lejano y en las que la pertenencia a una confesión religiosa no aparece como causa de los fenómenos económicos sino, hasta cierto punto, como consecuencia de los mismos".

Weber señala que llegar a ser un capitalista o un mando intermedio requiere o bien la posesión de capital o bien una costosa educación, o ambas, ser heredero y tener cierto bienestar. Resalta que las ciudades ricas se convirtieron al protestantismo en el siglo XVI y sus consecuencias todavía favorecían en 1904 a los descendientes.

Su pregunta histórica es:

"¿Qué fundamento tenía esa fuerte predisposición de los territorios más desarrollados económicamente para una revolución eclesiástica?"

Señala que la Reforma no eliminó la autoridad religiosa sino que la sustituyó por otra que reglamentó el modo de vida familiar y pública. Este afirma que el calvinismo del siglo XVI sería actualmente insoportable de control eclesiástico del individuo. Los calvinistas pensaban que había poco control. Lo que Weber se pregunta es:

¿cómo las naciones más ricas de ese momento y las clases burguesas ascendentes "permitieron la tiranía puritana y que, encima, desarrollaran un heroísmo burgués"?.

Su primera conclusión es que, en primer lugar, hubo una herencia del patrimonio de ciudades que ya eran ricas cuando adoptaron el puritanismo. Por ello, busca en una región o país católico como Baden, Baviera o Hungría y descubre que los padres católicos envían a sus hijos a recibir clases superiores por debajo de la media, lo mismo que las clases técnicas o industrial-comerciales. Los católicos, señala Weber, prefieren educar a sus hijos en materias humanistas, lo que explica el reducido porcentaje de católicos humanistas.

En una tabla estadística muestra que los protestantes de Baden (ciudad católica)van más al Realgymnasien (69% de los alumnos), Oberrealschulen (52%), Realschulen (49%) y Höhere Bürgeschulen (51%). Los católicos solo son predominantes en el Gymnasium (46%, porque es la base previa a los estudios de Teología). El mismo fenómeno se da en Prusia, Baviera, Wurtemberg, Alsacia-Lorena y Hungría.

[Nota del lector: al observar la misma tabla me ha llamado la atención que la presencia de alumnos de religión judia en los colegios es muy alta. Uno de cada diez alumnos es judío pero solo representan el 1,5% de la población. La mitad de los alumnos son protestantes pero solo son el 37% de la población. Los Católicos son el 60% de la población pero solo el 42% de los estudiantes. Es un hechoestadístico relevante que Weber pasa por alto pero que sin duda debería afectar a sus conclusiones].

En la escala de oficios, los mandos van a parar a los protestantes porque son formados por maestros artesanos. Los católicos siguen como maestros artesanos mientras que los protestantes ocupan mandos intermedios en las fábricas.

La conclusión de Weber es que las caracteristicas mentales adquiridas por educación (atmósfera religiosa de la familia y localidad) determinaron la elección de profesión y posterior destino profesional. Excluye la situación histórico-política.

La siguiente pregunta es:
¿qué elemento de las confesiones religiosas es, o ha sido, el que ha tenido, o incluso tiene todavia, un efecto en esta orientación?

[Nota del lector: hasta ahora, Weber sigue un método bastante riguroso pero creo que debería haber aportado todas las tablas estadisticas disponibles para cerciorarse de que así ocurre en todas las ciudades o regiones que analizó. Además, es evidente que quienes tienes más dinero pueden permitirse el lujo de cursar estudios superiores por lo que si en el siglo XVI las ciudades ricas hubiesen conservado el catolicismo, ahora serían los católicos los mandos intermedios, por lo que quizás solo se trata de un asunto de riqueza heredada, que Weber no descartó.]

En primer lugar, Weber analiza las características que diferencian a los creyentes católicos (más alejados del mundo y rasgos ascéticos, que le importa más llevar una vida tranquila que llena de riesgos y riquezas) y los protestantes (más materialistas). Sin embargo, dice que esa división está equivocada porque en su día los protestantes ingleses u holandeses fueron más puritanos y rechazaban el goce mundanal mientras que los católicos del norte de Alemania les gustaba la buena vida en las capas bajas y enemigos de la religión en las altas. Por ello, concluye que dichas vagas ideas no sirven para relacionar un factor como es el alejamiento del mundo con otro como la participación en la producción capitalista.

