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jueves, 11 de enero de 2024

"Cómo no ser esclavo del sistema", de Alexandre Lacroix (2021)

 Resumen del libro "Cómo no ser esclavo del sistema", de Alexandre Lacroix (2021)

Resumen original y actualizado en:

https://evpitasociologia.blogspot.com/2024/01/como-no-ser-esclavo-del-sistema-de.html

Resumen elaborado por E.V.Pita, doctor en Comunicación y licenciado en Derecho y Sociología

Sociología, Economía, modernidad conectada, sociedad digital, utilitarismo, capitalismo, filosofía, felicidad

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Ficha técnica

Título: "Cómo no ser esclavo del sistema"

Título original en francés: Comment ne pas être esclave du système?

Autor: Alexandre Lacroix

Fecha de publicación en francés: 2021

Fecha de publicación en español: Arpa & Alfil Editores SL, Sant Andreu de la Barca, 2023

Número de páginas: 106

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Biografía de Alexandre Lacroix (hasta el 2023)

Alexandre Lacroix (Poitiers, 1975) es escritor, filósofo y periodista. Es licenciado en Economía y máster en Filosofía por la Sorbona, y graduado en Sciences-Po París. Actualmente, es director de Philosophie Magazine, premiada en 2010 como la "Mejor Revista del Año" por el Sindicato de Editores de Revistas de Prensa de Francia. Además, es profesor de Escritura creativa y Humanidades políticas en Sciences-Po París y confundador de la escuela de escritura Les Mots.

Ha publicado más de veinte ensayos y novelas para adultos traducidas al inglés, alemán e italiano, entre ellas Ce qui nous relie (2016), Devant la beauté de la nature (2018), La Naissance d'un père (2020) y Aprender a hacer el amor (2022). También es autor de ocho libros infantiles, entre ellos, Un asunto de dragones (2016).

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Texto de la contraportada

"Una filosofía de acción clara y concisa para ayudarnos a encontrar un sentido profundo a nuestra vida en comunidad: hallar un término medio entre la adhesión y la huida del sistema.

Cada vez somos más los que soñamos con escapar del sistema. Escapar de esa maximización del beneficio que nos rodea por todas partes, devastando nuestras sociedades y el planeta. Pero romper con la forma de vida convencional requiere sacrificios que pocos de nosotros estamos dispuestos a hacer. Entre la pertenencia plena y la fuga ¿hay un camino?

Sí, responde Alexandre Lacroix, que ahora en las raíces de nuestro malestar al desvelar la lógica de nuestra modernidad conectada. Este mundo donde el emprendimiento, el teletrabajo y las verdades alternativas de las redes sociales borran las fronteras entre lo público y lo privado, jornada laboral y tiempo libre, explotador y explotado, verdadero y falso.

Desnudar este mecanismo proporciona nuevos puntos de referencia a cada uno de nosotros y nos permite introducir un poco de juego. Al liberarnos del utilitarismo dominante y al adoptar un ideal no negociable que guíe nuestra acción, es posible retomar las riendas de nuestra existencia".

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ÍNDICE / SUMARIO

Prefacio

1. Los orígenes del sistema

2. Descodificar nuestra época

3. Dandis y crédulos

4. Dominante, dominado

5. Cuando es hora de actuar

6. Por un posutilitarismo

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RESUMEN

Lacroix dice que en cada uno de nosotros hay un capitalista y un marginal, un dominante y un dominado. Cree que la solución es el "postutilitarismo", en el que la parte marginal formula un ideal (hacer muebles o menús ecológicos) y la parte capitalista y calculadora la lleva a cabo "sin perder dinero". Afirma que cada "postutilitarista" se declara responsable de un "pedacito del mundo". El "postutilitarista" no es un héroe de película que salva el mundo sino alguien que hace mejor su parcela y, si se suman todas, "las cosas podrían avanzar". Deposita sus esperanzas en la ordinaria existencia.

El autor quiere dar una nueva visión a las críticas sobre la economía globalizada y la política contemporánea que recomiendan ralentización, sobriedad y frugalidad feliz. Afirma que todo el mundo ve que la competencia de intereses egoístas lleva al mundo al desmoronamiento, el productivismo y el consumismo hacen estragos, generan desigualdades inaceptables, provocan un sufrimiento intolerable y destrozan los ecosistemas terrestres. Pero la gente se hace esta pregunta: "Yo tengo que comer, pagar los estudios de mi hija mayor, si me voy al aire libre a producir queso de cabra pondré en peligro a mis hijos, Francia será vasalla de China e India". El autor dice que la postura del alma bella que rechaza categóricamente la economía de mercado y la tecnología no es creíble, la gente es parte del engranaje de la gigantesca maquinaria económica y social objeto de virulenta denuncia pero ignora cómo salir de ahí.  Alexandre Lacroix quiso dar la respuesta en el libro y cuya solución pasaría por el "postutilitarismo" (anteponer un objetivo ideal a uno material) y su propuesta consiste en cambiar el proyecto utilitarista y "maximizar el beneficio con sujeción a un ideal". Por ejemplo, el razonamiento actual de un carpintero es vender la mayor cantidad de muebles posible con el mayor margen de beneficio mientras que un "postutilitarista" diría: hacer los muebles más bonitos que pueda diseñar, que tengan una huella ecológica razonable (no usar maderas exóticas), destinados a una población necesitada (niños, ancianos, discapacitados), o hacer solo muebles para jardines o barcos por su amor al aire libre o el mar. El autor cree que establecido ese horizonte idealista nada le impide obtener beneficios y mejorar sus ingresos poco a poco, pero siempre con un ideal presente ya desde la línea de partida.

Lacroix insiste en que el "postutilitarismo" "nos invita a comprender que no es necesario hacer grandes renuncias ni ser un ferviente asceta para perseguir un propósito ético, para sentir el impulso de un ideal". "Cualquiera puede llevar una existencia ética, en cuanto profesional y ciudadano, sin ser ideólogo ni un santo", dice el autor. En realidad eso ya existe: el escritor de best-sellers frente al escritor de "libros de autor" (que no permiten que las búsquedas de beneficios desvirtúen las cualidades literarias de sus escritos ni su inexpugnable santuario de "ideal-sujección" [un ideal-ancla]). 

El autor culpa a Jeremmy Bentham, el filósofo del siglo XVIII creador de la "exorracionalidad" utilitarista. Durante dos siglos han gobernado las ideas del utilitarismo, desde la visión de los economistas que se decantan por la utilidad o el bienestar como "mayor número de bienes poseídos" (riqueza, comodidad, adquisición de bienes). La escuela neoclásica consideraba la "maximización del bienestar" y la "maximización del beneficio" como términos intercambiables a efectos de modelar el comportamiento, por lo que se impuso una definición material de la felicidad (el equivalente a un billete de cien euros, pues este lleva unida una cantidad fija de bienestar). Además, la acumulación de bienes no está limitada por la fisiología.

Dentro de esta lógica, el hombre moderno supercomputerizado e interconectado se ve obligado a maximizar sus comportamientos de producción y consumo y sus relaciones sociales a fin de maximizar su bienestar material.
El autor considera que su estrategia de ruptura del sistema va dirigida a los que se levantan por la mañana para trabajar para que aplique su "teoría de la acción" a su propia escala sin adoptar un discurso extremo o sacrificado. Ideas simples que dé libertad para hacer cambios que tengan efecto en la vida.

La maximización del beneficio siempre se realiza con sujeción a algo, generalmente el capital y el trabajo. Propone cambiar la perspectiva y maximizar el beneficio en función de la "aspiración personal fundamental".

Dice que los utilitaristas quieren maximizar la utilidad pero discrepan sobre si es una cierta cantidad de placer o bienestar, una cualidad del ser. La propuesta de Lacroix es jerarquizar las utilidades y anteponer una a la otra. Su método del "postutilitarismo" consiste en proponerse un objetivo ideal primero y un objetivo material después.

El autor admite que el trabajador de una cadena de palitos de pescado automatizada y cronometrada no es precisamente un artista o un artesano que buscan el trabajo bien hecho y quizás tenga que buscarse otra motivación. Lacroix dice que la pertenencia a la comunidad es fuente de satisfacción y que las relaciones sociales pueden alegar al trabajador de la fábrica de palitos de pescado y hacer deporte o tener aficiones (autorrealización) o apoyar a los recién llegados o el compromiso sindical para escapar del asilamiento y la tragedia.

Lacroix recalca que trabajar en una ONG o en una escuela Montessori, que parecer oficios de propósito de acción virtuosa, no tiene porqué ser mejor. No  niega que en estas nobles entidades haya luchas de poder, espíritu de competición, carrera por la financiación o hacer expedientes falsos para lograr mayores subvenciones. El autor incide que el "postutilitarismo" es individual y que cada uno debe poner su ideal-límite, que será innegociable y no se podrá renunciar a él porque da sentido a tu búsqueda de beneficio.

El autor busca los orígenes del Sistema en los inicios de la modernidad, en Descartes, quien inició una "desconexión radical" que separa el mundo de los sentidos del de la mente pero también promueve "ideas claras y distintas", o sea, el blanco y negro de toda la vida, un "régimen de separación" que influyó en la civilización occidental, pues le siguió la desconexión de poderes (Montesquieu y "El Espíritu de las Leyes") en 1748 (origen de las actuales constituciones). Descartes también inauguró el antiecologismo al insistir en la necesidad de dotarnos de una ciencia y técnica capaces de "convertirnos en dueños y señores de la naturaleza" (un anuncio de un programa que desembocó en una crisis ecológica y que define a los seres humanos como animales desconectados de la naturaleza). A pesar de la alerta de Rousseau sobre la nefasta "desconexión del estado de naturaleza", esa fue la tendencia de los pensadores modernos y es la base de la propia modernidad.
 
