Resumen: "El nuevo Estado industrial", de John Kenneth Galbraith (1967)
Sociología, estructura económica,
Resumen, comentarios y anotaciones de E.V.Pita, licenciado en Derecho y Sociología
Resumen original y actualizado en el siguiente link:
http://evpitasociologia.blogspot.com/2012/06/el-nuevo-estado-industrial-de-john.html
Título: "El nuevo Estado industrial"
Título original: "The new industrial state"
Autor: John Kenneth Galbraith
Fecha de publicación: 1967
Editorial en español: Sarpe
Comentarios previos: En este libro, Galbraith estudia el poder de las grandes corporaciones para influir mediante la planificación en el libre mercado y controlar los precios y el consumo. Aunque el capital está en manos de los accionistas, la gestión y estrategias corren a cargo de la "tecnoestructura" o la organización, que en definitiva serían los altos ejecutivos que dirigen las empresas. Galbraith cree que estas grandes empresas y el Estado están vinculadas. El autor también advierte que estas grandes empresas han olvidado su objetivo clásico de maximizar su beneficio y lo que busca es garantizar la continuidad de la empresa. Galbraith añade que el Estado planificador se convierte en un cliente importante porque es necesario para desarrollar alta tecnología.
Algunas ideas ya las desarrolló en La sociedad opulenta.
El hecho de que el poder de las grandes corporaciones esté en manos de altos directivos tiene gran trascendencia tras la crisis de 2008, cuando autores como Stiglitz y otros criticaron las grandes indemnizaciones que cobraban los directivos de bancos en quiebra y sospecharon que estos no buscaban el máximo beneficio para los accionistas sino para ellos mismos.
INDICE
1. El cambio y el sistema planificador
2. Los imperativos de la tecnología
3. La naturaleza de la planificación industrial
4. La planificación y la oferta de capitales
5. Capital y poder
6. La tecnoestructura
7. La gran sociedad anónima
8. El empresario y la tecnoestructura
9. Excurso sobre la empresa bajo el socialismo
10. La contradicción aceptada
11. La teoría general de la motivación
12. Perspectivas de la motivación
13. Motivación y tecnoestructura
14. El principio de coherencia
15. Los objetivos del sistema planificador
16 y 17. Los precios del sistema planificador
18. La gestión de la demanda especifica
19. Revisión de una secuencia
20. La regularización de la demanda agregada
21. La naturaleza del empleo y el desempleo
22. El control de la espiral de los precios y salarios
23 y 24. El sistema planificador y el sindicato; el sindicato ministerial
25. El estamento pedagógico y científico
26 y 27. El sistema planificador y el Estado.
28. Un resumen más
29. El sistema planificador y la carrera de armamento
30. Las demás dimensiones.
31. Las lagunas del plan
32. Sobre el trabajo
33. Educación y emancipación
34. La dirección política
35. El futuro del sistema planificador.
RESUMEN
Capítulo 1
Galbraith comienza su libro con una exposición sobre la importancia que adquirieron entre 1950 y 1980 las grandes corporaciones, cada vez menos y más grandes. Gigantes como la General Motors dirigidas por altos directivos de los que nadie conoce el nombre. Estas organizaciones necesitan mucho dinero para invertir en nuevas tecnologías. A su vez, Galbraith recuerda que tras la "revolución keynesiana" el Estado y las empresas estimularon la demanda y el consumo así como los gastos militares en defensa. Prácticamente el Estado se ocupa de colocar los bienes sobrantes para que no haya superproducción y sube o baja los salarios para regular la inflación. A esto, Galbraith le llama el Estado planificador, muy alejado del papel secundario que tenía el Estado en un mercado de libre competencia.
( próximamente continuará el resumen)
500 Sociology and Economics book reviews / 500 resúmenes con anotaciones o crítica de libros de Economía y Sociología: estructura económica, cultura de masas, era digital, cambio social, globalización, economía política y teoría política. Autor de los resúmenes, anotaciones y comentarios: E.V.Pita, doctor en Comunicación, licenciado en Sociología y Derecho.
ÍNDICE
- PÁGINA PRINCIPAL
- 500 resúmenes de libros de Economía y Sociología "De Adam Smith a la inflación en postpandemia (1776-2023)" / E.V.Pita (2023)
- ÍNDICE DE TEMAS
- GRANDES TEMAS
- ÍNDICE POR AUTORES
- COMPENDIO DE RESÚMENES
- ENSAYOS
- TESIS
- COMICS DE ECONOMÍA Y CRISIS COVID-19
- 450 resúmenes de libros de Economía: "De Adam Smith a la pandemia de covid (1776-2021) en PDF
- Novela gráfica: "2020, el año del covid" / La crisis económica del coronavirus
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sábado, 30 de junio de 2012
lunes, 11 de junio de 2012
"La cultura de la satisfacción", de John Kenneth Galbraith (1992)
Resumen: "La cultura de la satisfacción", de John Kenneth Galbraith (1992)
Resumen original y actualizado en el siguiente link:http://evpitasociologia.blogspot.com/2012/06/la-cultura-de-la-satisfaccion-de-john.html
Sociología, estructura social, economía política
Resumen, anotaciones y comentarios de E.V.Pita, licenciado en Sociología y Derecho.
Título: "La cultura de la satisfacción"
Subtitulo: "Los impuestos, para qué? Quienes son los beneficiarios?"
Título original: "The culture of the Contentment".
Autor: John Kenneth Galbraith
Fecha de publicación: 1992
Editorial en español: Editorial Ariel
Resumen de la contraportada:
"Una brillante descripción y un agudo análisis de la actual Mayoría Electoral satisfecha en Estados Unidos y en Occidente. La intervención del Estado en la sociedad y el papel que deben tener los impuestos marcan la línea divisoria entre lo aceptado y lo rechazado por esa Mayoría.
Pero el profesor Galbraith también pone sobre el tapete la existencia de su reverso, la Subclase, marginada y en creciente conflicto. El resultado es una visión panorámica aunque crítica de las sociedades avanzadas de nuestro tiempo".
Interés del libro: Galbraith retrató la sociedad de consumo de los años 50, la de las grandes corporaciones y ejecutivos de los 60 y escribe el libro tras la caída del muro de Berlín.
En este libro, Galbraith da una explicación de por qué los republicanos de EE.UU. piden una rebaja de impuestos y un recorte del Estado, y de por qué la gente les vota. El libro fue escrito en 1992, pero 20 años después los mismos argumentos siguen vigentes contra el gobierno Obama y otros dos autores, Paul Krugman y Stiglitz, toman el relevo de Galbraith en la defensa del estado de bienestar y las teorías keynesianas.
Resumen
¿Por qué ese título? En las primeras páginas, Galbraith dice que los privilegiados que estaban en el poder en la Roma posterior a Trajano, en la Francia del siglo XVIII o la Inglaterra industrial del XIX o las élites dirigentes comunistas de la URSS aprobaron aquellas teorías económicas aduladoras que justificasen que lo más conveniente y sabio era que ellos se quedasen con la riqueza. Eran los gobernantes satisfechos de un mundo ordenado a su servicio, a pesar de que el pueblo clamaba por reformas. Si esa cultura de la satisfacción pervive es porque algunas de esas reformas que pedían los marginados se hicieron a regañadientes.
