lunes, 11 de diciembre de 2017

"Un pequeño empujón (Nudge)", de Richard H. Thaler y Cass R. Sunstein (2008)

Resumen del libro "Un pequeño empujón (Nudge)", de Richard H.  Thaler y Cass R. Sunstein (2008)

Nota: Richard H. Thaler fue premio Nobel de Economía en 2017

Resumen original y actualizado en el siguiente link:
https://evpitasociologia.blogspot.com/2017/12/un-pequeno-empujon-nudge-de-richard-h.html

Resumen elaborado por E.V.Pita, doctor en Comunicación Social y licenciado en Derecho y Sociología

Sociología, psicología social, comportamiento económico, premio Nobel de Economía

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Título: "Un pequeño empujón (Nudge)"

Subtítulo: El impulso que necesitas para tomar mejores decisiones sobre salud, dinero y felicidad

Título original en inglés: "Nudge. Improvingi Decisions About Health, Wealth and Happiness"

Autores:  Richard H.  Thaler (premio Nobel de Economía en 2017) y Cass R. Sunstein

Fecha de publicación en inglés: 2008

Edición en español: Madrid, 2009, Santillana Ediciones Generales, Taurus

Número de páginas: 332

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Biografía de los autores

Richard H.  Thaler (Hasta 2017)

Richard H.  Thaler es catedrático de Economía y Ciencia del Comportamiento. Fue galardonado con el premio Nobel de Economía en el 2017. También le concedieron el título honorífico Ralph and Dorothy Keller Distinguished Service Professor de la Escuela de Negocios de la Universidad de Chicago. Es investigador en la National Bureau of Economic Research. Ha escrito numerosos libros destinados al lector no especializado sobre el tema de las finanzas conductuales, entre ellos Quasi-rational Economics y The Winner's Curse.

Cass R. Sunstein (hasta 2008)

Cass R. Sunstein ostenta la cátedra Felix Frankfurter de Derecho de la Facultad de Derecho de la Universidad de Harvard. Trabajó en el Departamento de Justicia de Estados Unidos y ha sido consultor en reformas legislativas y en la redacción de constituciones en numerosos temas y miembro de la American Academy of Arts and Sciences.

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Texto de la contraportada

"Somos propensos a cometer errores. Cada día tomamos decisiones sobre temas tan vitales como la educación de nuestros hijos, nuestras inversiones, nuestra dieta o nuestras hipotecas.... Desafortunadamente, muchas veces nos equivocamos. Esto se debe a que, como seres humanos, nos dejamos influir por una serie de percepciones erróneas que nos llevan al desacierto.

El concepto de "nudge", literalmente "ligero empujón", sirve de base a las originales y edificantes propuestas de Thaler y Sunstein para revertir esta tendencia. Figuras de la talla de Barack Obama ya están adoptado estas medidas. Se trata de que las personas y las instituciones, tanto privadas como públicas, se esfuercen de forma consciente en orientar nuestras decisiones de modo que mejoren nuestras vidas. Impulsos leves, a menudo invisibles, para incentivarnos sin mermar nuestra libertad de elección".

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ÍNDICE

Primera parte... Humanos y econs

1. Sesgos y errores

2. Resistir la tentación

3. Seguir al rebaño

4. ¿Cuándo necesitamos un nudge?

5. La arquitectura de las decisiones


Segunda parte.... El dinero


6. Ahorre Más Mañana

7. Invertir ingenuamente

8. Los mercados de crédito


Tercera parte..... La sociedad

9. Privatizar la Seguridad Social: el estilo smorgarbord

10. Medicamentos de prescripción: Parte D (de desanimar)

11. Cómo aumentar las donaciones de órganos

12. Salvar el planeta

13. Privatizar el matrimonio


Cuarta parte... Extensiones y objeciones 

14. Una docena de nudges

15. Objeciones

16. La verdadera tercera vía


Epílogo: la crisis financiera del 2008


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Resumen

Thaler se ha convertido en un cazador de chapuzas de los téoricos neoliberales aunque también hace de fontanero al tapar las goteras del concepto neoliberal de "libertad para elegir". Con Thaler, este concepto ideado por Milton Friedman queda "parcheado", y al menos se humaniza y suaviza. Thaler apuesta por el "paternalismo libertario" basado en sutiles influencias para que la gente elija lo más conveniente para ella (mejor salud, etc...). "Los paternalistas libertarios decimos que la gente mantenga la libertad y esa es nuestra intención literalmente. Queremos facilitar a las personas que sigan su propio camino; no queremos facilitar a las personas que sigan su propio camino, no queremos poner obstáculos a aquellos que deseen ejercer su libertad".

Aclaran que el paternalismo libertario no es de derechas ni izquierdas.

Lo primero que hay que comprender al leer el libro es el significado de la palabra "nudge", que en inglés equivale a "empujoncito, codazo", a "empujar suavamente o dar un golpecito en las costillas, sobre todo con el codo. Los autores también lo usan como "estimular, incentivar o encaminar en la toma de decisiones". Colocar la fruta de forma bien visible en los comedores infantiles es un nudge. La idea de los autores es que "desplegando tanto incentivos como nudges podemos aumentar nuestra capacidad para mejorar la vida de la gente y contribuir a resolver muchos de los grandes problemas de la sociedad. Y lo podemos hacer sin renunciar a la libertad de elección de cada uno" (pp. 23).

El autor comienza con el ejemplo de una directora de comedor escolar que decide operar como "arquitecta de las decisiones", con la responsabilidad de organizar el contexto en el que tomamos decisiones. Se plantea el siguiente dilema: si sirve unos platos primero, los niños comen más sano que en otro orden. El problema está en quién es la Administración para entrometerse en la vida de los niños y "programar" comida más sana para ellos, a pesar de que cualquier persona estaría a favor de que los niños comiesen más sano salvo que fuese un director corrupto de un comedor infantil que aceptase sobornos de grandes compañías azucareras para introducir una dieta escolar con alto consumo de azúcar.

El autor concluye que el diseño "neutral" no existe pues la ordenación de pequeños detalles en un edificio puede restar funcionalidad a todo el conjunto y tener un importante efecto en la conducta de las personas. Así que "todo importa". La cuestión está en que el "arquitecto de decisiones" que escoge una colocación de elementos en todo contexto puede dar "nudges" (codazos) para que los individuos elijan lo que más le favorece. Él lo denomina "paternalismo libertario". Por una parte, las personas deben ser libres para hacer lo que deseen y para desvincularse de los acuerdos desventajosos. Según Friedman, la gente "es libre para elegir". Por otra, está a favor de que los arquitectos de las decisiones traten de influir en la conducta de la gente para hacer su vida más larga, más sana y mejor. Aprueba que las instituciones se esfuercen en orientar las decisiones de las personas en direcciones que mejoren sus vidas. Dan nudges. 

Señala que este paternalismo es débil y blando y no supone una intromisión porque las opciones no se gravan (penalizan) ni se eliminan ni bloquean.

Los autores consideran que los empresarios pueden actuar como paternalistas libertarios en cuestiones de seguros, medioambientales, a la vez que ganar dinero y hacerlo bien. El mismo argumento sería aplicable a los gobiernos.

Otra diferencia que hacen Thaler y el coautor atacan las raíces profundas del neoliberalismo al hundir el concepto de "homo economicus", la idea de que cada uno de nosotros siempre piensa y escoge bien y por tanto encaja en la imagen de los seres humanos que presentan los libros de texto de los economistas. Estos suponen que el ciudadano medio "piensa como Einstein, tiene tanta memoria como el ordenador de mayor capacidad y la voluntad de Mahatma Gandhi". Thaler advierte que "la gente que conocemos no es así, la gente real tiene dificultades para dividir por más de una cifra sin calculadora, a veces olvida el cumpleaños de su pareja y tiene resaca el día de Año Nuevo. No es un homo economicus; es homo sapiens". El autor divide a la Humanidad en "econs" y "humanos".

Pone como ejemplo la plaga de obesidad, que sube el riesgo de sufrir enfermedades del corazón y diabetes y muerte prematura. Está claro que no todo el mundo está escogiendo la dieta adecuada. Lo mismo pasa con el alcohol, fumar y beber...

La conclusión de Thaler y otros es que hay serias dudas de la racionalidad de muchos de nuestros juicios y decisiones. Añaden que las previsiones humanas son sesgadas y defectuosas y la toma de decisiones tampoco es gran cosa. Y añade que tendemos a preferir el "status quo" o la opción por defecto (caso de los teléfonos móviles nuevos).

Añade que los "econs" también responden a los incentivos pero no les influye el orden en que se muestren las opciones.

Consideran que la gente que cree que hay que desplegar las distintas opciones y que la gente elija la mejor para él caen en varios errores y equivocaciones. 
Un primer error es que es posible evitar influir en las decisiones de la gente (pero es eludir los efectos de la neutralidad). Pone como ejemplo que varía mucho si una empresa paga a sus empleados cada 15 o 30 días (el pago quincenal incentiva el ahorro). Admiten que la idea es aplicable a los Gobiernos, que deben tener algún tipo de partida.
Un segundo error es creer que el paternalismo siempre implica coerción pero qué tiene de malo colocar los platos del comedor infantil de forma que los niños elijan voluntariamente tomar más fruta.

Los autores dicen que esto se aplica a cosas tan variadas como la donación de órganos, el matrimonio y la atención sanitaria. Añaden que la libertad de elección es la mejor salvaguardia contra una mala arquitectura de las decisiones.

Una de las ideas de la arquitectura de decisiones es crear "entornos amigables", caso del iPhone por su fácil manejo.

Señalan que el paternalismo libertario es una base prometedora para una política común. Apuestan por una mejor gobernanza en la protección ambiental, el derecho familiar y la elección de colegio, porque requiee menos en el sentido de coerción y limitación gubernamental y más de libertad de elección. Si las exigencias y prohibiciones son sustituidas por incentivos y nudges, el gobierno será más pequeño y más modesto. Dicen: "No propugnamos un gobierno más grande, sino solo mejor gobernanza".

