lunes, 20 de junio de 2016

"Viaje a la libertad económica", de Daniel Lacalle (2013)

Resumen de "Viaje a la libertad económica", de Daniel Lacalle (2013)


Ver el resumen original en:
http://evpitasociologia.blogspot.com/2016/06/viaje-la-libertad-economica-de-daniel.html

Autor del resumen: E. V. Pita, licenciado en Sociología y Derecho

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Título: Viaje a la libertad económica.
Subtítulo: ¿Por qué el gasto esclaviza y la austeridad libera?

Autor: Daniel Lacalle

Año de publicación: 2013

Editorial: Barcelona: Grupo Planeta. Deusto

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Texto de la contraportada

"Los sistemas intervencionistas siempre piensan en los pobres, por eso crean millones de ellos cada año.
El prestigioso economista Daniel Lacalle nos propone en este ensayo un apasionante viaje alrededor de las principales ideologías que en materia económica y social pèrgeñan el mundo en el que vivimos"
"En dicho periplo no sólo conoceremos el propio recorrido ideológico del autor - en el que transitó, tras leer y conocer en persona a sus principales ideólogos, del colectivismo al liberalismo austríaco, plaza en la que izó la bandera de la libertad y la responsabilidad individual-, sino que entenderemos cómo han evolucionado hasta nuestros días las grandes corrientes de pensamientos tales como el colectivismo, el monetarismo o el liberalismo".
"Asimismo, entenderemos por qué, en los últimos tiempos de crisis económica, política y social, las distintas ideologías se han convertido en argumentos arrojadizos de tantos y tan reconocidos economistas - pues la ideología está siempre presente y emana ineludiblemente en sus planteamientos - y, por qué, a menudo también, dichas ideologías se han erigido en planes de ruta inamovibles al servicio de los más significativos políticos y gobernantes"

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Biografía de Daniel Lacalle (hasta 2013)

(Madrid, 1967). Lacalle es economista y gestor de fondos de inversión. Casado y con tres hijos, reside en Londres. Licenciado en Ciencias Empresariales por la Universidad Autonóma de Madrid posee el título de analista financiero internacional CIIA (Certified International Investment Analyst) y posgrado por el IESE (Universidad de Navarra).

Su carrera en gestión de carteras e inversión comenzó en el Hedge Fund Citadel, en Estados Unidos y Londres, y continuó en Ecofin Limited, abarcando renta variable, fija, capital riesgo y materias primas. Ha sido votado durante cinco años consecutivos en el Top 3 de los mejores gestores del Extel Survey, el ránking de Thomson Reuters, en las categorías estrategia general, petróleo y eléctricas.

Previamente a su etapa como gestor, trabajó como analista financiero en ABN Amro (hoy RBS) y llevó a cabo distintas responsabilidades en Repsol y Enagas, donde recibió el premio a la mejor OPV (IR Awards 2002)

Daniel Lacalle escribe una columna semanal en El Confidencial y colabora habitualmente en la CNBC, The Commentator y The Wall Street Journal. Ha escrito el libro Nosotros los mercados (Deusto).


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ÍNDICE

Primera parte: Despertar

Capítulo 1. Haz lo que quieras... pero con responsabilidad total.

Capítulo 2. Cómo despertarse de la utopía colectivista en unas vacaciones

Capítulo 3. Las soluciones máginas no existen

Capítulo 4. ¿Cuándo nos convencieron de que intervenir y destruir la moneda es social?

Capítulo 5. Todo lo que te han enseñado se está derrumbando

Capítulo 6. La libertad no es negociable

Capítulo 7. Hayek, Baby, Hayek... Y los indignados

Capítulo 8. Igualdad no, Prosperidad

Capítulo 9. El cuento del austericidio. Alemania tiene razón

Apéndice de un maestro y amigo

Segunda parte: Viaje por el mundo

Capítulo 10. Estímulos no, gracias

Capítulo 11. Reagan y Obama. Ni tanto ni tan calvo.

Capítulo 12. Japón. Nuevo perro, viejos trucos

Capítulo 13. ¡No paguemos las deudas!