Pero lo que dice Galbraith es que los que votan en las elecciones son los que están satisfechos sin sospechar que hay grietas en el sistema [nota del lector: en el 2011 salió un libro que describe esas grietas en el sistema, sobre todo en el sistema financiero].
CAPITULO 1
Galbraith examina las consecuencias de la crisis de la bolsa de 1987 y cree que no fue tan destructiva como la Gran Depresión porque en el medio siglo posterior a 1929 los gobiernos adoptaron colchones como subsidio de desempleo, pensiones o ayudas a bancos o evitar quiebras.
Este añade que las clases más afortunadas y satisfechas siempre han tenido economistas aduladores que han esbozado teorías para justificar sus riquezas como los fisiócratas con los terratenientes o David Ricardo y Malthus con los liberales. De no haber reformas sociales, el capitalismo no habría sobrevivido a la Primera Guerra Mundial ni a la Gran Depresión. Pero mientras el comunismo disparó la producción industrial en masa pero fue incapaz de generar una sociedad de consumo ni estimular la agricultura y se hundió en 1989, el capitalismo sobrevivió gracias a reformas que los más afortunados habían rechazado inicialmente.
[nota del lector: creo que Francis Fukuyama en su libro El fin de la historia explica mejor la caída del comunismo, que lo basa en una crisis de legitimidad]. Galbraith señala que tras la caída de la URSS quedó en Occidente la sensación de triunfo y de satisfacción pero Galbraith dice que ninguno de los votantes satisfechos, que son los que votan, hacen oídos sordos a las grietas en el sistema.
CAPÍTULO 2
Los votantes satisfechos formarían la mayoría, el 1% más rico, el 20% acomodado y el proletariado que percibe dos sueldos. Habría un 12,5% que vive en la pobreza, marginales que no votan.
Galbraith reprocha que haya autores que se quejen de que los pobres cobren subsidios por encima de lo que sería un estimulo para buscar trabajo. [nota del lector: Tim Harford escribió en el 2009 precisamente sobre cual era el salario mínimo para "incentivar" al parado para que buscase trabajo ]. Tanto celo no se aplica con esas clases satisfechas y votantes que perciben sustanciosos subsidios, pensiones, atenciones de la seguridad social y subvenciones. Ese gasto no solo no parece excesivo o contraproducente sino que los votantes lo defienden como preciada posesión.
Otra característica que señala Galbraith es que los satisfechos creen que han llegado a su situación por sus méritos, inteligencia y esfuerzo por lo que considerarán injusto cualquier intento de arrebatarles sus privilegios.
Por otra parte, quienes critican los gastos hacen referencia a la "pesada carga del Estado" pero eso excluye las prestaciones, seguros y gastos en Defensa que requiere proteger la democracia. Según Galbraith, los modernos conservadores y hasta los demócratas ven necesarios estos gastos que redistribuyen el dinero que pagan en impuestos pero son cicateros con las ayudas a los marginados y menos desfavorecidos.
Otra característica es que el pago de impuestos de los ricos tiende a pararse por alto bajo la creencia de que los menos ricos también se librarán de pagar todos los impuestos que deberían. Estos discursos se remontan a los años 50, siguieron en la era Reagan y Bush padre. [ nota del lector: y prosiguen actualmente].
El capítulo que trata sobre los impuestos es uno de los más interesantes porque Galbraith da una explicación coherente de por qué los conservadores piden recortes en educación o sanidad y menos Estado. La razón es sencilla: quienes tienen un alto poder adquisitivo no quieren pagar dos veces por lo mismo, ya que pagan colegios y seguros privados y además los impuestos por unos servicios que no reciben por que no lo necesitan. Hay gente que incluso ha propuesto bonos descuento para sus colegios privados [nota del lector: Milton Friedman propuso esos mismos bonos para los afectados del huracán Katrine, lo que critica Naomi Klein en su libro La doctrina del shock]. Galbraith dice que políticos que defendían estas ideas como Reagan o Bush padre se limitaron a hacer lo que les pedía la mayoría, que era no pagar más impuestos por algo que ya se podían permitir con sus altos salarios y que no les beneficiaba a ellos sino a los pobres. La reducción del Estado era también para educación y sanidad pero no para gastos que los votantes consideraban necesarios como la defensa, la ayuda a bancos en quiebra o las garantías para los ahorros bancarios. Para eso sí hay dinero.[ nota del lector: este análisis fue escrito hace 20 años pero mantiene vigencia durante la Gran Recesión de 2008 al 2012].
Otro de los conceptos que aborda es el de subclase, en referencia a los inmigrantes sin derecho a voto o las poblaciones más pobres y marginales que se perpetúan una generación tras otra. Antes, un inmigrante o trabajador pobre tenía la esperanza de que sus hijos estudiasen y mejorasen profesionalmente, pero ahora la subclase ve como se restringen las ayudas se la formación y los hijos repiten los desagradables oficios de sus padres.
CAPÍTULO 8
El capítulo 8 es de especial interés para entender la crisis de 2008 a 2012. Galbraith explica la formulación de Murray: estímulo imprescindible para los ricos, impuesto de renta más bajo sin pérdida de recursos públicos, disminución de los gastos destinados a los pobres y el apoyo intelectualmente impecable de Adam Smith. Estas doctrinas, agrupadas, compusieron lo que se conoció como economía del lado de la oferta. Según la definición de Galbraith, la economía del lado de la oferta significa que "la política económica pasaría a centrarse no en los factores que afectaban a la demanda agregada de la economía sino en los que, recompensando la iniciativa y por tanto la producción, expandían la economía aumentando la oferta de bienes y servicios. Para este fin, los ricos necesitaban el acicate de más dinero, los pobres el acicate de su propia pobreza". Se supone que el objetivo final es bajar los impuestos de los más ricos mediante la teoría del goteo: si uno alimenta al caballo con avena de sobra, algo acabará cayendo en el camino para los gorriones (David Stockman, administración Reagan).
El capítulo 8 también tiene interés por la revisión que hace del libro La Riqueza de las Naciones, de Adam Smith, de su teoría y sus mitos. Galbraith recuerda que Adam Smith se oponía a la gran clase comerciante pues ello hubiese otorgado a esta grandes privilegios arancelarios y monopolistas. "Smith quería libertad de comercio, impulsada por la fuerza universal del propio interés. Veía a su vez, a esta fuerza como la motivación que orientaba la vida económica hacia resultados socialmente beneficiosos. He aquí su famosa mano invisible", dice Galbraith.
Respecto a los servicios públicos y el Estado, Smith insistía en que un país civilizado tiene una gran cantidad de gastos necesarios que no lo son en absoluto de un país, según su expresión, bárbaros. Además, le atraía mucho la idea de un impuesto proporcional con la riqueza.