Otro de los temas que aborda son los dos sistemas cognitivos con los que opera el pensamiento humano: a uno lo llama el "Planificador" (que es el controlador, premeditado y autoconsciente y que piensa en ahorrar en el futuro; se trata de un sistema reflexivo pero bastante lento) y el otro el automático o "Compulsivo" (muy rápido y que actúa como si no hubiese un mañana). Dice que los votantes se fían más del sistema automático y desconfían de los candidatos que muestran estadísticas.




lunes, 27 de noviembre de 2017

"Antifrágil", de Nassim Nicholas Taleb (2012)

Resumen del libro "Antifrágil", de Nassim Nicholas Taleb (2013)


Resumen original y actualizado en el siguiente link:
https://evpitasociologia.blogspot.com/2017/11/antifragil-de-nassim-nicholas-taleb-2013.html

Resumen elaborado por E.V. Pita, doctor en Comunicación Social y licenciado en Derecho y Sociología

Sociología, desorden, organización empresarial, economía

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Título: "Antifrágil"

Subtítulo: "Las cosas que se benefician del caos"

Título original: "Antifragile"

Autor: Nassim Nicholas Taleb

Fecha de publicación en inglés: 2012, Random House

Primera edición en español: Barcelona, 2013, Espasa Libros, Paidos, Planeta Libros

Número de páginas: 655

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Biografía oficial del autor Nassim Nicholas Taleb  (hasta 2017)

El autor Nassim Nicholas Taleb (Líbano, 1960) ha dedicado su vida a estudiar los problemas de la suerte, la incertidumbre, la probabilidad y el conocimiento. Ensayista, investigador y financiero, es miembro del Instituto de Ciencias Matemáticas de la Universidad de Nueva York y profesor de Ciencias de la Incertidumbre en la Universidad de Massachusetts y en la London Business School. Sus dos libros "¿Existe la suerte?" y "El cisne negro" se han convertido en éxitos internacionales.

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Texto de la solapa

"En El cisne negro, Taleb planteó un problema (el de las repercusiones que causan las cosas que nadie puede prever...) y en Antifrágil nos ofrece una solución definitiva: cómo obtener beneficios del desorden y el caos, al tiempo que nos protegemos de las fragilidades y de los acontecimientos adversos. Lo que Taleb denomina antifrágil va más allá de lo resilente y lo robusto. Lo resilente resiste los "shocks" y permanece igual; lo antifrágil es cada vez mejor.

Taleb se centra en la incertidumbre como algo deseable, incluso necesario, y propone que las cosas se construyan de una forma antifrágil, pues lo antifrágil es inmune a los errores de predicción.

Ambicioso y multidisciplinar, este libro nos ofrece un programa sobre cómo comportarnos - y prosperar - en un mundo que no comprendemos, y que es demasiado incierto como para que intentemos comprenderlo y predecirlo. El mensaje de Taleb, documentado, ingenioso e iconoclasta es revolucionario. Lo antifrágil, y solo lo antifrágil, permanecerá".
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ÍNDICE

(debido a su larga extensión, solo se reproduce el título de cada capítulo y no sus epígrafes)

Prólogo: La Tríada, un mapa del mundo y de las cosas en función de las tres propiedades

Libro I: Introducción a lo antifrágil

1. Entre Damocles e Hidra

2. Sobrecompensación y sobrerreacción por todas partes

3. El gato y la lavadora

4. Lo que me mata hace más fuertes a otros

Libro II: La modernidad y la negación de la antifragilidad

5. El zoco y el bloque de edificios

6. La aletoriedad (no mucha) me encanta

7. La intervención ingenua

8. La predicción como hija de la modernidad

Libro III: Una visión no predictiva del mundo

9. Tony el Gordo y los fragilistas

10. Lo positivo y lo negativo de Séneca

11. No hay que casarse con la estrella de rock

Libro IV: Opcionalidad, tecnología e inteligencia de la antifragilidad

12. Las uvas maduras de Tales

13. Enseñar a las aves cómo deben volar

14. Cuando dos cosas "no vienen a ser lo mismo"

15. La historia escrita por los perdedores

16. Una lección de desorden

17. Tony el Gordo debate con Sócrates

Libro V: Lo no lineal y lo no lineal

18. Sobre la diferencia entre una piedra grande y mil piedras pequeñas

19. La piedra filosofal y su inversa

Libro VI: Vía negativa

20. El tiempo y la fragilidad

21. Medicina, convexidad y opacidad

22. Una vida larga, pero no demasiado

Libro VII: La ética de la fragilidad y la antifragilidad

23. El "jugarse algo propio" frente a la antifragilidad

24. Ética a medida de una profesión

25. Conclusión

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RESUMEN

El libro surge a raíz de la crisis del 2008, una debacle que muy pocos supieron predecir [nota del lector: aunque todo el mundo se olía lo que iba a pasar]. El autor define uno de estos acontecimientos catastróficos como un Cisne Negro, sucesos a gran escala, imprevisibles, irregulares y con unas consecuencias de muy gran alcance que perjudican a los observadores que no los han visto y a los que llama "pavos". Ve necesario crear modelos, teorías o representaciones para ver esas incidencias pues no hay que subestimar al azar. Admite que no podemos calcular los riesgos y las probabilidades de las crisis y los sucesos raros por muy sofisticados que sean los métodos. Añade que no se puede estudiar el futuro pero hay gente que les hace caso a los futurólogos. Lo que sí se puede decir que una remota crisis es más probable que otra. Añade que es mejor hablar de fragilidad (no es predictiva) que de riesgo (predictivo).

La idea central es centrarse en la fragilidad (quiere tranquilidad) en lugar de predecir y calcular probabilidades futuras y que la fragilidad y la antifragilidad (que surge del desorden) forman un abanico con distintos grados. Hace un mapa de exposiciones o "solución del mundo real".

El libro parte de la premisa de que ya no hace falta convencernos de que los Cisnes Negros dominan la sociedad y la historia y que la gente, por una racionalización a posteriori, se cree capaz de entenderlos pero que seguimos sin acabar de saber lo que sucede.

Señala que la fragilidad consiste en aplicar modelos intervencionistas y planificados y, en aras de la solidez y la resilencia, ahogan los mecanismos de crecimiento y evolución. Destaca que un modelo complejo no necesita políticas enrevesadas sino sencillas para evitar multiplicar los efectos imprevistos.

Prácticamente, es necesario reproducir al pie de la letra la introducción del libro para entender el concepto de "antifrágil" ya que, de entrada, es bastante engorroso. Según dice, tiene una receta sencilla para medir la "antifragilidad", que está compuesta de azar, desorden, aleatoriedad e incertidumbre.

El autor, en su introducción, define el concepto de "antifrágil" como cosas que se benefician de las crisis; prosperan, crecen al verse expuestas a la volatilidad, al azar, al desorden y a los estresores (causantes de estrés), y les encanta la aventura, el riesgo y la incertidumbre. Pero, a pesar de la omnipresencia de este fenómeno, no existe una palabra que designe exactamente lo contrario de lo frágil. Es más que resilencia o robustez. Lo resilente aguanta los choques y sigue igual; lo antifrágil mejora.

Añade que esta propiedad se halla detrás de todo lo que ha cambiado con el tiempo: la evolución, la cultura, las ideas, las revoluciones, los sistemas políticos, la innovación tecnológica, el éxito cultural y económico, la supervivencia empresarial, las buenas recetas de cocina, el ascenso de las ciudades, las culturas, los sistemas legales, los bosques ecuatoriales, las bacterias resistentes... "e incluso nuestra existencia como especie en este planeta". "Y la antifragilidad determina los límites entre lo vivo y lo orgánico (o complejo), como el cuerpo humano y los objetos físicos inertes, como la grapadora de mi mesa", dice.

Nicholas Taleb resalta que a lo antifrágil le encanta lo aleatorio y lo incierto, y por tanto adora los errores, nos permite afrontar lo desconocido, hacer cosas sin entenderlas, y hace que seamos mejores actuando que pensando [nota del lector: recuerda a lo de "Pensar rápido, pensar de despacio"]. Añade: "Prefiero mil veces ser tonto antifrágil que muy listo que frágil".

La utilidad de la antifragilidad obliga a elaborar un método de predicción para tomar decisiones no predictivas frente a la incertidumbre de los negocios, la política, la medicina y la vida general. Afirma que es difícil predecir un suceso que pueda dañar (un riesgo).

Asegura que la tragedia de la modernidad es la sobreprotección (quienes más nos intentan ayudar nos perjudican) y que nuestro mundo tan estructurado nos ha estado perjudicando con artilugios y políticas desde arriba (que llama "ilusiones soviético-harvardianas" y que sobrevaloran el alcance del conocimiento científico).

Una de las príncipales críticas del autor es que está surgiendo un nuevo tipo de antihéroes, unos burócratas, banqueros que asisten a Davos y académicos con poder sin responsabilidad real y nada que perder que se aprovechan del sistema mientras los ciudadanos pagan el pato. Dice que hay una asimetría que se hizo visible tras la crisis del 2008.

También habla del "fragilista" como alguien que nos hace partícipes de políticas y actuaciones, todas ellas artificiales, donde los beneficios son pequeños y visibles, y las repercursiones o los efectos secundarios son potencialmente graves e invisibles. Aquí se incluyen a médicos intervencionistas que nos atiborran de medicamentos, a planificadores sociales intervencionistas "que confunden la economía con una lavadora" o el financiero que implanta el uso de modelos de riesgo que acaban con el sistema bancario o el fragilista militar que altera sistemas complejos (pp. 33).

El autor examina la evolución y lo orgánico como el sistema antifrágil más natural. También aborda el equilibrio entre la antifragilidad del colectivo y la fragilidad individual.

Añade que la modernidad y la negación de la antifragilidad viene a describir lo que sucede cuando privamos a un sistema (sobre todo político) de volatilidad. Habla del "invento" del Estado-nación, del daño causado por quienes nos deben curar, de las personas que intentan ayudarnos y nos acaban perjudicando mucho.

Por su parte, en su visión no predictiva del mundo, habla de Tony el Gordo (personaje de ficción) y su detección intuitiva de la fragilidad y también presenta la asimetría básica de las cosas fundadas en los escritos de Séneca, filósofo romano y hombre de acción.

En otro aparte, habla de la opcionalidad, tecnología e inteligencia de la antifragilidad. Dice que hay una misteriosa propiedad del mundo por la que detrás de las cosas hay cierta asimetría básica en lugar de la "inteligencia humana". Luego explica cómo la opcionalidad nos ha traído hasta aquí. Este es el sistema opuesto al "soviético-havardiano" (planificador). Y Tony el Gordo debate con Sócrates en torno a cómo podemos cosas aunque no las podamos explicar.

Más adelante, analiza lo lineal y lo no lineal, habla de la piedra filosofal y su antítesis: cómo convertir plomo en oro y oro en plomo. La sección técnica fundamental - el armazón del libro - está formada por dos capítulos que expresan la fragilidad como no linealidad y, concretando más, como efectos de la convexidad y muestran que la ventaja surge de cierta clase de estrategias opuestas.

Otro de los temas que aborda es la vía negativa. Presenta la sabiduría y la eficacia de la sustracción frente a la adición (de los actos por omisión frente a los actos por comisión). También introduce la noción de los efectos de convexidad. La primera aplicación es en el campo de la Medicina, al que solo contempla desde un punto de vista epistemológico y de gestión de riesgos: desde esta perspectiva, parece diferente.

También estudia la ética de la fragilidad y la antifragilidad, busca los cimientos de la ética en el fenómeno de las transferencias de fragilidad, que benefician injustamente a unos a costa de infligir un daño indebido a otros, y se señalan los problemas que surgen cuando quienes deciden o asesoran no se juegan algo propio en ello.

