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domingo, 3 de septiembre de 2023

"La verdad sobre Facebook", de Frances Haugen (2023)

 Resumen del libro "La verdad sobre Facebook", de Frances Haugen (2023)

Resumen original y actualizado en el siguiente link:

https://evpitasociologia.blogspot.com/2023/09/la-verdad-sobre-facebook-de-frances.html

Resumen elaborado por E. V. Pita, doctor en Comunicación, licenciado en Derecho y Sociología

Sociología, redes sociales, Internet, economía digital, Silicon Valley, desinformación, Facebook

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Ficha técnica

Título: "La verdad sobre Facebook",

Subtítulo: Por qué denuncié sus malas prácticas y por qué la red social más grande del mundo es tan peligrosa

Título en inglés: Power of One

Autora: Frances Haugen

Edición en inglés: 2023

Edición en español: Deusto, Planeta, Barcelona, 2023

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Biografía de la autora Frances Haugen (hasta 2023)

Frances Haugen (Iowa, 1980) es ingeniera informática, experta en gestión de productos algorítmicos y embajadora de Facebook. Estudió ciencias de la computación e Ingeniería Eléctrica en la Facultad de Ingeniería Franklin W. Ollin y tiene un máster en Administración de Empresas por la Harvard Business School.

Trabajó en Google y Pinterest  antes de unirse al equipo de integridad cívica de Facebook en 2019. En otoño de 2021 decidió hacer público el "modus operandi" de Facebook y se convirtió en delatora de la plataforma, destapando el escándalo conocido como los "papeles de Facebook".

La filtración de dicha documentación generó una concienciación global sobre los peligros de las redes sociales, los cuales llevaron a Haugen a testificar públicamente ante los parlamentos de Estados Unidos, Francia, el Reino Unido y la Unión Europea.

Desde que informó sobre las prácticas secretas de Facebook, Haugen se ha dedicado a asesorar a los poderes públicos en la regulación de las plataformas digitales y se ha convertido en una de las activistas más destacadas  a favor de la rendición de cuentas y la transparencia en las redes sociales.

En 2022, la revista Forbes la incluyó en su lista de las 100 personas más influyentes del mundo.

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Texto de la contraportada

"La historia de la mujer que se enfrentó a Facebook y cambió la forma de entender las redes sociales"

"En septiembre de 2012, The Wall Street Journal publicó una exclusiva que sacudió el mundo. Facebook tenía conocimiento de los graves efectos nocivos que provocaba en la sociedad, pero no le interesaba remediarlo. Un mes después, la responsable de filtrar los archivos confidenciales que lo probaban salió del anonimato.

Se trataba de Frances Haugen. La joven extrabajadora de Facebook acusó a la compañía de Mark Zuckerberg de anteponer los beneficios económicos al bienestar y la seguridad de sus usuarios. Haugen dejó la empresa en mayo de 2021, pero no sin antes haber recopilado decenas de miles de documentos internos que fueron bautizados como los "Papeles de Facebook".

En su testimonio ante el Senado de Estados Unidos, la informática expuso cómo la plataforma - hoy llamada Meta- ignoró los informes e investigaciones que alertaban del impacto negativo de su tecnología en la sociedad. 

Haugen, que trabajó en el departamento encargado de vigilar la desinformación y los discursos de odio en la red social, explica con detalle en estas páginas la manera en la que el gigante tecnológico contribuye a los problemas de salud mental en los adolescentes, incentiva la difusión de bulos y permite la existencia de negocios ilegales en su web.

Este libro arroja luz sobre uno de los grandes temas de nuestro tiempo: el mecanismo de los algoritmos de las tecnológicas que, al recompensar los comportamientos extremistas y amplificar las incitaciones a la violencia, fomentan la polarización social y debilitan nuestra democracia.

La verdad sobre Facebook es un libro controvertido y revelador que aporta una visión novedosa sobre las implicaciones éticas de las compañías digitales en una sociedad gobernada por la tiranía del clic".

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ÍNDICE

 1. El Estado de la Unión

2. Mi juventud en Iowa

3. Olin: mi primera start-up

4. El Googleplex

5. Silicon Valley

6. Veritas

7. Muy cerca

8. A vueltas con los números

9. Expresiones de duda

10. La huida de San Francisco

11. Una amenaza descentralizada

12. La hora de la verdad

13. La extracción

14. La salida del anonimato

15. Sigamos adelante

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RESUMEN

La autora, que se formó como ingeniera analista de datos y directiva, señala en el libro que, durante su adolescencia, fue miembro de un equipo de debate político a nivel nacional (certamen entre institutos de EE.UU.) y que fue ahí cuando aprendió a organizar sus temas e ideas en carpetas en el ordenador, para tener todo ordenado por tema. Gracias a ese sistema luego tuvo una manera ordenada de extraer 2.000 documentos de Facebook y tenerlos perfectamente clasificados en carpetas, de forma que todo ese caudal de información fuese comprensible y útil. Así pudo organizar todos los datos para hacerlos asequibles a la prensa y a l Senado de EE.UU.

La autora, que llegó a padecer un problema digestivo y luego motor que la obligó a estar en silla de ruedas, cuenta sus inicios en Google (donde tenía jornadas intensivas de sol a sol y un día la jefa la llamó a las 10 de la noche para que volviese al trabajo revisasen el dosier de una presentación de un nuevo producto). Tras pedir una excedencia y una beca para hacer un máster MBA en Harvard (donde los ejecutivos de la fila del fondo se reían de ella por hacer preguntas en clase), regresó a Google pero su departamento fue desmantelado y ella tuvo que hacer pasillos hasta que se fue. Uno de sus trabajos más destacables en Google Books fue pillar a un estudiante o becario del MIT que estaba almacenando todos los libros que escaneaba Google tras el pago de los correspondientes derechos. Como ella era analista de datos, se dio cuenta de un insual tráfico desde una IP del MIT y le envió un correo al pirata diciéndole que lo habían pillado.

Tras pasar por Pinterest y otra start-up, recaló en Facebook. La autora cuenta que le encargaron la vigilancia cívica y que con su equipo quiso desarrollar un algoritmo que detectase las cuentas de los difusores de "fake news". Cuenta que, según averiguó, la empresa no tenía suficiente personal para filtrar todos los bulos y dividió entre los países anglosajones (o el mercado USA), que sí tendría filtro, y el resto del mundo, que no lo tenía entre otras cosas porque eran mercados de países pobres que recibían Internet gratis (free) gracias a Facebook con la idea de que más tarde serían rentables. Pero esta falta de recursos dejó pasar la campaña de genocidio contra el pueblo "rominma" en Birmania. Solo un empleado de Facebook hablaba birmano y trabajaba en Irlanda, desde allí intentó alertar a la cadena de mando pero, el mensaje, se perdió entre los escalones de la burocracia y, según dice, nunca llegó a la sede central en Silicon Valley.

Otra cosa que descubrió la autora es que la red social estimulaba los "likes" a los post para que los creadores de contenidos se sintiesen felices, no se desanimasen y siguiesen produciendo "post". La autora, por otros ejemplos que da, dedujo que a Facebook le interesaba más ganar dinero que cuidar de sus usuarios o valorarlos. Es más, todo el trabajo de meses Zuckenberg se encargó de revisarlo en un fin de semana y ordenar que todo siguiese igual para no perder dinero.

Durante el confinamiento, cruzó todo Estados Unidos en coche para quedarse en casa de sus padres. Se encerró a trabajar desde las nueve de la mañana hasta las diez de la noche en diversos proyectos.

Una de las misiones de Haugen, como analista de datos y subjefa del departamento de Integridad Cívica de Facebook, fue desenmascarar a los bots (redes de cuentas automatizadas creadas para generar campañas de manipulación política, vigilancia de activistas y opositores o por otro motivo) pero las reglas eran que solo podían hacerlo si superaban las 300.0000 visualizaciones de perfiles de usuarios al mes por cuenta (técnica del "scramping") con el fin de no hacer caer los servidores de Facebook. La autora descubrió que, lógicamente, los bots pasaban inadvertidos porque creaban miles de cuentas fantasma para extraer datos varias veces al día de los perfiles de los usuarios, no se sabe con qué motivo. El problema es que en Facebook no les importaba lo que estuviesen haciendo los bots por varios motivos: uno es que todo iba bien mientras no dañasen los servidores y si eliminaban miles de cuentas de usuarios-basura los accionistas se ponían nerviosos al ver que la red social perdía "amigos" aunque fuesen cuentas automatizadas. Ningún departamento le prestó atención porque andaban mal de personal y recursos, salvo la sección de contraespionaje porque comprendió que esas redes de bots tenían suficiente potencial para montar campañas. Lo que colmó la paciencia de Haugen fue que el departamento de Vigilancia Cívíca fue desmantelado y troceado en varios grupos justo antes de celebrarse las elecciones de noviembre del 2016 (que ganó Biden y recurrió Trump), lo que se hizo efectivo en los días siguientes.

En la parte final del libro, la autora dice que Integridad Cívica o lo que quedaba de ella avisó a Mark Zuckenberg de que el nuevo algoritmo de Facebook estaba premiando los "post" más extremistas (porque la indignación y la rabia daban más visitas), lo que podía generar daños a los usuarios. La autora dice que él tuvo oportunidad de cambiar las cosas y no lo hizo, razón por la que ella se decidió a denunciar y renunciar a su trabajo. Un periodista del The Wall Street Journal contactó con ella y le sacó fotos a miles de documentos en el ordenador para probar sus acusaciones contra Facebook, lo que le llevó a declarar en el Congreso. Hizo una campaña de imagen en televisión para que los ciudadanos supiesen que no era una empleada descontenta sino que quería avisar a la gente de lo que estaba pasando. WSJ montó un conglomerado de medios en Europa y otros países para difundirlo.

Otro de los episodios finales tiene que ver en el supuesto daño psicológico que Facebook estaba haciendo a los menores y adolescentes. La autora descubrió que Facebook, a través de sus métricas sabía que se estaban colando muchos niños de 10 años que mentían sobre su edad. En el análisis de datos, descubrió que Facebook tenía que saber, por sus compañeros y colegios, cuántos niños había en la red y, aún así, los expuso a publicidad y noticias de algoritmos tóxicos que puntuaban las noticias más extremas, por ejemplo, que incitaban a la bulimia y a perder peso, o a hacer clubes de autolesiones, entre adolescentes, y de los que la autora cree que hubo una presión psicológica a quienes estaban en redes. La autora dice que la compañía lo sabía y que no hizo nada para no perder un público infantil que le estaba siendo muy rentable a los anunciantes y publicistas.  Todo ese informe lo presentó ante una comisión en el Congreso para alertar de los riesgos de los algoritmos entre adolescentes.

