Populismo y proteccionismo en la era Trump. Resúmenes de libros

 POPULISMO Y PROTECCIONISMO EN LA ERA TRUMP. 


RESÚMENES DE LIBROS

1. "Manifiesto Redneck", de Jim Goad (1997)

Link del resumen original y actualizado del libro


2. "Algo va mal", de Tony Judt (2010)

Resumen original y actualizado en el siguiente link:
 http://evpitasociologia.blogspot.com/2011/03/algo-va-mal-tony-judt.html

3. "La mente reaccionaria", de Corey Robin (2011)

Link del resumen original y actualizado del libro en:
https://resumenesdeteoriapolitica.blogspot.com/2019/07/resumen-del-libro-la-mente-reaccionaria.html

4. "Dinero oscuro", de Jane Mayer (2016)


5. "El gran retroceso", de Bauman, Zizek, Della Porta y otros (2017)


6. "Contra todo esto", de Manuel Rivas (2018)

Resumen original y actualizado:
https://evpitasociologia.blogspot.com/2018/10/contra-todo-esto-de-manuel-rivas-2018.html

7"Fascismo. Una advertencia", de Madeleine Albright (2018)

Resumen original y actualizado en el siguiente link:
https://evpitasociologia.blogspot.com/2018/11/fascismo-una-advertencia-de-madeleine.html

8. "Fuego y furia", de Michael  Woolf (2018)

Resumen original y actualizado en:
https://evpitasociologia.blogspot.com/2018/08/fuego-y-furia-de-michael-woolf-2018.html


9. "Fake news. La verdad de las noticias falsas"de Marc Amorós Garcia (2018)

Resumen original y actualizado en:


10. "Miedo. Trump en la Casa Blanca", de Bob Woodward (2018)

Resumen original y actualizado del libro en:

11. "No society", de Christophe Guillouy (2018)

Resumen original y actualizado en el siguiente link:

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Resumen del libro "Manifiesto Redneck", de Jim Goad (1997)

Link del resumen original y actualizado del libro

Resumen elaborado por E.V.Pita, doctor en Comunicación, licenciado en Derecho y Sociología

Sociología, tribus urbanas, población del sur de Estados Unidos, cultura popular

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Ficha técnica

Título: Manifiesto Redneck
Subtítulo: De cómo los hillbillies, los hicks y la basura blanca se convirtieron en los chivos expiatorios de Estados Unidos.

Título original: The Redneck Manifesto: How Hillbillies, Hicks and White Trash Became America's Scapegoats

Autor: Jim Goad

Fecha de publicación: 1997

Publicación en español: 2017, Dirty Works, Salamanca

Páginas: 387

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Biografía del autor Jim Goad

Jim Goad (1961) sobrevivió a una adolescencia solitaria, misántropa y de bicho raro, con padre violento y monjas abusivas, en Clifton Heigts, Pennsylvania, un barrio redneck del que si no te largas a los 20 años estás acabado, según suele decirse. Huyó a Nueva York, estudió interpretación con Stella Adler. Se marcha con su novia a Los Ángeles y fundan la revista Answer me!, muy polémica. Tuvo una segunda relación con una chica llamada la dulce chica Drácula. Acabó  dos años en prisión por agresión. Se declaró miembro de la Nación de la Basura Blanca.

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Texto de la contraportada

"Mi odio tiene la dureza del diamante, es el aire que respiro, impregna cada célula de mi cuerpo y es mil veces más poderoso que todas vuestras buenas intenciones. Jim Goad está cabreado. Y no es para menos. Está harto de oír gilipolleces en los medios. Y ya iba siendo hora de que alguien saliese al ruedo cultural en plan kamikaze para poner las cosas en su sitio, sin pelos en la lengua y sin preocuparse del decoro y las buenas costumbres. Había dos alternativas: dejar un paquete hasta los topes de dinamita y estiércol en un edificio gubernamental o escribir este libro. Optó por la segunda. Como él mismo dice en el libro; "las preguntas bien dirigidas destruirán este gobierno sin que haya que malgastar una sola bala"

El Manifiesto Redneck es una devastadora defensa, razonada y oscuramente divertida, del grupo social más vilipendado de Estados Unidos: el clan cultural al que la gente se refiere indistintamente como rednecks, hillbillies o basura blanca de trailer. Con audacia y brillantez, demuestra que el secretito más sucio de Estados Unidos no es el racismo sino el clasismo, y con una inigualable habilidad para echar sal en las heridas, desmantela todas las ideas preconcebidas acerca de la raza y la cultura, arremetiendo a mazazo limpio contra las delicadas concepciones populares de gobierno, religión, medios de comunicación e historia.

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ÍNDICE

1. Los negratas blancos también tienen sentimientos

2. Existencia feudal. Las raíces de la eurobasura

3. Una historia rápida de la clase baja blanca estadounidense (y una historia aún más rápida de los Goad)

4. La vista desde fuera. De cómo los rednecks se convirtieron en extraños

5. Trabajar duro

6. Ocio duro

7. Rezar duro.

8. ¿Qué tienen de malo los incitadores de odio, los locos por las armas y los extremistas paranoicos que se niegan a pagar impuestos?

9. Yo y los negros

10. Varios argumentos de peso para la esclavización de todos los progresistas blancos

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RESUMEN

Comentarios iniciales: El libro tiene interés porque analiza a los habitantes de los pueblos del sur que votaron a Trump. Son los llamados "rednecks" (nuca roja, por el trabajo en el campo de sol a sol y a los que llaman "basura blanca"). Al igual que los "chavs" británicos, son objeto de burla en su país por dar el perfil de paleto embrutecido y perdedor, lo que delata, como dice Goad, un tufo clasista. 

El autor dice que él cuando fue a la ciudad se dio cuenta de que también era un "redneck" y tuvo que soportar todo tipo de burlas y chistes malos. Eso le llevó a denunciar esta situación que consideraba discriminatoria para la clase baja estadounidense. Mientras había respeto para los "negratas" (palabra tabú), los ataques a los "rednecks" eran permitidos y no había ninguna cortapisa. El autor detectó este racismo silencioso (parecía admitido reírse o insultar a los americanos blancos de clase baja por ser unos perdedores). Motivo por el cual escribió el libro.

Su obra tiene tintes humorísticos pero describe perfectamente cómo son humillados los habitantes del sur de Estados Unidos que viven en el rural y en una situación de pobreza extrema. El tópico los describe como individuos torvos, desdentados, con la ropa de granja, que pasan el día en la taberna y al volver le dan una paliza a la mujer, que no han salido del rural y que incluso tienen trato con animales, y que además de ignorantes son racistas y machistas. Muchos de ellos son latinos, italianos, o irlandeses que acabaron varados en un pueblo perdido del sur. Al ser considerados la manzana podrida de Estados Unidos, son objeto de todo tipo de insultos, burlas y acusaciones por parte de todos los demás habitantes del país. Todos los estereotipos que rechazan los progresistas tienen su reflejo en los "rednecks". 

El libro se escribió en 1997 pero cobró actualidad cuando Trump supo captar el voto de estos blancos pobres del sur precisamente apelando a los clichés que los identifican: racismo, machismo, antiimigración... Por eso la obra recupera todo el interés al describir un fenómeno sociológico.

El lenguaje del libro es políticamente incorrecto, habla sin tapujos,  pero el autor usa el humor para destapar un fenómeno sociológico de una realidad oculta que estaba ahí y que supone una fuerza de votantes capaz de dar un giro a unas elecciones presidenciales.

El autor comenta, por ejemplo, por qué se piensa que solo hubo esclavos negros cuando los propios "rednecks" y "hillbills" llegaron a las 13 colonias británicas de América (luego, Estados Unidos) como expresidiarios ingleses (sospecha que su propia familia, los Goad, eran delincuentes juveniles en la Inglaterra del siglo XVII porque los más jóvenes aparecen en islas como Barbados, llenas de plantaciones de trabajo forzado). Inglaterra vio en las colonias la oportunidad de deshacerse de su exceso de población en las islas y despoblar de Irlanda al máximo número de católicos y, en vez de ahorcarlos, les dan una utilidad como mano de obra gratuita. De ahí que muchos "hillbillies" sean irlandeses, italianos (una emigración posterior) o descendientes de ingleses pobres. Estos convictos eran condenados a trabajar en condiciones penosas en plantaciones de Barbados o eran reclutados para trabajar diez años en infracondiciones hasta que quedaban libres pero luego no encontraban trabajo. El viaje en barco era inmundo y muchos morían durante la travesía (los capitanes cobraban comisión por cada colono embarcado, no por cada uno que desembarcase en destino sano y salvo; su lógica era meter al máximo número de gente hacinada para ganar más). Los actuales "hillbillies" que se asentaron en el sur de Estados Unidos son aquellos esclavos blancos y trabajadores forzados que sobrevivieron en aquella época tan dura en la que la esclavitud era la norma. Así que, dice el autor, ellos, la clase más baja de Estados Unidos, también fueron "negratas" para los suyos y los propios negros los despreciaban por ser pobres y basura blanca. El propio nombre de "rednecks" procede de tener la nuca al sol trabajando en el campo, los llamados paletos.

Recuerda que los "siervos" medievales son la eurobasura del mundo feudal. Era la nueva denominación de los esclavos liberados en el imperio Romano pero que les obligaba a quedar anclados como el ganado a un territorio feudal y no podían marcharse y comprar bienes. El esquema se reprodujo en las plantaciones de las colonias penales de Inglaterra. Estos convictos liberados (algunos condenados por robar una gallina) tras cumplir su pena eran difíciles de adaptar porque nadie les daba trabajo, por lo que siguieron viviendo en la marginalidad y la extrema pobreza. Muchos, en paro, cayeron en el alcohol.

El autor también se refiere a que los "hillbillies" quedaron confinados en los montes Apalaches, cuando muchos fueron expulsados de las ciudades (por desempleo) y vivieron en los bosques (lo mismo hicieron en el sur; se asentaron en la frontera, donde no eran perseguidos). De ahí que al ser gente de frontera fuesen marginales e incluso endogámicos (donde toda la familia y de todas las edades se mezcla entre sí en una completa degradación; pone como ejemplo una escena de Pulp Fiction de una madre hillbill y su hijo que van a protestar a un banco), poco amigos de las leyes y la moral. En los montes Apalaches fueron diezmados cuando protestaron contra el general Washington tras la guerra de la Independencia en protesta por el aumento de los impuestos para el whisky y luego cuando las compañías mineras vinieron a explotar los montes y colinas de los Apalaches con una brutalidad desenfrenada y arruinaron todo el entorno. Finalmente, con sus campos degradados, los "hillbillies" tuvieron que emigrar a la ciudad y aceptan duros trabajos en las fábricas.

El autor recuerda que su padre, ,otro "redneck" era un buen hombre pero lo despidieron de la fábrica y se dio a la bebida y les daba palizas o insultaba a su familia, y convirtió su hogar en un infierno.

Respecto a sus creencias y cultura, el autor recuerda que a los "hillbillies" les gusta Elvis Presley, los ovnis y los deportes extremos. Por una parte, dice que Elvis Presley representa el mito del "hillbilly" que prosperó como cantante de rock, se hizo millonario y que luego, en su ocaso, se redimió (volvió a ser un "hillbilly" con su barriga y su traje hortera de luces). Es por este motivo, que hay miles de imitadores del último Elvis, el "hillbilly" que se redimió. Su mito de resurrección lo convierte prácticamente a Elvis en una religión con miles de seguidores.
Respecto a los ovnis y otros fenómenos culturales, el argumento de esas "abduciones" es tan rocambolesco (seres de otro planeta que examinan los órganos sexuales de los terrícolas y luego los liberan) que solo se lo puede creer un "hillbilly". Lo mismo pasa con esos periódicos llenos de fake news que, sin embargo, fascinan a estos habitantes de los parques de autocaravanas. Respecto al ocio, señala que tras trabajar duro en las fábricas, los "hillbillies" necesitan desahogarse con un poco de diversión, y los fines de semana lo dan todo con borracheras extremas, caídas espectaculares o deportes de riesgo, como las peleas, en las que muchos quedan inválidos de por vida.

Respecto al pago de impuestos y los locos por las armas, el autor dice que la propia rebelión de los colonos americanos contra Inglaterra fue porque les cobraba muchos impuestos. Los "hillbillies" lucharon en la Guerra de Independencia por reducir los impuestos pero luego Washington les subió el alcohol y protestaron violentamente, por lo que muchos murieron masacrados y otros tuvieron que huir a los pantanos o a los Apalaches.

El autor concluye criticando la hipocresía de los progresistas blancos que se mofan de los "hillbillies", a los que acusa de racistas pues ellos mismos han estado marginando a los "rednecks" al racanearles educación, empleo y sanidad. El propio autor que él, como un "hillbilly", le faltan siete dientes en su dentadura porque en su juventud su familia no tenía dinero para gastarla en un dentista. Aquellos que se burlan de los "hillbillies" desdentados, se están burlando de su extrema pobreza.

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Resumen del libro "Algo va mal", de Tony Judt (2010)


Resumen original y actualizado en el siguiente link:
 http://evpitasociologia.blogspot.com/2011/03/algo-va-mal-tony-judt.html

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Ficha técnica

Título: "Algo va mal"
Titulo original: "Ill fares the Land"
Autor: Tony Judt
Editorial: Taurus
Publicación: 2010

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ÍNDICE

CAPÍTULOS

-Introducción. Guía para perplejos.
Cap. 1 - Cómo vivimos ahora.
Cap. 2 - El mundo que hemos perdido.
Cap. 3 - La insoportable levedad de la política
Cap. 4 - ¿Adiós a todo esto?
Cap. 5 - ¿Qué hacer?
Cap. 6 -¿Qué nos reserva el porvenir?

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RESUMEN

En los primeros capítulos, Judt explica que desde 1980, el Estado [socialdemócrata protector que surgió tras la Gran Depresión] se disuelve frente a una oleada de neoliberalismo que privatiza los servicios públicos al entender que no son rentables ni eficaces y que es mejor que los regule la "mano invisible del mercado".

Centra el problema en que la política ya no se hará en función de más Estado o más mercado, sino en qué tipo de Estado quieres, si muy intervencionista o el actual de bienestar.
También examina las diferencias entre Estados Unidos, individualista y con bajos impuestos, y Europa, socialdemócrata y con impuestos retributivos de la renta.

La cuestión es que desde los años 80, las desigualdades sociales, según Judt, han aumentado debido a esta política más centrada en el esfuerzo individual que en el colectivo.

La frase clave del libro es: "La nueva generación siente una honda preocupación por el mundo que va a heredar. Pero esos temores van acompañados de una sensación general de frustración: nosotros sabemos que algo está mal y hay muchas cosas que no nos gustan. Pero ¿en qué podemos creer, qué debemos hacer?"

Anotación bibliográfica: muestra unas estadísticas que relacionan desigualdad de la renta y homicidios, trastorno mental y gasto en sanidad y esperanza de vida. Están extraídas de Wilkinson y Pickett, "The Spirit Level".

Capítulo 1

Judt dice que la economía clásica consideraba que el individuo siempre adoptaba decisiones económicas racionales conforme a su interés y que busca la maximización del beneficio y que vinculaba libertad a libertad financiera, pero esto lleva a evaluar las decisiones con un vacío moral. Se pregunta qué pasa con otras componentes que influyen en el comportamiento como el altruismo o la colaboración gratuita.

Nota del lector: en Internet, vemos que hay altruismo y colaboración, donde el rendimiento
económico es cero. Efectivamente, no hay rentabilidad.

Capítulo 2.


Judt recuerda los grandes desastres de l914 a 1945, lastrados por dos devastadoras guerras, epidemias, dictaduras o cracks financieros. Dice que en 1945 el principal problema era cómo asegurar la democracia y evitar que la experiencia se repitiese. El Estado liberal de libre mercado y "laisez-faire" fue barrido. Y ensalza a Maynard Keynes como la persona que más esfuerzos dedicó a ese desafío.

Keynes estudió el problema de la incertidumbre y la inseguridad que corroían la confianza en el liberalismo. La intervención del estado, se decía, había librado a Alemania del paro, a la URSS de la Gran Depresión y en Italia los trenes eran puntuales. [nota del lector: recuerdo las palabras de Hayek en esos años sobre el riesgo de que el Estado interviniese en los asuntos del individuo porque este se convertía en deudor o súbdito]. Keynes vio que había cosas positivas en las políticas contracíclicas y el Estado de la Seguridad Social.

 El Estado liberal se había visto obligado a salvar al capitalismo con políticas que parecían entonces socialistas [nota del lector: nuevamente Hayek puso objeciones]. Pero hubo consenso (Butler + Gaitskell= butskelismo]. Defendían la planificación económica e inversión a gran escala. Judt dice que "la seguridad del bienestar en que se vivía y la futura prosperidad suavizaron las injusticias del capitalismo". Entre 1945 y 1975 hubo prosperidad, seguridad en el empleo y movilidad social ascendente a escala sin precedentes. La clase media recibió educación gratuita, atención médica barata o gratis, pensiones públicas y seguro de desempleo. Se abrió la élite cultural a las masas.

Si el estado movilizó a las masas para la guerra también podía hacerlo para la paz mediante la planificación a través de incentivos fiscales. Se insistió en que las instituciones resolvían lo que el mercado no podía hacer o hacían controles de divisas, regulaciones salariales o precios límite, y se aumentaron los impuestos. Se redistribuyó la riqueza como algo beneficioso para todos. Pero Judt advierte que a ojos de hoy esas metas eran ineficaces y que ponían peligrosamente enormes recursos sociales en manos de burócratas, políticos y grandes gobiernos. Se hizo porque los contribuyentes tenían confianza en su comunidad porque era igualitaria. Esto se notó mucho en países pequeños y homogéneos que generaron confianza y cooperación pero que rozaba el egoísmo cuando entran otros colectivos a los que mantener.

Judt cree que no es demasiado alto el precio pagado por la confianza, la tributación progresiva y el Estado intervencionista de 1945-1975, en general socialdemócratas que crearon el Estado del Bienestar. Pero ahora se piensa en términos de destrucción creativa (Schumpeter). Para la generación más vieja el bienestar les pareció milagroso, nada que ver con los empleos basura de hoy, dice el autor. Pero a finales de los 70 hubo alertas sobre el desequilibro del gasto social y público a medida que envejecía la generación del baby-boom a la vez que se ralentizaba el crecimiento. Ello conllevó el declive de la "Gran Sociedad" pero por sí solos no explican la transición radical a nuestra época.


Capitulo 3.

Menciona a Le Corbusier y la planificación de las ciudades tras la posguerra, así como la creación de pisos-colmena y la destrucción de centros históricos en aras de la modernidad, sin contar con la opinión de los ciudadanos. [Nota del lector: esto recuerda a toda la fase de desarrollismo de los años 60 y a la ley del suelo que permitía derribar cascos históricos para construir bloques de hormigón en aras del progreso.]

La escuela austríaca. Judt menciona a cinco economistas austríacos de la escuela de Chicago de libre mercado (Chicago boys): Von Mises, Hayek, Schumpeter (descripción de la creatividad destructiva del capitalismo), Karl Popper (defensa de la sociedad abierta) y Drucker (gestión empresarial). Todos trataron de explicar en los años 30 la debacle de la izquierda frente a los totalitarismos por la intervención del estado en la economía, frente a las recetas contracíclicas de Keynes. Para ellos, la planificación no tenía sentido porque se basa en cálculos y predicciones poco realistas.

Hayek en "Camino de la servidumbre" advierte de que el estado de bienestar deviene en totalitarismo, lo que fue desmentido en los prósperos años 50 a 70.

Para Judt, los cinco economistas de la escuela de Chicago, que tanto influyó en Reagan o Thatcher, estaban continuando un debate sobre los mercados libres y las libertades occidentales que se remonta al siglo XIX.

Capítulo 4 - ¿Adios a todo esto?

Judt señala que la caída del muro no supuso el fin de la historia, fue una oportunidad perdida de reconfigurar el mundo en torno a instituciones y prácticas internacionales consensuadas y perfeccionadas.

1989 y el final de la riqueza
Desde la Revolucion Francesa había una fe secular por el progreso con doctrinas como el positivismo (uso político de datos sociales para remediar el mundo, ver a Beatrice Webb). Esta idea fue desmontada en el siglo XX por los totalitarismos. La caída del comunismo en 1989 dejó a la socialdemocracia (su discurso era que ellos estaban a favor de la libertad, igualdad, justicia social y mercados regulados) sin una doctrina ni narración de democracia frente al conservadurismo. Ahora, apenas se distinguen. Todos somos demócratas.

Las ironías del poscomunismo
El Estado no es tan malo si se compara con los estados fallidos. La caída de la URSS supuso el fin de la planificación y el control central pero no los desacreditó. El desafío, dice Judt, es organizarnos en beneficio común.

El párrafo clave del libro: "¿por qué iba a parecernos mejor que unos empresarios codiciosos salgan enriquecidos del derrumbamiento de un Estado autoritario es mucho mejor que el propio autoritarismo? Ambas situaciones sugieren que algo falla seriamente en nuestra sociedad. La libertad es la libertad. Pero si conduce a la desigualdad, la pobreza y el cinismo, deberíamos decirlo con claridad en vez de ocultarlo bajo la alfombra en nombre del triunfo de la libertad sobre la opresión".

El problema de los impuestos: tras la llegada del paro en 1970, los que aún trabajaban tuvieron que pagar más impuestos, lo que generó quejas. Nadie recordaba por qué se instauró ese sistema tras la Gran Depresión de 1929. La socialdemocracia no sobrevivió más de una generación porque a los hijos de los primeros beneficiarios les indignaba el coste de la subvención a la cultura, transporte público o las piscinas.

Judt propone el retraso de las jubilaciones como mal menor pese a que sea una medida impopular que los Gobiernos pusilánimes no quieren tomar.

La lógica del Estado protector preservó su forma democrática.

¿Qué hemos aprendido? [de 1989]
La socialdemocracia tuvo su momento con el New Deal y la Gran Sociedad ( se refiere a la década de 1945-1970) y el neoliberalismo tuvo su momento en 1970 hasta que se desacreditó con la crisis financiera de 2008.
Para Judt, 1989 supuso el redescubrimiento de la libertad.

Otro párrafo clave del libro: "¿Por qué estamos tan seguros de que cierta medida de planificación o la tributación progresiva o la propiedad colectiva de lo bienes públicos son restricciones intolerables de la libertad mientras que las cámaras de circuito cerrado, los rescates estatales de bancos de inversión "demasiado grandes para dejarlos caer", las escuchas telefónicas y las costosas guerras en otros países son cargas aceptables que la gente debe aceptar?".
Se pregunta ¿qué hacer?

Capitulo 5. ¿Qué hacer?


En defensa de la disconformidad.
Judt dice que la conformidad en las comunidades tiene un precio: no puede responder a los nuevos desafíos. Estados Unidos, como observó Tocqueville, se inclinó hacia la conformidad y los que dicen lo que quieren son marginados o sus palabras silenciadas. Y la tolerante Gran Bretaña descalifica al que no esté de acuerdo con la corrección política o los tipos impositivos.

Fuentes de disconformidad: diferencias teológicas, de clase, intelectuales (primero contra los abusos del poder y luego contra la opinión pública). Los debates han caído en manos de think-tanks.

Cláusulas de exclusión en debates de EEUU sobre el papel activo del Gobierno: Impuestos bajos, el Gobierno no se entrometa en asuntos, y nada de socialismo. En Europa, la tolerante Inglaterra llena sus calles de cámaras de videovigilancia que invaden la intimidad.

Duda que los intelectuales (que no se opusieron a la guerra de Irak) ni los políticos puedan cambiar nada. Según Judt, lo harán los jóvenes si no caen en el apoliticismo.