La Tríada

Para conectan cosas tan dispares como el bricolaje, la nutrición o la crisis bancaria, el autor recurre al concepto de Triada que consiste en Frágil, Robusto y Antifrágil.

Dice que el Estado-nación estaría en el extremo izquierdo de la Tríada, en la categoría de lo frágil.
Un sistema descentralizado de ciudades-Estado estaría en el extremo opuesto, en lo de lo antifrágil.
Añade que a la izquierda, en la categoría de lo frágil, los errores son infrecuentes y cuando suceden son grandes e irreversibles.
A la derecha, en lo antifrágil, los errores son pequeños y benignos e incluso reversibles, y se superan muy pronto. También ofrecen mucha información. Sería un sistema de manipulación o de ensayo y error.
También dice que es más robusto retirar una medicación no natural o estresor que poner otra medicación sin conocer los efectos secundarios que nos son desconocidos.
La deuda fragiliza los sistemas económicos.
Cree que la robustez debe alcanzar el término medio aristotélico (no abusar de los estresores aunque potencien el lado antifrágil): la generosidad está entre el despilfarro o la tacañería.




lunes, 20 de noviembre de 2017

"¿Cómo nos metimos en este desastre?", de George Monbiot (2015)

Resumen de "¿Cómo nos metimos en este desastre?", de George Monbiot (2015)


El resumen original y actualizado está en:
https://evpitasociologia.blogspot.com/2017/11/como-nos-metimos-en-este-desastre-de.html

El resumen fue elaborado por E.V.Pita, doctor en Comunicación Social, licenciado en Derecho y Sociología

Sociología, globalización, desigualdad, economía
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Título: "¿Cómo nos metimos en este desastre?"

Título en inglés: "How Did We Get into This Mess?"

Autor: George Monbiot

Edición en inglés: 2015, Verso Books

Edición en español: Editorial Sexto Piso SA, Madrid-México DF, 2017

Número de páginas

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Biografía del autor George Monbiot (hasta 2017)

George Monbiot (1963) es un escritor británico conocido por su activismo político y medioambiental. Escribe una columna semanalmente para The Guardian y es autor de numerosos libros, entre los que se encuentran: Feral: Rewilding the Land, Sea and Human Life (2013), Heat: How to Stop the Planet Burning (2006), The Age of Consent: A Manifesto for a New World Order (2003) y Captive State: The Corporate Takeover of Britain (2000). En España sus artículos se pueden leer en Eldiario.es

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Texto de la contraportada

"A lo largo de los últimos años George Monbiot - uno de los más prominentes periodistas de The Guardian - se ha convertido en una de las voces disidentes más agudas y reflexivas a nivel mundial. Gracias a una gran formación teórica e histórica, un pensamiento sumamente original y la valentía para ir a contracorriente incluso en lo relativo a causas ampliamente apoyadas por sectores progresistas, Monbiot es ya un referente indiscutible para comprender los mecanismos de poder de las últimas décadas producidos por la realidad tan convulsa y desigual que se vive hoy prácticamente en todos los países de Occidente.

En ¿Cómo nos metimos en este desastre? se recuperan sus escritos periodísticos sobre los temas más acuciantes de nuestro tiempo, con particular énfasis en la ideología y puesta en práctica del proyecto neoliberal, principal culpable de la desmedida concentración de riqueza en unas cuantas manos, así como de diversas catástrofes políticas y medioambientales producidas por un sistema que considera que a acumulación de ganancias es el valor esencial en torno al cual debe estructurarse la vida en sociedad. Y una de las principales tareas para imaginar un mundo diferente, en opinión de Monbiot, consiste en comprender su efectividad a nivel de las conciencias, pues el neoliberalismo se ha vuelto tan pmnipresente que prácticamente ya no se considera una ideología.

"¿Cómo nos metimos en este desastre?" proporciona una inmejorable hoja de ruta para comprender las principales dificultades a las que se enfrentan todos aquellos que están hartos de escuchar que nuestra realidad actual es la única posible"

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ÍNDICE

Primera parte.... Existe algo llamado sociedad

El desmoronamiento
Descarrilado y orgulloso
Fuerza laboral
Adictos al bienestar
La zona cero
Ayudad a los adictos, pero encerrad a los consumidores ocasionales de cocaína

Segunda parte..... La juventud perdida

Que el niño vuelva a la naturaleza
El niño de interior
Amputar la vida cerca de la base
Insectos espachurrados
Maldita familia
La casta del sacrificio
Una modesta propuesta para hacer frente a los jóvenes
A favor de la muerte

Tercera parte...... La vida salvaje

Todo está relacionado
La civilización es aburrida
El fin de una era
El mito de la población
El amanecer

Cuarta parte..... Frenesí por la alimentación

El desastre de las ovejas
Destrucción de la estructura de la nación
Inundados de dinero
Lo pequeño es fecundo

Quinta parte... Los vampiros de la energía

Que los dejen donde están
Se aplauden a sí mismos a rabiar
La porquería tras el crimen
Seamos críticos
Obsesionados con la energía nuclear

Sexta parte.... Riquezas y ruinas

La imposibilidad del crecimiento
Contenga su malthusianismo
Cleptorremuneración
La falacia de la autoatribución
Las guaridas del estudio
El hombre que quiere convertir el planeta en el banco Northern Rock
El regalo de la muerte

Séptima parte..... Baila con quien te fastidió

Cómo los multimillonarios destrozaron el sistema
Los cabezas rapadas de la plutocracia
¿Cómo nos metimos en este desastre?
Me desnudaré

Octava parte.... Ojos que no ven, corazón que no siente

El holocausto que no veremos
El Imperio contraataca
Dolor que no remite
Bombardear a todos

Novena parte.... Resistir

Prohibición global de política de izquierdas
Inocente hasta que se demuestre que está muerto
El escuadrón de la paranoia
Unión con el diablo

Décima parte.... Encontrar nuestro lugar

La historia del otro
Highland Spring
Un silencio revelador
Los valores de todas las cosas

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RESUMEN

Comentarios iniciales: Monbiot y Owen ("La demonización de la clase obrera") tienen en común que atacan a la prensa inglesa por ser un mero altavoz de la élite y que se dedican a justificar por qué hay mayor desigualdad económica. Monbiot pide a periodistas e intelectuales realmente independientes que alcen la voz contra el poder plutocrático, identificando sus abusos y fallos y proponiendo alternativas. No cree que cambien el mundo pero algo harán para mostrarlo tal como es y evitar la única visión impuesta por lo que él llama el "aparato de justificación" de las políticas de recortes, etc.. .

El autor repasa todas las supuestas injusticias y mentiras que rigen en el mundo actual. El título se refiere al inicio de las políticas neoliberales con Margareth Thacher, siguiendo un programa ideológico iniciado en 1947 por Hayek y la Mon Pelerin Society. Su ideario de menos impuestos y menos Estado coincidía a la perfección con las idas de los ultrarricos, por lo que no tardaron en llegar subvenciones para financiar "laboratorios de ideas", las escuelas de negocios y los departamentos de Economía de las universidades que promoviesen esta política. En la década de los 70, el presidente conservador Nixon seguía diciendo que "todos somos keynesianos" pero unos años después se había dado la vuelta a la tortilla y Thatcher y sus sucesores insistieron en que "no hay alternativa". El desarrollo fue descrito por David Harvey en "Breve historia del neoliberalismo".
El autor se pregunta cómo el neoliberalismo ha logrado dominar la vida pública a pesar de desmantelar los servicios públicos y la desregulación de los mercados empresariales y financieros. En las crisis, desde 1975, propugnan siempre las mismas recetas: recortes masivos en los servicios públicos, eliminación de los sindicatos y subvenciones públicas para las empresas. El rescate salía bien pero pronto venían más crisis que obligaron al Estado a intervenir cada vez más. El FMI y el Banco Mundial dejaron claro a los países que "si no estás de acuerdo, estás muerto". Los medios de comunicación, propiedad de magnates, difundieron términos como "creadores de riqueza", "desgravación fiscal", "gran gobierno", "democracia del consumidor", "burocracia", "cultura de la compensación", "buscadores de trabajo" y "trampas en la prestación social".

El libro arranca con una explicación de los llamados "aparatos de justificación", en referencia a la prensa corporativa, los "spin" doctors, los grupos de presión y los laboratorios de ideas. Sin su colaboración, los Gobiernos no podían haber llevado a cabo sus programas de austeridad y la destrucción del medioambiente sería objeto de protesta constante. Desde el siglo XIX, este complejo propagandístico hace hincapié en la selección natural y en que las desigualdades económicas son "naturales" y que muchos pensadores independientes piensan lo mismo. Esta ideología que rige en la mayoría de los Gobiernos actualmente no ha sido identificada hasta hace poco y nadie sabe muy bien como llamarla con un nombre estándar: ¿Neoliberalismo? ¿Fundamentalismo mercadológico? ¿Economía del "laissez-faire"? La ideología dominante apenas es conocida si se compara con el comunismo y el anarquismo, dos especies en vía de extinción.

Monbiot señala que si algo diferencia al siglo XXI del XX es que esta es la Era de la Soledad, una especie de Estado post-social, epidemia entre los jóvenes adultos, pero también en los mayores de 50 años, sometidos a una "tristeza extrema". Añade que la soledad y el aislamiento social mata más que el ébola y es el doble de mortal que la obesidad. Dice que detrás hay una ideología que refuerza el aislamiento social porque hay una guerra del hombre contra el hombre (mundo hoobesiano). Se ensalza al emprendedor que se ha hecho a sí mismo, pues lo que importa es ganar y todo lo demás son daños colaterales. Los niños aspiran a ser ricos y el peor insulto es "perdedor", ya no hay personas sino individuos. Añade que la competencia ya no nos hace más ricos. Aunque aumente la renta nacional, no crece la felicidad. En realidad, dice el autor, los salarios han caído pero los jefes ganan más y recuerda que el 1 % de la población, los que están en la cima, posee el 84 % de la riqueza y no está contento. Monbiot concluye: "Para esto hemos destrozado el mundo natural, degradado nuestras condiciones de vida, entregado nuestra libertad, sin alegría...".

El mismo escritor señala que el fundamentalismo de mercado se basa en la cultura de méritos pero nadie cree en ella porque, entonces, nivelarían el punto de partida entre los más pobres que viven en chabolas y los que son multimillonarios porque han heredado millones, gracias a los cuales se han pagado una formidable educación. El mercado en vez de emanciparnos nos ha atomizado y dado soledad.

El autor recalca que el neoliberalismo es identificado con la creencia de que el libre mercado satisfará todas las necesidades pero él recalca que es una "construcción política que a menudo tiene que ser impuesta por la violencia" (pone como ejemplos el golpe de Pinochet, la supresión de las protestas contra el ajuste estructural y la austeridad en todo el mundo). Añade que el mercado está dominado por corporaciones y oligarcas que presionan para lograr contratos, exenciones tributarias, tratados y otros favores políticos. La libertad que piden, añade Monbiot, es una "libertad negativa" que significa estar libre de las interferencias de los demás, de regulaciones medioambientales, negociaciones colectivas o impuestos. "Significa en suma estar libre de democracia", acusa el autor.

