domingo, 13 de junio de 2021

"La sexta extinción", de Elizabeth Kolbert (2015)

 Resumen del libro "La sexta extinción", de Elizabeth Kolbert (2014)

Resumen original y actualizado en el link:

https://evpitasociologia.blogspot.com/2021/06/la-sexta-extincion-de-elizabeth-kolbert.html

Resumen actualizado

Sociología, cambio climático, ecología, medio ambiente

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Ficha técnica:

Título: "La sexta extinción"

Subtítulo: Una historia nada natural

Título original: The Sixth Extinction. An Unnatural History.

Autora: Elizabeth Kolbert 

Publicado en inglés: 2015

Editorial en español: Crítica, Editorial Planeta, 2019

Número de páginas: 337

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Biografía de la autora Elizabeth Kolbert 

Elizabeth Kolbert (1961) es una periodista y escritora estadounidense especializada en temas científicos que trabaja desde 1999 para la revista The New Yorker. Es autora de otro libro de éxito, Field Notes from a Catastrophe (2006). Por La Sexta Extinción ganó, en 2015, el premio Pulitzer en la categoría de No Ficción y fue seleccionado para los New York Times Book Review's como uno de los mejores libros del año.

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Texto de la contraportada

"Los humanos somos testigos de un acontecimiento dramático: la extinción en masa de un gran número de especies. No es la primera vez que se ha producido en la Tierra - se conocen cinco anteriores, las "Cinco Grandes"- pero la sexta extinción nos atañe especialmente, no solo porque tiene lugar en el momento presente, sino porque somos responsables de ella. Elizabeth Kolbert, periodista y escritora especializada en temas científicos en The New Yorker, narra en este estremecedor libro la historia de esta extinción con claridad y rigor. Lo hace en trece capítulos, cada uno de ellos dedicado a seguir la pista de una especialidad de algún modo emblemática, como el mastondonte americano, el alca gigante o un amonites que desapareció al final del Cretácico junto a los dinosaurios. Las especies de los primeros capítulos ya se han extinguido, no así la de los restantes, en los que la autora nos transporta a lugares como las ya muy fragmentada selva amazónica, las pendientes cada vez más cálidas de los Andes o los márgenes del arrecife de la Gran Barrera, donde está desapareciendo a un ritmo cada vez más acelerado todo tipo de especies, animales y vegetales. Según sus cálculos, al final del siglo XXI habrá desaparecido entre el 20 % y el 50 % de todas las especies vivas que existían en la Tierra. 

"Si la extinción es un tema morboso - escribe Elizabeth Kolbert- la extinción en masa lo es mucho más. Pero también es fascinante. En las páginas que siguen intento transmitir los dos aspectos, la emoción de lo que estamos descubriendo y aprendiendo, y el horror de todo ello. Mi esperanza es que los lectores de este libro se lleven una mejor apreciación del momento verdaderamente extraordinario en que vivimos". 

Se trata en definitiva, de una de esas raras obras que nos ayudan no solo a comprender el presente, sino también a orientar el futuro, tarea con la que todos deberíamos estar comprometidos."

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   ÍNDICE

1. La Sexta Extinción

2. Los molares del mastondonte

3. El pingüino original

4. La suerte de los amonites

5. Bienvenidos al Antropoceno

6. El mar que nos rodea

7. Gotas de ácido

8. El bosque y los árboles

9. Islas de tierra seca

10. La  nueva Pangea

11. Una ecografía para el rinoceronte

12. El gen de la locura

13. Esa cosa con plumas

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RESUMEN

Quizás la imagen más impactante del libro sea cuando la autora viaja a Italia y va a un barranco de color blanco cortado por una línea negra de ceniza. Esa minúscula capa marca el cambio climático generado por el asteroide que extinguió a los dinosaurios hace 65 millones de años y ha aparecido en otros lugares del mundo. Lo más inquietante es que las formas de vida fosilizadas que se ven en grandes cantidades debajo de la capa, ya no aparecen por encima de la línea negra. Ese tramo que capa parece ausente de vida. 

La autora recuerda que cuando se produce una extinción en masa, se lleva a los débiles y debilita a los fuertes. Dice que los graptolitos en forma de "V" crecían por todos lados, luego desaparecieron por completo. Los amonites nadaron por los mares durante millones de años y luego se desvanecieron. Hay una frase del antropólogo Richard Leakey: "El Homo Sapiens corre el riesgo de convertirse en una de sus víctimas". El ecólogo Stanford Paul Ehrlich: "Al empujar a otras especies a la extinción, la Humanidad se afana en cortar la rama que la sostiene".

