lunes, 19 de junio de 2017

"¿Quién domina el mundo?", de Noam Chomsky (2016)

Resumen del libro "¿Quién domina el mundo?", de Noam Chomsky (2016)


Resumen original y actualizado en:
http://evpitasociologia.blogspot.com/2017/06/quien-domina-el-mundo-de-noam-chomsky.html

Resumido por E.V.Pita, doctor en Comunicación y licenciado en Derecho y Sociología

Sociología, ciencias políticas, relaciones internacionales, poder mundial, orden mundial

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Título: "¿Quién domina el mundo?"

Título en inglés: Who Rules the World?

Autor:  Noam Chomsky

Fecha de publicación en inglés: 2016

Fecha en español: Ediciones B,  Barcelona, 2016,

Número de páginas: 388

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Biografía del autor Noam Chomsky (hasta 2017)

Noam Chomsky es profesor emérito del Departamento de Lingüística y Filosofía del MIT. Se le atribuye el haber revolucionado el campo de la lingüística moderna. Es asímismo autor de numerosas obras políticas de gran éxito, entre ellas los best sellers Hegemonía o supervivencia (Ediciones B, 2004), Estados fallidos (Ediciones B, 2007), Ambiciones imperiales, Lo que decimos se hace y Esperanzas y realidades.

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Texto de la contraportada

"¿Quién domina el mundo?, encarnizado, implacable y meticulosamente documentado, proporciona la explicación indispensable de los conflictos y peligros clave de nuestro tiempo que siempre espera de Noam Chomsky.

En un análisis incisivo y concienzudo de la presente situación internacional, Chomsky argumenta que Estados Unidos, por medio de sus políticas predominantemente militaristas y su ilimitada devoción por mantener un imperio de escala mundial, está arriesgándose a una catástrofe que destrozaría los bienes comunes del planeta. Recurriendo a una amplia variedad de ejemplos, desde el programa en expansión de asesinatos mediante drones hasta la amenaza de una guerra nuclear, pasando por los puntos críticos que representan los conflictos de Irak, Irán, Afganistán e Israel-Palestina, Chomsky ofrece reflexiones inesperadas y cargadas de matices sobre el funcionamiento del poder imperial en un planeta cada vez más caótico.

De paso, el autor proporciona un brillante estudio acerca de cómo las élites de Estados Unidos han ido aislándose cada vez más ante cualquier restricción que la democracia pretenda imponer a su poder, Mientras la mayor parte de la población es empujada a la apatía -desviada hacia el consumismo o el odio al vulnerable-, a las corporaciones y los ricos se les permite, cada vez más, hacer lo que les plazca"

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ÍNDICE

1. La responsabilidad de los intelectuales, el retorno

2. Terroristas buscados en el mundo entero

3. Los memorandos sobre la tortura y la amnesia histórica

4. La mano invisible del poder

5. Causas y consecuencias del declive estadounidense

6. ¿Está acabado Estados Unidos?

7. Carta Magna, su destino y el nuestro

8. La semana en la que el mundo contuvo la respiración

9. Contexto y consecuencias de los Acuerdos de Oslo

10. La víspera de la destrucción

11. Las opciones reales en el conflicto Israel-Palestina

12. "Nada para los demás": la guerra de clases en Estados Unidos

13. ¿Seguridad de quién? Washington se protege a sí mismo y al sector empresarial.

14. Atrocidad

15. ¿A cuántos minutos de la medianoche?

16. Los altos el fuego que nunca se cumplen

17. Estados Unidos es un destacado Estado terrorista [según Chomsky]

18. El paso histórico de Obama

19. Dos formas de verlo

20. Un día en la vida de un lector de The New York Times

21. "La amenaza iraní": ¿cuál es el peligro más grave para la paz mundial?