CAPÍTULO 9
El capítulo 9 reflexiona sobre la política exterior de EE.UU., cuyos cargos tienen un gran prestigio social pero poca formación según Galbraith.
CAPÍTULO 10 Y 11
Los capítulos 10 y 11 abordan el gasto militar ante amenazas. [ nota del lector: Galbraith ya estudió este tema en "La sociedad opulenta"]. Este sostiene que en los 80 la administración Reagan invirtió millones de dólares en nuevas tecnologías armamentísticas, lo que generó beneficios a los fabricantes, ingenieros y militares. Sin embargo, Galbraith reprocha que programas como La Guerra de las Galaxias eran de dudosa eficacia pese a su alto coste. En realidad, lo que se ve es que ese dinero no fue a programas sociales o escolares y a los votantes satisfechos les pareció bien. El autor hace una observación sobre que las más grandes y costosas guerras fueron emprendidas por demócratas ( la guerra de Corea, Vietnam o la Segunda Guerra Mundial) y las cortas y de baja intensidad (Panamá, Granada o Irak en 1991) por republicanos. [ nota del lector: el libro fue escrito en 1992, las dos siguientes guerras en Afganistán e Irak fueron emprendidas por republicanos].
Otra observación es que los votantes satisfechos no quieren ir a las guerras, por lo que la mayoría de los reclutas proceden de entornos marginales bajo promesas de ascenso social].
CAPÍTULO 13 y finales
La conclusión de Galbraith es que las políticas, discursos y promesas de demócratas y republicanos se asemejan porque no quieren disgustar al votante satisfecho.
En uno de sus comentarios, Galbraith comenta que los votantes quieren que los políticos garanticen sus ahorros y los gobiernos eviten las quiebras de los "bancos demasiado grandes para caer". [nota del lector: Como vemos, Galbraith estaba anticipando un escenario que tendría gran trascendencia 20 años después].
(en unos días continuará el resumen)
lunes, 18 de julio de 2011
"La sociedad opulenta", de John K. Galbraith (1958)
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"DE ADAM SMITH A LA INFLACIÓN EN POSTPANDEMIA (1776-2023)"
por E.V.Pita (2023)
Link al compendio de resúmenes:
Descargar el PDF en este enlace:....................................................................................................................................................
Resumen de "La sociedad opulenta", de John K. Galbraith (1958)
El resumen original y actualizado está en el siguiente link:
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Sociología, sociedad de consumo, estructura económica
Resumen, comentarios y anotaciones por E.V.Pita (2011)
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Ficha técnica
Título: "La sociedad opulenta"
Titulo original: "The affluent society"
Autor: John Kenneth Galbraith
Fecha de publicación: 1957
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Valoración personal: el libro está escrito en un lenguaje llano y comprensible, y es muy ameno. Explica cosas que todavía vemos 50 años después en relación a los recortes sociales para reducir el déficit público. Se anticipa a las doctrinas monetaristas de Milton Friedman que prevalecerán entre 1980 y 2008.
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RESUMEN
Resumen: Galbraith observa en los años 50 que hasta los conservadores han abrazado la doctrina keynesiana de un estado que gasta en servicios públicos y estimula la demanda, la producción y el consumo. El problema es que los conservadores no protestan por la subida de impuestos porque el Estado se gasta el dinero en armas para proteger a los más ricos de la amenaza comunista. Guerras como la de Corea, o la futura de Vietnam, movilizaron millones de dólares del sector público, lo que no deja de ser pura doctrina keynesiana [nota del lector: es la misma receta keynesiana que aplicó la Alemania totalitaria entre 1933 y 1939 para reducir el paro mediante un programa de rearme y construcción de autopistas].
Sin embargo, Galbraith considera que ese gasto en armas podría dedicarse a mejorar las escuelas públicas o la sanidad, porque en el país hay muchas bolsas de pobreza que no han sido eliminadas. "La gente cree que es una cuestión de si son blancos o negros, diferencias difíciles de arreglar, pero nadie piensa en que la solución es hacer una buena escuela", dice. [Nota del lector: últimamente, las propuestas de los recortes fiscales siempre inciden en la sanidad o la educación, raramente en el gasto militar. Galbraith considera que los altos costes armamentísticos que gasta el Estado, con el consiguiente aumento de impuestos, son aceptados por los ricos porque sirve para defender su sistema de libre mercado de otros].
En los primeros capítulos de la obra, Galbraith analiza a los clásicos Adam Smith, Ricardo y Malthus y su explicación de la pobreza. Smith explica que la libre competencia es mejor que el control del Estado porque el mercado fija los precios reales y permite una distribución más racional de los recursos. Esta idea la aplica Ricardo a los salarios, que afirma que la ley de la oferta y la demanda hará bajar el salario del trabajador hasta el límite de subsistencia, lo que se ha denominado la Ley de Bronce de los salarios. O sea, ganar lo justo para vivir y un poco más para mantener a la familia. Por su parte, Smith explica que el crecimiento económico conllevará un aumento de la población, lo que volverá a ajustar los precios. Otros añaden que puesto que hay que maximizar el beneficio para formar capital y reinvertirlo, los salarios deben ir a la baja.
Y Malthus advierte que el crecimiento exponencial de la población no se compagina con la producción alimentaria y, por tanto, el mundo está condenado al hambre. Galbraith explica que los economistas clásicos contagiaron su pesimismo a todo el siglo XIX al creer que no hay salida para la pobreza y suponiendo que la riqueza generada por los formadores de capital se extendería al resto de la población por filtración.
Lo que ha ocurrido, según Galbraith, es que no se cumplíó la ley de bronce por tres motivos: porque los trabajadores que podían aportar un rendimiento marginal, aportar algo nuevo a la empresa, mejoraron su salario porque la empresa les reconoció sus costes de formación. Y, en todo caso, siempre habría un competidor dispuesto a contratar a un trabajador que va a producir más de lo que cuesta.
En segundo lugar, los que eran incompetentes y su producción era baja, fueron despedidos, y ocuparon puestos en la economía sumergida o fuera del mercado. Un tercer motivo fue que era necesario que los trabajadores se reprodujesen porque si no, al cabo de una generación, quedarían extinguidos, motivo por el cual los salarios tenían que haber aumentado hasta el punto de permitir criar a un hijo. Estas fueron las razones por las que los salarios se mantuvieron siempre por encima del nivel de subsistencia y la ley de bronce.
Lo que lamenta Galbraith es que a ningún economista clásico, que fueron quienes mejor interpretaron el mundo en que vivían, se le ocurrise dar una solución para reducir la pobreza, algo que consideraban inevitable.
Respecto a Veber y su libro sobre "Teoría sobre la clase ociosa", Galbraith le critica que se limita a describir como los más afortunados despilfarran esos beneficios que tanto ha costado acumular y que se supone que iban destinados a la inversión.