La principal crítica que se hace es que Facebook tenía conocimiento de todos estos estudios y se comprometió públicamente a mitigar estos efectos pero no dispuso de la suficiente plantilla para realizar el trabajo con eficiencia y, además, solo se limitó a proteger a los hablantes de lengua inglesa en EE.UU. cuyo mercado no suponía ni el 10 % del global pero bajo el que estaba sometida su jurisdicción legal. La razón de no invertir más dinero en corregir estas disfuncionalidades era que la empresa no quería asustar a los inversores y reducía sus beneficios, cada dólar más contaba mucho. La autora cree que con un poco más de inversión en corregir esos defectos que generaba el algoritmo se podrían haber salvado muchas vidas (genocidio de minorías, adolescentes con problemas de anorexia, etc...) pero primó la codicia y el beneficio de los accionistas. 

Tras destaparse el tema de los adolescentes y otros fallos del algoritmo, Facebook sufrió una importantísima caída de la cotización y, tras declarar Frances Haugen, cambió su nombre a Meta.

jueves, 21 de julio de 2022

"Manipulados. La batalla de Facebook por la dominación mundial", de Sheera Frenkel y Cecilia Kang (2021)

 Resumen del libro "Manipulados. La batalla de Facebook por la dominación mundial", de Sheera Frenkel y Cecilia Kang (2021)

Link original y actualizado en:

https://evpitasociologia.blogspot.com/2022/07/manipulados-la-batalla-de-facebook-por.html

Resumen elaborado por E.V.Pita, doctor en Comunicación Contemporánea y licenciado en Derecho y Sociología

Sociología, redes sociales, sociedad de la información, Internet, privacidad

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500 RESÚMENES DE LIBROS  DE ECONOMÍA Y SOCIOLOGÍA

"DE ADAM SMITH A LA INFLACIÓN EN POSTPANDEMIA (1776-2023)"

por E.V.Pita (2023)

Link al compendio de resúmenes:

Descargar en PDF en este enlace:
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Ficha técnica:

Título: "Manipulados"

Subtítulo: La batalla de Facebook por la dominación mundial

Título original en inglés: An Ugly Truth. Inside Facebook's Battle for Domination

Autoras: Sheera Frenkel y Cecilia Kang

Primera edición en inglés: 2021

Edición en español: Barcelona, Penguin Randon House

Páginas: 366

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Biografía de las autoras Sheera Frenkel y Cecilia Kang

Sheera Frankel es periodista, vive en San Francisco y escribe sobre ciberseguridad en The New York Times. Durante más de una década fue corresponsal en Oriente Próximo escribiendo para BuzzFed, NPR, The Times y los periódicos del grupo McClatchy.

Cecilia Kang vive en Washington DC y escribe sobre tecnología y regulación tecnológica en The New York Times. Antes trabajó durante diez años en The Washington Post cubriendo temas de tecnología y negocios.

Frenkel y Kang han formado parte del equipo de periodistas de investigación finalistas al Premio Pulitzer en la categoría de reportajes nacionales. El equipo ganó el premio George Polk por el mejor reportaje nacional y el premio Gerald Loeb por la mejor investigación periodística.

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Texto de la solapa

"El libro que Facebook no quiere que leas.

Facebook lleva varios años en el ojo del huracán. Desde que estallaron los escándalos de Cambridge Analytica y la campaña de desinformación rusa, ha intentado esquivar una avalancha de controversias y demandas relacionadas con su estrategia empresarial. Mientras la plataforma presume de crear un mundo interconectado donde poder expresarse con libertad, viola la privacidad de sus usuarios y propaga una epidemia de desinformación tóxica y dañina.

A partir de una minuciosa investigación y tras haber entrevistado a legisladores, inversores, académicos, ejecutivos y empleados del gigante de Silicon Valley, Sheera Frenkel y Cecilia Kang, dos prestigiosas periodistas de The New York Times, se adentran en los entresijos de una empresa rodeada de siempre de un gran secretismo y cuya cultura exige una lealtad ciega, y revelan las operaciones ocultas y las luchas de poder de la red social por excelencia.

Mucha gente considera que Facebook ha perdido el rumbo, pero esta explosiva investigación demuestra cómo los pasos en falso de los últimos años no son una anomalía, sino una consecuencia inevitable. Mark Zuckerberg y Sheryl Sandberg emprendieron juntos la construcción metódica y deliberada de un modelo de negocio despiadado basado en el crecimiento ilimitado. Cegados por su propia ambición y arrogancia, esta no es la clásica historia de Frankenstein, el monstruo que se liberó de su creador, sino de dos personas que han decidido mantenerse al margen mientras su imperio sirve de altavoz a criminales y regímenes corruptos de todo el mundo con consecuencias devastadoras.

Sería muy fácil reducir la historia de Facebook a la de un algoritmo fallido. La verdad es mucho más compleja y este libro es la prueba definitiva.

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ÍNDICE

Prólogo: a cualquier precio

1. No hay que tentar a la suerte

2. El próximo bombazo

3. ¿En qué estamos metidos?

4. La exterminadora de ratas

5. El canario salvavidas

6. Una idea verdaderamente descabelladas

7. La empresa por encima del país

8. Borrad Facebook

9. Piensa antes de compartir

10. Un líder para tiempos de guerra

11. La Coalición de la voluntad

12. Amenaza existencial

13. La interferencia oval

14. Un bien para el mundo

Epílogo: La estrategia a largo plazo

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RESUMEN

Las autoras Sheera Frenkel y Cecilia Kang concluyen que a lo largo de 16 años, Facebook obtuvo grandes ganancias de la red social que se han gestado repetidamente a expensas de la privacidad y seguridad del consumidor y la integridad de los sistemas democráticos. Dicen que Mark Zuckerberg y su número 2 Sheril Sandberg crearon un negocio que se ha convertido en una máquina imparable de generar beneficios y que podría ser demasiado poderosa para disolverla. Creen que los cambios difícilmente vendrán de dentro: "El algoritmo que sirve al corazón de Facebook es demasiado poderoso y lucrativo". Además, añaden, la plataforma se cimienta en una dicotomía fundamental y tal vez irreconciliable: su supuesta misión de mejorar la sociedad conectando a la gente a la vez que obtiene beneficios de ella. "Es el dilema de Facebook y su fea realidad", dicen las autoras.

El libro deja claro el esfuerzo de Facebook para convertirse en una plataforma gigante que unió a gran parte del mundo en una conversación pero que, en afán de ganar dinero, dejó pasar muchos errores de diseño, por no decir legales (privacidad, altavoz de fake news que incitan a la violencia, soporte para ideas políticas extremistas y violentas, manipulación de elecciones). Por otra parte, Facebook, al convertirse en un coloso, aprovechó su poder para transformarse en un monopolio comprando apps como WhatsApp e Instagram. Luego, para evitar la legislación antimonipolio que pretendía trocearlo, alegó ser un negocio demasiado complejo para dividirlo. El dirigente de Facebook, a pesar de tener a todo un lobby en Washington, que defendía sus intereses, tuvo que comparecer varias veces en el Congreso para responder sobre infiltraciones rusas o el escándalo de Cambridge Analytica. Su equipo de abogados lo entrenó para responder adecuadamente. La primera pregunta que le hicieron los congresistas fue: "¿Podría usted compartir con nosotros en qué hotel va a dormir esta noche?". Zuckerberg respondió: "No, es algo privado".

 La gran ejecutiva de Facebook es Sheryl Sandberg, un puño de hierro que procedía de Google y supo redimensionar la compañía a escala planetaria, de forma que pasó de tener 10 millones de usuarios a 2.000 millones. Una fórmula del éxito fue vender a los publicistas la posibilidad de acceder a la privacidad de los usuarios de la plataforma para venderles productos. La línea de negocio era clara: más usuarios, más beneficios. Por eso, se dio prioridad a que los usuarios leyesen en su Feed News (una idea tecnológica que se le ocurrió a Zuckerberg para que las publicaciones de tus amigos apareciesen en tu muro y este se refrescase continuamente)

Las autoras narran las aventuras del fundador Zuckerberg y la ejecutiva Sandberg desde sus tiempos universitarios, en facultades de élite. En los primeros años, su sueño era llegar al millón o dos millones de usuarios, luego pasar de mil millones a 2.000 millones de amigos (para ello, Facebook se expandió hacia países en desarrollo), y algún día, llegar a los 5.000 millones. Se trataba de crecer y crecer mientras se amontonaban los problemas: la injerencia rusa en las elecciones del 2016 y en el Brexit, disturbios racistas generados por mensajes de odio, el genocidio de Indonesia contra una minoría musulmana basado en "fake news", el asalto al Capitolio por seguidores de Trump... El problema, dicen las autoras, es que varios empleados de Facebook avisaron antes de los peligros que generaban esos mensajes pero la cúpula hizo oídos sordos y nadie los eliminó, lo que algunas veces culminó en tragedias o asesinatos. Zuckerberg siempre alegó que respetaban el derecho a la libertad de expresión (salvo delitos infantiles, violencia explícita, etc).

Otro frente de batalla fueron los robos de datos a usuarios para segmentarlos en perfiles de personalidad y hacer campañas publicitarias. Zuckergerg había apostado por un producto que permitía a las empresas publicitarias extraer datos de los clientes. Fue una tecnología que aprovechó Cambridge Analytica para hacerse con información de las cuentas de 40 millones o más de estadounidenses para relanzar la campaña de Trump, que al final ganó las elecciones del 2016.

 Por otra parte, el jefe de ciberseguridad Stamos descubrió que una granja de trolls de San Petersburgo, perteneciente al gobierno de Rusia, estaba comprando anuncios en Facebook y creaba una red de grupos para alcanzar a varios millones de usuarios. La intención de la injerencia rusa era manipular la conducta de los votantes a la hora de elegir a un candidato o de abstenerse. [Nota del lector: Diversos autores, sobre todo Zuboff, avisan de que la manipulación conductal es una tecnología que es difícil de entender porque no se conoce, razón por la que pasa desapercibida pero que conduce a los usuarios de las redes, a través de mensajes que te hacen sentir triste o contento, a votar, a no ir a votar o a cambiar el voto]. 

Además, Stamos descubrió que la misma agencia rusa estaba filtrando correos interesados en vísperas de varias campañas electorales en Occidente, caso de Francia, pero avisaron a Macron, o a Hilary Clinton (esta fue defenestrada por correos filtrados que la ponían en evidencia). Stamos peleó por mejorar la ciberseguridad pero el problema era de fondo: la cúpula de Facebook eliminó mucha propaganda rusa pero siempre quedaba algo precisamente porque el algoritmo lo permitía. Al ver que nadie iba a hacer nada al respecto, Stamos dimitió. 

Una de las cuestiones que se aborda en el libro es la decepción de muchos trabajadores al ver que Facebook miraba hacia otro lado cuando había problemas de delitos de odio o privacidad. Muchos trabajadores descontentos filtraron documentos a la prensa y fueron despedidos por deslealtad. Había una informática dedicada a ello: la llamada "exterminadora de ratas". Por otra parte, los empleados podían chatear varias veces al mes con el propio Zuckerberg: el grupo votaba varias preguntas y el jefe las contestaba. Pero con los años creció el descontento porque veían que detrás de un proyecto ilusionador había montado un sistema "autoritario" (bajo el puño de hierro de Sandberg) y que no se preocupaba por el usuario (de lo que se trataba era de exprimirlo) sino de ganar más y más dinero. En el 2020, llegaron a facturar 86.000 millones de euros en publicidad. Todos los años estaban creciendo.