22. El Reloj del Apocalipsis

23. Amos de la humanidad

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RESUMEN

Comentarios iniciales: Chomsky es un autor estadounidense muy crítico con las políticas internacionales de su país porque considera que las élites se han alejado del ideal democrático y de libertad que luego defienden en otras partes del mundo en función de sus intereses. En este libro, cuenta las supuestas argucias de EE.UU. para controlar todo el planeta tras ganar la Segunda Guerra Mundial y siguiendo un plan establecido por el presidente Roosevelt. No libra nadie de su dedo acusador: a Bush hijo por invadir Irak sin motivo alguno y legalizar poco menos que la tortura con los disidentes extranjeros en Guantanamo y otras prisiones secretas en países de Oriente, y a Obama por promover asesinatos selectivos de los enemigos fundamentalistas mediante ataques con drones y comandos de élite de sospechosos sin un juicio previo (en referencia a Osama Bin Laden). Cree que el pueblo americano ignora estas operaciones secretas, Todo para asegurarse el dominio del mundo, algo que cada vez se torna más difícil porque hay nuevos actores emergentes en el juego.

Tras la lectura del libro, uno toma consciencia del gran poder que tiene Estados Unidos como la mayor potencia del mundo conocido, capaz de intervenir (discretamente o por las bravas) en cualquier país que se aleje de sus líneas maestras. Chomsky o Stiglizt han ido desentrañando poco a poco las políticas maestras que explican por qué el FMI exprime a los países endeudados y les obliga a adoptar un libre comercio ultraliberal que no siempre les conviene a los más pobres (o que directamente los arruina). Detrás de todo estarían, según Chomsky, las grandes empresas que dictan la política internacional para obtener el máximo beneficio en cada país. Es un orden mundial que funciona desde 1945 y donde cada país tiene establecido un determinado papel.

Chomsky repasa la actuación de su país Estados Unidos para dominar el "Gran Área" (prácticamente todo el mundo) tras salir victorioso de la Segunda Guerra Mundial en 1945 y controlar todos los mares y las mayores reservas de petróleo y gas natural. Durante la Guerra Fría, las dos superpotencias se dedicaron a controlar sus áreas de influencia (la URSS dominó Europa del Este y EE.UU. el resto del mundo). Tras la caída del telón de acero en 1989, EE.UU. se erigió como dueña del mundo con otros dos actores (Europa y Asia Oriental) pero ya hacía tiempo que había comenzado su declive y decadencia, según Chomsky.

Entre 1945 y el 2017, Estados Unidos se vio obligado a garantizar la "estabilidad" en el resto del mundo y combatir con los rebeldes que amenazaban el orden establecido. En los años 60 y 70, la rebelión estuvo en Asia Oriental (China, Indochina, Indonesia, Vietnam, y otros). Desde 1973 y en los años 80, la mayor potencia del mundo debió atajar la Teología de la Liberación y las luchas contra la desigualdad en América del Sur y CentroAmérica. Fue una etapa muy dura, con escuadrones de la muerte, torturas y represión interna y dictatorial en esos países. Cualquiera que apuntase con el dedo al que estaba detrás de todo, era silenciado. Chomsky acusa poco menos que al presidente Reagan de ser un "asesino" (por respaldar la guerra sucia en Sudamérica) y al diplomático Kissinger de "líder de los terroristas" por potenciar esas políticas en el área sur que causaron cientos de miles de muertos entre los más pobres.

A partir de los años 90 y hasta la actualidad, Estados Unidos tiene un nuevo campo de batalla: Oriente Medio y la lucha por el control de los inmensos recursos naturales: petróleo y gas. Según Chomsky, en la cúpula se piensa que quizás no sería conveniente llevar la democracia a esos países porque su población tiene sentimientos antiamericanos, según las encuestas de opinión pública, y si pudieran los echarían de allí.

El autor comienza hablando de los intelectuales "buenos" (que luchan por sacar a la verdad la luz) y los intelectuales pagados por el sistema (que son los que reciben los elogios, hacen carrera y ganan las medallas y premios porque son fieles a la estructura de poder). Contrapone el trágico caso del sacerdote jesuíta Ellacuria asesinado junto a otros tres religiosos que defendían la Teología de la Liberación (auspiciada por el concilio del Vaticano II) y el exitoso caso de Vaclac Havel, el presidente democrático de la recién liberada República Checa, que fue agasajado en Washington como luchador por la libertad y defensor de los valores democráticos. Según Chomsky, hubo un doble rasero: Ellacuría fue un auténtico y valiente luchador por las libertades en CentroAmérica pero promovió la Teología de la Liberación que era "non grata" en la Casablanca y desde la época de Reagan se le consideró una peligrosa amenaza a combatir en el cono Sur. Allí donde los sacerdotes promovieron la democracia popular y la reducción de las desigualdades, los escuadrones de la muerte o paramilitares adiestrados en el Norte fueron a por ellos y los barrieron del mapa junto a los campesinos que reclamaban libertades. En cambio, siempre según Chomsky, Havel pudo dar su discurso sobre las libertades porque la URSS no lo había asesinado antes.

