lunes, 17 de abril de 2017

"La psicología del dinero", de Claudia Hammond (2016)

Resumen de "La psicología del dinero", de Claudia Hammond (2016)

Resumen original y actualizado en el link:
http://evpitasociologia.blogspot.com/2017/04/la-psicologia-del-dinero-de-claudia.html

Autor del resumen: E.V.Pita, doctor en Comunicación y licenciado en Derecho y Sociología

Sociología, dinero, psicología, Economía, psicología social

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Título: "La psicología del dinero"
Subtítulo: Por qué ejerce tal poder y cómo dominarlo

Título original en inglés: Mind over Money. The Psychology of Money and How to Use It Better.

Fecha de publicación en inglés: 2016

En español: Barcelona, 2016, Penguin Random House Grupo Editorial / Taurus

Número de páginas: 326

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Biografía de la autora Claudia Hammond (hasta el 2016)

Hammond es escritora y profesora de psicología, y ha presentado varios programas de psicología de la BBC. Da clases en la Universidad de Boston en su sede en Londres. Es autora del libro Emotional Rollercaster y ha recibido numerosos premios, entre otros el Public Understanding of Neuroscience Award de la British Neuroscience Association, el Public Engagement and Media Award de la British Psycological Society y el Mind's Making a Difference Award.

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Texto de la contraportada

"El disgusto de perder dinero es notablemente mayor que la alegría de ganarlo; cuando se trata de evitar que nos estafen, ser cascarrabias puede resultar muy útil; un dolor de cabeza se pasa antes con un analgésico "tranquilizadoramente caro" que con uno más barato de idéntica composición.

No pasa un día sin que el dinero tenga algún protagonismo en nuestra vida, pero no solemos detenernos a pensar en el modo en que este modifica y condiciona nuestras ideas, nuestro comportamiento y nuestra percepción de la realidad. Repleto de reveladores ejemplos, este libro ofrece las claves para evitar que el dinero controle nuestra mente.

Claudia Hammond, prestigiosa divulgadora científica, se apoya en las últimas investigaciones en psicología, neurociencia, biología y economía conductual con el fin de ofrecer una serie de fórmulas sencillas y eficaces que nos ayuden a usar mejor el dinero.

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ÍNDICE

1. De la cuna a la tumba
2. La faltriquera llena
3. Cuentas mentales
4. Tener y retener
5. El precio justo
6. 1/2 calderilla
7. ¿El dinero es lo que nos motiva?
8. Consejos para banqueros
9. Dinero, dinero, dinero
10. Pobreza del pensamiento
11. Dinero malo
12. Dinero  bueno
13. Para las vacas flacas
14. El placer para gastar
15. Algunos consejos

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RESUMEN

La autora comienza el libro con la imagen del grupo de música KLF que el 23 de agosto de 1994 quemaron un millón de libras "de verdad" en la isla de Jura, en Escocia. Echaban fajos a una hoguera durante una hora y grababan en vídeo cómo ardía el dinero como muestra de arte conceptual. Las imágenes suscitaron una gran repulsa: si ellos no querían ese dinero, podían haberlo donado a la caridad pero quemarlo era una especie de pecado porque todo el mundo se imaginaba al ver la hoguera en qué podría haber gastado el dinero. No era lo mismo despifarrarlo o quemar un yate o un coche que quemar el dinero por que sí. Los propios cantantes, en sucesivas entrevistas, fueron incoherentes con sus respuestas y acabaron confesando que todavía se preguntaban para qué lo habrían quemado si se ponían a pensar en cada billete de 50 euros.
En otro experimento con escáneres cerebrales, un vídeo mostraba el torso y las manos de una mujer que rompía billetes daneses de gran valor y otros falsos. La gente se sentía muy incómoda en el primer caso al ver un acto transgresor. Una de las áreas cerebrales que se activaban era la de las herramientas como cosa útil para hacer cosas.
En Australia incluso pueden meter a alguien en la cárcel si pintarrajea billetes.

La autora repasa a autores que estudiaron el dinero como Herman Neville, en su novela Taipi, de sociedades que no usaban dinero y de otros como Karl Polanyi que lo definieron como "un sistema semántico, ya que se puede pensar en él como se piensa en un idioma o en un sistema de pesos y medidas y en un medio más restringido como medio de pago, unidad de medida, mecanismo de acumulación y medio de intercambio". El psicólogo William James le llama "yo expandido" y el historiador Yuval Noah Harari como el "sistema de confianza mutua más universal y más eficaz que se ha concebido jamás".

Hammond sostiene que no siempre la gente responde a los incentivos para trabajar más.

En el capítulo 1, la autora señala que cuando comemos una chocolatina o recibimos dinero (o vales) se activa un mecanismo que libera "dopamina" y proporciona placer como recompensa inmediata. El dinero es una "herramienta" pero usarlo para bajar a la tienda y comprar una chocolatina no proporciona una gratificación instantánea. Otros expertos dicen que el dinero funciona como una droga o una herramienta. El dinero dado en mano sí genera alegría, la promesa de recibirlo, no. "El dinero afecta a nuestra actitud, a nuestros sentimientos y a nuestra conducta" (Hammond, 2016:20)

También señala que los niños aprenden de pequeños a atesorar el dinero, que para ellos no es bueno ni malo, y a ahorrar soñando con comprarse un laud caro, etc... Pero una vez adultos se dan cuenta de que no pueden despilfarrar ese dinero ahorrado en un objeto caro de lujo. En otro estudio, los niños tenían que organizar una producción artística y los psicólogos pronto descubrieron que los pequeños hablaban todo el rato de dinero: lo que iban a cobrar por entrada, la venta de DVD en tiendas...

También habla del ahorro, las donaciones y el juego.

En el caso del juego, hizo el seguimiento a un ejecutivo de venta de acciones inglés que se había convertido en un ludópata que apostaba miles de libras en plena madrugada en carreras de caballos. La autora sigue la pista a los jugadores y llega a la conclusión de que estos actúan por el afán de recompensa, de ganar algo, lo que sea. Muchas veces ni siquiera se gasta el dinero o salda sus deudas, sino que lo vuelve a despilfarrar en el juego. Un defecto del ludópata patológico es que no reconoce cuándo está perdiendo e insiste en seguir jugando porque cree que "está muy próximo del triunfo" pero no entiende lo obvio: si salen dos naranjas y una cereza en una máquina tragaperras no es "estar cerca de ganar" sino que es "perder". Lo mismo que si en la mesa de un casino sale negro no significa que luego vaya a salir rojo, porque se trata de sucesos independientes. Las curas pasan por aprender a "gastar" en cosas que le produzcan algún placer porque, al menos, no lo pierde todo en el juego.

Respecto a las donaciones, los distintos experimentos muestran que la gente es propensa a dar si le muestran un buen mensaje. Curiosamente, son más generosas las familias de países ricos que las que proceden de tierras muy pobres (en un estudio sobre quienes salvaron a judíos en la Segunda Guerra Mundial). Respecto a las oenegés, según la autora, se recauda más cuando se da un mensaje con fotos de niños feos que cuando salen guapos, porque estos mismos parecen valerse por sí mismos y da la impresión de que no necesitan tanta ayuda. También ocurre algo parecido cuando un millonario dona dinero porque la gente sospecha que se va a llevar una comisión o algún beneficio. Por su parte, las oenegés ganarían mucho más dinero si usan la palabra donar=amar antes que donar=ayudar. En cuanto al país que dona más dinero porcentualmente es Birmania, seguido de Thailandia (donde existe una gran tradición de donar a los budistas), Malta y Reino Unido.

En cuanto al ahorro, una de sus conclusiones es que parece que funciona mejor ahorrar en una cuenta única en contra de los consejos para diversificar las inversiones y disminuir el riesgo. La razón es que se puede gestionar una única cuenta que tres, y la diferencia puede ser del 6 % de beneficios.


miércoles, 12 de abril de 2017

"El gran cambio disruptivo del siglo XXI" (Selección de reportajes)

"El gran cambio disruptivo del siglo XXI" 

(Selección de reportajes)


 https://eleconomistavago.files.wordpress.com/2017/04/impactosocial1.pdf
"El gran cambio disruptivo del siglo XXI"
Por E.V.Pita (2017)
Selección de reportajes


INTRODUCCIÓN

El nuevo cambio disruptivo del siglo XXI

En el siglo hubo tres grandes cambios sociales que transformaron por completo el mundo hasta hacerlo irreconocible: el triunfo del automóvil y la economía del petróleo, el éxodo del rural a la ciudad y la incorporación masiva de la mujer al trabajo. Estos tres cambios fueron suficientes para convertir una sociedad agraria y patriarcal en otra urbana e igualitaria. La transición duró medio siglo y aún no está completa.

Entrado el siglo XXI nos enfrentamos a otro cambio social que surge con el triunfo de Internet, la globalización y el progresivo reemplazo del petróleo por la electricidad. El principal afectado es el empleo, ya que los nuevos modelos de producción eliminan muchos puestos de trabajo que son automatizados, ya sea por los avances en las redes sociales como por la robotización. A ello se suman otros procesos, como el autopago y la conversión del cliente en “prosumidor” (productor-consumidor) en el que asume funciones como gestionar sus pagos y la cuenta bancaria, montar sus propios muebles, retocar sus fotos y otras funciones que antes las realizaba un profesionales. Esto desemboca en la llamada revolución “maker” en la que el propio ciudadano imprime los objetos que necesita en 3D en su casa sin necesidad de importarlos; el hogar se convierte en una fábrica-laboratorio y las oficinas en estudios de trabajos de proyectos y talleres de impresión de prototipos. Un mundo donde funciona Internet de las Cosas y las máquinas se comunican entre sí.

A todos estos avances se suman novedades como el coche autónomo, el “share-car” y surgen grandes plataformas como Arbrn o Uber para alquilar casas o coches en función de la demanda.