Capítulo 14. La inflación que no existe pero usted paga

Capítulo 15. Bajar impuestos, ya

Capítulo 16. Ni paraísos ni infiernos fiscales. Competencia fiscal

Capítulo 17. No estamos equivocados. Thatcher y la importancia del individuo

Capítulo 18. Hiperregulación, un problema global

Capítulo 19. Venezuela, el bolivarianismo y la pesadilla del sueño colectivista.

Capítulo 20. No llores por mí, Argentina

Capítulo 21. La lección sueca: liberalizar y eliminar la "tasa Tontín"

Capítulo 22. Estonia no existe

Capítulo 23. Deuda destructiva y burbuja de bonos

Capítulo 24. Europa. Bienestar del Estado y desindustrialización. El "Depardieu silencioso"


Tercera parte: España

Capítulo 25: Gasto político

Capítulo 26: Con este paro "sí" se puede

Capítulo 27: Crear empleo y atraer capital

Capítulo 28: Bajar impuestos para recaudar más

Capítulo 29: Más facilitadores, menos obstructores

Capítulo 30: Menos gasto público, más apoyo sin coste

Capítulo 31: Capital riesgo y financiación privada

Capítulo 32: Acceso a propiedad

Capítulo 33: Eliminar subvenciones

Capítulo 34: Aprovechar el despilfarro en infraestructuras y vivienda

Capítulo 35: Energía abundante y barata

Capítulo final: Los unicornios más peligrosos.
El decálogo de William Boetcker.

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En esencia, Lacalle defiende la teoría liberal, que se caracteriza por bajos impuestos y menor gasto público. Parte de la base de que una atractiva fiscalidad puede atraer a los empresarios y la creación de negocios.


Lacalle se confiesa keynesiano hasta que conoció la doctrina de Hayes y aprendió a comprender la importancia del individuo frente al colectivismo. Señala que "los sistemas intervencionistas siempre piensan en los pobres, por eso crean millones de ellos". Lamenta que vivamos en una época de la "demonización" del ahorro (la época de la cigarra diciéndole a la hormiga que es tonta por trabajar tanto). Recalca que la inflación es un impuesto silencioso y no entiende cómo todo el mundo está empeñado en crear más. Insiste en que Keynes recomendó políticas anticíclicas pero en épocas de crisis mientras que durante la bonanza hay que ahorrar pero "a Keynes solo le hacen caso para gastar".
Respecto a la curva de Phillips (más inflación, igual a menos desempleo), sostiene que no funcionó en España en 1995, cuando había un 25 % de paro y un 9 % de inflación.

Añade que "sin un entorno de libertad económica, con aumento de renta disponible, ninguna medida expansiva funciona. Estas medidas de estímulo no son un derecho, son un privilegio que pueden permitirse las economías líderes porque cuando no funcionan pueden seguir contando con sectores privados innovadores y pujantes". Lo que hay que imitar es el dinamismo de los países ricos.


Para entender la posición del autor, hay que partir de la base de que Lacalle no nació en una choza en una remota región del rural ni tuvo que estudiar con becas ni trabajar de noche hasta llegar a ocupar el puesto donde está. De otra manera, tendría una visión más comprensiva del sector público y del servicio que la Administración presta a la comunidad para facilitar la igualdad de oportunidades. A estas críticas que le dicen que habla así porque le ha ido bien en la vida, responde (pp. 283): "Es cierto, pero también ha sido un camino lleno de fracasos y baches de los que aprendí todo lo que pude. Aposté por el trabajo duro y un entorno que premia el talento y el esfuerzo. Jamás cambiaría libertad por seguridad".

[nota del lector: Todo este discurso del esfuerzo personal es propio del liberalismo pero autores como Mason (2015) recuerdan que ese mensaje, que a primera vista parece sensato, tiene un reverso oscuro: viene a decir que la gente no sale de la pobreza porque es una vaga o inútil sin tener en cuenta que las condiciones de partida pueden ser de por sí excluyentes: nacer en una chabola en un gueto lleno de delincuencia y desde donde hay que caminar 10 km. al día hasta la escuela más cercana bajo una intensa lluvia y peligros constantes. Hasta el más brillante y talentoso niño tendría grandes posibilidades de seguir en la pobreza por mucho esfuerzo que hiciese].