En las siguientes páginas, Weber examina qué modelo de trabajador necesita una fábrica. Generalmente, uno que tenga virtudes puritanas, disciplinado y puntual y que considera que el tiempo vale oro, y que se adapte a la producción. Por ello, dice Weber, la eficiencia del modelo capitalista y la división del trabajo precisa de una población educada que sepa leer y comprender las instrucciones de trabajo, sea puntual y disciplinada en el trabajo, y tenga ambición para ganar dinero, lo que supone un incentivo. Lo que está claro es que la industria no quiere trabajadores que pasen el día metidos en la taberna sino que le interesan fábricas llenas de buenos padres de familia que vayan del trabajo a casa y sean ahorradores y disciplinados y lleven a su hora al trabajo.

[Nota del lector: Sobre el papel de la educación en la época de la revolución industrial, el sociólogo industrial Alvin Toffler habla en La Tercera Ola de la coda o canon, la idea de meter en el siglo XIX el reloj y los horarios en las escuelas para que los alumnos se adapten a los disciplinados horarios de las fábricas]


Pone como contraejemplo el caso de muchos católicos que consideran que hay que trabajar para vivir pero no vivir para trabajar, un tipo de vida que no encaja del todo con el progreso industrial, según viene a decir Weber.

Sobre los salarios a la baja
Esto se nota en los salarios: si usted paga 3 monedas por hacer 10 unidades (30 monedas al día) y ofrece subir el salario a 4 monedas, lo que ocurrirá es que su producción descenderá a 8,5 unidades al día porque es lo que un obrero necesita trabajar para llevar una vida holgada. Sin embargo, si baja los salarios a 2 monedas, los empleados se esforzarán por producir 15 unidades, ya que es el mínimo que necesitan para satisfacer sus necesidades básicas. Esto es porque son tradicionalistas, dice Weber. Y es por ello que los salarios tienden a la baja, comenta.

[Nota del lector: Keynes y el industrial Henry Ford llegaron a la conclusión contraria: si sube los salarios, los empleados demandan más productos y hacen crecer la economía]

Sobre la educación de un país
Weber examina los diferentes tipos de obreros en Alemania y Polonia. Por un lado, cuanto más al Este menos formados están y si emigran al Oeste, cobran más y se afanan más sin importarle las penalidades que en su tierra no soportarían. Por otro lado, dice que una emigrante polaca que cobraba y producía poco y que era perezosa en su país, si va a una ciudad rica de Alemania, aumenta su producción, se vuelve una empleada infatigable y esforzada e incluso ahorra. ¿A qué se debe este cambio? Weber dice que al ambiente cultural y económico que estimula la generación de ingresos y capital.
[Nota del lector: lo que viene a decir es que a un trabajador de 1904 no le compensaba trabajar mucho en Polonia porque los incentivos eran bajos, quizás porque vivía en una sociedad agraria inmóvil, pero que en Alemania, donde había un mayor movimiento económico, el mismo empleado tenía grandes incentivos para producir lo máximo posible, posiblemente porque los salarios son más justos y acordes con su esfuerzo. En una sociedad premian el esfuerzo y en la otra no]

Sobre la filosofía de Benjamin Franklin y el Tiempo es oro
Weber repasa algunos de los eslóganes del puritanismo, pietismo y otras sectas protestantes en los que se recordaba al creyente que no debe desperdiciar el tiempo. Es un claro materialismo frente al misticismo católico más apegado al más allá que al más aquí. Hay refranes sobre esa virtud de aprovechar el tiempo para ganar dinero y no malgastarlo sino invertirlo en crear más capital y rentas. Un chelín bien invertido hace otro chelín en un mes y una libra en un año, si lo gastas en la taberna pierdes una libra al año.
O este: "de la vaca se saca manteca y del hombre, dinero", todos ellos recopilados por Weber para su libro.
Esta mentalidad pietista es bien representada por Franklin, atareado en mil cosas y uno de los fundadores de Estados Unidos, que nos recuerda la importancia del progreso y de la creación de riqueza y capital.
Todas estas formas de pensar tuvieron éxito porque, parece deducir Weber, casaban bien con la mentalidad que necesitaba el capitalismo para crecer: trabajadores motivados y esforzados con ganas de ganar dinero y trabajar a destajo. Por eso, quienes fueron educados en esa mentalidad protestante tuvieron más oportunidades de medrar en ese ambiente positivista del siglo XIX.