Otro clásico siniestro es Spencer, el que aplicó el darwinismo social a sus teorías de que solo sobreviven las empresas más fuertes y los trabajadores más competentes. Los negligentes y las empresas sin inicitiava serán inexorablemente barridas del mercado. No se debe alimentar con limosnas a los pobres porque eso es subvencionar la pereza. Los pobres también forman parte del sistema que no debe ser alterado. Los herederos de las grandes fortunas tienen derecho a ellas porque han heredado los genes triunfantes de sus padres. Galtbraith lamenta que la teoría de la economía clásica haya sido tan despiadada porque la realidad ha mostrado otra cara: monopolios que alteran el mercado, y personas compasivas que han fomentado políticas públicas de ayuda social a los más desfavorecidos.
En el capítulo 6 dedicado a Karl Marx, Galbraith reconoce su gran influencia como economista porque interpretó la economía de su tiempo desde distintos puntos de vista: imperialismo, mercado, lucha de clases, Estado... Galbraith comenta que Marx supo prever los monopolios y las depresiones economicas, aunque esta última no llegó a poder estudiarla con detenimiento. Sin embargo, aclara que sus estudios no pueden ser tomados como un dogma ya que si bien acertó en su época eso no quiere decir que lo vaya a hacer en el futuro, algo que les cuesta entender a sus más ortodoxos seguidores.
Hay algo que llama la atencion en Marx: este critica a Ricardo que vea inevitable que haya un ejército de parados expulsados del mercado. La solución es evidente: que el Estado cree puestos de trabajo, algo que luego pondría de actualidad Keynes.
Marx también anticipa una revolución que cambiará las clases dirigentes. Galbraith responde que Marx siempre fue un teórico que llevaba mucha ira dentro.
En el capítulo 7 sobre la desigualdad de la renta, Galbraith se pregunta por qué ningún pensador clásico ni actual se ha esforzado en buscar fórmulas para redistribuir la renta. Casualmente, la mayoría de las teorías se esfuerzan en explicar por qué es buena la desigualdad, porque así maximiza los estímulos para mejorar y competir y dar todo de si. Cuando a alguien se le ocurre la idea de subir los impuestos a los ricos, siempre aparecen teorías que prueban que eso sería contraproducente para todos porque es bueno que una clase acapare el capital y el ahorro para invertir, etc... Galbraith sospecha que lo que hay detrás de estas teorías es la vulgar realidad de que a nadie le gusta desprenderse de su dinero.
Galbraith indaga en las políticas redistributivas de la renta y recuerda que un pais como Noruega, bastante igualitario, goza de una alta renta media mientras que Oriente Medio, la zona más desigual, está lastrado por la miseria. No se cree la teoría de que la acaparaciòn de capital en pocas manos beneficia a todos. Y también examina los salarios y su evolución entre 1900 y 1960. También estudia la concentración de la riqueza entre los más ricos y el porcentaje de pobres a lo largo de los años.
[Nota del lector: la redistribución de la renta es un concepto clave porque es un indicador de cómo se reparten los impuestos; si se dedican a eliminar la pobreza y aumentar el nivel de vida de la población o se gasta en otros asuntos que no mejoran la situación económica de los contribuyentes]
Posteriormente, en el capítulo 8, Galbraith examina las razones que han llevado a implantar la seguridad social en muchos países. La principal razón es que las sociedades industriales avanzadas generan riesgos de alto desempleo o de obsolescencia técnica. Las empresas buscan seguridad mediante estudios de mercado e invierten en publicidad para asegurar sus ventas y compiten para no ser superadas técnicamente por novedosas innovaciones. Y los empleados reclaman seguros de desempleo por indemnizaciones por despido para mitigar el riesgo de acabar en la calle y no ingresar dinero. Tras la Gran Depresión, entre 1933 y 1938, los gobiernos se dieron cuenta de que los electores acogían muy favorablemente las políticas de seguridad social porque todos tenían algo que perder en un clima de incertidumbre y riesgo. [ nota del lector: justo lo contrario que en 2008-2012 donde el riesgo vuelve a estar presente].
Galbraith dice que Ford no tenía nada que perder al construir un coche barato pero que su nieto sería un manirroto si se arriesgase con una aventura similar.
Y como dice Galbraith, en los años 50 se pensaba que la aplicación de las recetas keynesianas suavizaron o eliminaron para siempre los efectos adversos de los ciclos económicos de producción y recesión. [nota del lector: los ciclos volvieron a ser una pesadilla a partir de los años 90, cuando se cuestionaron las recetas de Keynes].
Los críticos de la protección social sostienen que el progreso tiene un doble estímulo: el éxito y el garrote (quedarse en paro, arruinarse). Dicen que los agricultores europeos, cebados con subvenciones y asegurados, tienen miedo a competir en precios, panorama que no estimula la producción. Según ellos, la inseguridad económica se supera mediante mejoras tecnológicas. Sin embargo, Galbraith replica que la eliminación o reducción de la incertidumbre ha disparado la producción. El conflicto entre progreso y seguridad ya no existe en los años 50 y 60 del siglo XX.El autor también cuestiona las criticas que dicen que la cobertura de paro genera trabajadores perezosos o aprovechados pero este tipo de ociosidad también se da en la universidad y, sobre todo, dice Galbraith, entre los altos directivos de las empresas.
El escritor advierte que lo peor para la producción es caer en una depresión económica aunque sea ligera pues una leve disminución respecto al anterior ejercicio aboca a millones de empleados al paro forzoso. En un párrafo clave del libro, Galbraith recuerda el argumento keynesiano de que el subsidio del paro o la pensión de vejez también contribuye a sostener la producción. Los mismos efectos producen los subsidios a la agricultura o los gastos sociales. Dice que una alta producción beneficia a todos porque da seguridad económica y, por tanto, no deben permitirse las recesiones ni exponer a alguna gente al paro forzoso. Por eso, dice, las antiguas preocupaciones por la igualdad, la seguridad y la productividad se han reducido a una sola preocupación por la productividad y la producción. Pero de aquí surge una paradoja por la preocupación por la producción a metida que esta crece.
En el capítulo 9, sobre la importancia de la producción de bienes, ya que con ella se mide la prosperidad de un país. A pesar de las quejas sobre la falta de espiritualidad, la producción sigue presente en las mentes. La producción se aunenta mediante cinco maneras: eliminando la ociosidad de los recursos disponibles, mayor eficiencia en la combinación de trabajo y capital, aumentando la oferta de trabajo y la de capital, y con innovaciones técnicas. Pero de estos cinco métodos, los economistas solo se concentran en aumentar uno o de pasada dos o tres. Raramente se concentran los esfuerzos en invertir en innovaciones técnicas o está mal repartida, con mejoras en las grandes industrias del petróleo o motor pero otras, pymes de construcción o textil, que apenas invierten. Nadie da importancia a que algunas industrias no innoven.
Galbraith llama la atención sobre el distinto rasero con que se considera la producción. Si es privada, nadie cuestiona que esta sea eficiente y de calidad mientras que si es pública, siempre flota la duda sobre su calidad cuando no tiene por qué ser así. Le parece una percepción interesada para desprestigiar lo público y ensalzar cualquier producto que sea fabricado por el sector privado. [ nota del lector: diversos autores han estudiado la privatización del ferrocarril en Inglaterra durante el Gobierno de Thatcher y se vio que la gestión privada tampoco era más eficiente que la pública y en caso de pérdidas, el Estado acudía al rescate porque el tren es un servicio esencial]. Pero lo que interpreta Galbraith es que estos ataques tienen como objetivo reducir los niveles de tributación y pagar menos impuestos.