Aquí hay un párrafo muy interesante: "Lo primero que se le ocurre a un joven que quiere "comprometerse" es afiliarse a Amnistía Internacional o Greenpeace o a Human Rights Wacth o a Médicos sin Fronteras". Pero si renuncian a la política, abandonan su sociedad a los funcionarios más mediocres, sin la talla de un Churchill o un Roosevelt. "Políticamente, nuestra época es de pigmeos", dice Judt. Los sondeos dicen que hay desilusión con los políticos que no afrontan problemas como el calentamiento global.

-Una conversación pública renovada.
-Reabrir la cuestión local
-¿Una nueva narración moral?

Capítulo 6. ¿Qué nos reserva el porvenir?

-La globalización

Combina el crecimiento es bueno y es inevitable. Pero la expansion economica no garantiza ni igualdad ni prosperidad.

Aquí comenta algo muy interesante: en 1914, el mundo estaba globalizado pero tras las dos guerras, no se recuperó el comercio internacional hasta 1950.

En 2008, quedó dinamitada la idea de los estados corporativistas de mercado

Se pregunta: "¿Estamos seguros de que la globalización va a ser permanente?

-Pensar el Estado.

Las economías mixtas hicieron que la generación más joven diese por sentada la estabilidad y a exigir la eliminación del obstáculo de los impuestos, las regulaciones y la interferencia del Estado.

Tras la liberalización de 1980 a 2008, el Estado vuelve a intervenir pese a que oficialmente se rechaza su protagonismo. El problema, según dice Judt, es que el Estado genera desconfianza por el daño que causaron, porque ejerce coerción frente a la libertad política y que los Estados activistas pueden equivocarse a gran escala.

Paradoja sobre que no se puede tener Estados que presten servicios sociales o eficientes mercados libres. El problema es que si el estado es débil, intervienen otros jugadores como los monopolios o los trust, que se benefician excesivamente de una economía desregulada y las ganancias están mal distribuidas. Por eso recomienda actuar al estado para garantizar ciertas obras del bien público.

Demanda opcional: la cantidad que paga un individuo por tener un servicio a todas horas. Aquí no funciona la mano invisible del Estado.

-Los ferrocarriles, estudio de un caso

Los trenes son un monopolio. Pero su privatización lleva aparejadas varias condiciones: combinación de lo peor del control monopolista del mercado, interferencia estatal y albur moral.

En el transporte, Judt considera que el Estado debe dar un servicio aunque sea ineficiente y poco rentable a los más desfavorecidos (pueblos apartados de las ruta comerciales, jubilados...). Un economista propondría arrancar las vías para hacer las rutas poco rentables en coche.

Ejemplo de los ferrocarriles británicos privados, que recibieron importantes subvenciones. También se cerraron líneas para levantar autopistas, lo que generó un coste medioambiental.

Las estaciones de ferrocarril no envejecen como sistema de transporte, lo que entronca con el "individualismo" moderno y la aparición de la sociedad civil.

-La política del temor

La inseguridad vuelve a la vida política en las democracias occidentales, dice Judt, : terrorismo, cambio, paro, distribución de recursos, control de la rutina.

Ojo a esto que dice: "En Occidente hemos vivido un largo periodo de estabilidad, adormecidos en la ilusión de un progreso económico indefinido. Pero eso ya ha pasado".

Avecina una época de lideres locales y cree que un estado débil y un mercado libre no va a ayudar mucho (ver cleptocracias de Europa del Este). Dice que mucha gente prefiere un estado fuerte-autoritario pero estable a uno fallido y que ahora la socialdemocracia ya no tiene argumentos para captar a sus votantes. Advierte de que las democracias liberales pueden zozobrar. Y el conservadurismo ha abandonado la moderación social.
Siente que la socialdemocracia abandonó los logros que tanto esfuerzo costaron conseguir.

Conclusión: Qué pervive y qué ha muerto de la socialdemocracia.

Los críticos preguntan si el estado de Bienestar debe permanecer. Y acusa a los socialdemócratas de no definirse o de guardar silencio ante atrocidades de Balcanes. A partir de los 90 se perdió la ilusión de la igualdad y volvió el egoísmo con el objetivo en la vida de tener éxito en los negocios.

Y finaliza: "Si pensamos que algo va mal, debemos actuar en congruencia con ese conocimiento".


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CRITICAS Y COMENTARIOS DE OTROS AUTORES AL LIBRO "ALGO VA MAL"

Comentarios de Joaquín Estefanía en  "Abuelo, ¿cómo habéis consentido esto?" (2017)

El autor Joaquín Estafanía menciona en la página 23 de  "Abuelo, ¿cómo habéis consentido esto?" (Planeta, 2017) a "Algo va mal" de Tony Judt. Dice que el autor teoriza sobre la enfermedad social del miedo y rebate la tópica idea de que el miedo es libre y analiza cómo cualquier tipo de crisis lo multiplica por mil. Estefanía dice que se tiene miedo al terrorismo, al otro, al que viene a competir por nuestro puesto de trabajo y nuestro Estado de Bienestar, a la inseguridad económica, a la incontrolable velocidad de los cambios, a quedar atrás en la redistribución de la renta y la riqueza cada vez más desigual.





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Resumen del libro "La mente reaccionaria", de Corey Robin (2011)


Link del resumen original y actualizado del libro en:



Corey Robin escribió en el 2011 "La mente reaccionaria", ensayo en el que examinó el libro La rebelión de Atlas, de Ayn Rand, al que incluye entre otros autores conservadores como Burke, Scalia o incluso reaccionarios. En su niñez en San Petersburgo, Rand (seudónimo de Rosebound) vivía en una familia pobre en el ghetto y su madre no le podía comprar camisas blancas (es posible que estuviese prohibido), por lo que se llevó un disgusto y se prometió a sí misma que tendría dinero para comprarse lo que quisiera. De adolescente, mientras sus padres pasaban hambre ella se iba al teatro. Robin viene a decir que la joven era egoísta que se ponía como meta salirse con la suya, al igual que sus personajes.

 Dice que la autora emigrada rusa ni era novelista ni filósofa pero pretendía ser ambas cosas. La acusa de ser un fraude intelectual. Añade que ella se definía como heredera de Aristóteles y su lógica (A=A) pero el autor señala que el filósofo griego sí que era un filósofo de verdad y se tomó su tiempo en reflexionar sobre los aspectos éticos, algo de lo que carece Rand, demasiado egoísta e individualista. Sospecha que la autora ni siquiera se leyó la obra de Aristóteles y si lo hizo no entendió nada. Aunque Aristóteles fue la base del cristianismo medieval, la religión no es mencionada en las obras de Rand; directamente no se habla del tema.

Robin añade que la autora tiene una gran deuda con el filósofo alemán Nietzsche, si es que no copió directamente sus ideas, en las que señala que hay dos clases de personas: tipos como Galt o el arquitecto de El Manantial, que son los que hacen avanzar el mundo gracias a sus proyectos de emprendimiento e ideas, y luego la plebe ignorante, que disfruta del trabajo que hicieron otros. Este pensamiento elitista hunde sus raíces en el siglo XIX. Al llegar a Estados Unidos, el primer libro que ella leyó fue el de Nietzsche y, aunque le influyó  mucho al principio, luego fue perdiendo fuelle. En sus guiones intentaba dar dramatismo pero las tramas eran inverosímiles y pese a ello le llovían los fans y admiradores. Se dice que La rebelión del Atlas es el libro más influyente del siglo XX en Estados Unidos (detrás de La Biblia) pero Robin lo duda aunque es verdad que vendió millones de ejemplares.

 En esencia, sus personajes son héroes cotidianos que están en conflicto con las masas. Pero Robin ve una contradicción porque Galt se dirige durante horas por radio a millones de oyentes que lo aplauden y no parece que haya mucho conflicto. Por eso, parece que el conflicto está entre el héroe y los intermediarios que se interponen para comunicarse con las masas. Y, eso, dice Robin nos lleva directamente a algún tipo de fascismo.

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Resumen del libro "Dinero oscuro", de Jane Mayer (2016)

Link original y actualizado del resumen:
https://evpitasociologia.blogspot.com/2018/09/dinero-oscuro-de-jane-mayer-2016.html

Resumen elaborado por E.V.Pita, doctor en Comunicación, licenciado en Derecho y Sociología

Sociología, financiación de partidos políticos, política, Estados Unidos,

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Título: "Dinero oscuro"

Subtítulo: "La historia oculta de los multimillonarios escondidos detrás del auge de la extrema derecha norteamericana"

Título original en inglés: "Dark money"

Autora: Jane Mayer, 2016

Edición en español: Debate (Penguin Random House Group International), Barcelona, 2018.

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Biografía de la autora Jane Mayer (hasta el 2018)

Jane Mayer es colaboradora de The New Yorker y autora de tres aclamadas obras de no ficción: Landslide, escrita junto con Doyle McManus; Strange Justice, en coautoría con Jill Abramson, y The Dark Side. Galardonada con numerosos premios periodísticos, Mayer ha sido finalista en varias ocasiones del National Book Award y del National Book Critics Circle Award. Actualmente vive en Washington DC.

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Texto de la contraportada

"En los años ochenta, liderados por los hermanos Koch y sin que nadie se percatara del impacto que tendrían sus actos en el futuro de la política nacional estadounidense, algunos multimillonarios empezaron a invertir cantidades exorbitantes en las campañas electorales del ala más radical del Partido Republicano. Actualmente, su triunfo no solo es evidente en el ámbito electoral: a través de la implantación y la financiación de toda una red afín compuesta por "think tanks", programas universitarios y medios de comunicación, este selecto grupo de ideólogos ha conseguido moldear las reglas del juego de la democracia estadounidense.

"En esta impactante y poderosa investigación periodística, Jane Mayer examina los orígenes, el auge y la dominación de una casta que, no conforme con disfrutar de uno de los tratos más privilegiados del planeta y acumular el porcentaje más elevado de la riqueza mundial generada, ha secuestrado la democracia estadounidense para sus propios fines con una sofisticación inaudita y altamente efectiva".

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ÍNDICE

Primera parte.  Militarizar la filantropía
La Guerra de las Ideas (1970-2008)

1. Radicales; una historia de la familia Koch

2. La mano escondida: Richard Mellon Scaife

3. Cabezas de playa: John M. Olin y los hermanos Bradley

4. El método Koch: la vorágine del libre mercado

5. Kochtopus: una máquina de libre mercado


Segunda parte. Operaciones encubiertas (2009-2010)

6. Fuerzas terrestres

7. La hora del té.

8. Los fósiles

9. El dinero habla: el largo camino a Citizens United

10. La golpiza: el debut del dinero oscuro en las intermedias, 2010


Tercera parte. Privatizando la política
Combate total, 2011-2014

11. El botín: saquear el Congreso

12. La madre de todas las guerras: el fracaso del 2012

13. Los estados: ganar terreno

14. Vendiendo a los nuevos Koch: un mejor plan de batalla

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RESUMEN

La autora sostiene que los industriales Koch promovieron políticas afines a sus intereses industriales (energías y combustibles fósiles) y que financiaron a aquellos políticos favorables a la desregulación de las leyes y promovieron el negacionismo del cambio climático pagando investigaciones en esa dirección. Los hermanos, anarcoliberales favorables a un Gobierno débil y total libertad empresarial, inicialmente participaron en las elecciones pero obtuvieron en los años 80 unos resultados ridículos. Por eso, cambiaron de estrategia y realizaron inmensas inversiones en sufragar institutos de opinión, investigaciones y a políticos que defendiesen esas políticas. La autora sostiene que sus inversiones multimillonarias en política fueron un éxito porque inocularon en el programa republicano ideas que defendían sus intereses energéticos e industriales (sobre todo la oposición a la leyes medioambientales).



Aunque no apostaron por Trump, que se convirtió en un guijarro en sus zapatos, lo felicitaron tras ganar las elecciones y varios de los protegidos de Koch pasaron a formar parte de su gobierno, de forma que Trump asumió algunas de las políticas de los Koch.

La autora relata cómo paso a paso los Koch montaron una gigantesca red política regada con miles de millones tras la victoria de Obama para expandir el ideario conservador. Lograron reunir miles de millones para cambiar la situación gracias a una nueva ley llamada Citizens United que permite donar cantidades ilimitadas de dinero a las asociaciones siempre que se dé a conocer el nombre del donante. Pero, según la autora, en el caso de los Koch, urdieron una red de asociaciones y institutos de investigación supuestamente independientes para regarlas de millones y propagar su ideario ultraconservador, pero siempre disimulando de dónde procedía el dinero, lo que equivaldría a incumplir la ley de transparencia. Solo una vez, la Administración llegó a dar con un donante muy ligado a los Koch, del que tuvieron que desembarazarse políticamente para no verse comprometidos.

Según la autora, los Koch y otros millonarios donantes pretenden hacer creer que en todo EE.UU. hay una revolución conservadora espontáneamente originada y promovida de las bases de la pirámide, de los institutos de investigación y de las asociaciones civiles o el Tea Party, pero, en realidad, dicho movimiento civil es un movimiento que parte desde arriba (un grupo de millonarios conservadores) hacia abajo y no de abajo hacia arriba. Lo escandaloso, dice la autora, es que un pequeño grupo de votantes usen su dinero para imponer sus políticas al resto. Dichas políticas se limitan a defender sus intereses, en concreto un recorte de impuestos para los más pudientes (a costa de recortar los gastos del Estado, preferentemente los gastos sociales y educativos), así como desregularizar las políticas medioambientales que afectan a las industrias. Es una defensa casi fanática del libre mercado que exige reducir el Estado a su mínima expresión (anarquismo de derechas). A partir de este concepto se crean numerosos institutos de investigación que promueven esta ideología.

Por tanto, la autora considera que la supuesta revolución conservadora que siguió a la victoria de Obama fue artificiosamente financiada por un grupo de magnates, amparados en la nueva legislación y en desgravaciones fiscales a las asociaciones sin afán de lucro y que tampoco son partidos políticos. Para ello, fue primordial un fallo del Supremo sobre el caso de Citizens United que autorizaba a donar cantidades ilimitadas de dinero a partidos políticos en aras de la libertad de expresión y para dar mayor transparencia. Pero la autora cree que es una lucha desigual porque un puñado de supermillonarios imponían su ideario al resto a través de canales de televisión como la Fox, que eran parte de su maquinaria.

La primera estrategia que siguieron obtuvo un éxito increíble: hicieron un mapa de EE.UU. y descubrieron que había estados en los que solo necesitaban cambiar un representante demócrata por otro republicano para cambiar la composición del Senado en dos años, y darle la mayoría a los republicanos. El éxito fue total. Estado a estado, la red oculta de los Koch financió con un reguero de millones a los candidatos conservadores, mediante la compra de anuncios y espacios publicitarios, y ataques agresivos o plagados de medias verdades o calumnias que desprestigiaban a sus oponentes demócratas, algunos de los cuales llevaban mucho tiempo en el poder y fueron desalojados tras perder las elecciones. Los propios conservadores sustituyeron a sus miembros más moderadores para poner a otros más agresivos. Cuando el equipo de Obama se dio cuenta de lo que estaba pasando, ya era muy tarde y no les dio tiempo a reaccionar.

Pasados dos años, la red de Koch logró revertir la composición de la cámara del Senado, que con mayoría conservadora se convirtió en un entorno hostil para Obama. Daba igual lo que intentase negociar el presidente, todo estaba mal: Obamacare, seguros a los pobres, presupuestos... porque se trataba de un ataque ideológico donde no cabían concesiones. Los nuevos senadores intentaron derrocar el Obamacare con feroces ataques y casi colapsan la Administración al negarle al presidente un acuerdo presupuestario. Finalmente, Obama tuvo que entrar en el juego e incluir en su discurso parte del programa regresivo republicano tras negociar con el sector más moderado. Los ultraconservadores celebraron como un triunfo que Obama tuviese que ponerse a la defensiva pero en el 2012 no consiguieron ganar las elecciones y fueron derrotados, por lo que Obama repitió mandato, aunque atado de pies y manos. En cuanto a las donaciones, los demócratas tampoco pudieron protestar porque supermillonarios como el financiero George Soros también estaba donando sumas fabulosas a los demócratas y creando sus propios institutos de investigación.

La autora hace referencia a los encuentros que hasta 400 millonarios ultraconservadores hicieron en un resort de California para recaudar fondos para echar a Obama y apoyar el renacer americano. Unos picaban a otros sobre los millones que iban a donar para la red de Koch y devolver el esplendor a la civilización occidental blanca.

Lo que la autora plantea en su libro es cómo dos millonarios sin haber sido nunca elegidos están imponiendo su ideario (lleno de intereses económicos) a 300 millones de norteamericanos que no los han votado simplemente porque tienen enormes fajos de billetes para gastar. La influencia ha sido tan enorme que han cambiado el mapa político en pocos años e introducido ideas reaccionarias como el negacionismo del cambio climático, el recorte de impuestos para los más ricos o la tacañería en la concesión de ayudas públicas a los más pobres. También se impusieron nuevos debates como el gasto público o el déficit público que ahora forman parte de la agenda de muchos países pero que, hace años, nadie le concedía tanta importancia. Hubo un obstruccionismo deliberado e ideológico contra las políticas progresistas (más ayuda social a los desfavorecidos) iniciada por Obama, quien ante el virulento ataque se vio obligado a negociar y entrar en el juego.

Por otra parte, la autora dice que el partido republicano se ha visto obligado a asumir las ideas y debate extremista del Tea Party y los captadores de donaciones, lo que molesta a gran parte de los republicanos moderados que anteponen el bien del país a su ideología. El resultado ha sido el obstruccionismo contra la Administración Obama, a la que no le dejaron ni respirar, sin darle la menor capacidad de negociar un buen trato para el país ni siquiera cuando este coincidía, en general, con los intereses de los republicanos. El presidente se encontró con una hostil resistencia.

A todo ello se sumó el cambio de discurso después de que la derecha perdiese las elecciones del 2012 y Obama renovase mandato. La derrota de su candidato obligó a la derecha a hacer durante meses una metódica reflexión sobre lo ocurrido pensando ya en las elecciones del 2016 para intentar recuperar el poder.

 Los sabios del partido republicano se dieron cuenta de que el discurso de la extrema derecha era impopular porque la gente los identificó con "los del dinero", esos desalmados sin corazón que deniegan ayudas a los pobres. En una de las charlas secretas, en la que alguien filtró unas grabaciones, se oía decir a  uno de los sabios a los donantes millonarios que él nació pobre pero ha trabajado mucho para llegar a dónde está y que cuando se encuentra a un pobre le deniega ayuda porque piensa que debe espabilar y buscarse un trabajo y esforzarse como hizo él. Un tercio de los votantes, los republicanos, piensan como él y no dudarían en culpar al pobre de su situación. Otro tercio, por contra, es demócrata y cree que se deben conceder todo tipo de ayudas y beneficios a los pobres. Ninguna de esas partes va a cambiar de opinión. Sin embargo, añadió, mucha gente de buena voluntad, ese tercio que está en el centro, duda si se deben conceder o no ayudas. Es ese caladero de votos a donde los republicanos dirigieron sus esfuerzos entre el 2012 y el 2016 para convencer a los electores. La palabra clave era "bienestar", convencer al país de que las políticas republicanas son buenas porque traen "bienestar". A los Koch les gustó el concepto y comenzaron a difundir esa consigna por su red de contactos.

El nuevo plan que los expertos en Marketing vendieron a los Koch consistió en defender la idea de que el programa de los extremistas de la derecha y los defensores fanáticos del libre mercado traen "bienestar", un estado de felicidad que todo el mundo quiere, para dar la sensación de que los políticos ultras republicanos también tienen empatía con los más desfavorecidos. Por ese motivo, los donantes millonarios aportaron sumas cuantiosas para crear numerosos institutos privados, generalmente adscritos a las universidades, para investigar el "bienestar", estudios a los que luego siempre se le daba un barniz ultramercantilista. Este fue el ideario que empezó a impregnar las aulas en los años 2012 a 2016, lo que motivó muchas protestas de los estudiantes porque estaban estudiando una Economía demasiado politizada y que supuraba republicanismo descaradamente. Así, los profesores defendían ideas como que denegar la ayuda social a los pobres contribuía al bienestar general porque la falta de ayudas les estimulaba a competir y trabajar, lo que reducía el paro, y si no lo lograban, la culpa era solo suya. Cualquier punto del programa, inmigración, proteccionismo, etc... era filtrado con la palabra-consigna del "bienestar". Se culpaba al Gobierno de la crisis del 2008, se consideraba que el libre mercado era lo único que traía bienestar.

La autora también reflexiona sobre la hipocresía de estas teorías sobre la superación de uno mismo ya que los fanáticos que más las defendían eran precisamente ricos herederos que habían nacido con una enorme fortuna bajo el brazo. Nadie duda que se pudiesen haber esforzado para escalar puestos en la empresa paterna pero era obvio que nacían con una ventaja inicial. Por tanto, su discurso era poco creíble. Culpar a los pobres de su pobreza era obviar que dichas personas no habían nacido con las mismas oportunidades de educación o sanidad que los ultrarricos y los superricos.

Paradójicamente, Trump, que se negaba a ir a las convenciones de los Koch para no tener que mendigar dinero como otros políticos republicanos, dio con la fórmula mágica para convencer a los votantes. Los Koch se gastaron 13 millones de dólares y su red de donantes otros 1.000 millones de dólares en implantar una ideología ultraconservadora en EE.UU. pero Trump, más intuitivo, comprendió que la clave para ganar las elecciones estaba en el malestar de los obreros del medio Oeste, golpeados por la deslocalización de las fábricas, la supuesta competencia de los inmigrantes con salarios más bajos y la globalización. Aunque heredó la línea de pensamiento de los Koch, interpretó mucho mejor las claves del país, con sus discursos tocó la fibra de los obreros y las clases medias-bajas e hizo creer a los obreros que él era como ellos y que podía sacarlos del bache.



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Resumen del libro "El gran retroceso", de Bauman, Zizek, Della Porta y otros (2017)


Resumen original y actualizado en:
https://evpitasociologia.blogspot.com/2017/07/el-gran-retroceso-de-bauman-zizek-della.html

Resumen elaborado por E.V.Pita, doctor en Comunicación Social, licenciado en Derecho y Sociología

Sociología, neoliberalismo, economía política, democracia,

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Título: "El gran retroceso"

Subtítulo: Un debate internacional sobre el reto urgente de reconducir el rumbo de la democracia

Título original en alemán: "Die grosse Regresion. Eine internationale Debatte über die geistige Situation der Zeit.

Autores:  Santiago Alba Rico, Arjun Appadurai, Zigmunt Bauman,  Donatella della Porta, Nancy Fraser, Marina Garcés, Eva Illouz, Ivan Krastev, Bruno Latour, Paul Mason, Pankai Mishra, Robert Misik, Oliver Nachtwey, César Renduelles, Wolfrang Streeck, David Van Reybrouck, Slavoi Zizek.


Fecha de publicación en alemán: Berlín, 2017

Fecha de publicación en español: Barcelona, 2017 / Seix Barral, Editorial Planeta

Número de páginas: sobre 360

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Texto de la contraportada

"Nos encontramos en un escenario impensable hace unos años. Trump es el rostro enfurecido de una nueva demagogia que dice estar contra la élite mientras llama a la construcción de muros. La sorpresa del Brexit  ha dado paso a un clima de desilusión y de fatiga democrática. Los partidos nacionalistas y las tendencias autoritarias se extienden por Europa. Y asistimos a una normalización del odio a los inmigrantes, a la brutalización del discurso público y a la desconfianza en los medios de comunicación. ¿Cómo hemos llegado a esta situación? ¿Es posible cambiarla?"

