lunes, 19 de octubre de 2015

"Los nuevos amos de la tierra", de Stefano Liberti (2011)

Resumen de "Los nuevos amos de la tierra", de Stefano Liberti (2011)

El resumen original y actualizado está en el siguiente link:
http://evpitasociologia.blogspot.com/2015/10/los-nuevos-amos-de-la-tierra-de-stefano.html

Resumen y comentarios por E.V.Pita (2015), licenciado en Sociología y Derecho
Sociología, estructura económica, colonialismo
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Razones para leer este libro:

Saca a la luz un nuevo fenómeno que es la compra y alquiler de grandes porciones de tierras por parte de multinacionales para cultivar barato en el Tercer Mundo y a precios de ganga, lo que algunos críticos ven como una forma de neocolonialismo. De fondo, está el problema para abastecer de alimentos a una población mundial cada vez más creciente y cultivar biocarburantes para la demanda de combustible. Por una parte, el libre mercado funciona correctamente porque hay empresas que se las ingenian para obtener tierras baratas para producir con grandes ganancias, de forma que generan oferta para cubrir la demanda. Por otro, están todos los chanchullos políticos que se ocultan tras el fenómeno del "land grabbing".

Lecturas relacionadas:
El nuevo libro de Naomi Klein "Esto lo cambia todo" trata la cuestión del agotamiento de recursos y el cambio climático.
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Ficha técnica

Título: "Los nuevos amos de la tierra"
Subtítulo: "Cómo el mercado de la tierra crea el nuevo colonialismo"
Tïtulo original: "Land Grabbing"
Subtitulo original en italiano: "Como el mercato delle terre crea il nuovo colonialismo"
Páginas: 281
Fecha de publicación: 2011
En español: Penguin Random House Grupo Editorial SAU / Editorial Taurus, año 2015
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Biografía de Stefano Liberti

Stefano Liberti es un premiado periodista, documentalista y director de cine. Ha trabajado para el programa de televisión C'era una volta (RAI 3), ha dirigido el documental L'inferno dei bimbi stregoni (con el que ganó, en 2010, el premio L'Anello Debole) y codirigido con Andrea Segre la película premiada Mare Chiuso (2012) y con Enrico Parenti la película Container 158 (2013). Ha recibido galardones como el premio Marco Luchetta (2008), el premio Indro Montanelli (2009) y el premio Guido Carletti (2010). Además, Los nuevos amos de la tierra es autor de A sud di Lampedusa, Cinque anni di viaggi sulle rotte dei migranti (2008).
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Texto de la contraportada del libro:

"A lo largo de los últimos años, millones de hectáreas han pasado de manos públicas a manos privadas, principalmente en África, pero también en América Latina, el sudeste asiático y Europa del Este. A ojos de los gobiernos y de las grandes compañías, adquirir enormes extensiones de tierras en el Tercer Mundo es un acuerdo legítimo. Otros ven en esta frenética carrera para apoderarse de terrenos un peligroso ejemplo de colonialismo.
¿Qué lleva a gobiernos e inversores privados a lanzarse a la conquista de tierras en países a menudo tan pobres que no alcanzan siquiera a alimentar a sus propios habitantes? ¿Qué consecuencias tiene esto para las poblaciones locales? ¿Qué aliciente encuentran los representantes de países del Tercer Mundo para ceder soberanía?
De los valles de Etiopía a la selva amazónica, pasando por la Patagonia, un congreso en el mejor hotel de Arabia Saudí o la sede del Movimiento de Trabajadores Rurales sin Tierra en Sao Paulo, Stefano Liberti ofrece la primera investigación sobre el terreno del "land grabbing" (acaparamiento de tierras), un alarmante fenómeno que va en aumento. Equilibrado, honesto y repleto de poderosas imágenes, Los nuevos amos de la tierra da voz a los distintos actores y proporciona un completo fresco de la situación.
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ÍNDICE

Etiopía. El dorado de los inversores

El jeque de Addis Abeba
La tierra es del pueblo (y de quien gobierna al pueblo)
Acuerdos secretos con negociaciones privadas
Una línea roja que no se debe transpasar
"Etiopía no existe"
Los latifundios de Bangalore
De la comida a las represas, un único modelo

Arabia Saudí. Los jeques a la conquista de las tierras

El silencio del dragón
"Una iniciativa filantrópica"
Quatar, el sueño del emir
"Los negocios son una aventura"
Los críticos internos de la Kaisaia
Una manada de vacas en medio del desierto
Una tonelada de productos de un metro cúbico de agua

 Ginebra. Los financieros de los campos cultivables

Un banco poco mundial
Una obra maestra de acrobacia
Un diálogo entre sordos
Un relator muy especial
El sendero que une Wall Street a la granja
"El agua es la nueva frontera"
Los pensionistas que acaparan las tierras
Las tres pes: profit, planet, people
"Esperamos que no nos echen a patadas"
Los perdedores de win-win situation

Chicago. La bolsa del hambre

El ring de los alocados
"Nosotros somos un termómetro"
Iowa, el Kuwait americano
"Ningún soldado defenderá los campos"
Un sistema integrado

Brasil. El reino de los agronegocios.