En esencia, la llamada Industria 4.0. parece ser una versión muy avanzada del capitalismo liberal. La revolución que está detrás es la reducción de costes y la autoproducción. El cambio social podría venir de la implantación de una renta básica universal como modo de paliar los efectos previstos en el mayor desempleo. Y la distopía viene de ver cómo el hogar se convierte en una fábrica en la que los asalariados trabajan en función de los proyectos que les encargan sus empresas en una sociedad menos globalizada pero más hiperconectada y, quizás, gobernada en un futuro por inteligencia artitificial.

La siguiente selección de reportajes muestra cómo se han ido concretando este cambio social.

E.V. Pita (2017)




ÍNDICE



Introducción

1. “Los mostradores desiertos” (2013)


2. "La Singularidad, el sueño de Silicon Valley" (2015)

3. “40 expertos en derecho tecnológico debaten sobre los contratos inteligentes” (2016)

4. “La fábrica inteligente ya está aquí” (2016)

5. "Expertos vigueses en ciberseguridad alertan a hogares e industrias de su vulnerabilidad" (2017)

6. “El movimiento «maker» irrumpe con fuerza en el centro de la ciudad” (2017)

7. “Bufetes de Vigo se especializarán en la defensa legal de robots” (2017)

8. “Vigo impulsa la mayor plataforma gallega de abogados digitales” (2017)

9. "Empresas de Vigo ensayan la revolución del «blockchain»: contratos sin intermediarios" (2017)

10. «Es urgente legislar sobre los coches autónomos porque son una realidad» (2017)

11. "Tres parados invierten 60.000 euros para abrir el primer FabLab de Vigo" (2017)

12. “Imprimen en 3D por mil euros el primer androide casero que habla gallego en Vigo” (2017)

13. "Vigo entra en una red mundial que conecta a 15.000 emprendedores" (2017)


E.V.Pita (2017)













lunes, 10 de abril de 2017

"Destrucción masiva. Geopolítica del hambre", de Jean Ziegler (2011)

Resumen del libro "Destrucción masiva. Geopolítica del hambre", de Jean Ziegler (2011)


El resumen original y actualizado está en el siguiente link:
http://evpitasociologia.blogspot.com/2017/04/destruccion-masiva-geopolitica-del.html

Resumen por E.V.Pita, doctor en Comunicación y licenciado en Sociología y Derecho

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Título: "Destrucción masiva"
Subtítulo: Geopolítica del hambre

Título original en francés: "Destruction massive" (Editions du Seuil, 2011)

Autor: Jean Ziegler

Edición en español: Ediciones Península, Grup Editorial 62, Barcelona, 2012,

Páginas: 333

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Biografía del autor Jean Ziegler (hasta el 2012)

Jean Ziegler (Suiza, 1934). Es uno de los analistas de política internacional más lucidos y comprometidos. Relator Especial de la ONU para el Derecho a la Alimentación entre los años 2001 y 2008, actualmente es miembro del Comité Consultivo del Consejo de Derechos del Hombre de la ONU y profesor emérito de sociología en la Universidad de Ginebra. Entre sus libros destacan: El hambre en el mundo (nueva edición, El Aleph, 2010), Los nuevos amos del mundo y aquellos que se les resisten (2004) y El imperio de la vergüenza (2006). Su último libro El odio a Occidente (Península, 2010), tuvo una excelente acogida entre los lectores.

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Texto de la contraportada

"El derecho humano a la alimentación, tal como se desprende del artículo 11 del Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales, se define como sigue: "El derecho a la alimentación es el derecho a tener un acceso regular, permanente y libre, sea de un modo directo, o bien por medio de compras monetarias, a un alimento cualitativamente y cuantitativamente adecuado y suficiente, que se corresponda con las tradiciones culturales del pueblo de procedencia del consumidor, y que garantice una vida psíquica y física, individual y colectiva, libre de angustias, satisfactoria y digna".

"De todos los Derechos Humanos, el derecho a la alimentación es sin duda el más constantemente y más ampliamente violado en nuestro planeta".

"El hambre tiene un cierto parentesco con el crimen organizado".

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ÍNDICE

Primera Parte: La matanza

1. Geografía del hambre
2. El hambre invisible
3. Las crisis prolongadas
PS 1: El gueto de Gaza
PS 2: Los refugiados del hambre de Corea del Norte
4. Los niños de Crateús
5. Dios no es campesino
6. "Nadie pasa hambre en Suiza"
7. La tragedia del noma

Segunda parte: El despertar de las conciencias

1, El hambre como fatalidad
2. Josué de Castro, primera época
3. El "Plan Hambre" de Adolf Hitler
4. Una luz en la noche: las Naciones Unidas
5. Josué de Castro, segunda época

Tercera parte: Los enemigos del derecho a la alimentación

1. Los cruzados del neoliberalismo
2. Los jinetes del Apocalipsis
3. Cuando el librecambio mata
4. Savonarola a orillas del Lago Leman

Cuarta parte: La ruina del PMA y la impotencia de la FAO

1. El espanto del multimillonario
2. La gran victoria de los depredadores
3. La nueva selección
4. Jalil Jilani y sus hijos
5. La derrota de Diouf
PS: El asesinato de los niños iraquíes

Quinta parte: Los buitres del "oro verde"

1. La mentira
2. La obsesión de Barack Obama
3. La maldición de la caña de azúcar
PS: El infierno de Gujarat
4. Recolonización

Sexta parte: Los especuladores

1. Los "tiburones tigre"
2. Ginebra, capital mundial de los especuladores agroalimentarios
3. Robo de las tierras, resistencia de los condenados
4. La complicidad de los Estados occidentales

La esperanza
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RESUMEN

Comentarios iniciales: Quizás uno de los valores de este libro sea, además de concienciar del problema del hambre, recuperar la figura de Josué de Castro, un político brasileño que acuñó el concepto de Geopolítica del hambre en los años 40 y 50 concienció a la ONU de que había que hacer campañas contra el hambre.

La tesis del libro es que el número de personas subalimentadas que pasan hambre en el mundo asciende a mil millones. Los objetivos de los años 90 eran reducir la cifra a la mitad pero nada de eso ha ocurrido. En 1960-1971 había 900 millones de personas subalimentadas para una población de 3.660 millones, en 1995-1997 bajó a 800 para una población de casi 6.000 millones, en el 2005 estaban en 848 para 6.500 millones de habitante pero con la crisis del 2009 se disparó a más de mil millones de subalimentados para una población cercana a los 7.000 millones de personas. Como se puede ver: la población mundial también ha aumentado, por lo que el porcentaje de personas que pasan hambre se ha reducido de una de cada cinco en 1960 (20%) a una de cada siete en 2010 (14 %). Estas cifras han sido calculadas según las cifras de población mundial y subalimentados que aporta Ziegler. En todo caso, el autor recalca que en dos generaciones, de 1960 a 2010, se ha producido un "desastre mundial".

El autor resalta que las personas subalimentadas no solo reciben un aporte calórico y nutricional menor (lo aconsejable para un adulto son 2.000 calorías) sino que la desnutrición, sobre todo si es infantil, arrastra otros problemas como un crecimiento deficiente, tanto físico como mental, raquitismo, retraso escolar, enfermedades asociadas por la falta de vitaminas e incluso el "soma", una terrible enfermedad asociada a la desnutrición que deforma el rostro y que supone una vergüenza para la familia de la víctima y para los propios gobernantes del país donde suceden estos terribles casos.

Ziegler insiste en que no solo hay que computar las muertes por inanición

Ziegler distingue entre hambre estructural y hambre coyuntural (por una catástrofe, una plaga).

También hay distintos tipos de desnutridos: los pobres rurales (rural poor), los pobres urbanos (slums de Karachi, favelas de Brasil, smoky mountains de Manila).

Uno de los aspectos que destaca el autor es que Europa y Estados Unidos (en general Occidente) es una balsa de paz frente a la violencia que está azotando el resto del mundo (a lo que se suman grandes épocas de sequía).

Otro factor que se debe tener en cuenta es que el hambre también se puede usar por razones de geopolitica para debilitar a una población en concreto. Eso fue muy usado durante la Segunda Guerra Mundial, donde los campos de concentración rusos y alemanes permitieron la muerte por inanición de muchos prisioneros para reducir la población opositora o de segunda o tercera categoría (según la ideología racista de la época).

El autor hace un seguimiento a las relaciones entre la FAO (creada para combatir el hambre estructural) y la PMA (Plan Mundial de Alimentos), para combatir el hambre coyuntural por razones de urgencia. Según el autor, el PMA es el que es más efectivo. Reciben los excedentes de las cosechas de los países ricos, aunque estos han reducido sus donaciones porque parte de la cosecha se dedica a la producción de biocombustibles.

Especiales resultados obtiene el sistema indio PDS para reducir el hambre. Si en uno de los 6.000 distritos, un hindú se muere de hambre, el comité responsable del distrito es destituido fulminantemente. Hay almacenes con excedentes repartidos por las cuatro esquinas del país y se encargan de repartirlo a los más necesitados, pues hay listas de pobres en cada distrito.
Las críticas del autor van especialmente dirigidas a la OMC (Organización Mundial del Comercio) que impulsa el librecambio en el mundo y al FMI por imponer políticas de mercado libre mal entendidas y que generan situaciones crueles para los agricultores, a los que empobrece la eliminación de subvenciones.