Lo que viene a decir Galbraith en ese capítulo es que nadie debe olvidar que la producción también contribuye a aumentar la producción total, lo que aporta un crecimiento adicional de la producción es lo que actualmente se toma como referencia para evaluar la marcha de la economía de un país. [ nota del lector: hasta el momento Galbraith no menciona específicamente el PIB, que hoy en día determina la fortaleza económica de un país]. Además, señala que la producción no es ni mucho menos eficiente y que todavía se puede subir varios puntos con una mejor estrategia para distribuir los recursos, algunos de los cuales quedan ociosos. Pero esto no se hace ni se persigue de una forma total ni racional por unas razones que Galbraith expone en el resto de su libro. Cree que existe un gran mito respecto a la demanda de bienes y que no nos damos cuenta de necesidades que no tenemos mientras que damos importancia a cosas que tenemos pero que es producción marginal y superflua.
En el capítulo 10, examina los imperativos de la demanda del consumidor. Según Galbraith la elevada producción ha garantizado una seguridad económica pero Galbraith destaca que esa producción no tiene por qué estar relacionada con la reducción de la desigualdad o el aumento del empleo. La urgencia es satisfacer las demandas del consumidor. Si antes las personas tenían interés es proveerse de alimentos, casa y vestido ahora la preocupación es tener coches más elegantes, vestidos más románticos o diversiones más sofisticadas. La moderna economía trata de abastecer eses deseos tan terrenales. Pero Galbraith dice que la teoría que defiende esos deseos de consumo y la producción que los fabrica quizás esté bien vista pero "es ilógica y descocada hasta extremos que llegan a ser peligrosos".
Galbraith analiza la teoría de la demanda del consumidor (y la satisfacción de sus deseos más urgentes y luego los secundarios) y para ello retoma la definición de Adam Smith sobre valor de uso y de cambio. El agua tiene un alto valor de uso y el diamante ninguno pero las piedras preciosas son mucho más escasas que el agua y por tanto su precio es mayor, lo mismo que la satisfacción del comprador. Galbraith cree que la distinción fue finalmente aclarada por los economistas Menger, Jevons y Bates Clark a través de la utilidad de la utilidad marginal decreciente y que hace decrecer la producción en condiciones de abundancia creciente. Una vez que el abastastecimiento de pan llegó a todo el mundo, las preocupaciones de consumo se volvieron menos urgentes. Galbraith dice que esta es una teoría clave de la economía pero que, en el siglo XX, fue "convenientemente" olvidada porque científicamente no era posible asegurar que la satisfacción estaría completamente cubierta algún día y porque tal concepto contradecía el paradigma que abogaba por un consumo sin límites.
Galbraith dice que hay unas necesidades urgentes, como comer, y otras secundarias como ir al hipódromo una vez por semana. Las segundas solo son cubiertas con una combinación de las urgentes (renuncias a más calorías para gastar el dinero en el cine). Para Keynes, en sus Essays, era fácil en 1930 cubrir las necesidades básicas y resolver el problema económico. [ nota del lector: en 2012, en el libro Repensar la Pobreza, los autores descubren lo mismo: que un pobre que gana 1 dólar al día si gana un poco más no destina ese dinero a comer màs sino a ocio o bebida].
Capítulo 11
Galbraith dice que afirmar que repugna al sentido común que las necesidades no se hacen menos urgentes al aumentar el abastecimiento básico. Y lo que no se puede hacer es crear necesidades artificiales o crear otras nuevas con el único propósito de que la producción crezca más. La producción viene a crear un vacío que ella misma ha creado. Se trataría de un tipo de economía funciona como una noria impulsada por una ardilla. Se pregunta si es necesario un producto que necesita ser promocionado con millones para venderse. No hace falta publicidad para venderle comida a un hambriento pero sí para promocionar una marca de cereales del desayuno.
Ve una relación con "efecto dependencia" entre la producción y una demanda que ya no se basa en necesidades reales sino que es alimentada por un consumo avivado por la publicidad. Dice Galbraith que ahora da igual que la producción sea alta para que haya mayor bienestar porque las necesidades a satisfacer también son mayores.
Galbraith recuerda que en el capítulo 8 habló de que lo importante del crecimiento de la producción es que genera empleo. El consumo es instigado para elevar la demanda e incrementar la producción lo que quiere decir que si no hubiese publicidad el aumento de demanda sería cero. O sea, que la utilidad marginal del producto agregado actual menos la publicidad y la técnica de ventas es cero. El sistema consumista de la sociedad opulenta de los años 50 estaba afianzado en unas "raíces tortuosas". Termina con esta frase: "creo que se ha roto el lazo que nos ataba a la obra de Ricardo y nos enfrentamos con la economía de la opulencia propia del mundo en que vivimos".
(el resumen continuará en fechas próximas)
viernes, 10 de junio de 2011
"El crash de 1929", de John Kenneth Galbraith (1954)
Resumen: "El crash de 1929", de John Kenneth Galbraith (1954)
Ver el resumen original y actualizado en:
http://evpitasociologia.blogspot.com/2011/06/el-crash-de-1929-de-john-kenneth.html
Sociología, estructura económica
Resumen con anotaciones de E.V.Pita (2011)
Título: "El crash de 1929"
"El crash de 1929", de John Kenneth Galbraith (1954)
Resumen de E.V.Pita, licenciado en Derecho y Sociología.
Título original: "The Great Crash 1929"
Autor: John Kenneth Galbraith
Año de publicación: 1954, y revisiones hasta 1983
Publicación en España: 1983, 1985, 2007 y 2008.
INDICE
-La perspectiva desde los noventa
-Ilusión, esperanza ilimitada y optimismo
-¿Era necesario hacer algo?
-"In Goldman, Sachs We Trust"
-Crepúsculo de la ilusión
-El crash
-Se agrava la situación
-Primera cosecha de consecuencias
-Segunda cosecha de consecuencias.
-Causa y efecto
Resumen:
Galbraith bromea sobre que su libro siembre se iba a descatalogar y, de repente, se salvaba porque surgía una nueva crisis. Un día preguntó en una tienda de un aeropuerto por qué no vendían su libro "The Great Crash" y la dependienta le contestó: "Ese tipo de libros nunca se va a vender en un aeropuerto".
Galbraith, fallecido hace años, advierte en su prólogo más actualizado que está viendo una burbuja y que va a estallar como otras muchas veces.
Galbraith describe los felices años 20 como una época de crecimiento moderado aunque feliz para las clases más acomodadas. El número de coches fabricados llegó en 1929 a los 5,3 millones, casi tantos como en 1957, cuando escribió el libro. Entre 1925 y 1927 se produjo la burbuja inmobiliaria de Florida, con una fiebre especuladora y de subida disparatada de los precios del suelo, que fue la antesala del crash del 29. La fiebre de la soleada Florida acabó estrepitosamente cuando un huracán barrió numerosas urbanizaciones y dejó a su paso 400 fallecidos.