El autor es crítico con la prensa británica porque, algunos aceptan dinero de fundaciones neoliberales, pero luego no son transparentes y no quieren rendir cuentas ante el público. Monbiot, en un ejercicio de transparencia, publica en su web lo que gana, las invitaciones que acepta y los regalos que recibe.

Racismo y política internacional
Habla sobre la película Avatar, odiada por los conservadores porque parece un "western" revisionista en el que los vaqueros son los malos y los indios, los buenos. Señala que el Holocausto nazi habría sido minimizado de haber ganado la guerra Hitler, lo mismo que pasó con las atrocidades en América que nadie quiere ver. El autor recuerda las brutalidades de Colón y otros descubridores en América con el genocidio indígena (incluso dice que el misionero franciscano Fray Junípero era el director de un campo de concentración indígena que él llamaba eufemísticamente "la misión", donde los indios eran obligados a trabajar la tierra por un quinto de la ración de comida diaria aconsejada), luego América del Norte atacó a las tribus indias hasta exterminarlas y, por su parte, los británicos sembraron el terror en África (según revelan los archivos secretos) o provocar una hambruna en la India durante la época del Imperio Británico. Sin embargo, solo se ven los genocidios de los otros, no los propios, que se ocultan al público, afirma el autor. Añade que esto fue cosa del racismo colonial europeo del siglo XIX, que defendía que la raza más fuerte tiene derecho a eliminar a la inferior, en referencia a los pueblos primitivos. Los Imperios se insensibilizaron y eso llevó a una paradoja: millones de muertos europeos en la Gran Guerra de 1914, sin que nadie parase la matanza. Los "otros", a los ojos de la élite, añade el autor, también son quienes piden prestaciones sociales, los que buscan asilo y los musulmanes.

El autor también estudia la obstaculización en el envío de remesas de los inmigrantes a Somalia por temor a que las usen los terroristas para financiar la yihad. Pero Monbiot replica que el sistema de giros de envío de dinero "xawala" de Somalia es uno de los más eficientes del mundo y ayuda a mucha gente por sus bajas comisiones. Al suprimir estos envíos, condenó a miles de aldeas a la muerte por hambre. Todo lo contrario, añade el autor, ocurrió respecto al banco HSBC, que pese a transferir dinero de narcos y terroristas, no recibió un castigo judicial porque había en juego demasiados empleos americanos. Monbiot cree que esto tiene un nombre: racismo.

Otra de las críticas de Monbiot es hacia los bombardeos "humanitarios" en Oriente Medio que se justifican para algunos países violentos y no para otros. Al final, hay bombas para todo lo que se mueva. Señala que la venta de armas es un gran negocio en esa zona y que las regiones en las que los Gobiernos occidentales intervienen son las que más sufren esas guerras y su vida empeora. Cree que hay otras soluciones políticas como crear instituciones cívicas, pasos seguros y Gobiernos buenos.

El TTIP y el arbitraje
Monbiot también estudia el ocaso de la política de izquierdas y del TTIP (Transatlantic Trade and Investment Partnership) para eliminar las diferencias regulatorias entre EE.UU. y las naciones europeas. La clave de este acuerdo es que las empresas inversoras podrán poner demandas a los Gobiernos si intentan defender a sus ciudadanos, desprotegiéndolos de sus derechos para eliminar las regulaciones que protegen a las personas y al planeta vivo. Australia y Argentina ya han tenido que pagar indemnizaciones millonarias por poner paquetes feos de tabaco o congelar el recibo del agua y la luz.  El Salvador indemnizó a una empresa canadiense por excavar una mina. Las empresas pueden revisar la ley que no les gusta y revocarla sin que el Parlamento pueda hacer nada. En definitiva, Monbiot ve detrás del sistema de arbitraje de la inversión "un sistema de justicia privatizado para las corporaciones globales", según Democracy Centre. Detrás, la idea, es bloquear cualquier política de izquierdas que pretenda regular los bancos, frenar la codicia de las empresas de energía, renacionalizar los ferrocarriles, etc... Pese a la pérdida de soberanía, la Derecha calla.

En posteriores capítulos, Monbiot habla de la lucha antiterrorista de EE.UU. con ejecuciones extrajudiciales sin el "debido proceso" que no es lo mismo que un "proceso judicial".  Esto afecta especialmente al uso de drones en el extranjero para llevar a cabo la lista de asesinatos del presidente. Lo malo de este sistema es que entres en la lista por meras sospechas sin saber por qué ni de qué sospechan de ti y no puedas ni defenderte. El problema es que los abusos en el extranjero luego se trasvasan a la gente humilde de casa, añade el autor.

Otro caso que estudia es el de las empresas que usan la ley contra el acoso a mujeres para impedir las protestas pacíficas de los conservacionistas medioambientales, inicialmente, y que luego se amplió a cualquier tipo de protesta, con lo que la desobediencia civil fue "criminalizada" con exageraciones  de las empresas afectadas para pedir mano dura. Los que protestan acaban en una lista de "extremistas domésticos" o "ecoextremistas". Pero, en realidad, solo son violentas las campañas en defensa de los animales y contra el aborto, señala el autor.

Monbiot también estudia la debacle de los sindicatos ingleses y de cómo el Gobierno laborista los pone a prueba. Aunque obtuvieron salario mínimo, mejores pensiones, mejoras en el permiso parental y mejores condiciones para los trabajadores a tiempo parcial, el número de derrotas son mayores, según dice, pues el Gobierno bloqueó directivas europeas de protección al trabajador y se negó a revocar las draconianas leyes thatcherianas para los sindicatos. El resultado es que la desigualdad aumenta, la evasión de impuestos es galopante y las viviendas sociales están moribundas. Las promesas más difíciles, como las mejoras del precariado, han sido postergadas. La clave está en el apoyo que dan los sindicatos afiliados al Gobierno laborista, pues este puede apaciguar a los jefes y recibir financiación.

También habla de otro concepto que es la "justificación del sistema" (proceso mediante el cual las disposiciones legales existentes se legitiman, incluso a expensas de los intereses personales y del grupo). Es un deseo de defender el "status quo". Monbiot usó esta definición para calificar a los escoceses que votaron "No" en el referendum de independencia, en el que Escocia cede una soberanía mayor a UK que este reino a la UE y que "mantiene uno de los índices mayores de desigualdad del mundo y un sistema fracturado, corrupto, disfuncional y retentivo". El autor viene a decir que Escocia perdió la oportunidad de escribir una constitución "buena" que promueva la cohesión, la justicia social, la defensa del planeta vivo y poner fin a las guerras elegidas. Por contra, sucumbió a los caprichos de una élite distante y despreocupada.

La conclusión del autor es que en los últimos años ha habido un abandono del universalismo, el desmantelamiento del refugio que el Estado proporciona pero, a parte de algunas protestas, nadie ha salido a luchar. Los trabajadores están aceptado políticas que se oponen a sus intereses. Monbiot menciona el artículo "Causa común" de Tom Croptom (WWF), en el que dice que a la gente se le expone los datos y luego elige racionalmente pero no es así si no que elegimos lo que no contradice nuestra manera de pensar. Hay valores intrínsecos (buenos) y extrínsecos (egoístas). Ahora hay una fascinación por los ricos y poderosos, lo que hace a la gente amiga del dinero menos sensible a la justicia social. El autor señala que en vez de enfrentarnos al cambio de valores "hemos procurado adaptarnos a él". Los progresistas y ecologistas han apaciguado a la gente hablando de su "interés propio", de modo que aliviando la pobreza en el mundo construyen un mercado para los productos de Inglaterra. El artículo "Causa Común" propone como remedio que dejemos de intentar nuestros valores y que los expliquemos y defendamos, explicando cómo cambiaron nuestras mentes mediante la manipulación y desafiar a la publicidad que nos vuelve inseguros y egoístas.

lunes, 13 de noviembre de 2017

"Guerra, ¿para qué sirve?", de Ian Morris ( 2014)

Resumen del libro "Guerra, ¿para qué sirve?", de Ian Morris ( 2014)


Resumen del libro original y actualizado:
https://evpitasociologia.blogspot.com/2017/11/guerra-para-que-sirve-de-ian-morris-2014.html

Resumen elaborado por E.V.Pita, doctor en Comunicación Social y licenciado en Derecho y Sociología

Sociología, Historia, cambio social, historia de la civilización, estructura social

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Título: "Guerra, ¿para qué sirve?"

Subtítulo: El papel de los conflictos en la civilización desde los primates hasta los robots

Título original en inglés: "War! What is it Good for?"

Edición en inglés: 2014

Edición en español: Barcelona, 2017, Ático de los libros

Número de páginas: 639
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Biografía oficial del autor Ian Morris (hasta 2017)

Ian Morris es doctor en Historia por Cambridge. Vive en las montañas de Santa Cruz, en California, junto a su esposa, gatos y perros y es profesor de Historia del Mundo, Arqueología, Cultura Clásica en la Universidad de Stanford, donde ha sido director del departamento de Cultura Clásica, director del Instituto de Historia de las Ciencias Sociales y del Centro de Arqueología, así como el decano adjunto de la Facultad de Humanidades y Ciencias. En 2009, fue galardonado con el Dean's Award por la excelencia de sus clases. Ha dirigido excavaciones arqueológicas en Gran Bretaña, Grecia e Italia.

Ha publicado diez libros entre los que destaca "¿Por qué manda Occidente... por ahora?" (Ático Historia, 2014). Ha sido galardonado con premios de la Fundación Guggenheim, la Fundación Mellon, la National Geographic Society y el National Endowment for the Humanities y es titular de la Cátedra Jean y Rebecca Willard de Clásicos.

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Texto de la contraportada 

"En este fascinante libro, el historiador y arqueólogo Ian Morris investiga el papel de la guerra a lo largo de la historia. Partiendo de esa premisa, "Guerra, ¿para qué sirve?" nos ofrece un sensacional relato de la violencia a través de los siglos y llega a la sorprendente conclusión de que la guerra ha hecho del mundo un lugar más seguro y próspero. Morris explica que, en la Edad de Piedra, había una posibilidad entre diez o incluso entre cinco de morir violentamente, mientras que en el siglo XX, pese a dos guerras mundiales, la bomba atómica y el holocausto nazi, menos de una de cada cien personas murió a manos de otra.

¿Es posible que algo tan espantoso como la guerra haya sido una fuerza positiva en el avance de la civilización? Morris expone cómo, a lo largo de quince mil años, la guerra ha contribuido de forma decisiva a crear sociedades más grandes y complejas, las cuales, a su vez, han hecho que la vida de sus ciudadanos fuera más segura.

