lunes, 29 de abril de 2019

"¿Quién le hacía la cena a Adam Smith?", de Katrine Marçal (2012)

Resumen del libro "¿Quién le hacía la cena a Adam Smith?", de Katrine Marçal (2012)

Resumen original y actualizado en:
https://evpitasociologia.blogspot.com/2019/05/quien-le-hacia-la-cena-adam-smith-de.html

Resumen elaborado por E.V.Pita, doctor en Comunicación y licenciado en Sociología y Derecho

Sociología, economía política, libre mercado

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Ficha técnica

Título: "¿Quién le hacía la cena a Adam Smith?"

Subtítulo: Una historia de las mujeres y la economía

Título en sueco: "Det enda könet"

Autora: Katrine Marçal

Publicado en Estocolmo, Suecia, 2012

El resumen se realiza de una segunda versión, posiblemente escrita en el 2014 o 2015.

Editorial en español: Penguin Random House Grupo Editorial, Barcelona, 2016

Número de páginas: 220

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Biografía de la autora

Katrine Marçal es la jefa de opinión de Aftonbladet, el principal periódico de Suecia, donde escribe sobre política, economía y feminismo. Vive en Londres.

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Texto de la contraportada

"La economía vista desde un prisma totalmente distinto y feminista (...) Audaz e iluminador". Will Hutton

Adam Smith, el padre de la economía moderna, escribió que no era por la benevolencia del carnicero y el panadero por lo que podíamos comer cada noche, sino porque ambos se preocupaban por su propio bienestar, así, el ánimo de lucro hacía girar el mundo y nació el Homo economicus. Cínico y egoísta, el Homo economicus ha dominado nuestra concepción del mundo desde entonces y su influencia se ha extendido desde el mercado hasta la manera como compramos, trabajamos y flirteamos. Sin embargo, Adam Smith cenaba cada noche gracias a que su madre le preparaba la cena y no lo hacía por egoísmo, sino por amor.

Hoy la economía se centra en el interés propio y excluye cualquier otra motivación. Ignora el trabajo no remunerado de criar, cuidar, limpiar y cocinar. E insiste en que si a las mujeres se les paga menos es porque su trabajo vale menos, ¿por qué si no? La economía nos ha contado una historia sobre cómo funciona el mundo y nos la hemos creído hasta el final. Pero ha llegada el momento de cambiar esa historia. En esta atrevida mirada a la crisis actual, Katrine Marçal se enfrenta al mayor mito de la actualidad y nos anima a acabar con el Homo economicus de una vez por todas".