En los siguientes capítulos aborda el frenesí de la Bolsa, en el que se llegaron a negociar 8 millones de dólares en un mismo día. Alguien que hubiese invertido en 1927 había quintuplicado en 1929 lo invertido. Se crearon cientos de trust, empresas de compra de valores, algunos de empresas que ni siquiera existían, y grandes compañías que no competían entre ellas se fusionaron, lo que calentó el parqué. A ello se añadieron los holdings, conglomerados de decenas de empresas en red. Los diarios económicos hacían todo tipo de predicciones al alza y cuando el presidente de EEUU, Colididge, le cedió el cargo a su sucesor Hoover se despidió con un: "Las acciones están a buen precio". La burbuja era evidente, los altos cargos lo sabían y Galbraith acusa a la Reserva Federal y al presidente Colididge de no haber hecho nada para frenar la expansión que inevitablemente iba a reventar. La Reserva podía haber guardado su dinero en un cajón para que los bancos no pudieran prestarlo para comprar más acciones. De haber avisado, algunos habrían vendido a tiempo pero la Reserva Federal siguió la corriente y prometió acudir al rescate para evitar una quiebra financiera. Los avisos "morales" que lanzó en marzo de 1929 apenas hicieron efecto. Pero luego lanzó otro mensaje de que no iba a acudir en ayuda de todos. En el verano del 29, un demócrata dijo: "Todos los ciudadanos deben ser ricos, si invierte 15 dólares ahora ganará 80.000 en 20 años". Cualquier analfabeto podría haberse hecho rico en dos años porque todos los valores subían disparados. Los trust dispararon el valor de las acciones ordinarias con el mecanismo de la palanca y uno destacó entre todos: Golmand Sachs. El auge del mercado se contagió a Boston, San Francisco o Chicago.
En septiembre, algunos pesimistas mostraron preocupación por los préstamos bursátiles (137 millones en una semana de los agentes y 64 de los bancos) y el influjo de los fondos procedentes de las sociedades, lo que generó protestas de los banqueros y periodistas. Un banco dijo que no había razón para preocuparse hasta que los préstamos alcanzasen los 12 billones. Quienes alertaban eran censurados por conspirar contra el American way of Life. Hasta Irving Fisher dijo que los valores habían alcanzado un valor permanentemente alto. Solo la Hardvard Economic Society detectó síntomas de recesión pero el retroceso no se producia y confesó su error. Fue Paul M. Warburg quien advirtió de que sobrevendría una depresión general pero no le tomaron en serio. Por su parte, algunos periodistas económicas cobraban de los intermediarios por recomendar valores. Otros como Poor, advirtió del "espejismo de las acciones" mientras que ningún lector de The New York Times podía tener duda de que venían tiempos de ajuste.
A partir del 3 de septiembre, cesó el mercado alcista de los años 20 y a los pocos días empezó el retroceso. Los "blue chips" se mantuvieron que se negociaron 5 millones de acciones en un día. Babson advirtió de una inminente y terrorifica depresión pero lo ignoraron (por sus métodos mágicos para predecir la Bolsa) y luego denunciaron por alarmista.
En junio las cotas de producción industrial (acero, ferrocarril, vivienda) alcanzaron su cota máxima y empezaron a decaer. Las quiebras de las empresas empezaron en septiembre. La depresión ya estaba en marcha y Wall Street fue su espejo. Pero no había razón para temer un desastre. Según Galbraith, la depresión no se produjo porque el mercado se diese cuenta de que se avecinaba una gran crisis, cuando el mercado se contrayó no podía prever una depresión. En octubre se dieron noticias de problemas de algunos magnates para encontrar dinero para arreglar su yate. La retirada del mercados comenzó el lunes 21 de octubre y en la siguiente semana empezaron las pérdidas. El jueves 24 se desató el pánico con ventas de 12 millones de acciones y empezaron los rumores, y la gente a arremolinarse. El martes 29, el hundimiento fue general, con ordenes para vender 33 millones de acciones. Hubo reunión de banqueros.
Al final del libro, Galbraith explica las causas de la depresión: la cesión de la actividad industrial en 1929 y el proceso que siguió después y que agudizó la crisis. Los beneficios industriales se gastaron en bienes de capital. No se pudo enderezar la situación por los escasos conocimientos de la época y otros fallos técnicos. La economía funcionaba de modo incorrecto, concluye Galbraith.
[Nota del lector: Roubini, en el libro "Cómo salimos de esta" (2010), apunta que algunos creen que la Gran Depresión se debió a una súbita subida de los tipos de interés que reventó la burbuja].
Conceptos:
-SEC: sociedad reguladora
-Call market
-Trust: agencias de inversión. Por ejemplo: Goldman Sachs
-Holding: conglomerado de trust de inversión
-El mecanismo de la palanca (crack-the-wip (latigazo)): Es una progresión geométrica de valores en cartera. En un trust de inversión, el papel de la palanca lo desempeña la emisión de obligaciones, acciones preferentes y acciones ordinarias, lo cual permitía adquirir una cartera de acciones ordinarias. Cuando el valor de las acciones ordinarias asi compradas aumentaba, lo cual se daba siempre por supuesto, no se alteraba el de las obligaciones y las acciones preferentes del trust. Estos tenían un valor fijo debido a que su rendimiento había sido fijado de antemano. Todo el aumento del valor de la cartera se concentraba en las ordinarias que prosperaban maravillosamente, se triplicaban en cosa de meses. Si esos títulos ordinarios eran detentados por otro trust con otra palanca, el valor se multiplicaba por ocho. El costo era nulo para el que ponia en marcha un trust y conservaba el paquete de acciones ordinarias.
Notas bibliográficas:
-Paul C. Cabot, artículo publicado en The Atlantic Monthly en marzo de 1929.
miércoles, 11 de mayo de 2011
"El crash de 1929", de John Kenneth Galbraith
Sociología, estructura económica
Resumen con anotaciones de E.V.Pita (2011)
Resumen original y actualizado en el siguiente link: /2011/05/el-crash-de-1929-de-john-kenneth.html
Título: "El crash de 1929"
Título original: "The Great Crash 1929"
Autor: John Kenneth Galbraith
Año de publicación: 1954, y revisiones hasta 1983
Publicación en España: 1983, 1985, 2007 y 2008.
INDICE
-La perspectiva desde los noventa
-Ilusión, esperanza ilimitada y optimismo
-¿Era necesario hacer algo?
-"In Goldman, Sachs We Trust"
-Crepúsculo de la ilusión
-El crash
-Se agrava la situación
-Primera cosecha de consecuencias
-Segunda cosecha de consecuencias.
-Causa y efecto
Resumen:
Galbraith bromea sobre que su libro siembre se iba a descatalogar y, de repente, se salvaba porque surgía una nueva crisis. Un día preguntó en una tienda de un aeropuerto por qué no vendían su libro "The Great Crash" y la dependienta le contestó: "Ese tipo de libros nunca se va a vender en un aeropuerto".