Por último, al comprender exactamente el funcionamiento y la utilidad de la guerra, estaremos en mejor posición posible para saber si, de una vez por todas, se puede acabar con ella".

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ÍNDICE

Introducción: la amiga del enterrador

1. ¿La tierra baldía? Guerra y paz en la Antigua Roma

2. Enjaular a la bestia: las guerras productivas

3. Los bárbaros contraatacan: las guerras contraproducentes (1-1415 d.C)

4. La Guerra de los Quinientos Años: Europa (casi) conquista el mundo (1415-1914)

5. Tormenta de acero: la guerra por Europa (1914-década de 1980)

6. Con uñas y dientes rojos: por qué los chimpancés de Gombe fueron a la guerra

7. La última gran esperanza del mundo: el Imperio estadounidense (1989-?)

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RESUMEN

Habría que encuadrar este libro junto al de Monbiot y otros que defienden un orden mundial, un gobierno global que cree un gran espacio de comercio y cultura e impida los actuales abusos de la globalización donde las grandes multinaciones campan a sus anchas debido a la distinta legislación mundial.

El libro parte de la tesis de que las guerras por la expansión del territorio (que él denomina guerras productivas) crean espacios de gobernabilidad mayores y traen una posterior paz y prosperidad a esas tierras. Por contra, hay otro tipo de guerras defensivas que son "contraproductivas" y que mantienen a los contendientes en un peligroso equilibrio y conflicto perpetuo (en plan guerras feudales).
Así, como ejemplo de guerras productivas están las del Imperio Romano, que pacificó todo el Mediterráneo y el Atlántico Norte y llevó la paz a 60 millones de habitantes que antes vivían enfrentados en conflictos tribales. Lo mismo pasó con la China de la dinastía han o la India. Enormes civilizaciones antiguas, que funcionaban como "bandoleros sedentarios" recaudando impuestos, mantuvieron la paz y favorecieron la agricultura durante muchos siglos. Añade que los antropólogos que estudiaron las tribus del Amazonas durante 30 años descubrieron que una gran parte de los habitantes moría en conflictos violentos, asesinado, en peleas... mientras que en el siglo XX el hombre occidental, a pesar de las dos guerras masivas, tiene una probabilidad de 1 o 2% de morir en un conflicto armado o hecho violento, ya que la violencia ha sido prácticamente erradicada en las civilizaciones más avanzadas donde hay un Estado fuerte.

[nota del lector: el fallo de este argumento es que para conseguir la Pax Romana y mantener la prosperidad durante dos siglos (el I y II DC), Roma libró siete siglos de guerras (con otros pueblos de Itálica, con Cartago, con Galia), masacrando a millones de indígenas europeos o esclavizándolos, para luego disfrutar de dos siglos de paz antes de volver al caos con las guerras civiles propias de un Estado fallido seguidas de una mayor matanza con la invasión de los bárbaros. El balance del Imperio Romano fueron 9 siglos de guerra y conquista, asolando a fuego todo el Mediterráneo y el Atlántico, dejando una estela de millones de muertos, para disfrutar dos siglos de paz, que no duró mucho ya que luego le siguieron otros diez siglos de guerra constante entre señores feudales a lo largo de la Edad Media, por lo decir las guerras entre potencias europeas que siguieron otros 500 años hasta la hecatombe de 1914-1945. Reconstruir el imperio Romano llevó 1.500 años de guerra y sin ningún éxito hasta que, pacíficamente, se firmó el tratado de la UE]


Las grandes civilizaciones antiguas y su caída

El libro arranca con un pasaje de Tácito sobre la guerra de Agrícola en Britania contra los pictos o actuales escoceses. El líder britano Calgaco arentó a miles de guerreros bárbaros para aplastar a las legiones de Agrícola que avanzaban. Avisó de que los romanos solo dejaban tras de sí "tierra baldía". Frente a esta concepción de Roma como ejército que arrasa con todo, está la de Cicerón que canta el orden que se impuso en el Imperio y en el que florecen las artes y las letras superada ya la barbarie de tribus ferozmente enfrentadas entre sí para robar ganado o agua. Con Roma, impera la paz. El autor apuesta por la visión de Cicerón, porque es la que se debe adoptar a largo plazo, la de la creación de una gran civilización que permite territorios llenos de paz, mientras que la del gran jefe  Calgaco es cortoplacista, solo ve la humareda de las cosechas quemadas por las legiones que avanzan hacia él a combatir. 

Ian Morris sostiene que una vez que un Estado alcanza una dimensión grande, tiene incentivos para mantener la paz en su territorio, recaudar impuestos, proteger a su población, etc... aunque sea para que otros no le roben el botín. Si en el pasado, los jefes guerreros eran feroces asesinos, luego devinieron en administradores del territorio conquistado para sacarle buenas rentas. Crearon un estado "hobbesiano" por el que mantenían el orden y el monopolio de la violencia. Esta idea caló de que el Estado era el único con derecho a ejercer la violencia por lo que cualquier pelea, crimen, etc... hecho por un ciudadano era inmediatamente castigado. Al tratarse de un poder fuerte, pocos se podían oponer y el territorio quedó pacificado, por lo que la agricultura y el comercio prosperó sin temor a ataques de bandoleros.

 Es lo que el estadista inglés Hoobes llamó el Estado Leviatán, como un gran poder que contrarreste la violencia natural de los hombres, ya que ellos mismos son lobos para el hombre. Frente a esta idea de que el hombre es un mono ultraviolento está la que extendió Margareth Mead, en un conocido estudio antropológico sobre los nativos de Samoa,  de que el hombre es bueno en su estado salvaje y tiende al amor y la fraternidad con sus semejantes, un poco la filosofía hippie. Pero el autor replica que los samoanos le "tomaban el pelo" a Margareth Mead para reírse de ella, según confesaron unas ancianas recientemente.

El autor se adelanta a muchas de las críticas siendo el argumento principal que los lectores le opones el de "¿Y qué nos dices de Hitler?". Morris replica que el "fuhrer" fue un brutal dictador que impuso su propio Leviatán asesino en toda Europa. Añade que la Alemania nazi era un gobierno dominado por una élite del partido y que tenía objetivos genocidas en un 50 % pero en otro 50 % protegía a sus ciudadanos, pero en todo caso, resultó ser un Estado fallido que fue aplastado por otros Leviatán todavía más poderosos. Recuerda que derrotada y eliminada Alemania como adversario, la guerra siguió en otros lados (en Japón), con nuevas y brutales matanzas. Viene a decir que la Alemania nazi era similar a un virus asesino que mató al paciente, como un caso extremo de Estado asesino que no prosperó porque los otros Estados se dieron cuenta de su peligrosidad y entre todos lo aplastaron. Por tanto, lo considera un caso extremo y raro en su argumentación, que estaría encuadrado como una tiranía que explota y asesina a sus súbditos, en la escala máxima de violencia.

El autor añade que hay otros niveles de Estado: la democracia, el gobierno populista, la aristocracia y la tiranía, y cada uno de ellos se mueve por distintos objetivos e intereses. En el caso de Roma, se trataba de un gobierno de la élite aristocrática cuyo objetivo era enriquecerse mediante la conquista pero que también cuidó de que el pueblo estuviese seguro mediante la ley y el Derecho y que por eso fue un Estado viable y próspero mientras duró. Lo mismo pasó en Egipto. El Estado Asirio era otro tipo de tiranía pero mantuvo seguro su territorio y prosperó.

Ian Morris también examina la escalada bélica desde que las guerras movilizaron a pie a la infantería de los egipcios y persas, con expertos tiradores de flechas, hasta que los arqueros disparaban flechas desde carros y los romanos y griegos inventaron la disciplina (ideal frente a las tribus celtas donde cada uno hacía lo que quería) y fabricaron a gran escala espadas de hierro muy baratas con las formaron enormes ejércitos baratos de hombres libres y que revolucionaron la guerra en el cuerpo a cuerpo (mientras en Oriente atacaban desde lejos o con elefantes, como en la India o como hizo Aníbal).
El gran problema estratégico para las grandes civilizaciones, que movían enormes ejércitos a pie, surgió en el mismo momento que tuvieron que enfrentarse a la caballería de los pueblos nómadas (sártrapas, hunos...), brutales, feroces, y bandidos ágiles y fugaces. La muralla de Adriano o la Gran Muralla China, que durante siglos contuvieron a los bárbaros, no sirvieron de mucho cuando los invasores formaron enormes coaliciones y entraron en la frontera arrasando todo.

 Persia fue la primera en reaccionar ante los bandidos de la estepa y creó lo que es la actual caballería pesada: caballeros con armadura y yelmo y armas pesadas, prácticamente invencibles. Los romanos tuvieron que imitarles y China también, la caballería pasó a ser decisiva en estas guerras contra los nómadas y, aún así, estos arrasaron Eurasia, de una punta a otra, derribaron el Imperio Romano, el Indio y el Chino, que durante siglos solo volvieron a ser sombras de lo que fueron. Fue una debacle de las grandes civilizaciones que tardó mil años en recuperarse.

A todo ello se suma que las grandes civilizaciones, Roma y China, se desmoronaron simultáneamente en el siglo II DC a causa de una brutal peste que arrasó el continente de una punta a otra, con legiones enfermas que morían a miles en los campamentos, donde el virus infectaba con mayor rapidez. Entre las enfermedades globales y los jinetes nómadas, que causaron un "efecto dominó" al empujar a los bárbaros al interior del territorio romano y de otros pueblos lindantes con China a la India o China. Estas emigraciones masivas de refugiados añadieron más caos y, en 80 años, el Imperio Romano había dejado de existir y en su lugar se formaron reinos bárbaros controlados por señores de la guerra. El intento de Bizancio de reunificar el Mediterráneo fue muy flojo pues no tenía los medios necesarios y cuando el Islam controló el mismo mar, desde Lisboa hasta Pakistán, no pudo funcionar como un megaestado porque los califas dirigían sus propios reinos sin atender a nadie o peleaban entre sí, según señala el autor. 

En el caso de China, las distintas dinastías lograron reunificar el imperio para volver a disolverse poco después. Los herederos de Carlomagno también fracasaron. Durante mil años hubo un ciclo de guerra-civilización-guerra tanto en Europa como en China e India. 

Otro de las distinciones que aborda Morris es la llamada guerra productiva y la contraproductiva. Dice que Roma hizo guerras productivas hasta el siglo I, en las que sus conquistas eran rentables porque ampliaban el territorio y lograban cuantiosos botines. Pero tras la derrota de cuatro legiones en el bosque de Tettoburgo, en el año 9, Augusto ordenó una guerra defensiva y repliegue a las fronteras seguras. A partir de entonces, la guerra fue contraproductiva porque, por un lado era defensiva, y por otro la ganancia de nuevos territorios como Dalmacia, Rumanía, Siria, salían muy caros, incluso por encima del coste, y apenas rentaban nada. China también entró en un ciclo de guerras contraproductivas para defender su frontera de los nómadas, que requerían enormes ejércitos de caballería que hacían guerras preventivas. No obstante, el autor aclara que esas guerras preventivas a veces disuadían a los nómadas de volver a cruzar las fronteras durante cien años, por lo cual también era rentable.