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RESUMEN

1. En el que nos adentramos en el universo de la economía y nos preguntamos quién era la madre de Adam Smith.

2. En el que nos presentan al hombre económico y vemos lo tremendamente seductor que es

3. En el que queda claro que el hombre económico no es mujer

4. En el que nos damos cuenta de que nuestro pacto con el hombre económico no ha dado los resultados que esperábamos

5. En el que añadimos las mujeres a la mezcla y agitamos

6. En el que Las Vegas y Wall Street confluyen

7. En el que la economía mundial se va al garete

8. En el que advertimos que los hombres tampoco son como el hombre económico.

9. En el que resulta que los incentivos económicos no funcionan de forma tan sencilla como pensamos

10. En el que razonamos que uno no es egoísta solo porque quiera más dinero

11. En el que constatamos que uno menos uno sigue siendo cero

12. En el que todos nos convertimos en emprendedores

13. En el que constatamos que un útero no es una cápsula espacial

14. En el que descubrimos en el hombre económico una profundidad y unos miedos insospechados

15. En el que observamos que el protagonista del gran relato contemporáneo tiene un único sexo

16. En el que concluimos que cada sociedad sufre en consonancia con su grado de estupidez. Y, con ello, nos despedimos

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RESUMEN

Comentarios iniciales: La autora considera que el "homo economicus" (el individuo racional que actúa egoístamente y en su propio interés de forma que la suma de egoísmos beneficia a toda la sociedad) es una falacia de la Ilustración y que la realidad es que hay un gran remanente de solidaridad y un trabajo no remunerado efectuado por las mujeres en el hogar y el cuidado de los niños. De ahí, el título del libro: "¿Quién le hacía la cena a Adam Smith?". Era su madre, la cual no cobraba por servir la comida a su hijo, el cual disponía de tiempo libre para meditar y escribir sobre sus elucubraciones económicas. De fondo, trasluce una crítica al libre mercado, demasiado simplista, y que ignora el profundo papel desempeñado por la acción pública. La autora hunde la imagen del "Homo economicus" pues dice que, o bien es una falacia que no existe, o a lo sumo tendría la mentalidad egoísta de un niño de 4 años. De hecho, dice que el protagonista de su historia "no existe" ni se parece a nadie de la realidad. Al igual que otros autores, cree que esta visión seductora nos la han inculcado hasta formar parte de nosotros hasta permitir que predomine sobre otros valores en nuestra vida diaria.

Capítulo 1

La autora arranca el libro recordando que feminismo y economía van de la mano: la escritora Virginia Wolf quería una habitación propia y eso cuesta dinero. Indica que el objetivo del movimiento feminista fue hacerse con dinero y otros privilegios tradicionales acaparados por los hombres a cambio de cosas como "el derecho a llorar en público". 

Marçal recuerda el fatídico 15 de septiembre del 2008, cuando Lehman Brothers se declaró en quiebra y arrastró consigo a millones de empleados por todo el mundo. La autora recuerda que nos habían dicho que si estábamos callados y no dábamos la lata, el sistema funcionaría por sí solo, bastaba con que dejásemos la economía en manos de expertos, pero era mentira. Todo iba a cambiar pero, en el 2014, el sector financiero se ha recuperado y los beneficios, salarios, dividendos y primas volvieron a su nivel previo a la crisis.

La autora sostiene que los fondos islandeses dirigidos por mujeres lograron sobrevivir porque los hombres superhormonados asumieron riesgos excesivos. Dice que un mundo donde las mujeres dominasen Wall Street sería radicalmente diferente del actual (habría una Lehman Sisters que seguiría todavía en funcionamiento sin sobreesponerse al mercado sobredimensionado mercado inmobiliario estadounidense).

Marçal insiste en que la mujer ha trabajado siempre pero ahora ha cambiado el trabajo de casa por la oficina (la mitad de la población ha trasladado el grueso de su actividad de la esfera doméstica al mercado). Lo califica como un cambio social y económico enorme, "hemos saltado de un sistema económico a otro sin darnos realmente cuenta del salto".  De cuatro hijos se pasó a una ejecutiva con su bebé en el maletín o a una joven de clase obrera adolescente con un bebé en un piso de protección oficial. Pero incluso en Suecia las mujeres ganan menos que los hombres y hay pocas en puestos de mando. Ironiza con que el presidente de la FED suele ser nombrado "hombre del año" por bajar los tipos de interés y salvar la civilización occidental.

La autora se pregunta ¿cómo llegamos a tener nuestra comida en la mesa? Se pregunta por qué recorrimos al egoísmo en vez del amor (un bien escaso). Adam Smith indicó que "No de la benevolencia del carnicero, el cervecero y del panadero, sino de sus miras al interés propio, es de quién esperamos y debemos esperar nuestro alimento". Mientras el interés propio es inagotable, el amor es un bien escaso (mejor guardarlo para usos privados). "Adam Smith nos contó el cuento de por qué el libre mercado era la mejor manera de crear una economía eficaz, introducía las ideas radicales de libertad y autonomía". Eliminando aranceles y regulaciones, la economía marchará sobre ruedas y el pan nos esperará todos los días en la estantería del supermercado (y no en las estanterías vacías de la Unión Soviética). La idea es que la gente hace lo que hace para obtener algún beneficio, no es muy halagador pero es la realidad, es el principio rector que cohesiona la realidad "como una mano invisible". Esa es la paradoja, dice la autora.