A esta separación mente-cuerpo le siguió después la división del trabajo (Adam Smith, 1776), Condorcet (1791) con la distinción de la instrucción (verdades de hechos, cálculo) y la educación (se desconecta la adquisición de competencias y el cuestionamiento del sentido de la vida), Jonh Stuart Mill (1859) disoció la esfera pública y la esfera privada (soy yo el único que juzga lo que está bien), y Karl Marx (1844), propone la alineación del trabajador por la barrera de clase infranqueables y "vampirizado" por la mercancía, y la posterior experiencia política del materialismo desembocó en nuevas divisiones.

Esta "lógica de la desconexión" es propia de la primera modernidad y generó múltiples divisiones bipolares en la metafísica (yo/los demás, etc..), la ciencia (verdadero/falso...), la política (estado/ciudadano...) y la economía (trabajo/ocio, división del trabajo, productor/producto, capital/salario, burgués/proletario).
 
El autor dice que esta primera modernidad separadora, compartimentada y segregacionista concluyó en 1989 y "hemos de repensar el mundo bajo nuevos auspicios". El autor dice que el régimen de separación merecía ser rechazado porque "apostaba excesivamente por la independencia soberana de juicio". Lejos de ser un yo aislado, la sociedad digital del siglo XXI es una "telepatía asistida por las máquinas" (recibes mensajes constanmente de otros por WhatsApp, móvil, email...), lo que se llama la "intersubjectividad", que se ha convertido en nuestra condición existencial porque somos un nodo entroncado en una red inmensa. Es la segunda modernidad, la modernidad "conectiva", que tiene un razonamiento en árbol, en hipertexto, un viaje al conocimiento en más de dos dimensiones, una lectura multidimensional.

Como ejemplos de la modernidad "conectiva" cita la Naturaleza (civilizada por los humanos, por el Antropoceno y la propia naturaleza humana modificada por la manipulación genética), o la división del trabajo (reemplazada por el "multitasking"; trabajar mientras se leen los emails auxiliado por la telepatía de las máquinas). A ello se suma que muchos empleados son ahora propietarios de sus herramientas de producción (el ordenador, el smartphone porque el trabajo ya no es cautivo), y el producto ahora es inmaterial (interfaces que conectan al usuario).

Afirma que oponerse a la conexión es hipócrita (dandismo de desconexión) porque para los trabajadores el teléfono es una herramienta indispensable para vivir, como se vio en el confinamiento. Pero cree que la "ofensiva conectiva" podría conducir a la pérdida de pensamiento crítico y de la independencia de juicio, al fin del tiempo libre, a la imposibilidad de escapar del control, etc... Atisba un horizonte de "totalitarismo digital" (espionaje masivo, sistemas de crédito social en algún país de Asia).

Cree que apoltronarse en la modernidad separativa es un error por ser algo ya nostálgico pero que aferrarse a la modernidad conectiva es "dar carta blanca a las peores dominaciones del porvenir". Para colmo, las tensiones externas se juegan en nuestro interior (ahora eres un emprendedor, deseas compartir en las redes para tener publicidad). El hecho de que aún nos quede algo de control supone que todavía podemos inclinar la balanza hacia una tercera vía, dice el autor.

lunes, 24 de julio de 2023

"Industria e Imperio", de Eric Hobsbawm (1968)

 Resumen del libro "Industria e Imperio", de Eric Hobsbawm (1968)

 Resumen original y actualizado del libro en:

https://evpitasociologia.blogspot.com/2023/07/industria-e-imperio-de-eric-hobsbawm.html

Resumen elaborado por E.V.Pita, doctor en Comunicación, licenciado en Derecho y Sociología.

Sociología, industrialización, capitalismo, Reino Unido, Imperio Británico, Historia de Gran Bretaña,  economía, Revolución Industrial

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Ficha técnica

Título: "Industria e Imperio"

Subtítulo: Historia de Gran Bretaña desde 1750 hasta nuestros días.

Título original en inglés: Industry and Empire. From 1750 to the Present Day

Autor: Eric Hobsbawm

Capítulo 16: C.J. Wrigley, escrito en 1999

Primera edición en inglés: 1968

Edición en español: 2001, 2016, 2023, 

Edición de 2023: Editorial Crítica, E. Planeta, Barcelona 

Número de páginas: 368

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Biografía del autor Eric Hobsbawm (1917-2012)

Eric Hobsbawm está considerado uno de los grandes historiadores de siglo XX. Nació en Alejandría en 1917, creció en Viena y Berlín durante los años 30 y después de mudarse a Londres, estudió Historia en Cambridge. A partir de 1947 impartió clases durante muchos años en el Birkbeck College, en la Universidad de Londres, donde se convirtió en profesor emérito de Historia Social y Económica, además de ser profesor visitante en varias universidades de todo el mundo. Obtuvo 17 doctorados honoris causa y otros muchos premios y distinciones. Entre sus numerosos libros, publicados por Crítica, destaca la serie sobre el "largo" siglo XIX, formada por La era de la revolución (1789-1848) (1997), La era del capital (1848-1875) (1998), la Era del Imperio (1875-1914) (1998) e Historia del siglo XX (1998), que ha sido traducida a muchos idiomas y aclamada por Nial Ferguson como "el mejor punto de partida para cualquiera que desee comenzar a estudiar historia contemporánea". Hobsbawm también escribió sobre otros muchos temas, incluyendo la memoria en Años interesantes. Una vida en el siglo XX (2003). Poco antes de su muerte, en octubre de 2012, terminó una colección de ensayos sobre cultura, Un tiempo de ruptura (2013), y también dejó instrucciones para la publicación de futuras colecciones: ¡Viva la revolución! (2018), editado por Leslie Bethell donde reúne sus escritos sobre América del Sur y América Latina, y Sobre el nacionalismo (2021) con la edición e introducción de Donald Sassoon.

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Texto de la contraportada

"Este libro analiza 250 años de historia económica y social de Gran Bretaña: el origen de la Revolución Industrial, su papel pionero en la economía mundial, los industriales y los productores de materias primas, las metrópolis y las zonas coloniales o semicoloniales del mundo entero, y su posterior decadencia durante el siglo XX, debida a su temprana eclosión como potencia industrial mundial. Sin embargo, no es posible comprender la historia de Gran Bretaña si no se tiene en cuenta su papel como eje de aquel vasto imperio sobre el que se asentaron sus fortunas durante tanto tiempo, su posterior decadencia ante el empuje de nuevas potencias económicas (Estados Unidos y Japón), o sus actuales relaciones con la UE). Al analizar este complejo entramado de relaciones comerciales y de producción, el profesor Hobsbawm no solo nos ofrece la mejor historia económica y social de Gran Bretaña desde 1750 hasta hoy, sino que nos está explicando toda la historia económica occidental moderna".

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ÍNDICE

Introducción

1. Gran Bretaña en 1750

2. El origen de la Revolución Industrial

3. La revolución industrial, 1780-1840

4. Los resultados humanos de la Revolución Industrial, 1750-1850

5. Agricultura, 1750-1850

6. La segunda fase de la industrialización, 1840-1895

7. Gran Bretaña en la economía mundial

8. Niveles de vida, 1850-1914

9. Los inicios del declive

10. La tierra, 1850-1960

11. Entre las guerras

12. El gobierno y la economía

13. La larga prosperidad

14. La sociedad británica desde 1914

15. La otra Gran Bretaña

16. Un clima económico más riguroso

Conclusión

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RESUMEN

[Nota del lector: a medida que leía la nueva edición del 2023, por los detalles que aún recordaba, me he dado cuenta de que ya había leído el mismo libro hace 20 años o más. Es la prueba de que Hobsbawm escribió un tratado de historia económica que queda grabado en la memoria. La nueva edición incluye un capítulo extra, el 16, sobre la época neoliberal de Thatcher y sus sucesores, pero sin alcanzar ni de lejos el nivel de un auténtico Hobsbawm porque su sustituto relata una sucesión de hechos sin entrar en el análisis profundo que tanto impresiona de Hobsbawm. Algunas de sus ideas resuenan hoy en día en otros libros de economía o del decrecimiento, por ejemplo, los cercamientos, el abaratamiento de productos para mejorar la calidad de vida obrera, etc...]

[nota del lector. la edición del 2023 aún contiene, al menos, media docena de pequeñas erratas en el texto pero podría haber más. Son molestas a la lectura y no se subsanaron]

Industria e Imperio, de Eric Hobsbawm, es un libro mítico que describe la brutalidad con la que arrancó la revolución industrial en Gran Bretaña y narra cómo destruyó al mundo tradicional campesino a partir de 1750 y transformó a los trabajadores rurales en obreros sometidos a un ritmo intensivo de trabajo nunca visto. Hobsbawm aclara que Gran Bretaña ganó mucha ventaja en esa época arcaica de la industrialización respecto a sus grandes rivales que podían hacerle sombra, naciones avanzadas como Francia, Holanda, Bélgica, la Confederación Germánica (liderada por Prusia) o los recién nacidos Estados Unidos. Gran Bretaña era el único país del mundo cuya población ya no era eminentemente agrícola ni este sector el predominante porque Inglaterra, a partir del siglo XVII, tras el declive de España y Portugal, se había convertido en la mayor potencia comercial y naval del mundo, lo que le permitió adueñarse de los mares y forjar un extenso imperio que abarcaba todos los continentes.