Las "cinco hermanas" de la soja
Los latifundistas y las multinacionales
Alguien tiene que hacer el trabajo sucio
La nueva civilización del etanol
"La alianza diabólica del gran capital"

Tanzania. La frontera de los biocarburantes

Toma la tierra y corre
Entre el Trópico de Cáncer y el de Capricornio
Desde Berlín hasta Dar es Salaam
"La visión y la misión"
El negocio de los carbon credits
"Las futuras generaciones quemarán vuestras tumbas"
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Comentarios y resumen:

Un poco, la historia es la siguiente: la globalización ha repartido los papeles por continente: Asia produce manufacturas baratas, Oriente Medio genera petróleo y África se ha especializado en alimentos.

Primer capítulo

En el primer capítulo, el autor viaja a Etiopía, país que está alquilando sus tierras a las multinacionales. Describe Etiopía como un país verde y fértil, algo muy lejano de los estereotipos de hambruna. La tierra está nacionalizada y pertenece al Estado, que la reparte entre las tribus de forma igualitaria. Una parte de las tierras se alquila a multinacionales que montan invernaderos con sistemas avanzados de tecnología para regar por computador. Una alta tecnologia que contrasta con los campos cercanos donde los agricultores siguen con sus arados y azadas.
La mano de obra (que cobra 0,7 euros al día, lo que es un buen salario en Etiopía) recoge las cosechas. El Estado cobra una tarifa por hectárea alquilada (se han llegado a alquilar 300.000 ha, lo que mide el país de Luxemburgo) aunque a veces las cede gratis los primeros años y luego cobra una tasa. Los comerciantes usan el avión para trasladar alimentos frescos a la península arábiga, sus principales clientes, y aún así sale rentable.
El autor del libro cuenta que el gobierno etiopí (que en el 2011 era un partido único que celebra elecciones y gana con el 99,9 % de los votos; los opositores están en la cárcel o son inofensivos) alega que estas bajas tarifas atraen capital extranjero y pone a Etiopía dentro de la globalización. Además, creen que habrá una transferencia de tecnología, lo que ayudará a modernizar el país. El autor es bastante crítico con estos argumentos porque cree que ese optimismo esté bien justificado porque las multinacionales están volcadas a la exportación y esa alta producción no revierte en la población local.
Aún así, cuenta el autor que la experiencia de las multinacionales no fue tan rentable como parecía. Algunos invernaderos cerraron y otros, como un americano, revirtieron sus tierras a la población local.

Segundo capítulo

El autor estudia la estrategia de Arabia Saudí para adquirir tierras en África para autoabastecerse  de alimentos y para no gastar en la agricultura el poco agua subterránea que conserva. Liberti cuenta que tras la crisis del petróleo de 1973, Arabia Saudita se dio cuenta de que los países occidentales podrían presionarla mediante una hambruna si no vendía suficiente petróleo a precios baratos. La solución fue incentivar a los agricultores locales a cultivar cereal y el Estado les pagaba 10 veces más el valor de mercado, de forma que en pocos años pudieron autoabastecerse de grano. Sin embargo, el problema era que a ese ritmo agotarían sus reservas de agua en profundos pozos, que era el único lugar de donde podían sacar agua. La solución fue crear empresas para adquirir o alquilar tierras en África y cultivar para la exportación, lo que no dejaba de ser conflictivo porque los habitantes de esos paises pasaban hambre y era grave dedicar ese grano barato a la exportación sin que revirtiese en los nativos.
El autor cuenta su paso por un congreso de inversores en Riad, El hotel medía varios kilómetros, como si fuese una ciudad, y era tan impresionante que todos los edificios eran de diseño supervanguardista. El problema, según relata Liberti, era la estricta separación de sexos.
En dicho congreso, la casa real ofrece lanzarse a la aventura de cultivar tierras en el extranjero. Un ministro de agricultura de Mozambique intenta vender a los hombres de negocios sus ideas para montar invernaderos en su país a 1 dólar la hectárea pero un representante de Etiopía coge el micrófono y ofrece un precio más bajo a 75 céntimos pero un tercer país, del Congo, ofrece tierras gratis.
El autor visita a varios hombres de negocios saudíes y de Qatar. Cada uno tiene su visión de la agricultura. Uno de Qatar dice que él se ha arriesgado al montar una empresa alimentaria en un país africano tras llegar a un acuerdo con los campesinos de forma que de 500 toneladas, 200 se las quedan los trabajadores, 200 se exportan a Qatar y 100 se venden en el mercado local y con las ganancias se reinvierte en el negocio para mejorar la producción.
El problema de las exportaciones es que el país anfitrión puede cambiar de idea e impedir que los alimentos salgan del país, por eso es una estrategia arriesgada. Arabia Saudí, en previsión, ha desarrollado una industria láctea en el desierto con 80.000 vacas que generan 3 millones de litros de leche al año, según pudo comprobar Stefano Liberti. También hay emprendedores que trabajan en cultivar semillas en líquidos porque germinan antes y ahorran mucha agua y fertilizantes pero la idea no acaba de calar porque parece menos vistosa que la imagen de vacas pastando en el desierto.