Pone como ejemplo el país de Zambia o Ghana, a los que el FMI les obligó a suprimir ayudas y subvenciones a los pequeños agricultores, lo que derivó en graves hambrunas. El autor sostiene que el “libre mercado mata de hambre”. Los defensores de la FMI y el OMC alegan que gracias al librecambio y la eliminación de los aranceles los habitantes de los países pobres tendrán acceso a alimentos más baratos procedentes de otros lugares (casualmente, Europa o EEUU). Aunque los precios son hasta tres veces más baratos que la producción local, eso no acaba con el hambre porque lo que hace es equiparar la misera en el campo con la urbana y empobrecer al campesino que acaba por emigrar a las ciudades, porque ya no puede colocar sus productos porque no son competitivos y produce menos cantidad de alimentos. La OMC alega que esta medida a la larga beneficia a todo el país pero según el autor las muertes por hambre se disparan cuando se retiran las subvenciones al campo y se obliga a que los campesinos adquieran piensos, abonos y fertilizantes. Lo que han denunciado varios autores (Stiglitz) es que mientras a los paises pobres se les obliga a liberalizar su economía, los países ricos siguen subvencionando a sus agricultores y ayudando a las exportaciones, lo que es competir con ventaja. Los afectados acusan a la OMC de “ser un club de ricos” que no se prestan a ayudar a los más pobres para acabar con el hambre.

lunes, 3 de abril de 2017

“Solo en la bolera”, de Robert D. Putnam (2000)

“Solo en la bolera”, de Robert D. Putnam (2000)


Resumen original y actualizado en:


Autor del resumen: E. V. Pita, doctor en Comunicación y licenciado en Derecho y Sociología

Sociología, vida comunitaria, civismo, cambio social, capital social
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Título: “Solo en la bolera”
Subtítulo: Colapso y resurgimiento de la comunidad norteamericana

Título original: The Collapse and Revival of America Community

Fecha de publicación en inglés: 2000
Edición en español: Galaxia Gutemberg, Círculo de Lectores. Grupo Editorial Plaza & Janes, Barcelona, 2002

Páginas: 780

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Biografia del autor Robert D. Putnam (hasta 2002)

Robert D. Putnam ha sido presidente del Departamiento de Gobierno de la Universidad de Harvard, director del Centro de Asuntos Internacionales y decano de la John F. Kennedy School of Government. En el 2002 era profesor de la cátedra de Administración Pública “Peter and Isabel Malkin” en la Universidad de Harvard y dirige el Seminario Saguaro, que reúne a renombrados teóricos y profesionales con la finalidad de desarrollar conceptos para el fortalecimiento de los vínculos sociales entre los ciudadanos de las democracias occidentales.
Es autor y coautor de una decena de libros y de más de 30 artículos académicos publicados en diez lenguas, entre los que cabe destacar Beliefs of Politicians (1973), Comparative Study of Political Elites (1976), Bureaucrats and Politicians in Western Democracies (1981) y Disaffected Democracies: What´s Troubling the Trilateral Countries? (2000). El profesor Putnam estudió en el Swathmore College, el Balliol College of Oxford y la Universidad de Yale y es doctor honoris causa por las universidades de Swarthmore y Estocolmo. Ha enseñado en la universidad de Michigan y ha sido miembro del equipo del Consejo Nacional de Seguridad de los Estados Unidos. En el año 2000 publicó Solo en la bolera. Colapso y resurgimiento de la comunidad norteamericana, obra en la que expone las causas y efectos de la pérdida de los vínculos sociales entre los ciudadanos de los Estados Unidos. Este análisis realizado a partir de 500.000 entrevistas y estadísticas que recogen en detalle el comportamiento de los norteamericanos a lo largo de un cuarto de siglo fue celebrado como un hito dentro de los estudios sociológicos. A la luz de su enorme impacto, Robert D. Putnam fue invitado por la Fundación Bertelsmann para coordinar el trabajo de un equipo internacional que investigaría el estado y solidez de los vínculos sociales en Estados Unidos, Suecia, Alemania, Francia, Gran Bretaña, Australia, Japón y España, donde el análisis estuvo a cargo del renombrado profesor de sociología Víctor Pérez-Díaz. Este estudio dio origen al volumen El declive del capital social. La política cultural como condición para la democracia (Galaxia Gutenberg, 2002).

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Texto de la contraportada

Solo en la bolera constituye un estudio revolucionario sobre los cambios que la sociedad norteamericana ha experimentado en los últimos 25 años. Robert D. Putnam, el célebre sociólogo y politólogo, desvela en esta obra cómo los ciudadanos de EE.UU. viven cada día más alejados de sus familias, amigos, vecinos y de las instituciones sociales, ya sean iglesias, clubes o partidos políticos. Para describir este preocupante fenómeno de aislamiento y de pérdida de cohesión social, Putnam recurre a la metáfora del popular juego de bolos, que se está convirtiendo en una actividad solitaria en lugar de un disfrute compartido.
El provocador ensayo de Putnam demuestra que la pérdida de capital social – es decir, los vínculos entre los ciudadanos y las normas de reciprocidad y confianza derivadas de ellos- es también la pérdida del factor más potente de satisfacción social y personal. Con ello está en juego, dice Putnam, la economía, la democracia y hasta la salud y la felicidad de los norteamericanos. Un análisis y una advertencia ya ineludibles en el estudio de otras sociedades de alta tecnología.

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ÍNDICE

Parte 1 : Introducción

Capítulo 1: Reflexiones sobre el cambio social en Estados Unidos

Parte 2: Tendencias en el compromiso cívico y en el capital social

Capítulo 2: Participación política

Capítulo 3: Participación cívica

Capítulo 4: Participación religiosa

Capítulo 5: Vínculos en el lugar de trabajo

Capítulo 6: Vínculos sociales informales

Capítulo 7: Altruísmo, voluntariado y filantropía

Capítulo 8: Reciprocidad, honradez y confianza

Capítulo 9: ¿Contra la corriente? Grupos pequeños, movimientos sociales y la red


Parte 3: ¿Por qué?

Capítulo 10: Introducción

Capítulo 11: Presiones de tiempo y dinero

Capítulo 12: Movilidad y dispersión urbana

Capítulo 13: Tecnología y medios de comunicación

Capítulo 14: De generación en generación

Capítulo 15: ¿Quién fue el asesino del compromiso cívico? Resumen


Parte 4: Bien, ¿y qué?

Capítulo 16: Introducción

Capítulo 17: Educación y bienestar infantil

Capítulo 18: Barrios seguros y productivos

Capítulo 19: Prosperidad económica

Capítulo 20: Salud y felicidad

Capítulo 21: Democracia

Capítulo 22: El lado oscuro del capital social


Parte V: ¿Qué hacer?

Capítulo 23: Lecciones de historia: la edad dorada y la era progresista

Capítulo 24: Un programa para capitalistas sociales

Apéndices: Cuantificación del cambio social, auge y caída de las asociaciones cívicas y profesionales

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RESUMEN

Comentarios iniciales: Este libro es citado frecuentemente por los autores que estudian la caída de la participación ciudadana en la política. El libro fue escrito en el 2000, antes de la irrupción de las redes sociales como Facebook o Twitter o la economía colaborativa. Por tanto, la pregunta que hay que hacerse es si el diagnóstico estaba equivocado e Internet supuso un resurgir de la vida comunitaria o si eso tal resurgir es tan falso como un “amigo” de Facebook.

Resumen: La tesis del autor es que durante los dos primeros tercios del siglo XX una marea poderosa empujó a los norteamericanos a comprometerse cada vez más hondamente en la vida de sus comunidades, pero desde hace unas pocas décadas esa marea se invirtió de manera callada e inadvertida, y fuimos arrastrados por una resaca traicionera. “Durante el último tercio del siglo hemos sido separados unos de otros y de nuestras comunidades sin que nos percatáramos en un primer momento” (Putnam, 2002: 27). Entre las posibles explicaciones está el exceso de trabajo, la expansión suburbana, el estado de bienestar, la revolución feminista, el racismo, la televisión, el aumento de la movilidad, el incremento de divorcios. Algunos factores no tuvieron importancia en el desgaste del capital social. Señala que las escuelas no funcionan tan bien cuando se aflojan los lazos de la comunidad y que la economía o la felicidad dependen de unas reservas adecuadas de capital social. Cree que la solución para invertir un proceso de descomposición cívica hay que buscarla en la terapia aplicada hace un siglo en EE.UU.

En el capítulo “¿Quién fue el asesino del compromiso cívico?” ve pruebas a favor y en contra de las causas de esa desmotivación cívica. Dice que coincidió con la ruptura de la unidad familiar tradicional: madre, padre e hijos (hay más divorcios, familias monoparentales, hogares unipersonales). Señala que las familias tienden a ir a la iglesia y a actividades relacionadas con la juventud (asociaciones de padres, boy scouts) o asistan a reuniones públicas sobre asuntos municipales o escolares. Hay mayor probabilidad de participar en el voluntariado. Pero los matrimonios también son más hogareños y menos dados a visitar clubes.
Lo paradójico es que ahora, al haber más solteros, deberían haber más actividades sociales públicas. Concluye que la unidad familiar tradicional está en decadencia (mucho), al igual que el compromiso religioso (poco) y probablemente existe algún vínculo entre ambos fenómenos. Pero en todo caso, no explica por qué ese mayor tiempo libre de los divorciados no se empleó en una mayor implicación social y comunitaria (partidos, organizaciones laicas, tiempo para vecinos).

Otra cuestión que analiza es la raza. En Estados Unidos, tras la victoria de los derechos civiles, sospecha que el fin de la segregación legal en la vida cívica provocó una “desbandada de los blancos” en las asociaciones comunitarias. Cree que el desgaste del capital social ha afectado a todas las razas y todos han abandonado con la misma rapidez las asociaciones. Tampoco se ve que las generaciones más intolerantes y segregacionistas hayan abandonado las entidades cívicas antes.

Otra tesis atribuye el descenso de la vinculación social a la excesiva dimensión del gobierno y el crecimiento del Estado de bienestar. Dice que es posible que las demoliciones de los viejos barrios hayan eliminado el capital social que había allí así como que ciertos gastos sociales y medidas fiscales hayan desincentivado las actividades filantrópicas de mentalidad cívica. Y estas medidas gubernamentales no explican porqué hay un declive de la liga de bolos, cenas en familia y clubes literarios. Tampoco parece que los individuos que estén en estados que gastan mucho estén menos comprometidos que los residentes en estados ahorradores.