Cuando fue la pandemia del covid, Facebook ya lo sabía unas semanas antes (gracias a los informes de alerta que le enviaron sus fundaciones y oenegés en Asia) y había ordenado a sus empleados no esenciales comenzar a teletrabajar.

Una metáfora para entender cómo funciona el algoritmo de Facebook

[Nota del lector: Este párrafo no forma parte del libro. Lo he puesto para que se entienda cómo desde el libro ven el funcionamiento del algoritmo.

Para entender la política de Facebook sobre las "fake news" o delitos de odio, hay que valerse de una metáfora que me he inventado: Imaginen ustedes a un tabernero que ha montado un bar confortable donde la gente charla de todo tipo de temas. En una mesa, unos ladrones planean un robo, en otra, un grupo coral queda para ensayar, en otra, una familia propone hacer un picnic, ... La idea de Zuckerberg es que la libertad de expresión es sagrada y que su misión es ayudar a que la gente esté en contacto sin interferir porque no es quién para decidir qué es verdad o no. Al igual que en un bar, ningún tabernero echa del local a un cliente por hablar de lo que sea, esté de acuerdo o no con él, a no ser que se ponga muy violento y tenga que llamar a la policía.

Si volvemos al bar, vemos que el público se está arremolinando en torno a una mesa: allí un viejo chismoso que cuenta historias difamatorias de políticos de otro partido, conspiraciones, temas raciales... Cada vez hay más público arremolinado, especialmente gamberros y camorristas, y lo que piensa el tabernero no es: "debo echar del bar a este viejo porque está divulgando mentiras que podrían sembrar la violencia" sino que piensa: "Hoy vendo el triple de cervezas".  Al día siguiente, sienta al chismoso en una mesa más grande para que gane más público porque es una atracción gratuita que beneficia a su negocio hostelero. Un día, una turba ciega sale enfurecida del bar y acosa la casa de un político, dan una paliza a un granjero inocente porque circulan rumores de que en su sótano almacena grandes alijos de droga o invaden la Alcaldía. Todos saben quién es el cliente que vierte esos mensajes tóxicos pero nadie hace nada por echarlo del bar porque cada día entra más clientela a escuchar sus peroyatas. A mayores, otros contadores de rumores llegaron atraídos al bar porque rebosaba de clientes y aprovecharon esa gran audiencia para pedir mesa y difundir sus mentiras y mensajes de odio.

A todo ello se suma, que entre los clientes del bar hay comerciales y espías extranjeros que sonsacan datos de los otros clientes, oyen sus conversaciones, hacen fichas de ellos, los clasifican a fin de enviarles propaganda,... El tabernero lo sabe pero no se inmiscuye pues esos clientes también piden cervezas y están mucho tiempo en el local, y hacen gasto. Tras las protestas de algunos afectados, coloca mamparas en las mesas para garantizar la "privacidad"]. 

No sé si se ha entendido la metáfora que he puesto pero lo que las autoras vienen a decir es que Zuckenberg y Sandberg idearon un algoritmo que potencia las "fake news", no porque les gusten las mentiras sino porque dan mucho más público y tráfico, lo que genera más beneficios. A decir verdad, quiénes son ellos para decir que algo es verdad o mentira, lo deciden los usuarios con sus comentarios. Pero todo ese debate que generan las noticias tóxicas aumenta las visualizaciones y escala puestos en el ránking de los más vistos, por encima de las preocupaciones por el clima, la igualdad y otras buenas causas. El problema ha surgido cuando algunos han aprovechado la plataforma social como altavoz para cometer fechorías: las autoras citan la supuesta injerencia rusa en las elecciones del 2016 y el uso de datos sin permiso de Cambridge Analytica ].


domingo, 27 de septiembre de 2020

Actualización: "La era del capitalismo de vigilancia", de Shoshana Zuboff (2019)

 ACTUALIZACIÓN

Reseña / resumen de "La era del capitalismo de vigilancia", de Shoshana Zuboff (2019)

Link al resumen original y actualizado:

Resumen elaborado por E.V.Pita, doctor en Comunicación y licenciado en Derecho y Sociología

Sociología, capitalismo, redes sociales, big data, Internet, sociedad de la información

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Ficha técnica


Título: “La era del capitalismo de la vigilancia”

Subtítulo: La lucha por un futuro humano frente a las nuevas fronteras del poder


Título en inglés: “The Age of Surveillance Capitalism”


Autora: Shoshana Zuboff


Publicado en inglés en 2019


Editorial en español: Paidós, Editorial Planeta, Barcelona, 2020


Número de páginas: 910


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Biografía oficial de la autora (hasta 2020)


Shoshana Zuboff es autora de tres obras, cada una de las cuales ha aparecido en el inicio de una nueva era tecnológica. A finales de la década de los 80, In the Age of the Smart Machine [En la era de la máquina inteligente] anticipó la revolución que los ordenadores provocarían en los lugares de trabajo. A finales del siglo XX, The Support Economy [La economía de soporte] predijo el auge del capitalismo digital y de los servicios creados a medida del consumidor. La era del capitalismo de vigilancia pone al descubierto un mundo en el que los usuarios ya no son meros clientes sino la materia prima de un nuevo sistema industrial. La doctora Zuboff es emérita de la Harvard Bussines School y profesora asociada en el Berkman Center for Internet and Society de la Harvard Law School.


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Texto de la contraportada


“En esta obra magistral por la originalidad de sus ideas y las investigaciones en ella expuestas, Shoshana Zuboff nos revela el alarmante fenómeno que ella ha denominado “capitalismo de la vigilancia”. Está en juego algo de la máxima importancia; toda una arquitectura global de modificación de la conducta amenaza con transfigurar la naturaleza humana en el siglo XXI de igual modo a como el capitalismo industrial desfiguró el mundo natural en el siglo XX.


Gracias al análisis de Zuboff, cobran vida de forma gráfica las consecuencias del avance del capitalismo de la vigilancia desde su foco de origen en Silicon Valley hacia todos los sectores de la economía. Hoy se acumula un enorme volumen de riqueza y poder en unos llamados “mercados de futuros conductuales” en los que se compran y venden predicciones sobre nuestro comportamiento, y hasta la producción de bienes y servicios se supedita a un nuevo “medio de modificación de la conducta”.


La amenaza que se cierne sobre nosotros no es ya la de un Estado “Gran Hermano” totalitario, sino la de una arquitectura digital omnipresente: un “Gran Otro” que opera en función de los intereses del capital de la vigilancia. El exhaustivo y turbador análisis de Zuboff pone al descubierto las amenazas a las que se enfrenta la sociedad del siglo XXI: una “colmena” controlada y totalmente interconectada que nos seduce con la promesa de lograr certezas absolutas a cambio del máximo lucro posible para sus promotores, y todo a costa de la democracia, la libertad y nuestro futuro como seres humanos.


Estamos en una coyuntura crítica en la confrontación entre el vasto poder de las empresas de alta tecnología y el gobierno, la lógica económica oculta del capitalismo de vigilancia y la propaganda de la supremacía de las máquinas que amenazan con moldear y controlar la vida humana. ¿Amenazarán los nuevos métodos descarados de ingeniería social y modificación del comportamiento la autonomía individual y los derechos democráticos? ¿Introducirán nuevas formas extremas de desigualdad social? ¿O la promesa de la era digital será de empoderamiento individual y democratización?


La era del capitalismo de la vigilancia ofrece un análisis lucido y revelador de las futuras batallas que, en el próximo capítulo del capitalismo, decidirán el significado de la civilización de la información en el siglo XXI. La cuestión es si seremos los dueños de la información y las máquinas, o sus esclavos.


Sin apenas resistencia en la legislación o en la sociedad, el capitalismo de la vigilancia va camino de dominar el orden social y determinar el futuro digital... si no se lo impedimos antes”.


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ÍNDICE


Introducción


  1. Hogar o exilio en el futuro digital



Primera parte


Los fundamentos fundacionales del capitalismo de la vigilancia


  1. Nueve de agosto del 2011. Preparación del escenario.


3, El descubrimiento del excedente conductual


4, El foso alrededor del castillo


  1. La elaboración del capitalismo de la vigilancia: secuestrar, acaparar, competir


  1. Secuestrados: la división del aprendizaje social


Segunda parte


El avance del capitalismo de la vigilancia


  1. El negocio de la realidad


  1. Rendición-conversión (rendition): de experiencias a datos


  1. Redición-conversión (rendition): desde las profundidades


  1. Haz que bailen

  2. El derecho al tiempo futuro


Tercera parte


Poder instrumentario para una tercera modernidad


  1. Dos especies de poder


  1. El Gran Otro y el auge del poder instrumentario


  1. Una utopía de certeza


  1. El colectivo instrumentario


  1. De la vida en la colmena


  1. El derecho de asilo y refugio


Conclusión


  1. Un golpe desde arriba


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RESUMEN

La autora define el capitalismo de vigilancia como:


  1. Nuevo orden económico que reclama para sí la experiencia humana como materia prima gratuita aprovechable para una serie de prácticas comerciales ocultas de extracción, predicción y ventas.


  1. Lógica económica parasitaria en la que la producción de bienes y servicios se subordina a una nueva arquitectura global de modificación conductual.



  1. Mutación inescrupulosa del capitalismo caracterizada por grandes concentraciones de riqueza, conocimiento y poder que no tiene precedente en la historia humana.



  1. El marco fundamental de una economía de la vigilancia.



  1. Amenaza tan importante para la naturaleza humana en el siglo XXI como lo fue el capitalismo industrial para el mundo natural en los siglos XIX y XX.


  1. Origen de un nuevo poder instrumentario que impone su dominio sobre la sociedad y plantea alarmantes contradicciones para la democracia de mercado.


  1. Movimiento que aspira a imponer un nuevo orden colectivo basado en la certeza absoluta.


  1. Expropiación de derechos humanos cruciales que perfectamente pueden considerarse como un golpe desde arriba: derrocamiento de la soberanía del pueblo.



En la primera parte del libro la autora aborda la cuestión de los elementos fundacionales del capitalismo de la vigilancia: sus orígenes y su fase temprana de elaboración.

El capítulo 2 expone cómo se creó el marco propicio para que el capitalismo de vigilancia hiciera su triunfal acto de aparición. La autora dice que no bastan con las explicaciones superficiales, como la comodidad y gratuidad de los servicios. Habla de la colisión que se produjo durante varios siglos en la “individualización” que ayudó a que lo digital entrara en las vidas cotidianas de la gente. Por un lado, la gente quería ser autónoma pero por otro estaba sometida a tres décadas de régimen de una economía de mercado neoliberal en la que nuestra valía y necesidades de libre determinación individual autónoma se ha visto boicoteada, lo que genera dolor y frustración. Eso hizo que la gente buscase sustento en Internet y se doblegase al “draconiano” quid pro quo ofrecido por el capitalismo de vigilancia.