Respecto a la "mano invisible" (todo lo mueve, lo controla todo, lo decide todo sin verla ni percibirla) es algo que surge de las acciones y decisiones individuales (una mano que hace girar el sistema desde el interior). Está en sintonía como que lo dijo el físico Newton y sus leyes del Sistema Solar (un dispositivo automático que giraba solo). En realidad, una vez descifradas estas leyes, la sociedad sería un reloj que funcionase a la perfección. De ahí surgió una economía lógica, racional y predecible.

La autora indica que "muchos queremos vivir en una economía de mercado pero no en una sociedad de mercado aunque lo uno va con lo otro". 

"Cuando Adam Smith se sentaba a cenar, pensaba que si tenía la comida en la mesa no era porque les cayera bien el carnicero y al panadero, sino porque estos perseguían sus propios intereses por medio del comecio. Era, por tanto, el interés propio el que le servía la cena. Sin embargo, ¿era así realmente? ¿Quién le preparaba, a la hora de la verdad, ese filete a Adam Smith? Él nunca se casó. El padre de la ciencia económica vivió la mayor parte de su vida con su madre, que se encargaba de la casa mientras un primo gestionaba las finanzas". La autora añade que la madre se mudó a vivir con su hijo a Edimburgo y que lo cuidó siempre. "Ella es la parte que Adam Smith pasó por alto", dice Marçal. El carnicero, el panadero y el cervecero tenían esposas, madres o hermanas que dedicaban horas a cuidar a los niños, limpiar el hogar, preparar la comida, lavar la ropa, servir de paño de lágrimas y discutir con los vecinos. "El mercado se basa siempre en otro tipo de economía que raramente tenemos en cuenta", dice la autora. Se queja de que nadie reconoce en el PIB el trabajo de la niña de 11 años que recorre todos los días 15 kilómetros para recoger agua o leña para su familia. El trabajo femenino en el hogar no se considera "trabajo productivo" en los modelos económicos estándar. "Fuera del alcance de la mano invisible se encuentra el sexo invisible", dice. Así como hay un "segundo sexo" hay una "segunda economía" que ayuda a hacer "el trabajo que cuenta".

La autora recalca: "Adam Smith logró responder la pregunta fundamental de la Economía solo a medias. Si tenía asegurada la comida no era solo porque los comerciantes sirvieran a sus intereses propios sino que también la tenía asegurada porque su madre se encargaba de ponérsela en la mesa todos los días". La economía se cimienta no solo en una "mano invisible" sino también en un "corazón invisible" (una visión demasiado idealizada de los deberes de la mujer, según dice Marçal). El cuento de Smith es que el egoísmo y la codicia, gracias a la mano invisible, se puede transformar en armonía y equilibrio.

Capítulo 2

La autora compara al "hombre económico" con el náufrago Robinson Crusoe como un emprendedor moderno libre de la opresión que tomaba decisiones óptimas: vive aislado (el consabido "ceteris paribus" de los economistas para aislar una variable sin que cambien las demás) y no se haya sujeto a leyes ni códigos sociales. Actúa solo movido por el interés propio. En el mercado, somos libres e independientes como Crusoe. Pero la autora replica que el náufrago usaba herramientas (hechas previamente por fabricantes) para hacer cosas en la isla y dominar la naturaleza. James Joyce lo describió como "terquedad, inteligencia lenta pero eficaz, apatía sexual y cálculo taciturno". La autora añade: "Robinson Crusoe es ante todo un paradigma del hombre económico, el Homo economicus.