"Este libro analiza el actual momento político y social, lo sitúa en un contexto histórico, reflexiona sobre los escenarios futuros y discute estrategias para contrarrrestar esta regresión global. Intelectuales e investigadores de prestigio internacional inician aqui un debate tan urgente como necesario"

Texto de las solapas

 Santiago Alba Rico sostiene que "hay muchas razones para pensar que 2017 está más cerca de 1917 o de 1930 que de 2018". Por su parte, Arjun Appadurai mantiene que "los 62 millones de estadounidenses que eligieron a Trump votaron por él y contra la democracia". En cuanto a  Zigmunt Bauman (recientemente fallecido), "se ha creado un clima de desconfianza, recelo y competencia a degüello. Y en él, las semillas del espíritu colectivo y de la ayuda mutua se asfixian, se marchitan y
decaen".

La autora Donatella della Porta añade que "el populismo no empodera al pueblo sino más bien al líder individual". Por su parte, Nancy Fraser mantiene que "se abre ante nosotros una situación inestable en la que hay mentes y corazones que pueden ser conquistados". En cuanto a Marina Garcés, esta indica que "no sabemos cómo responder a la muerte real, la de los viejos y los enfermos, a las mujeres violadas y asesinadas, a los refugiados y a los inmigrantes que cruzan fronteras dejándose en ellas la piel". Otra de las coautoras, Eva Illouz, mantiene que "a largo plazo, el liberalismo podría estar condenado a la extinción".

 Por su parte,  Ivan Krastev indica que "lo que hoy experimentamos es un completo cambio de rumbo; la destrucción del mundo que nació en 1989". Mientras, Bruno Latour, considera que "en vías de desmembramiento, Europa no puede contar con Estados Unidos, en manos ahora de un nuevo rey Ubú". En cuanto a Paul Mason, este señala que "si hay un agente colectivo que pueda pilotar la transición hacia algo más allá del capitalismo, lo compondrán los jóvenes, conectados y relativamente emancipados. No son una clase, pero el desplome del neoliberalismo los ha dejado sin futuro".

Respecto a Pankai Mishra, este sostiene que "la elevación de un rencoroso trol de Twitter a hombre más poderoso del planeta es el último recordatorio de que las proclamas de las élites sobre la democracia y el liberalismo nunca coincidieron con la realidad del país". Por su parte, Robert Misik afirma que "la competitividad ha llevado a las sociedades pluralistas al borde del colapso". En cuanto a Oliver Nachtwey, dice que "el individuo se mide según su rendimiento en el mercado. Los ganadores obtienen un dividendo de autonomía, los perdedores, estigmación".

Finalmente, otro grupo de autores señala la siguiente. César Renduelles mantiene que "la única salida a la implosión de la UE pasa por deshacer el malentendido histórico que daba prioridad al mercado en la construcción de un proyecto político continental". Wolfrang Streeck afirma que "con el paso a la postdemocracia, llegó al mundo una nueva clase de mentira: la mentira de los expertos".  David Van Reybrouck indica que "las elecciones son el combustible fósil de la política: si en su día impulsaron la democracia, ahora generan nuevos peligros". Por último, Slavoi Zizek sugiere que "tanto la izquierda progresista como la derecha populista están atrapadas en la política del miedo. La primera tarea que debemos realizar es desplazarnos del miedo al "angst".

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ÍNDICE

Prólogo

- Retrocesos, repeticiones, restas (Santiago Alba Rico)

- Fatiga democrática (Arjun Appadurai)

- Síntomas en busca de objeto y nombre (Zigmunt Bauman)

- Políticas progresistas y regresivas en el neoliberalismo tardío ( Donatella della Porta)

- Saltar de la sartén para caer en las brasas. Neoliberalismo progresista frente a populismo reaccionario (Nancy Fraser)

- Condición póstuma (Marina Garcés)

- De la paradoja de la liberación a la extinción de la ética liberal (Eva Illouz)

-Un futuro para las mayorías (Ivan Krastev)

- La Europa refugio (Bruno Latour)

- Superar el miedo a la libertad (Paul Mason)

- La política en la era del resentimiento. El oscuro legado de la Ilustración (Pankai Mishra)

- El valor de la audacia (Robert Misik)

- Descivilización. Tendencias regresivas en las sociedades occidentales (Oliver Nachtwey)

- De la regresión global a los contramovimientos  postcapitalistas (César Renduelles)

- El regreso de los reprimidos como principio del fin del capitalismo neoliberal (Wolfrang Streeck)

- Estimado presidente Juncker (David Van Reybrouck)

- La tentacion populista (Slavoi Zizek)

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RESUMEN

Un grupo de autores europeos cree que, con las sacudidas de inmigración y terrorismo en Europa o la guerra de Siria. se han establecido unas nuevas políticas de recorte de derechos que nos lleva a estar en un momento de regresión democrática (unos derechos que tanto costaron conseguir). Lo atribuyen a los modelos alternativos que han surgido como consecuencia de la crisis del neoliberalismo, un modelo basado en el crecimiento económico y la globalización y que dan por agotado tras la crisis económica del 2008. En su lugar, surgen alternativas políticas diversas, unas regresivas y escoradas hacia la derecha (como el populismo antiglobalización de Trump) y otras hacia la izquierda (como un replanteamiento de la socialdemocracia) en las que los partidos progresistas deben recuperar la credibilidad como representantes de los sectores que han resultado más perjudicados económicamente.

La autora Donatella Della Porta lo sintetiza así en la página 85: "La impresión de que estamos ante un gran retroceso se nutre de los sucesos que culminaron con la votación del brexit y la victoria de Trump en las elecciones presidenciales, pero también se ha visto reforzada por las tendencias registradas en Francia, donde el Frente Nacional tiene una larga historia, en Alemania, con el rápido crecimiento de Alternativa por Alemania y también en Austria, los países escandinavos, Polonia y Hungría. El Tea Party de EE.UU,, Pegida en Alemania, la Liga de Defensa Inglesa en el Reino Unido, el Bloque Identitario en Francia y Casa Pound en Italia son ejemplos de política de extrema derecha en forma de movimientos sociales. Aunque todavía disponemos de escasa evidencia empírica para desarrollar un análisis detallado de este giro regresivo, podemos definir los temas más relevantes".

Por su parte, Zymung Bauman (fallecido en 2017) hace especial hincapié en la emigración sugiere en la página 60 que el origen primario del fenómeno hay que buscarlo en el miedo a lo desconocido, a los extranjeros o gente de fuera. Señala que en el mundo en que vivimos la inmigración seguirá su lógica hagamos lo que hagamos. "El proceso va a desarrollarse durante mucho tiempo, de la mano de la globalización, Hay una contradicción entre el cosmopolitismo y la ausencia virtual de una conciencia, una mentalidad o una actitud cosmopolita. Este problema está en la base de nuestros dilemas actuales más persistentes y nuestras preocupaciones más inquietantes" (página 61). Dice que ese mecanismo de "nosotros" y "ellos" acompañó al hombre desde sus mismos orígenes pero ahora la "situación cosmopolita" viene impuesta en la agenda política y la gente no encaja, lo que ha generado miedos populares aprovechados por los demagogos. "Desde lo más alto a lo más bajo de la sociedad se crea un cloma de desconfianza mutua y recelo y las semillas del espíritu colectivo y de la ayuda mutua se asfixian" (página 65).

Bauman termina su análisis con que "como resultado de la globalización y de la división consiguiente del poder y de la política", en la actualidad los estados se están convirtiendo en poco más que vecindarios un poco más grandes, encajados dentro de unas fronteras vagamente delineadas, porosas e ineficazmente fortificadas. Y los antiguos vecindarios se esfuerzan ahora por asumir los roles de pequeños Estados sacándole el máximo partido de lo que queda de política cuasilocal". Ve un territorio poblado de tribus que evitan el conflicto entre los bandos pero tratan como inferiores a los otros miembros de la tribu.


El escritor Paul Mason explica los cambios que han surgido tras el derrumbe de la URSS en 1989-1991 y que, tras la victoria de Trump, estos mismos síntomas del desplome empiezan a ser visibles en Occidente afectando a la globalización, los valores sociales progresistas, los derechos humanos y el Estado de derecho. De ser así, la forma por defecto del capitalismo sería  un nacionalismo xenófobo y oligárquico y todos los proyectos de justicia social sufrirían un reajuste nacional (como en los años 30). La propuesta de Mason es que la izquierda se deshaga del neoliberalismo para preservar la globalización, reducir la desigualdad y redistribuir los rendimientos del comercio y del progreso tecnológico entre los trabajadores y la gente joven.

Estas son las cinco reformas que propone Mason (pp.206):

1) Adoptar políticas industriales que traigan al Norte el trabajo productivo (dan igual los efectos en el PIB del sur)

2) Forzar a las empresas a asumir sus responsabilidades con comunidades reales, concretas y específicas y no con la sociedad civil en abstracto.

3) Renacionalizar los servicios públicos estratégicos para darlos de forma gratuita o a precios baratos, paliando así los efectos del trabajo precario.

4) Erradicar los entramados en paraísos fiscales y banca en la sombra para financiar más inversión pública.

5) Desfinanciarizar la economía: aumentar los salarios, reducir la dependencia del crédito y equilibrar la deuda pública y privada con quitas, tener la inflación controlada y hacer controles de capital.

Señala que estas reformas no acaban con la globalización pero la revertirían en parte (hasta que se corrigiesen sus desequilibrios sociales) y ayudarían a estabilizar y preservar la economía global interconectada.

Respecto a la inmigración, Mason ve que es inevitable y que se podría regular y monotorizar, introducir reformas en el mercado laboral para evitar la explotación del inmigrante y dar la vuelta a la austeridad.


El periodista y escritor austríaco Robert Misik (premio nacional austríaco del periodismo cultural en el 2009) se centra en el ejemplo de la UE, que tiene una arquitectura política-económica "implicitamente" neoliberal, en el sentido de que hace muy complicado implantar conceptos de propios de la izquierda en la política práctica.

Misk (pp.243) señala que para que se produzca un cambio de rumbo hacen falta tres cosas:
1) partidos de izquierda nacionales vivos que gocen de la suficiente credibilidad como para ganar las elecciones en sus respectivos países.

2) Consolidar la soberanía del discurso progresista en Europa para crear las condiciones necesarias para una reestructuración.

3) Alianzas entre gobiernos renovados en el ámbito europeo.

Una de las críticas que Misik hace a las socialdemocracias europeas es que estos partidos hace décadas que se amoldaron al paradigma neoliberal mientras surgen otros partidos como Syriza que los reemplazan, como Podemos, que se enfrentan a ellos, o como los lusos, que se coaliccionan.

Para que los partidos progresistas recuperen la credibilidad, Misik propone varios puntos:

1) Ver la realidad esbozada por Misik

2) Durante 30 años el ciudadano de a pie ha pagado el precio de la globalización neoliberal y considera a la izquierda como parte del "establishment". Hace falta un programa distinto.

3) Hacer desaparecer la arrogancia hacia los votantes.

4) El votante de clase obrera está enfadado porque los partidos de izquierda le prestan demasiada atención a las demandas d baños públicos transgénero y no le hacen caso a las demandas obreras sobre su situación económica y social.

5) Buenos empleos, subida salarial, vivienda asequible, educación y oportunidades para los hijos son cuestiones clave y hay que mostrar al votante de forma creíble que sí importan estas cuestiones y tiene un plan.

6) La desaparición de las redes de movimiento obrero creó "agujeros" en la estructura de la vida de los barrios no privilegiados que ahora se sienten abandonados. La propuesta es construir estructuras modernas en los barrios como los "community organizing".

7) No tildar a la clase obrera de misógina, antifeminista, xenófoba porque cualquier padre de familia quiere que su hija disfrute de todas las oportunidades de crecimiento existentes y tengan un buen trabajo bien pagado.

8) Animar a los activistas a ocupar cargos en los partidos, muy sobrerrepresentados ahora por intelectuales de clase media mientras que en los barrios obreros predominan los "apparatchik" rancios de los años 70 y que solo llegan alto en los partidos muertos. Hay que dejar sitio a jóvenes de valía.

Dentro de la propia alianza progresista (inteligencia burguesa y clase obrera) hay quienes luchan por conquistar nuevos derechos civiles y quieren modernizar nuestras sociedades y quienes abogan por la bonanza económica. Misik recuerda que la izquierda se creó para lograr lo imposible: mejorar el mundo y la vida de las personas a pesar de todas las adversidades y la aparente falta de perspectivas.



Otros autores han estudiado el ascenso de una alternativa de derechas retrógradas. Oliver Nachtwey muestra su preocupación por el presidente Trump que parece lo contrario de una sociedad occidental como sociedad de autocontrol en las que las fuerzas de progreso social se encuentran como en casa y fomentan la educación, la igualdad de derechos y la integración social. Pero este ideal se ha trastocado debido a que en el debate político ha surgido una rabia incontrolable, un odio impúdico, sentimientos peligrosos, fantasías violentas... En parte, es lo que le llaman el electorado resentido o la política del resentido, que surge en lugares donde la desigualdad se ha incrementado.


Po su parte, Donatella della Porta ve un gran paralelismo entre lo ocurrido a finales del siglo XX y los acontecimientos descritos en La Gran Transformación, de Karl Polanyi (1943). En las páginas 75, 76 y 77 de "El Gran Retroceso" (2017), Donatella della Porta señala que "el neoliberalismo y su crisis se pueden entender dentro de un marco que el economista político Karl Polanyi ha descrito como un doble movimiento en el desarrollo del capitalismo. Tras la expansión de los mercados apareció un contramovimiento que busca la protección de la sociedad. Polanyi advirtió contra la transformación de la mano de obra, la tierra y el dinero en mercancías (mercantilización), tendencia que sin un contrato adecuado podría destruir la sociedad"

Della Porta añade que "en su análisis, Polanyi se centró en algunas de las formas más específicas que pueden asumir los contramovimientos (movimientos de gente que se siente traicionada por cambios como los producidos por el neoliberalismo). Esos contramovimientos - afirmó Polanyi - son en realidad movimientos reactivos, es decir, tienen una actitud defensiva y orientada al pasado. De hecho, a menudo se establecen como resistencia contra una ideología que predica el predominio del mercado sobre cualquier otro aspecto de la sociedad. Por poner solamente  dos ejemplos:  en muchos casos estallaron rebeliones campesinas cuando los trabajadores del campo sintieron que el contrato social implícito que les ofrecía por lo menos una protección mínima contra los caprichos del mercado había sido quebrantado; del mismo modo, los llamados motines del pan (food riots) se han interpretado a menudo como reacciones ante la destrucción de una economía moral cuando se cercan las tierras comunales y se desregula el mercado de productos básicos, como el pan. La historia nos enseña que los contramovimientos que buscan el restablecimiento de derechos tradicionalmente garantizados pueden proponer narrativas progresistas y ofrecer visiones incluyentes y participativas, pero también pueden inspirarse en modelos regresivos y en ideas excluyentes y plebiscitarias".

Además, Della Porta incide en que "la implementación política de los dogmas económicos neoliberales ha revelado algunos paralelismos con la "gran transformación" descrita por Polanyi. Cuando el éxito de la resistencia contra el fundamentalismo rampante del mercado había hecho posible una expansión de la protección social dentro de algunas naciones-Estado (socialdemocracias y "socialismo real").

Añade Della Porta (página 80) que la juventud con un alto grado de formación no es el único grupo social perjudicado por el asalto liberal a los derechos civiles y sociales. Toma por caso los pensionistas y los funcionarios públicos, porque sus condiciones de vida se han vuelto más precarias, lo mismo que los obreros de fábricas grandes y pequeñas cerradas o con peligro de cerrar. Todos ellos han participado en las protestas; sacaron a la calle "a una especie de sociedad de los dos tercios (invertida), de los más afectados por las políticas de austeridad".

Della Porta recuerda que Bauman (2002, "Modernidad líquida") demostró "con solvencia" (página 81) que "el neoliberalismo produce una sociedad líquida que destruye la vieja base de la identidad personal, colectiva y política, mediante la movilidad obligada y la correspondiente inseguridad". Dice que el movimiento obrero desarrolló una identidad distintiva, sostenida por una compleja ideología, y los nuevos movimientos sociales centraron su interés en problemas específicos, como los derechos de género o la defensa del medio ambiente". Añade que los participantes en las protestas antiausteridad parecieron desafiar la individualización, así como su miedo y su carácter excluyente, proponiendo en cambio una ciudadanía incluyente (la gente del 99 %). Se estableció como un "robusto marco moral" frente a la amoralidad del neoliberalismo y la mercantilización de los servicios públicos. El neoliberalismo llegó a hacer responsables a los individuos de su supervivencia y proclamó que la motivación egoísta era benéfica pero fue estigmatizado en nombre de los derechos preexistentes, que reclamó el retorno al bien común frente a políticas neoliberales "injustas e ineficaces".

A lo largo de la crisis, continúa Della Porta, se culpó a las grandes corporaciones que no dan cuenta a nadie de sus decisiones, ni siquiera a sus gobiernos, en lo que la gente ve como el "secuestro de la democracia" (pp. 82). Las protestas antiausteridad de 2011 a 2014 se centraron en la soberanía nacional, en evitar el expolio de los derechos de los ciudadanos por parte de unas élites globales que no rendían cuentas ante ningún electorado pero los activistas defendían los derechos políticos y sociales en tanto que derechos humanos. La denuncia de la corrupción del 1 % quedó enmarcada en una lucha contra la concentración de poder en manos de una oligarquía pero pronto evolucionó hacia la reclamación de una democracia directa, más que un retorno a los pactos sociales del capitalismo fordista. La autora ve una extensa politización del sur de Europa a través de movimientos como Podemos, Bloco de Esquerda, Movimento 5 Stelle o Syriza, así como Occupy (Corbyn y Sanders).



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Resumen del libro "Contra todo esto", de Manuel Rivas (2018)

Resumen original y actualizado:
https://evpitasociologia.blogspot.com/2018/10/contra-todo-esto-de-manuel-rivas-2018.html

Resumen elaborado por E.V.Pita, doctor en Comunicación, licenciado en Sociología y Derecho

Sociología, globalización, mercantilización, capitalismo

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Título: "Contra todo esto"

Subtítulo: "Un manifiesto rebelde"

Autor: Manuel Rivas

Edición en español: Alfaguara (Penguin Random House GE), Barcelona, 2018

Páginas: 279

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Biografía oficial del autor (hasta el 2018)

Manuel Rivas nació en A Coruña. Sus reportajes y artículos periodísticos están reunidos en El periodismo es un cuento, Mujer en el baño y A cuerpo abierto. Una muestra de su poesía está recogida en la antología El pueblo en la noche y en La desaparición de la nieve. Como narrador, obtuvo, entre otros, el Premio de la Crítica española por Un millón de vacas, el premio de la Crítica en gallego por En salvaje compañía, el Premio Nacional de Narrativa por ¿Qué me quieres amor?, el Premio de la Crítica española por El lápiz el carpintero, y el Premio Nacional de la Crítica en gallego por Los libros arden mal, considerada como una de las grandes obras de la literatura gallega.

Sus cuentos están reunidos en el volumen Lo más extraño. Sus últimos libros publicados son las novelas Todo es silencio, finalista del premio Dashiell Hammet de novela negra y llevada al cine por José Luis Cuerda, y El último de Terranova; la narración autobiográfica Las voces bajas; el libro de viaje a la India Vicente FerrerRumbo a las estrellas, con dificultades; el libro de poemas A boca da 
terra (La boca de la tierra) y Contra todo esto. Un manifiesto rebelde.

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Texto de la contraportada

"Todo Esto es descivilización. Todo Esto es retroceso y rearme, producción de miedo para poner en cuarentena derechos y libertades, la sustracción de la democracia, producción de grietas de desigualdad, desmantelamiento de los espacios comunes, producción del odio hacia el otro, el diferente, machismo como sistema, guerra contra la naturaleza y la caza de los ecologistas, domesticación intelectual, indiferencia y cinismo, paraísos fiscales, corrupción sistémica, una mezcla de la economía gris y la criminal, creciente mercantilización y burocratización de la enseñanza, desmemoria o, peor aún, contramemoria.

En la Oficina de Todo Esto, un concierto de manos muy visibles, hábiles en lo suyo como "croupiers" en el casino de Todo Esto, componen la gran mano invisible que mueve los hilos y toca teclas para mantener Todo Esto.

Siento vergüenza. La vergüenza te ayuda a ver. No es un desenlace, es el principio. La vergüenza abre paso a la esperanza. La esperanza no se espera. Hay que arrancársela de los brazos al conformismo".

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ÍNDICE

Un manifiesto rebelde

La España del capitalismo mágico

La Generación Perdida y la Generación Delincuente

Nadando en la abundancia

"¿A quién hay que chupársla?"

Quevedo y la ley Mordaza

Lo urgente es esperar


¡Viva el periodismo, cabrnes!

El periodismo espectral

Locos por el periodismo debajo del brazo

Salvar la cara, salva el cul

Cuando los sapos tienen razón

La boca peligrosa de besar


¡Qué futuro dejaremos a nuestros antepasados!

¿No estáis hartos de la "memoria histórica"?

El futuro de los antepasados

Con Antígona, en México

La tradición de la antitradición

¿Por qué España?

La "saudade" republicana y el "boomerang" monárquico


Disculpen las molestias, nos están matando

"No es dócil al imperio de mi voz"

Las voces rotas

Órdenes de no movernos

La "insolente marimacho"

Rosalía de Castro y la revolución queer

Un país de hechiceras


Sangre debajo de las multiplicaciones

La espada de Damocles

La otra Operación Triunfo

La cajera

Debajo de las multiplicaciones

Alas de pollo

Albert Camus y el bombero de Bilbao

Los tatuajes de la madre

Nanna y el mar

No apagaré la luz


Yo no quiero tener un enemigo

Homenaje a Catalunya

El cine y el cementerio

Contar votos y no enemigos

Salir del pozo


El lugar de los porqués

La conspiración de los huérfanos

Los rompedores de huevos

El arte de fracasar mejor

Los niños de los móviles

¡Es la cultura, tonto!

Nosotros no somos racistas

¡Ven a disparar con nosotros!

Nadie quiere ser turista

El funeral del robot

El robot de Faulkner 


Cuando los animales hablan

El Congreso y los animales

Tauromaquia para niños

Sopa de aleta de tiburón

El Mago Enloquecido

La ballena insurgente


La literatura escrita en la orilla

El secreto del Quijote

Con Borges, en la orilla

Cuando la atmósfera tiembla

El acuerdo secreto entre generaciones

Los poetas mueren en la orilla

Leer entre vidas, escribir entre líneas


Hierbas de ciego

Hierbas de ciego

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RESUMEN

Manuel Rivas junta en su libro cientos de reflexiones, pequeñas narraciones o cuentos sobre la vida diaria durante la crisis y las consecuencias para los ciudadanos más humildes para revelar la miseria de los políticos en el poder en los años tan duros y las injusticias con los más débiles. También hace referencia a políticas o debates parlamentarios de los que trasluce una gran injusticia. Generalmente coge noticias del periódico o la televisión y les da un repaso, buscando el lado paradójico o irónico de la situación.

En el primer capítulo, explica que "Todo Esto", contra lo que escribe, es:

Canallocracia. Rapiña y corrupción. Cambió el régimen pero el hampa siguió y generó una democracia corroída donde los corruptos se pagan campañas de imagen.

Descivilización . Se refiere a la caída de Berlín, el fracaso del herrumboso y totalitario imperio soviético, el triunfal neoliberalismo, la Globalización feliz y el fin de la Historia de Fukuyama, un régimen mundial de la distopía donde los pobres son tratados como culpables por su pobreza, los emigrantes estigmatizados como potenciales delincuentes y los refugiados como peligros. Asoma un nuevo supremacismo, no tan nuevo, y una derecha alternativa, no tan alternativa pero sí jactanciosa.

Retroceso y rearme. Explica que la cooperación internacional y la ayuda humanitaria se reducen o congelan como ideales obsoletos, se recortan los fondos sociales, se degrada la sanidad pública y se privatiza el cuidado de la salud, se desvalijan los sistemas de pensiones a la vejez, aumenta la pobreza infantil. Por contra, el "régimen mundial de la distopía" ha redescubierto un gran yacimiento catastrófico: la carrera armamentística. Califica al complejo militar-industrial como un poder fuera de control (Einsehower).