Elizabeth Kolbert advierte que las extinciones pueden ser "lentas" y afectar a las especies que se reproducen lentamente de forma tan gradual, quizás de cientos de años, que la pérdida de población baja cada año tan poco que pasa desapercibida hasta que se llega a un punto de no retorno y ya no es posible recuperar la población. [nota del lector: al leer el libro de la autora se llega a la conclusión de que esto mismo podría pasar a los humanos, ya que su reproducción es muy lenta].

La autora desdeña esas posibilidad de secuestrar carbono o construir ciudades en Marte o Titán y recuerda que para nosotros lo que cuenta es saber qué vías evolutivas se cerrarán para siempre. Quizás nuestros legados pictóricos sean admirados, dentro de millones de años, por ratas gigantes, quién sabe.

La primera extinción masiva fue en el Ordovídico (hace 475 millones de años ). Aparecen las primeras plantas terrestres.

La segunda extinción fue al final del Devónico (unos 375 millones de años atrás). Poco después, en el Carbonífero, surgen los primeros reptiles.

La tercera extinción fue a finales del Pérmico (sobre 250 millones de años atrás). 

La cuarta extinción se remota a finales del Triásico (200 millones de años atrás).

La quinta extinción fue hace 65 millones en el Cretácico. Se extinguieron los dinosaurios.

Las cinco extinciones ocasionaron fuertes caídas en la diversidad de las familias de especies. Si una sola especie de una familia superaba el evento, se contaba entre las supervivientes. El final del Pérmico fue especialmente brutal (hace 375 millones de años). Estas extinciones produjeron una eliminación significativa de la biota del mundo en un periodo de tiempo insignificante.

A partir de ahí comienza la era de los primates (Cenozoico) y los grandes simios (Cuaternario neógeno).
Sería ahora, desde el inicio de la era industrial o incluso de la Edad de Hielo, cuando se comienzan a extinguir la megafauna, el hombre de Neaderthaln y las grandes aves, supuestamente, por la invasión humana.

La autora arranca el libro en Panamá, donde las ranas doradas (la  Atelopus zeteki; altamente tóxicas) se extinguen misteriosamente. Los científicos del EVACC crean un laboratorio para salvarlas. Al desinfectarlas, las salvaron. Luego se descubre que era un hongo asesino que las mataba.

Elizabeth Kolbert trata luego la extinción del mastodonte, tras descubrirse por un barón francés (Charles le Moyne) varios fémures, molares y colmillos gigantes en Ohio (cerca de Cincinnati, en 1739) en el siglo XVIII en las praderas de NorteAmérica y, con grandes penurias, hicieron llegar varios huesos a París (todavía se conservan los molares gigantes en el Museo de Historia Natural de París). Se pensó que se trataba del único animal desaparecido. Finalmente, Cuvier descubrió que era una especie distinta y se preguntó qué le había pasado a esos animales para que ya no se encontraron ninguno vivo. En ese caso, eran los huesos de un mastodonte. Llegó un esqueleto gigante desde Argentina y lo llamó Megatherium (Bestia Gigante). Cuvier contó cuatro especies extinguidas y pensó que podía haber más. En 1800, ya habían localizado 20 especies desaparecidas (un alce enorme, un gran oso de las cavernas). Iba por los museos europeos y descubría nuevas especies desaparecidas (como las salamandras gigantes). Hasta descubrió un reptil volador (ptero-dáctilo). Y apareció una pata de mamut congelada en Siberia. El descubrimiento de un mundo anterior al nuestro fue un descubrimiento sensacional.
Más tarde se descubrió un "ictiosaurio". 
Eso dio la idea de que los mastodontes eran especies familiares de otras que vivían hoy pero si se cavaba más hondo encontrarían animales sin relación (y los mamíferos desaparecían del registro fósil).