El poder mundial de Europa

Hasta el año 1018, no se hace una nueva escalada armamentística. Esta vez será la invención de la pólvora en China, que usaron para hacer fuegos artificiales o como arma incendiaria, pero no para lanzar proyectiles a gran velocidad, algo que sí aprovechó Occidente.

Europa fue el ganador de la carrera armamentística de la pólvora porque los distintos reinos feudales la adoptaron entusiasmados. Primero, sus cañones derribaron las murallas de los castillos   (los turcos copiaron la idea para conquistar Costantinopla)  y luego, en torno al año 1470, se empezaron a usar arcabuces con gancho. No pudieron sustituir a la caballería hasta que inventaron los holandeses el sistema de carreta o "lagger", mediante el cual las carretas se disponían en círculo y servían de muralla contra los caballos y parapeto para los cañones. A estas alturas, Europa ya había superado a Asia y siguió el avance cuando las potencias europeas dotaron de cañones a los galeones y barcos de línea, con lo que los mares fueron europeos por su gran potencia de fuego. A ello se sumaron tácticas prusianas como las líneas de fusileros que avanzaban en línea hasta convertir sus ejércitos en paredes que escupían fuego, según contaban los supervivientes.

El autor dice que el norte de Europa se distanció del resto del mundo porque permitió el libre comercio frente a los estados del Sur que aún promovían el monopolio comercial. De esta forma, Gran Bretaña dominó todos los mares del mundo e impuso su ley hasta convertir el siglo XIX el mundo en un lago británico mantenido por un orden global inglés.

Desde el punto de vista de la "rentabilidad" de las guerras, el autor dice que Europa masacró a millones de nativos en América (sobre todo por las enfermedades que redujeron la población a la mitad), Asia (India) y esclavizó a varios millones más en África, pero que en gran parte tuvo como consecuencia una ampliación del territorio europeo y la paz en Europa prácticamente desde 1715 a 1800 y de 1815 a 1914. Según su teoría, al final este ciclo de guerras de expansión trajo la paz al mundo y millones de súbditos vivieron en paz y progreso en las colonias británicas (y las hispanas también durante cuatro siglos). [nota del lector: nuevamente vemos un argumento un poco capcioso porque parece que lo que quedó fue más tierra baldía que otra cosa]

Morris señala que hay un ejemplo que podría invalidar su tesis y se refiere a la guerra de Independencia de EE.UU., pues sería el típico ejemplo de guerra contraproductiva que genera mayor caos y violencia al dividirse el imperio británico en dos y, sin embargo, generó una mayor riqueza y prosperidad para el nuevo país y la antigua metrópoli. El autor replica que la clave de por qué esta vez fue distinto hay que buscarla en el comercio; el propio Adam Smith señala que dejar a los operadores y a la mano invisible del mercado trabajar con mayor libertad generará mayor riqueza, como así ocurrió. La libertad comercial benefició a ambos países, así como la fluidez del crédito, que permitió a EE.UU. tender una gran red de ferrocarril a partir de 1830.

El dominio europeo en el mundo se limitaba hasta el siglo XIX a proteger fuertes en la costa en enclaves asiáticos sin preocupar mucho a los gobernantes de la India o China. Si había una batalla naval entre Holanda e Inglaterra por el dominio de Indonesia, los gobernantes asiáticos lo consideraban una "molestia" o una "guerra comercial". Lo mismo pasaba en el Congo y el resto de la costa, donde los portugueses tenían que comprar esclavos a los jefes locales a cambio de armas sin adentrarse en el territorio por miedo a las enfermedades, salvo en Sudáfrica, que estaba libre de gérmenes letales para el hombre blanco. Eso cambió a partir de mediados del siglo XIX, cuando los médicos occidentales lograron vacunas contra las principales enfermedades tropicales, salvo la fiebre amarilla. De repente, el interior de África y Asia quedaron a merced de los europeos, cuyas principales potencias se repartieron el mundo en pacíficos congresos.

 Inglaterra creó un vasto imperio multicontinental en Canadá, Australia, India, Sudáfrica, Zimbawe, Kenia, Sudán, Hong-Kong y otras colonias en el Caribe o el Pacífico aunque impuso un orden global de comercio y crédito que subyugó a países nominalmente independientes como Argentina o Chile. Su poder naval servía de policía mundial allí donde hubiese conflictos [nota del lector: papel que luego siguió EE.UU.]. Cuando el emperador francés Napoleón decretó en toda Europa un bloqueo comercial del Continente a las islas británicas fracasó porque todos los reinos buscaban trucos para eludir la orden y porque la flota naval británica era dueña de los mares.

Otro cambio que observa Ian Morris son las guerras populares que estallaron a partir de 1776. La insurrección de los colonos americanos y la posterior Guerra de Independencia solo fue el comienzo de las guerras nacionalistas y protagonizadas por el pueblo. Al poco, el pueblo y los burgueses tomaron el poder en la Revolución Francesa de 1789, en lo que sería otra movilización a gran escala que se saldó con miles o millones de muertos, sobre todo en el campesinado reaccionario y entre los aristócratas que no pudieron huir a tiempo. Napoleón llevó a la guerra popular a otra escala al movilizar a un ejército de un millón de voluntarios que no eran profesionales como las tropas de Prusia o Inglaterra pero estaban dirigidos por buenos oficiales. Este ejército popular se metió en un buen lío cuando Napoleón invadió España para obligarla a entrar en el orden continental y bloquear a Inglaterra. Los españoles se constituyeron en otro movimiento nacional y popular y sometieron a una pesadilla a las tropas napoleónicas a las que desgastaron con una guerra de guerrillas. Pronto todos los países se dieron cuenta de que el nacionalismo y el patriotismo servía para hacer ejércitos más poderosos y todos comprendieron la importancia de fomentar esas ideas populares. [nota del lector: pero un siglo después, lo que parecía una medicina mágica que lo curaba todo se convirtió en un veneno, siendo el más claro ejemplo la Alemania nazi ultranacionalista]

La guerra de 1914 a 1945

El autor estudia posteriormente el gran conflicto europeo de 1914 a 1945, que equipara a las Guerras Púnicas entre Cartago y Roma porque hubo dos guerra en medio de una tregua de 20 años. Morris recurre a la teoría de Mackinder en el que el mundo está dividido en tres bloques: el Núcleo (serían las estepas nómadas, desde Rusia a China), el Círculo Inferior (que serían los imperios orientales y europeos) y el Círculo Exterior (América, África subsahariana, Japón y Australia).
En el caso de la Gran Guerra del 2014, Alemania se unificó en un momento en que Gran Bretaña había dejado de ser la única nación industrializada y ya no tenía efectivos para vigilar el mundo como una policía mundial: los ingleses relegaron parte de las tareas en EE.UU. y Japón como ayudantes del policía mundial. En ese contexto, Alemania empezó a crecer e industrializarse y a iniciar políticas coloniales en África pero, en contra del consejo del cancíller Bischmark, que apostaba por una senda diplomática y de equilibro, el kayser comenzó a idear planes para "absorber" parte del Núcleo, concretamente los países no-rusos como el Báltico, Ucrania y Bielorrusia. Solo faltaba una excusa para invadir Rusia.
Por otra parte, la posterior matanza que luego se desencadenó tuvo mucho que ver con unas élites que no tenían piedad ni por su propio pueblo porque si no habrían detenido el baño de sangre que costó millones de vidas. En tanto, Inglaterra adoptó una estrategia para cercar comercialmente a Alemania, que dio resultado a largo plazo y que decidió la guerra hacia los aliados, a lo que también contribuyó la entrada al final de EE.UU. El autor señala que, al terminar la guerra, no se resolvió nada y el mundo siguió igual de inseguro que antes, porque los países perdedores se vieron abocados a guerras civiles (Rusia, Alemania), a lo que después siguió la hecatombe económica del Crash de 1929, y diez años después una segunda guerra, esta vez total.

El mundo post-soviético (1989-2017)

La Segunda Guerra Mundial enterró definitivamente a Gran Bretaña como policía global, ya en decadencia desde 1870, y puso en el mundo a dos policías globales: EE.UU. y la URSS, que se repartieron el planeta: el núcleo quedó en manos del Imperio Soviético y otros países comunistas (China), el flanco interior fue una zona occidental o no alienada (Europa Occidental, Asia del Este, India, Persia, Afganistán) y el mundo exterior quedó en manos de USA (Pacífico, Sudamérica). Cualquier injerencia en esas zonas de influencia suponía un conflicto entre ambos policías globales, como fue el caso de Vietnam, el conflicto de los misiles de Cuba o la guerra de Corea. Además, se siguió un proceso de descolonización, primero de la India, y después de toda África, que quedaron bajo control americano por estar en su área de influencia. EE.UU. evitó por todos los medios que no se instalase el comunismo en su área de influencia.
El mundo siguió con dos policías globales desconfiados siempre entre ellos hasta el punto de iniciar una carrera de misiles nucleares que quedó en tablas porque la destrucción mutua estaba asegurada (MAD). Todo ataque era un suicidio asegurado, como dedujo el ruso Petrov ante lo que era un fallo de su ordenador y fue el que evitó la guerra nuclear en los años 80.

Según el autor, el colapso de la URSS fue planeado en los años 50 por USA mediante una estrategia a fuego lento: hacer que el pueblo soviético comprendiese las condiciones miserables en las que vivía comparándose con la fiebre consumista de Occidente libre. A mediados de los años 80, la URSS habia sido derrotada por Afganistán, el petróleo se había desplomado de precio tras unos años de bonanza, y Gorvachov inició el desarme y el desmantelamiento de la URSS: permitió que Europa Oriental se marchase libremente de su influencia, disolvió el imperio ruso y liberó a las repúblicas del Cáucaso. En cinco años, la URSS se había disuelto como un azucarillo en un vaso de agua.
A partir de 1989, con la caída del muro de Berlín, y de 1991, con el desplome de la URSS, solo quedó un policía global: EE.UU. Fue entonces cuando los conflictos se multiplicaron, sobre todo a partir del 2011, pero el autor recalca que fueron guerras de baja intensidad (para EE.UU., se entiende), caso de la Guerra del Golfo, Irak, Afganistán... e incluso Sudán o Somalia. No había posibilidad de que se produjese un gran conflicto a escala mundial con cien millones de muertos, algo que era una alternativa posible en los años 80. En los años 90, 2000 y 2010, allí donde había problemas, acudía el policía global, aunque poco a poco empezó a automatizar la guerra para abaratarla con drones y otras tecnologías que no requieren tropas en tierra.