El siguiente sospechoso es el capitalismo y el libre mercado, pues ya los economistas advirtieron que el capitalismo acabaría minando las premisas de su propio éxito al deteriorar los vínculos interpersonales y la confianza social, que había creado una “sociedad fría” sin calidez interpersonal que la amistad requiere. Lo duda pero el autor ve que la nacionalización y globalización de las estructuras económicas ha llevado a la sustitución de bancos, comercios y otras empresas de carácter local por enormes imperios multinacionales “a menudo supone un declive del compromiso cívico por parte de los directivos” (Putnam, 2002:381). “A medida que Wal-Mart sustituye al colmado de la esquina y los empresarios locales son relevados por mercados impersonales, se van atrofiando los incentivos para que las élites del mundo de los negocios participen en la vida comunitaria”. Hay casos de que la “deslocalización empresarial” a finales del siglo XX tendió a desmantelar las iniciativas cívicas en Atlanta, por ejemplo. Así, en Boston, se deshacía una famosa cofradía local de hombres de negocios. Pero el autor considera que esto no explica por qué la deslocalización empresarial iba a afectar a nuestra disposición a asistir a un acto social de la iglesia, jugar a las cartas con los amigos o votar en las elecciones presidenciales.

Respecto a los factores que han contribuido al declive del compromiso cívico y el capital social están:

  • Las presiones de tiempo y dinero (con familias donde trabajan dos cónyuges), lo que hace que disminuya el compromiso social y comunitario. Calcula algo menos del 10 % del declive.
  • La suburbanización (ciudades satélite en la periferia): los desplazamientos para ir y venir del trabajo explicarían otro 10 % del problema.

  • El entretenimiento electrónico (sobre todo la televisión): Ha sido un factor sustancial en la privatización de nuestro tiempo libre. Sería el responsable del 25 % del declive.

  • El cambio generacional (la sustitución lenta y constante de una generación cívica por otra de hijos y nietos menos comprometidos) es un factor poderoso. Sería un 50 % del declive.

  • El autor añade un quinto punto que es la “generación de la tele”: Ve que la coincidencia entre el cambio generacional y los efectos de la televisión a largo plazo complican ligeramente la explicación del cambio porque la generación cívica que ve mucha televisión reduce sus compromisos.
Concluye que el trabajo, la expansión urbana, la televisión y el cambio generacional son partes sustanciales de esta historia.

A medida que avanza en su libro, señala que el hecho de trabajar a tiempo parcial permite a las personas estar en contacto con redes sociales más amplias. El autor dice que “necesitamos premiar a las empresas que muestren una actitud responsable hacia los compromisos familiares y comunitarios de sus empleados y cómo estimular a otros empresarios a seguir su ejemplo”.

Propone el reto de que las personas estén menos tiempo sentadas ante el televisor y más haciendo actividades comunitarias. Por otra parte, señala que Internet ofrece ciertas formas de deliberación democrática y creación de comunidad, lo que ayudaría a fortalecer y no sustituir los lazos directos con sus vecinos (Internet como refuerzo y no suplantación de las redes sociales locales y hechas cara a cara).

También pide a los políticos que animen a sus ciudadanos a participar en la vida pública de sus comunidades, presentándose a cargos, haciendo campaña, trabajando en comités y votando. Dice que las campañas electorales (sobre todo la reforma de la financiación) debería dirigirse a aumentar la importancia del capital social y a disminuir la del capital económico en las elecciones federales, estatales y locales.

Otra idea es que los informes gubernamentales incluyan informes sobre el “impacto del capital social” en unos programas nuevos para llamar la atención sobre sus consecuencias (por ejemplo, al levantar una autopista que dividió un barrio se acabaron con las redes sociales que había).

Propone la reforma de las instituciones cívicas, tanto públicas como privadas, porque están anticuadas después de un siglo de la creación de la mayoría de ellas. Necesitan ser reformadas para invitar a una mayor participación. Esa reforma solo funcionará cuando los lectores se animen a reanudar el contacto con nuestros amigos y vecinos y multiplicar las comidas campestres.

Un reto para los padres y educadores y a los jóvenes es aumentar la participación electoral pero también la asistencia a deportes o coros, altruismo organizado o movimientos sociales de base. Una idea es lecciones cívicas en las escuelas o el aprendizaje de prestación de servicios voluntarios porque aumenta la autoestima, la responsabilidad social, la eficacia ciudadana, las habilidades de cooperación, el liderazgo, mejoran el conocimiento y reducen el racismo. Trabajar como mentor para otra miembros de otra generación (crear páginas web, aprender escritura narrativa) sirve para fines cívicos, lo mismo que participar en actividades extracurriculares (grupos musicales, atletismo, clubes de servicios). Pero incluso hay menos fondos para estas actividades. En las escuelas pequeñas hay más actividades extracurriculares que en las grandes, por lo que propone “desconcentrar” los megacolegios y crear colegios menores. Propone dar premios a los miembros de la Generación X que aporten las mejores ideas.

La entrada de la mujer en el trabajo es otro reto porque obliga a todas las instituciones a hacer el mayor cambio desde hace un siglo. Propone que las empresas tengan lugares más favorables para la familia y más acordes con la comunidad (prácticas que ayudarían a retener mano de obra leal y de alta calidad en tiempos de pleno empleo). La flexibilidad laboral ha tenido un crecimiento importante. Pero el hecho de que haya prácticas laborales que inhiben la participación en la comunidad y la vinculación con la familia generan una “externalidad negativa” que impone a la sociedad un coste sin contrapartida.

Aporta un dato importante y es que muchas de las asociaciones creadas hace un siglo (entre 1880 y 1910) fueron creadas por progresistas de clase media aunque añade que lo hacían para controlar a los inmigrantes de clase obrera más toscos (dice el autor :541) pero que tenían un aspecto benéfico porque reducían las desigualdades sociales. Era una especie de “Gran Hermano” que ilustra los riesgos del comunitarismo extremo. Esas sociedades son las que se descomponen ahora.

El autor añade: “Necesitamos desesperadamente una era de inventiva cívica para crear un conjunto renovado de instituciones y canales que revigoricen una vida cívica que se acomode a nuestra propia existencia. El reto que ahora se nos plantea es el de volver a inventar en el siglo XXI el equivalente de los boyscouts, los centros de asentamiento, los terrenos de juego” (Putnam, 2002:543). Dice que la disposición a experimentar y errar es el precio del éxito de la reforma social.

Putnam comienza su libro con la enumeración de numerosos casos por todos los Estados Unidos en los que las asociaciones comunitarias han perdido afiliados y los que quedan tienen 70 y 80 años sin esperanza de renovar sus filas. Aquí se incluyen bandas de música de instituto, clubs de bridge, asociaciones en defensa de los derechos civiles, veteranos, ligas de caridad, antiguas alumnas que promueven becas pero también iglesias y sinagogas. Todas ellas han experimentado un retroceso en sus comunidades, que llevaban 50 o más años funcionando. En los años 50 y 60, se daba por hecho una sobreabundancia de ocio y la participación electoral crecía cada vez más. A pesar de los problemas raciales, el sexismo, la contaminación y la pobreza rural, había participación en los asuntos de la comunidad, el sentimiento de identidad y de reciprocidad compartida. El “baby boom” parecía prometer nuevas afiliaciones hasta los años 80.

Putnam señala que la idea central de la teoría del capital social es que las redes sociales poseen un valor. El capital social guarda relación con los vínculos entre individuos -las redes sociales y las normas de reciprocidad y confianza derivada de ellas. Cita las descripciones que hicieron del “capital social” autores como el inspector de las escuelas rurales L.J. Hanifan, la urbanista Jane Jacobs para elogiar la vida vecinal en las metrópolis modernas, en 1970, por el economista Glenn Loury para analizar el legado social de la esclavitud y en 1980 por el teórico social francés Pierre Bourdieu y el economista alemán Ekkehart Schlicht para subrayar los recursos sociales y económicos encarnados en las redes sociales. Por su parte, el sociólogo James S. Coleman introdujo la expresión en los años 80 para poner de relieve el contexto social de la educación.

El autor explica que el capital social tiene una faceta individual y otra colectiva, un rostro privado y otro público. Los individuos forman vínculos que benefician sus intereses, por ejemplo, para encontrar empleo, buscar ayuda, camaradería o un hombro sobre el que llorar. Las redes sociales tienen externalidades de forma que un individuo que viva en un barrio con arraigo comunitario se beneficiará.
El autor considera que los vínculos sociales conllevan “normas de conducta”, obligaciones mutuas, y hay reciprocidad específica (yo hago esto por ti si haces esto por mi) y la generalizada (yo hago esto por ti sin esperar nada en concreto). Una sociedad caracterizada por la reprocidad generalizada es más eficiente que otra desconfiada. Según Hanifan y sus sucesores, “las redes sociales y las normas de reciprocidad pueden facilitar la cooperación en beneficio mutuo”. Pero advierte que el capital social también puede dirigirse hacia objetivos malintencionados y antisociales (Putnam, 2000:19). Se pregunta cómo se pueden maximizar los efectos beneficiosos del capital social (apoyo mutuo, cooperación, confianza institucional, eficacia) y minimizar los perjudiciales (sectarismo, etnocentrismo, corrupción).

Señala que hay un capital social que tiende puentes (inclusivo: movimiento por los derechos civiles, grupos juveniles de servicio, organizaciones religiosas ecuménicas; es crucial para salir adelante; genera identidades y reciprocidad más amplia; proporciona un superlubricante) y el vinculante (exclusivo: fraternidades étnicas, clubs de lectura femeninos parroquiales o clubs de campo para ricos; es crucial para salir del paso; reafirma nuestro yo más estrecho; es un superadhesivo sociológico; genera antagonismo hacia el exterior).

El autor señala que los mitos nacionales de EE.UU. exageran el papel del héroe individual y rebajan importancia al esfuerzo colectivo.

Señala que al finalizar el siglo XX “los norteamericanos corrientes compartían ese sentimiento de malestar cívico”. Las perspectivas económicas eran buenas pero “no estábamos igualmente convencidos de hallarnos moral o culturalmente en la vía correcta”. Veían una desintegración de la comunidad. Pero el autor resalta que a lo largo del último siglo hubo “altibajos” al percibir el debilitamiento de los lazos comunitarios. Pero cree que entrado el siglo XXI, las cosas sí han cambiado y que nuestra sociedad es distinta a la de nuestros padres. No hay más que hacer un recuento de las reuniones de los clubes, el conocimiento de los vecinos, las partidas de póquer de los amigos, etc... Se pregunta si la Generación X está menos comprometida.