Producción de miedo para poner en cuarentena derechos y libertades. Ve un vaciado democrático con leyes y tribunales excepcionales que acaban ocupando la normalidad. Dice que la avería de un Estado de derecho más gravosa y fraudulenta es contraponer seguridad y libertad. Añade que en España hay que ser prudentes para no ejercer las libertades (de palabra, de conciencia y la libertad de no ponerlas en práctica) por miedo a la Ley Mordaza.

Sustracción de la democracia. La democracia resuelve conflictos contando con la gente pero, dice el autor, ahora se está prodigando el reflejo intimidatorio. Se protege la libertad... de quienes quieren ejercerla (totalitarismo orweliano).

- Producción de grietas de desigualdad. Bombardeo para romper la solidaridad, ese puente entre yo y nosotros, la ayuda mutua. En lo que llama el "Estado de la Vergüenza" ve élites despilfarradoras, desigualdad social, desigualdad de géneros, entre países, entre generaciones, segregación escolar, creación de guetos (germen principal de distopía).

Desmantelamiento de espacios comunes. Ve una angustia, una corrosión de lo comunitario, de la transmisión entre generaciones, de vínculos solidarios como los sindicatos de base, asociaciones vecinales, ecologistas, culturales, escuelas de ayuda mutua y democracia. Añade que la historia no puede juzgarse si se la despoja de la rebeldía ante la injusticia. Hay una división entre personas humanas y no humanas. Se atacan las iniciativas "okupa", Cada vez que nace algo nuevo salen jaulas detrás, dice el autor.

Producción de odio hacia el otro. Dice que el odio es acumulutativo: racista y clasista. El mismo que desprecia a un extranjero pobre adula a un rico del mismo origen.

Machismo como sistema. Es un sistema de dominación permanente, una jerarquía de extensión universal, común a todas las sociedades, modos de producción, grandes religiones.

Doble explotación de la mujer, como clase y subclase universal. Más precariedad en lo precario. Más temporales los contratos temporales. Más bajas pensiones. El techo de cristal. El trabajo gratuito de cuidadoras de ancianos, enfermos y dependientes. Doctoradas que cobran como becarias.

Inquisición contra la mujer. Hacen un control dogmático de su vida pero no pueden ser sacerdotisas. Mujeres demonizadas por hechiceras. Si toma la iniciativa, es represaliada.

Guerra contra la mujer. El sistema machista somete a la mujer, si hace falta con violencia. Feminicidios, trata sexual. Dice que hay un "histerismo masculino" que impulsa los mecanismos de poder, dominio académico cultural y belicista.

Guerra contra la naturaleza. Al expolio sistemático, lo denominan "cambio climático" o "calentamiento global". Amenaza incipiente que afectará a generaciones futuras. Lo ve como una hipocresía de carácter criminal porque pretende desregular la protección,  bloquear y el sabotear los acuerdos internacionales y dar rienda suelta a la depredación del capitalismo incipiente.

Domesticación intelectual. Los intelectuales son una especie extinguida de dinosaurios ilustrados. Los que se rescatan, es para solemnizar la opinión oficial o dar sensación de "unanimidad". Hay un tipo de tertuliano influyente que opina pero que no está comprometido ni critica al poder. El silencio legitima al Estado de la Vergüenza.

-Indiferencia y cinismo. Dice que en el periodismo, el problema no es la desobediencia sino la obediencia. Es un oficio tomado por el cinismo. La crisis del periodismo se ha acentuado por los fanáticos del "solucionismo tecnológico" de las redes sociales, máquinas donde el cliente es la mercancía. Recuerda a Lois Pereiro y su frase: "La indiferencia mata". Cree que el periodismo no va a morir porque solo necesita "más periodismo".

Amputación de la cabeza. Critica los recortes en investigación en España.

También añade que Todo Esto es: paraísos fiscales, propagación del uso de la Lawfare (guerra jurídica) por parte de los poderosos, sustracción de la cultura como hábitat de la libertad, antieuropeísmo reaccionario, puertas giratorias de la Oficina de Todo Esto, abaratamiento humano en la era de la robotización, creciente mercantilización y burocratización de la enseñanza, tradición basada en pompas, desmemoria o contramemoria,

Le siguen varios capítulos donde reflexiona con humor tristón del riesgo de hacer periodismo en México, de la memoria histórica, del techo de cristal, de la educación, y otros temas de actualidad.

En uno de los capítulos cuenta escenas graciosas como la de dos políticos en un día de calor que aprovecharon para darse un baño sin ropa y los sorprendieron los "paparazzis". Mientras uno se tapaba sus partes, el otro le gritaba: "La cara, Manolo, la cara".

En los capítulos finales sopesa la cultura de los toros. Rivas comenta lo irónico de que el Parlamento haya declarado solemnemente que los animales son seres vivos y no cosas [nota del lector: es lo que dice la tradición jurídica desde el Derecho Romano]. El autor dice que hay leyes sacralizadas que se mantienen vigentes por ignorancia o interés. O se disfraza esa brutalidad con florituras culturales apelando a la tradición (dice Rivas que las únicas tradiciones que vale la pena son las risas del Carnaval por ser transguesoras que nos liberan de la jaula del conformismo). Rivas recuerda que el libro "Sapiens", de Harari, sacó a la luz la "inmensa desgracia" que el humano a causado a los animales. Añade que algunos replican con el "test de la ballena": ¿Por qué te preocupas de las ballenas cuando tantos hombres sufren?. Finalmente, el autor recuerda que Giner de los Ríos publicó en 1874 "El alma de los animales" y recuerda que el Premio Nacional de Tauromaquia vale 30.000 euros (10.000 más que el Premio Nacional de Filosofía y Literatura).

Otra noticia que comenta es la de un pueblo de Murcia que da cursillos prácticos de tauromaquia y que retransmite la televisión. Rivas dice si los niños serán adiestrados en el "arte de matar" (la "fiesta"). Luego señala que el Tribunal Constitucional declaró como "Bien de Interés Cultural" las corridas de toros a pesar de que mucha gente lo considera un espectáculo "anacrónico y cruel". Critica que las televisiones públicas le den cancha al "perfomance" de la tauramaquia para niños pero no a la ciencia, teatro, danza, pintura, por lo que ve detrás una "ideología de Estado".

También estudia la caza de tiburón para cortarle las aletas, lo que ha generado, dice el autor, una matanza similar a la del bisonte americano (una producción industrial de la muerte, la lengua del bisonte era una "delicatessen" en los restaurantes del Este, hasta que tuvieron que protegerlos por ley). En este caso, el tiburón es un depredador pero los que se lucran con el comercio de las aletas son "tiburones humanos" codiciosos. Pero Rivas dice que no solo "somos los que comemos" sino lo que "no comemos". Las tribus indias murieron de hambre por la caza del bisonte y en Cabo Verde, ruta de la cacería del tiburón, "viven del hambre".

En otro capítulo, retoma con humor la frase del presidente Rajoy sobre el Cambio Climático: "Yo sé poco de este asunto, pero mi primo supongo que sabrá". Y el primo le dijo que diez científicos que invitó a un congreso nadie garantizaba el tiempo que haría al día siguiente en Sevilla, ¿cómo acertar para dentro de 300 años? Rivas lamenta que España se aleja otra vez de la Ciencia y que "perdió en los últimos años su condición de referencia mundial de la investigación e implantación de energías renovables". Y elogia el sentido común del Papa ecologista que anima a luchar contra el cambio climático.

Rivas dedica otro capítulo a "Mobi Dick", la novela fronteriza de 1851 que narra la locura de un capitán obsesinado por cazar a una ballena blanca. Rivas dice que Melville era un escritor "piel roja" que solo fue reconocido póstumamente. La caza de Moby Dick fue la última artesanal, luego llegó la gran depredación industrializada.

En la misma línea sobre la relación entre los animales y el hombre, Rivas aborda la figura de Quijote y Sancho Panza con Rocinante. Además, cuenta que Quijote y Sancho se reconocieron mutuamente en el campo de la verdad. Y Sancho Panzo fue de los pocos que lloró al morir el Caballero Andante, lo que demuestra un amor desinteresado.

También se pregunta si grandes autores como Carpentier, Borges, Lezama Lima podrían salvarse de la sentencia implacable del mercado si propusieran hoy en día su primera obra editorial.

Sobre Saramago, recuerda esa frase moribundo: "Que no me hablen de la muerte porque ya la conozco". Añade que el "efecto Saramago" consiste en que "al abrir Memorial del Convento", "la atmósfera tiembla".

Otro capítulo lo dedica al poeta, editor, activista cultura y "percebeiro y almeiro" Francisco Souto Barreiro, de Malpica, fallecido en la mar, por una ola en un acantilado. Siempre se mojó, lo importante era no dar la espalda, dice Rivas, en homanaje.

Habla de Las uvas de la ira (Steinbeck), sobre un campamento de desposeídos por la crisis del 29 y la Gran Depresión.


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Resumen del libro "Fascismo. Una advertencia", de Madeleine Albright (2018)

Resumen original y actualizado en el siguiente link:

Resumen elaborado por E.V.Pita (2018)

Sociología, teoría política, movimientos políticos, populismo

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Ficha técnica

Título: "Fascismo. Una advertencia"

Título en inglés: "Fascism: A Warning"

Autora: Madeleine Albright (en colaboración con Bill Woodward)

Publicación en inglés: 2018

Publicación en español: Espasa Libros SLU, Paidós, Planeta Libros, Barcelona, 2018

Número de páginas: 350

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Biografía de la autora Madeleine Albright (hasta 2018)

Madeleine Albright fue la secretaria de Estado número 64 de Estados Unidos entre 1997 y 2001. Su distinguida carrera también incluye cargos en la Casa Blanca y el Capitolio, y como embajadora de Estados Unidos ante las Naciones Unidas. Reside en Washington DC y Virginia.

Bill Woodward

Solo dice que vive en Capitol Hill con su esposa, Robin Blackwood, y su hija, Mary
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Texto de la contraportada

"Un análisis personal y urgente sobre el fascismo en el siglo XX y cómo su amenaza configura el mundo de hoy"

"El siglo XX se define por el choque entre la democracia y el fascismo, una lucha en la que estaba en juego la supervivencia de la libertad humana y que dejó millones de muertos. Vistos los horrores de esa experiencia, cabría esperar que el mundo rechazara a los sucesores espirituales de Hitler y Mussolini si surgieran en nuestra época. Madeleine Albright recurre a sus experiencias de infancia en una Europa devastada por la guerra y a su distinguida carrera como diplomática para cuestionar esa suposición.

El fascismo, tal como constata Albright, no solo sobrevivió durante el siglo XX, sino que ahora supone una amenaza más virulenta que en cualquier otro momento desde el final de la Segunda Guerra Mundial, pues determinados factores están debilitando el poder político en muchos países y propiciando el resurgimiento de regímenes extremistas.

Escrito por alguien que no solo estudió historia sino que ayudó a darle forma, Fascismo es una llamada a la acción que nos enseña las lecciones que debemos comprender y las preguntas que debemos responder si queremos evitar la repetición de los trágicos errores del pasado".

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ÍNDICE

1. Una doctrina de la ira y el miedo

2. El mayor espectáculo del mundo

3. "Queremos ser bárbaros"

4. "Cerrad vuestros corazones a la conmiseración"

5. La victoria de los césares

6. La caída

7. La dictadura de la democracia

8. "Hay muchísimos cadáveres ahí arriba"

9. El difícil arte de gobernar

10. Un presidente vitalicio

11. Erdogan el Magnífico

12. El hombre del KGB

13. "Somos nuestro pasado"

14. "El líder siempre estará con nosotros"

15. El presidente de Estados Unidos

16. Tres pesadillas

17. Las preguntas pertinentes

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RESUMEN

Comentarios iniciales: La autora Madeleine Albright, vinculada a la Administración Clinton, reacciona con este libro ante la elección de Donald Trump, al que ve como populista y crítico con las instituciones democráticas, incluida la Justicia y la prensa. El problema, dice la autora, es que el actual presidente de Estados Unidos es un mal ejemplo para otros gobernantes del mundo que pueden pensar que si Trump dice que la prensa de su propio país es falsa y mentirosa será porque es cierto. Es una especie de aval para los tiranos y autócratas del mundo, que no respetan la libertad de expresión y los derechos humanos y que alegan la conducta de Trump para justificarse a sí mismos. Y si desprecia a los inmigrantes y a las minorías y a la mujer, ¿por qué van a criticar a otros países que marginan a sus propias minorías?

La autora cree que, a pesar de lo que todos creen, el fascismo no desapareció en 1945 sino que siguió oculto pero latente, en parte porque forma parte de la propia democracia, por lo que es posible que, a lo largo de la historia, resurja. En el pasado, triunfó la democracia liberal pero pudo no haber sido así. Por dicho motivo, cree que la gente debe conocer la historia y no olvidar el desastre que supusieron esas ideologías, para que entiendan cuáles son los procesos por los que surgen, qué métodos usan para alcanzar el poder y lo que hacen una vez allí.

Por otro lado, la autora considera que la democracia se está desgastando y que el proceso democratizador se ha estancado e incluso entra en regresión y retroceso, un proceso iniciado con los diversos recortes de democracia acaecidos a partir de los ataques a las Torres Gemelas del 11-S del 2001. [nota del lector: Recordemos que Francis Fukuyama en El fin de la historia había descubierto que desde los años 80 había una ola democratizadora en todo el mundo tras caer las dictaduras de España y Portugal, América Latina y de la URSS]

A ello se suma el auge del nacionalismo, que ya causó dos guerras mundiales y luego la guerra de los Balcanes. Precisamente, el populismo y el fascismo captan adeptos mediante el fuerte sentimiento idenditario de la nación o grupo frente a los "otros". Cree que el nacionalismo extremo es un cáncer del siglo XIX y XX que fue avivado con las declaraciones bienintencionadas del presidente Wilson al terminar la Primera Guerra Mundial en las que propuso que cada nación tenía derecho a la autodeterminación, luego recogido en un artículo de la ONU en 1945.
Tras el fin de la Primera Guerra Mundial, los imperios alemán, astro-húngaro, otomano y ruso se disolvieron como azucarillos y en su lugar nacieron un mosaico de pequeños países (desde Finlandia a Siria y Arabia Saudí). La Gran Depresión no hizo más que avivar el principio de priorizar los derechos de cada país. La disolución de la URSS creó otra miríada de estados salpicados por toda Europa y el Cáucaso.

Además, la autora ve el fanatismo religioso o ideológico como otro avivador que favorece las políticas antidemocráticas o que promueve las autocráticas (la mayoría se impone a la minoría, que es discriminada o silenciada).

La autora arranca su libro contando que ella nació en la República Checa en una familia judía y que tuvo que huir dos veces de Checoslovaquia (un nuevo país surgido de la disolución del Imperio Astro-Húngaro). La primera vez se debió al ascenso de Hitler, en 1938, que se apropió de los sudetes checos de mayoría alemana y 6 meses después del país entero. Su familia se exilió en Londres aunque perdió a muchos familiares en los campos de exterminio nazis durante la Segunda Guerra Mundial. Con la paz, regresó a Praga pero, en 1948, los comunistas desbarataron la frágil república liberal y cayeron bajo la órbita de Stalin. Así que la autora habla con conocimiento de causa.

Mussolini
Albright sitúa el inicio del fascismo en la Italia de Mussolini. El país acababa de salir de una guerra ruinosa del lado de los vencedores, que lo ignoraron en las negociaciones. Mussolini había sido un agitador socialista que publicó un periódico, financiado por Francia, para animar a Italia a entrar en la guerra del lado de los aliados contra los imperios centrales. Tras la guerra, entendió el descontento popular de los soldados que volvían a casa y no tenían empleo y de otros sectores que temían el ascenso de los partidos socialistas y comunistas (que se inspiraban en el triunfo de los soviets en 1917 en la Revolución rusa). Había malestar contra el régimen liberal empantanado y el periodista lo supo canalizar hacia un movimiento que prometía acción y lucha para sacar a Italia del estancamiento.

 Mussolini y unos simpatizantes decidieron luchar contra la izquierda adoptando el símbolo de los "fascios" de las legiones romanas, de ahí el nombre. Luego, lucieron la vestimenta negra (las camisas negras) para desfilar. Durante meses, se dedicaron a montar broncas y dar palizas o asesinar a los adversarios de extrema izquierda y luego a intimidar a los socialistas, a cerrar o destrozar locales sindicales y periódicos de izquierda. Había gente que veía con buenos ojos la mano dura con los revolucionarios comunistas, que acabaron aplastados en Italia. Se había acabado con el peligro de una revolución de la izquierda radical no solo en Italia sino también en los nuevos países creados en Europa tras 1918. En Alemania, la policía de la República de Weimar de había encargado de eliminar a Rosa Luxemburgo para frustrar una revolución espartaquista. Pero ahora, había surgido otra fuerza, los extremistas de derechas, que resultaron ser unos matones dispuestos a "drenar el pantano" (en referencia a la vieja clase política liberal) que también aspiraban al poder y que habían movilizado el apoyo popular con sus promesas de mejora y orgullo para el país.

La autora señala que las democracias liberales tienen sus propias corruptelas y el capitalismo genera muchas desigualdades, pero es mucho más libre que los regímenes que vinieron después, caso del comunismo y el fascismo, que crecieron porque captaron el descontento y malestar de las masas para instaurar una dictadura corporativista.
La autora dice que el movimiento triunfó por el enorme apoyo social que encontró, ya que la gente corría a saludar a los fascistas y unirse a ellos. Una de las cosas, tanto del fascismo italiano como del nazismo alemán, es que prometían a la clase baja y obrera que estaría a su alcance llevar un nivel  y un estilo de vida de burgués, incluidos los viajes y las vacaciones pagadas, la gimnasia y el cuidado del cuerpo, y las excursiones al campo para contemplar la naturaleza.

En ese ambiente de tensión, Mussolini montó una gran marcha hacia Roma y el rey, tras rechazar un posible pacto con los socialistas, acabó claudicando y le nombró jefe del gobierno pensando que el nuevo y exitoso político sería fácil de manipular.  Una vez en el poder, Mussolini se tomó en serio su papel de gobernar e inició reformas para agilizar la burocracia, educación y sanidad y temas pendientes que tenía el país. Pero no sabía nada de economía y se empeñó en dirigir él mismo la economía porque pensaba que él era infalible y que tenía un instinto especial para todo. Pronto se inició el culto al líder, pues Mussolini gustaba de sacarse fotos con campesiones, trabajadores o él mismo posando con aire marcial o musculoso.

 Además de estancar la economía del país, Mussolini embarcó al país en una aventura colonial en Abisinia (Etiopía, el último país independiente de África) con la idea de recuperar la grandeza de Italia. La autora dice que masacraron a los nativos con bombas y ametralladoras. También se anexionó Albania y, en 1938, bombardeó Barcelona, durante la Guerra Civil Española, hasta que el propio Papa, Franco y Hitler le rogaron que cesase de castigar a la población. A nivel interno, acabó con la oposición política y silenció a los socialistas, que, según la autora, bajaron la cabeza y se esfumaron. 

El problema que tuvo Mussolini, dice Albright, era que aunque madrugaba mucho para trabajar en favor del pueblo, una vez instalado en el poder, era un estratega muy chapucero y no se preparó para mejorar su armada y aviación para que  buques especializados le diesen cobertura a sus futuras operaciones militares estratégicas de cara a la Segunda Guerra Mundial. Carecía del equipamiento naval necesario para operaciones de gran calibre cuando, en otro error, se le ocurrió invadir Grecia sin consultarle a Hitler, el cual se retrasó con la invasión de Rusia (lo que acabó por hundirlo y acelerar su derrota). Es más, Mussolini decía que ya había sobornado a los militares griegos para que permitiesen la invasión pero al llegar, lo pasaron muy mal y Hitler tuvo que acudir en su ayuda.

Hitler
La autora continúa con el ascenso de Hitler. Tras servir en la Primera Guerra Mundial como cabo, se hizo político y canalizó las protestas de la gente que veía como los aliados vencedores culpaban de la masacre a Alemania, a la que consideraban invicta pese al armisticio, y le obligaban a pagar cuantiosas indemnizaciones. En el caso de Hitler, además del nacionalismo y el culto al ideal ario, añadió en su fórmula el racismo hacia los judíos (antisemitismo) y otras razas que consideraba inferiores. Mientras Mussolini se hizo con el poder con una demostración de fuerza, Hitler, que disponía de fuerzas de choque paramilitares, se presentó dos veces a las elecciones porque creía que era el camino adecuado para llegar al poder. Casi las gana y entró en el Parlamento con suficientes votos para gobernar en coalición. Convenció al envejecido presidente de la república de Weimar, el anciano mariscal Hindenburg, que le nombrase canciller en 1933. 

La autora recuerda que el político nazi prometió a los partidos rivales que, si lo apoyaban para ser canciller, respetaría las instituciones democráticas. La autora cree que Hindenburg, ya anciano, pensó que Hitler era un tonto útil fácil de manipular y que habría que eliminarlo tarde o temprano pero el propio Hitler explica que él sabía perfectamente lo que pensaban de él las fuerzas tradicionalistas y que, por eso, actuó "rápido" y se anticipó a los movimientos. Una vez alcanzado el poder, buscó excusas para cerrar el Parlamento (Reichstag), perseguir a sus opositores, prohibir los partidos e instaurar el III Reich, una dictadura totalitaria con un partido único. No solo eliminó o los metió en campos de concentración a los rivales políticos sino a su rama paramilitar más exaltada. Creó policía de vigilancia interna como la Gestapo, se aseguró de que los periódicos fuesen afines.

Hitler admiraba a Mussolini pero este último empezó a desconfiar del alemán por su frialdad, por el hecho de que en una sola noche eliminase a cuchilladas a cien camaradas paramilitares (exaltados que no querían moderarse ni seguir el programa no revolucionario que les imponía Hitler). Después de todo, pensaba Mussolini, el alemán no había asesinado a rivales políticos sino a sus propios camaradas de fatigas. En Italia, país católico, eso estaba muy mal visto. A todo ello se sumaba que Hitler hablaba siempre de estadísticas a fin de organizar la industria de la guerra en Europa y a Mussolini se le escapaban los datos. Además, los militares y políticos italianos advirtieron a Mussolini que Hitler era un peligroso racista que iba a tratarlo como una figura secundaria y subalterna, como así ocurrió. Y mayores, aunque Hitler tampoco sabía de economía, delegó en expertos y mientras Alemania creía económicamente, la Italia de Mussolini entraba en una debacle económica. Tuvo que meterse en la guerra pese a no estar preparado militarmente. Según Albright, lo estaría en 1949. El actor Charlie Chaplin captó en la película "El gran dictador" la esencia de los dos dictadores: los dos subían la silla de barbero para parecer más alto que el otro.

Tanto Hitler como Mussolini usaron el espectáculo de masas para crear una gran épica que le gustaba a la gente. Campesinos, artesanos y obreros se sentían integrados en la gran ópera del destino de la nación. Pero, además, la autora subraya otro importante dato: Hitler era un hombre bajo, de pelo negro, pobre y humilde, de clase media-baja, uno como otros tantos alemanes, muy alejado del ideal ario guerrero y aristocrático. Hitler, en definitiva, era "uno de los suyos". Y eso era lo que le gustaba a sus seguidores: que uno de los suyos estaba ahora en el poder y entendía su deseo de mejorar su calidad de vida al igual que ya lo había hecho la burguesía.

