lunes, 27 de marzo de 2017

"Lo mío es tuyo", de Tom Slee (2016)

Resumen del libro "Lo mío es tuyo", de Tom Slee (2016)

El resumen original y actualizado está en la siguiente página:


Autor del resumen: E.V.Pita, doctor en Comunicación, licenciado en Derecho y Sociólogo

Sociología, Internet, economía colaborativa

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Título: "Lo mío es tuyo"
Subtítulo: Contra la economía colaborativa

Título original en inglés: What's your is Mine. Againts the Sharing Economy, 2016.

Autor: Tom Slee

Edición en español: Penguin Random House Grupo Editorial SAU, Taurus, Pensamiento, Barcelona, 2016

Número de páginas: 270

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Biografía de Tom Slee

Es un autor canadiense volcado en temas como tecnología, política y economía. Doctor en química y con una larga carrera en la industria del "software", se ha convertido en uno de los más relevantes críticos de la economía colaborativa.

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Texto de la contraportada

La idea de la economía colaborativa se nos ha contado como una forma alternativa a la economía convencional que no solo resulta más sostenible sino que además permite al individuo convertirse en un microemprendedor con mayor control de su vida. Pero esta nueva ola de empresas está en realidad financiada y dirigida por capitalistas de la más vieja escuela.

Tom Slee muestra cómo la economía colaborativa extiende las más duras prácticas del libre mercado a áreas de nuestras vidas previamente protegidas, y ofrece la oportunidad a unas pocas personas de enriquecerse perjudicando a su comunidad y empujando a individuos vulnerables a asumir riesgos insostenibles.

Esta investigación brillante, original y repleta de datos y ejemplos de lo más concluyentes demuestra que tras un lenguaje amigable basado en las ideas de confianza y compartir se oculta una realidad más oscura.

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ÍNDICE

1. La economía colaborativa

2. El panorama de la Economía Colaborativa

3. Un lugar donde alojarse con Airbnb

4. En marcha con Uber

5. Vecinos que ayudan a sus amigos

6. Desconocidos que confían en otros desconocidos

7. Una breve historia de la apertura

8. Abierto de par en par

9. Lo tuyo es mío

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RESUMEN

Comentarios iniciales: El gran crítico de Internet y de las prácticas de Silicon Valley es Evgeny Morozov y Tom Slee sigue ese camino, más enfocado a Uber y Airbnb, sobre los que también se han interesado los autores que estudian la automatización y la robotización.

Tom Slee no niega que la economía colaborativa, a nivel individual, sea buena porque permite ahorrar dinero y tiempo, conecta a personas distantes para intercambiarse servicios y acerca el mercado a todos. Son promesas que no se han cumplido. El problema es que este trabajo sin afán de lucro ha sido apropiado por grandes monopolios y empresas dirigidos por despiadados "tiburones" de Wall Street que solo piensan en amasar una fortuna. Estos directivos son parte esencial para que el negocio funciona pero a Tom Slee no se le pasa desapercibido que mientras a unos participan de forma voluntaria y de forma desinteresada, los directivos de la cúpula amasan fortunas con el esfuerzo de los demás. A ello se suma que estas plataformas están creando una especie de "trabajillos extra" para los colaboradores que recuerdan los salarios extra para el hogar que aportaban las mujeres tras la postguerra y que no se consideran verdaderos trabajos. Lo mismo ocurre ahora, con la salvedad de que los empleos "de verdad" destruidos por Airbnb y Uber son sustituidos por estos "trabajillos extra".

Recordemos que Uber es la plataforma que agrega (y el autor recalca que "agrega") conductores con coche propio que hacen de "chófer de todos" y compite con los taxistas. Por su parte, Airbnb agrega alojamientos privados por lo que es la red más grande del mundo. Supone una clara competencia con los hoteles tradicionales.

El autor señala que una de las claves de estas webs de Economía Colaborativa (pone como ejemplo a eBay) es que los clientes y compradores puntúen los servicios con 1 a 5 estrellas. Casualmente, las puntuaciones son altas y los comentarios son elogiosos. La razón, dice el autor, es que en público es de cortesía hacer comentarios elogiosos y evitar hacer críticas, que se reservan para el cara a cara y en privado. Y, en general, en la Economía Colaborativa la gente confía en los extraños. Eso no quita que haya habido casos de Airbnb en los que los inquilinos aprovechaban la casa para ejercer la prostitución, hacer fiestas, robar a la dueña o usar sus tarjetas y otros incidencias.