Galbraith, fallecido hace años, advierte en su prólogo más actualizado que está viendo una burbuja y que va a estallar como otras muchas veces.
Galbraith describe los felices años 20 como una época de crecimiento moderado aunque feliz para las clases más acomodadas. El número de coches fabricados llegó en 1929 a los 5,3 millones, casi tantos como en 1957, cuando escribió el libro. Entre 1925 y 1927 se produjo la burbuja inmobiliaria de Florida, con una fiebre especuladora y de subida disparatada de los precios del suelo, que fue la antesala del crash del 29. La fiebre de la soleada Florida acabó estrepitosamente cuando un huracán barrió numerosas urbanizaciones y dejó a su paso 400 fallecidos.
En los siguientes capítulos aborda el frenesí de la Bolsa, en el que se llegaron a negociar 8 millones de dólares en un mismo día. Alguien que hubiese invertido en 1927 había quintuplicado en 1929 lo invertido. Se crearon cientos de trust, empresas de compra de valores, algunos de empresas que ni siquiera existían, y grandes compañías que no competían entre ellas se fusionaron, lo que calentó el parqué. A ello se añadieron los holdings, conglomerados de decenas de empresas en red. Los diarios económicos hacían todo tipo de predicciones al alza y cuando el presidente de EEUU, Colididge, le cedió el cargo a su sucesor Hoover se despidió con un: "Las acciones están a buen precio". La burbuja era evidente, los altos cargos lo sabían y Galbraith acusa a la Reserva Federal y al presidente Colididge de no haber hecho nada para frenar la expansión que inevitablemente iba a reventar. La Reserva podía haber guardado su dinero en un cajón para que los bancos no pudieran prestarlo para comprar más acciones. De haber avisado, algunos habrían vendido a tiempo pero la Reserva Federal siguió la corriente y prometió acudir al rescate para evitar una quiebra financiera. Los avisos "morales" que lanzó en marzo de 1929 apenas hicieron efecto. Pero luego lanzó otro mensaje de que no iba a acudir en ayuda de todos. En el verano del 29, un demócrata dijo: "Todos los ciudadanos deben ser ricos, si invierte 15 dólares ahora ganará 80.000 en 20 años". Cualquier analfabeto podría haberse hecho rico en dos años porque todos los valores subían disparados. Los trust dispararon el valor de las acciones ordinarias con el mecanismo de la palanca y uno destacó entre todos: Golmand Sachs. El auge del mercado se contagió a Boston, San Francisco o Chicago.
En septiembre, algunos pesimistas mostraron preocupación por los préstamos bursátiles (137 millones en una semana de los agentes y 64 de los bancos) y el influjo de los fondos procedentes de las sociedades, lo que generó protestas de los banqueros y periodistas. Un banco dijo que no había razón para preocuparse hasta que los préstamos alcanzasen los 12 billones. Quienes alertaban eran censurados por conspirar contra el American way of Life. Hasta Irving Fisher dijo que los valores habían alcanzado un valor permanentemente alto. Solo la Hardvard Economic Society detectó síntomas de recesión pero el retroceso no se producia y confesó su error. Fue Paul M. Warburg quien advirtió de que sobrevendría una depresión general pero no le tomaron en serio. Por su parte, algunos periodistas económicas cobraban de los intermediarios por recomendar valores. Otros como Poor, advirtió del "espejismo de las acciones" mientras que ningún lector de The New York Times podía tener duda de que venían tiempos de ajuste.
A partir del 3 de septiembre, cesó el mercado alcista de los años 20 y a los pocos días empezó el retroceso. Los "blue chips" se mantuvieron que se negociaron 5 millones de acciones en un día. Babson advirtió de una inminente y terrorifica depresión pero lo ignoraron (por sus métodos mágicos para predecir la Bolsa) y luego denunciaron por alarmista.
En junio las cotas de producción industrial (acero, ferrocarril, vivienda) alcanzaron su cota máxima y empezaron a decaer. Las quiebras de las empresas empezaron en septiembre. La depresión ya estaba en marcha y Wall Street fue su espejo. Pero no había razón para temer un desastre. Según Galbraith, la depresión no se produjo porque el mercado se diese cuenta de que se avecinaba una gran crisis, cuando el mercado se contrayó no podía prever una depresión. En octubre se dieron noticias de problemas de algunos magnates para encontrar dinero para arreglar su yate. La retirada del mercados comenzó el lunes 21 de octubre y en la siguiente semana empezaron las pérdidas. El jueves 24 se desató el pánico con ventas de 12 millones de acciones y empezaron los rumores, y la gente a arremolinarse. El martes 29, el hundimiento fue general, con ordenes para vender 33 millones de acciones. Hubo reunión de banqueros.
Al final del libro, Galbraith explica las causas de la depresión: la cesión de la actividad industrial en 1929 y el proceso que siguió después y que agudizó la crisis. Los beneficios industriales se gastaron en bienes de capital. No se pudo enderezar la situación por los escasos conocimientos de la época y otros fallos técnicos. La economía funcionaba de modo incorrecto, concluye Galbraith.
[Nota del lector: Roubini, en el libro "Cómo salimos de esta" (2010), apunta que algunos creen que la Gran Depresión se debió a una súbita subida de los tipos de interés que reventó la burbuja].
Conceptos:
-SEC: sociedad reguladora
-Call market
-Trust: agencias de inversión. Por ejemplo: Goldman Sachs
-Holding: conglomerado de trust de inversión
-El mecanismo de la palanca (crack-the-wip (latigazo)): Es una progresión geométrica de valores en cartera. En un trust de inversión, el papel de la palanca lo desempeña la emisión de obligaciones, acciones preferentes y acciones ordinarias, lo cual permitía adquirir una cartera de acciones ordinarias. Cuando el valor de las acciones ordinarias asi compradas aumentaba, lo cual se daba siempre por supuesto, no se alteraba el de las obligaciones y las acciones preferentes del trust. Estos tenían un valor fijo debido a que su rendimiento había sido fijado de antemano. Todo el aumento del valor de la cartera se concentraba en las ordinarias que prosperaban maravillosamente, se triplicaban en cosa de meses. Si esos títulos ordinarios eran detentados por otro trust con otra palanca, el valor se multiplicaba por ocho. El costo era nulo para el que ponia en marcha un trust y conservaba el paquete de acciones ordinarias.
Notas bibliográficas:
-Paul C. Cabot, artículo publicado en The Atlantic Monthly en marzo de 1929.
Resumen con anotaciones de E.V.Pita (2011)
Resumen original y actualizado en el siguiente link: /2011/05/el-crash-de-1929-de-john-kenneth.html
Título: "El crash de 1929"
Título original: "The Great Crash 1929"
Autor: John Kenneth Galbraith
Año de publicación: 1954, y revisiones hasta 1983
Publicación en España: 1983, 1985, 2007 y 2008.
INDICE
-La perspectiva desde los noventa
-Ilusión, esperanza ilimitada y optimismo
-¿Era necesario hacer algo?