El autor busca pruebas del cambio social en los clubs y asociaciones, la política, lazos informales como las partidas de cartas y campeonatos de bolos, comidas campestres, fiestas, actividades filantrópicas, voluntariado, y tres ejemplos “que parecen contradecir la decadencia de la vinculación”: grupos pequeños, movimientos sociales e Intenet (Putnam, 2002:27).






lunes, 27 de marzo de 2017

"Lo mío es tuyo", de Tom Slee (2016)

Resumen del libro "Lo mío es tuyo", de Tom Slee (2016)

El resumen original y actualizado está en la siguiente página:


Autor del resumen: E.V.Pita, doctor en Comunicación, licenciado en Derecho y Sociólogo

Sociología, Internet, economía colaborativa

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Título: "Lo mío es tuyo"
Subtítulo: Contra la economía colaborativa

Título original en inglés: What's your is Mine. Againts the Sharing Economy, 2016.

Autor: Tom Slee

Edición en español: Penguin Random House Grupo Editorial SAU, Taurus, Pensamiento, Barcelona, 2016

Número de páginas: 270

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Biografía de Tom Slee

Es un autor canadiense volcado en temas como tecnología, política y economía. Doctor en química y con una larga carrera en la industria del "software", se ha convertido en uno de los más relevantes críticos de la economía colaborativa.

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Texto de la contraportada

La idea de la economía colaborativa se nos ha contado como una forma alternativa a la economía convencional que no solo resulta más sostenible sino que además permite al individuo convertirse en un microemprendedor con mayor control de su vida. Pero esta nueva ola de empresas está en realidad financiada y dirigida por capitalistas de la más vieja escuela.

Tom Slee muestra cómo la economía colaborativa extiende las más duras prácticas del libre mercado a áreas de nuestras vidas previamente protegidas, y ofrece la oportunidad a unas pocas personas de enriquecerse perjudicando a su comunidad y empujando a individuos vulnerables a asumir riesgos insostenibles.

Esta investigación brillante, original y repleta de datos y ejemplos de lo más concluyentes demuestra que tras un lenguaje amigable basado en las ideas de confianza y compartir se oculta una realidad más oscura.

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ÍNDICE

1. La economía colaborativa

2. El panorama de la Economía Colaborativa

3. Un lugar donde alojarse con Airbnb

4. En marcha con Uber

5. Vecinos que ayudan a sus amigos

6. Desconocidos que confían en otros desconocidos

7. Una breve historia de la apertura

8. Abierto de par en par

9. Lo tuyo es mío

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RESUMEN

Comentarios iniciales: El gran crítico de Internet y de las prácticas de Silicon Valley es Evgeny Morozov y Tom Slee sigue ese camino, más enfocado a Uber y Airbnb, sobre los que también se han interesado los autores que estudian la automatización y la robotización.

Tom Slee no niega que la economía colaborativa, a nivel individual, sea buena porque permite ahorrar dinero y tiempo, conecta a personas distantes para intercambiarse servicios y acerca el mercado a todos. Son promesas que no se han cumplido. El problema es que este trabajo sin afán de lucro ha sido apropiado por grandes monopolios y empresas dirigidos por despiadados "tiburones" de Wall Street que solo piensan en amasar una fortuna. Estos directivos son parte esencial para que el negocio funciona pero a Tom Slee no se le pasa desapercibido que mientras a unos participan de forma voluntaria y de forma desinteresada, los directivos de la cúpula amasan fortunas con el esfuerzo de los demás. A ello se suma que estas plataformas están creando una especie de "trabajillos extra" para los colaboradores que recuerdan los salarios extra para el hogar que aportaban las mujeres tras la postguerra y que no se consideran verdaderos trabajos. Lo mismo ocurre ahora, con la salvedad de que los empleos "de verdad" destruidos por Airbnb y Uber son sustituidos por estos "trabajillos extra".

Recordemos que Uber es la plataforma que agrega (y el autor recalca que "agrega") conductores con coche propio que hacen de "chófer de todos" y compite con los taxistas. Por su parte, Airbnb agrega alojamientos privados por lo que es la red más grande del mundo. Supone una clara competencia con los hoteles tradicionales.

El autor señala que una de las claves de estas webs de Economía Colaborativa (pone como ejemplo a eBay) es que los clientes y compradores puntúen los servicios con 1 a 5 estrellas. Casualmente, las puntuaciones son altas y los comentarios son elogiosos. La razón, dice el autor, es que en público es de cortesía hacer comentarios elogiosos y evitar hacer críticas, que se reservan para el cara a cara y en privado. Y, en general, en la Economía Colaborativa la gente confía en los extraños. Eso no quita que haya habido casos de Airbnb en los que los inquilinos aprovechaban la casa para ejercer la prostitución, hacer fiestas, robar a la dueña o usar sus tarjetas y otros incidencias.

A lo largo del libro, el autor examina otros métodos de economía colaborativa y se centra en el caso de Long Tail propuesta por Anderson. Esta teoría sostiene que los vendedores de Internet tienen infinitos nichos de mercado y que aunque venden pocas cantidades de cada producto marginal, cuando lo suman la cifra que genera la "larga cola" (de una curva de distribución normal) es enorme. Prueba de ello sería iTunes, por ejemplo, ya que un millón de personas compra el éxito de moda pero otro millón compra 500.000 canciones del catálogo que a pocos interesan. Pero Slee es crítico con la "Long Tail" y replica que el tiempo ha llevado a Internet a aumentar la concentración de éxitos en unas pocas manos, a promover lo de "el ganador se lo lleva todo" y a agigantar aún más los grandes best-sellers y superventas, amplificados por Internet. El resultado es que en Internet solo subsisten grandes grupos mientras que los pequeños tienden a desaparecer porque las ventas que obtienen de la "long tail" no son suficientes para vivir. Entusiastas de la "Long Tail" cambiaron de opinión al ver cómo crecía todavía más la influencia de las "majors" y se disparaban las ventas de los superéxitos.

Esta idea se traslada al resto del libro. Al final, triunfa Airbnb porque es una plataforma que acapara las reservas, lo mismo que Uber. Nadie puede hacerles sombra y sus competidores quiebran o pasan a captar las ventas marginales.

Otro problema añadido es el pago de impuestos: la idea era que estas compañías que facturan tantos millones pagasen muchos impuestos pero están diseñadas para no gastar nada y recoger todo el beneficio para ellos: no tienen empleados sino "colaboradores" por lo que no tienen que pagarle Seguridad Social ni un salario fijo. Tampoco adquieren ninguna responsabilidad sobre lo que ocurra entre el cliente y el taxista o el dueño del apartamento. Tampoco gastan nada en infraestructuras, ya que el taxi o el apartamento lo pone el cliente. Su riqueza es crear comunidad.

Precisamente, ese ideal de comunidad que tanto promovieron estas plataformas inicialmente solidarias ha desaparecido y sido sustituido por un espíritu de obtención de beneficios al más puro estilo Wall Street. Por ejemplo, Uber cobra más los días de tormenta, algo que nada tiene que ver con ese espíritu solidario que promocionó en los inicios. Otros como Couchsourfing (alojar a gente en el sofá) tenía animadas reuniones de amigos para fomentar el espíritu comunitario pero fue vendido a un fondo inversor y mucha gente empezó a ver que el lenguaje informal era sustituido por mensajes que fomentaban la eficacia y otros valores en busca del beneficio.

También habla de los mapas en la India que iban a ayudar a la gente a legalizar la propiedad de sus fincas y al final han visto como las grandes empresas se valían de los mapas volcados en Internet para reclamar la propiedad frente a la tradición oral de los vecinos.

Lo mismo ocurre con otras iniciativas de transparencia gubernativa que si bien presta un servicio al ciudadano, esos datos acaban por ser volcados en los servidores de las grandes corporaciones, que tienen más medios para explotarlos.

El autor es escéptico sobre la economía colaborativa porque al poco tiempo de crearse la comunidad esta es apropiada por fondos inversores que buscan dinero y beneficios y para ello eliminan la cultura informal existente y se escudan en la cultura de la eficacia. El mayor problema es que muchos voluntarios que metieron horas en ayudar a construir la comunidad ve como su esfuerzo se lo quedan las grandes corporaciones que comprar la plataforma (lo que incluye el contenido).

Existe la sospecha de que la creación de comunidades ha hecho aflorar un mercado de intercambio de favores, trabajos voluntarios en los que no se cobra, etc... y luego las grandes compañías lo han privatizado y mercantilizado. Lo que era un espacio informal de ayuda mutua es "cosificado", "mercantilizado", empaquetado, privatizado y vendido como un producto.

lunes, 20 de marzo de 2017

"La nueva piel del capitalismo", de Xosé Carlos Arias y Antón Costas (2016)

Resumen de "La nueva piel del capitalismo", de Xosé Carlos Arias y Antón Costas (2016)


Resumen original y actualizado en el siguiente link:
http://evpitasociologia.blogspot.com/2017/03/la-nueva-piel-del-capitalismo-de-xose.html

Autor del resumen: E.V.Pita, doctor en Comunicación, licenciado en Derecho y Sociología

Sociologia, Economía, capitalismo, globalización,

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Título: "La nueva piel del capitalismo"
Autores:  Xosé Carlos Arias y Antón Costas

Editorial y fecha de publicación: Galaxia Gutenberg,Barcelona, 2016

Número de páginas: 344

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Biografía del autor Xosé Carlos Arias

Xosé Carlos Arias es catedrático de Política Económica en la Universidad de Vigo. Entre sus últimos libros publicados destaca la coedición de Nuevo institucionalismo: gobernanza, economía y políticas públicas (CIS, 2013), así como capítulos en libros de editoriales internacionales como Springer, Routledge o Intersentia.
Es columnista de La Voz de Galicia. Junto a Antón Costas es autor del libro La torre de la arrogancia (Ariel, 2º edición, 2012)

Biografía del autor Antón Costas

Es catedrático de Política Económica en la Universidad de Barcelona y presidente del Círculo de Economía. Autor de numerosos libros y artículos en torno a las políticas de liberalización, el análisis de reformas y la relación entre ideas e intereses, entre ellos La crisis del 2008. De la economía a la política y más allá. Es columnista de El País, El Periódico y La Vanguardia. Junto a Xosé Carlos Arias es autor del libro La Torre de la Arrogancia (Ariel, 2º edición, 2012).