La autora aborda después cómo se inventó el capitalismo de vigilancia y su evolución en Google, partiendo de las “leyes del movimiento”. La autora dice que Google impuso un desprecio a la vida privada como por la integridad moral del individuo. El capìtalismo de vigilancia se creyó con derecho a invadir a voluntad, a usurpar los derechos de decisión individuales en beneficio de la vigilancia unilateral y de la extracción autoautorizada de la experiencia humana para lucro de otros.

La autora recalca que había una ausencia de legislación que impidiese esto porque había intereses también de las agencias de inteligencia de los Estados y por la tenacidad de las corporaciones.

Las grandes compañías (Google y sus competidores) tienen grandes asimetrías de conocimientos y poder y se ha creado una especia de división del aprendizaje social.


En la segunda parte del libro, la autora aborda la migración del capitalismo de vigilancia desde el entorno digital hasta el mundo real como consecuencia de los productos predictivos que se aproximen a la certeza absoluta. Hay un negocio de la realidad (la experiencia humana es la materia prima para convertirse en datos conductuales). Se efectúa bajo el paraguas de la personalización. Pero además, las compañías también han aprendido a “moldear” nuestro comportamiento para que favorezca resultados comerciales. Pone como ejemplo el juego de realidad virtual Pokemon Go.


La tercera parte examina el auge del poder instrumentario y su manifestación en una infraestructura computacional ubicua, sensitiva e interconectada en red (el Gran Otro), lo que genera una visión de la sociedad antidemocrática. El instrumentalismo no es un totalitarismo sino algo diferente, un mercado con certeza total, algo inimaginable fuera del ámbito digital.

Primero el capitalismo de vigilancia migró del mundo virtual al real, luego del real al social (una especie de mente colmena; las máquinas afinan la sociedad).

Finalmente, la autora explica cómo el capitalismo de vigilancia se desvía del libre mercado hasta dar un “golpe por arriba” (derrocan la soberanía del pueblo) para dominar territorios humanos, sociales y políticos. Propone que el pueblo invierta el proceso.



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Nota: resumen elaborado a partir del extracto publicado por Le Monde Diplomatique (enero 2019, portada y páginas 22 y 23) y de El País (27-09-2020)

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Ficha técnica

Título original en inglés: "The Age of Surveillance Capitalism: The Fight for a Human Future at the New Frontier of Power"

Autora: Shoshana Zuboff

Publicado por Public Affairs, Nueva York, 2019

Traducción al español: Traducción del primer cápitulo en Le Monde Diplomatique (enero 2019, portada y páginas 22 y 23)

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Biografía de la autora Shoshana Zuboff (hasta el 2019)

Shoshana Zuboff es profesora emérita en la Harvard Business School. Autora de "The Age of Surveillance Capitalism"

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Resumen del extracto publicado en Le Monde Diplomatique (español) en enero del 2019

Comentarios iniciales: La autora se suma a la corriente de expertos (Lanier, Morozov y otros) que cuestionan la arquitectura de las redes sociales con sus métodos para extraer datos de los usuarios de forma masiva. Ya no es solo que las grandes tecnológicas de Silicon Valley invadan la esfera privada e intimidad del usuario, o que no les paguen por sus datos ni por los contenidos que crean, sino que además ahora pretenden modificar el comportamiento y la conducta de esos usuarios, en base a esa vigilancia y extracción masiva de datos. La manipulación de los usuarios, ya sea con fines comerciales o políticos, es cuando menos "preocupante" en un sistema democrático de libre competencia de mercado. Recuerda que la historia del capitalismo consiste en captar cosas ajenas a la esfera comercial para convertirlas en mercancía.

[Nota del lector: A mayores, la autora se adentra en un viejo debate entre economistas teóricos: la existencia de un socialismo altamente tecnificado, una economía planificada que extrae y computa datos masivos de los ciudadanos para predecir con exactitud los comportamientos y demanda  de los consumidores de forma que genera la misma información que habrían transmitido los precios en el libre mercado (Hayek)]. 

La tesis de la autora es que la telemática ha inaugurado una nueva era, la del control del comportamiento. Esta nueva economía de la acción y el empuje "reinventa" al usuario a través del poder de los grandes conglomerados (aseguradoras, tecnológicas...) y mediante sus medios de modificar comportamientos. El negocio está en generar certezas lucrativas.

La autora explica que Google mutó en el año 2000 para transformar su publicidad, Internet y la propia naturaleza del capitalismo de la información "en un proyecto de vigilancia formidablemente lucrativo". Dirigía la publicidad digital a personas concretas.  Señala que el capitalismo de la vigilancia (extraer una plusvalía de nuestro comportamiento con fines concebidos por otros) se impuso como "el modelo por defecto" del capitalismo de la información en la Red. 
Añade que la "economía de la vigilancia" se basa en un principio de subordinación y de jerarquía (ya no hay reprocidad entre empresas y usuarios). La autora dice que ya ni siquiera somos el "producto" que vende Google (como se decía antes) sino "los objetos cuya materia se extrae y se inyecta en fábricas de inteligencia artificial de Google que fabrican los productos predictivos vendidos a los verdaderos clientes: las empresas que pagan por competir en los nuevos mercados ligados al comportamiento".
Parafraseando a Polanyi y sus tres clases de mercancía, la autora ve una cuarta clase de mercancía: el fruto de la expropiación de las experiencias humanas reales que renace como "comportamiento" para realizar predicciones (el pronóstico es lo que se compra y vende). Las cadenas de montaje producen "certeza".
Surge así lo que ella denomina "imperativo de extracción" (La primera dimensión sería recopilar todos los datos posibles de cada usuario; hasta cómo duerme o de qué habla por la mañana. La segunda dimensión sería la profundización (explorar nuestras particularidades más íntimas). El resultado es que nuestras casas se encuentran en el "punto de mira" del capitalismo de vigilancia (según la autora).
Shoshana Zuboff señala que la lógica de ganancia es que el método más seguro para predecir el comportamiento sigue siendo la intervención en el origen: "moldear" la conducta. Es lo que bautiza como "economías de acción" (software diseñado para intervenir en situaciones reales sobre personas y cosas reales dándoles un "empujoncito" (leáse al Nobel experto en "empujes"). Son acciones que modifican el comportamiento del usuario en direcciones concretas (el famoso caso de que si no pagas el seguro del coche, se apaga el motor, apagarse la nevera si eres obeso o apagarse la tele si tienes que madrugar). Ellos componen la música y esta los hace bailar.
Dice que el juego virtual Pokemon Go se convirtió en "el laboratorio vivo de modificación de comportamientos que conjugaba fácilmente escala, alcance y acción".
Ve una siniestra paradoja: los nuevos instrumentos internacionales de modificación del comportamiento suponen una nueva "era reaccionaria": el capital es autónomo y los individuos heterónomos (justo lo contrario de una plenitud democrática).

El libro arranca con la historia de un vecino de Nueva Jersey en el verano del 2016 que estaba en su casa cuando timbraron a su puerta unos adolescentes con sendos móviles. Le pedían permiso para capturar un nuevo tipo de "Pokemon Go" que habían visto en su jardín. La autora señala que este juego de "cazar" mascotas virtuales (realidad aumentada) fue uno de los más populares y que ayudó a lograr ciertos intereses comerciales y que los usuarios estaban siendo utilizados por el que denomina "capitalismo de vigilancia", que califica como "una lógica audaz y sin precedentes". 
[nota del lector: aunque la autora no lo cita expresamente, Google estaba cartografiando todo el mundo pero había lugares por los que no pasaban sus coches por ser zonas peatonales, o boscosas: ¿qué tal si los usuarios-peatones se dedicaban a mapear gratis esos lugares intransitables a la caza de Pokemons].

Señala que Pokemon Go (creada por Niantic Labs) fue un gran experimento de "economía de acción" porque recopilaba muchos datos, además de hacer más "frecuentes" unos sitios que otros (allí donde había que poner la publicidad, pagada a coste de visita). O sea, estaban llevando a la gente a unos "sitios precisos" en los que gastar el dinero en el mundo real.

La autora retrocede al año 1999, cuando Google aún carecía de una estrategia para dar dinero a sus inversores. Tras el estallido de la burbuja de las punto.com en el 2000, Google prestó más atención a su departamento de publicidad (AdWorks), que solo tenía siete personas. Empezaron a generar información mediante publicidad selectiva según el perfil del usuario (información que se deducían de sus hábitos de búsqueda, documentos descargados...). Se trataba de determinar los perfiles de los usuarios y utilizarla para difundir anuncios publicitarios y mejorar las predicciones de comportamiento del público o, como dice la autora, de "leer los pensamientos" del cliente.

Los datos de comportamiento pasaron a ser la materia prima esencial para construir un mercado de la publicidad dinámica digital. Esta "plusvalía del comportamiento" (medida en ratio de clics) y beneficio exponencial se basaba en deducir los pensamientos, sentimientos, intenciones e intereses de los individuos sin necesidad de su consentimiento (era una extracción de datos automatizada). Lo denomina "espejo sin azogue" que generó una asimetría de saber y poder.

La técnica de Google para extraer cualquier información útil consistía en evaluar el contenido de una página y ver cómo interactuaban los usuarios. Al servicio se le llamó AdSense en el 2004 y generó decenas de miles de millones de dólares en un lustro.

Según la autora, en los últimos años proliferan los productos destinados a interpretar, seguir, almacenar y comunicar datos de comportamiento (hay termómetros, cepillos de dientes inteligentes y camas inteligentes que recopilan datos biométricos).

Entre las más interesadas en la economía del "empujón" o de inducir al comportamiento gregario, la autora apunta a las aseguradoras para "minimizar los riesgos". El plan es seguir y sancionar el comportamiento del asegurado en tiempo real (lo que se llama "behavioral underwriting" (seguro basado en el comportamiento), e incluso subir las tarifas en tiempo real o bloquear el coche a distancia.

[nota del lector: La tesis del "pequeño empujón" fue defendida en el libro "Un pequeño empujón (Nudge)", de Richard H.  Thaler y Cass R. Sunstein (2008). Se basa en pequeñas acciones para que alguien cambie de conducta "por su bien" (estudie más, adelgace...), razón por la cual, se le critica por paternalista. 
Richard H. Thaler fue premio Nobel de Economía en 2017 y el resumen del libro puede verse en: 
https://evpitasociologia.blogspot.com/2017/12/un-pequeno-empujon-nudge-de-richard-h.html ]


Referencias a Polanyi
La autora  Shoshana Zuboff hace una referencia a "La gran transformación", de Karl Polanyi (1944), el cual describe en su ensayo el advenimiento de una economía de mercado autorreguladora mediante el advenimiento la invención de tres "mercancías ficticias": 1) La vida humana subordinad a las dinámicas de mercado (trabajo que se compra y se vende) 2) la naturaleza que pasa a ser propiedad territorial 3) el intercambio convertido en comercial y resucitado en dinero.