Siguiendo a Chomsky, mientras los intelectuales antipáticos y demasiado críticos con el sistema eran calificados poco menos que como "terroristas" y en algunos casos fueron liquidados sin contemplaciones, los intelectuales amigos eran homenajeados. Esto que se aplicó para distinguir a los intelectuales "prestigiosos" y al resto de escoria que había que eliminar, silenciar o ignorar, según fuese la gravedad de su pensamiento rebelde.

Chomsky también aborda el tema de las torturas, Dice que hubo un primer 11-S, que fue el derrocamiento del presidente Salvador Allende por los militares (apoyados por EE.UU.) y que conllevó en todo el sur de América una guerra sin cuartel contra los disidentes de las dictaduras hasta casi 1989. El uso de las torturas, continúa el autor, fue extendido aunque las fuerzas especiales de USA siempre mantuvieron las manos limpias,

En (Chomsky,2016:66), el autor habla de la doctrina Muasher. Viene a decir que "en el mundo real, el desprecio de la elite por la democracia es la norma. Son abrumadoras las pruebas de que solo se apoya la democracia en la medida en que contribuye a objetivos sociales y económicos, una conclusión que los investigadores más serios reconocen a regañadientes". Así lo evidenciaron las filtraciones de Wikileaks, comenta Chomsky.
El principio operativo lo describió Marwan Muasher, ex ministro jordano y director de investigación de Oriente Próximo para la Carnegie Endowment: "El argumento tradicional propuesto dentro y fuera del mundo árabe es que no hay nada que esté mal, todo está bajo control. Con esta línea de pensamiento, las fuerzas atrincheradas argumentan que los opositores y extranjeros que piden reformas están exagerando las condiciones reales". dice. Adoptando este principio, si los dictadores nos apoyan, ¿qué más puede importar?" (Chomsky, 2016:67). La conclusión es que todo el que no esté de acuerdo, desde Irán hasta un profesor de instituto, un defensor de los inmigrantes o un crítico con el Wall Street que provocó la crisis del 2008, es tachado de impresentable. Incluso el calentamiento global fue ridiculizado y un senador dijo que es falso que se esté calentando el planeta porque en la Biblia Dios le promete a Noé que no habrá un segundo diluvio.
"Todo esto y mucho más puede ocurrir mientras prevalezca la doctrina Muasher, Mientras la población general permanezca pasiva, apática y desviada hacia el consumismo o el odio a los vulnerables, los poderosos pueden hacer lo que les plazca, y los que sobrevivan podrán contemplar el resultado" (Chomsky, 2016:78).

Más adelante habla del Espíritu de la Época, una fe ciega en el progreso desarrollada en el siglo XIX que eliminó a las tribus indias y a quien se interpusiese en medio. Es algo que sigue presente. En especial, dice Chomsky, este espíritu viene a decir que te puedes enriquecer y que los demás se queden sin nada. "Todo para mí y nada para los demás", una máxima que se ha llevado a cabo en muchos conflictos: con los obreros, al quitarles derechos; con los nativos, al casi exterminarlos; con los países menos desarrollados a imponerles cláusulas abusivas que los países comerciantes más poderosos no cumplen; etc...

Además del fundamentalismo, Estados Unidos ha visto otro enemigo en el "nacionalismo independiente", lo que supuso la caída de Nasser en Egipto, por querer salirse del guión, o en Asia Oriental (Vietnam, Birmania, Indonesia), países que intentaron llevar una política independiente y quedaron destrozados por unas brutales guerras postcoloniales.