Franco
Hitler viajó a España para convencer al general Franco, que acababa de ganar la Guerra Civil, para que se uniese al Eje con Alemania e Italia. Albright dice que Franco no se puede decir que fuese exactamente un fascista sino un nacional-católico, un autócrata que representaba a "los de siempre", y que lo que hizo fue absorber a la Falange en las filas de su propio movimiento hasta diluirlos sin darles ningún poder. Solo conservaba de ellos la simbología. La autora indica que otros dictadores, como Salazar en Portugal, se cuidaron mucho de caer en la trampa del fascismo y ese espacio quedó ocupado por las fuerzas tradicionales, los que habían gobernado siempre el país. Lo mismo ocurrió en Inglaterra, donde se anuló a la fuerza fascista que había creado un aristócrata. La autora cree que tras ver lo que hicieron Mussolini y Hitler, las fuerzas vivas que pensaban utilizar como tontos útiles a los fascistas se dieron cuenta de que eran imprevisibles y peligrosos, y se los quitaron de en medio, por lo que apenas triunfaron en algunos pequeños países. Cita el caso de España. Portugal y otros donde los fascistas quedaron anulados o relegados.

Sobre Franco, la autora dice que era un militar cauto y meticuloso y fue el único fascista de aquella -época que murió en la cama tras gobernar 40 años. Recalca que durante la Guerra Civil, Franco se tomó con calma la guerra mientras los republicanos estaban divididos en comunistas, socialistas, anarquistas, que luchaban internamente entre ellos. Incluso los brigadistas internacionalistas que acudieron a España a apoyar a la República acabaron regresando ante la anarquía reinante. Mientras, Franco no preparaba una ofensiva sino contaba con todos los recursos necesarios en hombres, apoyo aéreo, artillería. Eliminó o silenció a todos los opositores que pudo.

Cree que Franco, durante la guerra y durante su dictadura, se ciñó a objetivos concretos y un programa realista, que contrasta con las obras faraónicas y fantasiosas de Hitler y Mussolini.

La autora también añade que Franco también supo "torear" a Hitler con exigencias disparatadas (como pedir territorio francés en Marruecos bajo el control del gobierno de Vichi) como condición para entrar en la guerra. Hitler se fue con las manos vacías y España continuó neutral. Hitler quiso convencer Franco de que si Londres caía, la guerra habría acabado pero Franco le respondió: "Si Londres cae, los ingleses seguirán la guerra desde Canadá".

Cuando la Segunda Guerra Mundial parecía perdida para Italia, con Sicilia invadida por los aliados, Mussolini fue defenestrado por sus propios partidarios y el rey lo destituyó del cargo. Murió fusilado cuando ella y su amante escapaban disfrazados de soldados alemanes y lo reconocieron unos partisanos comunistas y los fusilaron. Sus cuerpos fueron colgados en una plaza pública. Hitler, por su parte, se suicidó en su búnker de Berlín en 1945, cuando llegaban los rusos.


La guerra fría
La autora señala que los fascismos desaparecieron en 1945 pero no del todo. Por una parte, Stalin impuso un régimen comunista en Europa del Este, que seguía el modelo totalitario de los fascistas con un partido único, devoción al líder, nacionalismo exaltado, supresión de la libertad de expresión y de la prensa libre, y de la libertad de movimientos. La propia Checoslovaquia, ya liberada, vio como el único demócrata que puso reparos a entregar el control parlamentario a los comunistas, acabó volando por la ventana en Praga. Para la autora, el comunismo era, en esencia, el reverso del fascismo, por mucha causa justa con la que se intentase justificar ya que los opositores no tenían voz o se les acallaba.

El senador McCarthy
Había una especie de control ideológico de la población durante la Guerra Fría que también afectó a Estados Unidos. Se refiere al senador McCarthy que aterrorizó al país con una caza de brujas de comunistas, simpatizantes socialistas, afiliados y cualquiera que fuese sospechoso de izquierdas. Hubo juicios y procesos contra actores de Hollywood por sus ideologías. Se llegó demasiado lejos y la autora recuerda que McCarthy disparaba todo tipo de mentiras y maledicencias sin comprobarlas [nota del lector: lo que hoy llamaríamos fake news]. Esta atmósfera de delación e injurias generó un gran malestar porque se estaba atacando a inocentes o a gente que no tenía nada ver con las acusaciones, o que el senador no se molestaba en probar. Al final, las comisiones encargadas de investigar a los posibles comunistas en EE.UU. puso en su sitio a McCarthy , pero el daño ya estaba hecho.

Las tácticas de hostigamiento y linchamiento de McCarthy recordaban a la propaganda de los partidos únicos de entreguerras, donde se repetia machaconamente una idea o mensaje interesados y se ahogaba a los que intentaban sacar a la luz la verdad o poner algo de cordura. Sin embargo, más allá de estos personajes exaltados, la democracia norteamericana funcionó porque sus estructuras estaban ancladas en las instituciones. A la gente les exaspera las comisiones y su lento funcionamiento pero son la garantía democrática de que salga a la luz la verdad y se desenmascaren a todos los McCarthy que usan la mentira para lograr más poder.

Los populismos latinoamericanos: Perón y Chávez
La autora revisa después otros populismos como el de Perón o el de Hugo Chávez, que en general cayeron en el caudillismo prometiendo a los pobres "cosas imposibles de cumplir" y ganándose el apoyo y fervor popular.

A Chávez le fue bien inicialmente porque aprovechó el tirón de los altos precios del petróleo y creó un importante programa de viviendas, sanidad y educación para mejorar el nivel de vida de los venezolanos. Es cierto, dice la autora, que ganó tres elecciones, y sorteó un golpe de estado. Una muchedumbre salió a la calle a reclamar su regreso: "Devolvednos a nuestro loco", ponía el cartel de una anciana manifestante. Chávez también promocionaba el culto al líder con programas televisivos donde contestaba a la audiencia pero, a su vez, intentaba clausurar los medios de comunicación críticos con su gestión o encarcelar a opositores. La revolución bolivariana fue un sueño durante los años de bonanza económica gracias al petróleo pero, cuando ese "combustible" se acabó, empezaron los problemas debido a una mala gestión pública del dinero extraído del petróleo.

Pero, antes de morir de cáncer, Chávez ya tenía el país a la deriva por una mala gestión pública, despilfarro, corrupción y falta de libertad de expresión, según dice la autora. No perdió el apoyo popular pero se granjeó muchos enemigos en el exterior, caso de Estados Unidos. Su sucesor, Nicolás Maduro, al que define como un conductor de autobuses sin estudios, dio un paso más al anular el Parlamento para crear otro afín y poner a jueces afines en la judicatura. A diferencia de Chávez, Maduro no gozó de un "boom" de los precios del petróleo, por lo que se hizo impopular.

La autora, en razón de su cargo, habló con ambos presidentes y cree que Chávez era simpático mientras que a Maduro, un bolivariano convencido, le faltaba rodaje y las ideas de su maestro.

Milosévic
La autora también repasa las atrocidades de la exYugoslavia, con Misolévic como encendedor de la mecha nacionalista que prendió el odio entre serbios, croatas y musulmanes. No se pudo impedir la masacre en Bosnia pero en Kosovo, cuando los serbios quisieron empezar otra limpieza étnica, la OTAN los expulsó con bombardeos. Albright, por razones de su cargo, se reunió con Milosévic y dice que él no paraba de darle lecciones de historia serbia sobre todos los sufrimientos que había padecido su pueblo desde la Edad Media. Dice que ahora la realidad es distinta y que el 90 % de la población de Kosovo es musulmana, por lo que, para solucionar el conflicto, hay que admitir los hechos y no remontarse a 500 años atrás sino vivir en el presente.

Albright también cuenta cómo tuvo que inspeccionar fosas comunes durante la Guerra de los Balcanes. Cree que era imposible que Milosévic, el cual murió antes de ser juzgados, no estuviese al tanto de la limpieza étnica.

Putin
Respecto a Putin, lo considera como un hombre del KGB que hacía de guía turístico en Berlín, Luego, se convirtió en la mano derecha y sucesor de Yelsin. Era un hombre trabajador y disciplinado que impuso un puño de hierro en el país para establecer el orden, aplastar implacablemente el terrorismo en Chechenia y relanzar la economía. Dice que con Putin el país se estabilizó pero algo le chirría porque ve imposible imaginar a Yelsin o Gorbachov posando con el torso desnudo pescando y otras poses publicitarias que hace el actual estadista para mostrar su fuerza y que le recuerda la propaganda de los estadistas autoritarios de los años 20 y 30.

La autora cree que la oposición a Putin es mínima o insignificante, por lo que no supone una amenaza real para él. Cualquier opositor que destaque, no le va muy bien. De esta manera, la democracia rusa se ha convertido, según la autora, en una democracia fallida o una autocracia a la que se da tintes de democracia.

A ello se suma que también usa un nacionalismo ruso para defender el orgullo del país, lo que está muy bien si eso no conlleva meterse con los vecinos de su entorno. La autora cita el caso de Crimea o Ucrania. Recuerda que los blindados que entraron en Hungría en 1956 para impedir que se alejase de la órbita soviética o los que la URSS envió a los republicanos, no llevaban insignias, lo mismo que ahora en Crimea. A ello, se suma la sospecha de que Rusia no desista de espiar a sus vecinos occidentales, ya sea mediante el ciberactivismo o la supuesta interferencia en elecciones.

Corea del Norte
También hace repaso a la dictadura norcoreana, a cuyos líderes define como los únicos fascistas de verdad que funcionan en la actualidad porque dirigen un régimen totalitario, de partido único, con baño de masas populares, discurso incendiario contra "los otros" (Estados Unidos, y otros) y exhibiciones de baile donde las jóvenes danzarinas y los coros lanzaban mensajes que profesaban amor al líder supremo. La autora viajó a Pyonyang y conoció al hijo del fundador para detener su programa nuclear. Le pareció un gobernante serio y responsable (dentro del contexto internacional) y estaba dispuesto a negociar la conversión de reactores nucleares en misiles con cabezas nucleares por alimentos (no querían ser otra China de Mao con millones de muertos por el hambre). Se hizo el canje en la administración Clinton pero luego su sucesor, el presidente Bush incluyó a Corea del Norte en el Eje del Mal (Afganistán, Irán, Irak y Corea del Norte) y los consideró terroristas mundiales, lo que sentó mal al régimen asiático, por lo que, viendo las invasiones que sufrieron los países aludidos, renunció a la vía civil y siguió con su programa de desarrollo de armas nucleares.

Erdogan
En este caso, se trata de un hombre humilde que llegó a lo más alto del gobierno turco y que, en el auge de su popularidad, tras superar un golpe de Estado, impuso un régimen laico-religioso que se desvía de los principios del fundador de la Turquía moderna tras el desplome del Imperio Otomano en 1918. A Erdogan lo apoyaron los religiosos, descontentos porque el Gobierno era laico y separaba Estado e Iglesia (Ataturk copió el código civil suizo, y otras leyes francesas, italianas o alemanas, así como el alfabeto latino para converger con Occidente; su legado duró casi cien años y los militares velaron para no salirse de esta línea). Lo cierto es que, cuando Turquía estaba a punto de cumplir todos los requisitos para ingresar en la UE (tras abolir la pena de muerte), la UE se echó para atrás por lo que en Turquía (con 80 millones de musulmanes) hubo un gran desencanto. En el mandato de Erdogan (que fue encarcelado cuando empezaba a despuntar), volvieron a construirse mezquitas a un ritmo trepidante, lo mismo que grandes proyectos de obras públicas, y a imponerse leyes pro-religión. 

Duarte
Vierte críticas a Duarte, en Filipinas, por su violencia letal con los delincuentes en un estado policial donde ordena a la policía disparar a matar a los criminales, traficantes de drogas, etc.... Se cree que ya han muerto 10.000 y no está claro si han caído inocentes por el medio. La autora critica que Trump alabe en sus "tuits" al mandatario filipino por su mano dura aunque cree que el presidente, como gobernante, intenta tener buenas relaciones con todos los mandatarios del mundo a base de elogios e intenta ser diplomático.

Trump
Respecto al presidente Trump, le critica su ignorancia y desprecio a las instituciones democráticas (prensa, tribunales, sociedad civil), su gobierno a golpe de "tweet", su discurso simplista para solucionar problemas en otros países y el mensaje contra los "otros" (en este caso, los inmigrantes, las mujeres). Por contra, considera a Bush (el de las guerras de Afganistán e Irak) un presidente cauto y sensato, que siguió las normas democráticas y respetó las instituciones.

A la autora le llama la atención que Trump sea tan condescendiente  con mandatarios autocráticos y luego vapulee a los propios aliados de EE.UU., caso de Merkel o presidentes australianos.

En todo caso, la autora recuerda que, al igual que le pasó a McCarthy, Trump caerá cuando se desenmascaren sus mentiras por la fortaleza de las instituciones democráticas (Senado, Congreso) dedicados a controlarse los unos a los otros, así como las distintas elecciones que impiden que Trump se desmarque mucho de sus votantes.


Finalmente, la autora Albright ve tres posibles escenarios que denomina "pesadillas":

1) En la primera pesadilla, se imagina un escenario donde un grupo de millonarios financian y controlan los medios de comunicación conservadores (menciona a la Fox) y mantienen a la gente en una burbuja que no admite otras alternativas ni les da voz.

2) En la segunda pesadilla, ve a un grupo de magnates de Hollywood que financian a grupos progresistas y una vez que alcanzan el poder instauran "lo políticamente correcto", lo que excluye a cualquiera que no esté en esa corriente. Los de derechas tampoco pueden hablar porque herirían la sensibilidad de los "antifascistas".

3) En la tercera pesadilla, un grupo terrorista interno siembra la alerta en EE.UU. y un gobernante aprovecha el miedo de la población para perseguir a determinados grupos.

La autora deja un último mensaje. Dice que ahora todos saben cómo funciona el fascismo y que este prospera en tiempos de crisis en los que la gente está decepcionada con el funcionamiento de la democracia. Pero cree que el público debe hacerse varias preguntas sobre cualquier candidato que aspire al poder, entre ellas: "¿Enciende a las masas en contra de otra etnia?" y otras cuestiones que ayudan a distinguir a un demócrata de un demagogo que busca el apoyo de las masas para quedarse él solo todo el poder.


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Resumen del libro "Fuego y furia", de Michael Woolf (2018)

Resumen original y actualizado:
https://evpitasociologia.blogspot.com/2018/08/fuego-y-furia-de-michael-woolf-2018.html

Resumen elaborado por E.V.Pita, doctor en Comunicación, licenciado en Derecho y Sociología

Sociología, política internacional, Donald Trump, política exterior de EE.UU., globalización

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Título:  "Fuego y furia"

Subtítulo: "En las entrañas de la Casa Blanca de Trump"

Título original en inglés: "Fire and Fury"

Autor: Michael Wolff

Fecha de publicación en inglés: 2018

Fecha de publicación en español: Grup Editorial 62, Barcelona, 2018 / Ediciones Península / Planeta

Número de páginas: 414

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Biografía oficial del autor Michael Woolf

(Paterson, Estados Unidos, 1953) es periodista y escritor, y ha recibido numerosos premios por su trabajo, incluidos dos National Magazine Awards. Ha publicado artículos en Vanity Fair, New York, The Hollywood Reporter, GQ, USA Today y The Guardian. Es autor de otros seis libros, entre ellos Burn Rate y The Man Who Owns the News. Vive en Manhattan y tiene cuatro hijos.
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Texto de la contraportada

"El libro que Trump no quiere que leas.
Pocos libros pueden presumir de haber puesto en peligro una carrera presidencial. Y solo uno puede decir que ha conseguido que un presidente de Estados Unidos tratara de parar su publicación, reaccionara de forma furibunda en Twitter y provocara, con todo ello, unas ventas de más de un millón de ejemplares en tres días, y que se publique en una treintena de países en todo el mundo. Este es ese libro".

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ÍNDICE

Prólogo: Ailes y Bannon

1. Día de elecciones

2. Torre Trump

3. Día uno

4. Bannon

5. El dúo Jarvanka

6. En casa

7. Rusia

8. Organigrama

9. CPAC

10. Goldman

11. Teléfonos pinchados

12. Derogar y reemplazar

13. Tribulaciones de Bannon

14. Sala de crisis

15. Medios

16. Comey

17. En casa y en el extranjero

18. Bannon ha vuelto

19. Mika... ¿quién?

20. McMaster y Scaramucci

21. Bannon y Scaramucci

22. El general Kelly

Epílogo: Bannon y Trump

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RESUMEN

El libro, basado en testimonios y cotilleos de pasillo, revela el caos reinante en la Casa Blanca de Trump, donde se crean dos bandos: los bannonistas (afines a Bannon, el ideólogo del trumpismo) y los seguidores del dúa Javarka (los familiares de Trump, Ivanka y su marido Jared, así como la fiel secretaria Hope). El autor usa un lenguaje sarcástico e irónico que hace sonreír por el disparatado ambiente que hay en la Casa Blanca de Trump, donde unos intentan disuadirle de sus locuras y otros le siguen la corriente y meten más la pata. El libro se centra en la figura de Bannon, el intrigante fundador del trumpismo, un populismo de extrema derecha, tras este olfatear un gran nicho electoral entre la clase trabajadora blanca arruinada por la globalización, lo que le dio el triunfo a Trump. Bannon, al llegar a la Casa Blanca, se convirtió en la sombra de Trump, dormía allí por si el jefe le llamaba a medianoche, y echó un pulso son la hija y el yerno de Trump por nombrar cargos. El periodista que escribió el libro relata todas las tensiones de forma tan vívida como si él mismo estuviese allí dentro. Para escribir el libro tuvo que contratar a uno de los mejores abogados de EE.UU. en litigios de difamaciones para evitar querellas. Las líneas centrales del libro son cómo lograron una inesperada victoria electoral, el caos creado al aplicar las primeras medidas contra el Obamacare y los inmigrantes, y luego el escándalo de la trama rusa y el fulminante despido del jefe del FBI que iba a investigar a Trump.

Para seguir el hilo al libro hay que analizar primero los personajes de la Casablanca y el círculo del presidente Donald Trump. Ninguno tenía experiencia política ni contactos gubernamentales a los que recurrir y como dice: "nadie del Gobierno de Trump sabía hacer nada, nadie sabía qué hacía cada uno". Este es un resumen de los perfiles que elaboró el autor del libro, Michael Woolf, a lo largo de las páginas de su libro. Hay que tener en cuenta que el autor usa mucho sarcasmo e ironía.

- Donald Trump: empresario inmobiliario y presidente de Estados Unidos. Casado con Melania Trump, de la que está orgulloso como "mujer trofeo". Le gusta tomar helado Häagen-Dazs de vainilla al tiempo que opina alegre y despreocupadamente sobre una serie de temas. Algunos colaboradores lo definen como impredecible, jugador poco serio. Entre sus neurosis, dice el libro, está el horror a la pérdida de memoria y la senilidad. Trump es Trump pero lo entiende. Gente que lo conoce lo califica de rebelde, perturbador, vivía fuera de las reglas y las despreciaba, un tipo sin escrúpulos que solo trataba de ganar sin importar cómo se hiciese. Incluso metía en líos a amigos para que sus mujeres creyesen que les eran infieles. Sus colabodores aseguran que en una hora de conversación con él en una reunión en su despacho, cuenta 50 minutos de historias repetidas una y otra vez, por lo que tienen que plantearle un asunto y repetirlo varias veces. Bannon lo definió como una máquina simple: el interruptor de encendido estaba lleno de halagos, el de apagado, de calumnias. El autor añade que Trump tiene la táctica del vendedor que te llena de halagos y adulaciones. Wolf añade que Trump era como un oráculo de Delfos o un dios Sol que era el centro absoluto de atención y dispensaba favores y delegaba favores que podía invalidar cuando quisiese. No calculaba a largo plazo y vivía el momento. El autor, por conversaciones con otros colaboradores, decía que la persona que lograba influir en Trump era "el último que llegaba". Además, no sopesaba sus respuestas (y repetía todo). Lo califica de "actor mimado, instintivo y con mucho éxito". Según el autor, la premisa de Trump: "Ser famoso es ser querido, o, por lo menos, sirve para que te adulen".

Melania Trump: Modelo eslovaca y tercera esposa de Trump, mujeriego notorio (según el autor). El autor dice que apoyó a su marido en la campaña electoral pero que deseaba que perdiese para seguir viviendo tranquila en la torre Trump. Pasaba días sin verse, ella no sabía dónde estaba él ni de sus negocios. Tienen un hijo en común: Barron. El lema de Trump con sus esposas era: "Vive y deja vivir. Dedícate a tus cosas". A veces habla de sí mismo en tercera persona.

Jared Kushner: De 36 años, consejero político de su suegro y auténtico jefe de campaña o designado por la familia. Pero Trump lo considera un miembro más de su séquito. Obtuvo la cartera internacional de Oriente Próximo. Heredero de una dinastía inmobiliaria judía y yerno de Trump, fue educado en Harvard. Esposo de Ivanka Trump, una hija de la primera mujer de Trump, Ivana. Jared Kushner intenta escorar el programa de Trump hacia una visión más centrista e incluso demócrata, partido al que un año antes era afín, como su hermano Óscar. El autor cuenta que el padre de Jared, Charlie, pasó algún tiempo en una prisión federal por evasión de impuestos, manipulación de testigos y donativos a campañas ilegales. Como prudente yerno, solo habla con su suegro cuando este le habla, ofreciendo siempre una visión tranquila y halagadora, cuenta el autor del libro. Para evitar un conflicto de intereses, Trump tuvo que renunciar a nombrarlo jefe de su gabinete. A nivel privado, los amigos y consejeros le aconsejaron que Trump se "suavizase" para no irritar al Partido Republicano ni a los congresistas, ni a la comunidad de inteligencia. Es cura de los unionistas de Internet.

Jared ganó influencia porque hablaba mucho con Murdoch y compró el semanario New York Observer, un capricho de ricos que no daba beneficios y que narraba la vida de la alta sociedad. El New York Observer se encargó de la cobertura mediática de Trump y creó el mito del millonario desvergonzado, teatral e instructivo. Pero cuando Trump se convirtió en un empresario fracasado, los clichés sobre él ya no hacían tanta gracia y se dejó de informar de él porque resultaba vergonzoso. Kushner, con 25 años, compró el diario en el 2006 y accedió al círculo social de Trump y a su hija Ivanka, con la que se casó en el 2009.

Ivanka Trump: De 35 años, con tres hijos. Hija de Trump y esposa de Jared Kushner tras convertirse al judaísmo ortodoxo. Es, de facto, la primera dama de EE.UU. y le gustaría ser la primera presidenta. Con su marido Jared hacen la moneda o dúo Jarvanka. Habitual del restaurante Four Seasons, donde comen otras celebridades.

Stephen K. Bannonel "loco" Steve: De 63 años. Estratega jefe de Trump, cenaba con él a diario, algo que los demás colaboradores eludían por su pesadez. De clase obrera, hecho a sí mismo, el autor sugiere que se arrimaba a los ricos. Fue teniente en un barco, trabajó como banquero para Goldman Sachs, fundó una asesoría financiera orientada al espectáculo. El autor dice que estaba siempre tramando y decepcionando. Participó en proyectos fallidas como Biosfera 2, y el proyecto virtual de Videojuego de Rol Multijugador Masivo en Línea (MMORPG o MMO) que se llamaba Internet Gaming Entertaiment (IGE). En el 2000, se convirtió en proveedor de libros a los conservadores. Finalmente, los nerds Bob Mercer y su hija (de los fondos Renaissance Technologies) lo ficharon para crear un Tea Party privado, un movimiento político ultraliberal, antiestatista, pro educación privada, antiprogresista, pro patrón oro, pro pena de muerte, antimusulmán, procristiano, monetarista y contrario a los derechos civiles en Estados Unidos. Algunos los tildan de "fanáticos" ideológicos. Bannon tomó el control de Breitbart News (de los Mercer) y usó Gamergate (dedicado a dañar la imagen de las mujeres en Hollywood) para conseguir enorme tráfico a través de memes políticos virales. Bannon se convirtió en el consigliere del movimiento Tea Party. Breitbart trató a Trump como su tótem. Bannon fue el hombre que hizo coherente el discurso de Trump y lo encaminó hacia una idea política concreta: el camino de la victoria radicaba en el mensaje cultural y económico que se dirigiera a los trabajadores blancos de Florida, Ohio, Michigan y Pensilvania. A favor de Bannon, dice el autor, es que, era el único del equipo que se había leído uno o dos libros. La fórmula de Breitbart era noticias inmediatas que horrorizaban tanto a los progresistas como a los conservadores, un conflicto que generaba una cascada de clics de disgusto y aprobación. Su idea que la nueva política no era el arte del compromiso sino el arte del conflicto.