Teniendo en cuenta esto, su visión bienintencionada está centrada en facilitar al máximo la creación de riqueza como forma de hacer prosperar en un país. Habla con crudeza y dice bastante verdades.

El autor es crítico con el modelo de bienestar. "Crear una Unión Europea a medida de este modelo de Estado es un peligro que profundiza la desindustrialización y pérdida de competitividad. Pero, sobre todo, es económicamente inviable. "Crear un modelo europeo en el que la mayoría seamos funcionarios dependiendo del dinero de los demás hace que los demás simplemente se vayan. Y replicarlo en España, con una economía cíclica y orientada a servicios y turismo, aún es peor".

Respecto al gasto público en España señala que el país jamás ha ingresado 410.000 millones de euros en impuestos, "ni en el pico de la burbuja". Gastar por encima de esas cifras, es autoengañarse. La única solución es reducir la deuda, no aumentar el déficit.

Un capítulo de gran interés es el que dedica al paro en España, y del que luego surge otro libro.
En primer lugar, señala que los emprendedores en España tienen que pagar impuestos desde el primer día mientras que en Westminster en los tres primeros años no paga nada. [nota del lector: quizás porque en Londres no hay tanta picaresca; aquí mucha gente se dedicaría a "emprender" cada tres años para no tener que pagar nunca impuestos].

Señala que desde 1991 siempre oye en España la misma excusa: En España, con este nivel de paro no se pueden cambiar las cosas".
Dice varias verdades: En primer lugar, sostiene que el modelo económico centrado en la construcción y la obra civil integran son responsables del paro estructural, que siempre se ha movido en el 10-15 %. Por otro lado, la educación está orientada a que el estudiante se encamine a la Administración pero no a emprender [nota del lector: conozco gente que ha dicho que en España la gente humilde pero con talento solo tiene como salida hacerse funcionario de alto nivel, lo cual dice mucho de cómo está la cosa]. A ello se suma una estructura económica empresarial dependiente de subvenciones, ayudas y contratos. Critica el sistema clientelista y estatista que "nos venden como capitalismo", sobre todo por el politburó de la Unión Europea.
Insiste en que hay otros modelos en los que la meritocracia y la libertad individual crean verdadero progreso y riqueza le llevó a escribir este libro para ayudar a desarrollarse a su país desde un modelo realista.

El capítulo 25 aborda el gasto político en España. Señala que en España los ciudadanos esperan mucho del Estado y de lo público aunque el 60 % achaca los problemas del país. "La convicción de que son los poderes públicos los que deben velar por los que viven en situación precaria es un claro elemento distintivo de nuestra cultura actual y no era así en España que salió de todo tipo de crisis pasadas. Es una característica creada en muy poco tiempo, en menos de dos décadas. La sopa boba", dice.
Se escandaliza de que el 67 % llegue a considerar más importante que nadie viva desprotegido a garantizar su capacidad de organizar libremente su vida. En Estados Unidos, solo es el 35 %.
Cree que se está haciendo obra civil innecesaria que despilfarra el erario público y endeuda al país. Prefiere dedicar el dinero público a investigación real que dedicarlo a contratar funcionarios.
En ese sentido, rechaza la demanda agregada keynesiana porque fomenta el despilfarro y que la gente tolera porque desconoce lo que ha costado. A ello se suman los sobrecostes y las obras inútiles.
Califica de "locura" de la obra civil construir más kilómetros de AVE que Japón, Francia o Italia mientras los hijos del ciudadano nacen cargados de deuda. Señala que el plan E no generó empleo y contribuyó a agrandar el agujero de la deuda en otros 12.000 millones.
Lacalle hace una larga lista de "disparates" y "locuras" del gasto público: desde puentes de provincias diseñados por arquitectos megalómanos, aeropuertos cerrados o televisiones públicas autonómicas.
 Alega que en Suecia o Inglaterra dos tercios de las carreteras son privadas. Añade que desde que las comunidades autónomas se han hecho cargo de la sanidad, el gasto se ha duplicado (se construyen nuevos hospitales y se abusa del uso de pruebas médicas).