Tercer capítulo

El autor visita como periodista un congreso de inversores de tierras en Ginebra. Un grupo de activistas hace una "perfomance" en la que escenifica a cuatro agricultores de cuatro continentes que protestan contra el "land grabbing" como forma de arruinar a las poblaciones rurales porque esos terrenos se alquilan como tierra disponible si viven menos de 25 habitantes por hectárea.
El autor cree que los códigos éticos impuestos por la FAO para el acaparamiento de tierras son papel mojado porque las empresas no adquieren ningún compromiso real y menos legal, por lo que están destinados a ser incumplidas. Muchas veces, los inversores son los únicos "stakeholders" que no asisten a las reuniones oficiales para tratar la compra de tierras.
En el libro se cuentan historias como que el Gobierno de Madagascar alquiló por 99 años a Daewo la mitad de la tierra del país a cambio de empleos e inversiones, lo que generó la ira popular y una insurrección derribó al presidente. Su sucesor deshizo el acuerdo pero "coló" una reforma legal que permitía que continuasen estos pactos. La sensación, dice el autor, es que el Gobierno y los grandes inversores están compinchados, debido al interés de Wall Street y los fondos de inversiones en comprar tierras para montar industrias agroalimentarias y producir alimentos en masa porque apuestan por un futuro en el que habrá escasez de alimentos a medida que la población aumente. Para ellos es un negocio más. En las presentaciones a los inversores se hace un hincapié en que entre los despachos de Wall Street y estos países llenos de oportunidades hay un "camino de tierra".

En dicho congreso, los inversores en tierras tienen su propio "mantra": quieren abastecer a una población cada vez más necesitada de alimentos. Gracias a ellos, el planeta estará abastecido siempre. Pero el autor Liberti hace una reflexión: cuando los precios suben en la bolsa o hay una carestía de alimentos, los inversores lo celebran porque sus acciones suben y ganarán más dinero. Por tanto, que haya hambre en el mundo les viene bien porque la carestía dispara el precio de los alimentos y ellos se hacen ricos. Aunque en el congreso hay ponencias dedicadas al compromiso social y la ética alimentaria, subyace una verdad: cuanta más hambre haya, más ricos serán ellos.

No obstante, Liberti cree que la influencia de estos inversores que acuden al congreso es pequeña y en realidad cumplen con su papel y se están jugando su propio dinero en aventuras arriesgadas en países poco seguros en los que no saben si los van a echar a patadas cuando terminen de montar sus invernaderos, A nadie se le escapa que los gobiernos africanos les dejan implantarse gratis, por algo será. Pero Liberti recalca que los grandes especuladores que sí pueden influir en que haya carestía de alimentos o no están en los despachos urbanos y mueven cientos de miles de hectáreas en el extranjero. Esos sí le preocupan,

Cuarto capítulo

El autor viaja a ver la Bolsa de Chicago, plaza donde se dirime la cotización de los alimentos (las "commodities"). Todos estuvieron pendientes de este lugar durante , la crisis financiera del 2007 y 2008 porque los inversores se lanzaron a comprar acciones de alimentos, único valor que va a subir en las próximas décadas porque también aumentará la población. En la bolsa de Chicago, los inversores apuestan por los "futuros", una especie de apuesta sobre el valor de un alimento a un año vista y que sirve como seguro para el agricultor y el comprador, pero también es objeto de especulación. Los "brookers" alegan que la bolsa es un "termómetro" que mide las carestías alimentarias y el precio de los alimentos, y no un instrumento que crea dichas carestías.



(continuará)

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