La ambición de Bannon era convertirse en el líder del movimiento Tea Party. Es un empresario metido a organizar campañas y actos para los republicanos y el Tea Party. Sin experiencia política ni en gobierno, verdadero ideólogo detrás del programa de Trump, del que dice que su única virtud política es ser un macho alfa, sacado de Mad Men.  Fue desde el principio, la mano derecha de Trump, al que le sorprendía su discurso lleno de palabrería histórica, insultos, perspectivas de los medios, comentarios derechistas y tópicos motivacionales. Fue el único capaz de ofrecer una visión coherente del populismo trumpista. En su día, fundó Breitbart News. En el glosario de Breitbart se barajaban nociones como el Estado "profundo", la idea de la derecha y de la izquierda de una red de inteligencia permanente y conspiración del Gobierno. Su mensaje caló en el momento adecuado: el mundo necesitaba fronteras o debía regresar a una época en las que la tenía. Cuando Ámerica era grande. Trump entendía la causa populista de los trabajadores. Dentro del programa también estaba trasladar la embajada de Estados Unidos a Jerusalén. Uno de sus fallos era que era desorganizado, centraba su atención en cualquier cosa que atrajera su mente obtusa, parecía incapaz de devolver una llamada telefónica, respondía a los correos con una sola palabra y era controladoramente críptico, según el autor. Nadie lo contrataría para un trabajo que requiriese que los trenes saliesen con puntualidad. Bannon se casó tres veces y llevaba una vida de soltero en Capitol Hill y oficina de Breitbart. Consideraba que Trump jamás cambiaría e intentar hacerlo dañaría su estilo, a los partidarios de Trump no les importaba, a la prensa no les iba a gustar y era mejor jugar contra los medios que para los medios, y era un engaño que los medios fuesen los protectores de la honradez factual y que la revolución de Trump era un ataque a las asunciones convencionales y a los expertos, por lo que Trump era incontrolable porque nunca se iba a ajustar al guión. Aseguraba que Trump no entendía los hechos correctamente ni tampoco iba a admitir que los hubiera entendido mal. Tras ocupar el Ala Oeste de la Casa Blanca, Bannon se distanció de sus compañeros, incluido Jared. Alentó al equipo a leer The Best and the Brightest, de David Halberstam, para comprender a todos los hombres del presidente durante la guerra de Vietnam y que malinterpretaron las claves del conficto y guía o lista de recomendaciones para llegar al poder.

Una vez en la Casa Blanca, Bannon no usaba ordenador. Katie Walsh llegó a decir que "el caos era la estrategia de Steve".

La campaña electoral se apoyó en tres personas: Corey Lewandowski (director de campaña despedido), la portavoz-asistente-interna Hope Hicks, y el propio Trump. La organización de su equipo presidencial fue complicada porque, según el autor, a Trump le costaba entender la importancia de los cargos, por lo que quería que los ocupasen familiares y amigos, y la estructura del gabinete de Washington para soportar la feroz oposición. Si el presidente ya era un "outsider", lo más probable es que se rodee de gente peculiar.

Hope Hicks: eficiente secretaria de 26 años y ayudante de Trump. Este siempre preguntaba por ella: "¿Dónde está Hope?". Fue la auxiliar de relaciones públicas que Ivanka Trump agregó a la campaña electoral, fue la primera en entrar en  el equipo electoral de Trump. Trump despidió a su amante y le dijo a Hope en una reunión: "Tú eras el mejor trasero que él va a tener nunca". Ella se marchó escandalizada.

Corey Lewandowski: ayudante. Fue el primer director de campaña de Trump pero en el 2016 Trump lo despidió por "perdedor". Lo mismo pasó con su segundo director, Paul Manafort.


John Kelly: jefe de gabinete. General retirado.

Reince Priebus: De 45 años, de clase trabajadora. Era un recaudador de fondos. Jefe del Comité Nacional Republicano (CNR), herramienta de la clase dirigente republicana y que no apoyó a Trump. Le ayuda su compañera Katie Walsh y su publicista Sean Spicer. Su fama la logró al aplacar al Tea Party en el 2011 en Wisconsin. Apostó por el candidato Trump cuando casi estaba desahuciado y no lo abandonó por completo. Su cargo como jefe de gabinete fue nominal porque los demás (Bannon, Krushner, Barrack) lo puenteaban para hablar directamente con Trump, quien así seguía siendo el jefe mientras los otros se disputaban su atención. Según el autor, Priebus tenía que organizar reuniones y horarios, contratar a los miembros de la plantilla y supervisar las funciones individuales de los departamentos pero Bannon, Kushner, Conway e Ivanka carecían de responsabilidades específicas, hacían lo que se les ocurría sobre la marcha.

-Kellyanne Conway:  jefa de campaña de Donald Trump. Personalidad central y destacada en el mundo de Trump. Aspiraba a ser una estrella de las noticias por cable. Antes había estado a cargo de una agencia de encuestas de poca importancia. Durante la campaña, también lidió contra la prensa, a la que acusó de verter noticias falsas en montañas de arena, y su derecho a decir "hechos alternativos" o, más concretamente, "información alternativa".

- Sean Spicer: secretario de prensa, profesional serio que se vio obligado a defender a Trump ante los medios, sobre todo cuando Trump dijo que había un millón de personas en su investidura, algo claramente exagerado cuando se vieron las imágenes de televisión. Spicer dijo que a Trump no podías contradecirlo porque él sabía lo que sabía y no creía nada de lo demás. El autor dice que su trabajo consistía en explicar qué hacía la gente y porqué fracasaba a menudo en su labor porque nadie tenía una ocupación de verdad.

Stephen Miller: antiguo ayudante de Jeff Sessions, conservador entregado a la causa, redactaba órdenes ejecutivas y hacía discursos, pero según el autor,  solo hacía enumeraciones esquemáticas y "era incapaz de construir oraciones".

Mika Brzezinski y Joe Scarborough: pareja y presentadores del programa Morning Joe de la MSNBC. Confidentes de Jared y amigos de Trump, se sorprendieron al saber que nadie le había dicho que su primera semana de gobierno fue un desastre.

Roger Ailes: viejo amigo de Trump. Anterior director de Fox News y la figura más importante en los medios de derecha. De 76 años y recién jubilado tras ser acusado de acoso sexual y destituido de la Fox.

Bob Mercer, un patrocinador de Ted Cruz, y su hija Rebekah, recaudaron fondos para Trump. Introdujeron en la campaña electoral a sus tenientes Steve Bannon y Kellyanne Conway.

 -Alexandra Preate: ayudante y lugarteniente de Bannon. Recaudadora de fondos y encargada de las relaciones públicas. Tan desorganizada como Bannon.

Rudy Giuliani: exalcalde de Nueva York, que obtuvo un importante cargo gubernamental.

Chris Christie: gobernador de Nueva Jersey, y exfiscal del mismo estado que mandó a la cárcel al padre del yerno de Trump. Por eso mismo, posiblemente fue descartado como jefe de gabinete.


Anna Coulter: diva de la derecha y partidaria de Trump, le aconsejó que no contratase a sus hijos ni familiares en la Casablanca porque eso no se podía hacer.

Sam Nunberg: explicó la Constitución a Trump cuando era candidato.

Roger Stone: asesor político de Trump durante tiempo.

Mike Flynn: telonero de la campaña y consejero de Seguridad Nacional de Trump. Al parecer, captó 45.000 dólares de los rusos por dar un discurso.

Paul Manafort: cabildero internacional y agente político que participó en la campaña de Trump. Representó durante 30 años, según el autor, a dictadores y déspotas corruptos y cuyo rastro de dinero atrajo la atención. Un oligarca ruso le reclamó 17 millones de una supuesta estafa inmobiliaria.

Rupert Murdoch: multimillonario amigo de Trump, al que considera un charlatán, y accionista que controla Fox News. Presiona a Trump a moderarse y controlarse. Se opuso a que Bannon fuese jefe de gabinete por ser una elección "peligrosa". También se quejó de que Trump aceptase de buena fe buscar una solución para las visas H-1B que le pidieron los empresarios de Silicon Valley porque eso iba contra el enfoque liberal sobre inmigración. Murdoch se quejaba de que Trump lo tenía todo el rato al teléfono.

Tom Barrack: amigo millonario libanés, dueño del rancho Neverland de Michael Jackson, rechazó sumarse al gabinete de Trump para no separar sus empresas de sus intereses. Hombre en la sombra de la Casa Blanca, recaudó dinero para organizar la investidura como presidente de Trump. Murió un año después, tras sufrir una caída en el baño.

Henry Kissinger: de los tiempos de Nixon, aconsejó a Jared Kushner.

James Comey: director del FBI. Once días antes de las elecciones, dijo que iba a reabrir la investigación sobre los correos electrónicos de Hillary Clinton. Luego, cuando también propuso investigar la trama rusa, Trump lo despidió fulminantemente.

Brennan: Director de la CIA

Fusión GPS: empresa de investigación de la oposición demócrata que destapó la supuesta trama rusa.

Christopher Stele: antiguo espía británico que ayudó a Fusión a investigar las relaciones de Trump con Putin y el Kremlin. En un informe de septiembre del 2016, un mes antes de las elecciones,, sugirió que Trump fue chantajeado por el Gobierno de Putin y avisó a la prensa pero nadie publicó nada aunque la CNN dejó escapar algunos detalles del dosier pero BuzzFeed lo publicó completo. La teoría decía que los rusos sobornaron a Trump en un tosco montaje de chantaje en el que lo grabaron, supuestamente, con prostitutas haciendo la lluvia dorada. La conclusión era que Trump aceptaba sumarse a la conspiración rusa para robar las elecciones e instalarse en la Casa Blanca como marioneta de Putin, siempre según relata Michael Woolf en su libro. Trump lo negó todo y replicó que los medios estaban tan cegados con expulsarlo de la presidencia que se inventaban cualquier calumnia.

Jeff Bezos: dueño de Amazon y del Washington Post.

Stephen Schwarzman: director del grupo Blackstone y amigo de Kushner.



El libro arranca un año antes de las elecciones. Nadie creía que Trump ganaría las elecciones, ni él mismo. Trump fue torpedeado por los medios, los demócratas y el "pantano" de Washington.

Entre su propio partido republicano y en los que apoyaban su candidatura, opinaban que Donald Trump no sería presidente ni debería serlo. Un colaborador dijo que la configuración psíquica de Trump hacía imposible que se evaluase él mismo en profundidad, no era capaz de soportar que alguien pudiese saber tanto sobre él y que tampoco hacía falta examinar el pasado de sus colaboradores ni el conflicto de intereses de sus negocios y sus participaciones inmobiliarias porque tenía nulas posibilidades de ganar. El autor señala que Trump pasó de ser candidato de chiste a encantador de una base demográfica desafecta, a nominado risible y a presidente electo que inmediatamente se creyó inevitable y que ahora quería que los medios de comunicación le mostrasen una deferencia desmesurada.

Durante las elecciones, su propio partido le abandonó a su suerte pero Trump sobrevivió a todo: a la publicación de la grabación con el presentador de la NBC Billy Bush donde hacía comentarios sexistas, el CNR le presionó para que abandonase la carrera. La gente se preguntaba si Trump realmente quería ser presidente o solo obtener ser el hombre más famoso del mundo, ganar en renombre y fama, reforzar su marca y montar una cadena de TV propia. Ya se daba por ganador aunque no ganase las elecciones. Trump decía que su campaña electoral era un desastre y sus colaboradores unos "perdedores" y que todos los que le rodeaban eran idiotas. El propio Bannon calificó de "patética" la campaña e incluso Trump rechazaba invertir dinero en su propia elección aunque luego prestó diez millones con la condición de recupèrar todo. El autor señala que la campaña de Trump no estaba diseñada para ganar nada. Y el propio Trump convenció a su esposa Melania de que no ganaría las elecciones. Pero tras ganar (por tres millones de votos menos que la demócrata Hillary Clinton), Trump parecía haber visto un fantasma y su mujer lloraba desconsolada. Pero en una hora, el Trump estupefacto se convirtió en un hombre que creía que merecía ser presidente y que estaba capacitado para ello. Tras ganar, muchos de los que lo habían desdeñado intentaron comprender su éxito pese a que creían que su cerebro era incapaz de realizar las tareas esenciales de su nuevo trabajo de presidente pues era incapaz de relacionar causa y efecto. Tras ganar las elecciones, Trump quiso pasárselo a todo el mundo por la cara.

La Torre Trump se convirtió, tras las elecciones, en el cuartel general de la Revolución Populista,  una cara sede donde se preparó la transición de la presidencia y no en Washington y la "ciénaga". Uno de las primeras medidas de Trump fue organizar el "paseo de los perpetradores", donde todos los que le iban a visitar aceptaban el gobierno de un advenedizo, según el autor.

El autor señala que Trump y su clan de alguna forma sustentaron sus negocios en el flujo de efectivo internacional y el "dinero gris" y que al ser un foco tan visible en la presidencia, se dieron cuenta del lío en el que se habían metido.

Se centra sobre todo en la figura de Bannon, al que el autor define como un ejecutivo a la busca de millonarios que sufraguen sus proyectos. Tras meterse en política, apostó por una versión ultra del Tea Party, que incluía expulsión de inmigrantes, poner la embajada de EE.UU. en Jerusalem y otras cuestiones que el propio Trump asumió más tarde. Además, Bannon había tenido éxito con el marketing digital. Trump entró en campaña pensando que no iba a ganar pero que le iba a hacer famoso en todo el mundo y, por tanto, generaría un incremento de valor de la marca Trump. Era una buena idea para promocionarse y todo el mundo pensó que estaba acabado tras las declaraciones machistas en una televisión pero no fue así. Ni siquiera las sospechas de que Rusia financió su campaña acabaron con él, entre otras cosas porque no lo creían con capacidad intelectual para montar una conspiración, ni esa ni ninguna, por su completa falta de organización. El autor está convencido de que ni el propio Trump esperaba ganar y que solo cuando ganó asumió que eso era lo "lógico". Cuenta que la esposa del candidato, Melania, era la única que confiaba en que iba a ser presidente pero cuando salió elegido se quedó de piedra al darse cuenta de que su mundo perfecto en la Torre Trump se desmoronaba.

El autor cuenta que otros presidentes, que habían hecho carrera política, se quedaban impresionados al entrar en la Casa Blanca y ser recibidos por un séquito de mayordomos y sirvientes, una corte de asesores y un avión privado. Donald Trump no solo no se quedó impresionado, pues ya tenía su propio séquito de sirvientes, sino que además la Casa Blanca era un caserón con 200 años de antigüedad, un edificio viejo y con cucarachas que palidecía ante el lujo de la Torre Trump. Para el presidente, dejar sus negocios por el despacho oval le salía caro, salvo por la promoción que iba a obtener. 

Michael Woolf se basa en sus fuentes para describir a la Casa Blanca como un lugar gobernado por el "jefe" de un clan familiar y amiguetes de confianza, donde todo lo guisan Trump, su yerno (el marido de Ivanka y, al parecer, el único del clan que lee libros) y Bannon. Describe el palacio presidencial como un completo caos sin un programa meditado y donde todo está improvisado. Añade que Trump está completamente desorientado y un día dice una cosa y al rato otra distinta, y así, sucesivamente. Tuvieron que nombrar asesores oficiales pero estos se vieron "puenteados" por la familia de Trump, por ser ellos los que tenían el monopolio del acceso a Trump. Woolf cuenta que una vez que entrabas a trabajar a la Casa Blanca, la gente hacía apuestas de cuántos meses iba a aguantar, pero pasados unos días, lo reducía a cuántas semanas duraría allí, tal era el caos.

El autor cuenta que el presidente se enfadó porque la prensa ponía imágenes vacías del público que acudió a la toma de posesión. Los cálculas más realistas sitúan la asistencia en 200.000 personas pero Trump se empeñó en que allí había un millón. Otra de las cosas que preocupó fue el discurso de Trump, de tono belicista y totalmente caótico, y que se cree que fue escrito por Bannon y luego Trump añadió cosas de su propia cosecha o las inventó directamente improvisando.

Del tema de las supuestas charlas con los rusos, Trump y los suyos se quedaron estupefactos. El autor está convencido de que no tenían ni idea de lo que estaban hablando en televisión. Pero, según el escritor del libro, luego Trump cayó en la cuenta de que si la prensa tiraba del hilo pòdría llegar a los negocios ocultos del millonario, esos que tendría a nombre de testaferros de compañías del Este. Pero eso, de momento, se ha quedado en el terreno de la especulación. Mientras el tema de los espías rusos le parecía increíble, lo que le inquietó era que llegasen a detectar su telaraña de empresas fantasma y otros entramados, si es que existían.

Sobre el carácter de Trump, se vierten todo tipo de descripciones. La principal es que vive en una realidad paralela, en su propio mundo. Por ejemplo, no sabía que tenía que dejar sus negocios si era presidente, una alto cargo de los republicanos se lo tuvo que comentar en privado en un cóctel. Otra idea es que se mete en la cama con una hamburguesa de McDonalds y mira tres canales de televisión: si algo no le gusta, tuitea un mensaje de queja.

También le señalan que dentro de Nueva York, las grandes fortunas lo consideran un empresario de medio pelo, un nuevo rico, pero él se ve como un gran amigo de Murdoch, el dueño de la prensa. Sin embargo, hasta que fue presidente nadie del círculo más vip lo tomó en serio.

Aseguran que cuando le explicaron la constitución, no entendió más allá de la cuarta página.Y que en los conflictos internacionales, no se entera de nada, según cuenta el autor.

En el libro, se detallan las luchas internas en la Casablanca entre judíos y gentiles, como las definió jocosamente Kissinger (creo). En el grupo judío figuran Kushner, el yerno de Trump, y su esposa (e hija de Trump)  Ivanka, convertida por matrimonio, y que serían el ala "demócrata". En el grupo de los gentiles estarían Bannon y otros, que vendrían a representar los intereses extremistas y el programa del Tea Party. Dichas luchas por el control de la Casablanca salieron a relucir cuando comenzaron los primeros nombramientos, ya que cada grupo se esforzaba por colocar a su candidato y desprestigiar al del grupo rival. Entre los fichajes estaba Priebus, un general independiente que pronto se vio arrinconado por dichas fuerzas.

A los pocos meses, Trump estuvo ocupado con dos temas importantes: el escándalo ruso, que el no veía por ninguna parte, y la supresión del programa sanitario Obamacare. En el tema sanitario, la propuesta de Ryan fue "derogar y reemplazar": derogar el programa, lo que gustaría a los republicanos, y poner otro para satisfacer las promesas que Trump había hecho por su cuenta. Según cuenta el autor en este libro, cuando a Trump le explicaban las tesis republicanas sobre sanidad se despistaba y se ponía a hablar de golf.

Sobre el tema ruso, Bannon intentó convencer a Ailes de que "¿Tan mala es Rusia? Son malos, pero el mundo está lleno de tipos malos". Ailes le replicó: "Pero es bueno saber que los malos son los malos. Donald quizás no lo sepa". Para Bannon, el verdadero enemigo era China, nueva fuente de una guerra fría. Cree que Obama lo malinterpretó todo. Cree que el Estado hipernacionalista chino va a perder los estribos y no se va a poder meter al genio otra vez en la botella. Según le contó Bannon a Ailes, dice el autor del libro, Donald fue a Rusia y creyó que iba a reunirse con Putin pero este no parece interesado. El autor señala que Trump era tan incapaz de atar cabos que aunque no hubiese conspirado personalmente con los rusos para amañar el resultado, sus esfuerzos para conseguir el favor de Putin habían dejado un rastro de palabras y actos preocupantes que tendrían un coste político enorme. Tras conocer el informe Christopher Stele sobre la lluvia dorada, Trump lo negó todo, dijo que mientras China hackeaba 22 millones de cuentas americanas, Rusia era más respetuoso.

En cuanto al tema de la inmigración, el autor señala que Bannon comprendió que el "nativismo" y el etnocentrismo tenía adeptos y además sacaba de quicio a los progresistas, a los que tildaba de hipócritas. Para los "privilegiados" progresistas, opinaba Bannon, la diversidad era un bien absoluto pero él pensaba que cualquier persona que no estuviese cegada podía ver las olas de inmigrantes llegaban con un montón de problemas y que recaían en los ciudadanos más expuestos del otro extremo de la escala económica, como se podía ver en Europa. Esa es la visión que recoge el autor. Y los progresistas se negaban a ver los problemas y dificultades que generaba la inmigración descontrolada. La tesis de Bannon es que los globalizadores progresistas habían extendido el mito de una inmigración libre (a pesar de que Obama había sido muy agresivo en materia de deportación de inmigrantes, dice el autor). Las ideas de Bannon de prohibir la entrada a los musulmanes fue "recortada" por Priebus.

Una de las primeras medidas para gobernar fueron las OE (órdenes ejecutivas) o decretos, lo que iba a generar conflicto. El nuevo Gobierno, cuenta el autor, se complicó la vida al replantear procedimientos ya existentes en términos incendiarios, agresivos y con  argumentos ad hominem. El problema, dice el autor, es que presentaron OE para limitar los viajes (lo que desató una ola de terror en los aeropuertos) sin pasar el visto de abogados y reguladores, ni las agencias responsables de aplicarlas y "Trump firmó lo que le pusieron delante". Los amigos de Trump le llamaron por teléfono para abroncarlo. De esta forma, Bannon trazó una línea entre los EE.UU. progresistas y los EE.UU. de Trump. Sin embargo, esta medida draconiana y esa forma de hacer las cosas preocupó a los nuevos moradores de la Casa Blanca.

En cuanto a su disputa con los medios, Trump sufría desde los años 90 burlas de los medios de Nueva York, por lo que decidió triunfar en Hollywood con su propio reality show: "The Aprrentice".

La  parte final del libro se centra en Bannon en su lucha contra el dúa Jaranka y los errores cometidos en la gestión del escándalo de los espías rusos. Por un lado, saltó a la luz que durante la campaña electoral uno de los hijos del presidente, Don Jr, invitó al despacho principal de la Torre Trump a toda una delegación de supuestos agentes rusos porque estos le dijeron que tenían secretos que implicaban a Hillary Clinton. En la reunión estarían Jared e Ivanka, así como Don Jr, y Trump se libró porque nadie lo mencionó entre los presentes. Al poco tiempo, salieron en Wikileaks publicados los correos comprometedores de Hillary Clinton y que supusieron que el fiscal se pusiese a investigar y que, a la postre, hiciese peligrar su carrera presidencial.
Tras saltar el escándalo, en el era tan cantoso como que la reunión se organizó en la torre Trump, las culpas cayeron sobre Don Jr. El autor del libro señala que tanto él como el otro hermano eran gente sensata que llevaban bien los negocios inmobiliarios del padre pero que cayeron en la novatada. El autor comenta que estaba empezando la carrera electoral y nadie daba nada porque Trump saliese presidente, ni él mismo. Jared y Don pensaron echarse unas risas jugando sucio sin pensar que eso les iba a costar un buen escándalo tiempo después.