El autor también dedica varios capítulos a examinar las cuestiones de Cuba, Irán y Palestina. En el caso de Cuba, dice que el país pasó de manos de España a Estados Unidos hasta que en 1959 se independizó. Según Chomsky, los sucesivos presidentes americanos aprobaron sabotajes en las fábricas cubanas con ciertos de muertos para paralizar al país díscolo, al que sometieron a todo tipo de sanciones para evitar que cundiese el ejemplo en Latinoamérica de que una masa popular podía cambiar las cosas. Hay que recordar que la "doctrina Monroe" de 1823 establece que a EE.UU. le corresponde su hemisferio occidental, lo que incluye a México y Cuba.

En el caso de Irán, el autor relata que en 1953 Irán gozaba de un régimen parlamentario pero impuso la dictadura del "sha", el cual fue derrocado en 1979 en otro movimiento popular pronto liderado por los ayatolás. A Irán se le hizo la vida imposible desde entonces, primero con una guerra contra Sadam Hussein, luego con maniobras navales en su costa y el derribo de un avión civil que dejó claro que la Armada americana podía alcanzar el suelo iraní. El país se convirtió en un paria internacional, lo mismo que Cuba, y las cosas fueron a peor cuando desarrolló una industria nuclear, no se sabe si para fabricar armas aunque se supone que no porque firmó el tratado de no proliferación de armas nucleares. En todo caso, Chomsky señala que Irán tras ver lo que le pasó a su vecino Irak, adoptó la táctica de disuasión nuclear como una estrategia defensiva, por lo que se ha librado de la invasión hasta ahora.

En el caso de Palestina, Chomsky se extiende largo y tendido con la situación de "injusticia" que se vive en suelo palestino, una "prisión" dentro de Israel. El autor se queja de que los palestinos son ahora los nuevos "negros" como los del apartheid sudafricano, el cual se desmoronó como un castillo de naipes cuando EE.UU. le retiró el apoyo al régimen de Pretoria. En el caso palestino, el autor dice que los nativos aceptaron los acuerdos de Oslo pero que, al poco, continuaron los ataques israelís con el apoyo de EE.UU. Tampoco gustó que los palestinos votasen a Hamás, opción que no gustaba a la primera potencia, por lo que se intentó un golpe de Estado que también fracasó. En los últimos años, crecieron los asentamientos de colonos en Gaza y Cisjordania, según comenta el autor, se convirtieron en el  mayor campo de prisioneros a campo libre, con ataques a sus fuentes de agua potable o desproporcionadas represalias por incidentes o actos violentos aislados. En este caso, Chomsky dice que aquí se obra impunemente porque hay un claro respaldo de USA. Si algún presidente deja de tener interés en Oriente Medio, la situación podría dar un giro.

Respecto a la amenaza nuclear, Chomsky recuerda casos en los que altos cargos de USA o la URSS reconocieron haber sorteado de casualidad una guerra nuclear. Finalmente, se evitó porque Jrushchov ofreció retirar sus misiles de Cuba a cambio de que EE.UU. no invadiese la isla y se llevase los misiles obsoletos de Turquía. Del mismo modo, hubo falsas alarmas que acabaron en nada porque los pilotos de los cazas o los comandantes de los submarinos no se tomaron en serio las órdenes y no apretaron el botón rojo. Pero Chomsky dice que aunque nos hayamos salvado hasta ahora de pura chiripa no quiere decir que más tarde haya una conflagración nuclear.

Chomsky reprocha que los más poderosos no respeten los derechos de los más débiles y solo los apliquen cuando les interesa. Cree que la potencia hegemónica mundial, que se "vende" como benévola, tiene miles de muertes de civiles en Sudamérica y Oriente Medio que esconder bajo la alfombra.

Otra de las cuestiones que señala es que en los años 60 no había tal amenaza nuclear soviética porque tenían peores misiles y menor número que Estados Unidos, que sí era realmente una superpotencia nuclear, mucho más poderosa que la rusa. Incluso Jrushchov, que ya había desarrollado un programa para desarmarse, se ofreció a reducir drásticamente el armamento intercontinental de ambos países para librar al mundo de una guerra nuclear pero EE.UU. no quiso, entre otras cosas por el viejo argumento de que "nosotros tenemos la bomba y los otros no".
También hubo otra oferta de paz de Jrushchov para abandonar Alemania del Este y liberarla a cambio de que el país unificado no formase parte de la OTAN, lo que no fue aceptado. Luego, Gorbachov liberó el Este y logró un supuesto acuerdo verbal por el que había un compromiso para que esos países no fuesen incorporados a la OTAN, un pacto de caballeros que tampoco se llegó a cumplir, según comenta el autor. Sus fuentes en general son informes internos de la Administración y cuentan una historia distinta a la oficial y conocida hasta ahora o que ignora el público occidental.