El autor afirma que ahora el conflicto se desplaza hacia el Este de Asia, concretamente a las islas que rodean China. Ese gigante económico tiene un potente ejército pero está enjaulado porque su costa está rodeada de una cadena de islas hostiles o patrocinadas por EE.UU. (Corea del Sur, Japón, Taiwan, Filipinas, Singapur, Indonesia). El autor sostiene que EE.UU. es el dueño del Pacífico pero que China quiere, por razones de defensa estratégica, romper el bloqueo de esta cadena de islas. Al carecer de flota o de un mar libre por el que navegar, se ve confinada a ser una potencia continental pero no global. Romper el orden en el Pacífico, el mar Americano, supondría un desafío total a EE.UU. Ian Morris sostiene que no habrá quiebras en el sistema actual quizás durante varias décadas pero teme que llegará un momento en que EE.UU., si continúa con su lenta decadencia a nivel internacional, se verá desbordado en su papel de policía global y tendrá que nombrar ayudantes, posiblemente China [nota del lector: y yo diría Rusia]. El autor teme que, al igual que ocurrió con el Imperio Británico (al permitir el crecimiento de Alemania o Estados Unidos), el propio policía global podría estar cavando su tumba al armar a los que en unas décadas serán sus competidores que lo desbanquen de su papel.

Ian Morris recuerda que se hacen muchos esfuerzos para que no vuelva a haber guerras pero él se teme que, en las próximas décadas, antes de 2050, que será inevitable una megaguerra de las de verdad con millones de muertes en todo el planeta, aunque puede que sea menos devastadora que las anteriores guerras mundiales. Eso se debe a que la guerra con robots será inevitable ya que nadie quiere perder esa ventaja militar (lo llama la carrera de la Reina Roja, una carrera armamentística). Esto se basa en la Historia de la Humanidad: primero se lucharon con ejércitos disciplinados a pie, luego con carros de caballos, con caballería, con armas de fuego, con armas nucleares... Y por otro lado recuerda que la guerra es el camino por el que optan aquellos que ven ventajas y algo que ganar. Cuando alguien va a la guerra es porque algo tiene que ganar, alguna recompensa. Mientras alguien haga sus cálculos y vea posibles recompensas, irá a la guerra. La idea de fondo es que la descomposición del Imperio Americano conllevará nuevas guerras y una gran batalla final entre EE.UU. y el país que lo sustituirá como policía global dentro de unas décadas. Sostiene que la situación actual se parece a la de 1910, con el Imperio Británico en horas bajas y una Alemania y un Japón en crecimiento económico desbocado.

Morris también explica cómo serán las futuras guerras. Ya las estamos viendo. En una caravana en una instalación militar de Nevada dos operadores eliminan a objetivos mediante drones a miles de kilómetros. Hacen la guerra cómodamente como si fuese un videojuego. Alguien ha pensado en una idea más eficiente: enviar cazas-robots guiados por un caza humano a la zona de combate. Los robots procesan la información más rápido que el ser humano, cuando estos piensen la maniobra los robots ya los habrán abatido. Por eso, será inevitable una nueva carrera para desarrollar robots asesinos y robots soldados, según afirma el autor.



domingo, 5 de noviembre de 2017

"Todo lo que he aprendido con la psicología económica", de Richard H. Thaler (2015)

Resumen del libro "Todo lo que he aprendido con la psicología económica", de Richard H. Thaler (2015)


Premio Nobel de Economía 2017

Link original y actualizado:
https://evpitasociologia.blogspot.com/2017/11/todo-lo-que-he-aprendido-con-la.html

Resumen elaborado por E.V.Pita, doctor en Comunicación Social y licenciado en Derecho y Sociología

Sociología, psicología económica,

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Título: "Todo lo que he aprendido con la psicología económica"

Subtítulo: El encuentro entre la economía y la psicología, y sus implicaciones para los individuos

Título original en inglés: "The making of Behavioral Economics Misbehaving"

Fecha de edición en inglés: Nueva York, 2015

Edición en español: Deusto, Grupo Planeta, Barcelona, 2016

Número de páginas: 523

Menciones: Premio Nobel de Economía 2017

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Biografía del autor Richard H. Thaler (hasta 2017)

Richard H. Thaler es un reconocido economista especializado en el campo de las finanzas conductuales. Es profesor de Economía y Ciencias del Comportamiento en la Escuela de Negocios de la Universidad de Chicago y durante el año 2015 fue presidente de la American Economic Association.

Es coautor, con Cass R. Sustein, del éxito de ventas Un pequeño empujón y autor de Quasi Rational Economics y de The Winner's Curse.

En el 2017 recibió el Premio Nobel de Economía por su contribución al desarrollo del estudio de la psicología del comportamiento económico.

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Texto de la contraportada

"Prepárate para cambiar de opinión sobre la ciencia económica. 
La teoría económica clásica ha considerado el comportamiento irracional como irrelevante en el ámbito de su investigación. Sin embargo, la evidencia indica que el ser humano no actúa siempre guiado por criterios racionales y es propenso a cometer errores. Nuestros deseos, valores, miedos, prejuicios o afectos, por ejemplo, influyen claramente en nuestra valoración y juicio de las cosas, así como en nuestra toma de decisiones. Ya sea al comprar un despertador o solicitar una hipoteca, todos nos desviamos de los estándares de racionalidad asumidos por los economistas y ese es el objeto de estudio de la psicología económica.

Richard Thaler, pionero en este campo y uno de sus mayores expertos, aborda la evolución y los hitos en esta disciplina desde sus inicios en los años setenta del siglo XX hasta la actualidad. Este libro orienta al lector sobre cómo tomar decisiones más inteligentes en un mundo cada vez más confuso y revela cómo el análisis de la psicología económica abre el camino a nuevas formas de tomar decisiones, desde la economía familiar hasta la selección de jugadores profesionales de fútbol o la gestión de nuevos negocios como Uber,

Después de leerlo, el lector podría cambiar su manera de pensar sobre la economía"

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Texto de la solapa posterior

"Todo lo que he aprendido con la psicología económica nos ofrece la historia de uno de los descubrimientos más importantes de la economía moderna. Si tuviese que quedarme atrapado en un ascensor con un intelectual contemporáneo escogería, sin duda, a Richard Thaler".
Malcolm Gladwell

"Richard Thaler ha protagonizado la revolución económica más importante de los últimos treinta años. En este fascinante libro relata el nacimiento y la evolución de la psicología económica y explica por qué se encontró con tanta resistencia. Debes leerlo"
Robert J. Shiller

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ÍNDICE

Primera parte

Inicios: 1970 - 1978

1. Factores supuestamente irrelevantes

2. El efecto dotación

3. La lista

4. Teorías del valor

5. Sueños en California

6. La carrera de baquetas


Segunda parte

Contabilidad mental: 1979 - 1985

7. Timos y gangas

8. Costes hundidos

9. Frascos y presupuestos

10. En la mesa de póquer


Tercera parte

Autocontrol: 1975 - 1988

11. ¿Fuerza de voluntad? No hay problema

12. La planificadora y los ejecutores


Interludio

13. Mal comportamiento en el mundo real


Cuarta parte

Trabajando con Danny: 1984-1985

14. ¿Qué es lo justo?

15. Juegos de justicia

16. Tazones

Quinta parte

Confraternizando con economistas: 1986 - 1994

17. Comienza el debate

18. Anomalías

19. Formando un equipo

20. Estrechez de miras en el Upper East Side


Sexta parte

Finanzas: 1983-2003

21. El concurso de belleza

22. ¿Son excesivas las reacciones de la Bolsa?

23. La reacción al exceso de reacción

24. El precio no es correcto

25. La batalla de los fondos cerrados

26. Moscas de la fruta, icebergs y precios bursátiles negativos


Séptima parte

Bienvenido a Chicago: 1995- Actualidad

27. Educación legislativa

28. Despachos

29. Fútbol americano

30. Concursos

Octava parte

Echando una mano: 2004- actualidad

31. "Ahorre más mañana"

32. Publicando

33. Acicates en Reino Unido.

Conclusión: ¿Y ahora qué?

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RESUMEN

Comentarios iniciales: Quien haya leído a Daniel Kahneman (Pensar rápido, pensar despacio) tendrá la sensación de releerlo con Richard H. Thaler porque forman parte de la misma escuela pionera que introdujo la psicología en la Economía y, con ella, el trabajo científico y experimental (legado de la disciplina de la Medicina).


lunes, 30 de octubre de 2017

"La España vacía", de Sergio del Molino (2016)

Resumen del libro "La España vacía", de Sergio del Molino (2016)

Resumen original y actualizado en:
https://evpitasociologia.blogspot.com/2017/10/la-espana-vacia-de-sergio-del-molino.html

Resumen elaborado por E.V.Pita, doctor en Comunicación Social y licenciado en Derecho y Sociología

Sociología, sociología rural, población, estructura social, urbanismo, distribución poblacional, demografía
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Título: "La España vacía"

Subtítulo: "Viaje por un país que nunca fue"

Autor: Sergio del Molino

Fecha de publicación: Madrid, 2016

Editorial Turner Publicaciones SL

Número de páginas: 292

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Biografía de Sergio del Molino  (hasta 2017)

Sergio del Molino nació en Madrid en 1979. Es autor de La hora violeta, novela por la que recibió el Premio Ojo Crítico de Narrativa 2013 y el Premio Tigre Juan 2013, entre otros, y que ha sido traducida a varios idiomas. Desde su debut literario, en 2009, ha publicado la colección de relatos Malas Influencias (2009), el ensayo literario Soldados en el jardín de la paz (2009), una antología de sus textos periodísticos más personales. El restaurante favorito de Nina Hagen (2011), la que fue su primera novela No habrá más enemigo (2012) y Lo que a nadie le importa (2014), que anticipa en clave narrativa algunos temas que aparecen en La España vacía, su primer gran ensayo.

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Texto de la contraportada

"Hay dos Españas: una urbana y europea, y una España interior y despoblada. La comunicación entre ambas ha sido y es difícil. A menudo, parecen países extranjeros el uno del otro. Y, sin embargo, la España urbana no se entiende sin la vacía.

Esa España interior del Quijote, la que divisamos desde la autovía, la de los pueblos que para algunos son la feliz aldea de los veranos infantiles y para otros el paisaje de la leyenda negra, es la España vacía de este ensayo.

Buñuel, Azorín o Almodóvar la convirtieron en escenario. Los políticos la visitan en campaña electoral o la olvidan en cuanto llegan al gobierno. Los urbanitas vuelven a ella soñando con una vida más fácil. Y los que la viven bajan a Madrid a gritar que existen.

Un ensayo originalísimo y emocionante, escrito por una voz joven, con mirada política y sensibilidad literaria. Un libro imprescindible, que le hará pensar en su familia, en sus raíces y en su forma de vivir".