 El hecho de ser el primer país que mecanizó el campo, la minería y el textil gracias a las máquinas de vapor y levantó los primeros ferrocarriles convirtió a Gran Bretaña en un caso inédito en la historia mundial y aunque sus rivales quisieron imitarla no fue tan fácil porque sus instituciones de gobierno todavía eran feudales (la Francia revolucionaria de 1789 se convirtió mediante la violencia en un régimen burgués) mientras que Inglaterra ya funcionaba pacíficamente desde la Revolución Gloriosa del siglo XVII como una nación burguesa (lo mismo que sus colonias americanas, luego independizadas en 1776). Básicamente, toda la nación se puso a trabajar de sol a sol seis días a la semana en las industrias. El autor recuerda que muchos países en desarrollo que quisieron industrializarse tuvieron parte del camino recorrido gracias a la evolución progresiva de la industrialización en Gran Bretaña y corrigieron los efectos negativos. El autor añade que la revolución industrial supuso un éxito político para las élites porque no cambió el panorama social (no hubo ninguna revolución como en el Continente en el siglo XIX) y además estas salieron muy enriquecidas. Dice que en 1845, se daba por descartado o conjurado el riesgo de una revolución social en Inglaterra. Todo el mundo en Inglaterra y Escocia estaba muy ocupado en trabajar para no morirse de hambre. Pero ni aún así se evitó la hambruna de la Irlanda rural, que se saldó con un millón de muertes (la séptima parte de la población), y que el autor considera como la mayor catástrofe humanitaria del siglo XIX a nivel mundial. 

La nueva edición en 2023 del libro de Hobsbawm, cuya primera edición data de 1968, cobra interés actual porque muchas narrativas que defienden el decrecionismo culpan a los cerramientos de los montes de bien común en Gran Bretaña que dar el pistoletazo de salida a la expansión sin control del capitalismo tras apropiarse gratis de tierras comunales y poner cercas alrededor para proteger la nueva propiedad privada, arruinando a los campesinos que vivían de esos terrenos y destrozando el medio ambiente. A este respecto, Hobsbawm señala que los cerramientos afectaron sobre todo a tierras de baldío, bosques sin uso y campos infrautilizados para "monetizarlos" [anotación del lector] y los convirtieron en inmensos cultivos superproductivos de cereal y que, al estar concentrados, mejoraron la productividad agrícola. El autor añade que la legalización de esta situación consistió en dar por bueno años después un dominio "de facto" de esas tierras. Otro de sus argumentos es que los cercamientos tuvieron el mismo efecto que si unos terratenientes hubiesen alquilado las tierras para concentrarlas y producir más grano. Añade que los campesinos afectados eran lugareños y asalariados que iban a recoger leña o algunos productos de la tierra gratis para complementar su salario agrícola, que cada vez era más bajo a causa de la mecanización del campo. Recalca que a finales del siglo XVIII, al contrario que el resto de las naciones, los campesinos y el sector agrícola ya no era la principal rama de Gran Bretaña, una nación eminentemente comercial y sus élites, los terratenientes, habían dejado de ser hace tiempo señores feudales para dedicarse al comercio y a las inversiones.

El libro tiene un segundo interés actual que sobrecoge. Hobsbawm narra cómo los pequeños artesanos y jornaleros temporeros, que llevaban una vida relativamente tranquila, tuvieron que competir con las máquinas de hilar o las sembradoras bajando sus salarios, lo que primero les empobreció y luego ampliando su jornada de sol a sol, lo que hizo su vida muy miserable, pues el sustento solo les daba para sobrevivir. Finalmente, perdieron su especialidad y se convirtieron en unos asalariados más en las fábricas en unas condiciones penosas hasta 1845, en las que incluso corrían el riesgo de ser despedidos para ser reemplazados por mujeres y niños, más baratos.

Una de las conclusiones más espectaculares del libro es cómo Gran Bretaña perdió su ventaja de partida al ser pionera en la Revolución Industrial en 1750. Siglo y medio después, el país seguía manteniendo una economía basada en el carbón mientras que sus rivales, Estados Unidos y Alemania, apostaron  a finales del siglo XIX por la electrificación de su industria de forma masiva y adelantaron a Gran Bretaña a principios del siglo XX, que entró en un lento declive hasta 1980.

Los orígenes de la revolución industrial se remontan a 1750 y supuso un "shock" para los agricultores. Desplazados de sus tierras se hacinaron en las ciudades y, por salarios de hambre, trabajaron de sol a sol. Hasta 1840, las condiciones fueron muy malas y la ley del vagabundeo y la ley de pobres obligaron a los jornaleros a trabajar por un plato de comida. El autor dice que los campesinos eran felices con su suerte porque el campo les daba para vivir sin mayor ambición y los propios terratenientes veían justo que el hombre nacido en la tierra de sus padres se ganase dignamente la vida en el campo. Todo esto cambió con la obligación de trabajar y el único lugar que ofrecía trabajo era la industria. Al inicio, los artesanos (textil, herrería...) intentaron competir con las máquinas pero acabaron reducidos a la miseria y engrosaron las filas anónimas del proletariado. 

Otro cambio social que resalta Hobsbawm de la revolución industrial, de ideología burguesa, fue la imposición de horarios en el siglo XVIII y XIX a unos campesinos habituados a trabajar por estaciones, o por la salida y puesta del sol, y que de repente se veían sometidos a los intensos ritmos de la fábrica durante 9 o 10 horas al día seis días a la semana, con horarios ampliados gracias al uso de las lámparas de gas.

La segunda revolución industrial comenzó en 1840 y se extendió a 1890. Su economía se basó en el carbón, acero y el ferrocarril, y los inversores de Gran Bretaña vivieron su edad dorada al ganar más del 7,8 % en sus inversiones en todo el mundo, pues los países que querían instalar una red ferroviaria recurrían a compañías y técnicos británicos. Muchos de esos beneficios (600 millones de libras anuales) se desperdiciaron en construir grandes edificios públicos en pueblos pequeños como Bradford y sus vecinos, copiarles, o en tender nuevas vías ferroviarias que eran inviables o poco rentables. Mientras que conectar Liverpool con Londres o el interior con los puertos era rentable porque permitían llevar mercancías, las demás llevaron a la quiebra a muchas compañías pero, como resalta Hobsbawm, los accionistas ya no perdían todos sus bienes porque se promulgó la ley de las sociedades anónimas.

Hobsbawm resalta que Gran Bretaña vivió de las rentas de su primera revolución industrial, en la que un inventor que jamás hubiese leído a Newton era capaz de inventar una máquina hiladora. Pero ya a partir de 1870, era imposible sumarse a otras tecnologías como el caucho o el petróleo sin tener conocimientos o estudios de ciencias como la química o el electromagnetismo y, en eso, Estados Unidos y Alemania empezaron a ganar ventaja y relegaron a Gran Bretaña a ser una más en la producción de acero, y perder su liderazgo. 

A nivel social, los verdaderos sindicatos, como el cartismo, quedaron aparcados y, según el autor, los obreros se acomodaron y perdieron interés por la política. Y los obreros más pobres estaban desorganizados para resultar peligrosos para la élite, que dio por descartada la revolución social. A ello se suma que los antiguos patrones, que exigían trabajar lo máximo para pagar el salario mínimo, se sintieron más seguros con su torrente de beneficios y una industria ya consolidada. Hubo concesiones y mejores salarios y los obreros mejoraron su condición de vida. Los años 40, 50 y 60 fueron años dorados para Gran Bretaña pero tras la Gran Depresión de 1873 salieron debilitados. Muchas naciones avanzadas optaron por ampliar mercados a través del imperialismo y Gran Bretaña, que ya tenía su propio imperio, lo que hizo fue remarcar sus fronteras frente a otros rivales.

El declive de Gran Bretaña empezó en 1890 porque, según el autor, no quiso seguir el ritmo de innovaciones que hacían a Estados Unidos y a Alemania países superavanzados para la época. El Reino Unido cayó en una autocomplacencia al saberse en la cima mientras que sus rivales soñaban con alcanzar su posición, lo que les estimulaba a innovar más. Según Hobsbawm, Gran Bretaña cometió, al menos, cuatro errores en la segunda fase de la industrialización (a partir de 1870) y se quedó rezagada en la producción de acero. 

En primer lugar, uno de sus errores fue que Gran Bretaña permitió que su población educada en ingeniería fuese ridículamente pequeña (menos de 400 ingenieros nuevos al año) frente a los miles de graduados que salían de las aulas alemanas o americanas (hablamos de 6.000 a 30.000) [nota del lector: fue lo mismo que hizo Corea, aumentar su número de ingenieros]. Gran Bretaña no se tomó en serio la educación técnica de sus élites ni las clases medias y carecía de mandos para aplicar y sacarle provecho a las innovaciones que este mismo país inventaba, como el convertidor Besser de acero. Solo siguió liderando en la industria naval y el armamento. Pero había otras industrias, como el automóvil, que se les estaban escapando.

A ello se suma otro error que fue no ahondar en la dirección empresarial y directiva, en no profesionalizar los cuadros de mando y organización de las empresas para sacarle mayor rendimiento a sus estrategias y producción. Se trataba, en muchos casos, de rentistas de tercera generación que habían heredado las empresas de los pioneros de la era arcaica de la industrialización y estaban satisfechos de cómo funcionaban las cosas y de sus beneficios. Un ejemplo es Engels, el patrocinador de Karl Marx, heredero de una empresa textil inglesa que no solía ir mucho por la fábrica y que se retiró de trabajar a los 49 años con una suculenta renta. Esta clase rentista no tenía el estrés de innovar y, de hecho, en la industria textil hubo pocas innovaciones más. [nota del lector: la decadencia de Gran Bretaña recuerda al ocaso del Imperio Español en el siglo XVII, cuando se quedó atrasado respecto a naciones más dinámicas y competitivas].

 El resultado de apostar por una dirección profesional y de organización de los procesos fraguó en Estados Unidos, donde en 1900, el empresario Ford creó industrias del automóvil que funcionaban a base de ritmos marcados y con una cadena de montaje, lo que dio lugar al fordismo y también al taylorismo (métodos científicos de trabajo ideados por Taylor para elevar la productividad). Esta es la imagen de la fábrica actual y que surgió en Estados Unidos, no en Gran Bretaña.

Otro error fue la dimensión de las empresas británicas, demasiado pequeñas frente a los conglomerados y clusters que estaban surgiendo en Alemania y Estados Unidos. Se trataba de auténticas corporaciones gigantes que fabricaban en masa para vender su producción a la clase obrera y la clase media. Esta producción masiva era inimaginable en Gran Bretaña porque solo fabricaban en serie alimentos, vestido y complementos del hogar para las clases más pobres pero nunca se les habría pasado por la cabeza vender en masa automóviles porque daban por supuesto que solo estaban al alcance de la clase alta y clase media adinerada. Todo lo contrario de la estrategia de Ford, que fue vender coches a sus propios obreros, a los que subió el salario para que tuviesen más poder de compra. Gran Bretaña quedó al margen de esta industria masiva. También dificultó el aumento de la productividad y la eliminación de ineficiencias de la producción el hecho de que fracasasen los acuerdos, por ejemplo, entre carboneras y compañías de ferrocarriles para doblar el tamaño de las vagonetas de mercancías del tren y rebajar los costes. También era difícil montar un cártel de la minería porque había miles de pequeñas empresas que no querían unirse entre sí, lo que sí era más viable en Alemania.  Es en Estados Unidos donde surgen inventos de fabricación masiva y en serie como el revolver Colt o la máquina de coser Singer.

Llegado el año 1900, Gran Bretaña seguía teniendo una formidable flota naval pero se había quedado rezagada en producción de acero y lo más preocupante es que sus empresas no se habían adaptado a las exigencias de una nueva economía basada en la electricidad y el petróleo, como sustitutos del carbón, ni su organización empresarial era eficiente (sus empresas se quedaron obsoletas frente al fordismo) y su población tampoco tenía el nivel educativo lo bastante elevado (ingenieros, químicos) para adaptar sus industrias a los inventos de la industria de masas. En definitiva, la clase obrera mejoró su poder adquisitivo y nivel de vida, nada que ver con la época arcaica, pero el país se convirtió en una nación acomodada de pymes y rentistas, que recogían los frutos de la prosperidad del siglo XIX y las élites no lograron ponerse a la altura del reto que suponía implementar una nueva economía basada en la electricidad, los productos sintéticos y el petróleo, lo que les desbancaría del liderato en el siglo XX, a parte de que no podían competir en población con mercados internos como el de EE.UU.

El libro también recoge otro de los temas que los ensayistas posteriores han analizado: el librecambio solo llegó una vez que los productores internos estuvieron protegidos y tenían su industria consolidada. Hobsbawm cree que cuando Gran Bretaña apostó por el librecambio del comercio internacional (a mediados del siglo XIX) se quedó desprotegida frente a competidores más agresivos como Estados Unidos o Alemania, que sí protegían los mercados de sus industrias clave para ayudarles a crecer.

[nota del lector: en mi opinión, el capítulo más impresionante es el del declive; 20 años después de leer el libro aún me acordaba perfectamente de la clave que dio Hobsbawm para explicar por qué Gran Bretaña perdió el tren de la industrialización al no electrificar sus fábricas]

En la parte final del libro se aborda cómo los países avanzados iniciaron una carrera por tomar materias primas y mercados en el mundo en desarrollo en el siglo XIX, pero los costes de mantener esos imperios eran excesivos, tanto en infraestructuras de explotación como en mantener el orden, a lo que se sumó que dichos países controlados ganaron numerosa población a partir del siglo XX y se volvieron inmanejables. En el caso de Inglaterra, ya había acumulado una colección de "protectorados" (como Egipto) o naciones intervenidas (como Turquía) por el impago de deudas. 

En la parte final, la de enteguerras, Gran Bretaña va perdiendo potencial frente a colosos como Estados Unidos. La población mejora su calidad de vida en los años 50 a 70 pero el estado de bienestar entra en declive en los años 80. Coincide con el ingreso masivo de la mujer en el trabajo.

El capítulo 16, escrito por un colaborador de Hobsbawm, concluye que la promesa de Thatcher y los neoliberales de relanzar la economía y la productividad con sus recetas resulta ser un fiasco y, tras una cadena de privatizaciones, a mediados de los 90 los electores les dan la espalda y retornan los laboristas al gobierno. Pero Gran Bretaña nunca pudo recuperar sus años de gloria porque esa etapa ya había pasado en un mundo dominado por gigantes de la economía como EE.UU. o, ahora, China.

miércoles, 19 de julio de 2023

"Menos es más", de Jason Hickel (2021)

 Resumen del libro "Menos es más", de Jason Hickel (2021)

Resumen original y actualizado en:

https://evpitasociologia.blogspot.com/2023/07/menos-es-mas-de-jason-hickel-2021.html

Resumen elaborado por E.V.Pita, doctor en Comunicación y licenciado en Derecho y Sociología

Sociología, economía, decrecimiento, postcapitalismo, cambio climático

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Ficha técnica

Título: "Menos es más"

Subtítulo: Cómo el decrecimiento salvará el mundo

Título en inglés: Less is More: How Degrowth Will Save the World 

Autor: Jason Hickel

Publicación en inglés: 2021

Publicación en español: Capitán Swing Libros SL, Madrid, 2023

Número de páginas: 310

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Texto de la contraportada

"Nuestro planeta está en problemas, pero ¿cómo podemos revertir la crisis actual y crear un futuro sostenible? El mundo ha despertado por fin a la realidad del colapso climático y ecológico, ahora debemos enfrentarnos a su causa principal. El capitalismo exige una expansión perpetua, que está devastando el mundo, y sólo hay una solución que conducirá a un cambio significativo e inmediato: el decrecimiento. Si queremos tener una oportunidad de detener la crisis, tenemos que frenar y restablecer el equilibrio. Cambiar nuestra forma de ver la naturaleza y nuestro lugar en ella, pasando de una filosofía de dominación y extracción a otra basada en la reciprocidad y la regeneración. Tenemos que evolucionar más allá de los dogmas del capitalismo hacia un nuevo sistema adecuado para el siglo XXI. ¿Pero qué pasa con el empleo? ¿Y la salud? ¿Y el progreso? Jason Hickel aborda estas cuestiones y ofrece una visión inspiradora de cómo podría ser una economía poscapitalista: una economía más justa, más solidaria y que no solo nos sacará de la crisis actual, sino que nos devolverá el sentido de conexión con un mundo rebosante de vida. Tomando menos, podemos llegar a ser más. Hickel nos muestra cómo podemos devolver a nuestra economía el equilibrio con el mundo vivo y construir un futuro mejor".

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ÍNDICE

Prólogo de Kofi Mawuli Klu y Rupert Read

Introducción. Bienvenidos al Antropoceno

Parte I. Más es menos

01. Capitalismo: los orígenes

02. El avance de la bestia

03. ¿Nos va a salvar la tecnología?

Parte II. Menos es más

04. Secretos del buen vivir.

05. Vías hacia un mundo poscapitalista

06. Todo está conectado

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RESUMEN

La idea de este libro surgió tras la crisis financiera del 2008 cuando el autor Jason Hickel y su esposa Guddi, una médico de la sanidad pública del Reino Unido, fueron a una conferencia de Paul Krugman en el 2012 en Londres y, al salir, hablaron sobre posibles soluciones para salir del atolladero. Hickel propuso como Krugman la receta del crecimiento económico y de que EE.UU. debía hacer un enorme estímulo gubernamental para volver a impulsar el crecimiento. Mientras paseaban Guddi se preguntó en voz alta si Estados Unidos necesitaba crecer más cuando había países que hacían más con menos (en el libro, el autor menciona como ejemplos a Costa Rica y Portugal, entre otros, con menos PIB que EE.UU. pero mayor nivel de esperanza de vida, que a fin de cuentas es lo que importa). El autor se dio cuenta de que estaba repitiendo el "mantra de siempre" del eterno crecimiento y se quedó intranquilo y se calló.

El antropólogo Jason Hickel defiende el decrecimiento como fórmula para reducir el impacto del cambio climático. Aclara que algunos críticos equiparan el decrecimiento con una nueva versión de la austeridad pero es "justamente lo contrario". Dice que la austeridad aboga por la escasez para generar más crecimiento mientras que el decrecimiento aboga por la abundancia para volver innecesario el crecimiento. "Si queremos evitar el colapso climático, el ecologismo del siglo XXI tiene que articular una nueva reivindicación: la reivindicación de una abundancia radical", dice el autor. La economía produciría menos pero porque se necesitaría menos y, en términos generales, habría una abundancia mucho mayor. Aunque el PIB disminuyese (y restase beneficios a una élite), la riqueza pública aumentaría, mejorando la vida del resto de la sociedad. Ve una paradoja: la abundancia se revela como el antídoto contra el crecimiento. "Neutraliza el propio imperativo del crecimiento, al permitirnos frenar la bestia [del consumismo capitalista] y liberar de su yugo al mundo viviente", dice Hickel. Recuerda unas palabras de Giorgos Kallis, en su libro Límites: "El capitalismo no puede funcionar en condiciones de abundancia". 

Entre las soluciones que Hickel propone para frenar el crecimiento económico antiecológico y converger hacia una economía postcapitalista figuran: 1) Poner fin a la obsolescencia programada 2) Limitar la publicidad 3) Pasar de la propiedad al usufructo 4) Acabar con el desperdicio de alimentos 5) Reducir el tamaño de las industrias ecológicamente destructivas. Otras soluciones consisten en reducir la jornada laboral (para ajustar el menor empleo al decrecimiento), reducir la desigualdad, desmercantilizar los bienes públicos y ampliar el procomún, aplicar una ley del jubileo para cancelar las deudas, crear dinero nuevo para una economía nueva y avanzar en la democracia (entendida como igualdad y bienestar de todos).

Para Hickel, el decrecimiento representa la descolonización, tanto de las tierras como de las personas y las mentes. Representa el descercamiento del procomún, la desmercantilización de los bienes públicos y la desintificación del trabajo y de la vida. Representa la descosificación de los seres humanos y de la naturaleza y la desescalada de la crisis ecológica. Es tomar menos de nuestro entorno y abrir un mundo de posibilidades: El decrecimiento "nos traslada de la escasez a la abundancia, de la extracción a la regeneración, de la dominación a la reprocidad y de la soledad y la separación a la conexión con un mundo efervescente de vida". Aboga por una relación con el mundo de reprocidad y cuidado frente a otra de dominación y extracción. 

En el capítulo 1,  Hickel describe cómo el ascenso del capitalismo requirió de la creación de escasez artificial (cercaron los montes comunales para obligar a los campesinos, que antes se autoabastecían en una economía de subsistencia, a trabajar en la industria y aceptasen trabajar con salarios bajos a riesgo de morir de hambre y mejorar la productividad a base de una fuerte competencia y a su vez unirse a la masa de consumidores). Esa lógica de la escasez artificial pervive hoy: los trabajadores se sienten amenazados por el desempleo, deben ser cada vez más disciplinados y productivos para eludir el despido o que lo reemplacen por alguien más desesperado. Pero si la productividad aumenta, se producen despidos y los Gobiernos se ven obligados a hacer políticas de crecimiento y los trabajadores les votan. El autor replica que esa productividad podría revertir en los trabajadores mediante salarios más altos y jornadas más cortas. Además, los beneficios del crecimiento van despacísimo hacia abajo, hacia los trabajadores (la promesa del goteo o de que todos los barcos suben con la marea alta). A ello se suma que la desigualdad genera una escasez artificial de bienestar (al envidiar al vecino). Y también hay escasez de tiempo libre que nos obliga a pagar empresas para hacer la comida, limpiar la casa, jugar con nuestros hijos, cuidar de los padres mayores. El exceso de trabajo genera estrés y eso alimenta la industria de los antidepresivos, pastillas para dormir, dietas, terapia de pareja, vacaciones caras, y cosas que no necesitamos, lo que obliga a trabajar más para pagar esos productos. La escasez también afecta a los bienes públicos después de la ola privatizadora de los años 80 de la educación, la sanidad, el agua, la vivienda, la seguridad social, etc... Ante esta escasez, la gente se ve obligada a adquirir servicios privados. Finalmente, la austeridad de 2008 socavó lo que que quedaba de bienes públicos y protección social (ayudas a jubilados, prestaciones de desempleo, salarios de funcionarios) para que los "vagos" se sientan amenazados por el hambre y vuelvan a trabajar.

El autor Jason Hickel explica que el capitalismo se basa en producir escasez artificial, lo que sirvió de motor para acumular capital, y, a pesar del mito, no genera muchísimas cosas ni abundancia. El crecimiento no se basa en satisfacer las necesidades humanas sino en evitar satisfacerlas. "Es irracional y ecológicamente violento", dice Hickel. Surgió con los cercamientos (la privatización de los montes de mano común o comunales) en el siglo XVIII y XIX, lo que generó numerosa mano de obra para la incipiente industria, con salarios bajos y jornadas extenuantes. Añade que el capitalismo no es similar al comercio (comprar barato y vender caro para generar un beneficio con el que ganarse la vida) sino que el dinero se emplea para generar una producción que genera más dinero y el cual ser reinvierte en la producción, y volver a reinvertir, o lo que es lo mismo el capitalismo necesita el crecimiento para acumular capital, porque el dinero no se usa para comer (valor de uso) sino para acrecentar el capital (valor de cambio). Y eso obliga a un continuo crecimiento.

Por otro lado, el capitalismo lleva adherido el llamado dualismo: la separación del cuerpo de la mente (al estilo cartesiano) y la separación del hombre de la Naturaleza. El cuerpo y la Naturaleza se convierten en "cosas" a las que subyugar y explotar. Dado que los recursos de la Naturaleza son gratis, se puede explotar y destrozar a coste cero, porque tampoco se paga por las externalidades (la contaminación de los ríos, mares y aire, el deterioro medioambiental, el cambio climático). Y esa explotación de la naturaleza se traduce en ir allí donde están los recursos naturales para cogerlos gratis, lo que en el siglo XIX derivó en una carrera colonialista por colonizar el Salvaje Oeste, África o Asia, esclavizando o explotando a los nativos, puesto que el hombre también es un "recurso humano". La tesis del libro es que el capitalismo impulsa un crecimiento continuo (del que son rehenes los países, ya que nadie quiere reducir su PIB sino aumentarlo cada año) que está devorando los recursos del planeta y llevando al colapso al medio ambiente. La solución pasaría por un decrecimiento, que no significa que un país deba reducir el PIB sino que solo produzca aquello que es necesario y no despilfarre.

El autor pone como ejemplo a Portugal, Costa Rica o Finlandia, que con un PIB muy inferior a Estados Unidos han logrado una mayor esperanza de vida gracias a que el Estado ha invertido en sanidad y educación para toda la población, la cual no tiene que estresarse para ganar más dinero ni trabajar más para pagar cosas básicas como el médico privado o la universidad privada. Según el autor, esos países, entre otros, demuestran que se puede hacer más con menos dinero y vendrían a avalar que no es necesario que el PIB siga creciendo indefinidamente sino que hay que distribuirlo entre todos. Añade que la felicidad tiene una barrera a partir de la cual nadie es más feliz por mucha riqueza que tenga y que todos son más felices si tienen la misma riqueza que sus vecinos y no hay competencia por exhibir su poderío económico. Por tanto, el autor propone evolucionar hacia otro tipo de economía más distributiva, en la que se invierta en sanidad y educación para todos, y donde el crecimiento enfermizo del PIB no es una preocupación porque lo que realmente interesa es que la economía sea sostenible y genere un bienestar general a toda la población y no a unos pocos. El crecimiento del PIB dejará de tener sentido y ya no preocupará lo más mínimo porque habrá otras mediciones distintas basadas en el medio ambiente o la salud y educación de los residentes.

Una de las soluciones que plantea Jason Hickel es cobrar en impuestos la mitad de sus ganancias al 0,1 % más rico del mundo (se recaudarían 19 billones de euros; la mitad bastaría para acabar con el hambre en el mundo). El autor aclara que los impuestos gravarían las rentas (lo que ingresan cada año) pero no la riqueza que ya poseen (165 billones). Poniendo impuestos a los ultrarricos, dice el autor, disminuiría el PIB por sí solo (habría decrecimiento) sin perjudicar a nadie y, además, mejoraría el medioambiente porque ya no viajarían tanto en su jet privado ni harían vacaciones a lugares lejanos.

Otras soluciones que aportó en su libro Divide fueron crear un salario mínimo interprofesional de alcance global (o al menos, que a nivel local sea el necesario para vivir). Otra idea es poner fin a la evasión fiscal con leyes que regulen el comercio transfronterizo y la contabilidad corporativa. También sugiere democratizar instituciones como el Banco Mundial o el FMI (ahora en manos de los países ricos que controlan el voto) para que el Sur global pueda participar en las decisiones que le afectan y ganar más dinero con sus exportaciones (1,5 billones de dólares más). Propone condonar las deudas odiosas para que los países pobres inviertan en educación y sanidad, poner fin a las expropiaciones de tierras por grandes empresas y repartir las tierras entre pequeños agricultores, reformar los regímenes de subvenciones (que dan ventaja a la rica industria agrícola). 

El autor añade que el relato del crecimiento del PIB es ideológico, una vez que se comprende la magnitud de las desigualdades a nivel nacional y mundial. Lo define como un conjunto de ideas promovido por la clase dominante que favorece sus intereses materiales y que el resto del mundo ha interiorizado como propios (hegemonía cultural). Con el crecimiento y el progreso humano, lo que las élites reivindican, dice el autor, es acelerar los mecanismos de acumulación. Algo de ese crecimiento mejora la vida de los pobres pero esto ya no es sostenible en una época de crisis ecológica, dice Hickel.

El autor insiste en que el crecimiento del PIB mide la salud del capitalismo pero no la situación real de la población, ya que mucha es pobre o tiene una esperanza de vida más baja que la media (caso de Estados Unidos). Por ello, no ve correlación entre un mayor crecimiento del PIB y una mayor esperanza de vida, sino que la correlación sí existe en un mayor acceso a la salud general (inversiones públicas en alcantarillado, agua potable, sanidad pública) de toda la población, lo que sí eleva la esperanza de vida. Aboga por invertir en sanidad pública y educación pública para rebajar la factura del sector privado en Estados Unidos, que es exageradamente elevada e inflada. Dice que las familias se desesperan por conseguir medio millón de dólares para pagar la universidad de sus hijos, un dinero que se ahorrarían si la enseñanza de calidad fuese pública. Invertir en lo público supondría reducir el PIB o decrecer sin causar perjuicios, sino todo lo contrario. Insiste en que el decrecimiento no es malo si lo que se elimina son los despilfarros (como la obsolescencia programada de los productos de consumo y anima a legislar en ese sentido para que los aparatos duren más tiempo o las compañías se vean obligadas a garantizar sus productos durante una década o tengan obligación de reparar las piezas dañadas).

[nota del lector: si se redujese el PIB, habría menos dinero en circulación y el efecto multiplicador del dinero al cambiar a menos manos también se vería reducido, siguiendo a Keynes]

El autor advierte que el crecimiento está sobrepasando los "límites planetarios" pero eso no impedirá que el PIB siga al alza aunque el planeta esté colapsando porque habrá nuevos sectores económicos emergentes como las defensas costeras, la militarización de las fronteras, la explotación minera del Ártico y las plantas desalinizadoras. Incluso las energías verdes obligan a extraer muchos minerales y siguen generando contaminación. Algunos Gobiernos ya están tomando posiciones para sacar partidos de posibles catástrofes ecológicas [nota: por ejemplo, la nuevas rutas marítimas y las plataformas petrolíferas por el deshielo del Ártico].

El libro finaliza con una visión de los indígenas y de Spinoza. Al contrario que Descartes, creen que no hay una dualidad (naturaleza-hombre, mente-cuerpo) sino que todos los seres vivos comparten un mismo origen y están interconectados para mantener el equilibrio de los ecosistemas, y el hombre está obligado, como un ser vivo más, o tomar solo lo justo de la naturaleza y devolverle el favor. Pero lejos de estas culturas animistas, cercanas a la idea de Gaia de Lovelock, lo que hace el mundo capitalista actual es arrasar con todo para crear cultivos extensivos de cereales, dice el autor, tomando gratis más de lo que necesita y sin dar nada a cambio, y además destruyendo el hábitat de otros seres sintientes como los animales o las plantas. 

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500 RESÚMENES DE LIBROS  DE ECONOMÍA Y SOCIOLOGÍA
"DE ADAM SMITH A LA INFLACIÓN EN POSTPANDEMIA (1776-2023)"

por E.V.Pita (2023)

Link al compendio de resúmenes:
https://evpitasociologia.blogspot.com/2023/01/500-resumenes-de-libro originals-de-economia-y.html
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viernes, 6 de enero de 2023

"El capital en la era del Antropoceno", de Kohei Saito (2020)

Resumen del libro "El capital en la era del Antropoceno", de Kohei Saito (2020)

Resumen actualizado en:

https://evpitasociologia.blogspot.com/2023/01/el-capital-en-la-era-del-antropoceno-de.html

Resumen elaborado por E.V.Pita, doctor en Comunicación Contemporánea, licenciado en Derecho y Sociología

Sociología, Antropoceno, capitalismo, ecologismo, decrecimiento, Karl Marx, progreso

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500 RESÚMENES DE LIBROS  DE ECONOMÍA Y SOCIOLOGÍA

"DE ADAM SMITH A LA INFLACIÓN EN POSTPANDEMIA (1776-2023)"

por E.V.Pita (2023)

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Ficha técnica:

Título: "El capital en la era del Antropoceno"

Subtítulo: Una llamada para liberar la imaginación para cambiar el sistema y frenar el cambio climático

Título en japonés: "Hitoshinsei no Shihonron"

Autor:  Kohei Saito

Publicado en japonés en 2020, Tokio.

Publicado en español: Sine qua non, Penguin Random House Grupo Editorial, 2022

Número de páginas: 334

Premios:  Asian Book Award 2021.

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Bibliografía del autor  Kohei Saito (hasta 2023)

 Kohei Saito (Tokio, 1987) es un aclamado filósofo de la economía japonés. Tras doctorarse en Filosofía por la Universidad Humboldt de Berlín, en 2018, fue el ganador más joven del prestigioso premio Deutscher Memorial por su obra La naturaleza contra el capital, traducida a siete lenguas y loada como una "obra monumental" por el filósofo Slavoj Zizek. 

Su segundo libro publicado, El capital en el Antropoceno, ha sido un enorme éxito de ventas en Japón, con casi medio millón de lectores, y ha recibido el Asian Book Award 2021 al mejor libro del año por capturar, con suma claridad y gran aceptación entre los jóvenes nipones, el cambio necesario en nuestra era.

Actualmente (2023), Saito es profesor asociado de Filosofía en la Universidad de Tokio.

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Texto de la contraportada

"El impactante libro que desafía el capitalismo para construir una sociedad más justa y terminar con la emergencia climática, a través del pensamiento de Karl Marx. Casi medio millón de lectores en Japón. Premio Asian Book Award 2021 al mejor libro del año"

"La civilización se enfrentan a una grave crisis existencial en la era del Antropoceno, en la que la actividad económica destruye con saña la Tierra y condena a la humanidad a la catástrofe medioambiental. Si no se toman medidas contra el cambio climático, el mundo volverá a un estado de barbarie. No existe un plan B para el planeta Tierra.

Para evitar la debacle, es necesario acabar con la obsesión capitalista por la búsqueda ilimitada de beneficios. Pero ¿puede la civilización prosperar renunciando al capitalismo? Por supuesto. Existen soluciones para sortear la crisis, y las pistas para alcanzarlas llevan 150 años esperando en el pensamiento del último Karl Marx. Hay una única salida posible: Es la oportunidad para lograr una sociedad más justa".

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ÍNDICE

A modo de introducción: ¡los ODS (objetivos de desarrollo sostenible) son el "opio del pueblo"

Capítulo 1. El cambio climático y el modo de vida imperial

Capítulo 2. El límite del keynesianismo medioambiental

Capítulo 3. Contra el decrecimiento bajo el capitalismo

Capítulo 4. Marx en el Antropoceno

Capítulo 5. Una evasión de la realidad llamada "aceleracionismo"

Capítulo 6. Capitalismo de las carencias, comunismo de la abundancia

Capítulo 7. El comunismo decrecentista salvará el mundo

Capítulo 8. La "palanca" de la justicia climática

A modo de epílogo: para que no sea el fin de la historia

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RESUMEN

El autor  Kohei Saito parte de la base de que ninguna de las vías actuales solucionará la crisis y la emergencia climática mientras la Humanidad apueste por el crecimiento económico y por el capitalismo, ya que entre ambos están esquilmando el planeta y, en concreto, a la periferia. Recuerda que la era del Antropoceno (cuando la acción del hombre empieza a tener efectos notorios sobre el clima) empezó a la vez que el capitalismo, en 1700, o incluso antes, en 1500, o en todo caso cuando los países avanzados empezaron a quemar carbón y emitir gases a la atmósfera. Otro dato que apunta es que la llamada Generación Z (nacidos a partir de 1996 hasta el 2008) son "de izquierdas" y quieren soluciones progresistas y democráticas para curar el planeta.

 Kohei Saito rechaza continuar con el capitalismo neoliberal porque su afán extractivo continuará saqueando los recursos naturales de los países periféricos del planeta. Critica el llamado "modo de vida imperial", que consiste en un modelo donde una sociedad central vive con toda comodidad a costa de extraer los recursos de la periferia y que todavía se mantiene en Europa y EE.UU.) y que acabará por dejar el mundo inhabitable [nota del lector: la "europeización" del mundo; un planeta urbanizado con cemento y árboles decorativos]. Pone como ejemplo que los Países Bajos hacen "green washing" (ecoblanqueado) diciendo que su economía es "sostenible" y "ecológica" pero a costa de la explotación de los recursos de la periferia. También rechaza como solución los ODS de la ONU (Objetivos de Desarrollo Sostenible) porque insisten en que debe seguir el crecimiento económico.

 Tampoco apuesta por las propuestas de "decrecimiento keynesiano" o Green New Deal al estilo de los años 70 (imponer restricciones al capitalismo y mayores controles con un nuevo estado del bienestar a la vez que se invierte en instaurar infraestructuras "verdes") porque el capitalismo encontraría la manera de burlar los controles y restaurar el neoliberalismo, lo que volvería a arrasar los recursos del planeta. Y en todo caso, el Green New Deal sigue apostando por un crecimiento económico, aunque sea "verde". Tampoco confía en la perspectiva tecnológica ya que la implantación de tecnologías renovables y el crecimiento verde supondrá un gasto de consumo de otros elementos como el litio para las baterías y, además, volverá a estimular el despilfarro. Dice que el "desaloplamiento" es una fantasía por muchas etiquetas verdes que se le pongan y el crecimiento incrementa inexorablemente la carga medioambiental. Otra idea que descarta es el "decrecimiento" dentro de un sociedad capitalista en la medida en que es algo totalmente contradictorio con el capitalismo, que lo que quiere es ganar más capital en vez de menos y eso se logra a través de un crecimiento infinito que no es real ni posible. Se trataría de buscar un tipo de economía nueva que no dependa del crecimiento.

También echa por tierra otras ideas como el "aceleracionismo" (acelerar el desarrollo tecnológico y capitalista para pasar a la siguiente fase avanzada de la historia).

Dado que ninguna de estas vías funcionará para frenar la crisis climática, el autor supone que la Humanidad quedará encasillada en estas cuatro posibles opciones futuras a la emergencia climática: 

1) Un maoísmo climático (un estado dictatorial centralizado asume plenos poderes para acometer medidas más efectivas e igualitarias)

 2) Fascismo climático (Estados despóticos que protegen los intereses del capitalismo de las víctimas y los refugiados ambientales)

 3) Barbarie (La sublevación de los perjudicados por el cambio climático generará un caos político en una "guerra contra todos" de Hobbes) 

4)  "X" (Un Estado fuerte, con una sociedad de ayuda mutua de tipo democrático, voluntariamente desarrollada por los individuos).

 Todas estas soluciones acabarán por agotar los recursos del planeta por lo que Saito propone otra idea: el "decrecimiento" dentro de una sociedad comunista. 

Para elaborar su nuevo modelo de economía, recurre a los últimos escritos de Karl Marx (fallecido en 1883), que han sido reinterpretados a partir de sus apuntes para las partes 2 y 3 de El Capital, que dejó inconcluso y cuya edición preparó su fiel amigo Engels, respetando las ideas del auto del primer libro de El Capital. Sin embargo, dice el autor, hubo unos últimos escritos que se están conociendo ahora a través del proyecto MEGA donde Marx, en su vejez, ya había renunciado a su "eurocentrismo" (era crítico con el imperialismo británico pero consideraba que Occidente ayudaba con sus intervenciones a los países pobres a escalar a otro nivel más avanzado) y se mostraba crítico incluso con la idea de progreso, de la cual se había convertido en uno de los principales adalides a través de sus ideas sobre el progreso histórico. En sus últimos escritos y cartas a los revolucionarios rusos del siglo XIX, les recomendaba mantener los "mir" o comunas agrícolas basadas en las tierras comunales como así ocurría con las colonias germánicas (basadas en tierras comunales que se transmitían de generación en generación y no eran de nadie) ya que creía que podían ser importantes en una sociedad moderna y avanzada sin necesidad de pasar por el capitalismo.

Aquí es a donde quiere llegar  Kohei Saito, porque considera que el "bien comun" o "comunal" ha permitido perservar la tierra durante milenios en muchas sociedades sin que genere desigualdades ni haya un descontrol por parte de los ricos ni un proceso extractivo excesivo. Asegura que tras la época extractiva de la Antigüedad, durante la Edad Media se establecieron tierras comunales y se mejoró la calidad de los suelos, dando de comer a todo el mundo durante más de mil años.  

El autor también estudia cómo los recursos comunes se han ido privatizando desde hace dos siglos porque es una forma de generar escasez y, por tanto, aumentar el precio del producto demandado. Su teoría es que con la privatización de los campos comunes, que fueron cercados y vallados en el siglo XVIII, se privó a los labriegos de su sustento gratuito y abundante que tenían al alcance de la mano y se vieron abocados a trabajar en las minas y las fábricas, un entorno de mayor escasez. El autor señala que en aquella época, la energía hidráulica era fácilmente disponible y gratuita y se había creado una gran industria con energía gratis pero el capitalismo apostó por el carbón porque este era escaso y se podía transportar a las ciudades, donde pusieron las fábricas. El resultado fue que, privados de sus recursos gratuitos, los trabajadores fabriles perdieron calidad de vida: mientras en el campo podían comer verduras y carne a diario, gratis si los cogían de los campos comunales, en las ciudades su salario, que obtenían en un entorno muy competitivo, en la ciudad no comían a diario carne ni verduras y su dieta empeoró. Se veían obligados a trabajar porque para comprar comida, en la ciudad, necesitaban dinero, que solo se conseguía trabajando. Pero su calidad de vida empeoró respecto a su vida en el campo, dice el autor. Empeoraron su dieta alimenticia y perdieron su tiempo libre y de ocio, ya que se pasaban el día trabajando para pagarse la hipoteca de la casa y la comida. Y el escaso ocio lo dedican a consumir productos desaforadamente.




lunes, 17 de mayo de 2021

"Misión: Economía” de Mariana Mazzucato (2021)

 Resumen del libro "Misión: Economía” de Mariana Mazzucato (2021)

Resumen original y actualizado en el siguiente link:

https://evpitasociologia.blogspot.com/2021/05/mision-economia-de-mariana-mazzucato.html

Resumen elaborado por E. V. Pita, doctor en Comunicación, licenciado en Derecho y Sociología

Sociología, Economía, poder público, políticas públicas

Traducido el original en inglés

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500 RESÚMENES DE LIBROS  DE ECONOMÍA Y SOCIOLOGÍA

"DE ADAM SMITH A LA INFLACIÓN EN POSTPANDEMIA (1776-2023)"

por E.V.Pita (2023)

Link al compendio de resúmenes:

Descargar en PDF en este enlace:
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Ficha técnica:

Título: "Misión: Economía”

Subtítulo: “Objetivo La Luna como guía para cambiar el capitalismo”

Título original en inglés: “Mission Economy. A Moonshot Guide to Changing Capitalism”.

Editorial en inglés: Allen Lane, 2021

Editorial en español: 2021

Páginas (inglés): 245

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Biografía de la autora Mariana Mazzucato

Mariana Mazzucato es profesora en el departamento Economics of Innovation and Public Value en la University College London (Economía de la Innovación y Valor Público en el College de Londres), donde es directora fundadora del Institute for Innovation and Public Purpose (Instituto para la Innovación y Public Purpose). Sus libros premiados incluyen El Estado Emprendedor: Derrumbando los mitos del sector público contra el privado (2014), El valor de todas las cosas: Haciendo y Tomando en la Economía Global” (2018). Ella advierte a los creadores de políticas públicas alrededor del mundo que la innovación ha de ser inclusiva y generar crecimiento sostenible.

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Texto de la contraportada

Antes de la pandemia del 2020, el capitalismo estaba tocado. No tenía respuestas a un grupo de problemas, incluidas la salud, la desigualdad, la brecha digital o la crisis medioambiental. Tomando como inspiración la misión espacial que puso al hombre en la luna por la exitosa coordinación de los sectores públicos y privados a escala masiva, Mariana Mazzucato llama aquí por hacer el mismo nivel de esfuerzo para ser aplicado a los mayores problemas económicos y sociales de nuestro tiempo.

En Misión Economía, Mazzucato argumenta que tenemos que repensar las capacidades y papeles del Gobierno, y darle un sentido de próposito público. Su “misión-orientada” require un fundamentalmente repensar los caminbos en los cuales los gobernantes y los negocios interactúan, haciéndolos juntos como un propósito conjuntamente dirigido. Las políticas fracasadas, según muestra, ha tenido su fracaso intelectual en el fracaso de reconocer al Estado como un creador de valor. Los gobernantes no deberían limitarse a fijarse en fallos de mercado, como los principales economistas defienden, sino que activamente deberían co-crear mercados y economías para dar forma y construir un futuro más inclusivo y sostenible”.

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ÍNDICE

Parte I. Una misión con los pies en la tierra

Los pasos en el camino a la próxima misión lunar



  1. La misión y el objetivo

  2. Capitalismo en crisis

    Finanzas está financiando fuego

    Los negocios se están focalizando en el rápido retorno

    El planeta está calentándose

    Los gobernantes están trasteando , no liderando

  3. Mala teoría, mala práctica: Cinco mitos que impiden el progreso

    Mito 1: Los negocios crean valor y toman riesgos; los gobiernos solo eluden el riesgo y buscan lo fácil

    Mito 2: El objetivo del mercado es fijarse en los fallos de mercado

    Mito 3: El Gobierno necesita funcionar como un negocio

    Mito 4: El “outsourcing” ahorra impuestos y reduce los riesgos

    Mito 5: Los gobiernos no deberían picar a los ganadores


PARTE II. Una misión posible

Lo que hace conseguir nuestras audaces ambiciones

  1. Lecciones desde el Apolo: Un Campaña a la Luna como guía para el cambio

    Liderato: Visión y propósito

    Innovación: asumir riesgos y experimentación

    Cambios organizativos: agilidad y flexibilidad

    Efectos secundarios (derroche): Serendipia y colaboración

    Finanzas: presupuesto basado en objetivos

    Negocios y Estado: socios con un propósito común

PARTE III. Misiones en acción

Lo que los grandes cambios deberían tumbar hoy.

  1. Apuntando más alto: misión orientada a políticas en la Tierra

    Metas de desarrollo sostenible y una transición verde

    Seleccionando una misión

    Implementando una misión

    Enlazando ciudadanos en una misión

    Misión: Un Green New Deal

    Misión: innovar para una salud accesible

    Misión: reducir la brecha digital

Parte IV. La próxima misión

Reimaginando la economía y nuestro futuro

  1. Buena teoría, buena práctica: Siete principios para una Nueva Política Económica

    Valor: creado colectivamente

    Mercados: moldeados y no apañados

    Organizaciones: capacidades dinámicas

    Finanzas: resultados basados en el presupuesto

    Distribución: compartiendo riesgos y recompensas

    Socios: objetivos y valor para los participantes (stakeholders)

    Participación: sistemas abiertos para co-diseñar nuestro futuro.

Conclusión: Cambiando el capitalismo

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RESUMEN

La autora sostiene que la misión lunar supuso una gran aventura tecnológica que trajo muchas innovaciones [nota del lector: hay autores que lo dudan y Elon Musk siempre dijo que el sector público espacial pagaba sobreprecios y él podía hacerlo más barato]

La autora cree que la alianza entre sector público y privado podría servir para realizar grandes inversiones en proyectos de infraestructuras, energéticos y renovables, así como medioambientales y de salud públicas. Pero advierte de que el dinero público no se puede malgastar y hay que destinarlo a objetivos concretos.


domingo, 11 de octubre de 2020

"La tiranía del mérito", de Michael J. Sandel (2020)

 Resumen del libro "La tiranía del mérito", de Michael J. Sandel (2020)

Resumen original y actualizado en:

https://evpitasociologia.blogspot.com/2020/10/la-tirania-del-merito-de-michael-j.html

Resumen elaborado por E.V.Pita, doctor en Comunicación, licenciado en Sociología y Derecho

Socilología, estructura social, desigualdad, meritocracia, ascenso social, estatus, capitalismo

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500 RESÚMENES DE LIBROS  DE ECONOMÍA Y SOCIOLOGÍA

"DE ADAM SMITH A LA INFLACIÓN EN POSTPANDEMIA (1776-2023)"

por E.V.Pita (2023)

Link al compendio de resúmenes:

Descargar en PDF en este enlace:
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Ficha técnica

Título: "La tiranía del mérito"

Subtítulo: ¿Qué ha sido del bien común?

Título en inglés: "The Tiranny of Merit: What's Become of the Common Good?"

Autor: Michael J. Sandel 

Fecha de publicación en inglés: 2020

Editorial en español: Penguin Random House Grupo Editorial, 2020, Barcelona

Páginas: 364

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Biografía oficial de Michael J. Sandel (hasta 2020)

(Minneapolis, 1953) ocupa la cátedra Anne T. y Robert M. Bass de Ciencias Políticas en la Universidad de Harvard, y es uno de los autores de referencia en el ámbito de la filosofía política. El curso sobre justicia que imparte allí desde hace dos décadas es el más popular de la universidad. Es premio Princesa de Asturias de Ciencias Sociales, y autor de numerosas obras. 

En Debate ha publicado Justicia, ¿hacemos que lo que debemos?, Lo que el dinero no puede comprar, Los límites morales del mercado y Filosofía pública. Ensayos sobre moral en política y La tiranía del mérito.

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Texto de la contraportada

"Las sociedades occidentales padecen dos males relacionados: la desigualdad económica y la polarización política. 

En el marasmo resultante parece que hemos perdido de vista la noción clave del bien común. En esta obra fundamental, Michael J. Sandel se plantea cómo recuperarla.

Cuando solo hay ganadores o perdedores y la movilidad social se ha atascado, resulta inevitable la combinación de ira y frustración que alimenta la polarización y la protesta populista, además de reducir la confianza en las instituciones y en nuestros conciudadanos. Y así no podemos hacer frente moralmente a los retos actuales.

Michael J. Sandel, premio Princesa de Asturias de Ciencias Sociales y uno de los filósofos más prestigiosos de nuestra época, sostiene que para superar las crisis que asedian nuestras sociedades hemos de repensar las ideas de éxito y fracaso que han acompañado la globalización y el aumento de la desigualdad. La meritocracia genera una complacencia nociva entre los ganadores e impone una sentencia muy dura a los perdedores. Sandel defiende otra manera de pensar el éxito, más atenta al papel de la suerte, más acorde con una ética de la humildad y la solidaridad y más reivindicativa de la dignidad del trabajo. Con esos mimbres morales, La tiranía del mérito presenta una visión esperanzadora de una nueva política centrada por fin en el bien común".

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ÍNDICE

Introducción. Conseguir entrar

1. Ganadores y perdedores

2. "Grande por bueno": breve historia moral del mérito

3. La retórica del ascenso

4. Credencialismo: el último de los prejuicios aceptables.

5. La ética del éxito

6. La máquina clasificadora

7. Reconocer el trabajo

Conclusión: El mérito y el bien común

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RESUMEN

Comentarios: El libro de Sandel sigue la estela de los publicados en los últimos años (como Happycracia) donde van desmontando ladrillo a ladrillo otro de los mitos del credo neoliberal: la meritocracia. Todo el mundo estará de acuerdo en que una sociedad que premie el talento es buena pero ¿qué pasa con el 99 %  restante de perdedores o fracasados?  Los obreros sin título universitario, los que quedaron desempleados al no saberse adaptar a la globalización, etc..

El autor pone en duda el sistema meritocrático según el cual cada uno tiene lo que se merece por el gran esfuerzo que ha hecho en su vida y carrera. Sandel explica que aparentemente la meritocracia funciona cuando un humilde afroamericano que se cría en un ghetto llega a ser una superestrella de béisbol. Dice que es un error pensar eso porque entonces la única esperanza para los más humildes para triunfar es convertirse en superestrellas del deporte. En cambio, quienes heredan una fortuna de sus padres, ya empiezan a subir a escasos metros de la cima. Y eso lleva a pensar a quienes llegan arriba que se merecen lo que tienen y que quienes se quedan por el camino son unos perdedores. El autor dice que Trump se dio cuenta de eso, de que hay muchos perdedores que no han llegado a estudiar en la Universidad y que están resentidos porque los de arriba (la élite, la casta en España) los mira por encima del hombro y los considera unos fracasados que no se esforzaron bastante para triunfar. 

La teoría de Sandel es que Trump empatizó con los fracasados, no solo con los obreros desempleados del cinturón de óxido que fueron víctimas de la globalización sino también quienes no llegaron a entrar en la Universidad o son trabajadores que colgaron los estudios. Su rival es la élite, esos doctores de Harvard o esos brokers con título en prestigiosas universidades que dictaminan desde su púlpito. Haciendo un repaso a la composición del Congreso de EE.UU., la mayoría son titulados universitarios, muchos procedentes de la llamada Ivy League (Harvard, Yale, Princeton, Berkeley y Stanford). 

Sandel señala que este credo de la meritocracia no es algo antiguo sino que surgió con el individualismo neoliberal en los años 80 del siglo XX y, al contrario que en otras sociedades anteriores más preocupadas por el bien común, se impone la creencia de que hay que competir para triunfar y que la gente te va a medir por el dinero que ganas. Ese lema de "si quieres, tú puedes" lo han coreado emocionados muchos presidentes, incluido Clinton y Obama, y proclamaron la idea de que en el país de las oportunidasdes con el esfuerzo y el sudor se llega a todos los sitios y se gana dinero, lo cual resulta ser engañoso y la gente ya se ha dado cuenta, explica el autor. Los "yuppies" de Wall Street sería el mejor ejemplo de llegar a la cumbre con un máster bajo el brazo y que no dudan en proclamar que su riqueza se la merecen por su trabajo. Es la clave oscura de la meritocracia: sirve para justificar la riqueza de la élite económica y política: están allí porque se lo merecen y no le deben nada a nadie.

[Nota del lector: supongamos que el mayor mérito para ser político o director de un gran banco no fuese tener un título de Harvard si no haber marcado más de cien goles en la Liga de fútbol. Los padres adinerados contratarían a carísimos entrenadores privados para convertir a sus hijos en un émulo de Ronaldo o Messi mientras que los padres humildes animarían a sus hijos a entrenar con los amigos en un callejón del barrio. La composición de ese Congreso ficticio volvería a tener la misma proporción alta de adinerados y baja de humildes, entre los cuales estarían Ronaldo, Messi y alguno más, suponiendo que decidiesen presentarse a la política].

El problema, continúa Sandel, es que no es fácil entrar en la Universidad, sobre todo en las que graduarse equivale a tener trabajo fijo y un salario astronómico. Los estudios universitarios son muy caros, hay exámenes dificilísimos para acceder y los humildes con beca son pocos. La mayoría provienen de familias de clase media-alta o alta, con profesiones liberales, que inculcan desde pequeños el valor del estudio, les pagan clases particulares y hacen actividades extraescolares para mejorar su currículum. Al llegar el día del examen, tienen en su expediente hasta campamentos de ayuda humanitaria en África. La competencia es muy alta y solo unos pocos entran. Y algunos padres que no se fían de las capacidades de sus hijos, sobornan a los profesores o entrenadores de equipos en deportes en los que los candidatos o candidatas no conocen.

El autor dice que es cierto que hasta el más humilde americano, con esfuerzo y tesón, y logrando generosas becas o trabajando en cafeterías, puede llegar a cumplir el sueño de estudiar en la Ivy League y pagarse los estudios carísimos. Pero es uno entre un millón. La inmensa mayoría se queda en la estacada, amargado porque las televisiones lo ven como un fracasado. No tener un título universitario en EE.UU. es síntoma de fracaso y eso aflora en los debates políticos donde unos se reprochan a otros las calificaciones que sacaron. Estamos hablando de un país gobernado por políticos con título universitario y con un congreso con poca gente sin estudios o donde la clase obrera está infrarrepresentada. Es decir, el país es gobernado por la élite, la cual presta gran atención a temas que les interesan como la educación, que es la que les ha llevado hasta allí.

Sandel señala que esta competencia desmedida por entrar en las universidades, incluso haciendo trampas y pagando sobornos, evidencia el problema de la meritocracia. 

De trasfondo, la meritocracia nos conduce a la igualdad de oportunidades. El autor advierte de que no hay que concentrarse exclusivamente en el ascenso social ni tampoco hay que esperar que la igualdad de resultados equivalga a una igualdad de oportunidades. Lo correcto sería, dice el autor, "una amplia igualdad de condiciones que permita que quienes no amasen una gran riqueza o alcancen puestos de prestigio lleven vidas dignas y decentes". O sea que es mejor una igualdad práctica que tener "oportunidades" de prosperar.

El autor advierte que "la convicción meritocrática de que las personas se merecen la riqueza (cualquiera que sea) con la que el mercado premia sus talentos hace de la solidaridad un proyecto casi imposible". El autor dice que los ganadores han de ser humildes y admitir que si están arriba no es porque nos hayamos hecho a nosotros mismos sino por la suerte de que la sociedad premia nuestros talentos particulares. Es una suerte, no es que nos lo merezcamos. La tiranía del mérito puede vencerse con humildad, dice Sandel, y es el paso para hacer una vida pública con menos rencores y más generosidad.

El autor recuerda en el capítulo 7 que el bien común consiste en, por un lado, en maximizar el bienestar de los consumidores, pero por otro consiste en algo a lo que podemos llegar deliberando con nuestros conciudadanos sobre los propósitos y los fines de nuestra comunidad política. La primera es una especie de democracia de mercado privatizado (la "mano invisible" ya se encarga de reordenar todo) y la segunda, una de espacios comunes y de lugares públicos, donde no es exactamente igualitaria ni perfecta.