Resumen del extracto publicado por El País el 27 de septiembre del 2020

Según la autora, el capitalismo de vigilancia usan los datos de comportamiento para mejorar los productos o servicios de sus clientes pero también usan el resto como "excedente conductual privativo ("propiedad"), que se usa para la inteligencia de máquinas con los que fabrican productos predictivos lo que cualquier persona hará ahora, en breve y más adelante. Los productos predictivos se venden en los mercados de futuros conductuales. Más adelante, se afinó el proceso para "empujar" al usuario a conductas rentables, por lo que las máquinas están "moldeando" automáticamente nuestro comportamiento  y el objetivo es "automatizarnos" a nosotros mismos.

La autora habla de un nuevo poder: el "instrumentalismo" (conoce el comportamiento humano y le da forma, orientándolo hacia los fines de otros). Los tentáculos alcanzan hasta los inocentes jugadores de Pokemon Go para que vayan a comer a ciertos restaurantes o hacer compras. También se expropia este excedente del perfil de Facebook.

Dice que fue Google el que inventó el capitalismo de vigilancia y sufragó su investigación, y se le sumaron Facebook y Microsoft y, previsiblemente, Amazon. Falta Apple, que tiene un debate interno.

Google entró en un terreno desconocido de Internet y creó los negocios a ritmo vertiginoso sin que las instituciones públicas ni los particulares fueran capaces de seguirlo.

El modelo se ha expandido no solo en los nuevos negocios de Internet (más allá de la publicidad) sino también "off-line" (en el parque,  al aparcar, al desayunar, la navegación en línea, los me gusta). Ahora afecta a sectores como los seguros, comercio minorista, finanzas, dispositivos domésticos inteligentes, seguros conductuales... Dice que pagamos por ser dominados. No hay ningún intercambio, solo un gancho para atraer y exprimir nuestras experiencias para los fines de otros. Dice que no somos clientes del capitalismo de vigilancia sino que somos su fuente de alimento y cada vez es más difícil escapar de su tecnología avanzada de extracción.

martes, 11 de agosto de 2020

"Comerciantes de la atención", de Tim Wu (2017)

 Resumen del libro "Comerciantes de la atención", de Tim Wu (2017)

Link:

https://evpitasociologia.blogspot.com/2020/08/comerciantes-de-la-atencion-de-tim-wu.html

Resumen elaborado por E.V.Pita, doctor en Comunicación, licenciado en Sociología y Derecho

Sociología, publicidad, medios de comunicación, redes sociales

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Ficha técnica:

Título: "Comerciantes de la atención"

Subtítulo: La lucha épica por entrar en nuestra cabeza.

Título en inglés: The Attention Merchants: The Epic Scramble to Get Inside

Autor: Tim Wu

Fecha de publicación: 2017

Editorial en español: Capitan Swing, Madrid, 2020

Número de páginas: 504

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Biografía del autor Tim Wu

Tim Wu es un abogado estadounidense, profesor en la Escuela de Derecho de Columbia y colaborador de opinión en The New York Times. Es un académico experto en industrias de medios y de tecnología, especializado en leyes antimonopolio, derechos de autor y telecomunicaciones. Wu fue seleccionado entre los "100 abogados más influyentes en Estados Unidos" por The National Law Journal en 2013, así como Político 50 en 2014 y 2015. 
Además, fue nombrado una de las 50 personas del año por la revista Scientific American en 2006 y uno de los cien graduados más influyentes en la Universidad de Harvard por la revista 02138 en 2007. 

Su libro The Master Switch fue nombrado entre los mejores libros del 2010 por las revistas The New Yorker, Fortune, Publishers Weekly y otras.

De 2011 a 2012, fue asesor de la Comisión Federal de Comercio y de 2015 a 2016 fue asesor de la Oficina del Fiscal General de Nueva York, donde inició una exitosa demanda contra Time-Warner Cable por publicidad falsa de sus velocidades de banda ancha. 

En 2016, Wu se unió al Consejo Económico Nacional en la Casa Blanca de la administración Obama para trabajar en política de competencia. Ha ganado dos veces el Premio Lowell Thomas por escribir sobre viajes y en 2017 fue nombrado miembro de la Academia Americana de Artes y Ciencias. Está casado con Kate Judge, también profesora de Derecho de Columbia, y tienen dos hijas.

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Texto de la contraportada

En un momento en que el acceso a la información es prácticamente ilimitado, nuestra atención se ha convertido en un producto fundamental para el mercado. ¿Sentimos que desafían nuestra atención? Los negocios de Occidente dependen de ello. En casi cada momento de nuestras vidas, nos enfrentamos a un aluvión de mensajes, incentivos publicitarios, marcas, redes sociales y otros esfuerzos para captar nuestra atención. 

Pocos momentos o espacios cotidianos permanecen intactos por los "comerciantes de la atención". Pero Tim Wu sostiene que esta condición no es simplemente el subproducto de innovaciones tecnológicas recientes, sino el resultado de más de un siglo de crecimiento y expansión de las industrias que se nutren de la atención humana. Desde el nacimiento de la publicidad hasta la explosión de la web móvil, de la invención del correo electrónico a los monopolios de atención de Google y Facebook: desde Ed Sullivan hasta marcas famosas como Oprah Winfrey, Kim Kardashian y Donald Trump, el modelo de negocio básico de los comerciantes de atención no ha cambiado: desvío gratuito a cambio de un momento de nuestra consideración, que a su vez es vendido al anunciante con la oferta más alta.

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ÍNDICE

Introducción. Así están las cosas.

Parte I. 
Maestros de centelleantes modernidades.

1. Los primeros comerciantes de atención.
2. El alquimista.
3. Por el rey y por el país.
4. Generar demanda, publicidad científica y lo que quieren las mujeres
5. La revolución de Lucky Strike
6. No con una explosión, sino con un lamento

Parte II.
La conquista del tiempo y el espacio

7. La invención del horario de máxima audiencia.
8. El príncipe.
9. El control absoluto de la atención o la locura de las masas.
10. Pico de atención, estilo estadounidense.
11. El preludio de una rebelión atencional.
12. El gran rechazo.
13. Coda a una revolución atencional

Parte III.
La tercera pantalla

14. El correo electrónico y el poder de "echar un vistazo"
15. Invasores
16. La atracción de AOL

Parte IV
La importancia de ser famoso

17. El establecimiento del complejo industrial-celebridad
18. El modelo Oprah
19. El panóptico

Parte V
No nos la van a volver a colar

20. El reino de los contenidos: así es como se hace
21. Aquí viene todo el mundo
22. El auge del ciberanzuelo
23. El sitio en el que había que estar
24. La importancia de ser microfamoso
25. La cuarta pantalla y el espejo de Narciso
26. Internet toca fondo
27. Una retirada y una rebelión
28. ¿Quién manda aquí?

Epílogo: El témenos


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RESUMEN

Nota: en algunos sitios, he visto traducido el título como "Los mercaderes de la atención".

El autor Tim Wu arranca su libro con la historia de un colegio que ofreció meter publicidad de marcas famosas a cambio de inversiones para la escuela. Parecía un trato justo pero los niños estaban bombardeados por reclamos publicitarios (comida basura, golosinas, etc...) que llamaban su atención. 

Tim Wu dice que el juego de cosechar la atención humana y de revendérsela a los anunciantes se ha convertido en una parte fundamental de la Economía. Desde la radio, revendían la atención que lograban captar a cambio del contenido "gratuito" que ofrecían. Ahora, "la mayoría de nosotros llevamos encima dispositivos que están buscando constantemente la manera de comercializar las partículas más diminutas de nuestro tiempo y nuestra atención". El autor muestra "la influencia que la ambición económica y el poder ejercen sobre la manera en la que vivimos nuestra vida". "Esta industria se dedica a influir en nuestra conciencia y definir cómo vivimos nuestra vida".

Dice que en esta época hay una "crisis de atención" en Occidente (el llamado "homus distractus", una especie que consulta sus dispositivos de forma compulsiva y picando en ciberanzuelos).

El autor añade que los productos que recibimos gratis en las redes sociales y que "no sale a cuenta" y que el consumidor siente "indefensión" al negociar con los comerciantes de la atención.  A nivel individual, solo tenemos el poder de desconectarnos.

El autor desgrana a lo largo de diversos capítulos las técnicas de propaganda de Hitler, la tele por cable o los programas de telerrealidad.

A partir del Fin de Año de 1999, comenzó el ocaso de las televisiones para ser sustituida por Internet. 

El tema  más novedoso surge en la última parte del libro, que se dedica a analizar la predicción de Bill Gates de que el "contenido será el rey" de Internet. Microsoft intentó crear contenidos y montar televisión por Internet pero fracasó y quedó en nada (su programación fue convencional, como la CNN) y de sus innovaciones solo se salvó la plataforma Xbox y alguna otra cosa. 

A partir de ahí, surgen buscadores como Google, blogueros, redes sociales como Facebook o las series de Netflix. Todos ellos han encontrado trucos para captar la atención siendo los maestros Gross (poner anuncios en situación preferencial en los buscadores a cambio de dinero) y Peretti (un estudiante del MIT que en su tiempo libre hizo viral una denuncia de explotación infantil contra Nike y que luego se dedicó a investigar qué hacía viral un mensaje. Fue cofundador de The Huffington Post y de Buzzfeed (que buscaban titulares escandalosos para captar la atención).

En el caso de Google, la opción del buscador fue poner solo anuncios a los que podría estar interesado el consumidor que iba a comprar un producto. No estaba interesado en la publicidad pero era necesaria para el negocio. Sus fundadores  Larry Page y Sergey Brin  eran unos puristas que buscaban soluciones ingeniosas. AdWords fue una innovación y le sacó mucho partido. El trato con los publicistas resultó elegante y siguió creciendo y obteniendo beneficios. El anunciante sabía que su producto iba dirigido a un comprador interesado. 

La siguiente oleada, los blogs, generó un gran movimiento por captar la atención siendo el de mayor éxito el Huffington Post, que se nutría de noticias escritas por diarios serios y rivales pero que aprovecha los titulares sensacionalistas para atraer audiencia y anunciantes, sin importarle las connotaciones morales. Lo mismo ocurrió con BuzzFeed, aunque sus ingresos publicitarios eran moderados porque algunos no querían poner publicidad en webs poco serias.

Pero a partir del 2004 estas bitácoras parecían agotadas, muchas murieron por falta de visitas, y los autores se pasaron a las redes sociales como Facebook y Twitter, más fáciles de llevar en el día a día. Junto con Instagram, estas redes sociales captaron datos y mantuvieron la atención del consumidor hasta puntos insospechados.