El segundo error de esta crisis fue que Trump decidió despedir al director del FBI porque quería investigar la trama rusa y, al parecer, los fiscales también empezaron a interesarse en los negocios familiares de Trump con los rusos, lo que el presidente les prohibió investigar sin mucho éxito. El autor cuenta que Bannon consideró que Jared e Ivanka estaban detrás de la destitución del director del FBI, lo que era ir contra toda la institución, algo de lo que luego el propio presidente se avergonzó. Bannon consideró que Jared e Ivanka habían ido demasiado lejos. Dado que la trama rusa y el despido del jefe del FBI no fue bien llevado por los jefes de prensa, empezaron a despedir a cargos como el del jefe del gabinete, sustituido por el general Kelly. Jared e Ivanka incluso metieron a un jefe de prensa, un yuppie llamado  Scaramucci y apodado El Gorrón, que estuvo mendigando un puesto en la Casa Blanca (para obtener desgravaciones fiscales, sugiere el autor) y que solo duró diez días en el cargo tras sus meteduras de pata, conducta inapropiada para el cargo y su palabrería. Tuvieron que nombrar a un nuevo jefe de gabinete para que echase al Gorrón, ya que el anterior había dimitido en protesta por dicho nombramiento. Bannon creyó que era hora de echar a Jared e Ivanka, algo que también se planteó el general Kelly, pero Trump dio largas.

Una de las quejas de Trump es que tras dimitir un fiscal (del que se habían aprovechado de uno de sus informes para echar al jefe del FBI), el presidente nombró a otro y este continuó con la investigación de la trama rusa. Trump se enfadó porque consideraba que el fiscal había sido un empleado desleal pero le explicaron que el problema no eran las personas, sino las instituciones. Cambiaban las personas pero la maquinaria seguía funcionando.

Otra crisis fue la de Afganistán. Un general pidió refuerzos de 50.000 hombres en ese país pero Trump se negó a mandar a nadie más, tras 16 años en un atolladero. Consideró que bastaba con enviar 5.000, los justos para no perder la guerra.

También hubo otra crisis con Corea del Norte, cuando Trump dijo que si ese país no se atenía a las normas, caería sobre él una tormenta de fuego. También hubo un escándalo cuando un grupo neonazi se manifestó contra el traslado de una estatua del general confederado Lee de Charlotteville y hubo una pelea con contramanifestantes de izquierdas. Un extremista de derechas lanzó su coche contra la multitud y causó un muerto y 20 heridos. Trump dijo que “todos” debían ser pacíficos sin condenar expresamente el racismo y el segregacionismo, razón por la que tuvo que rectificar en un conmovedor discurso en favor de la igualdad racial aunque todos sabían que no se creía nada de lo que decía. La prueba es que poco después volvió a ser el Trump de siempre y echó la culpa también a los manifestantes de izquierdas que habían ido allí a montarla. El autor sugiere que ancestros de Trump pertenecieron a un grupo racista contra los afroamericanos.

Tras estas meteduras de pata, Bannon veía siempre la mano de Jared, Ivanka y la eficiente secretaria Hope, que obedecía todas las órdenes de Trump a rajatabla sin pararle los pies. El autor dice que llegó un momento en que parte del equipo de la Casa Blanca se dio cuenta de que el presidente no estaba bien y algunos hicieron las maletas. Otros cayeron. Finalmente, también cayó Bannon, que tampoco había asistido a las vacaciones de Trump en un club de golf, después de comentar que China era el único problema y que vendrían guerras comerciales, un legado que soportaría la próxima generación. Estas declaraciones le obligaron a marcharse de la Casa Blanca y él volvió a la sede de Bravetbart junto a su secretaria. Su idea era convertirse en líder del populismo trumpista, pero sin Trump, y ser presidente de EE.UU. en el 2020, ya que aún contaba con el apoyo de sus mentores millonarios. El libro concluye con que Bannon cree que la revolución del trumpismo rompió las instituciones y que al extremismo de derecha surgirá otro extremismo de izquierda, lo que romperá aún más las instituciones, lo que creará un gran conflicto. Se trata de una destrucción de las instituciones. Dice que aún no sabemos la que se nos va a venir encima.

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Resumen del libro "Fake news. La verdad de las noticias falsas", de Marc Amorós Garcia (2018)


Resumen original y actualizado en:
https://evpitasociologia.blogspot.com/2018/08/fake-news-la-verdad-de-las-noticias.html

Resumido por E.V.Pita, doctor en Comunicación, licenciado en Sociología y Derecho.

Sociología, comunicación social, posverdad, comunicación de masas, Internet, fake news

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Título: "Fake news"

Subtítulo: "La verdad de las noticias falsas"

Autor: Marc Amorós Garcia

Prólogo: Jordi Évole

Fecha de publicación: 2018

Editorial: Barcelona, Plataforma Editorial

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Biografía del autor (2018)

El libro no aclara si es un autor real (un periodista televisivo) o un pseudónimo elegido por profesores de periodismo de la Universidad Pontificia de Álava.

Para averiguar la verdadera identidad hay que ir a www.marcamoros.com

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Texto de la contraportada

¿No saben qué son las fake news? ¿Lo sabes y crees que no van contigo? ¿Te crees capaz de diferenciar una noticia falsa de una noticia verdadera? ¿Compartes noticias en Internet sin importante si son o no verdad? 

¿Crees que las fake news son broma? ¿Piensas que las fake news no son peligrosas? ¿Crees que las fake news son un fenómeno pasajero? ¿Te llamas Donald Trump? ¿No te llamas Donald Trump pero quieres saber por qué ha puesto de moda las fake news?

¿Todos los amigos de tus redes sociales piensan como tú? ¿Piensas que tu opinión es la mejor y es indiscutible? ¿Te gustan las noticias que te dan la razón aunque sea mentira?

Lee este libro 

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ÍNDICE

Parte 1...What the fuck, fake news !

1. ¡Extra, extra! Fake news !

2. Las fake news no son ningún juego

3. Las fake news no son broma.

4. ¿Qué son las fake news?

5. ¿Quién fabrica las fake news?

6. Las fakes news siempre tienen prisa, ¿y tú?

7. Lo veo, lo creo. Aunque sea fake

8. Las fake news son interesadas, no interesantes

9. Las fake news son un negocio

10. ¿Quién difunde las fake news?

11. Cocinando fake news: ingredientes, platos estrella y una fórmula mágica

12. Las fake news son caramelos envenenados


Parte 2 ... ¡Peligro! Fake news

13. ¿Pican? Contigo un millón, gilipoll.,,

14. ¡Qué miedo! ¡Qué fuerte! ¿Qué fake?

15. Fake news, sin escrúpulos, mejor

16. Las fake news molan tanto... que perdemos la razón

17. Las fake news son contagiosas

18. ¿Qué tienen las fake news para que las compartamos?

19. Doce razones por las que nos creemos las fake news,

20. Las fake news dividen: eres de los míos ¿verdad?

21. Cinco trampas de cerebro ante las fake news

22. Las fake news son peligrosas


Parte 3. Las fake news perjudican seriamente al periodismo

23. ¿Dónde ha estado el periodismo estos años?

24. Rumores y fake news, ¿son lo mismo?

25. Rumores y fake news: el ejemplo del atentado de Barcelona

26. Muertes, fake y Lou Reed

27. Y esto ¿quién co*o lo dice?

28. Trump y las fake news: Make Journalism Great Again ?

29. ¿Alguien ha visto la verdad del periodismo?

30. Make Journalism Powerful Again.

31. ¿Cómo nos informamos hoy en día?

32. Todos somos ya un medio de comunicación

33. Bienvenido a tu realidad deseada


Parte 4. Contra las fake news: plan de ataque

34. ¿Cómo detectar fake news?

35. Cinco ideas contra las fake news.


Parte 5. Bienvenidos al fake world

36. Fake news, la nueva droga

37. Fake news y posverdad

38. Fake news y gente fake

39. Fake news, fake world ?

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RESUMEN

El libro se hace eco de cómo funcionan los bulos y las fake news que "rulan" por Internet y las redes sociales. Por un lado, el autor señala que la proliferación de estas noticias falsas serán la mitad de las noticias en el 2020. El autor o autores alertan de que una sociedad con una mala salud informativa vive condenada a la ceguera y como no podemos confiar en las noticias, solo nos creemos las que reafirmen nuestro pensamiento y nos volvemos ciegos y sordos a las informaciones que nos quiten la razón. Las fake news refuerzan nuestros prejuicios y opiniones preconcebidas y contribuyen a polarizar la actualidad de forma más radical. Nos adentramos en una sociedad de la desinformación.

Por otra parte, señalan que detrás de una fake news que circulan gratis siempre hay un interés oculto, generalmente económico o ideológico, porque el difusor obtiene muchas visitas y gana mucho dinero en publicidad, o bien difunde un mensaje con contenido político para difamar al contrario.

Los autores analizan por qué la gente "compra", cree y comparte las noticias falsas en Internet. Por un lado, explican que no es tan fácil distinguir una noticia falsa de una verdadera. Como prueba, dan diez titulares rocambolescos para ver que no es tan sencillo descubrir una fake news. Recalcan que estas noticias no se crean por diversión sino para obtener un beneficio.

Hay algunos autores de fake news que son bromistas o quieren echar un cable a su candidato difamando al rival. Creen que hacen lo correcto al calumniar al otro. Otros se las creen y se meten en líos.

Ponen ejemplos de fake news como el Pizzagate (se acusaba falsamente a Hillary Clinton), o la Guerra de Cuba y el millonario Hearst que difundió en su cadena de periódicos la noticia sospechosa de que un comando de las fuerzas especiales de España había hundido el acorazado Maine de los USA en 1898, lo que precipitó la guerra, que terminó con la pérdida de las colonias.

El libro resalta que "las fake news son informaciones falsas diseñadas para hacerse pasar por noticias con el objetivo de difundir un engaño o una desinformación deliberada para obtener un fin político o financiero".

Respecto a quién fabrica las "fake news", explican que el autor bromista busca una imagen falsa, un título falso e impactante, un poco de texto para darle apariencia informativa y una descripción para llamar la atención a los curiosos. Uno de los autores más famosos de "fake news" es un joven de 19 años de Veles en Macedonia, que sembró la campaña electoral de Trump y Hillary de noticias falsas porque conseguía muchos clics, lo que le generó mucho dinero en publicidad. Muchos de su pueblo lo imitaron y pasaron a ganar 30.000 euros al mes.


A esto se suma que la inteligencia artificial está siendo muy eficaz en crear noticias falsas.

Otro de los temas que examinan es la rapidez con que se difunden las fake news, donde importa más ser el primero que los más certeros. Ante una información dudosa o no contrastada suficientemente, recomiendan no correr. Esto se debe a que vivimos en tiempos inmediatos y hay que ser el primero.

Otro factor que influye en las fake news es que van acompañadas de imágenes, que se memorizan mejor que los textos. Los fabricantes de noticias falsas usan desde retoques por Photosop, hasta fotos descontextualizadas o que se hicieron en otras fechas.

Respecto a los intereses económicos, es más barato producir noticias falsas que verdaderas. Pone como ejemplo The National Report o Victory Lab. Sirven para crear "trending topic" gratis sin invertir nada.

A ello se suman los intereses ideológicos y partidistas.

Quienes difunden las "fakes" son bots o programas informáticos que imitan el comportamiento humano y comparten el contenido en las redes sociales. Detrás hay empresas, partidos, lobbies o grupos ideológicos que buscan manipular a la opinión pública. Es lo que se llama "sembrar" fake news.

Algunos tipos de fake news son las: noticias parodia (humorísticos), noticias engañosas, noticias impostoras, noticias fabricadas, noticias falsamente conectadas, noticias con contexto falso y noticias manipuladas.

Las humorísticas o satíricas (como "El Mundo Today") son fácilmente reconocibles porque ya se ve que son una broma.

En cuanto a las ideológicas, manipulan la verdad para adecuarlas a un marco afín a nuestras creencias.

El autor o autores establece una fórmula para hacer una fake news:

IP (impacto) x A (ambigüedad) + IT (interés) x DF (difusión) + RA (rapidez) = FKN (Fake news)

Hace falta tener un buen impacto, un relato informativo que parezca creíble, un interés económico o ideológico, y si la difusión es muy rápido es más difícil que alguien descubra la verdad.

Las fake news parecen muy jugosas y apetecibles pero son caramelos rellenos de veneno.

Además de tener un titular impactante, una fake news debe tener un titular impactante, una revelación que nos reafirma o nos indigna y una apariencia legítima y confiable.

Los autores señalan que la indignación y el miedo son grandes motores para visualizar fake news porque los lectores las comparten y viralizan. Quieren que gane la emoción, que prime sobre la reflexión.
El libro analiza varios casos de famosas fake news.

A todo ello, las fake news buscan dar una noticia de tal magnitud, de tal impacto, de tal relevancia que nuestra primera reacción no sea otra que compartirla rápidamente con todos nuestros contactos. Buscan que creamos tener una exclusiva mundial entre manos. Por eso, son tan contagiosas, porque tenemos una necesidad irreflenable de compartirla rápidamente.

Los autores también dan la clave por la que compartimos fake news: Una buena noticia falsa es la que refuerza nuestros prejuicios y opiniones. Para ponderar las noticias que nos llegan, están los hechos, no nuestras emociones. El libro sostiene que queremos que los demás también nos digan que están de acuerdo con nosotros.

Nos creemos las fake news porque tenemos fe, porque nos dan la razón, porque nos suben la autoestima, porque nos gustan las mentiras, porque nos autoengañamos sin parar, porque molan mucho, porque vienen a buscarnos a por nosotros, porque no nos importan de dónde salen, porque son tramposas, porque son emocionantes, porque nos impulsan a compartirlas o porque se aprovechan de nuestra desconfianza en el periodismo.

Estas son las trampas del cerebro: el cerebro siempre quiere darnos la razón, el cerebro etiqueta fatal las noticias virales, el cerebro siempre busca aliados, el cerebro se autoengaña y el cerebro lleva fatal recordar con exactitud.

Los autores aseguran que las fake news son peligrosas porque destrozan la mente de la gente y pueden llegar a reescribir nuestra memoria de la historia. La mente termina por etiquetar como cierta toda la información que no recordamos con exactitud pero que nos suena de algo (según la psicóloga Danielle C. Polage). Se resumiría así: "Nuestra memoria es magnífica para olvidar que una noticia falsa sea falsa".

Los autores creen que, en parte, el auge del fake news viene asociado con el descrédito de la prensa, que no filtró bastante las noticias publicadas.

Un rumor se convierte en fake news por la falta de temas noticiosos importantes e interés para el público, la negligencia al recolectar información que lleva a publicar datos erróneos o escasos, la ambigüedad en una noticia, la inmediatez y la necesidad de primicias, la no confirmación de datos, la falta de fidelidad en relación con las fuentes, la intencionalidad al ocultar información que no se quiere dar a conocer, el deseo de transmitir una idea propia disfrazada de creencia popular y el desconocimiento de la causa o hecho sucedido.

Sostienen que, desde hace mucho tiempo, la verdad para el periodismo ha dejado de ser incuestionable para ser interpretable. Se está personalizando la verdad, lo que se llama la posverdad, para crear "mi" verdad o "nuestra" verdad. Se trataría de dar una información "al gusto del consumidor".

Señalan que la verdad ya no es intocable, "ahora es personalizable". Varios diarios on line falsean la noticia.

Otra cuestión que apunta el autor/es es que la información ya no vale nada, ahora es gratis, debido a la digitalización del periodismo que lo ha abocado a una crisis económica, afectando a su deontología de forma grave. Los ingresos de los diarios on line deben generarse a base de clics y la web debe refrescarse constantemente. Señalan que la calidad de la información ha bajado, baja y seguirá bajando. Y la de los periodistas. Es el precio que hay que pagar por tener noticias gratis, dicen los autores.s,
A esto se añade que las noticias, ya no se hacen para informar, sino para que el lector pique (y genere tráfico en sus portales). De ahí que surgen titulares engañosos, rumores que se disfrazan de noticias o las fotografías impactantes como "ganchos".

Los autores proponen recuperar el periodismo mediante cinco prácticas: No crear ni publicar más fake news, no usar el poder del periodismo por interés propio ni de nadie, ser independientes, primar los hechos y alejarlos de toda opinión y abandonar el periodismo de declaraciones y apostar por el periodismo de investigación.

Por este motivo, el mismo libro apuesta por el periodismo de investigación: no olvidarse nunca más del "fact checking" (verificación de datos, algo que debía formar parte de la rutina periodística). De todos modos, la noticia falsa circula mucho antes de descubrir que es falsa.
Otra de las exigencias es que haya un periodismo de hechos, no de dimes y diretes.
La tercera idea es pagar por informarnos, pagar por un periodismo e independiente.

El libro recuerda que el periódico de papel y las redes sociales crean periodismos distintos. En Internet, las noticias vienen ya sin garantías (frente al papel como garante de fiabilidad y veracidad de las informaciones). Además, en las redes, una "fake news" tiene la misma capacidad de viralizarse que un hecho auténtico e informativo.

A todo ello se suma que las noticias viven y se reproducen dentro de burbujas de opinión (que se comparten en chats y grupos reducidos, como WhatsApp, lo que tiende a reafirmarnos dentro de una comunidad). El libro insiste en que: "Esta manera de informarnos y de compartir noticias a través de nuestras burbujas de opinión que voluntariamente nos hemos creado en las redes es, como estamos viendo, el escenario ideal para el éxito de las fake news".

Añade que ahora toda la gente es un medio de comunicación, no solo somos consumidores sino que también lo compartimos. Eso sí, somo un medio que solo refleja nuestra verdad, "mi" verdad. Dicen que "este es el verdadero cambio de paradigma": tener un periódico o una televisión era muy caro pero ahora la información se ha democratizado y cualquiera puede escribir un blog, colgar noticias en Facebook, o hacer noticias interesadas o fake news. Eso nos convierte a cada uno en un medio de comunicación en las redes sociales.

Finalmente, el libro aborda la información-burbuja de opinión que generan WhatsApp, Twitter o Facebook y de las que "somos rehenes": "¿Tenemos la sensación de vivir encerrados dentro de una burbuja de gente afín a nosotros en la que está prohibido llevar la contraria?". Todo esto se debe a los algoritmos de búsqueda de Internet que se programan con un objetivo: hacernos felices, por lo que filtran las búsquedas con nuestra forma de ser, gustos y clics anteriores. "Las fake news son un virus que pretende invadir nuestra burbuja de opinión y tomar su control", señalan. Recalcan que un 52-53% de la gente no escucha a los que están en desacuerdo con nosotros y tampoco cambiamos de opinión en temas sociales importantes, y somos 4 veces más propensos a ignorar una información si es contraria a nuestras creencias. "Vivimos, en realidad, encerrados dentro de nuestro propio informativo irreal: Así que bienvenido a tu realidad deseada".

Para detectar una fake news proponen fijarse en estas características: el contenido de la noticia es irreal o poco verosímil, el medio en el que aparece publicada no es confiable o tenemos dudas sobre ello, el titular de la noticia es demasiado alarmista, ridículo o improbable, no se sabe quién firma la noticia, tras contrastarla es fácil concluir que es falsa, y el sentido común, la lógica y nuestro bagaje cultural así lo dice.

Además, hay que hacerse las siguientes cuestiones: ¿De dónde sale esta noticia? ¿Cómo está redactada y diseñada la noticia? ¿Quién firma la noticia? ¿Qué emociones provoca la noticia? ¿Miedo, indignación, darnos la razón? ¿De dónde salen las fotografías? ¿Es coherente en el tiempo lo que cuenta la noticia? ¿Serán ciertos los datos de la noticia? ¿Intuyo algún interés partidista o ideológico en la noticia? ¿Se ve claramente que es una broma? ¿Qué gano compartiendo la información?

Por este motivo proponen que haya un mejor periodismo, con más hechos y menos opinión. Además, hay que hacer todo lo posible para reducir su difusión (Google y Facebook ya están haciendo cambios en sus algoritmos para detectar fake news), convertirnos todos en unos cazadores de fake news (Dan Gillmor ha lanzado Wikitribune, un periódico on line dedicado a desmentir fake news). El libro añade que hay que acabar con la impunidad de las fake news y recuerdan que "sin pasta" no hay paraíso para las fake news.

Recalcan que las fake news son una nueva droga por el placer de tener razón, de ser aceptados por los demás, el placer de estar de acuerdo y de sentirnos conectados. "Nos dan placer y adicción porque las fake news satisfacen constantemente una necesidad más o menos inconsciente que tenemos como consumidores de información, la necesidad de encontrar noticias que nos reafirmen en nuestra verdad". Lo comparan con la sociedad distópica que describe la novela Un mundo feliz, de Aldous Huxley.

Todo esto desemboca en la posverdad (reinado de emociones y creencias personales por encima de los hechos contrastados): "¿Qué papel juegan las fake news en la posverdad?", se preguntan los autores. "Las fake news son el tren de alta velocidad que nos lleva directos a la posverdad". Advierten que todas estas ideas erróneas pueden establecer una opinión pública fácilmente reproducida pues para mucha gente solo ven lo que leen en Internet, las webs y las redes sociales son su única fuente de información y además se apresuran a compartirla sin analizarla. "Se está perdiendo la batalla", dice el libro.

Finalmente, analizan dos casos de "gente fake": una señora que dijo ser superviviente del 11-S y era todo falso, lo mismo que un supuesto superviviente de los campos de concentración. Este último lo justificó así: mintió para resaltar la verdad, enriqueció el relato, lo hizo por bondad, contó lo que otros le contaron, captó más la atención y evangelizó.

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Resumen del libro "Miedo. Trump en la Casa Blanca", de Bob Woodward (2018)

Resumen original y actualizado del libro en:

Resumen elaborado por E.V.Pita, doctor en Comunicación, licenciado en Derecho y Sociología

Sociología, política, Estados Unidos, populismo

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Ficha técnica

Título: Miedo

Subtítulo:  en la Casa Blanca

Título en inglés: Fear. Trump in the White House

Autor: Bob Woodward

Año de publicación: 2018

Edición en español: Roca Editorial, Barcelona, 2018

Páginas: 454

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Biografía oficial del autor Bob Woodward (hasta 2019)

Bob Woodward es editor adjunto de The Washingtong Post, donde ha estado trabajando durante 47 años. Ha conseguido dos Premios Pulitzer, uno por la cobertura del escándalo Watergate para el Post junto a Carl Berstein, y otro, en 2003, como principal reportero que cubrió los ataques terroristas del 11 de septiembre. Es autor y coautor de 18 libros y todos ellos han llegado a ser best-sellers de no ficción. Doce de ellos han llegado al primer puesto de los más vendidos en Estados Unidos.

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Texto de la solapa

"La historia del presidente Trump desde dentro, como solo Bob Woodward podría contarla. Con ese forma de comunicar tan autoritaria, perfeccionada durante ocho presidencias desde Nixon a Obama, el autor Bob Woodward revela con una minuciosidad sin precedentes la tormentosa vida del presidente Donald Trump dentro de la Casa Blanca, así como los detalles intrínsecos sobre la toma de decisiones en política nacional e internacional.

Miedo es el retrato más íntimo que se haya publicado sobre un presidente en el poder durante su primer año de mandato.

Woodward extrae su información de cientos de horas de entrevistas con fuentes de primera mano, anotaciones de reuniones, diarios personales, archivos y documentos. Lleno de detalles del día a día, diálogos y documentación, Miedo hace un recorrido por las decisiones trascendentales en asuntos de ámbito internacional y nacional, y nos ofrece vívidos detalles de las negociaciones entre los abogados de Trump y Robert Mueller, el fiscal especial en las investigaciones sobre Rusia, exponiendo públicamente por primera vez las discusiones y estrategias que se fueron planteando reunión tras reunión. Revela cómo los altos cargos de la Casa Blanca de Trump tuvieron que organizarse para robar proyectos de decreto del Despacho Oval del presidente para que no creara normativas que pusieran en jaque operaciones de inteligencia cruciales.