En definitiva, Chomsky sostiene que desde que terminó la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos se erigió con una industria cuatro veces superior a la de la Gran Depresión y con una gran red comercial sobre Europa y Asia devastados. Desde entonces es la única potencia hegemónica del mundo y lo ha conformado en función del reparto de papeles, por lo que aplica su derecho según le interesa pero a los demás, sobre todo si son países pobres o irrelevantes, no les reconoce tales derechos, ya sea en la economía (proteccionismo interior, libre comercio y neoliberalismo exterior). Si alguien se sale del guión, suele haber en seguida un golpe de Estado, caso de Irán en 1953 o de Chile en 1973, para que las cosas sigan como estaban. Tiene su lógica ya que Estados Unidos sigue, como haría cualquier otro, sus propios intereses y además puede hacerlo por su gran poder armamentístico que eclipsa el de sus rivales menores por no decir los tercermundistas. Chomsky dice que EE.UU. se quedó sin la excusa de la URSS para explicar determinadas guerras contra "nacionalismos" emergentes que desafiaban la doctrina de 1945 y que recurrió a otra más floja, la de luchar contra la creciente sofisticación armamentística del Tercer Mundo.

En los últimos capítulos, Chomsky repasa el mandato de Kennedy y su corte de Camelot y lo culpa de haber rechazado una posibilidad de paz en Vietnam, que se acababa de independizar de los colonialistas franceses, tras lo cual hubo una escalada de violencia. Reprocha que un bombardeo a unos campesinos inocentes de Laos fuese justificado como un modo de no tener parados los aviones aunque oficialmente se argumentó que era la forma de cortar los suministros al ejército. El resultado fue que tras devastadores años de guerra, Vietnam quedó reducido a cenizas y sometido a una dictadura, lo mismo que Birmania, con los Jemeres Rojos. El autor es crítico con el mandato de Kennedy, entre otros episodios por dar órdenes para sabotear Cuba o invadirla, una doctrina que siguió años después con el embargo. Considera que EE.UU., tras la guerra con España en el siglo XIX, se apropió de la isla y le impidió ser independiente.

La tesis principal de Chomsky es que detrás del comportamiento de Estados Unidos hay un "pensamiento imperial" de dominar el mundo y repartir funciones. Así se explica que EE.UU. se alarme cuando la flota china se acerca al borde de sus aguas jurisdiccionales chinas, fuera de las cuales suele haber naves y bases estadounidenses,  cuando la verdadera alarma sería si la flota China merodearía por las costas de California. Es decir, el autor señala que EE.UU. ha dominado el mundo y cualquier cosa que "desestabilice" ese orden supone una amenaza a su autoridad imperial. Aunque el país se vende como el país de las libertades y la democracia, esos derechos se los guarda para sí mismos mientras que el resto de los países, mucho más débiles, deben acatar las reglas. La "estabilidad" es preservar el orden mundial en el que USA domina el mundo, siempre según las palabras de Chomsky. Una vez entendida dicha mentalidad "imperial" se empiezan a comprender las intervenciones ante las "amenazas a la estabilidad" que propugna EE.UU. porque suponen una amenaza a su control total del planeta y porqué sus actuaciones generan gran resistencia entre los habitantes de muchos países de Oriente Medio, Asia o Latinoamérica. El autor dice que gran parte del pueblo americano ignora los detalles macabros de cómo se impone esta autoridad y que lo que hace él es contar la historia como realmente ocurrió sin edulcorarla con un halo propagandístico.

En el capítulo final, Chomsky concluye que hay dos poderes globales: EE.UU. y la opinión pública, pues la opinión de los ciudadanos y las encuestas son las únicas capaces de disuadir a las grandes potencias e impedir que algunas guerras, como la de Irak, empeoren aún más. Esta vez, ocurrió lo mismo que en Sudamérica en los años 60, 70 y 80 pero ha salido a la luz pública.