Otro ataque de Lacalle es hacia los 2,5 millones de funcionarios públicos en España con sueldos por encima de la media europea (cobran 116.087 millones al año en salarios). Otros 10.000 millones se van en subvenciones cada año porque hay que consumir todo el presupuesto antes de que acabe el año. También se queja del coste de los 1.128 diputados autonómicos
Acusa a las empresas públicas de esconder bajo la "alfombra" gasto y deuda creados fuera del control de la UE o del Tribunal de Cuentas, incluso creando una "Administración paralela o encubierta" (caso de Andalucía).
El gasto en educación (9.608 dólares por alumno) es un 15 % más alto que la media de la UE a pesar de que los resultados educativos dejan mucho que desear. Fomenta la "titulitis", la sobresaturación de universitarios, de la "hemorragia de títulos inservibles y aprobados generalizados" y diluye el valor de la educación en el mercado laboral y genera frustraciones en generaciones a las que les dicen que "son las más preparadas pero se encuentran estupefactos porque no encuentran oportunidades". Los universitarios acaban ocupando puestos de bajo nivel. Lacalle replica que la universidad debe crear líderes dispuestos a comerse el mundo allí donde vayan y no ser una "fábrica de parados". En cambio las universidades españolas están siempre entre las mejores del mundo (dice Lacalle). [nota del lector: sí, el problema es que hay que pagarlas].
También ve ineficiencias en la Justicia, con 3 millones de pleitos atrasados, lenta y cara, lo que mosquea a los inversores que no ven seguridad jurídica.
Lacalle menciona el libro Una alternativa liberal para salir de la crisis: Más mercado y menos Estado (Deusto, 2012), de Juan Rallo, quien encontró 130.000 millones de gasto público que se podría ahorrar "sin dejar a los abuelos y a los niños indefensos". Lacalle se queja de que siempre que comenta esto le dicen que "recortar más es imposible".

El autor concluye que la situación no cambia porque "el gasto sigue siendo un potente instrumento para obtener el consenso electoral. Nadie se queja cuando se usa dinero público porque siempre cae algo para todos". Señala que para preservar el Estado de Bienestar hay que atacar el gasto inútil, que además se compara con el PIB y no con los ingresos fiscales. Al final, la bola de la nieve crece y llegan los ajustes.
A ello se suma que en la UE el 10-20 % del monto de los contratos públicos se pierde en corrupción, otro 5 % del presupuesto europeo no se justifica. Lacalle concluye: "Demasiado gobierno, demasiado poder, demasiada corrupción".
Dice que el sistema económico del "bienestar del Estado" tolera e incentiva el clientelismo como modo de evitar el libre mercado, la meritocracia y la competencia. Todo esto "empaña" la imagen de España como lugar donde invertir.

Capítulo 27
El otro capítulo de interés se refiere a cómo terminar con el paro mediante recetas liberales.
Lacalle describe la situación actual: el estallido de la burbuja inmobiliaria y la falta de reacción, prolongando el error con más gasto y obra civil asi como las subidas de impuestos en una economía cíclica ha llevado al país a un paro del 26 %.
En primer lugar, los costes de montar una empresa como autónomo son astronómicos. A ello hay miedo a emigrar a un país desconocido donde te puede despedir a la mínima.
Lacalle aclara que el mercado laboral al que hay que aspirar es la aldea global. Para buscar oportunidades hay que reciclarse, incluso en nuevos sectores si los tradicionales están saturados.
Lacalle dice que hay miedo a crear nuestro propio trabajo y emprender porque en esta cultura se desprecia y ridiculiza el fracaso y se desdeña y ataca el éxito.
En España el paro estructural es del 10-15 % mientras que en Estados Unidos (el país que montó Silicon Valley) es del 4 %.
Lacalle dice que hay que cambiar el chip de empleado por el de empresario, por el encontrar un trabajo por el de crear tu trabajo. Pero para ello es necesario facilitar una legislación abierta o, por lo menos, que no entorpezca la creación de empleos. Añade que la intervención estatal perjudica al trabajo debido a las constantes regulaciones del mercado de trabajo, por lo que lo hace menos eficiente y genera paro.