-"In Goldman, Sachs We Trust"
-Crepúsculo de la ilusión
-El crash
-Se agrava la situación
-Primera cosecha de consecuencias
-Segunda cosecha de consecuencias.
-Causa y efecto
Resumen:
Galbraith bromea sobre que su libro siembre se iba a descatalogar y, de repente, se salvaba porque surgía una nueva crisis. Un día preguntó en una tienda de un aeropuerto por qué no vendían su libro "The Great Crash" y la dependienta le contestó: "Ese tipo de libros nunca se va a vender en un aeropuerto".
Galbraith, fallecido hace años, advierte en su prólogo más actualizado que está viendo una burbuja y que va a estallar como otras muchas veces.
Galbraith describe los felices años 20 como una época de crecimiento moderado aunque feliz para las clases más acomodadas. El número de coches fabricados llegó en 1929 a los 5,3 millones, casi tantos como en 1957, cuando escribió el libro. Entre 1925 y 1927 se produjo la burbuja inmobiliaria de Florida, con una fiebre especuladora y de subida disparatada de los precios del suelo, que fue la antesala del crash del 29. La fiebre de la soleada Florida acabó estrepitosamente cuando un huracán barrió numerosas urbanizaciones y dejó a su paso 400 fallecidos.
En los siguientes capítulos aborda el frenesí de la Bolsa, en el que se llegaron a negociar 8 millones de dólares en un mismo día. Alguien que hubiese invertido en 1927 había quintuplicado en 1929 lo invertido. Se crearon cientos de trust, empresas de compra de valores, algunos de empresas que ni siquiera existían, y grandes compañías que no competían entre ellas se fusionaron, lo que calentó el parqué. A ello se añadieron los holdings, conglomerados de decenas de empresas en red. Los diarios económicos hacían todo tipo de predicciones al alza y cuando el presidente de EEUU, Colididge, le cedió el cargo a su sucesor Hoover se despidió con un: "Las acciones están a buen precio". La burbuja era evidente, los altos cargos lo sabían y Galbraith acusa a la Reserva Federal y al presidente Colididge de no haber hecho nada para frenar la expansión que inevitablemente iba a reventar. La Reserva podía haber guardado su dinero en un cajón para que los bancos no pudieran prestarlo para comprar más acciones. De haber avisado, algunos habrían vendido a tiempo pero la Reserva Federal siguió la corriente y prometió acudir al rescate para evitar una quiebra financiera. Los avisos "morales" que lanzó en marzo de 1929 apenas hicieron efecto. Pero luego lanzó otro mensaje de que no iba a acudir en ayuda de todos. En el verano del 29, un demócrata dijo: "Todos los ciudadanos deben ser ricos, si invierte 15 dólares ahora ganará 80.000 en 20 años". Cualquier analfabeto podría haberse hecho rico en dos años porque todos los valores subían disparados. Los trust dispararon el valor de las acciones ordinarias con el mecanismo de la palanca y uno destacó entre todos: Golmand Sachs. El auge del mercado se contagió a Boston, San Francisco o Chicago.
En septiembre, algunos pesimistas mostraron preocupación por los préstamos bursátiles (137 millones en una semana de los agentes y 64 de los bancos) y el influjo de los fondos procedentes de las sociedades, lo que generó protestas de los banqueros y periodistas. Un banco dijo que no había razón para preocuparse hasta que los préstamos alcanzasen los 12 billones. Quienes alertaban eran censurados por conspirar contra el American way of Life. Hasta Irving Fisher dijo que los valores habían alcanzado un valor permanentemente alto. Solo la Hardvard Economic Society detectó síntomas de recesión pero el retroceso no se producia y confesó su error. Fue Paul M. Warburg quien advirtió de que sobrevendría una depresión general pero no le tomaron en serio. Por su parte, algunos periodistas económicas cobraban de los intermediarios por recomendar valores. Otros como Poor, advirtió del "espejismo de las acciones" mientras que ningún lector de The New York Times podía tener duda de que venían tiempos de ajuste.
A partir del 3 de septiembre, cesó el mercado alcista de los años 20 y a los pocos días empezó el retroceso. Los "blue chips" se mantuvieron que se negociaron 5 millones de acciones en un día. Babson advirtió de una inminente y terrorifica depresión pero lo ignoraron (por sus métodos mágicos para predecir la Bolsa) y luego denunciaron por alarmista.
En junio las cotas de producción industrial (acero, ferrocarril, vivienda) alcanzaron su cota máxima y empezaron a decaer. Las quiebras de las empresas empezaron en septiembre. La depresión ya estaba en marcha y Wall Street fue su espejo. Pero no había razón para temer un desastre. Según Galbraith, la depresión no se produjo porque el mercado se diese cuenta de que se avecinaba una gran crisis, cuando el mercado se contrayó no podía prever una depresión. En octubre se dieron noticias de problemas de algunos magnates para encontrar dinero para arreglar su yate. La retirada del mercados comenzó el lunes 21 de octubre y en la siguiente semana empezaron las pérdidas. El jueves 24 se desató el pánico con ventas de 12 millones de acciones y empezaron los rumores, y la gente a arremolinarse. El martes 29, el hundimiento fue general, con ordenes para vender 33 millones de acciones. Hubo reunión de banqueros.
Al final del libro, Galbraith explica las causas de la depresión: la cesión de la actividad industrial en 1929 y el proceso que siguió después y que agudizó la crisis. Los beneficios industriales se gastaron en bienes de capital. No se pudo enderezar la situación por los escasos conocimientos de la época y otros fallos técnicos. La economía funcionaba de modo incorrecto, concluye Galbraith.
[Nota del lector: Roubini, en el libro "Cómo salimos de esta" (2010), apunta que algunos creen que la Gran Depresión se debió a una súbita subida de los tipos de interés que reventó la burbuja].
Conceptos:
-SEC: sociedad reguladora
-Call market
-Trust: agencias de inversión. Por ejemplo: Goldman Sachs
-Holding: conglomerado de trust de inversión
-El mecanismo de la palanca (crack-the-wip (latigazo)): Es una progresión geométrica de valores en cartera. En un trust de inversión, el papel de la palanca lo desempeña la emisión de obligaciones, acciones preferentes y acciones ordinarias, lo cual permitía adquirir una cartera de acciones ordinarias. Cuando el valor de las acciones ordinarias asi compradas aumentaba, lo cual se daba siempre por supuesto, no se alteraba el de las obligaciones y las acciones preferentes del trust. Estos tenían un valor fijo debido a que su rendimiento había sido fijado de antemano. Todo el aumento del valor de la cartera se concentraba en las ordinarias que prosperaban maravillosamente, se triplicaban en cosa de meses. Si esos títulos ordinarios eran detentados por otro trust con otra palanca, el valor se multiplicaba por ocho. El costo era nulo para el que ponia en marcha un trust y conservaba el paquete de acciones ordinarias.
Notas bibliográficas:
-Paul C. Cabot, artículo publicado en The Atlantic Monthly en marzo de 1929.
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