Ello motivó una denuncia pública del CEO de Apple, Tim Cook, quien dijo que gigantes de Silicon Valley estaban invadiendo la intimidad de los usuarios y bombardeándolos con anuncios a cambio de apps gratuitas y bajo el lema "tú, el cliente, eres el producto". Sus datos se los vendían a otros (publicistas y no se sabe quién más). Apple inventó una app  que bloquea los anuncios para que sus teléfonos naveguen más rápido. Fue un duro golpe para Google. A partir de la década de 2010, autores como Nicholas Carr avisaron de que Internet estaba dañando nuestras mentes, algo que todo el mundo empezó a ver al navegar por una web repleta de anuncios y noticias escandalosas que le restaban atención

Finalmente, Netflix dio con un nuevo método para captar la atención de los televidentes: hacerles ver un capítulo tras otro de series por Internet. Lo mismo ocurrió con HBO. Este fue un nuevo punto de inflexión para los mercaderes de la atención.

El autor concluye que los mercaderes de la atención seguirán inventando métodos para robarnos nuestro tiempo y concentración. Tim Wu recomienda tener la mente despejada para aprovecharla para otras cosas y no permitir esto.





lunes, 11 de noviembre de 2019

"Hola mundo", de Hannah Fry (2018)

Resumen del libro "Hola mundo", de Hannah Fry (2018)

Resumen original y actualizado en:
https://evpitasociologia.blogspot.com/2019/11/hola-mundo-de-hannah-fry-2018.html

Resumen elaborado por E.V.Pita, doctor en Comunicación y licenciado en Sociología y Derecho

Sociología, algoritmos, Internet, redes sociales, sociedad de la información

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Ficha técnica

Título: "Hola mundo"

Subtítulo: Cómo seguir siendo humanos en la era de los algoritmos

Título original en inglés: "Hello World"

Autora: Hannah Fry

Fecha de publicación en inglés; 2018

Publicación en español: 2019 / Blackie Books, Barcelona

Número de páginas: 301

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Biografía oficial de la autora (hasta 2020)

Hannah Fry es profesora adjunta de matemáticas urbanas en el University College de Londres. En su trabajo cotidiano utiliza modelos matemáticos para estudiar patrones de comportamiento humano, y ha colaborado con gobiernos, cuerpos policiales, analistas sanitarios y supermercados. Los vídeos de sus "charlas TED" acumulan millones de visitas, y ha presentado documentales de televisión para la BBC británica y la PBS estadounidense; también presenta el pódscat de ciencia The Curious Case of Rutherford & Fry ("Los curiosos casos de Rutherford y Fry"), que desde hace tiempo produce la BBC,

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Texto de la contraportada

"¿Deberíamos entregar a las máquinas todo el poder? ¿Confiamos realmente en ellas? Los algoritmos ya deciden, sin ayuda humana, penas de cárcel, tratamientos clínicos y hasta el destino de un coche que se dirige directo a atropellar a un niño.

Un ensayo imponente que, desde las matemáticas, la sociología y los nuevos horizontes tecnológicos, proyecta un nuevo mundo. Un texto afinadísimo que no sataniza los algoritmos, sino el uso que, a menudo, les dan sus creadores y usuarios.

Por eso este libro crucial trata sobre nosotros: quiénes somos y quiénes queremos ser.

Nuestro mañana depende de lo que pensemos hoy".

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ÍNDICE

Nota sobre el título

Poder
Datos
Justicia
Medicina
Coches
Delincuencia
Arte

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RESUMEN

Comentarios iniciales: La autora Hannah Fry llega a una conclusión: los algoritmos (recetas matemáticas para generar resultados automáticos) aún no están bien desarrollados (lo que hace un sueño impracticable el verdadero coche autónomo) y la Inteligencia Artificial, ni de lejos, se le puede considerar autónoma ni mucho menos que llegue a competir con el humano ni superarlo. A día de hoy, dice, la tecnología es muy floja:  el superordenador Watson (programa de IA) es incapaz de hacer diagnósticos médicos serios, los algoritmos de Justicia condenan a inocentes o ponen penas muy altas sin tener en cuenta las circunstancias personales, los programas de pronóstico de delincuencia se ceban con los barrios marginales y su índice de pronósticos es bajo... Incluso la máquina DeepBlue de IBM que derrotó a Kasparov era bastante chapucera (aunque los ingenieros fueron muy astutos al imitar los "silencios" antes de mover pieza para poner nervioso al rival) pero logró amedrentar al maestro ajedrecista ruso, que se dejó apabullar y cayó en una especie de terror tecnológico que le impidió sostener el pulso con su rival mecánico.

A ello se suma que los datos de los usuarios son empleados para venderles publicidad (a través de algoritmos que detectan si una internauta está embarazada antes de que lo sepa su padre) o para fines más oscuros como manipularles para votar en las elecciones.

La autora inicia el libro explicando por qué tituló a su obra "Hola Mundo". Cuenta que de pequeña le regalaron un Spectrum (equivalente al Commodore 64) y que una de las primeras instrucciones para programar (la primera lección, según la tradición) era ordenar que la pantalla escribiese: "Hola mundo" en letras que se van moviendo (la idea fue de Brian Kernighan en 1970 porque había visto una caricatura de un polluelo saliendo del cascarón y diciendo: "Hola mundo").

Fry define primero lo que es un algoritmo: "conjunto ordenado y finito de operaciones que permite hallar la solución de un problema". Aquí se incluye la receta de un pastel, las instrucciones para montar un mueble de Ikea o las indicaciones para encontrar una calle. La autora matiza que, actualmente, el algoritmo es algo más: toman una secuencia de operaciones matemáticas (ecuaciones, aritmética, álgebra, cálculo, lógica y probabilidad) y las traducen en código informático. Se les introducen datos del mundo real y se pone a trabajar realizando cálculos para alcanzar su fin.

Es útil dividir las tareas que hacen en el mundo real en cuatro categorías:

- Priorización: hacer una lista ordenada (ejemplo: buscador de Google que ordena las páginas que buscas, Netflix al sugerir las películas que quieres ver, TomTom selecciona la ruta más rápida y la máquina de ajedrez Deep Blue).

- Clasificación: seleccionar una categoría (anuncios en Facebook para mujeres de 30 años con anillos de compromiso y ropa para embarazada; etiquetar fotos de vacaciones,)

- Asociación: encontrar vínculos. Señalar relaciones entre cosas (páginas de citas como OKcupid, las recomendaciones de Amazon al vincular tus intereses con los de clientes anteriores)4

- Filtrado: aislar lo importante. Eliminar el ruido (los programas de reconocimiento de voz Siri, Alexa, Cortana y filtros de noticias de Facebook y Twitter)

La mayoría de los algoritmos se construyen para realizar una combinación de estas cuatro cosas. (Por ejemplo, UberPool empareja a posibles viajeros que vayan en la misma dirección cribando rutas).

A ello se suman dos paradigmas clave:

- Algoritmos basados en reglas: Instrucciones directas e inequívocas construidas por humanos. (Ejemplo: la receta de un pastel)

- Algoritmos de aprendizaje automático: Se inspira en la forma de aprender de los seres vivos (premiar al perro que aprende un hacer algo para que deduzca por sí solo lo que debe hacer). Esta es la base de la Inteligencia Artificial (se da a la máquina unos datos, un objetivo, retroalimentación cuando está en el buen camino y descubre la mejor manera de alcanzar un fin). Sobre esto último, la IA ha descubierto maneras de dar buenos resultados siguiendo estrategias y rutas inconcebibles para un ser humano (como confundir la foto de un coche con un perro porque hay un simple punto extra en las ruedas). Estos algoritmos son buenos cuando la lista de instrucciones no funciona (sirve para reconocer objetos en fotos, entender palabras y traducirlas).

La autora descarta que la IA sea una amenaza para la Humanidad (al tomar estas máquinas unos extraños caminos para hallar soluciones, rutas que los humanos no entienden) y que la Inteligencia Artificial está tan subdesarrollada ahora mismo que sería más honesto denominarla: "revolución en la estadística computacional" pero no "inteligencia" ("Preocuparse por la maligna inteligencia artificial es como preocuparse por el hacinamiento en las colonias de Marte; estamos lejos de eso", parafraseando al teórico del aprendizaje automático Andrew Ng).

La autora también advierte que la gente no debe tener fe ciega en los algoritmos (como ocurre cuando el GPS nos coloca a un conductor al borde de un acantilado y este sigue ciegamente las instrucciones del asistente de navegación). Fry advierte que, diversos experimentos demuestran que los electores pueden variar su intención de voto (en torno a un 12 %) tras cambiar y reordenar levemente los enlaces a los resultados de búsqueda de candidatos en la primera página de un buscador o una web ("El mejor sitio para esconder un cadáver es la segunda página de Google", bromea la autora, recordando un chiste de informáticos). El problema que subyace aquí es que la gente ignora lo fácil que puede ser manipulada y hacerle cambiar sutilmente de opinión política.

La autora dice que para saber si un algoritmo es fiable o no hay que investigar bien cómo funciona (recuerda el caso de un ingeniero clasista de Nueva York que en el siglo XX diseñó túneles bajos para que no pudiesen pasar los autobuses llenos de gente pobre y afroamericana por la carretera que llevaba a una playa frecuentada por ricos y blancos). Añade: "Los algoritmos se parecen mucho a las ilusiones mágicas; parecen cosa de brujería pero una vez que sabes el truco, el misterio se desvanece". Por ello, muchas veces los humanos tienen que hacer caso omiso a los algoritmos (como hizo el militar soviético Petrov al ignorar un presunto ataque de misiles desde Alaska, en EE.UU., a la URSS en los años 80; dedujo que el algoritmo estaba equivocado porque nadie lanzaría una guerra nuclear con solo cinco misiles y esperó 23 minutos a ver si había explosiones, lo que no ocurrió; era una falsa alarma y así evitó empezar una guerra nuclear).

Otros autores defienden que los algoritmos hacen mejores predicciones que las personas y que merece apostar por cálculos automatizados para hacer diagnósticos médicos, pronósticos de ventas o evaluaciones de aptitud militar o rendimiento académico esperado. Cita el libro de Paul Meehl (Clinical versus Statistical Prediction), en el que dice que los algoritmos matemáticos, por muy sencillos que sean, casi siempre realizan mejores predicciones que las personas. En todo caso, la autora dice que hay que bajar a los algoritmos de su pedestal y preguntarse si de verdad son capaces de hacer lo que dicen.

El inicio fueron las tarjetas clubcard de fidelización de los supermercados (caso de Tesco contra Sainsbury, en Inglaterra), pues recogían numerosos datos de los clientes, los clasificaban y predecían sus nuevas compras. Luego, en EE.UU. Luego, en el 2002, Target dio un paso adelante y llegó a afinar tanto en las predicciones que incluso ofrecía productos de bebé a recién embarazadas, incluidas adolescentes cuyas familias lo ignoraban (lo que la autora llama cruzar la "línea repulsiva" en la que una información privada y confidencial se usa para manipularnos). Para evitar más situaciones "embarazosas", mezclan distintos productos con los de bebés.