A lo largo del libro, el autor examina otros métodos de economía colaborativa y se centra en el caso de Long Tail propuesta por Anderson. Esta teoría sostiene que los vendedores de Internet tienen infinitos nichos de mercado y que aunque venden pocas cantidades de cada producto marginal, cuando lo suman la cifra que genera la "larga cola" (de una curva de distribución normal) es enorme. Prueba de ello sería iTunes, por ejemplo, ya que un millón de personas compra el éxito de moda pero otro millón compra 500.000 canciones del catálogo que a pocos interesan. Pero Slee es crítico con la "Long Tail" y replica que el tiempo ha llevado a Internet a aumentar la concentración de éxitos en unas pocas manos, a promover lo de "el ganador se lo lleva todo" y a agigantar aún más los grandes best-sellers y superventas, amplificados por Internet. El resultado es que en Internet solo subsisten grandes grupos mientras que los pequeños tienden a desaparecer porque las ventas que obtienen de la "long tail" no son suficientes para vivir. Entusiastas de la "Long Tail" cambiaron de opinión al ver cómo crecía todavía más la influencia de las "majors" y se disparaban las ventas de los superéxitos.

Esta idea se traslada al resto del libro. Al final, triunfa Airbnb porque es una plataforma que acapara las reservas, lo mismo que Uber. Nadie puede hacerles sombra y sus competidores quiebran o pasan a captar las ventas marginales.

Otro problema añadido es el pago de impuestos: la idea era que estas compañías que facturan tantos millones pagasen muchos impuestos pero están diseñadas para no gastar nada y recoger todo el beneficio para ellos: no tienen empleados sino "colaboradores" por lo que no tienen que pagarle Seguridad Social ni un salario fijo. Tampoco adquieren ninguna responsabilidad sobre lo que ocurra entre el cliente y el taxista o el dueño del apartamento. Tampoco gastan nada en infraestructuras, ya que el taxi o el apartamento lo pone el cliente. Su riqueza es crear comunidad.

Precisamente, ese ideal de comunidad que tanto promovieron estas plataformas inicialmente solidarias ha desaparecido y sido sustituido por un espíritu de obtención de beneficios al más puro estilo Wall Street. Por ejemplo, Uber cobra más los días de tormenta, algo que nada tiene que ver con ese espíritu solidario que promocionó en los inicios. Otros como Couchsourfing (alojar a gente en el sofá) tenía animadas reuniones de amigos para fomentar el espíritu comunitario pero fue vendido a un fondo inversor y mucha gente empezó a ver que el lenguaje informal era sustituido por mensajes que fomentaban la eficacia y otros valores en busca del beneficio.

También habla de los mapas en la India que iban a ayudar a la gente a legalizar la propiedad de sus fincas y al final han visto como las grandes empresas se valían de los mapas volcados en Internet para reclamar la propiedad frente a la tradición oral de los vecinos.

Lo mismo ocurre con otras iniciativas de transparencia gubernativa que si bien presta un servicio al ciudadano, esos datos acaban por ser volcados en los servidores de las grandes corporaciones, que tienen más medios para explotarlos.

El autor es escéptico sobre la economía colaborativa porque al poco tiempo de crearse la comunidad esta es apropiada por fondos inversores que buscan dinero y beneficios y para ello eliminan la cultura informal existente y se escudan en la cultura de la eficacia. El mayor problema es que muchos voluntarios que metieron horas en ayudar a construir la comunidad ve como su esfuerzo se lo quedan las grandes corporaciones que comprar la plataforma (lo que incluye el contenido).

Existe la sospecha de que la creación de comunidades ha hecho aflorar un mercado de intercambio de favores, trabajos voluntarios en los que no se cobra, etc... y luego las grandes compañías lo han privatizado y mercantilizado. Lo que era un espacio informal de ayuda mutua es "cosificado", "mercantilizado", empaquetado, privatizado y vendido como un producto.

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