Luego, el autor hace un resumen de las tres goteras por las que se le escapa el poder a EE.UU. desde el inicio del siglo XXI: por un lado, China intenta abrir una nueva Ruta de la Seda a golpe de talonario para evitar la interferencia estadounidense, que considera el Pacífico como un lago americano y no deja que ningún país se mueva de la foto, En este caso, China intenta alcanzar un puerto de Pakistán mediante autopistas, subvenciones y acuerdos. De esta forma alcanzaría Oriente Medio y sus recursos energéticos. Además, China ha creado una especie de FMI asiático para financiar proyectos en Asia y África. El gigante asiático construye autopistas y tiende líneas de trenes de alta velocidad para alcanzar Europa eludiendo la vigilancia naval norteamericana,

La segunda creación de un gran poder mundial es Europa sobre todo si se unifica desde Lisboa a Vladisvostov, algo difícil de conseguir, sobre todo porque Rusia se opone al expansionismo de la OTAN hacia Ucrania, en la misma frontera rusa. Esta situación hace que se esté cocinando a fuego lento una nueva guerra fría pero Chomsky comprende la actitud de Rusia porque, poniéndonos en el lugar del Kremlim, pasaría lo mismo si los rusos ampliasen el tratado de Varsovia a México y Canadá atrapando a EE.UU. en una ratonera rodeados de misiles intercontinentales. Según el autor, eso es lo mismo que pasa ahora con la OTAN en el Báltico y a las puertas de Ucrania. Putin se siente acosado.

 Chomsky sostiene que en Europa el ciudadano es donde mejor percibe la pérdida de poder democrático: por un lado, los burócratas de Bruselas toman las decisiones por encima de los parlamentos nacionales, que han perdido su soberanía y que deben aceptar políticas de austeridad. Por otro, las corporaciones y los "lobbies" empresariales deciden las políticas más adecuadas que les interesan para sus tratados comerciales. Finalmente, los "mercados" se han impuesto como la opinión que realmente cuenta frente a la opinión del ciudadano, que se convierte en un mero "observador", como en el mundo liberal del siglo XIX, Esta progresiva pérdida de confianza en los partidos de la izquierda (que siguen políticas neoliberales) hace que el ciudadano ya no los considere una alternativa fiable y se inclina por votar a partidos populistas, ya sea de derechas o de izquierdas.
La cúpula europea desdeña la ignorancia de los ciudadanos "malolientes", como decían los generales en el siglo XVIII de la plebe que ganó la guerra de la Independencia de EE.UU. una fuerza decisiva de guerrilleros que luego fue apartada de las decisiones importantes.

Finalmente, Chomsky habla de los yihadistas o guerrilleros. Sostiene que las guerrillas españolas ganaron la guerra al invasor Napoleón en el siglo XIX y que la experiencia ha demostrado que un ejército regular no se puede ganar una guerra contra el populacho, pues es una guerra perdida. Sostiene que cada vez que EE.UU. bombardea un país, se duplican o triplican los seguidores yihadistas, entre otras cosas porque mueren inocentes y gente que debería tener derecho a la presunción de la inocencia que instauró la Carta Magna inglesa hace mil años. Viene a decir que los bombardeos fabrican radicales terroristas. Por otra parte, estas guerras en Oriente Próximo han generado millones de refugiados que se encaminan hacia Europa. la cual carece de recursos y una política para hacer frente al drama humanitario que provoca la espiral de violencia.

Una de las prediciones de Chomsky es que los asesinatos selectivos de miembros de la cúpula de los yihadistas no va a arreglar nada porque los jefes caídos pronto son sustituidos por otros más jóvenes, más sanguinarios y con más dinamismo y ganas de hacer cosas. Dice, por ejemplo, dos años antes, de la hipotética muerte del líder del EI (se comenta ahora que murió en un bombardeo ruso), que esa baja no haría más que agravar aún más el problema porque le reemplazaría un líder aún peor y más dinámico,

En esencia, estos son ahora nuevos poderes los que emergen y que están cambiando el control del mundo lentamente.

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