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Texto de la contraportada

La economía de mercado ha experimentado una profunda transformación en las últimas décadas, al principio de una forma silenciosa y luego con notable estruendo. En el capitalismo de ahora destacan tres rasgos novedosos. El primero es la dimensión ultrafinanciera, con los mercados de capital situados fuera de cualquier escala razonable. El segundo, la creciente desigualdad, que origina amenazas para algunos de los grandes procesos que las sociedades avanzadas alcanzaron a mediados del siglo pasado. Y el tercero, una dinámica de internacionalización que abre nuevos caminos para la prosperidad, aunque también grandes riesgos, debido sobre todo a su composición muy desequilibrada.

Esos tres rasgos, que guardan densas relaciones entre sí, se vieron exacerbados a partir de la explosión de la gran crisis financiera de 2008. Pero también mostraron entonces sus múltiples e intrincadas contradicciones. Y no sólo en el ámbito estrictamente económico, en el que la posibilidad de un crecimiento lento en una perspectiva a largo plazo se ha ido haciendo cada vez más verosímil. También se plantean notables interrogantes para el futuro de la democracia, ya que la lógica de los mercados y la de la política democrática avanzan por sendas diferentes. Y en relación con todo ello, surge asimismo una amenaza para el proyecto de integración europea, pues la transformación económica de fondo ha acabado por mostrar las deficiencias estructurales sobre las que aquel proyecto fue diseñado.

En este libro, Xosé Carlos Arias y Antón Costas estudian con detalles las principales ideas y la sucesión de acontecimientos, contribuyendo a la conformación de la nueva piel del capitalismo.

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ÍNDICE (resumido)

Prólogo por Josep Ramoneda

Capítulo 1. Algo habremos aprendido

Capítulo 2. Una recuperación por sendas escabrosas

Capítulo 3.  La desigualdad, la peor cara del capitalismo

Capítulo 4. Europa y los bordes del despeñadero

Capítulo 5. De cómo las ideas importan, y no siempre para bien

Capítulo 6. Los límites del mercado. Una cuestión de eficiencia y  mucho más

Capítulo 7. La política económica y la gestión de la complejidad.

Capítulo 8. A modo de conclusión: capitalismo, democracia y moral pública.

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RESUMEN

Comentarios iniciales: Ambos autores se suman a una corriente que trabaja en las mutaciones del capitalismo, una tradición iniciada por Schumpeter. Hablan de internacionalización y megaestructuras financieras, globalización, desigualdad pero estas características son las propios de finales del siglo XIX del capitalismo. En mi opinión, deberían haber añadido otras novedades como la robotización o la economía colaborativa. En todo caso, ellos hablan de que da la sensación de que se ha vuelto al "capitalismo salvaje" del siglo XIX.

Resumen: Los autores arrancan con un análisis de las causas de la crisis del 2008 y de cómo se resolvió. Asumen que los gobiernos democráticos se quedaron paralizados y que fueron los Bancos Centrales los que lucharon contra la deflación (de una forma ademocrática). Sobre las causas de la larga duración de la crisis, lo atribuyen a una trampa de liquidez.
Además, asumen otros problemas "olvidados" como la dinámica de la internacionalización, la inestabilidad del mercado y las crisis cíclicas inherentes al capitalismo, las respuestas simplonas a problemas complejos de la economía y la distribución de la renta y que ahora afloran como una creciente desigualdad.
Al igual que otros autores, sitúan el cambio de ciclo en la década de los años 70, cuando se comenzó a desmantelar el Estado de Bienestar y se avanzó en la internacionalización y la globalización mediante políticas desregulatorias. También se tuvo una fe ciega en que ya no había crisis ni ciclos (Lucas) en la economía y que los problemas se autoarreglaban solos, por lo que no hacían falta cautelas ni controles. Desde 1975 se ha vivido la llamada "era de la fractura" en la que los ciudadanos dejaron de participar en la esfera pública a causa de la "exaltación extrema" del individualismo. Creen que se ha roto el "contrato social" de los años 50 y 60 entre el Estado benefactor y los ciudadanos, o mejor dicho, entre democracia y capitalismo inclusivo. Pero ahora, no está claro que avancen en la misma dirección, señalan los autores, y desde los 70 se observa un retroceso de este contrato social para incentivar el gasto social. Desde el 2008, no han dejado de agrandarse los problemas de distribución de riqueza (la economía del 1 %) y de desigualdad. Cuestiones que antaño parecían zanjadas han vuelto a ser iluminadas por los focos y surjen problemas que más que resolverlos hay que recordar cómo se resolvieron en los años 30. A lo largo de estas décadas, una ideología neoliberal ha reforzado la sensación de que "no hay alternativa" al libre mercado (el lema TINA : There is not alternative).

Los autores admiten que antes del 2008 nadie (salvo Rodrik en"La paradoja de la globalización" e historiadores económicos como Harold James) se esperaba que la globalización fuese a retroceder, algo que ahora parece muy probable. Pero ya ocurrió en 1930-1945, cuando el comercio internacional mundial se cerró por la cadena de guerras y el proteccionismo.

Señalan que hay actualmente un "malestar" general por la política (con sus bordes territoriales desbordados, lenta, corrupta) a lo que se suma una destrucción creativa poco sana. Recuerdan las palabras de Angus Deaton: "La combinación de pedir austeridad y después mostrar debilidad frente a la corrupción es una bomba social".

 "El panorama descrito sugiere que, junto a algunos aspectos radicalmente modernos, estamos ante el retorno de algunas de las características más agrestes y antipáticas del capitalismo histórico, lo que en otro tiempo se llamó "capitalismo salvaje", caracterizado pòr llevar hasta el final, con impulsos marcadamente depredadores, la lógica de la maximización del beneficio. Esa evolución se podría estar alzando como el pero enemigo del propio capitalismo", dice los autores (Arias y Costas, 2016:38), Señalan que pensadores contemporáneos como George Soros, Warren Buffet y Nick Hanauer están haciendo el papel de moderadores que en los años 30 correspondió a Keynes y Beveridge.

Una de las cuestiones que se plantean es la contradicción entre teoría económica y política, sobre todo la aplicada por el llamado Consenso de Washington (que asume el programa neoliberal de libre comercio y privatización) a diestro y siniestro sin tener en cuenta la peculiaridad de cada país donde se implantó y que acabó en rotundos fracasos a lo largo de 30 años. Consideran que, como señaló Rodrik o los ortodoxos Carmen Reinhart y Kennet Roffogt (expertos en deuda), es necesario que no se caiga en una contradicción de la política  y de la economía implementada porque eso bien puede generar más problemas y riesgos que los que pretende solucionar y obtener resultados contrarios a los esperados.

Por otra parte, los autores señalan que tras la crisis del 2008 cobra protagonismo dos soluciones: el Estado emprendedor (que acometería inversiones en nuevas tecnologías de la información o nuevas energías) y la distribución de la renta.

Los autores también estudian los cuatro grandes problemas de la UE:

1) su propia identidad, ¿qué es la UE, un sistema federal o confederal, solo cooperación supranacional?

2)  la crisis de legitimidad democrática de sus instituciones (estos modelos ademocráticos han permitido los grandes saltos adelante pero generó desconfianza en los burócratas y tecnócratas de Bruselas)

3) conviven diferentes culturas económicas: los alemanes están obsesionados con la inflación (a causa de su hiperinflación de los años 20) y el endeudamiento frente a la menor preocupación de los países del sur de Europa. Y por otra parte, la Europa continental adora el Estado social frente al Reino Unido [nota del lector: ahora autoexpulsado de la UE tras el Brexit], que apuesta por la privatización y el Estado mínimo.

4) la elección de cómo hacerse más fuerte: con 15 miembros (consolidándose lo que ya tenían) o ampliando a 27 (lo que dio entrada a países con estructuras distintas y generó una estructura tan compleja que imposibilita políticas comunes con los refugiados). Además, el eje ha basculado al norte y el este, lo que disminuyó el afán solidario.

Todo esto dio lugar a errores de diagnóstico y confluyeron en una dinámica destructiva y desintegradora (Arias y Costas, 2016:160).

La crisis dejó al descubierto el pobre diseño del euro y la lógica de simple mercado común y no de una genuina unificación macroeconómica.

Los autores señalan que lo novedoso de esta crisis "no es tanto la grave tardanza en la aparición de mecanismos de cortafuego contra los procesos de especulación y contagio en el sistema del euro, como los errores de identificación de las causas que originaron esta crisis".
Añaden que la causa principal del sobreendeudamiento está en los desequilibrios financieros en el sector bancario privado de la UE "y no a una prodigalidad fiscal de los gobiernos que en realidad nunca existió". Añade que España e Irlanda fueron quienes mejor cumplieron las reglas fiscales del Pacto de Estabilidad hasta la llegada de la crisis mientras que Alemania era de los incumplidores.

Los autores se preguntan cómo transformar una crisis fundamentalmente desintegradora en otra muy distinta que acabe por impulsar el proyecto común hacia una mayor integración. La respuesta es que solo se podrá avanzar en la consolidación de la moneda común si se dan los pasos coherentes y firmes hacia la unión política. Estas son sus cinco conclusiones:

1) Recuperar la idea de solidaridad por encima de las fronteras y las soberanías

2) Los intentos de separar la estrategia monetaria de la fiscal acaban en grandes fiascos

3) Es absurdo construir una moneda única y fraccionar su espacio en las finanzas (un único banco central y muchos reguladores; una única moneda y muchas deudas públicas denominadas en ella)

4) Es muy costosa la política de hacer descarnada presión sobre los países en riesgo de colapso inminente.

5) la idea de integración no debe negar una democracia genuina.