Según la autora, la ciencia decidió que su objeto de estudio iba a ser el individuo y precisó crear un relato simplificado acerca de cómo este individuo actuaba. Así nació el modelo de conducta humana que ha definido nuestro pensamiento económico". El hombre económico es seductor, se guía por el sentido común y es racional y tiene un deseo ilimitado de poseer cosas y elige ante la escasez según un coste de oportunidad o preferencias, y también es enormemente predecible (lo que se puede expresar matemáticamente) y preverse su comportamiento. Lucha y dice: "Esto es mío". Los modelos estándar de los economistas dicen que esta persona, básicamente, es la esencia de lo que somos. "Al final de la película, el hombre económico cabalga siempre solitario hacia el atardecer". Por ello, critica la autora, "los sentimientos, el altruismo, la compasión y la solidaridad no forman parte de las teorías económicas estándar". Sin abejas egoístas no hay miel. El egoísmo y la codicia como valores morales. No hay sociedad, solo individuos.

La autora lamenta que el "cuento bonito" del mercado que iba a traer paz y armonía gracias al comercio impulsado por el egoísmo desembocó en dos guerras mundiales, experiencia que demuestra que el hombre no es tan simple.

Capítulo 3

La autora indica dónde encaja la mujer en el libre mercado: "Mientras el hombre ha representado el interés propio, la mujer ha venido a representar el frágil amor que debe ahorrarse y preservarse. Mediante su exclusión". Criar a hijos o lavar la ropa no eran bienes tangibles que se pudiesen intercambiar por lo que el trabajo femenino (tareas del hogar cíclicas) se volvió invisible. Gary Becker empezó a cuantificar ese trabajo doméstico, la discriminación y la vida familiar en sus modelos económicos (algo que criticó el filósofo Foucault). Los economistas de Chicago razonaron: ¿Por qué la mujer se casa? Para maximizar sus beneficios ¿Por qué la gente se divorcia? Para maximizar sus beneficios. ¿Por qué trae hijos al mundo? Para maximizar sus beneficios. Si las mujeres ganaban menos era porque merecían cobrar menos pues el mercado siempre tenía razón (tenían salarios bajos porque eran menos productivas porque en vez de ver la tele como el hombre tras volver del trabajo se dedicaban a hacer tareas domésticas y se cansaban más). La autora replica que muchas mujeres estudiaron pero siguieron ganando menos y ve discriminación. Añade que no hay nada que la haga más adecuada biológicamente para el trabajo doméstico. Aunque se piense que especializar los trabajos y dedicarse la mujer al hogar para maximizar la utilidad familiar tiene un pero: el hombre trae el dinero y hay un desequilibrio de poder.

El hombre económico (racional y conquistador del mundo) se contrapone a la mujer (con sentimientos. dependiente, afectuosa, abnegada): "Alguien tiene que cocinar ese filete para que Adam Smith pueda decir que quien cocina el filete no importa", dice la autora.

Capítulo 4

La autora examina el "crecimiento económico", una solución a la crisis impulsada por Keynes. El objetivo era salir de la pobreza y luego dedicarnos al arte de vivir bien y deshacerse del hombre económico, al que veía como un individuo con tendencias criminales y patológicas que daban escalofríos. Pero una vez que fuimos ricos, el sueño no se ha cumplido y la sociedad sigue obsesionada con la economía (el hombre económico no se ha hecho a un lado, ha tomado el mando).

La autora critica libros como Freakonomics, donde explica la vida cotidiana (como encontrar pareja) desde los incentivos económicos. El libro defiende que la lógica del mercado explica todos los aspectos del ser humano, nuestro pensamiento y conducta. Se aplica a todo: al placer, al arte... en vez de examinar cómo funcionan realmente los mercados (demasiado inclinados hacia los más ricos, dice la autora). Ser libre es como decir que no se tiene nada que perder.
 A pesar de todo ello, los problemas económicos en el mundo están lejos de ser resueltos (países ricos y otros en extrema pobreza, donde se defiende que países pobres acepten industrias contaminantes o residuos tóxicos porque es lo "más racional". Pero aunque la lógica económica es impecable y aplastante, el razonamiento es demencial).