"Era, prácticamente, un golpe de Estado administrativo - escribe Woodward-, una crisis nerviosa del poder ejecutivo en el país más poderoso del mundo"

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ÍNDICE

El libro tiene 42 capítulos pero no constan sus títulos

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RESUMEN

El autor recalca que todas sus fuentes fueron verificadas y se amparan en el anonimato. Cuenta lo ocurrido en la Casa Blanca, incluidas conversaciones privadas del presidente Trump, con sumo detalle. El propio presidente señala en múltiples comentarios qué bien lo hace el New York Times al conseguir informaciones de 32 fuentes distintas.

El libro arranca cuando el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, en la Casa Blanca, exige a sus subordinados que redacten un borrador para abandonar el acuerdo de protección y comercio de Corea del Sur porque Estados Unidos tiene que pagarlo todo y los asiáticos son protegidos gratis. En un despiste, un ayudante retira el borrador de la mesa y lo destruye. Trump no se da cuenta y se olvida del tema.

El autor se pregunta si los colaboradores de Trump han dado un golpe palaciego con el objetivo de salvar el país de la ruina económica, al retirarse de tratados clave como los acuerdos Nafta (tratado comercial de EE.UU,, Canadá y México), el Tratado de París sobre el Cambio Climático o bien de otros como el de Corea del Sur, la retirada de Afganistán.

El libro arranca con la campaña electoral en la que Trump, a punto de arrojar la toalla decide seguir adelante, después de meter la pata con unos comentarios machistas y vejatorios hacia las mujeres, lo que le costó una bronca de su esposa, la cual lo defendió en público diciendo que ese no era el marido que conocía. Es ahí cuando sus colaboradores ven que él no quiere retractarse jamás porque lo ve como signo de debilidad. Echó la bronca a un ayudante porque se disculpó por él en la televisión: "Te has mostrado débil". Y lo echó del equipo. El estratega Steve Bannon logró la victoria de Trump animándole a seguir y centrándose solo en tres cuestiones: hacer América más grande, el problema de la inmigración y el muro y el regreso de las manufacturas. Sorprendentemente, Trump ganó las elecciones contra Hilary Clinton, algo que él ni se esperaba.

Uno de los personajes clave y que aparece como el más sensato es Cohn, un antiguo directivo de Goldman Sachs. El colaborador le intenta convencer de que la economía de Estados Unidos ha cambiado: donde antes había una sastrería en el centro de Nueva York ahora hay una cafetería de Starbucks, las manufacturas se han ido a países más baratos porque a cambio producen bienes más baratos a los estadounidenses. Al irse las manufacturas, ahora hay más empleos en el sector servicios (y EE.UU. se ha convertido en una nación posindustrial). Cohn aparece retratado como un globalista que está en contra del proteccionismo y que intenta convencer al presidente de que retirarse de los tratados internacionales les hará perder comercio.

Otro frente de los colaboradores es Corea del Sur, importante socio comercial y aliado de Estados Unidos. Trump quiere retirarse del tratado comercial porque pierden dinero pero sus generales le convencen de que es necesario que EE.UU. siga en Corea porque sus bases detectaría el envío de misiles continentales desde Corea del Norte a Estados Unidos y podrían destruirlos a tiempo. Estar en Corea del Sur saldría más barato que enviar tres portaaviones a hacer el mismo trabajo. Del mismo modo, Trump argumenta que su amigo el presidente de China le está ayudando a controlar al dictador de Corea del Norte.

Respecto a Afganistán, Trump quiere retirar las tropas porque el Ejército no está ganando dinero allí. Los militares le convencen de que no se puede ir porque parecería que los talibanes han ganado la guerra (un empate técnico, en realidad) y por otra que no pueden permitir que el país se vuelva a convertir en un nido de terrorismo internacional. Trump acepta el argumento de evitar que Afganistán se desestabilice, por lo que manda un aviso a los talibanes para decirles que ni ellos han ganado la guerra ni los americanos tampoco.

En cuanto a Siria, una de las primeras órdenes de Trump fue eliminar al ISIS en Siria. Acusa a Obama de ser demasiado blando, lo que generó 400.000 fallecidos por no haber intervenido antes. Trump bombardea una base siria cuando el presidente sirio ataca con gas letal a unos bebés, según unas fotos que le mostró indignada su hija Melania. Un congresista (Graham) le recomienda a Trump: "Diles que tampoco tolerarás que lancen bombas de barril a los niños".

Sobre Oriente Medio, el yerno de Trump convenció al presidente para organizar una cumbre con el favorito de Arabia Saudí, conocido como MSB, el príncipe heredero del trono. La cumbre se organizó en un tiempo récord y reforzó el papel del delfín. Los sauditas compraron armamento americano por millones de dólares, lo bastante espectacular para contentar a Trump. El papel de los saudíes era crear un contrapoder a Irán en Oriente Próximo y aislar más a este competidor, potencia rival en la zona que además intenta dotarse de armamento nuclear, según las acusaciones de EE.UU. De todos modos, Trump no tiene claro por qué EE.UU. debe estar metido en el avispero de Oriente Medio.

En el libro se refleja la personalidad de Trump, que no da su brazo a torcer y que nunca admite estar equivocado, ni siquiera cuando el ataque racista de Charlotville, en la que un supremacista atropelló a unos manifestantes progresistas. El presidente escribió en Twitter que hubo violencia entre los dos bandos pero sus colaboradores le convencieron para retractarse apelando a la unión del país. Al leer el comunicado, parecía un rehén leyendo a punta de pistola el comunicado. Luego, intentó retractarse otra vez.

Otro de los detalles que se da de Trump es que vive permanentemente conectado a la televisión en su dormitorio mientras examina las tertulias, lo que dicen de él y luego larga su opinión y críticas por Twitter, atacando a los tertulianos desafectos.

El autor también menciona la preocupación de Trump por la trama rusa y cómo intentó echar a los fiscales que le estaban investigando. Se obsesionó con el tema y llamó al mejor abogado de la ciudad, que le cobraba un precio de amigo de 100.000 dólares al mes. En el libro, se narra como el letrado intenta que Trump no declare a las preguntas del Congreso porque "miente más que habla" y se cansaría de contestar las preguntas al cabo de un rato, para ocultar que ignora algún dato lo camuflaría improvisando respuestas (generalmente, más mentiras), por lo que además de ser un metepatas podría incurrir en perjurio al Congreso sin quererlo. El abogado intentó negociar con el fiscal un acuerdo escrito en el que Trump respondía en un documento a las preguntas (para no tener que hablar y meter la pata) pero el presidente, tras muchos dimes y diretes, se negó. Finalmente, el fiscal se olió que había algo podrido y decidió continuar con el caso, por lo que incluso el libro se pregunta si el abogado de Trump cayó en una trampa.

Otro aspecto de Trump es su falta de empatía con sus colaboradores. Cuando no lograron aprobar la derogación del Obamacare, despidió sin tapujos al responsable. Pasado un tiempo, lo llamó a ver qué tal le iba como si hubiera pasado nada. El autor supone que Trump no tenía conciencia de haber herido a su ayudante debido a su egoísmo y total falta de empatía hacia los demás.

En cuanto al círculo más cercano de Trump, los que han visitado la Casa Blanca definen a cuatro personas (Ivanka Trump, Steve Bannon y otros dos) como depredadores naturales. "Es como meter un tiburón y una foca o a una serpiente y un ratón en un zoo sin paredes", dice un ayudante. Los familiares son asesores que entran y salen del despacho del presidente o se quedan a oír las conversaciones sin que nadie les pueda decir nada. Tras el cambio de personal y la llegada de Kerry, no se cortó esta anomalía pero se intentó dejarles claro a Ivanka y Jared que ellos no eran nadie.

El autor también se refiere al gatillo fácil de Trump respecto al envío de "tuits", incluso informando de destituciones un minuto después de hablar con el interesado y nombrando a su sucesor sin avisarle. Sus comentarios han causado dolor de cabeza.

El autor incluso empatiza con Trump al ver que se trata de una persona sensata cuando hay que tomar decisiones militares al estudiar acciones muy proporcionadas y que no causen víctimas. Por ejemplo, culpabla a Obama de no haber actuado en Siria y haber generado un caos que propició el ISIS. Trump ordenó eliminar al ISIS como una de sus primeras órdenes y luego tomó represalias por un ataque químico a niños, presuntamente, ordenado por el presidente sirio y con armas prohibidas por la ONU; Trump se decantó por un ataque a una base aérea siria por la noche para minimizar las bajas, llamaron a los rusos para avisarles una hora antes del ataque y hubo daños materiales pero parece que no hubo muertes. Fue la forma de Trump de lanzar su mensaje a Siria: si vuelve a haber ataques, da igual si es con agentes químicos o con barriles explosivos, volverá a haber represalias.

Respecto a Afganistán e Irak, Trump quería retirar a todas las tropas pero los militares le convencieron de que eso supondría irse derrotados y, además, dichos países entrarían en el caos. Trump aprobó el envío de más militares, los justos para mantener el orden. Poco a poco en el libro se empieza a perfilar que los muhaidines y talibanes han luchado duro y Trump asimila que están en un momento de "empate técnico". Aunque el libro no lo cuenta, apunta a que el presidente estaría atisbando un arreglo o negociación de algún tipo con los talibanes para zanjar el conflicto que se prolonga desde hace 18 años. 

Trumop también aprobó misiones ultrasecretas en Yemen en las que algo salió mal y hubo muertes de comandos americanos. Trump era una buena persona y llamó personalmente a las familias de los fallecidos para darles sus condolencias, agradecer sus servicios al país y comentar qué guapos eran los hijos que veía en las fotos del expediente, fuera real o no, y su mensaje de condolencias fue convincente. A medida que pasaba su mandato, Trump tuvo que hacer muchas llamadas para reconfortar a las familias, un trabajo muy duro pero que sobrellevó.


Después, el autor critica a Trump por su intento de dejar sola a Corea del Sur porque le salía muy caro la protección militar a ese país y subvencionarlo con tratados comerciales ventajosos para Seúl. Los asesores le intentaron convencer de que era más barato tener tropas en Corea del Sur para detectar a tiempo un lanzamiento de misiles intercontinentales desde Corea del Norte que la base estadounidense de Seúl podría detectar en 12 segundos e interceptarlo a tiempo. La otra opción, si Trump se retiraba del acuerdo comercial con los surcoreanos, era detectar el paso del misil en Hawai diez minutos más tarde y esperar a que explotase en la costa de Los Ángeles. Dado que Trump pedía continuamente un borrador para irse del acuerdo comercial con Sur Corea, que él calificaba de "estafa", sus colaboradores le escondían el borrador entre una montaña de papeles para que se olvidase de ello o "birlaban" el papel discretamente del escritorio confiando en que Trump no se diese cuenta hasta días después y volviese a preguntar.

El autor considera que había un grupo en la Casa Blanca que estaba haciendo algo parecido a un "golpe de Estado" al hacer desaparecer documentos del presidente para que no adoptase cierta línea de gobierno con Corea del Sur contraria a los intereses de los actuantes, aunque estos dijesen que lo hacían por el bien del país.

La última parte del libro se centra en los intentos de su colaborador Cohn, un alto ejecutivo de Golman Sachs, que logró hacer una rebaja fiscal al gusto de Trump. Sin embargo, ambos estaban en desacuerdo en el proteccionismo y la globalización. Cohn, al igual que el yerno de Trump, Yared, (un demócrata infiltrado en la Casa Blanca), estaba a favor de la globalización y el libre comercio e intentó convencer a Trump de cómo funcionaba el mundo y de por qué no era tan rentable subir los aranceles ni entablar guerras comerciales. La razón es que la globalización abarata muchos productos: si subía el arancel del acero para favorecer a las industrias metalúrgicas del Cinturón de Óxido (Rust Belt), otras empresas del país se verían perjudicadas por los altos precios del acero. Por este criterio, las pérdidas netas para las empresas del país podrían ser mayores que las ganancias de la industria local. [nota del lector: recordemos que la globalización se basa en los principios ricardianos de la ventaja comparativa; un país se especializa en lo que mejor sabe hacer y compra el resto a otro país especializado en vez de producirlo porque le sale más barato].

Tras diversas tensiones, Cohn acabó dimitiendo pero, al contrario que otros colaboradores que salieron despedidos a patadas, Trump le agradeció sus servicios y le abrió la puerta a que volviese cuando quisiese.

El libro termina con la marcha del abogado del presidente después de que el fiscal que investiga la trama rusa decida seguir adelante con el caso. Trump despide al letrado con elogiosas palabras pero el autor del libro cierra su investigación periodística con una conclusión: Trump es un "mentiroso compulsivo".

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Resumen del libro "No society", de Christophe Guillouy (2018)

Resumen original y actualizado en el siguiente link:
https://evpitasociologia.blogspot.com/2019/06/no-society-de-christophe-guillouy-2018.html

Resumen elaborado por E.V.Pita, doctor en Comunicación y licenciado en Sociología y Derecho

Sociología, clases sociales, estratificación social, desigualdad

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Ficha técnica:

Título: "No Society"

Subtítulo: El fin de la clase media occidental

Título original en francés: "No Society"

Publicado en 2018 (Francia)

Edición en español: Barcelona, 2019, Penguin Random House Grupo Editorial SAU

Número de páginas: 218

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Biografía oficial del autor Christophe Guillouy (hasta el 2019)

Christophe Guillouy (Montreuil, 1964) es un geógrafo que se alejó del mundo universitario para dedicarse a un trabajo de investigación aplicada. Es autor, entre otros, de L'Atlas des nouvelles fractures sociales en France (2004) y La France périphérique (2015), considerados libros de referencia. No Society es su primer libro dedicado a estudiar tendencias mundiales

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Texto de la contraportada

"El polémico ensayo que ha irrumpido con fuerza en el debate internacional.

"There is no society", dijo Margaret Thatcher en 1987. El mensaje caló en las clases dominantes occidentales y se ha producido una secesión entre la gente de arriba -que, abandonando el bien común, sumerge los países occidentales en el caos - y la más desfavorecida. Como resultado, se descompone la sociedad.

Crisis de la representación política, atomización de los movimientos sociales y gentrificación de las ciudades son algunos de los signos del agotamiento de un modelo que ya no construye sociedades. La ola populista que atraviesa el mundo occidental no es más que la parte visible de un "soft power" ejercido por las clases populares que obligará al mundo de los arriba o bien a unirse al movimiento real de la sociedad o bien a desaparecer.

Hace algunos años Christophe Guilluy acuñó el concepto de "Francia periférica", empleado hoy de manera muy generalizada, e hizo hincapié en el peligro del desprecio por parte del mundo mediático a las clases populares, y en la importancia del descontento de estas. Con este libro amplía su reflexión a un ámbito internacional: el Brexit, la elección de Trump o Bolsonaro y el auge de Vox en España dan cuenta del caracter internacional del fenómeno".

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ÍNDICE

Primera parte

Sobre las ruinas de la clase media, ha emergido el mundo de las periferias

1. Ha emergido el mundo de las periferias

2. El tiempo de la salida de la clase media

3. ¿Quién quiere ser deplorable?

Segunda parte

No Society

1. El repliegue de una burguesía asocial

2. El abandono del bien común

3. El caos tranquilo o la sociedad relativa

Tercera parte

El "soft power" de las clases populares

1. Un heartland popular o la inversión de los conceptos de potencia y poder

2. Ni guerra ni paz: la resistencia a la negación de las culturas

Conclusión: ¡Ayudémoslos a volver a la comunidad nacional!

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RESUMEN

La socióloga Saskia Sassen (Premio Príncipe de Asturias) lanzó en los 90 el concepto de ciudad global. París, Tokio, Londres, Nueva York o Barcelona son nodos cosmopolitas que atraen a las élites. Estos espacios urbanos de éxito están conectados con otras metrópolis que funcionan al margen de su periferia, más pobre y donde quedan atrapados los perdedores de la globalización. En la misma línea, Sergio del Molino destapó la crisis de la España vacía y el hundimiento del rural. Ahora, el geógrafo francés Christophe Guilluy, que acuñó la “Francia periférica”, acaba de publicar “No society”, un ensayo que denuncia cómo París se ha convertido en una ciudad global que agrupa a las élites, las cuales gentrifican el centro urbano y desplazan a los más humildes a la periferia.

 Mientras París y las grandes ciudades concentran el empleo y los negocios con otros nodos internacionales y disfrutan de las ventajas de la "globalización feliz", las provincias se hunden en el paro y pierden población. Guilluy concluye que estas ciudades globales aspiran a la autosuficiencia (una especie de ciudades-estado) y se desligan de la periferia marginada. Si los perdedores de la globalización reaccionan con un voto populista, la élite urbana les tilda de brutos, ignorantes, racistas o fascistas, como ocurrió con los votantes del cinturón de óxido de Trump, del Brexit, la ultraderecha europea o los chalecos amarillos, dice el autor.

Dado que la ciudad global atrae a los ganadores y a la clase dominante (los llamados "bobos", de bohemios y burgueses, en francés), estos la conforman a su gusto, lo que hace de efecto llamada a nuevos ricos. La subida del precio del alquiler en los centros urbanos expulsa a los habitantes humildes (la llamada gentrificación), que se deben acomodar en la periferia, así como a los "ghetos" y los "banlieues" y otros territorios disfuncionales. Los pobres se mudan a los barrios más alejados del centro, que se convierte en un distrito "chic" y bohemio solo asequible para personas de alto poder económico, y que suele coincidir con los mismos afortunados que se han enriquecido con la globalización. El nuevo modelo ya no integra a las clases populares, a los que un presidente francés llamó "desdentados".

Así, el autor sostiene que los de arriba se están separando de los de abajo y advierte que eso es peligroso en el sentido de que la alta burguesía siempre ha necesitado tener a un aliado de otra clase (normalmente, la clase media) como pegamento de cohesión social. Pero ahora, a causa de la precarización y el desempleo ocasionados por la globalización, la clase social se disgrega y diluye o, directamente, se hunde en las clases más bajas. Y esto no afecta a países en desarrollo sino al propio corazón de Occidente, como Francia o Estados Unidos, dice, cuya clase media ve cómo se pierden los valores del American Way of Life (el sueño americano) y su versión europea. Entre los perdedores no están solo los marginales de los suburbios, sino también los obreros, empleados, pequeños asalariados y jubilados modestos. Estas categorías,. antes opuestas, se reúnen poco a poco en una misma oposición, "unidas por el mismo sentimiento de relegación cultural y geográfica".

 Según señala Guillouy, poco a poco se van distinguiendo dos extremos: por un lado, los ultrarricos y triunfadores de la globalización, que se han "bunkerizado" en ciudades gentrificadas, y, por otro, los pobres y perdedores de la mundialización, que se quedan atrapados en la periferia. Este pegamento social constituía antes la sociedad por lo que ahora hay una "no society", el desentendimiento y abandono de los de arriba hacia los de abajo. No solo se sacrificó a la clase obrera, como pretendía Margareth Thatcher en 1978 al decir: "This is no society", sino a la propia sociedad. "Esta ruptura de la relación, aunque fuese conflictiva, entre arriba y abajo y el abandono del bien común, nos hunde en la asociedad", dice el autor.

Entre los factores que contribuye a la "no more society" incluye la crisis de la representación política, la atomización de los movimientos sociales, las burguesías que se encierran en sus fortalezas, las clases populares que se asilvestran y el comunitarismo ("segregacionismo étnico"). Estos son los síntomas del agotamiento de la sociedad. De ahí surge la secesión de los ricos, el hundimiento del Estado del Bienestar, las paranoias y tensiones identitarias. El autor añade que las clases populares reaccionan preservando su capital social y cultural.

El autor explica que los políticos mantienen el mito de la clase media como clase social mayoritaria e integrada que se beneficia de las ventajas del progreso y de un capitalismo en permanente mutación (a pesar de que los investigadores alertan desde hace décadas de la pulverización de la clase media). Según el autor, los políticos, los medios y los académicos transmiten este mensaje tranquilizador. Aquellas minorías excluidas y marginadas se benefician de unas políticas benignas. Pero bajo este mito subyace otra realidad secreta disimulada desde hace décadas: el progresivo alejamiento y desvinculación política y cultural masiva de la mayoría de las clases populares. Aunque las clases dominantes elogian la multiculturalidad, no la sufren porque van a colegios privados y viven en elegantes barrios, dan sermones desde sus cómodas burbujas alejadas de los conflictivos suburbios. Y este huir de las minorías es algo general, de forma que solo quedan barrios con "mayorías", ya que el resto se ha marchado por miedo a la inseguridad (todo esto genera inestabilidad demográfica). Se ha optado por la convivencia, pero separada.

La periferia estaría conformada por las zonas suburbanas castigadas, las rurales, las residenciales pero poco dinámicas, las ciudades medias, las ciudades grandes desindustrializadas (y que acogen a la antigua clase media y modesta y que desde hace 20 años es la base del voto populista) mientras que la zona dominante incluye las metrópolis y las zonas turísticas privilegiadas gracias a la burguesía metropolitana.

Frente al populismo, las clases dominantes califican a sus votantes de irracionales, marginales, minoría de deplorables (los hillbillis), obreros o analfabetos funcionales. El autor cree que el terremoto populista de quienes votaron al Brexit, a Le Pen o Trump son algo más que "resentidos" de la vieja clase obrera desindustrializada. No son marginales, sino la sociedad entera del American Way of Life que reacciona ante otro modelo que está finiquitando la clase media occidental. El autor menciona a Marcek Gauchet como el primero que, en los años 80, acuñó el concepto de "fractura social" justo cuando comienza a despegar Le Pen. Guillouy dice que la clave populista consiste en combinar una doble inseguridad: la social (los efectos del modelo económico) y la cultural (la aparición de la sociedad multicultural). Recuerda que las clases populares siempre estarán ahí (el obrero que hace la carretera) y que estas siempre defienden la comunidad y el bien común porque es la garantía de protección que tienen frente a la adversidad.

En este sentido, ya no hay derechas e izquierdas, sino ganadores o protegidos de la globalización contra los perdedores o debilitados, los nómadas contra los sedentarios, las nuevas clases altas contra las nuevas clases populares, los de un sitio contra los de ninguno.

El modo de reaccionar de las clases altas contra el populismo es el miedo y la llamada al "guerracivilismo", una pose de estar al borde de la conflagración nacional aunque solo pretende ahuyentar a los posibles votantes moderados de la tentación populista o antisistema. Y lo cierto es que las clases populares rehuyen el conflicto y prefieren la paz porque saben que los perdedores de cualquier guerra son siempre los humildes, por lo que su estrategia es reducir los territorios de contacto entre otras etnias. El autor añade que la inmigración nunca fue un tema tabú, ni para la izquierda, cuando, hace unas décadas, estudiaba sin complejos el desafío demográfico y el número de inmigrantes que había que acoger. Dice que mientras la población reclama una regulación de la inmigración, las élites hacen oídos sordos (pues apuesta por la desaparición de las identidades y el multiculturalismo). El autor añade que el destino de los nuevos inmigrantes no es integrarse sino amontonarse en barrios donde ya ya hay más inmigrantes y altas cifras de desempleo pero es igual porque los hijos de la alta burguesía (que apuesta por la eliminación cultural) no irán a esos colegios de los suburbios.

Las zonas afectadas por el populismo son el Rust Belt (cinturón de óxido) americano, el Yorkshire británico (zona de York), las cuencas industriales de Alemania del Este y el rural francés, entre otros. Cada vez se agranda la grieta entre las metrópolis y las ciudades de más de 500.000 habitantes se enriquecen cada vez más y atraen empleo (y suben los precios) y la periferia donde no para de reducirse el empleo (y bajan los precios). El problema no solo es la creciente desigualdad sino que los más modestos queden atrapados en la periferia para siempre. Y ocurre otro fenómeno: las grandes ciudades están empezando a dar señas de agotamiento y perder población (que huyen de los precios; las "deseconomías de escala") mientras se repuebla la periferia.

El autor concluye que el actual modelo ha fallado en lo esencial: en crear sociedad. Ante esta "regresión social", el mundo de arriba está sin referentes sociales ni culturales, atrapado en un callejón (es una clase egoísta y asocial) y tendrá que aprender a convivir con los de abajo.













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