A partir de ahí se elaboraron teorías como el "transformismo" (Lamarck), que decía que la "fuerza de la vida" empujaba a los animales a hacerse más complejos pero se oponía a la idea de la extinción. Cuvier rechazó el "transformismo" pero tampoco sabía cómo surgen los  nuevos organismos. Sí explicaba las extinciones por "algún tipo de catástrofe" de una magnitud mayor que los nunca vistos. Lo encajaba dentro del Diluvio (que resultaron ser restos de la última glaciación ... hace 10.000 años). Pero acertó en que la vida en la Tierra se vio perturbada por "acontecimientos terribles" de los que fueron víctimas "innumerables organismos" que cambiaban el curso de la Naturaleza y rompían el "hilo de las operaciones".
La autora desvela que la "misteriosa fuerza" que exterminó al mastodonte y al mamut coincide con la llamada extinción de la megafauna y las oleadas de llegadas de "humanos modernos". Los exterminadores fuimos nosotros mismos, dice la autora, en este interesantísimo capítulo.

En el siguiente capítulo, trata de los descubrimientos de Darwin, quien no tomó en cuenta las extinciones porque lo que él explicaba, alineado con Lyell (opuesto a la transmutación), era precisamente la "evolución" y "selección natural" de las especies. El capítulo trata la tragedia de las alcas gigantes, cuyo ultimo ejemplar fue matado en 1821 en Islandia en una remota isla de Islandia. Las alcas eran una plaga, anidaban por millares en la isla de Funk para poner un huevo al año, pero en un siglo fueron exterminadas por los codiciosos pescadores y, como cada vez había menos, los museos y coleccionistas querían tener un ejemplar, por lo que cada vez estaban más valoradas. Durante décadas los observadores avisaron de que había que poner freno a aquella matanza pero no se logró parar el exterminio. En todo caso, comenzó la conciencia ecológica en el siglo XIX y el Parlamento inglés prohibió disparar a las aves durante la época de nidificación (para permitir a las aves que cuidasen a los polluelos, y así permitir que se perpetuase la generación).
Darwin creía que la evolución era muy lenta por causas que obraban muy lentamente. En su tiempo desaparecieron el alca gigante, la tortuga de la isla de Charles, el dodo y la vaca marina de Steller. Todas fueron exterminadas por la misma especie que no era un rival competitivo ni evolutivo: era el hombre.

El siguiente capítulo aborda la capa de arcilla de Gubbio, en la Gola de Bottaccione, donde el geólogo Walter Álvarez descubrió por accidente en la garganta las primeras trazas del gigantesco asteroide que puso fin al Cretácico y provocó "el peor día para el planeta Tierra". Cuando el polvo se depositó en el suelo, habían desaparecido las tres cuartas partes de las especies de la Tierra. Una prueba es que los abundantes foraminíferos que estaban debajo de la capa negra solo vuelven a aparecer en un puñado de especies supervivientes, muy pequeñas, y el resto habían desaparecido de forma súbita (lo que contradecía a Darwin y Lyell, que abogaban por un extinción lenta y gradual). Su padre, el geólogo y premio Nobel Luis Álvarez le echó una mano y descubrieron enormes "picos" de iridio en otras capas del Cretácico en la isla Sur de Nueva Zelanda. Dedujeron que impactó un asteroide de diez kilómetros de diámetro hace 65 millones de años (equivalente a mil millones de bombas de hidrógeno). El artículo se publicó en 1980 en Science y se titula: "Extraterretial Cause for the Cretaceous Tertiary Extinction".
De ahí, Carl Sagan sacó la idea del "invierno nuclear".
Hay una gráfica de John Phillips que muestra que la diversidad de la vida se expande y contrae : Paleozoico, Mesozoico y Cenozoico. Hasta el propio Darwin había observado en El origen de las especies que la desaparición de los amonites era "asombrosamente súbita" pero sus herederos siguieron barajando la idea de una "extinción lenta", por lo que Walter Álvarez tuvo que luchar para cambiar su paradigma existente con su teoría catastrofista. Finalmente, se descubrió el cráter Chicxulub de 160 kilómetros de diámetro bajo la península de Yucatán (bajo 800 metros de sedimentos y las compañías petrolíferas creían que era un supervolcán submarino apagado y lo olvidaron). 
Actualmente se han encontrado capas de iridio en Europa, Nueva Zelanda (Sur), una playa nudista de Biarritz, el desierto de Túnez,  y un arrollo en los suburbios de Nueva Jersey (cerca de Princeton). 
La autora va con el doctor Landman a Princeton y se pone a excavar en el arrollo (de localización secreta) y extraen amonites.






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