Capítulo 5

La autora examina el trabajo femenino. Al entrar en el mercado remunerado, la mujer se ha liberado de parte de las tareas domésticas (que aunque requieren un gran esfuerzo, como carretar 10 kilómetros un cubo de agua o buscar leña para el fuego, no son incluidas en las estadísticas del PIB. Hay un chiste de economistas: Si un hombre se casa con su ama de llaves, disminuye el PIB). Allí, la mujer también se convierte en un hombre económico y demostrar su valía, lo que es una forma de excluirla. En Canadá, calcularon que el trabajo no remunerado en casa supone el 30 % del PIB.

A ello se suma la depresión de las amas de casa ricas y de las estudiantes con más altas calificaciones por la sensación de no estar a la altura, las mujeres de Occidente se sienten más desgraciadas en las últimas décadas (Se les dice: sé más firme y enérgica en tu trabajo, reduce tu jornada laboral, encuentra la pareja adecuada, organízate mejor, simplifica tu vida, vacía y ordena tu bolso, practica tu yoga y mira el reloj). [ nota del lector: y ahora ordena tu armario según las técnicas de la japonesa Mari Kondo] La autora añade: La mujer se convierte en una bomba de fertilidad que estalla justo cuando va a ser ascendida en su trabajo. O lo haces todo o eres una inúltil, parece ser el mensaje. Se las incitó a competir (como haría un hombre) en vez de dejarlas ser ellas mismas.

Capítulo 6

Examina la introducción de los cálculos y modelos matemáticos en la guerra (calcular la posición futura de un avión para derribarlo a cañonazos) o en la economía (actividad financiera convertida en casino, teoría de juegos en la que el mercado es puro azar y no tiene memoria, de forma que no se pueden formar burbujas porque el mercado las corregirá). Pero la autora replica que la economía no es física pura pues los mercados dependen de personas que tienen sentimientos y las hace impredecibles.

Este razonamiento se basa en tres axiomas: 1) los inversores y compradores son racionales 2) todo el mundo tiene acceso a la misma información y la interpreta de las misma manera 3) ambas partes adoptan sus decisiones de forma independiente sin influencia mutua.
Por tanto, el mercado es eficiente se erige como una inteligencia colectiva superior que nos dirige, disciplina y no puede estar equivocado. La teoría matemática lo expresa como una oferta y demanda. Pero todo esto funciona en un mundo estático, solo es una historia reconfortante para no tener que hacer colas como en la antigua URSS, dice la autora. "El mercado eficiente es el mayor error de la historia económica financiera", dice. Hasta George Soros dice que el mercado funciona mal "siempre". El 15 de septiembre del 2008 se acabó con esas teorías del mercado.



Capítulo 7

La autora echa un vistazo a cómo se desarrolló la crisis del 2008 en la que la economía financiera estaba automatizada por programas robotizados. Recordó que la economía se basa en "el cuerpo humano; hay cuerpos que trabajan, cuerpos que necesitan cuidados, cuerpos que crean otros cuerpos, que nacen, mueren, tienen sexo y una sociedad que organiza esto".

Capítulo 8

La autora comenta que psicólogos como Kahneman y Tversky que estudiaron cómo el hombre se preocupa más por minimizar los riesgos y las pérdidas que por maximizar los beneficios. Preferimos que las cosas sigan igual y no ganemos nada. "Las personas reales estamos dispuestas a cooperar, el hombre económico solo lo hace cuando sale ganando algo", dice. Recalca que las personas reales no son egoístas. Solo los niños de parvularios agarran todo lo que pueden, como el hombre económico. "No existe sociedad humana cuya fuerza sea la codicia y el miedo, el interés propio y la racionalidad; una sociedad así nunca funcionaría", dice. Dice que el mercado (tras las crisis de los 90 y del 2008 que nadie previó) ha generado muchos fallos y "está lejos de ser un armonioso reloj sino que es más complicado. En el mejor de los casos es una simplificación, en el peor, una alucinación total".