Además de la UE. los autores estudian los mercados financieros que posibilitaron productos tóxicos como los CDO (obligaciones garantizadas de deuda). Hablan del Nuevo Consenso Macroeconómico: pretendía proporcionar fundamentos microeconómicos a la macroeconomía. Confluyen las hipótesis de los "mercados eficientes" (EMH) con las de las "expectativas racionales" (REH), y que constituye el núcleo de la teoría económica de las últimas décadas. Samuelson criticó la REH porque creía en la existencia de burbujas y en elementos de inestabilidad en la dinámica agregada de la economía. Se hizo atractiva por la quiebra del keynesianismo (a causa de la inflación) y los "fallos del Estado". Además, los bancos presionaron para una mayor desrregulación.Y a todo esto ayudó la revolución de las nuevas tecnologías de la información y las telecomunicaciones.

Algunos autores contribuyeron a difundir que los mercados son infalibles y camisas de fuerza para disciplinar las políticas públicas (como el libro "Maestro" de Bob Woodward, donde ensalzaba a Greenspaan; o el libro El lexus y el olivo, de Thomas Friedman (el autor de La Tierra es plana), así como el libro The Wisdom of Crowds, de James Surowiecki, donde ensalza la sabiduría de las multitudes). Todo este apoyo contribuyó a generar la Gran Recesión del 2008. Las administraciones Clinton y Bush propiciaron la expansión del crédito (dejad que coman créditos) para favorecer la cohesión social y contrarrestar la creciente desigualdad de la renta y la riqueza debido a la presión a la baja sobre los salarios. Pero la consecuencia fue una gran burbuja crediticia. El colapso del 2008 vino a desmentir estos postulados: "Ni los mecanismos de mercado (las agencias de calificación) funcionaron de modo aceptable ni existía en realidad la pretendida transparencia (se desconocía la existencia de buena parte de los productos estructurados) ni la reacción de los operadores tuvo nada de racional" (Arias y Costas, 2016:204). La innovación financiera había creado una bomba de deuda fuera de control.

Estas teorías tras el colapso del 2008 derivaron en un austeridad expansiva, sinónimo de motor del estancamiento. "El estancamiento no es una amenaza retórica sino muy real para la Europa de ahora mismo" porque el programa de austeridad ha dañado los más importantes servicios públicos, corazón del Estado de Bienestar europeo, lo que afectó a los sectores de renta media y media-baja, a lo que se sumó el alza del paro, el empobrecimiento causado por la devaluación salarial, la desigualdad y la pérdida de oportunidades (en España). "La política de consolidación fiscal ha tenido un importante coste humano", dicen los autores.
La política de la austeridad se basó en un problema real (el sobreendeudamiento de deuda soberana), un planteamiento de orden moral (los países que cometieron exceso de gasto durante las vacas gordas deberían pagar por sus pecados) y un razonamiento económico erróneo presentado como cientificamente inobjetable (equivalencia ricardiana o austeridad expansiva).

Los autores también explican el pensamiento económico alemán: el ordoliberalismo. Nacida esta teoría en 1930 en Friburgo, defiende políticas para fijar el orden económico: estabilidad de precios, independencia de la banca central, finanzas públicas sanas, regulación de los mercados para favorecer la competencia (y frenar los oligopolios). Es la teoría predominante en Alemania, incluidos los economistas cercanos al Bundesbnak y el Ministerio de Finanzas. No saben ni quién es Keynes pero sus ideas mercantilistas se han extendido a la UE.
Detrás de la austeridad está la idea de "equivalencia ricardiana": cuando el déficit y la deuda pública son altos, tanto los consumidores como las empresas reducirán sus gastos presentes para aumentar su ahorro con el fin de hacer frente a lo que suponen será un inevitable incremento futuro de los impuestos para pagar la deuda de hoy, De ahí que el crecimiento se verá afectado negativamente por ese comportamiento privado. Robert Barro contribuyó a difundir estas ideas, apoyados por los resultados experimentales de Alesina, que se hicieron muy influyentes a partir del 2010 en la eurozona para atajar la crisis.
El problema es que la austeridad tiene un "efecto multiplicador" (el reverso del multiplicador keynesiano) y su caída del PIB fue el triple de lo esperado, con lo que empeoró la crisis. Tras cinco años con una máquina a toda marcha que generaba recesión y estancamiento, no se ha logrado ni el objetivo de la consolidación fiscal: reducir el déficit y la deuda pública. La contracción productiva, al provocar una caída en la capacidad recaudatoria de los estados (bajos impuestos) y un inevitable aumento de  prestaciones públicas (al desempleo) obliga a un recorte adicional del gasto para conseguir el objetivo inicial y el proceso recomienza. Estos efectos perversos y autodestructivos de la austeridad expansiva se prolongan a medio y largo plazo. Los autores culpan a Jean-Claude Juncker y al FMI.

Tras la crisis, han quedado prestigiados autores como Dani Rodrik y Daron Acemoglu (referentes de la moderna economía política y de la economía del crecimiento), los macroeconomistas Oliver Blanchard, James Galbraith y Carmen Reinhart; el historiador de la economía internacional Barry Eichengreen; el experto en finanzas conductuales Robert Schiller o el especialista en economía europea Paul de Grauwe. A ellos se suman nuevas voces: Richard Koo (economista jefe del banco Nomura), Claudio Borio. del BIS de Basilea, el cerebro gris del Banco de Inglaterra, Andrew Haldane; Jonathan Ostry, del equipo de investigación del FMI, y la estrella fulgurante de Thomas Piketty, profesor de París. "Estos últimos no son economistas académicos sino gente que trata con la dura realidad de los desequilibrios económicos desde distintas organizaciones" (Arias y Costa, 2016:228).

Los autores también examinan los fallos del mercado. Señalan que, a partir de 1990, la creencia de la autorregulación del mercado se vio reforzada por la percepción de que los mercados son extraordinarios procesadores de información (el bien más preciado de la sociedad de la información). Entre los críticos del mercado que señalaron sus límites están Thomas Maltus, Keynes, Marx, Schumpeter y Polanyi. De ahí surgió la idea de la economía cíclica del capitalismo (que traía paro). Según los autores, Keynes resaltó un aspecto clave: la incertidumbre que rodea a un buen número de transacciones. Por su parte, Polanyi señaló que el laisser-faire no tenía nada de natural y los mercados libres no podrían haber surgido jamás con solo permitir que las cosas tomaran su curso sino que fue impuesto por el propio Estado. El mercado no era un fenómeno espontáneo sino una construcción humana contingente y necesaria. La corriente neopolanyiana estaría formada por Rodrik y Stiglitz, los que más lejos se sitúan de la "mano invisible" (Smith). A ello Coase añadió los costes de transacción.
"Todo ello conduce a una notable y muy preocupante conclusión: el funcionamiento de una economía compleja en base al mecanismo simple del puro mercado libre no es más que una utopía" (Arias y Costas. 2016:241).

Tras la crisis del 2008, los fallos del Estado y el acierto del mercado quedaron en entredicho. De ahí que surjan autores "neopolanyianos" como Mariana Mazzucato que escribió El Estado emprendedor, en la que revela que las grandes innovaciones en Estados Unidos se originaron a través del apoyo del Estado. El capital riesgo que financió los "milagros tecnológicos de garaje" llegó tiempo después de grandes inversiones en fondos públicos. Mazzucato y otros autores (Fred Block, William Lazonik) demostraron que los mercados no son espontáneos sino que el Estado es "el verdadero catalizador de la nueva inversión privada" y el "moldeador y creador de mercados" que asume riesgos para fomentar un crecimiento futuro. Por su parte, Rodrik dice que "estamos en un tránsito del Estado benefactor al Estado innovador" y subraya contradicciones como que las ganancias de la era de Internet se las lleven las empresas privadas cuando fue el Estado el que montó todo.
Por su parte, Michel Sandel pide un regreso a la economía moral ante el fracaso de la tecnocracia.
Además, el sociólogo Wolfang Streeck insiste en que en el sistema económico contemporáneo se acumulan los factores de desorden (crecimiento declinante, oligarquía, privación de la esfera pública, corrupción y anarquía internacional que llevan a pronosticar un largo período de decadencia acumulativa y fricciones). La carga de la deuda, desigualdad y peligro de estancamiento son vectores de esa progresiva desintegración.

Los autores consideran un "mito peligroso" la creencia del mercado como generador de un orden social espontáneo y que constituye uno de los rasgos definidores de la piel del capitalismo reinante desde 1970. Añaden que "es una de esas utopías que acaban por transformarse en distopías" (Arias y Costas, 2016;263) pues "reconocer los límites de los mercados en el sentido moral y en el de contribución a la eficiencia constituye una precondición para intentar relanzar los proyectos de progreso".

Más adelante señalan que "si el capitalismo se quiere salvar de quien ahora es su peor enemigo (esto es, él mismo), debe corregir en profundidad los excesos de los últimos decenios. Para ello la economía tiene que hacerse más inclusiva y revertir su preferencia por lo especulativo frente a lo productivo". Hablan de una pequeña transformación. (Arias y Costas, 2016:306). Ensalzan a los países escandinavos porque han sabido mantener una combinación virtuosa de funcionamiento eficiente de los mercados, servicios sociales y asistenciales de altas prestacciones y calidad institucional. La pequeña transformación incorpora la necesidad de mantener la vocación de cohesión social. El modelo social europeo representaría la "cota más ambiciosa".

Entre sus soluciones está impulsar un conjunto de instituciones que favorezcan la estabilidad macroeconómica en sentido realista y la preservación de servicios básicos. El uso de políticas anticíclicas es el "único modo de bregar" con el gran trade-off de la deuda. También ven prioritario defender el funcionamiento de la competencia en los mercados y combatir los monopolios. Además, las políticas empresariales deben experimentar un viraje radical desde su actual énfasis en la rentabilidad hacia las ganancias de productividad. El nuevo progresismo debe impulsar un Estado menos intervencionista y más innovador y emprendedor. Y hay que revertir la fuerte tendencia hacia la desigualdad porque constituye ahora mismo una necesidad prepolítica o civilizatoria.