Menciona la figura del "broker de datos" cuyo máximo exponente sería Palantir Technologies (de Silicon Valley, fundada por Peter Thiel, el de PayPal). Hay otras como Acxiom, Corelogic, Datalogix, eBureau... Usan datos para inferir nuevos datos pero de forma masiva para que los anuncios que recibimos vayan directamente al objetivo. Apenas hay diferencias en la forma de operar que tienen Google, Facebook, Instagram y Twitter. La actividad de los "brókeres de datos" apenas está regulada y pueden vender nuestro historial de navegación en Internet sin nuestro consentimiento. Unos profesores alemanes compraron datos anónimos y descubrieron que era muy fácil deducir la identidad y su huella digital lo delataba. En Europa han introducido el Reglamento General de Protección de Datos (RGPD), con la idea de ilegalizar parte de la actividad de los brókeres de datos.

 Además de las molestias que puedan ocasionar los anuncios que aparecen en la web, hay otros problemas: desde malas calificaciones crediticias de los bancos a que las aseguradoras califican a un cliente de "alto riesgo" porque al cruzar datos aparece que practica deportes peligrosos, porque come dulces sin azúcar es diabético o porque tiene un apellido afroamericano le llegan anuncios de detenciones y penales.

La autora también analiza el caso de Cambridge Analytica. La tooría se basa en cinco rasgos para describir la personalidad del individuo: apertura a nuevas experiencias, escrupulosidad, extraversión, afabilidad y neuroticismo. En el 2012, un grupo de científicos pudo deducir mediante psicometría la personalidad de cada usuario a partir de los clicks que hacía en "Me gusta" en Facebook y también con Twitter. Así un mismo anuncio ofrecía "nuevas experiencias" al aperturista y "una larga tradición" al conservador. A partir de esta base, Cambridge Analytica empezó a trabajar para la campaña electoral de Trump (identificaba a pequeños grupos de personas a las que creyeran fáciles de convencer y adaptar sus mensajes específicamente a ellas en lugar de enviarles publicidad genérica). A la gente que compraba coches de Ford, les ofrecían anuncios "típicamente americanos" para alentar su patriotismo. Pero también enviaban mensajes sesgados: identificaban a una madre soltera neurótica, y explotaban su temor de ser atacadas porque vivían solas en casa, y le enviaban mensajes para que respaldase a grupos de presión de armas. O creaban anuncios y los disfrazaban de periodismo ("Diez verdades incómodas sobre la Fundación Clinton"). La autora concluye: "Cambridge Analytica mostró, con fines de manipulación, noticias falsas a usuarios de Facebook basándose en sus perfiles psicológicos. La pregunta es: ¿Funcionó? Creemos que somos inmunes a la manipulación emocional pero, probablemente, no lo somos". Lograron aumentar un 0,10 % las ventas pero esos pequeños márgenes de influencia son suficientes en unas votaciones generales para inclinar la balanza por escaso margen y favorecer que uno u otro político gane en unos estados o provincias.

La autora también menciona el caso extremo de clasificación de los ciudadanos: el Sesame Credit. la puntuación china de calificación de los ciudadanos. que es voluntario hasta el 2020 (luego, será obligatorio), y que se hace a través de un algoritmo. Si un chino juega diez horas a los videojuegos es considerado "ocioso" y le quitan puntos. Si tienes más de 600 o 750 puedes tener más límite de crédito, usar un carril VIP en el aeropuerto de Pekín o volar al extranjero. El algoritmo premia la lealtad y castiga la desobediencia como un programa de fidelización.

La autora señala que cada vez que usamos un algoritmo debemos preguntarnos por sus incentivos ocultos: ¿Por qué una aplicación da una cosa gratis? ¿Qué hace realmente ese algoritmo? Hannah Fry advierte que estos algoritmos tienen el poder de predecir nuestros hábitos de compra y también de robarnos nuestra libertad.

En los siguientes capítulos, la autora analiza cómo funcionan los algoritmos en la Justicia, etc... y sus defectos.
Por ejemplo, en Justicia hay distintos algoritmos como Compas para la evaluación de riesgos de reclusos que podrían reincidir en dos años (con una tasa de predicción acertada del 70 %). ProPublica descubrió que había un sesgo negativo hacia los reclusos negros. También habla de cómo un algoritmo identificó a un ciudadano normal con un peligroso atracador de bancos y fue detenido. Pero también habla de los algoritmos que impuso mayores penas a un joven que pasó por una zona de disturbios de Brixton en el 2011 y robó un agua mineral en un supermercado durante un disturbio y otro que actuó con un pasamontañas y se llevó videojuegos. Hay falta de coherencia en los algoritmos que calculan penas pero la autora dice que también entre los propios jueces para juzgar un mismo delito sin saberlo.

Los algoritmos también calculan el riesgo de reincidencia y la probabilidad de que vuelvan a delinquir. Uno de los métodos usados es el diagrama de árbol de decisiones (SI/NO), los cuales se dividen en paquetes más pequeños y luego se hace una media de la probabilidad. Habla del "bosque aleatorio" (un algoritmo de aprendizaje automático, un tipo de algoritmo que pertenece a la categoría más amplia de la inteligencia artificial o aprendizaje automático). Los bosques aleatorios son usados por Netflix para ayudar a predecir lo que nos gustaría ver según nuestras preferencias anteriores. Airbnb los emplea para detectar cuentas fraudulentas y en atención sanitaria se usan en el diagnóstico de enfermedades.





lunes, 4 de febrero de 2019

"Capitalismo Big Tech", de Evgeny Morozov (2018)

Resumen del libro "Capitalismo Big Tech", de Evgeny Morozov (2018)

Resumen original y actualizado del libro:
https://evpitasociologia.blogspot.com/2019/01/capitalismo-big-tech-de-evgeny-morozov.html

Resumen elaborado por E.V.Pita, doctor en Comunicación y licenciado en Derecho y Sociología

Sociología, sociedad de la información, tecnología, Internet, redes sociales, capitalismo, fin-tech

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Título: "Capitalismo Big Tech"

Subtítulo: "¿Welfare o neofeudalismo?"

Autor: Evgeny Morozov

Nota: son artículos publicados en The Guardian (desde el 2011)

Publicación en español: Madrid, 2018 / Editorial Enclave de libros

Páginas: 272
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Biografía del autor Evgeny Morozov hasta el 2018

Evgeny Morozov nació en 1984 en Soligorks, en Bielorrusia. Es escritor e investigador de las implicaciones políticas y sociales de la tecnología. Editor y colaborador de The New Republic y autor de The Net Desilusion: The Dark Side of Internet Freedom (premio Notable Book del NYT 2011 y del Kennedy School de Harvard). Otros libros son To Save Everything click here, La locura del solucionismo tecnológico (2013).
Los escritos de Morozov han aparecido en revistas y periódicos como NYT, Wall St. Journal, FT, The Economist, The Guardian, The New Yorker, New Scientist, The New Republic, Corriere della Sera, El País, Newsweek International, International Herald Tribune, San Francisco Chronicle, Frankfurter Allgemeine Zeitung, Folha de S. Paulo

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Texto de la contraportada

"Las grandes empresas tecnológicas se encuentran en una posición envidiable: durante casi dos décadas han utilizado las más extravagantes fórmulas de extracción de datos a bajo precio, y en este momento pocas instituciones, incluidas las gubernamentales, pueden competir con ellas. Paradójicamente, han recibido numerosas ayudas gubernamentales así como fondos militares del Pentágono e instituciones similares y ahora van a vender el fruto de esas ayudas a los gobiernos y a los contribuyentes a precios elevados. No parece precisamente una transición a algún modelo de poscapitalismo.

La industria tecnológica en su conjunto está pasando de una economía basada en bienes y servicios gratuitos y fuertemente subvencionados a una economía que cobra cada bien y servicio e incluso tenderá a personalizar el precio según la capacidad de pago. Es decir, una economía en la que nuestra infraestructura rica en sensores puede cobrarnos precios flexibles dependiendo de cuánto hayamos utilizado un determinado recurso y, tal vez, incluso de cuánto nos haya satisfecho, supone que los consumidores actuales tienen el dinero para pagar estos bienes y servicios - y que el dinero no sólo proviene de más deuda. Desde la perspectiva de los inversores de capital riesgo de Silicon Valley, la agenda de una renta básica universal (RBU), asociada con una economía dominada por rentistas que controlan gran parte de la infraestructura que impulsa la vida cotidiana, es una fantástica subvención encubierta para Silicon Valley.

El libro recoge una selección de artículos publicados en The Guardian y dos ensayos inéditos".

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ÍNDICE

Facebook y Twitter son lugares frecuentados por revolucionarios

Reseña de Free Ride, de Robert Levine

Reseña de La Catedral de Turing, de George Dyson

¿Quién paga para que podamos navegar por la Red? Cuidado con la última solución de Google.

¿Quién es el verdadero enemigo de la libertad en Internet: China, Rusia o Estados Unidos?

Facebook no es una organización benéfica. Los pobres pagarán con datos.

Google puede cambiar de nombre, pero el juego sigue siendo el mismo

¿Anuncia el reinado de Silicon Valley el final de la socialdemocracia?

¿Por qué envejecer? La solución de Silicon Valley es una receta contra la soledad

Silicon Valley explota el tiempo y el espacio para expandir los límites del capitalismo

Cuidado, los forofos de Silicon Valley quieren hacer de ti un rebelde disruptivo

¿Carrera barata en taxi? Tal vez no te hayas enterado del auténtico precio de Uber

Silicon Valley parlotea  sobre "ingresos básicos", pero son palabras vacías

El Estado ha perdido el control, ahora son las empresas tecnológicas las que dirigen la política occidental

Los gigantes tecnológicos están muy ocupados privatizando nuestros datos

La privacidad de los famosos como ejemplo de la hipocresía de los sectores poderosos de Silicon Valley

Cuidado con el "blanqueo empático" de los que quieren hacerse pasar por "capitalistas solidarios"

Silicon Valley iba a transformar al capitalismo. Por ahora solo lo está potenciando

Solo a un sector público carente de liquidez le puede parecer atractiva la tecnología "inteligente"

Rockefeller donó dinero en subvenciones no reintegrables ¿Podemos decir lo mismo de los barones tecnológicos actuales?

Los populistas de los datos deben aprovechar nuestra información... por el bien de todos nosotros

El pánico moral en torno a las noticias falsas está ocultando al verdadero enemigo: los gigantes digitales

¿De verdad quieres salirte del mundo digital? Me temo que te va a costar...

Al desmantelar las leyes nacionales de privacidad, Estados Unidos va a perder el control de la red mundial de Internet.

¿Por qué necesitamos "héroes por accidente" para lidiar con los ataques cibernéticos globales?