[Nota del lector: parece obvio, un tipo que se esforzase en trabajar en una sociedad tradicionalista se daría cuenta de que no ganaba nada y perdería su motivación al ver que su esfuerzo era baldío y rechazado por sus paisanos. Eso explica porque los emigrantes, en otro entorno más propicio, se vuelven altamente productivos]

Por ello, protestantismo, finanzas y capitalismo casaron bien porque era el tipo de mentalidad que necesitaba una sociedad en continuo progreso. [Nota del lector: en términos darwinianos y spencerianos, podríamos decir que la mentalidad que mejor se adaptó a los cambios, sobrevivió mejor; así, quienes profesaban el protestantismo entendían mejor la sociedad capitalista que les tocó vivir y ocuparon mejores puestos que sus compatriotas de educación católica, no tan centrados en las nuevas tecnologías. Es lo mismo que hoy en día, quien ha nacido en un entorno que habla, por ejemplo, inglés, tiene más posibilidades de encontrar trabajo que otro en puestos más altos o que requieren mayor comprensión]

Lo mismo ocurrió a la hora de alcanzar puestos técnicos o ser un mago de las finanzas. Si una religión dice a sus creyentes que ganar dinero es bueno e incluso piadoso, los candidatos tendrán mayor motivación para prepararse y esforzarse y aceptar riesgos que otros empleados que hayan crecido con un mensaje que les recuerda que este mundo es valle de lágrimas por el que deben pasar a la espera de una vida mejor futura. [Nota del lector: creo que es esto lo que quiere decir Weber o así se deduce de su argumentación]

(continuará el resumen)

.................................
Reseña en "La cultura del nuevo capitalismo" de de Richard Sennett
" Al final de su ensayo más famoso, La ética protestante y el espíritu del capitalismo, ese malestar ( el profundo descontento respecto a las consecuencias personales que se derivaban de la estabilidad burocrática y la transparencia ) afloran nítidamente. La persona que hace toda su carrera laboral en una institución de ese tipo vive en una "jaula de hierro". El tiempo vivido en una organización de funciones fijas se asemeja al hecho de arrastrarse lentamente hacia arriba o hacia abajo por las escaleras de una casa que uno no ha diseñado; se vive lo que para nuestra vida ha diseñado otro. En La ética protestante, Weber explica específicamente por qué una persona hace tal cosa: las burocracias enseñan la disciplina de la gratificación diferida. En lugar de juzgar si nuestras actividades inmediatas nos interesan, aprendemos a pensar en una recompensa futura que llegará si en el presente obedecemos las órdenes. Y precisamente aquí se abre una grieta entre la pirámide militar y la burocrática.
.............................................................................

ANÁLISIS DE RICHARD SENNETT
En el libro "La corrosión del carácter"

Sobre Weber y La ética protestante y el espíritu del capitalismo

La autodisciplina y la creación de sí mismo aparecen juntas en el ensayo más celebre sobre la ética del trabajo. Weber quiso mostrar su combinación, más que su contradicción, analizando los albores del capitalismo moderno. Sin duda, Weber creía que la antigua exhortación de Hesidoto al campesino "no pospongas" [Nota del lector: en relación al refrán "Lo que puedas hacer hoy, no lo dejes para mañana"] se invertía en el capitalismo para volverse "Debes posponer". Lo que se debe posponer es el deseo de gratificación y realización; tenemos que moldear la biografía de modo que al final logremos algo; entonces, en ese tiempo futuro, estaremos realizados. En el presente, hay que seguir actuando como el campesino de Virgilio, combatiendo la pereza y del tiempo. Para ser francos, Weber creía que esa ética del trabajo era un fraude. La postergación es infinita, el sacrificio no conoce tregua, la recompensa prometida no llega nunca. [...] En La ética protestante, Weber se concentra en un aspecto de la doctrina protestante que hacía imposible asumir la responsabilidad de la propia historia personal. [...] Como historia económica, La ética protestante está plagada de errores. Como análisis económico, extrañamente omite toda consideración del consumo como fuerza motriz del capitalismo. Sin embargo, como crítica de cierto tipo de carácter, tanto su propósito como su ejecución son coherentes. La ética del trabajo de este tipo de hombre no le parece a Weber una fuente de felicidad humana y tampoco de fuerza psicológica. El hombre "exigido" está demasiado cargado por la importancia que ha llegado a atribuirle al trabajo.

1 comentario: