lunes, 22 de septiembre de 2014

"La sociedad de coste marginal cero", de Jeremy Rifkin (2014)

Resumen: "La sociedad de coste marginal cero", de Jeremy Rifkin (2014)


El link del resumen original y actualizado está en:


El autor del resumen es E.V.Pita, licenciado en Sociología y Derecho

Sociología, industrialización, sociedad digital, Internet



Título: "La sociedad de coste marginal cero"

Subtítulo: El internet de las cosas

Título original: "The Zero Marginal Cost Society"

Autor:  Jeremy Rifkin

Editorial en inglés: Palgrave McMillan

Fecha de publicación: 2014

Editorial en español:  Espasa Libros, Paidós

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Biografía oficial del autor (hasta 2014)

Jeremy Rifkin es uno de los pensadores sociales más célebres de nuestra época. Es asesor de la Unión Europea y de diversos jefes de estado de todo el mundo. Es profesor del Programa de Formación Ejecutiva de la Wharton School, en la Universidad de Pensilvania, donde imparte docencia a consejeros delegados y altos ejecutivos sobre las nuevas tendencias en ciencia, tecnología, economía y sociedad.
Es autor de diversas obras que han sido traducidas a 35 idiomas y obtenido una extraordinaria acogida entre los lectores de todo el mundo, Entre ellas se cuentan La Tercera Revolución Industrial, El sueño europeo, La economía del hidrógeno, El fin del trabajo, La civilización empática, El siglo de la biotecnología y La era del acceso, publicadas en castellano por Paidós.

Para más información visite http://www.FOET.org

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Texto de la solapa:

"En La sociedad de coste marginal cero, Jeremy Rifkin nos relata la aparición de un sistema económico nuevo en la escena mundial, el procomún colaborativo, el primer paradigma económico que ha arraigado desde la aparición del capitalismo y el socialismo a principios del siglo XIX. Según Rifkin, este nuevo sistema está transformando la manera de organizar nuestra vida ecónomica ofreciendo la posibilidad de democratizar la economía mundial, reducir las diferencias en los ingresos y crear una sociedad más sostenible desde un punto de vista ecológico.

En 2011, Jeremy Rifkin publicó La Tercera Revolución Industrial. Su visión de una era económica poscarbono sostenible ha sido refrendada por Naciones Unidas y por la Unión Europea y ha sido adoptada por dirigentes mundiales como la canciller alemana Ángela Merkel, el presidente francés François Hollande o el premier chino Li Keqiang.

En este nuevo y provocador libro Rifkin nos explica cómo la convergencia de Internet de las comunicaciones, el Internet de la energía y el Internet de la logística ha dado lugar al Internet de las cosas (IdC), un espacio en que la productividad se incrementa hasta tal punto que el coste marginal de producción de muchos bienes y servicios es prácticamente nulo, permitiendo que se puedan ofrecer de manera gratuita y que dejen de estar sometidos a las fuerzas del mercado.

El fenómeno del coste marginal cero está dando lugar a una economía híbrida en la cual centenares de millones de personas, los "prosumidores" se conectan en la naciente IdC creando y compartiendo su información, su esparcimiento, su energía limpia y sus productos impresos en 3D con un coste marginal casi nulo. También comparten automóviles, viviendas, prendas de vestir y otros artículos mediante redes sociales, sistemas de alquiler, asociaciones de redistribución y cooperativas, con un coste marginal pequeño o casi nulo. Cada vez más estudiantes se matriculan en cursos abiertos y masivos por Internet (Massive Open Online Courses, MOOC) que funcionan con un coste marginal cercano a cero. Muchos jóvenes emprendedores sociales recurren al micromecenazgo para financiar la creación de empresas y crear monedas alternativas en la incipiente economía de compartir. En este mundo nuevo, el capital social es tan importante como el capital financiero, la libertad de acceso triunfa sobre la propiedad, la sostenibilidad desbanca al consumismo, la cooperación sustituye a la competencia y el "valor de cambio" del mercado capitalista es sustituido progresivamente por el "valor de compartición" del procomún colaborativo.

Para Rifkin, el capitalismo seguirá existiendo pero desempeñará un papel cada vez menos especializado y señala, sobre todo, que estamos entrando en un mundo que, en parte, se encuentra  más allá de los mercados, en el que aprendemos a convivir en un procomún colaborativo mundial cada vez más interdependiente.

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ÍNDICE

1. El gran cambio de paradigma; del capitalismo de mercado al procomún colaborativo

Primera parte

La historia no contada del capitalismo

2. Los cercamientos europeos y el nacimiento de la economía de mercado

3. El cortejo entre capitalismo y la integración vertical

4. La naturaleza humana vista desde el capitalismo

Segunda parte

La sociedad de coste marginal casi cero

5. Productividad extrema, Internet de las cosas y energía gratuita

6. Impresión en 3D: de la producción para las masas a la producción de las masas

7. Los MOOC y la formación del coste marginal cero

8. El último trabajador

9. El auge del prosumidor y la creación de la economía inteligente


Tercera parte

El auge del procomún colaborativo

10. La comedia del procomún

11. Los "colaboracionistas" se preparan para la lucha

12. La pugna por definir y controlar la infraestructura inteligente

Cuarta parte

Capital social y economía del compartir

13. De la propiedad al derecho de acceso

14. Microfinanciar el capital social, democratizar la moneda

Quinta parte

15. La cornucopia sostenible

16. Vivir en la biosfera

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Comentarios y resumen:

Hay que destacar que Rifkin ofrece una explicación de la larga duración de la crisis o la Gran Recesión del 2008 que ya va por su sexto año. Sostiene que la economía de Internet necesita menos puestos de trabajo (o aún no se han reordenado ni absorbido los nuevos empleos que podría generar) y que por lo tanto estamos ante una revolución industrial que necesita reestructurar el trabajo. No hay crecimiento del PIB porque Internet no lo hace crecer sino disminuir (menos paquetes y correo postal que entregar, menos libros que imprimir y menos árboles que cortar, menos discos en CD que vender...) porque Internet genera un importante ahorro de costes (sobre todo de transporte). Este es el segundo autor, junto a Niño Becerra, que atribuye la crisis del 2008 a factores estructurales de la economía.

Rifkin sigue la senda de Christensen sobre "Lo gratis", libro en el que ya se establece por qué Internet tiende a ser gratis: porque la elevada competencia (gente que sube música, libros, etc...) rebaja los precios a lo mínimo, al coste marginal cero.
La pregunta es si esto es una nueva economía alternativa al capitalismo o es una faceta de él, campos donde la producción es muy barata y masiva. Porque si bien whatsapp es gratis alguien tiene que pagar la línea, el ADSL, por tanto Internet no es gratis, cuesta 20 euros al mes por la tarifa plana de conexión. Es decir, el negocio de Internet no está en usar los servicios sino en pagar por tener acceso a Internet, algo que bien saben las operadoras telefónicas.
Otro concepto que usa Rifkin es el de "prosumidor", que nos retrotrae los libros "La tercera ola" y "La revolución de la riqueza" de Alvin Toffler donde explica en qué consiste ser un prosumidor (en vez de contratar a un retratista, retocar tú mismo tus fotos en Photoshop, en vez de comprar un mueble montado, montarlo tú). Para Toffler el prosumidor es un trabajador que en su tiempo libre se sobrecarga con más trabajo (digitalizar y retocar las fotos, montar tus muebles, etc...) sin obtener una reducción significativa de los costes. Y es más, dice Toffler, el prosumidor tendrá aún más trabajo extra cuando todo el mundo tenga una impresora 3D en su casa.
La visión de Rifkin es más positiva porque entiende que hay una nueva economía basada en la colaboración entre los ciudadanos (el típico cópiame esta cassette y yo te paso otra), que se ve amplificada por las redes sociales. Esto está fuera del mercado, no tiene precio y no se puede cuantificar ni incluir en el PIB aunque genere riqueza.

Los primeros capítulos del libro son de corte histórico.

En el segundo capítulo relata que en la sociedad feudal no existía el individualismo sino que se convivía en una comunidad jerarquizada y organizada por vínculos de responsabilidad y fidelidad. Así el rey estaba en la cúspide y servía al resto de la pirámide, lo mismo que el obispo, el caballero o el siervo. Los campesinos pagaban un alquiler por las tierras y el señor no los podía echar de ellas. El sistema feudal duró 700 años. También destaca que a partir del siglo XII hubo un cambio energético al incorporarse masivamente el uso de molinos de agua y luego de viento, que generaron el cuádruple de producción que la manual. Fue un cambio decisivo. [nota del lector: efectivamente, el autor de La palanca de la riqueza, explica cómo esta energía hidráulica despertó a la Edad Media de su letargo].

Hay una cuestión que se debe resaltar y es que los tecnológos atribuían el esfuerzo y la organización el 14% del aumento de la productivad. El 86% se supo luego que se debía a la termodinámica, es decir, a la energía. Así, es de esperar que la productividad se dispare si se introduce un cambio en el suministro de energía (por ejemplo, pasar del molino de agua a la máquina de vapor, o de esta al petróleo o la electricidad).

Posteriormente, analiza la transición de la sociedad feudal a la mercantil y luego la capitalista. El primer hecho destacable es la división de la tierra comunal en parcelas para criar ovejas, productoras de lana, que a su vez era elaborada en batanes impulsados por energía hidráulica. Es el primer síntoma de que la propiedad comunal se convierte en privada y supone un desplazamiento de los campesinos sin tierras hacia las ciudades. Por otra parte, los gremios pierden fuerza y los dueños de los telares empiezan a contratar a campesiones más baratos. Finalmente, surge la figura del "trabajador libre", que ya no era dueño de sus herramientas sino que pertenecían al dueño del taller. A medida que la sofistificación de las máquinas aumenta, ningún trabajador podrá tener dinero suficiente para comprarse su propio telar (lo cual no es cierto, pues en el siglo XIX un campesino medio acomodado podía tener una tejedora automática).

Pero el gran cambio hacia el capitalismo se produce en el siglo XIX con el éxito de la máquina de vapor y la multimillonaria inversión en ferrocarriles. La suma necesaria para crear estas redes es tan enorme que se deben crear sociedades anónimas. Para reducir gastos, los ferrocarriles se integran verticalmente: compran minas de carbón para garantizarse el suministro, adquieren factorías de hierro para tender las vías, etc... Para dirigir estos complejos será necesaria una burocracia jerarquizada y eficiente. El mismo modelo se seguirá con la industria del petróleo, con la integración de los pozos, la compra de otras compañías, la instalación de refinerías y oleoductos, etc... Estos modelos centralizados reducen costes y maximizan la producción. Finalmente, la industria eléctrica y la de las telecomunicaciones (teléfonos, telégrafos, correos) corre otro proceso de concentración e incluso de nacionalización.

Sin embargo, ya desde 1873, la industria empieza a incorporar la energía eléctrica, que maximizará aún más la producción. Rifkin dice que Ford nunca hubiese podido montar sus talleres de la cadena de montaje si no hubiese contado con un suministro continuo de energía eléctrica en 1900. La industria moderna solo se puede explicar por su uso de la electricidad. Tanto el petróleo como la electricidad dieron paso a la Segunda Revolución Industrial que obligó a construir presas, autopistas, viviendas en el extrarradio cerca de las salidas de las autopistas... Todo ello generó un gran crecimiento desde los años 50.

Finalmente, Rifkin dice que a finales de 1990, se agotó el sistema de la Segunda Revolución Industrial al construirse todas las autopistas que eran necesarias. Por otra parte, los combustibles fósiles aumentaron mucho de precio y cada vez se han vuelto más escasos. El sistema dio todo de sí.

¿Por dónde puede venir el crecimiento? Nuevamente, hay que buscar un tipo de energía más eficiente que las anteriores. La solución, dice Rifkin, sería montar la llamada Internet de las Cosas (IdC), una red inteligente basada en redes colaborativas que comparten la energía eléctrica generada en sistemas alternativos como el sol, el viento, etc... Esto hará que el precio de la energía se desplome hasta casi cero en los próximos años. [nota del lector: me da a mí que no]. Se basa en la llamada Ley de Moore, que dice que cada dos años se duplica la potencia de un microchip, por lo que aumenta su capacidad de megabits a la vez que se reduce su precio hasta casi valer cero. Lo mismo ocurriría con el precio de Internet o de las redes eléctricas basadas en el Internet de las Cosas.