Capítulo 9

La autora relata cómo "los mercados" son una parte más del mundo y "hablan" y se pronuncian como si tuvieran emociones humanas sobre cualquier cosa.Si están deprimidos, la sociedad les hace ofrenda de dinero (inyección de capital público) para que sigan funcionando. El consumo es su sangre.
El mercado se aplica incluso para explicar el comportamiento de una esposa y un marido: ella puede "incentivarle" con 3 noches de pasión para que él llegue más contento del trabajo. Pero la autora dice que la sexualidad es un juego y no un sistema de recompensas ni un instrumento para hacer feliz al hombre. Se puede "disfrazar" pero es algo muy antiguo. Estas compensaciones pueden dar resultados perversos y cambiar la naturaleza de la situación (padres que llevan más tarde a los hijos a la guardería, profesores que inflan las notas de sus alumnos porque cobran por resultados, accionistas que recompran sus acciones porque les pagan por subir su valor y vecinos de Suiza que aceptan por compromiso ciudadano instalar una planta nuclear en su barrio pero que se niegan si se les ofrece dinero). "El hombre económico acaba con las consideraciones morales, emocionales y culturales; los principios de mercado no explican las cosas importantes de la vida", dice la autora.

Capítulo 10

La autora enumera diversas acciones solidarias de las mujeres, como las enfermeras británicas de la guerra de Crimea. Aunque trabajaban por solidaridad también querían cobrar un salario sin pensar que eso fuese indecoroso. Pero el cuidado de los demás puede desaparecer como satisfación si se añade la motivación del dinero. Pero también es cierto que el dinero es una forma de valorar ese trabajo, y por ello, las mujeres trabajadoras también quieren cobrar lo mismo que los hombres. Para preservar el amor y los cuidados hay que apoyarlos con recursos. Deberían haber reorganizado la economía en torno a lo que era importante para la gente.

Capítulo 11

La autora relata que distintas teorías neoliberales (como la curva de Laffer de desempleo e inflación y la teoría del goteo: si a los ricos se les rebaja impuestos, a los pobres les irá bien aunque en realidad aumentó la desigualdad) se vendieron como la "única alternativa" pero ella replica que "efectivamente no hay ninguna alternativa si seguimos intentando parecernos al hombre económico.


Capítulo 12

Relata el éxito de Dubai, país que funciona como una empresa y donde los políticos se adaptan a lo que piden las empresas. Más que "laissez-faire" (que el Gobierno no interfiera en la economía), lo que quieren los neoliberales es guiar al Gobierno para que apoye la economía y difunda unas instituciones y leyes favorables que faciliten la competición y el comportamiento racional. Los políticos deben estar ocupados satisfaciendo las necesidades del mercado. Se introdujo el concepto de "capital humano", donde el obrero que recibe formación es una inversión (para Foucault, el obrero ya no vende su trabajo sino que se convirtió en un emprendedor de sí mismo, en una máquina) . En el neoliberalismo no hay trabajadores sino individuos. Si tienes éxito: invertiste bien, si fracasas, invertiste mal. Ha cambiado la noción de lo que significa ser un humano.

Capítulo 13

Decir que el hombre es un individuo está solo (un feto que flota en el espacio) es una fantasía. No es autosuficiente ni concuerda con la realidad.


Capítulo 13, 14, 15 y 16

En definitiva, la teoría económica actual es la visión corcondante con la élite dominante. Una visión en la que no hay mujeres. La economía más que ciencia es una religión y los economistas son sus sacerdotes que nos dicen que hay que tener fe respecto a sus ciegas suposiciones.

Sostiene que la teoría económica es más de lo mismo: el hombre económico domina gracias a su masculinidad. Todo lo demás (justicia, igualdad, servicios sociales) está subordinado a los beneficios. Es una visión discriminatoria hacia la mujer.

Concluye que el enfoque feminista es útil al buscar una solución a nuestros la desigualdad, al crecimiento de la población, las prestaciones sociales, la cuestión medioambiental, la escasez de cuidadores y va mucho más allá de la exigencia de los derechos de la mujer. Dice que la revolución feminista solo se ha consumado a medias y la economía debe ajustarse a la realidad.


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