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ÍNDICE

El misterio de las casas quemadas

Primera parte. El Gran Trauma

I. La historia del tenedor

II. El Gran Trauma


Segunda parte. Los mitos de la España vacía

III. La ciencia del aburrimiento

IV. Tribus no contactadas

V. Marineros del entusiasmo

VI. La belleza de Maritornes

VII. Manos blancas no ofenden.


Tercera parte. El orgullo

VIII. Los hijos de la tierra

IX. Una patria imaginaria.

Coda: explicaciones no pedidas

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RESUMEN:

Comentarios iniciales: Estamos ante una gran obra de Sociología, del estilo "La primavera silenciosa", un ensayo que también es útil para los economistas para comprender y visualizar la estructura económica de España con grandes polos industriales concentrados y rodeados de "desiertos" despoblados. 

El autor recuerda sus tiempos mozos, cuando sus padres de Madrid quisieron irse a vivir a un pueblo castellano. A pesar de su vida idílica, los inviernos cortaban las carreteras por la nieve y pronto se mudaron a Alicante. Es la forma de arrancar este libro sobre el abandono del rural, un declive que Delibes ya describió en 1978 en El Disputado Voto del Señor Cayo.

A medida que se avanza por las páginas del libro, el lector toma conciencia del desolador panorama del interior de España, que abarca las dos Castillas, Aragón, La Rioja, Extremadura y (en una extensión que hace el autor) las provincias gallegas de Ourense y Lugo. Estas provincias y regiones se caracterizan por tener pueblos vacíos en zonas desérticas, sin apenas población, con el rural abandonado o explotado por grandes compañías pero que no generan trabajo. Compara los pueblos franceses, italianos o alemanes enclavados a lo largo de carreteras con verdes e idílicos paisajes que siguen vivos y llenos de alegría y rebosantes de niños al otro lado de los Pirineos frente a los pueblos "zombies" castellanos. Mientras Europa ha logrado hacerlos económicamente viables y cada semana celebran una feria con quesos y otros productos locales, en Castilla y Aragón, no hay nadie por las calles y sus paisajes son desolados. [nota del lector: la imagen de los pueblos europeos contiguos siguiendo el trazado de la carretera también es típica de la Galicia costera].

En primer lugar, señala que lo que él llama la España Vacía cuenta con 7 millones de habitantes, aunque solo hay tres ciudades importantes: Madrid, Zaragoza (700.000 habitantes) y Valladolid (300.000) y el resto son capitales de provincia. Su extensión es similar a Bélgica, que tiene el doble de habitantes. Fuera de la capital, todo es un páramo, con una densidad de población de 8 habitantes por kilómetro cuadrado, similar a la de Laponia. En sí, España, con una superficie similar a la de Francia, que duplica a Inglaterra, y por encima de Italia y Alemania, es un país vacío, con poca población respecto a los estados más occidentales. Pone como ejemplo que en todo el Levante agrupa a 17 millones de habitantes y que Andalucía suma otros siete.

El éxodo del rural tiene su origen entre 1945 y 1950, cuando los jóvenes empezaron a emigrar del pueblo a la ciudad en busca de una vida mejor ante la falta de empleo en el campo y por la industrialización en las ciudades, que duplicaron o triplicaron su población en 30 años. Primero se fueron a la ciudad los jóvenes y luego los viejos, en busca de servicios médicos.
 La película "Surcos" relata las míseras condiciones de los campesinos que viven en descampados de Lavapiés, en Madrid, y los jóvenes se dedican a robar y las chicas a prostituirse con los señorones de la capital. La novela "Tiempo de Silencio" aborda la misma cuestión. La pobreza no se podía esconder pero se hizo más humana con el humor de Paco Martínez Soria, el prototipo de "paleto" que se va a vivir a la capital. El autor dice que nadie, en 50 años, hizo nada por resolver el abandono del campo. Explica que el general Franco expresaba su gran admiración por los valores agrarios y ganó la Guerra Civil con la ayuda campesina pero luego siguió representando al capitalismo de siempre. El régimen militar dirigió una política de inundación de valles para construir embalses y generar electricidad para las ciudades y apostó por la creación de polos industriales en Madrid, Bilbao y Barcelona, que se llenaron de inmigrantes del rural. En 30 años, el campo se vació y la mitad de la población estaba viviendo en una gran ciudad. Fue un crecimiento descontrolado, propio del brutal desarrollismo de los años 60, y la estructura económica se vio completamente descompensada, con pueblos muertos en el interior y la costa superpoblada. Recuerda al crecimiento espectacular de China. Del interior no volvió a tenerse noticias hasta que se movilizaron los de "Teruel también existe".

Otra de las cuestiones que llama la atención al autor es que a nivel político el campo está sobre-representado, su voto vale más que el de la ciudad a la hora de obtener escaños, lo que ha llevado a que los grandes partidos inflen su número de escaños a costa de los pequeños partidos que aunque consiguen muchos votos están dispersos por todo el territorio rural. El reparto de escaños por la Ley de D'Hont fue instaurado para dar "estabilidad" a la política pero, según el autor, se hizo para evitar que el partido comunista lograse muchos escaños y, a la vez, favorecer el bipartidismo. El caso es que el voto de un habitante de Soria vale 5,6 veces más que otro de Madrid. De ahí, que los políticos que comprendieron la ley de D'Hont comprendieron que el voto nacionalista y regionalista resultaba mucho más valioso y rentable que el de otros partidos minoritarios. Nadie ha querido cambiar el sistema porque los opositores que llegaron al poder, lo mantuvieron para seguir en el poder.

Más adelante analiza sitios que simbolizan el rural como Fago (en Huesca) o Las Hurdes (en Extremadura). En el primer caso, Fago era un pueblo de 30 habitantes, la mayoría regresados de la ciudad para buscar tranquilidad, algunos de los cuales se volvieron paranoicos y uno de ellos asaltó al alcalde cuando volvía por carretera en medio de la nieve y lo asesinó con tiros de escopeta. Los vecinos se quejaban de que el alcalde ponía multas "injustas" cuando ellos lo que querían en el pueblo era vivir con tranquilidad y no fijarse en dónde aparcaban el coche. El asesino resultó ser un vecino descontento con la supuesta "tiranía" del alcalde. Fago se había convertido en un infierno administrativo. Los periodistas, incluido el autor, tropezaron con el silencio de los vecinos y del único bar que había. El autor señala que el pueblo más cercano estaba a muchos kilómetros y que el resto era desierto aragonés. Los inviernos eran realmente duros y solitarios, como si te aislasen en una celda de castigo. Hasta Internet iba lento.

Fago representaba la soledad paranoica del mundo rural, del aislamiento invernal que hacía perder la cabeza a sus habitantes, que se peleaban por minucias ridículas y vergonzosas como los niños. Pero el autor replica que hay miles de pueblos casi vacíos y solo se han producido un puñado de crímenes. En todo caso, algunos, el crimen de Puerto Hurraco, con nueve asesinados y los dos culpables huidos al monte perseguidos por la Guardia Civil, despertaron a España en 1990 del sueño de modernidad que parecía vivir con el AVE, la Expo 92 y las Olimpiadas de Barcelona.

Otro caso que analiza es el de Las Hurdes, considerada la imagen de la miseria rural azotada por pobreza, brutalidad y enfermedades infecciosas. En los años 20 del siglo XX, Luis Buñuel rodó allí un pseudodocumental, llenos de monstruo y deformes de feria, bebés flotando en el río, que el doctor Gregorio Marañón rechazó por irreal. La película no pasó la censura y apenas fue vista pero se convirtió en un mito. Hasta el propio Unamuno viajó desde Salamanca a Extremadura para verificar si la parte alta de Las Hurdes era la jungla, sin libros ni nada. Lo desmintió, no le pareció más pobre que otras zonas montañosas que había recorrido antes.

El autor Sergio del Molino concluye que Buñuel quiso seguir la estela de la literatura del momento, estilo Tarzán o El Corazón de las Tinieblas, donde el explorador occidental se adentra en territorio indígena, como es el caso de Las Hurdes. La mala fama de Las Hurdes siguió durante décadas y el Franquismo y luego la Junta de Extremadura se volcaron en esta región para ponerla como escaparate del progreso en el rural, con mucha tienda "delicatessem", etc...

En posteriores capítulos examina el paisaje de Castilla-La Mancha, descrito en El Quijote, y los relatos de los viajeros franceses e ingleses que visitaron España en el siglo XIX atraídos por los tópicos y que estaban aterrorizados con la miseria que veían, por el árido paisaje de Castilla y por la inseguridad de los caminos. El propio cuentista Arthur Andersen no se atrevía a salir más allá de unas manzanas de su alejamiento en Madrid por temor a ser asaltado por bandoleros.

Una idea destacable es que el autor considera que el romanticismo contribuyó a fijar la idea de un paisaje vacío y lleno de pedruscos en Castilla, sobre todo con las traducciones de autores franceses que eran más neutrales pero que la versión española traducía con mayor mordacidad. Los extranjeros sin embargo sí se asombraron de que el país estuviese vacío. Añade que aunque no hayamos leído a Antonio Machado, tenemos una imagen clara y precisa de la ancha Castilla y cuando la visitamos en coche por la autopista la reconocemos al instante. Ese imaginario ha pasado de los libros y poemas al cine y la televisión, de forma que existe en nuestra imaginación la idea de Castilla plana y solitaria.

 Sin embargo, en pleno romanticismo, el poeta y escritor Becquer logró hacerse un hueco en el panorama periodístico de la capital al enviar sus crónicas desde Moncayo y describir sus paisajes de forma totalmente asombrosa para los capitalinos.

Otra de las cuestiones de interés es que Del Molino niega la famosa leyenda que dice que en la Hispania Romana las liebres y ardillas saltaban de árbol en árbol de un extremo al otro del país. No halla ningún testimonio similar en los textos clásicos y los dibujos y grabados y textos del siglo XVIII reflejan un país sin un árbol aunque luego en el XX comenzaron las repoblaciones aunque el paisaje, en esencia, siguió siendo plano y sin sombra.

También se detiene en la ruta de El Quijote. Cree que la mayor parte fue inventada por Cervantes y que no se corresponde con la realidad porque el escritor escribía deprisa y no se fijaba mucho en los detalles (al mismo personaje le ponía nombres distintos o le hacía cenar tres veces seguidas en el mismo capítulo). Además, Cervantes buscaba la risa tabernaria y era muy cruel con los personajes, ridiculizándolos para chanza del público embrutecido. Sin embargo, se ha montado una industria en los pueblos de La Mancha respecto al Quijote diciendo que si pasó por allí o por allá, sin tener en cuenta que era una chanza más del Cervantes, un tipo socarrón en exceso por no decir burlón y que solo buscaba la risa de la taberna. Pero en el imaginario colectivo quedó como un honor que este o el otro pueblo fuesen mencionados en el libro porque creaba una identidad.