Hace varias críticas: a las subvenciones (porque beneficia a un sector concreto). La subida del IRPF también es mala porque crea paro. Dice que las cotizaciones a la seguridad social son un impuesto al empleo, en especial las pagadas por los empresarios. Critica el salario mínimo porque discrimina al trabajador y lo condena al paro, y además impide que el resto de los precios evolucionen a la baja en situaciones de sobrecapacidad (sostiene que el error del keynesianismo es pensar que la caída de salarios reduce la demanda agregada). Según argumenta Lacalle, ¿por qué no fijar el salario mínimo no en 600 sino en 2.000 euros si sus efectos son tan beneficiosos como se dice?

También ataca la "renta mínima básica", que se fija en una cantidad arbitraria. Replica que una renta universal de este tipo tendría efectos depresores de la actividad económica, supondría un coste enorme para las arcas públicas, más impuestos, inflación disparada (no se producirá por debajo de un coste, se entiende que los trabajadores), haciendo inútil la cifra "básica", que sería insuficiente [nota del lector: mis cálculos van en el mismo sentido que Lacalle; dar 600 euros a todo el mundo es igual que dar "cero"; los precios se situarán por encima de tal cifra).

Señala que España ocupa el puesto 133 en facilidad de crear un negocio. Se tarda 28 días en fundar un negocio (2 en el Reino Unido y 5 en Portugal), los trámites del Registro Mercantil tardan 24 días y hay que invertir 3.000 euros como mínimo, lo que califica de "serio impedimento" en tiempos de paro.

Sus soluciones contra el paro

1) Defiende los "minijobs" porque en el momento de escribir el libro en España había "6 millones de nada-jobs". Añade que los minijobs y empleos temporales permitirían salir del agujero del paro estructural porque permiten al trabajador hacer la transición desde sectores en sobrecapacidad  y acumular experiencia.

2) Contrato único: ayudaría a terminar con la burocracia y permitiría dos tipos de indemnización por despido: el procedente y el improcedente.

Y concluye: "No hay nada más antisocial que un paro estructural del 10-15 %". Mientras, los parados esperan a que el Gobierno solucione algo que nunca ha solucionado.

El capítulo 27 se centra en cómo crear empleo.

Lacalle considera que las políticas de crecimiento han sido inútiles. Insiste en que el gasto y la deuda nos esclavizan, no nos libera. Cree que hay una gran tendencia a negar la evidencia de que es un error que el Estado gaste e intervenga en la economía. También cree que el rechazo al liberalismo es porque se asocia erróneamente con el clientelismo corporativo y no se le da la oportunidad de demostrar su validez como en Chile o Estonia.

No obstante, explica el autor, las empresas y el empleo no surge de la nada. Hace falta inversión y capital.
En primer lugar, el endeudamiento en España es del 300 % (sumando el público y privado). El 30 % de la población sostiene al 69,4 % con sus impuestos. Señala que la solución no es dar más crédito ni subir los impuestos sino atrayendo inversores. Propone atraer medio billón en inversiones con una receta basada en la bajada de impuestos a una tasa simple del 12,5 % e igual para todas las empresas porque el actual sistema es muy complejo y lioso. Irlanda, muy generosa en el tema de la tributación, sería el ejemplo de país siempre abierto a hacer negocios. Mientras España se ha convertido en un país tristón, en las calles de Dublín los trabajadores de multinacionales afincadas en el país acuden alegres a tomarse unas copas a la bulliciosa zona deTemple Bar. Defiende que se mime a las multinacionales porque si pagan pocos impuestos es porque generan mucho empleo.

La creación de empleo podría venir de dos áreas: sector financiero y servicios y creación de pymes.



Toma como base el decálogo de William John Henry Boetcjer (1873-1962) que dice:

1) Es imposible generar prosperidad desincentivando el ahorro

2) Es imposible fortalecer al débil debilitando al fuerte.

3) Es imposible ayudar al pequeño derrumbando al grande.

4) Es imposible ayudar a los empleados vilipendiando a los empleadores.

5) Es imposible ayudar al pobre destruyendo al rico.

6) Es imposible crear estabilidad a base de dinero prestado.

7) Es imposible crear fraternidad entre las personas incitando al odio de clases.

8) Es imposible mantenerse alejado de los problemas gastando más de lo que tienes.

9) Es imposible que las personas se forjen un carácter y sean audaces destruyendo la iniciativa e independencia humana.

10) Y es imposible ayudar los hombres de forma permanente haciendo por ellos lo que ellos pueden y deberían hacer por sí mismos.

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