Rifkin pasa a examinar después los avances de las impresoras 3D, que ya son capaces de fundir arena para generar vidrio, cortar chapa o levantar el muro de una casa, o incluso fabricar módulos lunares en el polo sur de la Luna aprovechando el polvo de dicho satélite. La idea para que sea sostenible es que debe alimentarse con materiales de su entorno para ahorrar los costes de transporte. Todas estas ideas provienen de una filosofía "hacker" de "global y local" que se basa en la eficiencia y en la colaboración en red. Rifkin recuerda que las fábricas de Ford no eran precisamente eficientes sino que perdían mucho tiempo en fases intermedias y que aún así superaban todo lo anterior y construyeron millones de coches, eso sí todos de color negro.

Lo que sostiene el autor es que estas impresoras 3D, capaces de construir las piezas de un coche eléctrico, no serán operativas sino cuentan a su vez con una red eficiente de energía renovable y local. Cita ejemplos de cómo India sufrió un apagón que afectó a 700 millones de personas y que una pequeña aldea conservó la luz porque disponía de minicentrales generadoras de electricidad que funcionaba con paneles solares.

Asegura que la mayoría de los países, incluido Estados Unidos, aún viven inmersos en la Segunda Revolución Industrial y que solo Alemania está cumpliendo los objetivos para convertir su red electrica en renovable (al menos, para generar entre el 23 y el 35%  de su electricidad).

Otra de las cuestiones que aborda es el conflicto entre propiedad privada y el procomún (los bienes comunitarios, como las sendas, el derecho a pescar en los ríos...). Rifkin dice que el capitalismo ha arañado parcelas de los bienes comunales (primero cercaron los montes, luego patentaron los inventos y se creó la propiedad privada en los libros y música, también se comercializó el espectro de frecuencias de la radio, la televisión y el teléfono, luego se intentó lo mismo con la informática y con el código genético de plantas y seres vivos). De ahí que surgiesen movimientos a favor del "software" libre o la recopilación de todas las semillas del mundo en un "bunker" de Noruega, para evitar la concentración en manos privadas para hacer beneficio con algo que es de toda la Humanidad.

Rifkin también hace otra aportación y es su análisis sobre la liberalización emprendida por Reagan y Tatcher para aliviar al Estado de su pesada carga, por lo que ambos políticos iniciaron una revolución liberal que desmanteló el Estado y vendieron o subastaron sus compañías públicas aéreas, telefónicas, industriales en aras a una mejor eficiencia de mercado. Fue una operación rápida en la que estuvieron compinchados compañías y Gobiernos y que dejó a los ciudadanos sin capacidad de reacción. Solo a partir de las siguientes décadas se comprendió el problema que había generado la desmantelación de bienes públicos.

Rifkin replica que lo que ha ocurrido es que espacios públicos como las ondas herzianas, que eran de todos, ahora, como consecuencia de una feroz competencia, han acabado en manos de una o dos gigantescas compañías casi monopolísticas (pensemos en el imperio de las comunicaciones de Murdoch) que concentran todo el espectro en sus manos y tienen gran capacidad para influir en los Gobiernos, más debilitados y sin apenas competencias. Lo que era público ha pasado a manos privadas que son las que controlan ahora antiguos espacios públicos como en su día vallaron los campos que eran mancomunados. No solo ocurre en los medios de comunicación sino en Internet, donde dos o tres gigantescas compañías, y cita a  Google, Facebook y otras, controlan la mayor parte del mercado. La mera idea de dar wifi gratis a todo el mundo, como si fuese otro bien común, choca con los intereses de las grandes operadoras. Vemos que hay una contradición entre el beneficio y el interés común pero, según dice,


1 comentario:

  1. porque no esta completo el resumen? :/
    donde puedo verlo completo. ayuda por favor

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