En definitiva. el capitalismo ha de ser inclusivo, capaz de reconciliar la lógica económica con una idea de democracia y moral cívica. "Porque quién sabe si la alternativa a eso no será la decadencia y la barbarie". (Arias y Costas, 2016:318).




(continuará)


lunes, 13 de marzo de 2017

"Estudios del malestar", de José Luis Pardo (2016)

Resumen del libro "Estudios del malestar", de José Luis Pardo (2016)

Resumen original y actualizado en:
http://evpitasociologia.blogspot.com/2017/03/estudios-del-malestar-de-jose-luis.html

Resumen por E.V.Pita, doctor en Comunicación y licenciado en Sociología y Derecho

Sociología, estado del bienestar, política

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Título: "Estudios del malestar"

Subtítulo: Políticas de autenticidad en las sociedades contemporáneas

Autor: José Luis Pardo

Premio Anagrama de Ensayo

Editorial: Anagrama, Barcelona, 2016

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Texto de la contraportada

Hubo un tiempo en que el Estado de bienestar expresaba lo mejor de los proyectos políticos occidentales tras la atroz experiencia de las guerras mundiales. Hoy vivimos en las antípodas, en lo que podríamos llamar el Estado del Malestar. La erosión del Estado de Bienestar se gestó en los años de bonanza económica y se ha consumado en los de la crisis. Y a esa erosión institucional se suma hoy la política. Todo ello crea un caldo de cultivo del que surgen nostalgias ideológicas y organizaciones populistas que pretenden capitalizar el malestar y convertirlo en un instrumento político electoralmente rentable.
José Luis Pardo entiende la filosofía como el arte de hacer preguntas, y en este libro sagaz y necesario plantea unas cuantas muy certeras: ¿cuáles son los ingredientes de este uso político del malestar? ¿cuáles son los peligros de una forma de hacer política que parece añorar la acción directa eludiendo las vías democráticas? ¿Cuál es el papel que debe desempeñar la filosofía ante estos retos?¿Y la universidad como institución? ¿Y el arte y sus vanguardias? Al populismo de los tuits, las pancartas y la demagogia, el autor contrapone un pensamiento crítico que nos ayuda a desentreñar la realidad compleja en que estamos inmersos. Y para ello se sirve del bagaje histórico de la filosofía, empezando por Sócrate y su diálogo en el Gorgias con el virulento Calicles, partidario de la pugna, el conflicto y el enfrentamiento frente al acuerdo, que sentencia: "Qué amable eres, Sócrates, llamas "moderados" a los idiotas".
Analiza también el tránsito de Hegel a Marx, la reaparición en escena de Carl Schmitt y las propuestas de pensadores convertidos en ideólogos como Ernesto Laclau o Philip Pettit, para quienes la filosofía debe estar al servicio de la política.
Frente a esta postura, no habría que olvidar la advertencia de Kant: "No hay que esperar ni que los reyes se hagan filósofos ni que los filósofos sean reyes. Tampoco hay que desearlo; la posesión de la fuerza perjudica inevitablemente al libre  de la razón". Porque al olvidarla se olvidó también la descripción del "filósofo" que debería figurar en el frontispicio de todas las facultades del ramo, esa que dice que "los filósofos son por naturaleza inaptos para banderías y propagandas del club; no son, por tanto, sospechosos de proselitismo".
Pensamiento frente al panfleto, reflexión frente al exabrupto y reivindicación de una filosofía crítica que no sea vasalla de la política: ha ahí lo que propone este libro, una lúcida y argumentada advertencia del malestar en el que vivimos y el que nos aguarda".

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Biografía de José Luis Pardo

José Luis Pardo (Madrid, 1954) es catedrático de Filosofía de la Universidad Complutense de Madrid y colaborador de El País: ha traducido a filósofos como Deleuze. Debord, Agamben o Lévinas. Entre sus más de veinte libros destacan Deleuze, Violentar el pensamiento, Palabras cruzadas (con Fernando Savater), La regla del juego (Premio Nacional de Ensayo 2005), Esto no es música, Nuca fue tan hermosa la basura o Estética de lo peor. En Anagrama publicó Transversales, su primer libro en 1977, y La banalidad, en 1989.

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ÍNDICE

0. "Comunismo", dijo él

1, Marx que nada
¡Oh, es (Heg)él!
No hay derecho
Rebelión en las aulas

2. Vanguardias
La supresión de las distancias
¿Autonomía? No, gracias

3. "Burn, baby, burn"
Teoría de la sublevación: la apuesta
Teoría de la sublevación: las apostillas
Ética de la razón pura

4. Torres más altas
Poesía e Historia en tiempos de paz
Ese once
Nostalgia de la autenticidad

5. El virus Schmitt
Seamos realistas
...pidamos lo imposible

6. Política sin amigos
Demasiados enemigos
El contrato originario
Lo público y lo privado

7. De un fracaso triunfal, I: la politización del arte
Retorno a las fuentes
CHOBA n CCCP

8. De un fracaso triunfal, II: la esterilización de la política
La fórmula populista
El totalitarismo líquido
La estética república

Epílogo: "Monkey Business" (me siento rejuvenecer)

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RESUMEN

En las primera páginas, el autor habla de la noción hegeliana del progreso de la historia, admitido a la vez por la corriente marxista y comunista y también por el capitalismo. El progreso humano fue un motor y una idea que surgió con fuerza en el siglo XIX y que sigue vigente hoy en día. Sin embargo, todas estas corrientes que defendieron el progreso han topado con el populismo. Señala que la conversión del Estado de Bienestar en Estado de Malestar avanza a pasos agigantados, donde el contrato social parece ser ignorado.

En su texto, Pardo repasa la historia y evolución del comunismo hasta que derivó en el actual populismo. Su teoría es que a finales del siglo XIX comenzó una guerra de sublevación de la clase trabajadora hacia la burguesía que se ha prolongado más de un siglo y cuyo desenlace aún no ha terminado. Tras dos guerras mundiales (dos hecatombes que desmontaron la idea hegeliana de que la guerra impulsa el progreso del mundo y además desmitificaron a la "razón") y una guerra fría, la guerra sigue de forma latente porque los sublevados adoptan ahora la forma de "populistas", que según el autor no sería más que la política de toda la vida, el "realismo" político basado en el engaño a las masas y que ya los griegos reconocieron.

Los soldados que lucharon en las dos guerras mundiales pretendían socavar el régimen liberal al apoyar por un lado al comunismo y por otro a los fascismos. Era una guerra ideológica en la que el Partido único protegía a las masas a condición de que ellos obedeciesen, era un sistema de "amiguetes". En ese sentido, el autor señala que los partidos totalitarios no engañaron a las masas sino que les dijeron lo que querían oír, les prometieron lo imposible y más porque en realidad estaban entre camaradas y amiguetes. En ese sentido, nazismo y comunismo eran distintos reversos de la misma moneda.

El gran cambio se produjo en 1945, cuando el estado del Bienestar atrajo a muchos obreros hacia el abrigo del Estado en vez de al Partido. En los años 60 y 70 solo los intelectuales de izquierda apoyaban al comunismo pero desde un principio teórico puro y evitaban identificarse con el régimen totalitario soviético. Tras la caída de la URSS, ha habido una desmovilización general de los comunistas, que en un sistema libre de partidos, el Partido no tiene nada que hacer y se diluye entre la amplia oferta. La idea de Pardo es que los comunistas, en el siglo XXI, han evolucionado hacia el "populismo" porque es donde las masas parecen responder mejor, quieren oír mensajes imposibles de cumplir y a sabiendas de que lo que prometen es imposible. [nota del lector: hay una excepción, la promesa de la renta básica es barajada por distintos partidos como factible técnicamente].

El autor también estudia el Arte, en el sentido de que los artistas vanguardistas, como enemigos de la cultura burguesa, acabaron apoyando a régimenes totalitarios, tanto nazis como comunistas. El famoso cuadro de un orinal de Duchanp acabó reverenciado en los museos o, mejor dicho, centros de arte contemporáneos a los que ya no asisten las masas y por eso están vacíos. Dice que la autenticidad del arte murió con las vanguardias y que ha sido "asimilado" por la cultura burguesa que identifica "arte" con su doble valor artístico y de cotización en el mercado. Si un cuadro no se cotiza bien, no es arte. Además, el arte, desde la vanguardia, se ha politizado, primero a favor de los regímenes totalitarios o democráticos (Picasso), y actualmente con cualquier causa que surja: desde las protestas contra el capitalismo global, la pobreza en el mundo, la contaminación de los mares... Pardo cree que mientras siga esta politización del arte, las obras nuevas tendrán su minuto de gloria para luego desaparecer con un producto más consumido.

Uno de los efectos del populismo es que antes eran un grupo antisistema que se dedicaba a tirar piedras fuera del Parlamento y ahora están integrados dentro del sistema parlamentario y tienen sus propios escaños. La cuestión es si el populismo se dedica a reventar el sistema por dentro o si la democracia ha triunfado a costa de integrar en sus instituciones a sus enemigos radicales.

Entre las políticas del malestar, Pardo incluye a los neoliberales Reagan, Thatcher o Bush, que los propios liberales dudaban que fuesen cosa de su tradición que se remonta a Locke, Hobbes y Hume. De aquí, algunos autores como Pettit crean el republicanismo bueno (los liberales antes citados) y el republicanismo malo (los neoliberales). De esta forma, se dignificaba a la socialdemocracia sin tener que citar a Marx. Pero fue el término "populismo" el que se impuso como contraposición al neoliberalismo.

El autor añade que el "populismo" equivale a la "estetización de la política", en su versión republicanista con su mejor tradición liberal (que incluyen no solo a Perón, Adhemar Pereira de Barros o Mussolini sino también a Tocqueville, Rousseau, Kant y Hannah Arendt). Fue una operación de blanqueo.

El libro se vende como un ensayo que hace pensar y es verdad porque busca las claves del panorama actual del siglo XXI. También es un gran libro sobre el concepto de "progreso".