La inseguridad cibernética es un regalo para los "hackers", pero son nuestros propios gobiernos quienes la crean

Para controlar el poder de Google, los reguladores tienen que perseguir su propiedad de los datos

Internet como ideología

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RESUMEN

Comentarios iniciales: El autor arremete contra los gigantes tecnológicos al considerar que se están aprovechando del usuario para extraer sus datos. Ahora que la minería de datos ya está completa (lo saben todo de cada usuario y nuevos datos no van a aportar nada), cree que ha llegado la hora de cobrar por el servicio. Para pagarlo, la solución es instaurar una Renta Básica Universal (RBU) para que todos cobren una renta mínima. Por un lado, se compensa económicamente a los perdedores de la automatización (un gurú tecnológico propone poner a esos desdichados que quedaron sin empleo por la robotización unos cascos virtuales para que sean felices todo el día). Por otro, el dinero de la renta básica volverá a Silicon Valley porque los ciudadanos tendrán que abonar sus servicios en las redes sociales e Internet. El autor concluye que Internet no abrirá un mundo de posibilidades en una sociedad postcapitalista (altruista y medioambiental) sino que, cínicamente, seguirá explotando a los usuarios aún más por unos gigantes tecnológicos (las plataformas Big Tech) convertidos en señores neofeudales que lo controlan todo gracias a una tecnología fuera del alcance del común y establecen los términos del debate político y social. Ve un sistema problemático con muchas desigualdades, aletoriedad y arbitrariedad.

Otros están usando los datos para otras cosas: por ejemplo, dice que Google está usando a los internautas que hacen búsquedas para entrenar a una Inteligencia Artificial, que es el producto que sí va a dar mucho dinero [nota del lector: es la tesis final de "Superficiales. Cómo Internet está cambiando nuestras mentes", de Nicolas Carr]. Otros como Uber no se sabe muy bien para qué quieren los datos de los pasajeros, que es algo que interesa a países ricos de Arabia, pues están invirtiendo mucho. 

El autor señala que las Big Tech se consideran una solución a la crisis económica mundial, el debilitamiento de las leyes antimonopolio y la privatización de los servicios públicos. La esperanza de una revolución digital estructuralmente transformadora son compartidas por diversos autores.

Sostiene que aunque el auge del sector big tech ha logrado mantener la economía global a flote sin provocar transformaciones políticas sistémicas (las élites compraron tiempo), a largo plazo solo multiplicarán las contradicciones del sistema actual y habrá prácticas más jerárquicas.

En la izquierda, Paul Mason piensa que la digitalización no solo alimentaría una nueva clase de identidad político-cosmopolita en los ciudadanos, sino que también fomentaría distintos modelos económicos, flexibles, descentralizados (un socialismo no determinado que subsanaría los inconvenientes de la planificación central).

En el centro, Jeremy Rifkin cree que la aparición de Internet de las Cosas promoverá la apareción de productos y servicios producidos a un coste marginal cero, lo que alterará de forma considerable la economía de los acuerdos comerciales y señalará el comienzo de un futuro descentralizado, humano y amigable con el medio ambiente.

Los libertarios pospolíticos Ray Kurzweil y Peter Diamandis (impulsores de la Singularity University) consideran que las tecnologías digitales afectarán de manera radical a muchos sectores económicos ahora mismo estancados (educativo y sanitario) mediante nuevos modelos de negocio y la redifinición de instituciones viejas y anticuadas, como el Estado de bienestar.

En todos los casos, el autor duda que aunque no domine la lógica de la acumulación de capital, tampoco habrá el nirvana igualitario, ecológico y poscapitalista que esperan Mason, Rifkin o Kurzweil.

El autor estudia la nueva tendencia de dotar a todo de Inteligencia Artificial avanzada una vez que todos los datos del mundo ya están conseguidos (mantener servicios gratis a cambio de datos ya no ayudaría a obtener nuevos datos por lo que ya no tiene sentido). La siguiente fase sería de pago, que cada usuario pague por búsquedas concretas. El autor dice que se necesitan empresas gigantes para amasar esos datos y reordenarlos mediante IA y construir nuevos servicios pero el problema es que no tiene porque ser necesario que esa empresa sea Google (Alphabet) sino una empresa de un país o continente (Europa) para facilitar un entorno competitivo y no monopolístico (pues ahora la Ley de Competencia no está frenando la transición a un feudalismo de datos, donde el recurso clave es propiedad de una o dos corporaciones).

El autor dice que los intelectuales que reflexionaron en los inicios de Internet (y auguraron la emancipación cibercultural y la soberanía popular sobre la tecnología) eran unos ingenuos, dice que los sueños utópicos que impulsaron la visión de Internet como una red cosmopolita, democratizadora y antagónica con el poder constituido han perdido hacía tiempo su atractivo universal. La aldea global nunca se materializó, "pero obtuvimos un feudo completamente parcelado entre las corporaciones tecnológicas y los servicios de inteligencia".

El autor señala que Europa se quedó atrás (al no montar una superplataforma como Facebook) y ahora le han comido su parte del pastel. Mientras en EE.UU. el sector tecnológico estaba montado desde "arriba" (e integrado en un capitalismo New Age, un capitalismo más inteligente e integrador, como los Ted Talks, así como el empoderamiento del consumidor; el Whole Earth Catalog y Stewart Brand). En cambio, en Europa, se vinculó más a movimientos "hackers" contraculturales que luego se esfumaron. El resultado es que Silicon Valley ofrece servicios creados por ellos mismos: Uber, Amazon, Airbnb, etc... Para el autor "somos peces muertos que seguimos nadando en el acuario".

Hay dos tendencias: una posmoderna (sospecha de las imposiciones) y la ideología neoliberal que hizo que triunfase la identidad del consumidor sobre el ciudadano. Según dice el autor, Silicon Valley se aprovechó de que los lazos de solidaridad de la sociedad ya estaban disueltos y ofreció una retórica de la movilidad social (todo a precios más bajos). Wipikepia se puede ver con una doble lenta: la gente abandonada a su suerte es capaz de hacer grandes proyectos públicos o bien, no hace falta gastar en cultura pública porque ya se puede hacer sola y de forma más eficiente (a través del crowdfunding). Y respecto a la economía colaborativa no se sabe si es un poscapitalismo auténtico y cooperativo o capitalismo que convierte todo en mercancía. El problema, dice el autor, es que para entender Internet (y sus efectos en el empleo, la automatización y la financiarización), hay que tener una visión "desde fuera" y no los "cuentos de hadas" del complejo industrial de Silicon Valley (ligado a gigantes como Goldman Sachs y a tratados comerciales como Tisa, Ttip, Tpp que abogan por el libre flujo de datos (y capitales)).

El autor señala que aplicando esta lógica de las lentes "post Internet" (de poner cara a quién está detrás de la "libre circulación de datos") se empiezan a interpretar algunos fenómenos como las "smart cities" (nuestra infraestructura urbana es entregada a gigantes tecnológicos poco transparentes y luego es imposible remunicipalizar a Google)

Otra clave es que la crisis impidió destinar dinero a la innovación (lo que concedió ventaja a las tecnológicas de Silicon Valley) ni generar alternativas públicas (un futuro tecnológico no liberal). Por contra, no ve esperanza en un Internet ligado al capitalismo global que aboga por un papel dominante del mercado en la vida social pues los nuevos valores que Internet lleva implícitos "quedarán aplastados por la fuerza de la subjetividad neoliberal". Sería el "fin de la historia" pero el autor tampoco descarta que los ciudadanos recuperen la soberanía popular sobre la tecnología (una vez recuperada la soberanía sobre la economía y la política).

El autor señala que el recurso más importante del siglo XXI es la inteligencia artificial (concentrado en Silicon Valley) y las empresas se dedican a "extraer rentas" (monopolios buscadores de rentas) en un entorno no competitivo. De esta forma, las empresas monopolísticas (tipo Microsoft) idean nuevos métodos de extraer rentas (ingresos adicionales de sus usuarios) en materia de ciberseguridad (en vez de hacer más seguro su software) o los servicios en la nube. El autor cree que Silicon Valley es un obstáculo para el resto de la economía porque no se dedica a producir la abundancia digital infinita que promete.

Respecto a las noticias falsas (fake news), el autor dice que son el subproducto del capitalismo digital lo mismo que el cambio climático del capitalismo de la energía fósil. El problema, dice el autor, es que gigantes como Google o Facebook están monopolizando la resolución del problema cuando debería ser una tarea de las democracias.

Otro problema es el "derecho a desconectarse", que todo el mundo tiene pero nadie ejerce. Parece contradictorio que usemos el correo electrónico para ahorrar tiempo y luego lo perdamos viendo Facebook. Al final, no es posible salirse de las redes sociales.

Por otro lado, dice que las tecnologías "revolucionarias" de Silicon Valley ya no lo son (sus productos, incluido, el blockchain) son tan reaccionarios que les encantan a las compañías de seguros para tener todos nuestros datos. El autor teme que la tecnología sea la puerta de entrada para el capitalismo mafioso (en referencia a grandes grupos inversores globales, farmacéuticas, aseguradoras) que se apodera de nuestros datos y crea una estructura de la que luego es dificil salir ya que para que funcione un coche autónomo se necesita IA, todo el negocio está conectado.

A mayores de la "cháchara" innovadora de Silicon Valley, la economía basada en datos masivos está arruinando la asignación eficiente de recursos (suena a planificación; recuerda a un Gosplan 2.0 soviético en el que las élites despilfarran sus enormes recursos en proyectos moonshot, inútiles, por capricho o para favorecer a amigos). El gran problema que subyace es que Google o Facebook acaben gestionando la infraestructura básica mundial. El autor dice que el coste real es mucho mayor que el que paga el usuario (se supone, que todo se financia con la publicidad pero se entiende que hay unos costes ocultos que, en condiciones de libre mercado, dispararían el coste al usuario pues ahora muchas empresas tecnológicas están perdiendo dinero mientras los inversores inyectan capital con esperanza de recuperarlo con creces). El siguiente paso es "cobrar" por los servicios de las plataformas, cuando todos dependan de ellas, y por ello se está mejorando el servicio de micropagos con bitcoins y blockchain. Y los balances son ficticios ya que los datos recopilados pueden carecer de valor para el sector publicitario.

También habla de las "minieconomías de mando" (conglomerados financieros con subvenciones cruzadas) y que no pagan impuestos (porque ello socavaría la "innovación"). Ve una posible mutación desde el Estado de Bienestar  a un "feudalismo hipermoderno" (las personas atrapadas en su infraestructura tendrán que pagar por todos los servicios).

Cuando llega un momento en que las aseguradoras tienen tus datos y te "recomiendan" hacer más deporte para estar más sano, ¿qué pasa si te tumbas el sofá a leer? El autor dice que es difícil retirarse de este tipo de economía en la que el valor está en la interacción de datos masivos propios de un futuro distópico donde prolongan nuestra existencia para sacarnos todavía más datos. "El neoliberalismo prometió liberarnos a todos pero hoy es más difícil que nunca escapar de sus garras", dice el autor.

Morozov explica que mientras la socialdemocracia se desmorona, la gente tiene fe en unos dispositivos móviles y plataformas pero no hay más que ver cómo es el modelo de Uber (condiciones draconianas para sus empleados no-contratados)


(continuará)